Mención de otros personajes de Disney a lo largo del fic. Modern AU. Helsa.

Disclaimer: Lastimosamente nada de esto es mío, solo mi cada vez más alocada imaginación.


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24

Cita para tres


A través del ventanal, Elsa observó como Anna decoraba el letrero de una promoción que la heladería había colocado en la acera, de lo más contenta. La pelirroja parecía una niña pequeña escribiendo con gises de colores sobre la simpática pizarra que Oaken modificaba todos los días en función de las ofertas; una tarea que ya le había quedado asignada a la muchacha con el paso de los días.

Por el rabillo del ojo se dio cuenta de como su jefe salía y continúo con su labor de limpiar la barra, en tanto él llegaba junto a la caja registradora.

—Esta semana nos ha ido bastante bien con las ventas, si seguimos así el negocio va a mejorar mucho—comentó animadamente en tanto contaba los billetes que había dentro de la registradora y los volví a acomodar en su lugar—. Elsa, quiero que te encargues de anotar aquí las ganancias diarias y luego cierras la caja con llave, ¿ya?

—De acuerdo—la blonda asintió con la cabeza, sorprendida por la confianza que le era otorgada aunque al mismo tiempo satisfecha.

—Y antes de salir vas a colocar la llave debajo de esta máquina, donde solo yo la pueda encontrar, ¿ya?—Oaken señaló uno de los aparatos para servir helado—Se lo pediría a Anna… pero tú y yo sabemos que es muy despistada.

Los dos rieron por lo bajo en tanto la mencionada continuaba adornando el cartel afuera, sin enterarse de nada.

—Anna no es tan despistada—dijo la rubia tratando de excusar un poco a su amiga—, es el amor lo que la tiene así. Desde que sale con el chico que le gusta, hay una o dos cosas que se le pueden escapar. Pero es muy buena con los clientes.

—Pues en serio se la ve muy emocionada con ese chico rubio que a veces ronda la tienda, ah el amor joven, recuerdo bien como se siente—comentó él—, seguramente tú también tienes lo tuyo con ese pelirrojo que a veces viene a recogerte, ¿ya?

La platinada se ruborizó abruptamente.

—N-no, no… nosotros… él es solo mi hermanastro—explicó de manera atropellada—, no es lo que tú piensas.

—¿Ah no? Que mal por ti. Es un tipo sumamente guapo.

Elsa arqueó una ceja, mirándolo con recelo. ¿Cómo que guapo? ¿Acaso su jefe había estado mirando de más? Eso era… molesto.

—Mi hermanastro no tiene esas preferencias, ¿sabes?—dijo seriamente, obteniendo a cambio una sonora carcajada de Oaken.

—Relájate rubia, no te lo pienso robar—el color en las mejillas de la aludida aumentó—, era solo un comentario evidente. Sin embargo creo que acerté en lo que dije al principio, ¿ya?

—Nada que ver—negó ella de manera neutral, con el rostro aún encendido.

—Claro. Por si las dudas, tengo a mi propio hombre esperándome en casa. Pero ya sabes, el hecho de que ya haya probado un plato no significa que no pueda mirar el menú. En especial si es tan suculento, ja ja ja.

—Je je je je je—Elsa rió de manera forzada, tratando de ignorar esa molestia que le ocasionaba escucharla referirse a Hans de ese modo. No le gustaba.

No le gustaba para nada.

Oaken volvió a retirarse a la trastienda.

Poco después la heladería comenzó a recibir a los clientes de la tarde como de costumbre. Todos ellos fueron atendidos con una enorme sonrisa por parte de Anna hasta que el cielo comenzó a oscurecer y llegó la hora para ellas de retirarse.

La pelirroja se estiró perezosamente y se sentó encima de la barra.

—Bueno, este ha sido un día muy productivo, ¡y mañana es día de paga! ¿En qué vas a gastar tu dinero esta semana, Elsa?—preguntó con alegría.

—En nada, lo estoy ahorrando en una cuenta. Tú deberías hacer lo mismo en vez de comprar cosas estúpidas por Internet.

—Ja ja ja ja, ¡hablas igual que mamá! A ella tampoco le suelo hacer caso—Anna tomó su bolso y se lo colgó al hombro—, en fin, ¡nos vemos mañana!

—Hasta mañana—la despidió Elsa, viéndola marcharse.

Antes de emprender también el camino a casa, limpió una vez más a su alrededor y cerró con llave la caja registradora justo como Oaken le había pedido. Mientras estaba de espaldas tomando sus cosas, una voz conocida la sorprendió.

—Hola Elsa.

La albina miró por encima de su hombro, topándose con una mirada azul más intensa que la de ella. Al otro lado de la barra, Aurora le sonría con la amabilidad y dulzura que le caracterizaban. Ella se volvió incómoda.

—Ah, hola, ya cerramos.

—Lo sé, escuché por Punzie que tenías empleo aquí y quise venir a buscarte. Ya sabes, la última vez no pudimos conversar mucho.

—Eso fue porque te peleaste en frente de todos con mi hermanastro. Y luego lo bañaste con soda.

—Y fue una escena muy lamentable, realmente no debí perder el control. No quiero que te lleves una mala impresión de mí—Aurora desvío su mirada con timidez—, la verdad no me gusta enfrentarme con los demás, soy una persona tranquila, ¿sabes?

—Hum—Elsa solo asintió con la cabeza.

—En fin, estaba preguntándome si tenías algo que hacer este fin de semana. Porque si no es así, me gustaría mucho invitarte a salir. Conozco un sitio precioso en el parque.

—Oh—Elsa jugueteó con su trenza de manera embarazosa—, mira, yo no quiero que me malinterpretes, es que… es que yo creo que tenemos preferencias muy… distintas.

En ese momento, el semblante de Aurora se volvió decepcionado.

—Pero yo creí que… en la escuela tú…

—Sí, ya sé, es que no me gusta llamar la atención. En realidad yo… estoy saliendo con alguien ahora.

—¿Saliendo con alguien? Pero ¿quién…?—Aurora se detuvo en seco, como dándose cuenta de algo—Claro, ¿cómo no lo vi antes? Era tan obvio…

—¿Cómo dices?—la platinada parpadeó sorprendida.

—Sí bueno, digo que ahora todo tiene sentido, esa vez que te encontré en el cine con tu hermanastro y la forma en la que él reaccionó... ustedes dos tienen algo.

—N-no, no, eso no… —la mirada azul e inquisitiva de la muchacha le indicó que no había manera de negarlo. No frente a ella—, oye, no es lo que crees ¿sí? No se trata de nada serio. Únicamente estamos pasando el rato, eso es todo.

—Ya veo, pero ¿qué dicen sus padres acerca de eso? Digo, porque debe ser raro considerando que viven en la misma casa y todo…

—Bueno, es obvio que no hacemos nada delante de ellos—Elsa se cruzó de brazos como si le estuviera explicando algo obvio a un niño de preescolar.

—¿De verdad? Eso sí que es curioso, porque debe ser difícil de mantener en secreto con todos sus amigos y demás.

—Bueno, es que ellos tampoco… —Elsa se cortó en seco, cayendo en la cuenta de que no tenía que darle explicaciones a la joven. Apenas la conocía.

Sin embargo, Aurora volvió a sonreír con comprensión.

—¿Tampoco ellos tienen idea de que están saliendo? Oh, ¡eso es tan romántico! Qué lindos.

Elsa levantó una ceja.

—Pero supongo que tendrán que ser muy cuidadosos con lo que hacen y a donde van. Que sus amigos se enteren es una cosa, pero si sus padres lo hacen… bueno, no conozco a tu familia, pero sí lo están escondiendo, debe ser porque su reacción no va a ser la mejor cuando los pillen, ¿o sí?

—Si es que lo descubren—apuntó ella con frialdad.

—Sí… sería una pena que alguien los delatara, ciertamente.

—Pues no veo porq-un momento—Elsa frunció el ceño—, ¿a qué te refieres con eso?

Aurora volvió a sonreír con dulzura.

