Mención de otros personajes de Disney a lo largo del fic. Modern AU. Helsa.

Disclaimer: Lastimosamente nada de esto es mío, solo mi cada vez más alocada imaginación.


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26

Aprendiendo a quererte


El estridente sonido del videojuego que ocupaba la pantalla plana de la habitación, retumbó en los oídos de Elsa de manera casi ensordecedora. Llevaba al menos una hora observando como los personajes de aquel juego sangriento se disparaban entre sí, gritaban y corrían por todas partes sin un objetivo en común. El alarido victorioso de su hermanastro le hizo fruncir los labios.

Ambos se encontraban en la cama de Hans, sosteniendo los controles de la consola entre sus manos. El cobrizo se hallaba sentado con la espalda recargada en las mullidas almohadas que rodeaban la cabecera, las piernas dobladas con las rodillas hacia arriba y las plantas sobre el colchón. Ella se había ubicado justo en medio, completamente apoyada sobre su pecho y sus propias piernas extendidas en tanto era rodeada por el cuerpo masculino. A los pies de ambos, Marshmallow se había acostado perezosamente, sin que el ruido pareciera perturbar en lo más absoluto su modorra.

Pese a lo cómodo de su ubicación, Elsa no podía evitar sentirse bastante aburrida. Todo en ese juego solo se trataba de disparar a alguien y ya llevaban demasiado tiempo en eso, cuando bien podían estar mirando una película, escuchando música o haciendo… cosas más interesantes.

—¡A ese, dale a ese! ¡Sí carajo!—el entusiasmo de Hans era realmente espeluznante.

—¿De esto se trata todo? ¿Solo vamos a dispararle a los demás?—inquirió oprimiendo un botón como le decía—Dijiste que sería divertido.

—Matar personas es divertido.

—Te escuchas como un maldito sociópata.

Un par de meses habían pasado desde el accidente del muchacho y como era de esperarse, él se encontraba ya en perfectas condiciones, habiendo recuperado por completo la movilidad de su brazo y sanado de sus lesiones. Lo primero que había hecho después de ser librado del insoportable yeso, había sido botarlo al basurero, de donde más tarde la propia Idun lo había rescatado aludiendo a que sería una auténtica lástima que "tan preciosa obra de arte en un objeto tan común", fuera a perderse de esa manera.

La castaña mujer lo había enmarcado en un cuadro y colgado en un pasillo, haciendo gala una vez más de su buen proceder y su ingenuidad casi infantil. Ahora, Eugene no perdía la oportunidad de restregarle la nueva decoración en su cara cada vez que salía de su dormitorio.

Realmente se portaba como un imbécil cuando se trataba de los dibujos de su noviecita… o lo que fuera de él esa rara.

—En serio estoy aburriéndome mucho—Elsa se enfurruñó contra el abdomen del pelirrojo, que seguía ocupado exterminando personajes en la pantalla—, deberíamos ver una película.

—¿Para qué me pongas a ver otra de esas películas de terror en blanco y negro? No gracias, no soy Eugene.

—Entonces deberíamos bajar y hacer brownies—insistió la platinada recargando la cabeza en su hombro y mirándolo con el ceño fruncido y un puchero—, hace mucho que no me preparas unos.

—Joder sabandija, tú no te cansas del chocolate ¿no? Sí sigues así, un día vas a terminar igual que esa bola de pelos—Marshmallow levantó la cabeza ante la mención de su nombre y fijo sus ojos en él, con expresión maligna—, míralo, está gordo como una vaca. Una muy fea y peluda.

El gato le siseó amenazantemente desde su lugar.

—No está gordo, solo es pachoncito—la rubia le dio un manotazo—, ¡y tampoco está feo!

—No me interrumpas, copito—los ojos verdes se mantenían fijos en la pantalla, con una concentración que solo le había visto cuando estudiaba para un examen o la acorralaba en algún rincón.

—Hum—Elsa no iba a darse por vencida tan fácilmente.

Tenían la casa completamente sola para los dos y no era posible que desperdiciaran su valioso tiempo… con eso.

Suavemente, frotó sus labios y su mejilla contra la línea de la mandíbula de Hans, ligeramente áspera debido a una barba incipiente que quería asomar en torno a su barbilla. Esa mañana no se había rasurado aunque por alguna razón, le gustaba que tuviera esa sensación en su rostro. Le daba un aire tan apuesto.

—¿Y si hacemos algo… distinto?—inquirió en un murmullo seductor, trazando una línea de besos mariposa en torno a su cuello y su pómulo.

El colorado esbozo una sonrisa maliciosa al sentir aquel contacto. Realmente, Elsa se había vuelto muy curiosa y pícara desde que habían decidido llevar un trato más cariñoso. A veces todavía le costaba creer que se tratara de la misma jovencita fría, estirada y en el fondo, tímida, que había conocido.

Sin más preámbulo, pausó por completo el juego y arrojó su consola sobre la alfombra en tanto ella dejaba la suya en la mesita de noche.