—A nada, solo digo. Entonces, ¿estás libre este fin? Hay un lugar que me encantaría mostrarte. Y yo puedo ser muy discreta, ¿sabes?

—Para un segundo, ¡¿me estás chantajeando?!—la platinada la observó con incredulidad, obteniendo tan solo esa frustrante sonrisita que la comenzaba a inquietar—¡¿A qué demonios viene eso?! Entiende, ¡no soy gay!

—Lo sé, pero Elsa, es que eres tan linda. Si pudiera pasar un día contigo, al menos como amigas, me haría mucho bien. Solo por una vez, es lo único que te pido—Aurora la miró haciendo un puchero—, vamos. Prometo que después de esto te dejaré en paz. Solo déjame demostrarte que podemos pasarle bien, ¿sí?

La chica experimentó un tic en el ojo. Aquello era tan absurdo, tan jodidamente absurdo. Aquel era el chantaje más descarado que le habían hecho en la vida.

Y vaya que sabía de chantajes, después de todo vivía con Hans.

Esa muchacha la tenía bien acorralada, lo veía en su mirada. Si se le ocurría abrir la boca todo se iba a ir a la mierda.

—¿Juras que después de esto no volverás a molestarme jamás ni dirás nada?

—Te lo prometo, en serio.

—Un día, solo un día. Y no quiero que te vayas a propasar, ¿me entiendes?

—Es lo único que necesito. Elsa, te voy a tratar como a una reina—la rubia la miró con ilusión y ella arrugó la frente.

Aquello era muy incómodo. Suspiró.

—¿A dónde vamos a ir?—preguntó rodando los ojos.

—Oh, bueno eso es una sorpresa. Pero nos vemos en mi casa, te pasó la dirección por mensaje, ¿me pasas tu teléfono?

Sí, esa joven era mucho más astuta de lo que su apariencia inocente dejaba ver. Eso era algo siniestro.

—Nos vemos pronto, Elsa. ¡No puedo esperar a que llegue el día!—Aurora se inclinó sobre la barra y se atrevió a plantarle un beso en la mejilla, antes de dar la vuelta y alejarse cantando como enamorada.

La platinada se palmeó la frente. ¿Por qué siempre le tenían que pasar las cosas más extrañas a ella?


El día había llegado y cierta rubia esperaba con ansias en el jardín de su casa, una bonita construcción antigua que se encontraba en el centro de la ciudad. Aurora terminó de acomodar unas cuantas flores en el florero que había colocado en la mesa que formaba parte de los muebles de exterior.

No se sentía tan emocionada por salir con alguien desde que había cortado con su novio y mucho menos imaginaba que llegaría a sentirse igual por una chica. Aquella era una oportunidad única para acercarse a la muchacha en la que no dejaba de pensar.

Elsa era tan hermosa, tan delicada.

Si no fuera por ese estúpido pelirrojo todo sería más fácil. No entendía como alguien tan dulce e inteligente como Elsa podía estar con él. El tipo era nefasto y egocéntrico. No se merecía a una muchacha como ella. Por eso tenía que aprovechar muy bien el chance que se le presentaba y cuando menos, lograr que la aceptara como amiga. Ya después podría arreglárselas para acercarse un poco más.

Ansiosa, miró su reflejo en la ventana revisando una vez más su apariencia. Elsa debía estar por llegar en cualquier momento y quería que todo fuera perfecto.

A través del ventanal distinguió una cabellera platinada acercándose y asomando por entre la valla del jardín. Contenta, se dio la vuelta y sonrió.

—¡Elsa, llegaste!—al ir a recibirla su sonrisa se borró por completo.

La mencionada no venía sola. Una persona odiosamente conocida se encontraba a su lado, luciendo una sonrisa petulante en los labios. Los ojos verdes de su hermanastro le dirigieron una mirada sarcástica al verla acercarse.

Aurora miró a su invitada con confusión.

—Lo siento pero Hans insistió en acompañarme—dijo ella, respondiendo a la pregunta que no había formulado aún—, dice que va a ser mi chaperón o algo así. Es muy estúpido—Elsa esbozó una sonrisa torcida y lo observó con disimulada frustración—, pero bueno, tampoco es como si fuera fácil hacerle entender. Es algo corto de entendederas.

—Mira quien habla, sabandija. Las gracias deberías de darme por estar aquí—Hans enredó un mechó de su cabello en su dedo y le dio un tirón—. Ese trasero tuyo necesita supervisión, eres tan torpe que no puedes ir por ahí sin tropezarte o atraer la atención de violadores en potencia—cuando dijo esto le dio un vistazo hostil a Aurora, que yacía enfrente de ellos observándolos con cara de no entender.

La blonda le propino un pellizco en la mano, sin borrar su sonrisa irónica y entonces ambos se miraron como si intentaran contener las ganas de golpearse.

—¿Si estás escuchando lo que dices? ¿Cómo es posible que puedas decir tantas estupideces por segundo? No entiendo—Elsa lo miró ceñuda y después se volvió a la otra chica—, lamento que él esté aquí. Si quieres dejar esto para otro día, yo…

—Pero que dices, claro que no—Aurora recompuso su sonrisa como si todo estuviera en orden—, es muy lindo de tu hermanastro el querer acompañarte.

—¿Eh?—Elsa arqueó una ceja.

—Hans solo quiere cuidarte, se ve que se preocupa por ti. Eso es muy considerado de su parte y lo respeto. De hecho, creo que comenzamos con el pie izquierdo la otra vez, se ve que no eres un mal tipo—la chica le extendió una mano al pelirrojo—, me gustaría llevar las cosas en paz. ¿Amigos?

—Sí, como no—el colorado rodó los ojos—. Mira, no tengo ganas de pelear contigo. Pero si te pasas de lista, no respondo, ¿entendiste?

—La verdad no es esa mi intención—Aurora devolvió su mano y se encogió de hombros inocentemente—, aunque entiendo que todavía estés enojado por lo de la otra vez. Ahora que estás aquí, quiero ofrecerte una disculpa ¿vale?

—Como sea—espetó el muchacho.

—¡No seas grosero, Hans!—Elsa le pegó una colleja y él refunfuñó.

No confiaba en esa oxigenada y su sonrisita de niña buena. Elsa era demasiado ingenua pero él, era harina de otro costal. Bastaba con echar un vistazo a la muchacha para saber cuales eran sus intenciones. Se había esmerado especialmente en su aspecto ese día, recogiendo su cabello dorado en una larga coleta y vistiendo una minifalda de zorra que dejaba sus largas piernas al descubierto.

¿A quién creía que iba a impresionar con eso? ¿En serio pensaba que tenía una oportunidad con Elsa?

Cuando terminara de arruinar ese pobre intento de cita, no le iban a quedar ganas de meterse con lo suyo.

—¡Ven! Quiero que conozcas a mi tía—Aurora tomó del brazo a Elsa y la arrastró al interior de la casa entusiasmadamente—, le pedí que preparara algo muy especial para ti, ¡hace una tarta de chocolate que te va a encantar!

Hastiado, el cobrizo las siguió de cerca e ingresaron al interior de la casa, primorosamente decorado, con flores y elegantes muebles por todos lados.

—¡Tía Flora! ¡Elsa está aquí! ¡Y trajo a su hermano!—anunció la muchacha, sentándose en un sofá con la mencionada al lado.

—Hermanastro—corrigió el aludido con fastidio.

Una mujer de cabellos grises y ataviada con un vestido verde salió de la cocina, llevando una bandeja con el mencionado postre.

—Qué bueno querida, hace mucho que no traías a tus amiguitos a casa. ¿Cómo están, queridos?—depositó una apetitosa tarta Selva Negra en la mesita de la sala de estar y les sonrió de manera bondadosa—Vaya, pero que bien parecidos son los dos. ¿Y por qué no invitaste también a tu novio, princesita? Hace tiempo que no se pasa por aquí.

—Tía, ya te lo dije, nosotros terminamos. Hace meses.

—¡Oh, eso es tan lamentable!—la mujer se llevó una mano a la boca y adoptó una expresión entristecida—Phillip era tan encantador…

—Tía, ¿por qué no vas a regar tus flores? Hoy toca cuidar las rosas.