El pelirrojo cerró fuertemente sus brazos alrededor de la chica y la tumbó sobre el colchón, posicionándose encima y atacando sus labios con ferocidad, en tanto ella lo recibía con gusto.

Elsa no tardó en abrir sus labios dejándolo hacer y respondiendo con intensidad. Era imposible que le gustaran tanto los besos de ese hombre y odiaba que él lo supiera; pues no necesitaba más razones para inflar su enorme ego. Sin embargo allí estaban, enredados el uno con el otro, como si nunca quisieran dejarse ir.

Hans le mordía los labios, besaba su mandíbula, mordisqueaba y lamía su cuello, haciendo aparecer esas marcas violáceas que cada vez le costaba más trabajo ocultar pero que él se sentía orgulloso de dejar en su piel.

Y con cada beso, ella gimoteaba aumentando sus ganas de comérsela.

—Ay Hans… Hans… —la voz de la platinada era un murmullo gozoso que a sus oídos, sonaba como verdadera música.

El aludido volvió a subir para capturar sus labios entre los suyos, recibiendo en respuesta el agresivo roce de la lengua de Elsa, que acaricio su belfo inferior y exploró a placer esa húmeda cavidad, tocando su paladar, frotándose con su propia lengua… vaya que había aprendido demasiado rápido.

La muchacha se separó de él con la respiración entrecortada y después volvió a presionar la boca contra la suya, de un modo mucho más agresivo, peleando por el dominio del beso. Hans no le iba a poner las cosas tan fáciles; aunque amaba la iniciativa de su pequeño copo de nieve, era él quien siempre marcaba el ritmo y no cedería así como así. Obviamente ella no pensaba igual.

La sintió empujarlo y ambos rodaron sobre la cama sobresaltando a Marshmallow, quien les envió una penetrante mirada de resentimiento.

Ya están de nuevo, chicos sucios, no hay decencia entre estas malditas cuatro paredes; parecía decir el minino, mirando de mala manera especialmente a Hans, quien siempre parecía aprovecharse de su dueña con su tamaño y esas manos que no se mantenían quietas. Era increíble como la jovencita había pasado de odiarlo a… esto.

Los dos dejaron de rodar y cuando Elsa quedó arriba, rápidamente aprovechó para sentarse a horcajadas sobre el vientre del cobrizo afianzándose con sus rodillas.

—Creo que es hora de que alguien te enseñe a ser más sumiso, hermanito—murmuró de manera felina, inclinándose encima de él y dejando que su larga trenza plateada cayera por uno de sus costados, acariciando el cuello masculino.

—¿Y quién se supone que va a hacer eso? ¿Tú?—Hans esbozó una sonrisa burlona—No me hagas reír, gatita.

Elsa adoptó una expresión peligrosa y descendió sobre él, volviendo a besarlo provocativamente. Ese arrogante chico despertaba un lado muy primitivo en ella, del que ni siquiera estaba consciente hasta hacía unos cuantos meses. La incitaba con cada toque de sus manos, cada sonrisa engreída, cada comentario mordaz y ese brillo depredador que tenían sus ojos verdes cada vez que la veían.

Lo único que quería hacer era quitarle esa altanera expresión del rostro y mostrarle que ella también podía mandar. Y a Hans eso no le disgustaba precisamente.

Solo que ahí, únicamente podía haber un vencedor.

Con facilidad la aferró de la cintura y rodaron una vez más, quedando la blonda nuevamente debajo. Él le mordió el labio posesivamente.

—Me encanta tu entusiasmo, copito de nieve. Es adorable—dijo, rozándole la boca con la propia y acunándole la mejilla con una mano—, pero no se te olvide que aquí siempre mando yo. Solamente yo—la besó con voracidad.

—No es justo—se quejó Elsa tan pronto como él hubo descendido por su garganta.

—La vida no es justa, hermosa—el colorado enterró su nariz en el espacio de su cuello—, pero tú eres demasiado deliciosa como para estar sin supervisión. Me parece que me voy a divertir un buen rato contigo…

Elsa se sintió estremecer ante dichas palabras, ¡cómo le encantaba cuando la ponía en su lugar, demonios! Ella no era de las que se dejaban mangonear así sin más, pero cuando Hans la tenía bajo su control, simplemente se derretía como si fuera mantequilla en una sartén.

Él, por su parte, estaba demasiado extasiado con el cuerpo que tenía debajo como para pensar en nada más. Le encantaba todo de la rubia, su olor, el color de su piel, su calor y sentir su menuda figura entre sus brazos.

Lentamente succionó un pequeño punto en su cuello haciéndola gimotear por lo bajo, mientras sus manos se atrevían a colarse debajo de la camiseta, acariciando la piel tersa de su abdomen plano y pulcro como la porcelana. Hacía poco tiempo que sus acercamientos estaban subiendo de tono peligrosamente.

Elsa no se resistía sino que lo dejaba hacer a su antojo, revolviéndole el pelo con las manos. Estaba demasiado encantada como para pensar. Solo serían unos roces inocentes y después haría que parara… sí, después lo pararía. Mucho después…

Las manos de Hans ascendían arriesgadamente hasta su sostén, haciéndola sentir un cosquilleo en el vientre.

El corazón de él latía de manera furiosa. Sus manos tocaron el borde de la prenda interior que contenía los pechos turgentes de la joven. No se quería detener y ella no hacía nada para disuadirlo. Solo un poco más y estaría completamente perdido…

El sonido del timbre los sobresaltó violentamente. Hans se despegó de ella y ambos se miraron, completamente acalorados y con los cabellos fuera de su lugar. La blusa de Elsa estaba torcida y dejaba todo su estómago el descubierto, y sus respiraciones seguían aceleradas.

—¡¿Pero qué demonios…?!—Hans sintió la ira emerger dentro de sí.

¿Quién carajos podía estar tocando en ese instante? Con lo bien que se la estaban pasando, habría sido solo cuestión de segundos para…

Sacudió su cabeza, no podía permitirse ser irresponsable en ese momento. Elsa se enderezó ruborizada y se acomodó la ropa, con las mejillas completamente sonrojadas. Volvieron a llamar a la entrada.

—Mierda, más vale que sea importante—masculló él, peinándose el pelo con las manos y saliendo de la alcoba seguido por ella.

Desde la cama, Marshmallow los vio salir con una expresión burlona y se extendió a sus anchas sobre el colchón.

Los hermanastros se dirigieron hasta la puerta, no sin antes verificar que se encontraban lo suficientemente presentables como para atender. A nadie era conveniente dar la impresión de que hace solo un minuto, se estaban revolcando como dos animales hambrientos.

Hans abrió la puerta dispuesto a decirle a quien quiera que estuviera afuera, que no les interesaba comprar nada y que no volviera jamás. Cuanto antes regresaran a su habitación mejor.

Oh sí, tenía unas ganas de morder a Elsa y hacerle tantas cosas…

El rostro familiar de su hermano le sonrió apenas hubo abierto, haciéndolo palidecer repentinamente.

—¿Extrañándome Hansy?

—¡No! No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no—negó rápidamente, apresurándose a cerrar la puerta con pánico.

Lars anticipó sus movimientos y la detuvo con su mano, abriéndose paso mediante forcejeos y disfrutando de la expresión entre espantada y exasperada de su hermanito. Ese chico nunca iba a cambiar.

—¡Pero que cálido recibimiento!

—¡Maldita sea, Lars! ¡No! ¡Te dije que no volvieras aquí! ¡¿Es qué no te acuerdas en lo que habíamos quedado?!—exclamó el menor neuróticamente.

A esas alturas ya no se creía capaz de lidiar con tantos celos y estrés como la vez pasada, y menos después de los problemas en que se había metido con la última "pretendiente" de Elsa. Si su hermano se atrevía a coquetearle o a tocarla de nuevo, esta vez sí que lo iba a matar.

—¿Quedamos en algo? Debe estarme fallando la memoria, porque que yo sepa no fue así—Lars depositó su pequeña maleta en el suelo y le sonrió a la platinada—. ¡Elsa! Que bueno es verte de nuevo, tan guapa como siempre. Cada día te pones más bonita, ¿lo sabías?

—Hola—lo saludó ella con cierta incomodidad, mirando como su hermano lo fulminaba con los ojos—, que… sorpresa tenerte aquí.

—Sí, ¡¿qué haces aquí?! ¡¿Por qué viniste?!

—Tranquilos muchachos, no vengo por lo que están pensando. Cuanta desconfianza, creí que las cosas habían quedado claras entre los tres desde mi última visita.

Hans entrecerró los ojos y lo miró con suspicacia. Aquello no le olía nada bien.

—Veo que no hay nadie más en casa… ¿qué estaban haciendo?—Lars sonrió socarronamente, reparando en sus caras encendidas y en sus melenas, que todavía lucían un poco despeinadas.

—¡No estábamos haciendo nada, idiota! ¡Quita esa estúpida sonrisa del rostro!—lo incordió Hans—Oye, si vienes aquí a insistir con la sabandija, ni creas que te…

—Cálmate hermanito, cálmate—Lars le sujetó la cara con una mano y la palmeó la mejilla con la otra, haciendo que él se zafara bruscamente—, ya te dije que no hay razón para alarmase. No chiquillos, el motivo de mi visita es otra. Esta vez mi estancia será corta. Solo tengo un fin de semana para arreglar mis asuntos aquí y después tengo que volver. Así que descuida Hansy, que no voy a tocar a tu "sabandija".

Elsa se ruborizó violentamente.

—¿De qué demonios estás hablando, papanatas? Ella no es mi sabandija ni nada, ¡deja de decir estupideces!

—¿En serio siguen con esa mala actitud? Yo creí que a estas alturas ya habrían terminado con toda la tensión romántica y eso. ¿Qué me dices de ti, Els? ¿No has sabido meter en cintura a mi hermano?

—No… no entiendo de lo que hablas—musitó ella, odiando sentirse tan azorada.