—¡Por Dios, tienes razón!—la aludida se llevó ambas manos a las mejillas, repentinamente alarmada y salió a toda prisa hacia el jardín.

Aurora se volvió hacia Elsa y esbozó una sonrisa.

—Mi tía Flora ama hacerse cargo de su jardín.

—¿Vives tú sola aquí con ella?—inquirió la platinada con curiosidad.

—Con ella y con mis otras dos tías, ahora se encuentran de viaje—respondió ella, al tiempo que se inclinaba para empezar a cortar la tarta y servir algunas porciones en platitos—, ¿sabes? Ellas solas me han criado desde que era una niña, solo somos las cuatro.

—Eso explica muchas cosas—masculló Hans bruscamente.

Aurora lo miró por un segundo y luego continúo sonriendo como si nada, entregándoles un plato a cada uno.

—Aquí tienen, espero que les guste. Es una receta muy especial—se dirigió a Elsa—, alguien me dijo que te gustaba el chocolate, así que quería sorprenderte con esto.

"Zorra lameculos", pensó Hans con desdén. Le enseñaría una lección.

Elsa miró con interés su porción de tarta y se llevó un trozo a la boca, emitiendo un sonido de gusto.

—Mmm, ¡de verdad está muy bueno! Tu tía cocina muy bien.

—Bueno, ahora lo hace. Antes era un desastre en la cocina. Una vez cuando era niña quiso hacerme un pastel y terminó haciendo un desastre. Pero de veras aprecio que se esfuerce todos los días. Ella y sus hermanas siempre tratan de hacer lo mejor para mí.

—Entonces, ¿de verdad vives sola con ellas? ¿Tus padres no…?—Elsa se detuvo a mitad de su pregunta y pareció pensarlo mejor—Lo siento, no es de mi incumbencia.

—Mis padres fallecieron cuando yo era bebé—la explicación de la chica dejó paralizada a Elsa, quien de inmediato se arrepintió por preguntar—, ocurrió un accidente mientras iban en el auto. Es por eso que ellas se hicieron cargo de mí.

El rostro de Aurora se había puesto repentinamente sereno y su tono de voz había cambiado a uno casi melancólico.

—L-lo siento mucho, yo… no debí preguntar, no quise… no…

—Descuida—la joven volvió a levantar las comisuras de sus labios, de manera triste—, no sabías nada y ya estoy acostumbrada de todos modos. Si lo piensas bien, en realidad tengo suerte de contar con una familia cariñosa. En verdad no sé que haría sin ellas.

Sentado a un lado de ellas, Hans solo observaba la escena en silencio y con el ceño levemente fruncido.

—No tenía idea de nada de eso, no quise inmiscuirme—Elsa le puso una mano en el hombro—, aunque es muy admirable de tu parte que aprecies la familia que tienes.

—Lo intento—dijo Aurora con sinceridad—, después de todo son lo único que tengo en el mundo.

—¿Y tus tías ya saben que eres bisexual? Esa debe haber sido una gran sorpresa para asimilar ¿eh?—intervino el pelirrojo.

—¡Hans!—la albina le lanzó una mirada molesta.

Aurora parpadeó un par de veces.

—Pues la verdad es que hasta ahora no han querido hablar mucho del tema, por más que les insistí en comentarlo; supongo que necesitan algo de tiempo. Pero creo que ya se acostumbrarán—dijo sin darle mayor importancia.

—Sí, porque no todos los días te enteras de que tu sobrina se quiere pasar de un bando a otro como si estuviera jugando un maldito partido de tenis.

—¡Oye Hans, deja de ser tan idiota!—lo regañó su hermanastra.

—¿Qué? Solamente estoy hablando con tu amiguita, no seas tan aguafiestas—se defendió el colorado.

—¡Agh!—Elsa puso los ojos en blanco y volvió a centrar toda su atención en su postre, sabiendo que no serviría de nada reñirlo.

Ese torpe siempre hacía lo que se le daba la gana.

—Debe ser bonito eso de tener un nuevo hermano de repente. Se nota que tú y Elsa se toleran bastante bien.

—No solo nos toleramos, sino que compartimos bastantes cosas—mencionó Hans, dándole un tono insinuante y de doble sentido que esperaba que fuera de lo más evidente.

—Me imagino que sí, después de todo ya son una familia.

—Somos más que una familia, ¿no es así, Elsa?

—¿Qué?—preguntó Elsa distraída, completamente perdida en el sabor de su tarta.

Realmente estaba deliciosa, ¡con lo que a ella le gustaba el chocolate!

—Veo que te ha gustado mucho, Elsa. Le diré a mi tía que preparé un par de rebanadas para llevar antes de que vuelvas a casa.

—Eso no es necesario.

—Sí, esta sabandija tiene la alacena llena de chocolate en casa. No necesita más para ponerse como una loca, en especial cuando le llega el período.

—¡Oye Hans, eres un imbécil!

La risa de Aurora irrumpió en la conversación.

—Dios, ustedes parecen hermanos de verdad. Hasta tienen peleas y todo, que envidia les tengo.

—Pero no somos hermanos—apuntó Hans mirándola severamente.

Elsa suspiró y dejó su plato vacío en la mesita frente a ella.

—¿Me permitirías usar tu baño un momento?—la preguntó a su anfitriona.

—Claro que sí, está al final del pasillo. Cuando termines, podremos salir los tres al lugar que quería mostrarte.

La albina se levantó con elegancia y desapareció por el corredor que le indicaba dejándolos solos. Un tenso silencio se apoderó de la sala de estar. Dos ojos verdes taladraban a la rubia como si la quisieran hacer desaparecer.

Aurora se volvió hacia él y sonrió amablemente.

—¿Quieres un poco más de tarta, Hans?

—Bueno, ya basta con esta porquería de teatro. Deja de actuar, tonta—le espetó él.

—¿Disculpa?—la muchacha parpadeó anonadada.

—Esto, esto que estás haciendo. Comportarte como una mosquita muerta y toda esa mierda, dime, ¿a dónde piensas que vas a llegar con todo esto?

—No entiendo de lo que estás hablando.

—Tus padres no murieron en ningún accidente rubia, nada de esa patética historia que contaste para darle lástima a Elsa es cierto—le dijo el colorado—. Pero claro que no ibas a decirle la verdad; que tu padre te envío con tus solteronas tías para deshacerse de ti porque estás loca.

La expresión sorprendida en los ojos de Aurora desapareció para cambiar por una bastante sombría.

—¿Pero qué demonios…?

—Te estuve investigando en Facebook, idiota. Si vas a molestarte en mentir, al menos deberías mantener tu información privada. Puede que Elsa sea tan ingenua como para creerte y no usar su red social como se debe, pero yo no—sonrió victorioso—. De verdad estás desesperada por salir con ella, ¿no?

—Así que alguien decidió jugar a los detectives—la joven sonrió de lado, esta vez con la misma malicia que él acostumbraba expresar en el mismo gesto—, bueno, dicen que todo se vale en la guerra y en el amor, ¿qué no? Lo que no entiendo es como supiste lo de papá; ni siquiera tengo una maldita foto de él.

—En serio eres una estúpida. Contacté a ese exnovio tuyo en Facebook. Me estuvo contando cosas muy interesantes sobre ti y sobre porque te botó. Eres una bruja con muchos problemas, ¿no?

Aurora bufó y se cruzó de brazos al escucharlo, inconforme.

—Oh vaya, bravo, hablaste con mi ex por Facebook, te felicito por tu astucia—espetó—, Phillip siempre fue un idiota, ¡ni siquiera era capaz de ayudarme a levantar un plato cuando venía a esta casa! Y eso es porque todos ustedes los hombres son iguales; no les importa nadie más que si mismos. Lo único que hacen es aprovecharse de nosotras y botarnos cuando ya no les servimos de nada.

—¿Ese es el discurso que le vas a dar a Elsa cuándo sepa que le mentiste? Dios, eres patética.