—Vaya, ustedes no tienen ningún remedio. En fin, será como digan—Lars habló como si les estuviera siguiendo la corriente y se sentó en la sala de estar, seguido por la pareja—, hacer viajes relámpago en realidad no es lo mío pero ya les comenté que tengo un asunto pendiente en este lugar. Y quiero que ustedes dos pajaritos, me ayuden a dejarlo saldado.

—¿De qué estás hablando esta vez, animal? ¿A qué te refieres con asunto pendiente?—le preguntó Hans con desconfianza—Que yo sepa aquí no tienes ninguno.

—Oh, pero en eso te equivocas hermanito, sucede que sí lo tengo y creo que tú lo conoces muy bien, je je je.

—Esto no me gusta nada—dijo el menor.

—Chicos—Lars levantó la mirada con solemnidad, como si estuviera a punto de anunciar algo—, estoy enamorado.

—¿Otra vez?—preguntó Elsa parpadeando.

—Nunca antes me había sentido así en mi vida, ni siquiera cuando Elsa me gustaba me sentía tan agitado… tan vivo—la albina arqueó una ceja y Hans se llevó la mano a la frente—, quiero decir, contigo fue como 'oh sí, es una linda chica, bueno, inténtemoslo'—la susodicha se cruzó de brazos—, pero con ella hay algo más. Ella no solo es linda, su personalidad es… es… no sé como describirlo, solo sé que mientras más se me resiste, más quiero tenerla.

—¿De quién estás hablando, idiota?—lo urgió su congénere.

Odiaba cuando Lars se ponía a parlotear como una quinceañera enamoradiza.

—De Mérida, por supuesto—respondió él, haciendo que ambos desencajaran la mandíbula—. Hermano, jamás había conocido a alguien que tuviera tanto fuego, tanto carácter. Desde que jugamos aquel partido de damas chinas y me golpeó con el tablero en la cabeza, supe que había algo especial en ella. Esa fierecilla se hace la difícil pero ya te digo que pienso ganármela como sea. Y ustedes van a ayudarme.

—¡Ah no, no, no Lars! ¡Eso sí que no!—Hans lo miró con el ceño fruncido—Eres un idiota, ¿ya has olvidado todos los romances anteriores que tuviste? Siempre sucede lo mismo, te quedas prendado de alguna chiquilla como si fueras una adolescente hormonal, y a los tres días te pasa lo mismo con otra. ¡Eres el colmo!

—¡Maldición Hans! Esto no es lo mismo, ¡amo a esa pequeña bruja!—protestó Lars—Tú no entiendes, llevo meses hablándole por Internet y sé que estamos hechos el uno para el otro. Lo siento aquí—se apuntó al corazón.

—Sí, ella lleva meses quejándose de que la acosas por Facebook. ¡Creo que hasta te bloqueó!

—Es que se hace la difícil, yo sé que en el fondo empiezo a agradarle—Lars suspiró y luego sonrió engreídamente—, no sabes cuanto me gusta, hermanito. Sus ojos azules, su cabello de fuego, esos emoticones que pone cada vez que me manda a la mierda. Jesús, ¡pero que chica!

—No puedo creer que esto en serio este pasando, no lo puedo creer—Hans cerró los ojos y se apretó el puente nasal con desesperación.

—¿En serio te gusta tanto?—inquirió Elsa con curiosidad y sorpresa.

No negaba que la joven era bonita, o al menos lo era cuando se vestía apropiadamente y no actuaba de una manera tan violenta. Sin embargo, la mayoría del tiempo Mérida tendía a ser más bien… rústica.

—Me encanta. Adoro la manera en que su cabello parece tener vida propia y las amenazas que me manda por Whatsapp para que le deje de enviar mensajes de madrugada. A veces no puedo dormir y me emociona hacer que me escriba. Las chicas en Drammen no tienen tanto carácter como mi pequeña bestia de rizos rojos. Chicos, necesito tener una cita con Mérida—Lars los miró con determinación—, pero no cualquier cita, sino una que la convenza de que soy el hombre indicado para ella.

—Eso no va a pasar y lo sabes—le espetó su hermano.

—¿Y por qué no tendría que pasar? ¡Dame una buena razón para eso, idiota!

—Te voy a dar tres buenas razones, cretino—Hans levantó una mano y comenzó a enumerar con sus dedos—. Uno, te odia, le pareces un principito de mierda con la edad mental de un niño de tres años; palabras de ella, no mías. Dos, son completamente opuestos, ella ha noqueado como a diez tipos y tú eres un payaso al que le gusta sacarse selfies en el baño como una señorita. Y tres, tienes veinte años y ella diecisiete, ¡maldición Lars, eres perturbador! ¡Búscate a alguien de tu edad!

—¡No quiero buscar a nadie de mi edad! ¡Si no me ayudas, voy a mudarme aquí!

—No lo harías—el más joven entrecerró sus ojos.

—Me daré de baja en la universidad y le diré a papá que también he decidido vivir con él. A eso es a lo que me vas a obligar si no dejas de actuar como una perra y mueves el trasero para ayudarme. Tendré que mudarme para estar cerca de la fierecilla.

—Dios, eres tan idiota, tan idiota—Hans volvió a tomarse el puente de la nariz y contó mentalmente hasta diez.

Y pensar que Lars era el mayor.

—Yo pienso que podríamos intentarlo, después de todo solo se trata de una cita—habló Elsa encogiéndose de hombros.

—¿Hablas en serio?—su hermanastro la miró con incredulidad.

—Si Lars dice que lleva mucho tiempo insistiéndole, es porque se lo está tomando en serio. Además, tal vez a Mérida no le haría mal tener una relación a distancia—dijo la blonda—, eso podría ayudarle a controlar mejor su carácter y no ser tan… como es ella.

—O podría salir jodidamente mal y terminaría mandando al hospital a este tarado. ¿Cómo culparla si eso sucede?

—Ay Hans, no seas tan negativo. Ella podría gustar de tu hermano perfectamente.

—Sí, pequeño amargado. Si tú le gustaste, con mayor razón le voy a gustar yo. Soy como tú pero más guapo.

—Quisieras, pedazo de inútil.

—Además, esta es una buena manera de compensar lo que pasó aquella vez en el supermercado. Despidieron a Mérida por nuestra culpa y bueno… creo que en cierta forma se lo debemos.

—Tú se lo debes, yo no. Es a ti a quien siempre quiere pegarle, no a mí. Me hice pasar por su novio casi un mes completo con esa familia de locos.

—Y tan mal novio falso fuiste, que se terminó hartando de ti y te envío a la mierda, hermanito.

—Bueno, ya cálmense los dos—Elsa se puso en medio de ambos para detener la retahíla de insultos que estaban por comenzar—. No puedo creer lo que voy a decir, pero deberíamos hacer esto, la idea no es tan mala. Tendría que gustarte hacer algo por tu hermano y por tu amiga, ¿sabes?

—Por eso te quiero hermanita, siempre eres la voz de la razón—Lars le sonrió pícaramente.

Hans lo asesinó con sus ojos.

—Entonces, ¿qué dices hermanito? ¿Me ayudas con esto o no? Sabes que no me voy a rendir de todos modos.

El susodicho dio un respingo, dándose cuenta de que solo el presentía que aquella locura no podía traer nada bueno. Pero como siempre, parecía que no quedaba más remedio.

—Si Mérida termina golpeándote, espero que no te pongas a llorar como un marica.

—¡Sabía que ibas a aceptar al final! Bueno muchachos, no hay tiempo que perder, Hansy debe contactar con la fierecilla. Pero primero, voy a decirles lo que tengo planeado…

A continuación, el recién llegado comenzó a explicarles su plan detalladamente, sin reparar en la expresión cada vez más escéptica de su hermano menor. Elsa no tenía idea de como iba a terminar aquello, pero contra todo, esperaba que de alguna manera resultara bien. Aunque fuera para hacer algo por una chica que había amenazado con golpearla repetidas veces.

La vida daba muchas vueltas.


El lugar elegido para comenzar con la cita fue un pequeño restaurante de hamburguesas, al cual Hans convenció a Mérida de ir después de llamarla como de costumbre. Cabía mencionar que en sus adentros, el pelirrojo ya se preparaba para que en cualquier momento la chica estampara su puño en el rostro engreído de su hermano, al ver cuales eran sus intenciones.

Y en el suyo también, por andar de celestino.

—No entiendo que es lo que estamos aquí cuando la cita la tienes tú—le dijo a Lars con el ceño fruncido—, ¿qué es lo que pretendes?

—Ya te lo dije, hermanito. Ustedes son mi seguro para que esa fierecilla no se me vaya encima al primer intento. Si ve que estamos acompañados se va a calmar. Mérida no es una chica muy romántica.

—Pues si tanto te gusta debiste considerar eso, so tonto.

—¡Bah! Eres tan negativo como de costumbre—Lars se volvió hacia Elsa, que se encontraba sentada frente a él con el menor. Todos habían ordenado unas bebidas mientras esperaban—, ¿cómo me veo? ¿Luzco bien?

—Luces muy bien—lo tranquilizó ella—, no estés ansioso.

—En serio espero causarle una buena impresión. No quiero que me rompa la cara antes de tiempo sabes.

—Todo esto es una payasada—dijo Hans sombríamente.

En ese momento, la figura familiar de la pelirroja a la que estaban esperando atravesó el umbral del establecimiento, desafiante como siempre y con quince minutos de retraso. Llevaba puestos unos pantalones cargo color caqui, sus habituales zapatillas Converse y una blusa negra de tirantes. El contraste con su cita arreglada era notoria; tal parecía que la chica nunca le pondría la suficiente atención a su aspecto.

Pero eso era algo que a Lars no pareció importarle conforme se acercó a su mesa, con la larga melena rizada y roja moviéndose a cada paso que daba.

—¡Fierecilla! Que gusto verte de nuevo. ¿Me extrañaste? Yo sé que sí me extrañabas—sonrió seductoramente—, fue por eso que vine especialmente desde Drammen para verte. Creí que no ibas a venir.