—Al menos yo la trato con un poco de dignidad, ¿sabes? Ella es demasiado buena e inocente como para estar con alguien como tú—le dijo defensivamente—, queriendo controlarla a cada momento, viendo con quien sale y con quien no. Te haces el arrogante pero por dentro eres más inseguro que un niño de tres años y eso, es aún más patético.

—Oye, yo no soy el que está aquí fingiendo toda esta farsa para tratar de darle lástima, ¿sí?

—¿Y qué? Piensas decirle a tu hermanita que nada de lo que le dije es cierto. ¿Tan desesperado estás por su atención que me ves como una amenaza? La verdad es que si no fuera así no te molestaría un poco de sana competencia.

—Sana competencia mis bolas.

—¿Tienes miedo de que de verdad pueda llegar a gustarle, no es así?

Hans entrecerró sus ojos peligrosamente.

—Primero que nada, ella no es mi hermanita, que te quede claro. Segundo, Elsa siempre me va a preferir a mí y no solamente porque yo tengo algo entre las piernas que tú no—Aurora hizo un gesto de desagrado—, sino también porque yo la entiendo. Compartimos más de lo que tú piensas.

—Sí, ya ella me dijo que lo de ustedes no era nada serio, ¿qué fue exactamente lo que mencionó la otra vez? Ah sí… "que solo estaban pasando el rato". Eso a mi parecer, es luz verde para intentar.

—Vas a quedar como una estúpida cuando ella te rechace.

—¿Quieres apostar?

—No te voy a privar del intento, quiero estar en primera fila cuando hagas el ridículo rubiecita de quinta.

—Eso es algo que está por verse, marica.

Una serie de pasos detuvo su conversación haciendo que tan solo se miraran fijamente, en un silencioso desafío. Elsa regresó a la sala de estar y los miró de manera interrogante, alertada por la expresión de sus rostros.

—¿Sucede algo aquí?—inquirió.

—Le estaba diciendo a Hans que es un día genial para estar al aire libre—Aurora sonrió con dulzura al encararla—, hoy el cielo está muy bonito, ¿no crees? ¿Nos vamos?

Hans volvió a entrecerrar sus ojos, lanzándole una mirada de velado desdén a su contrincante. La muchacha se creía muy lista pero si había alguien que supiera sobre como manipular a los demás era él, y no iba a dejar que se acercara a Elsa.

Después de esa cita de segunda, esa zorra iba a quedar muy mal y él se aseguraría de eso.


El pequeño parque hasta el que habían caminado estaba repleto de áreas verdes y era muy bonito, en especial por el hermoso rosedal hasta el que Aurora le había conducido, después de pasear un poco por el centro de la ciudad. Por petición de esta última se habían tomado algunas fotos, mientras Hans permanecía a un lado y miraba con expresión de asco la escena.

Antes de eso, la rubia le había mostrado un negocio vintage en las calles del centro que de inmediato llamó su atención por todos las cosas antiguas que ofrecía y los ejemplares originales de libros que se podían conseguir allí. Con lo que a ella le encantaba leer.

Aurora muy amablemente le había comprado uno de las novelas que había estado hojeando, por más que ella le había insistido en que no era necesario. Se trataba de un ejemplar de Jane Austen en su idioma original, que aunque se veía algo raído por el tiempo le pareció un tesoro invaluable.

Casi inmediatamente después, Hans también había salido de la tienda con otro libro y un pequeño joyero que le había tendido sin decir una palabra. La mirada que le había dirigido a la muchacha de cabellos dorados fue desafiante.

Pero ella solo había sonreído. Siempre sonreía.

Ahora, mientras permanecía sentada en un banco para descansar después de una larga caminata, Elsa no podía evitar reparar en la actitud de ambos durante toda la cita.

¿Era su imaginación o entre esos dos las cosas se habían puesto más feas?

—Elsa—Aurora llegó junto a ella con una cono de helado de chocolate en la mano, que le tendió gentilmente—, te traje esto. Imaginé que tendrías calor.

—Yo también te compré uno—Hans apareció junto a la chica y le acercó otro cono del mismo sabor, con el doble de bolas de helado.

Aurora volteó a mirarlo con el ceño ligeramente fruncido.

—Eh… no puedo comerme todo eso—la platinada se puso de pie de manera incómoda y hizo a un lado los postres suavemente—, ¿por qué no se los comen ustedes? Yo no tengo calor.

—Yo tampoco—Aurora recompuso su sonrisa y tiró el helado en un basurero cercano—, ¿rentamos unas bicicletas? ¡Hay que dar una vuelta por todo el parque!

Rápidamente se colgó del brazo de la rubia y la condujo hasta el sitio en donde se rentaban las bicis. El pelirrojo tiró su helado y fue detrás de ellas, con una mirada de lo más amenazante.

Después de pagarle al encargado, Elsa tomó una bicicleta de color azul y colocó la pequeña bolsa en donde traía sus regalos en la cesta.

Echó un vistazo a sus acompañantes, que hacían lo mismo.

—¡Alcáncenme más adelante!—exclamó, antes de ponerse a pedalear y alejarse a toda velocidad.

Aurora rió por lo bajo y una vez que estuvo lo suficientemente lejos, se volvió al colorado con una mueca exasperada, sujetando el manubrio de una bici roja. Hans, quien estaba a punto de montar la suya de color verde, la fulminó con sus pupilas.

—¡Mira idiota, ya me estás cansando! ¡Deja de sabotear mi cita con Elsa! ¡Has estado comportándote como un imbécil toda la tarde!

—¡Aún no he comenzado, oxigenada de mierda! ¡Entiende, ella no es gay!

—¡Vaya cretino resultaste ser!—la muchacha frunció los labios. Ese estúpido iba a echar todos sus planes a perder—Hay que resolver esto de una vez por todas.

Hans levantó una de sus cejas.

—Tres vueltas alrededor del parque. El primero que las complete podrá quedarse con Elsa.

—¡Ese reto es estúpido! No voy a competir contigo, tarada.

—¿Por qué? ¿Temes que te gane?

El cobrizo apretó los dientes y ella sonrió satisfecha.

—Si yo gano, vas a largarte y a dejar que estamos el resto de la tarde en paz.

—Y si yo gano nunca más vas a volver a acercarte a ella, ni para darle el saludo. ¡Y nada de espiarla por Facebook! ¿Entendiste, feminista de poca monta?

—¡Bien!—Aurora se montó en su bicicleta con decisión; no por nada había pedaleado en varias maratones antes—¡Te voy a dejar en ridículo, bestia!

—¡Quién va a quedar en ridículo eres tú, bruja de trasero plano!—la joven lo asesinó con los ojos, ¡¿cómo se atrevía?! Le iba a enseñar.

Los dos salieron disparados en sus vehículos. Hans era fuerte al pedalear y muy veloz, pero tenía que admitir que su contrincante también dominaba bastante bien aquello. Maldijo para sus adentros cuando la vio adelantarse un poco, no se lo iba a permitir.

Pedaleó con todas sus fuerzas y finalmente logró dejarla atrás, sintiendo la deliciosa satisfacción de la victoria temprana. Más adelante, Elsa conducía tranquilamente su bici sin percatarse de nada; eso hasta que ambos la rebasaron, poniendo todo su encono en vencer al otro.

Al doblar para dar la primera vuelta, el pelirrojo sintió un empujó en la llanta trasera y se volteó para encontrarse con que la chica le estaba pisando los talones y al parecer, quería derribarlo.

—¡Eh, que demonios! ¡Basta zorra, basta!

Aurora le dio otro empujón.

Con que esas tenían. Logró desestabilizarlo momentáneamente y se le adelantó, alzando orgullosamente su nariz.

Hans aferró de nuevo el manubrio y retomó la carrera. Ya no iba a ser más caballeroso.

Cuando logró alcanzarla en un camino flanqueado por árboles y cercano a una fuente, ambos pedaleaban en paralelo y él aprovecho para empujarla con el hombro, haciendo que se tambaleara. Ella logró mantener el equilibrio y le devolvió el empujón con todas sus fuerzas. Los dos comenzaron a espolearse tratando de hacer caer al otro de la bici.