—Y yo creí que te había bloqueado de Facebook—le respondió ella desdeñosamente, antes de dirigirse a Hans—, ¿qué hace él aquí?—preguntó cortantemente.

—Te dije que te tenía preparada una sorpresita. Sorpresa, engendro—dijo él con sarcasmo y alzando una de las comisuras de sus labios en una sonrisa malvada.

—Ay, en serio eres un imbécil, voy a darte tantos golpes por esto—Mérida comenzó a hacer crujir sus nudillos como de costumbre—. ¿Y qué es esto? ¿También trajiste a Barbie para ver? Bueno, a ti te encanta darme excusas para romperte el culo, ¿no?

—Mi nombre no es Barbie, Mérida. Te lo he dicho muchas veces—replicó Elsa con un tono frío y paciente.

—¿Qué dijiste Barbie, muñeca de plástico desteñida, estereotipo de rubia oxigenada y anoréxica?

—Ay, olvídalo—la mencionada rodó los ojos y desvió la mirada con aburrición, ya bastante acostumbrada a esas alturas a los insultos de la colorada.

—Woah, cálmate fierita, no hay necesidad de que te pongas así. Mira, te traje un obsequio—Lars dejó ver un pequeño oso de felpa que le tendió con galantería—, es para ti. Un oso salvaje y rebelde como tú. Ya, di que te gusta.

Mérida sostuvo el muñeco entre sus manos, observándolo fijamente ante las miradas expectantes de los demás. Luego llevó una mano hasta uno de los bolsillos de su pantalón de donde extrajo una navaja, la despegó delante de sus expresiones perturbadas y decapitó al oso limpiamente, dejando que la cabeza y algunos trozos de relleno cayeran hasta el suelo.

—Odio los osos—dijo—, cuando era pequeña uno atacó a mi padre en un campamento. Tuvo suerte de poder escapar, casi le arranca una pierna.

—Yo… n-no… no sabía eso… —balbuceó Lars.

—O-oye, ¿por qué no guardas tu navaja?—aventuró Elsa, agazapándose en su esquina.

Esa chica cada vez le daba más razones para catalogarla como una delincuente juvenil. Pese a todo, la pelirroja le hizo caso.

—Entonces, ¿alguien va a explicarme que significa todo esto o…?

—Bueno fierecilla, esto es a lo que tengo que recurrir para llamar tu atención. ¡Ya nunca quieres contestar mis mensajes!

—¡No quiero que me envíes mensajes, animal! ¡¿Qué parte de 'vete a la mierda' no entiendes?!

—Ahí está de nuevo. Esa actitud. ¿Por qué no vienes y te calmas un poco? Ni siquiera me das un chance. Siéntate, tranquilízate y hablemos acerca de porque deberías dejar de portarte como una cretina y salir conmigo, ¿de acuerdo?

Hans le lanzó a su hermano una mirada significativa, ("¿en serio? ¿Meses tratando de agradarle y es lo único que se te ocurre decir?") y Elsa frunció los labios, mirando como aquella cita se iba mucho al carajo antes de empezar. Los dos implicados no hacían más que sostenerse la mirada, Lars con una sonrisa confiada y Mérida con el ceño fruncido, contemplándolo como si de pronto estuviera en frente de un gusano o algo parecido.

—Me largo—dictaminó dándose la vuelta para volver por donde había venido.

La mueca alegre de Lars se desvaneció para ser reemplazada por una desconcertada. Rápidamente le dio un codazo a su hermano, desesperado.

—Lars va a pagar todo lo que pidas—dijo él haciéndola detenerse—, todo lo que quieras. Él invita.

El susodicho arrugó la frente y miró a su hermano con incredulidad. La colorada miró por encima de su hombro.

—Eh… sí, claro. Lo que tú quieras, fierecilla. Quédate, je je je.

Mérida se dio la vuelta y lo volvió a mirar un par de segundos, para luego encogerse de hombros y sentarse junto a él.

—Qué demonios, nunca rechazo una comida gratis, además ya me hicieron venir hasta acá, así que… —miró el pequeño menú dispuesto en el centro de mesa—, quiero una hamburguesa doble con queso y tocino y papas fritas. Ahora—demandó.

—Lo que mi lady ordene—el muchacho a su lado le guiñó un ojo.

—No me llames así y mueve tu mano de mi rodilla—la muchacha le dio un golpe en el hombro y él aparto la mano—. También quiero un trozo de pie de queso y una malteada de galletas. Y una Coca Cola.

—¿En serio te vas a comer todo eso?—inquirió Elsa con algo de asombro, en tanto el aludido se levantaba para ir a ordenar la comida de todos.

La única persona que conocía que era capaz de comer tanto era Anna, a pesar de su menudo tamaño. Una regla que también parecía aplicarse a la chica de rudos modales, que a pesar de su fuerza, era delgada como un junco.

—Sí Barbie, en serio me voy a comer todo eso. Lamento si eso incomoda a Su Majestad, pero como comprenderás, no soy una de esas chicas que se matan de hambre para mantenerse perfectas.

—Yo tampoco lo soy—protestó la rubia lanzándole una gélida mirada.

—Ay por favor muñequita, claro que sí. Apuesto a que te metes los dedos en la garganta después de cada comida para seguir tan escuálida. Eres como esas modelos esmirriadas de pasarela, todas unas melindrosas de mierda. Ni siquiera tienes trasero para sentarte.

—¿Qué? ¡Claro que sí!

—Claro que no, Barbie. Mira lo que estás bebiendo, ¿quién demonios toma agua en un restaurante de hamburguesas? En serio eres tan estirada—se sentó derecha en su silla y adoptó una expresión altanera, imitándola—, mírenme, ¿quién soy?—se aprestó a actuar como Elsa, agudizando el tono de su voz y haciendo gestos exagerados como si fuera de la realeza.

Hans rió de modo nada disimulado haciendo que la platinada lo asesinara con sus pupilas; de verdad que Mérida no se medía con sus palabras, ese engendro era muy ingenioso cuando se trataba de fastidiar. Elsa se enfurruñó y se cruzó de brazos sin poder creer que hubiera accedido a meterse en aquel enredo.

Iba a ser un muy largo día.


El sonido de las bolas de boliche era todo lo que inundaba los alrededores, junto con las risas, gritos y aplausos de las personas. Mérida entrecerró los ojos mientras veía como ese pelirrojo zopenco que la acosaba por Internet se agachaba frente a un andén y lanzaba una bola con perfecta maestría, logrando derribar la mayoría de los bolos al final, antes de mirar por sobre el hombro y dedicarle otra sonrisita de principito galante.

Esa actitud en serio que le reventaba los ovarios. Aquella bolera había sido el lugar elegido para continuar con aquella cita estúpida, después de un almuerzo que había resultado interminable.

Con los insoportables coqueteos del chico que tenía sentado al lado (como si ella fuera una chiquilla ridícula que cayera con algo tan barato; eso tan solo funcionaba con muchachitas tan ingenuas como Anna) y las miradas sorprendidas que le lanzaba Elsa, obviamente perturbada por su manera de comer (¿ella que culpa tenía de tener buen apetito? Le encantaba comer, no como a esa copia barata de Barbie), y el idiota de Hans que no hacía nada para ayudar.

Realmente había sido una tarde difícil. E iba a empeorar.

—¿Viste eso, fierita? Un tiro prácticamente perfecto—Lars se le acercó confiadamente—, ¿te gustaría que te enseñe?

—¿Enseñarme tú a mí?—la pelirroja arqueó una ceja—Juego bolos desde los doce años principito, así que no me jodas.

—Oh—Lars sonrió maliciosamente—, bueno, entonces me gustaría verte. A ver si eres tan buena como dices, monstruito.

—¿Cómo me llamaste, idiota?—preguntó empuñando sus manos.

—Ja ja ja, te ves linda cuando te enojas, bestiecilla.

—Uy, ¡voy a molerte las bolas a pisotones cuando acabe de aplastarte en los bolos!

—Pfff, eso no va a pasar—Lars se sentó y cruzo una pierna sobre la otra—. Bueno fierecilla, muéstrame, no tenemos todo el día ¿sabes?

"Ya te voy a mostrar, principito de cuarta", pensó ella tomando una bola y acercándose al andén.

Un par de lugares más allá, sus acompañantes también jugaban o al menos trataban de hacerlo. Hans era más o menos bueno en los bolos pero como era de esperarse, la muñequita no tenía mucha suerte con la mayoría de cosas que implicaban una actividad física.

Con el ceño ligeramente fruncido, vio como Elsa hacia amago de tomar una de las pesadas bolas de boliche que descansaban en un rincón.

—¡Ay!—la blonda se quejó y dejo caer la pelota, que rodó pesadamente lejos de ella mientras sacudía su mano.

¿Era en serio lo que estaba viendo? ¿Es que esa Barbie no podía ni sostener una bola sin romperse una uña o algo?

Y como siempre, Hans acudía a su lado cada vez que se quejaba como si fuera una damisela en apuros, el muy idiota. Lo vio llegar junto a ella y reñirla, recibiendo a cabo una mirada molesta de la chica seguida de un intercambio de insultos breves. Así era como ellos expresaban su afecto.

El pelirrojo tomó la bola que había rodado lejos y la ayudo a sostenerla, colocándose detrás de ella y enseñándole como tenía que tirar. Como si la platinada tuviera cuatro años.

—¡Sigo esperando, muñequita!

Mérida sacudió la cabeza y puso los ojos en blanco. Recordando sus viejas prácticas con su padre en la bolera, tiró con fuerza la bola lejos de ella, que logró describir un recorrido en línea recta y tirar todos los bolos excepto uno.

—¡Trágate eso, Westergaard!—gritó, volviéndose a él con las manos en la cintura y una sonrisa satisfecha.

—Pura suerte, ¡no tiraste uno!

—¡A ti te quedaron tres por tirar, inútil principillo!