En cuanto llegaron al lado de la fuente, Hans arremetió de nuevo contra ella con tan mala suerte, que por fin la hizo caer dentro de las aguas de la misma, salpicando todo a su alrededor de manera estrepitosa.

"Oh, mierda", pensó para sus adentros. Ahora sí que se había pasado, empujar a una chica al agua de esa manera estaba mal, por más que ella hubiera comenzado aquello.

Miró a su alrededor nervioso, donde varias personas observaban atónitas. ¿Y si alguien lo había grabado?

Dubitativamente se acercó hasta la fuente, en donde la muchacha hacía un esfuerzo por incorporarse.

—Oye… oye, ¿estás bien?

Aurora estaba completamente empapada. Su impecable cola de caballo se había soltado y ahora, parte de su melena empapada le caía encima de la cara. Su mano buscó a tientas un lugar donde apoyarse y le tendió la suya para ayudarla a salir. La rubia la tomó y entonces tiró de él para arrastrarlo al agua, en donde cayó casi con el mismo estrepito que ella.

Ante la mirada atónita del resto de las personas, ambos empezaron a chapotear y a decirse todo tipo de improperios, hasta que el sonido de otra bicicleta llegando los alertó.

Elsa desmontó del vehículo y lo arrojó a un lado, mirándolos altivamente y con las manos en la cintura.

—¡Ya me tienen harta ustedes dos! ¡Esta cita es un asco!—reclamó enojada.

—Elsa, ¡él me empujó! ¡Iba pedaleando como si nada y de pronto comenzó a atacarme!—la voz de la rubia en la fuente se escuchaba quebrada y angustiada.

—¡No! ¡No ibas pedaleando como si nada! ¡Estabas tratando de tirarlo de la bicicleta mientras él hacía lo mismo! ¡¿En serio creen que no los vi?!

Sus acompañantes la observaron sorprendidos.

—¡Estoy harta de su estúpida competencia! ¡Tú!—miró a Aurora—¡Creí que eras una buena persona y que de verdad podíamos ser amigas, pero ya me doy cuenta de que solo eres una caprichosa! ¡Entiéndelo, no me gustas! ¡Y tú!—miró a Hans—¡Ya estoy cansada de tus estúpidos celos! ¡Siempre quieres que todo gire a tu alrededor! ¡Siempre me pones en ridículo! ¡Nunca vas a madurar!

La platinada los congeló con la mirada.

—¡Me largo a casa yo sola! ¡Y quédense con sus tontos obsequios!—chilló, antes de alejarse a toda prisa de ahí.

Ellos inmediatamente salieron de la fuente.

—¡Elsa espera, por favor! ¡Déjame explicarte!

—¡¿A dónde crees que vas, sabandija?! ¡Vuelve!

—¡No era mi intención Elsa, te lo juro!

—¡¿Por qué siempre lo tienes que hacer tan difícil?! ¡¿Elsa?! ¡Elsa, no empieces a correr! ¡No corras! ¡Maldición, no corras!

La aludida no hizo caso de los gritos que resonaban detrás suyo y comenzó a correr, saliendo del parque sin mirar atrás. Únicamente quería encontrar un taxi para dejar atrás esa cita de locos. Quería estar sola.

Odiaba que le dijeran que hacer. Odiaba ser el centro de la atención y sobretodo, verse en medio de una absurda competencia. Ella era una persona que podía decidir y pensar sin que nadie interviniera con eso, ¿por qué esos tontos no lo comprendían? Los aborrecía y en especial a Hans.

Siempre quería que todo se tratara de él.

Sin prestar atención al tráfico que inundaba la calle, se aprestó a cruzar para alejarse lo más que pudiera de las voces que gritaban tras ella.

—¡ELSA!—el grito asustado de su hermanastro la hizo reaccionar para darse cuenta con terror, que se encontraba en medio de la calle y un auto estaba a punto de impactarla.

No tuvo tiempo de gritar ni de cerrar los ojos. Dos manos grandes la empujaron y la hicieron caer sobre el asfalto, apartándola del camino. El vehículo colisionó contra otro cuerpo, que se dobló contra el capo del mismo y luego rodó hasta el suelo violentamente.

Cuando Elsa pudo incorporarse y mirar hacia atrás, el corazón le latía agitadamente y un sentimiento de pavor le brotó del pecho.

Sus ojos se posaron con desesperación en el pelirrojo ya yacía en el piso.

—¡HANS!—aterrorizada se precipitó junto a él, mirando con desesperación el hilillo de sangre que brotaba por una de las sienes del cobrizo, quien de milagro todavía estaba consciente.

Elsa poso una mano en su mejilla sin atreverse a moverlo, en tanto la gente se congregaba a su alrededor.

—¡Tranquilo, vas a estar bien! ¡Por favor, vas a estar bien! ¡Yo estoy contigo!—las lágrimas empaparon sus mejillas.

El muchacho había cerrado sus ojos, pero se quejaba de dolor y temblaba de manera incontrolable.

Ella se preguntó entonces si lo que acababa de suceder no sería una pesadilla.


Apesadumbrada, Elsa trató de contener las lágrimas mientras mantenía sus ojos fijos en su regazo. La sala de espera del hospital estaba llena con los murmullos de quienes aguardaban a sus seres queridos y de los médicos que iban de un lugar a otro, y por Dios que esos sonidos no hacían más que aumentar su ansiedad.

Hacía más de media hora que habían ingresado a Hans para que fuera atendido y hasta ahora nadie había salido a darles razón sobre él. Sus padres se encontraban haciendo el papeleo correspondiente en recepción y ella, que se había negado a moverse de ahí, sentía que en cualquier momento era capaz de salir corriendo para ir y buscarlo por todo el hospital.

Sentada en el pulcro sofá frente a ella, una apenada Aurora le dirigió una mirada azorada. Sus ropas todavía estaban húmedas por al chapuzón que se había dado en la fuente, pero no prestaba atención a eso. Quería decir algo para consolarla pero después de lo que había sucedido, no le salían las palabras.

Por alguna razón se sentía muy culpable.

Luego del horrible accidente que Hans había sufrido por salvar a la albina, apenas y había atinado a tomar su teléfono para llamar a una ambulancia y luego a su tía. Las manos le temblaban tanto, que había sido un milagro haber marcado los números.

Y los gritos y lloriqueos de la otra chica habían sido lo más desgarrador.

Una mano masculina se posó en el delgado hombro de Elsa, dándole un apretoncito afectuoso.

—Tranquilízate amiguita, todo va a salir bien—sentado a su lado, Eugene trató de calmarla—, ya verás que nuestro principillo no tiene nada. Ese pelirrojo tiene la cabeza tan dura que es capaz de sobrevivir a cualquier cosa.

La platinada lo miró con ojos cristalinos.

—¡Es que es mi culpa, no debí correr! ¡Si le pasa algo, yo no…!

—Hey, ¿quién dijo que le va a pasar algo? Tranquila Els, ni siquiera estaba inconsciente cuando lo trajeron aquí. Todo va a estar bajo control, créeme.

—¿Estás seguro?

—Por supuesto que sí.

—¡Es que no debí de ser tan dura con él! ¡Le dije tantas cosas malas!—la chica se cubrió el rostro con las manos y liberó un pequeño sollozo, en tanto el castaño le palmeaba la espalda.

Aurora se sintió pésima al verla así, jamás había tenido la intención de que las cosas llegaran a tanto. Suspiró, después de eso, lo menos que podía hacer era disculparse con su hermanastro por ser tan inmadura.

Sus ojos azules se fijaron con pena por un momento en Elsa y luego fueron hasta su acompañante, quien le devolvió la vista con curiosidad.

—Oye—Aurora frunció levemente el ceño, como si tratara de recordar algo—, yo a ti te conozco… ¿no eres ese chico que hace cortometrajes para Youtube?

—¡Eh, pues sí chica, ese soy yo! ¡Flynn Rider!—Eugene sonrió con su acostumbrada vanidad—¿Eres fan de mi canal? ¿Quieres un autógrafo?

—No—la rubia aumentó su ceño fruncido—, mi exnovio es a quien le encantan tus vídeos. Yo en lo personal, creo que tu trabajo es falto de sensibilidad y una verdadera oda al machismo.

—Yo hago cortometrajes de terror y bromas, ¿qué tiene eso de machista?

Aurora bufó y se cruzó de brazos y piernas desviando su mirada. Su tía ingresó a la sala de estar con pasos apresurados y un semblante nervioso.

—¡Oh querida, que bueno que estás bien! ¡Vine corriendo en cuanto me llamaste!—la mujer envolvió con sus brazos a la joven—¡Creí que te había pasado algo, cariño! Como comprenderás tuve que avisarle de esto a tu padre por si las dudas. Le deje un recado con su secretaria.

—¿Cómo dice?—Elsa levantó la cara de entre sus manos y miró a la mujer con sorpresa.

—Ya sabes como es él, pajarita. Seguramente va a regañarte por el accidente… y a mí también por dejarte salir de nuevo.

Aurora se quedó lívida. El timbre de un teléfono resonó de repente y Flora se apresuró a buscar en su bolso, aún más nerviosa que antes.

—Y hablando del rey de Roma—miró la pantalla del móvil con sorpresa—, es tu padre querida, seguro que ya se enteró de todo.

La aludida tomó el teléfono bruscamente y lo contestó con sus facciones crispadas.

—¡¿Qué, papá?! ¡¿Qué?!—las pupilas azules de Aurora despidieron chispas al hablar. Al otro lado de la línea, una voz masculina y alterada podía distinguirse—¡Oh, así que ahora te acuerdas de que tienes una hija! ¡Pero no pensaste en eso cuando me enviaste lejos de casa! ¡Hombre desnaturalizado y ruin!—el mencionado gritó por el altavoz—¡No, tú cierra la boca!... ¡Tú!... ¡Tú cierra la boca, anciano!

Eugene y Elsa observaron a la joven con asombro. La tía Flora los miró y les sonrió de manera tranquilizadora, como si lo que estuviera sucediendo fuera de lo más normal.

—¡Eres igual a todos los hombres, no tienes alma, tú… engendro egoísta! ¡Mal padre!—las personas a su alrededor comenzaron a mirar a Aurora, alertados por sus exclamaciones—¡No me importa tu reunión de negocios! ¡Maldición papá, nunca tienes tiempo para mí!—la voz que hablaba por el móvil se escuchó aún más exaltada, aunque apenas y pudieran distinguir lo que decía—¡Pues que se joda! ¡No sería la primera vez!... ¡No, no metas a mamá en esto, no te atrevas a meterla!—su delgada mano se cerró en un puño que descargó contra el asiento del sofá—¡Pues tú también te puedes ir al infierno, bastardo sin corazón!... ¡No, no, no, tú vete al infierno!... ¡Tú vete al infierno!... ¡Voy a escaparme de casa y a merodear sin rumbo hasta que un auto me arrolle como a una vagabunda! ¡¿Eso te haría feliz, verdad papá?! ¡Oh, claro que te haría feliz! ¡Librarte al fin de la carga que tienes por hija! ¡Perdón por no ser un varón como siempre quisiste! ¡Perdón por no ser un hombre de mierda como tú!—el rostro de Aurora se tornó rojo de la furia y entonces gritó sobresaltando a todos—¡Te odio, papá! ¡Te odio con todo mi ser!

—Muy bien princesita mía, suficiente charla de padre e hija por hoy—la tía Flora le quitó el móvil sin borrar su bondadosa sonrisa y colgó—, vayamos a casa para dejar en paz a estas buenas personas. Tu tía te preparará una rica taza de té y luego tomarás una siesta… una muy larga.

—¿Por qué tu respuesta para todo lo que hago es tener que sedarme? ¡Ya no tengo tres años!—replicó Aurora frunciendo los labios.

—Pero para mí siempre serás mi pequeñita especial, y como tal sé muy bien que cada vez que hablas con papá te pones un poquitito alterada—Flora le tocó la punta de la nariz—, dormir un rato te hará muy bien, mi bella durmiente.

—¡No quiero dormir! ¡Quiero hablar con papá!

—Y estoy segura de que él también quiere hablar contigo, dulzura. Pero eso será después de tu siesta—la mujer la tomó del brazo y se volvió hacia Elsa y Eugene—, buenas tardes, jóvenes. Buenas tardes a todos—se despidió tranquilamente, ignorando las miradas molestas y perturbadas que los demás le lanzaban tanto a ella como a su sobrina.

Ambas desaparecieron por la salida de la sala de espera, con Aurora todavía renegando.

—Amiga, esa chica está muy mal del cerebro. ¡Qué mierda!—exclamó el moreno, todavía observando el lugar por donde la muchacha había desaparecido con extrañeza.

Elsa suspiró exasperada y se dejó caer contra el respaldo del sofá. Al principio de verdad había pensado que la joven era una chica amable a pesar de todo, le había tenido lástima… ¿y ahora resultaba que todo lo que le había dicho eran mentiras? Nunca antes se había sentido tanto como una perdedora.

—Soy una estúpida.

—Eh, no digas eso Elsie. Tranquila.

Un médico salió entonces preguntando por los familiares de Hans. Ambos se pusieron de pie de inmediato, siguiendo las indicaciones del hombre para ir a la habitación donde estaba el pelirrojo en tanto él iba a hablar con su padre.

Lo encontraron dentro del dormitorio de paredes blancas y tendido en una cama reclinable, con el brazo sujeto en un cabestrillo y varias gasas y banditas departidas por todas partes de su cuerpo, bajo la bata de hospital. Un enorme crespón yacía a un costado de su cabeza, cubriendo la enorme contusión que había recibido allí y tenía un ojo morado y un raspón en la mejilla.

A Elsa se le encogió el corazón al mirarlo. Le pareció que nunca antes lo había visto tan indefenso y herido. Y todo era por su causa.

—¡Viejo, pero que demonios!—Eugene lo miró alarmado—¡Mírate como estás! Amigo, tu brazo, tu cara… mierda Hansy, vas a tener que demandar a ese conductor, ¿eh?

—Cállate, hippie—le espetó Hans fulminándolo con la mirada.

No estaba de humor para escuchar las tonterías de ese vago.

—Bueno, al menos estás lo suficientemente bien como para insultarme, eso es una buena señal—dijo Eugene y luego se aprestó a pasar uno de sus brazos por los hombros de la blonda—, ¡te lo dije, amiguita! Está casi como nuevo. Un cuerpo hecho mierda, ¡pero con el mismo sarcasmo y actitud hostil hacia el mundo!

—Te voy a patear el culo en cuanto salga de aquí, idiota.

—Eso Hansy, eso, piensa positivo y saldrás de aquí muy pronto. Eso es bueno para ti, viejo.

El colorado hizo ademán de moverse y lanzó un quejido, lo cual los alarmó y les hizo acercarse a él para contenerlo.

—Eh, despacio amigo, despacio, demonios ¿cuál es la prisa?

—Me duele todo.

—Obvio viejo, un coche te embistió. Caramba, te pudo haber ido peor si lo piensas—Eugene le esponjó la almohada con las manos y lo ayudó a acomodarse mejor—, ¿necesitas algo?

—Agua. De limón. Con burbujas.

—Enseguida vuelvo—el castaño se dirigió hacia la puerta y los miró antes de salir, de modo divertido y apuntándolos con el índice—, no vayan a hacer nada indebido mientras no estoy, ¿eh?

Elsa se ruborizó y frunció el ceño al tiempo que lo veía marcharse.

—¡Y mejor que esté fría, hippie!—Hans le gritó cuando salió al pasillo y luego miró a la platinada—¿Y tú? ¿Qué haces allí? ¿No vas a decirme nada?

La joven se llevó un mechón de pelo rubio detrás de la oreja, azorada.

—¿No vas a hacerme notar lo estúpido que fui a esta vez o a seguir reclamándome por lo del parque? Vamos sabandija, quiero terminar de una vez con esto…

Sin previo aviso, Elsa se volvió a acercar a él y delicadamente le echó los brazos al cuello, enterrando la cara en el hueco de su cuello.

—¿Qué… qué demonios…?—el pelirrojo se quedó anonadado, el mal humor desvaneciéndose por completo de su rostro.

—¡Idiota! ¡No vuelvas a hacer algo así!—lo riñó, con la voz ahogada—¡¿Sabes cuánto miedo pasé temiendo que te sucediera algo malo?! ¡Tuve tanto miedo, tanto miedo de que te estuvieras grave, de que no despertaras…!—un ligero sollozo brotó de la garganta de la muchacha, haciendo que su corazón latiera con violencia—¡Yo no sabría que hacer sin ti, Hans! ¡Me moriría si te pasa algo!

Mientras las lágrimas tibias de su hermanastra le mojaban el cuello e iban a perderse en la bata que traía puesto, el tiempo pareció detenerse para el aludido. Su respuesta se escuchó, queda y lívida, junto al oído de la jovencita.

—Yo tampoco sabría que hacer sin ti.

Elsa se apartó ligeramente de él para mirarlo a la cara.

—No podía permitir que nada te sucediera, Elsa. Eres demasiado importante para mí. Actúe sin pensar.

—¡Eres un tonto!—la albina le dio una pequeña e indolora palmada en el hombro—¡No necesito que te arriesgues por mí! ¡Ese maldito auto pudo matarte!

—O a ti.

—¡Tonto!—repitió ella y enseguida estampó sus labios de manera brusca con los suyos, dándole un beso casto e impetuoso—¡Más te vale que no vuelvas a darme un susto como este, ¿entiendes?! ¡Maldita sea, Hans! ¡Tú siempre quieres sacarme de quicio, estúpido y exasperante hombre!

Hans aferró su mandíbula con la mano que no colgaba del cabestrillo y la acercó a él violentamente, dejando que sus bocas se encontraran una vez más y capturando la suya de manera hambrienta.

Se besaron ávidamente y con furia contenida. Elsa mordió insistentemente su labio inferior y después, el metió la lengua entre sus belfos, haciendo presión con sus dedos a ambos lados de su barbilla mientras las manos de ella se cerraban en torno a su pelo. El beso se extendió por largos minutos, olvidándose ambos por completo de que en cualquier momento podría entrar el médico, una enfermera, sus padres o por supuesto, Eugene, que de seguro ya venía de regreso.

En ese instante solo querían disfrutar al otro como no lo habían hecho en horas. Habían pasado por tanto esa tarde.

Elsa se despegó de sus labios con la respiración agitada. Un pequeño rastro de saliva marcaba las bocas de ambos, hinchadas y humedecidas. Cuando lo miró, con el pelo revuelto, ese cardenal en el ojo y la mirada cansada y turbada por su cercanía, supo que lo único que quería en ese momento era estar a su lado todo el tiempo posible hasta que se recuperara.

Cuidarlo como él había cuidado de ella hasta ahora.

—En serio, mejor no vuelvas a hacer algo así Hans. Por favor, no sabes la angustia que pasé—murmuró.

—No puedo prometerte nada. ¿No lo ves?—el colorado deslizó suavemente su mano por una de sus mejillas—Haría lo fuera para protegerte.

—Hans—la blonda suspiró su nombre conmovida.

¿Qué era lo que tenía él que cada día parecía meterse más profundo en su corazón, a pesar de toda su arrogancia y su manera de ser? No lo comprendía.

—Será mejor que descanses—Elsa se acercó una vez más para besarle la frente—, vas a tener que estar muy tranquilo si quieres salir pronto de aquí. No te preocupes—sus dedos le acariciaron el pelo rojo que caía sobre su frente—, yo te cuidaré.

Y en ese momento, al mirarla frente a si, él supo que sí, que haría hasta lo imposible por protegerla.


Elsa terminó de cerrar la caja registradora con llave y colocó esta debajo de una de las máquinas de helado, antes de prepararse para salir de la heladería. Tenía prisa por llegar al hospital para ver como se sentía su hermanastro, quien tendría que permanecer una semana más en reposo. Era insoportable saberlo ahí y no en casa, como siempre, pero sabía que no podía quejarse.

De camino allá, pasaría a comprarle un par de los cupcakes de limón que tanto le gustaban y quizá uno de chocolate para ella. En la clínica tenían que cuidarse demasiado las espaldas para no ser evidentes ante nadie; pero bien podía explicar su actitud con mero agradecimiento.

Escuchó pasos detrás de ella y volteó para ver como una chica de cabellera doraba entraba. Sus ojos azules se abrieron con incredulidad.

—Oh no, no, no, por favor—bufó mientras Aurora se acercaba a la barra con una sonrisa de chica buena que a esas alturas, ya empezaba a ponerla nerviosa—, ¡no! Oye, si vienes a chantajearme de nuevo con alguna cita loca o algo, voy a tener que…

—Hey, tranquila—la muchacha le hizo un ademán con las manos para que se calmara—, no estoy aquí para eso, ¿sí? Después de lo del sábado ya me quedó muy claro que no tengo oportunidad contigo.

Elsa frunció el ceño ligeramente, esperando que eso fuera cierto.

—Es una lástima, realmente me pareces una chica muy bonita, pero bueno, cuando no hay química pues no la hay—Aurora colocó las manos tras su espalda y la miró con inocencia—, yo en realidad venía a disculparme contigo, ¿sabes?

—¿Disculparte?—la platinada relajó su expresión.

—Así es, por chantajearte un poquito y todo eso, realmente no tenía malas intenciones ¿sabes? Es solo que… no sé, estoy acostumbrada a esforzarme por lo que quiero, supongo.

—Hum—Elsa se cruzó de brazos.

—Ahora que ya me quedó claro que no tienes esas inclinaciones, espero que al menos podamos ser amigas. Realmente eres una persona muy dulce y siento mucho todo lo que hice—repuso la otra con amabilidad.

—Creo que no es conmigo con quien tendrías que disculparte—dijo la albina con seriedad.

La expresión de Aurora se tornó incómoda.

—Ya lo sé—aceptó y dio un largo suspiro—, ¿cómo se encuentra, Hans? ¿Está bien?

Elsa la analizó un par de segundos más antes de responder. Parecía sinceramente preocupada.

—Está mejor, el accidente no fue nada grave. Aunque sí tendrá que guardar reposo por algunos días. Tiene un brazo roto y muchas contusiones.

—De verdad lo siento, no era mi intención que le ocurriera algo así—se lamentó Aurora—, estaba pensando en visitarlo personalmente para pedirle una disculpa. Reconozco que mi comportamiento en nuestra cita fue… muy inmaduro. ¿Crees que acepte verme?

—En realidad no creo que eso sea una buena idea.

—Lo presentía—la chica sonrió de lado y metió la mano en el bolso que le colgaba del hombro—, bueno, entonces tal vez quieras darle esto de mi parte. Como una ofrenda de paz.

Le extendió una pequeña caja cuidadosamente cerrada, que Elsa tomó con precaución.

—Son galletas, mi tía Flora las hizo—explicó la rubia disipando todas sus sospechas—, le pareció que sería una buena idea para disculparme. Ojalá no sea alérgico a la canela ni nada de eso, no me gustaría que me culpe de querer intoxicarlo—añadió con humor.

—Yo se las daré—repuso Elsa con frialdad.

Vio como la joven desviaba la miraba y jugueteaba con sus dedos encima de la barra.

—Sigues molesta por lo del sábado, ¿eh? ¿Habrá alguna forma de que me perdones en serio? Ya sabes, al principio la pasaste bien…

—Antes de que un auto atropellara a mi hermanastro, quieres decir y de que me enterará que todo lo que me dijiste, son puras mentiras—señaló Elsa—, sin mencionar que me encanta que dos personas me traten como un objeto. Creí que tú ibas en contra de eso.

—Ya, ya sé que me pasé. Lamento mucho haberte mentido, la relación con mi padre no es muy buena y no me gusta hablar de eso—la vio llevarse una mano a la nuca—. También siento haberme puesto pesada con tu hermanastro. Discúlpame Elsa, pero tienes que admitir que Hans saca de quicio a cualquiera—bueno, eso no tenía ni como discutírselo—, además debes comprender. A los dos nos gustas mucho; no digo que estuviera bien pelearnos como dos perros por un trozo de carne pero bueno… así es el amor…

—No exageres—la aludida se ruborizó intensamente.

—No es exageración, lo que él hizo por ti fue algo verdaderamente valiente, hasta a mí me sorprendió—dijo Aurora—, tengo que aceptar que detrás de esa fachada de niño consentido y egoísta que tiene, realmente se preocupa mucho por ti. Y yo puedo respetar eso. Y también el hecho de que… bueno, de que a ti te van más los chicos. Ahora entiendo porque estás enamorada de él.

—¿Disculpa?—Elsa levantó una de sus cejas.

—Bueno sí, ya sabes, al principio no tenía idea de que era lo que veías en él; no pareces alguien que se deje llevar por la apariencia. Y fuera de eso, Hans es un idiota manipulador con complejo de príncipe que piensa que todo el mundo debe besarle el trasero—explicó la muchacha rodando los ojos—, no podía creer que alguien tan centrada como tú se fijara en él. Pero supongo que lo que dicen acerca de que no escoges a quien quieres es verdad. Y si ustedes tienen algo serio no me quiero interponer.

—Yo no estoy enamorada de Hans—dijo la albina firmemente—, nosotros solo pasamos el rato. No nos queremos, solo nos gustamos. ¡Ni siquiera hemos dejado de discutir a menudo!

Aurora la miró atónita por un momento y luego volvió a sonreír, como si supiera algo que ella no.

—Oh, ¿de verdad?—inquirió—Después de lo que vi a mí me pareció algo muy distinto. Y no hablo solo del accidente.

—¿A qué te refieres?—Elsa arrugó su frente con suspicacia.

—Me refiero a que debí verlo antes. La manera en que lo miras, hasta cuando estás enojada con él y el modo en el que te preocupaste cuando lo golpeó aquel auto…

—Bueno, eso era obvio, ¿no lo crees? No iba a ser como que me quedara tan tranquila por algo así. Es solo una cuestión de… de familia.

—Puede ser—Aurora adoptó una postura pensativa—, pero si de algo estoy segura es de que tú sientes algo muy fuerte por él. Estas cosas suceden aunque no lo quieras. Solía sentir lo mismo por mi novio antes de separarnos. Al principio yo también estaba muy enamorada.

—No, yo no… yo no siento cosas por él—refutó la platinada dubitativamente, apartando la mirada de su acompañante—. Es un cretino por el que jamás sentiría nada que no fuera más allá de una atracción física. Eso es todo.

No podía estar enamorada de Hans. Ese sería sin duda el peor de sus errores, estando consciente de que él no sentía lo mismo, se lo había dejado claro muchas veces.

Ella solo le gustaba por su físico, por el trato fácil que tenían para calmar sus hormonas.

No había cabida entre ellos para tener algo serio.

—Ay Elsa—Aurora rió por lo bajo al contemplarla—, eres muy inteligente pero sigues siendo muy ingenua para ciertas cosas, ¿sabes? Tú quieres a Hans, solo que aún no te has dado cuenta. O más bien te cuesta aceptarlo. Lo entiendo, es un tipo difícil—se encogió de hombros—, pero si de algo sirve, estoy segura de que él siente lo mismo por ti. Así que no deberías tener miedo.

Mientras la mencionada ponía una expresión confundida, avanzó hasta la puerta y antes de salir, la miró por sobre su hombro.

—Piénsalo, tal vez puedan tener algo más bonito que solo salir a escondidas. Prometo que ya no intervendré—rió por lo bajo—, no se te olvide darle esas galletas ¿vale?

Se alejó definitivamente del local, dejando tras de sí a una rubia muy confundida.

Elsa frunció su entrecejo, preocupada y fijo sus ojos azules en la caja que le había entregado, pensando profundamente en sus palabras.

"Tú quieres a Hans".

¿Era eso lo que definía la sensación de sentir acelerarse su corazón cada vez que pensaba en él, o las mariposas que le revoloteaban en el estómago cuando la besaba? ¿Se debía a eso y no solamente a algo físico?

Mientras ella se hacía todas estas preguntas, no pudo dejar de sentirse como si realmente se hubiera equivocado en mucho tiempo.


Nota de autor:

Jelouuuu, hermosas personitas de Fanfiction. El capítulo de hoy fue bastante loco pero como ven, Elsa acaba de tener una súper revelación. Ay, el amor. :3

Un poco de angustia de vez en cuando no está mal para abrirle los ojos a la niña y como ya se ha visto, Hans es capaz de hacer todo con ella, aunque se pase de tarado. ¿No es un amor? *w*

Continuamos con la mezcla de personajes, como ven este episodio estuvo lleno de referencias a "La Bella Durmiente" y salió una de las madrinas de Aurora, (esas mugrosas hadas siempre me cayeron mal por cierto, excepto la gordita Primavera) y después de adaptarlo todo a una era moderna, confío en que se entienda un poco más el porque de su forma de ser en este fic. Si vieron "Maléfica" se habrán dado cuenta de que su padre no era una buena persona, (vamos, que mandar a tu única hija a vivir lejos no habla muy bien de ti xD), así que quise basarme un poco en ese hecho para describir su pésima relación y la aversión de la rubia hacia los hombres. Sí, me tomé demasiadas licencias al escribir, espero que a Mickey no le de un infarto. LOL

En fin, vamos a los anónimos.

Ana briefs: No, la verdad que DBZ no era lo mío. Creo que todas se sorprendieron de que Hans haya resultado ser más inocente de lo que aparentaba. No sé, para mí tiene sentido si tomamos en cuenta su trasfondo. xD ¡Espero que hayas disfrutado mucho de este avance!

Guest: Muchas gracias por comentar y por decir que no te molesta desvelarte. xD Hoy actualicé más temprano para evitarte eso (sí es que vives en México, claro, si no a lo mejor te sigue tocando desvelarte o leer el lunes LOL).

Ari: Awwww, saludos costarricenses, mil gracias chiquilla. :3 Sí, Hns y Elsa de verdad están hechos el uno para el otro, a pesar de que choquen constantemente. Ellos ya lo saben pero se hacen los locos y así los amamos. Pero pronto, muy pronto nos darán algunas sorpresas. ;D

SamanTha: A mí también me gusta "El Origen de los Guardianes", (sí, a mis veintitantos años todavía no puedo superar la emoción de ver películas animadas xD), cuando salió amé que no fuera la típica película navideña melosa, con Santa siendo un pusilánime y todo eso. Sin embargo, no puedo entusiasmarme con Jack Frost del mismo modo que lo hago con Hans u otros personajes; a él le hace falta ese algo que solo el pelirrojo tiene con su retorcida forma de ser. Por eso también soy 100% Team Helsa. Y bueno, muy feliz de que te hayas divertido con todas las sorpresas del capítulo anterior, para que conste, Anna no aplica las mismas técnicas que uso con Gothel con su suegra, la señora Bulda es una persona buena y paciente. xD El Helsa no tiene cura y yo encantada de empeorar tu adicción, ¡vamos a dominar al mundo! Ok, te presto mi muñeco inflable de Hans para que les des besitos. Vayamos a la casa de Punzie a armar una fiesta. x3

Calabacitas, estoy muy emocionada en este momento. Acabo de ver el tráiler de la nueva versión de "La Bella y la Bestia" con Emma Watson y es ¡simplemente perfecto! *o* ¿Alguien más lo ha visto y ha fangirleado tanto como yo? ¿Dónde está ese espíritu Disney? No sé, estoy eufórica de verdad, si no lo han visto, véanlo por lo que más quieran. :3

Nos leemos por aquí muy pronto, criaturas. Díganme que les pareció el capítulo de hoy y que se esperan para el siguiente. ;)