—Bah, estaba distraído. De hecho estoy seguro de que puedo obtener una mejor puntuación que tú.

—¿Ah sí?—Mérida alzó una ceja, desafiante. Aquello acababa de ponerse interesante—¿Qué te parece si levantas el trasero y lo demuestras en vez de parlotear como una princesa? Muero por verte hacer el ridículo.

—Ridículo es lo que vas a hacer tú cuando te haga tragarte esas palabras, greñuda.

Lars se puso de pie y se paró a su lado, tomando otra bola y esperando a que volvieran a colocar los pinos.

En cuestión de minutos, aquello se había convertido en una acalorada competencia entre ambos, en la que pusieron todo su empeño con tal de vencer al otro. Pronto, el empate se hizo evidente y la tensión por determinar un ganador aún más.

Detrás de ellos, Hans y Elsa habían terminado sentados observando toda su interacción. Los bolos no eran lo suyo y el espectáculo que la pareja de pelirrojos estaban dando era más interesante. Atónitos, observaron como la chica gritaba por centésima vez en tanto el colorado volvía a restregarle en la cara su último tiro.

—Por Dios, esto se ha vuelto psicótico—comentó la rubia—, ¿deberíamos detenerlos?

—Bah, ¿qué más da si se matan? Igual les gusta pelear.

—Hum—Elsa miró como Mérida le daba un empujón al mayor y este le tiraba del pelo—, quiero pensar que cuando discutimos no nos vemos… así.

—Nuestras peleas tienen más clase que esto.

De pronto, un grito proveniente de la colorada volvió a llamarles la atención.

—¡¿Pero qué te pasa, idiota?! ¡¿Qué haces?!—empujó al cobrizo lejos de ella y acto seguido, comenzó a limpiarse la boca con el dorso del brazo, como si hubiera probado algo que le supo mal.

Al parecer, Lars había intentado besarla.

—¡¿Qué?! ¡Relájate fierecilla, no es para tanto!

—¡Eres un imbécil!—la jovencita lo abofeteó llamando la atención de todo el mundo—¡¿En qué mierda estabas pensando?!

—¡¿Cuál es tu problema, pequeña bestia?! ¡Estoy harto de tratar de darte gusto!—Lars se frotó la mejilla, aún roja por el golpe—¡Te he dejado ganar todo este tiempo ¿y así me lo agradeces?! ¡Ni siquiera sé porque estoy intentando salir contigo!

—¡¿Cómo está eso de que me estás dejando ganar?! ¡Es un empate, papanatas!

—¡Y bueno sí! ¡Te iba a dejar ganar en la siguiente ronda! Pero ahora no voy a hacer nada, ya que eres una jodida bruja con un carácter de mierda, ¿entendiste, pequeña bruta?

—¡Agh!—Mérida le asestó un rodillazo en las partes bajas que lo hizo soltar un alarido y caer de rodillas al suelo, sosteniendo la entrepierna con ambas manos—¡Tarado de mierda!

Sin importarle el sufrimiento del colorado, se dirigió a pasos furiosos y agigantados al baño, en tanto la risa de Hans resonaba por todo el lugar.

Eso sí que había estado bueno.

Elsa se apresuró a seguir a la chica, escandalizado, en tanto su acompañante se acercaba a ver como estaba su hermano, todavía riendo a mandíbula batiente. Ese hombre no tenía consideración con nadie.

El baño de mujeres era una estancia amplia y cubierta de azulejos blancos, con un enorme espejo cubriendo la pared de los lavabos e inodoros privados en buen estado. Allí fue donde encontró a Mérida, demasiado ocupada en patear un bote de basura, con los puños apretados y mascullando todo tipo de insultos a diestra a siniestra.

—Oye, ¿qué fue lo que pasó allí afuera?—inquirió con el ceño fruncido—Demonios Mérida, ¿por qué siempre tienes que hacer las cosas tan difíciles? Él solo quería que te la pasaras bien…

La aludida volteó hacia ella y le dedicó una mirada peligrosa.

—Oh no, no, no, no, no. Tú no vas a venir a sermonearme ahora con esa mierda, Barbie—le dio una última patada al basurero, que desparramó todo su contenido por el suelo y se sentó en la barra de los lavabos con los brazos cruzados—. ¡Cierra tu maldita boca!

—¿Yo? Tú ni siquiera has dejado de comportarte como una malagradecida todo el día, ¡organizamos esta cita pensando en ti y todo lo que haces es quejarte!

—¡Yo ni siquiera quería tener una cita! ¡Las odio!—se quejó Mérida—¿Sabes cuan frustrante es tener que soportar a mi madre presionándome para que salga con chicos? ¿Insistiéndome en que me comporte como si fuera una maldita muñeca de plástico? Y entonces llega este idiota y pretende tratarme como una, ¡apuesto a que eso hace con todas en casa!

Elsa parpadeó un par de veces, observando como las mejillas blancas y pecosas de la muchacha se ponían rojas y como sus ojos brillaban con rabia. No, no era rabia, era frustración.

De repente pensó que quizá no había sido buena idea presionarla.

—¡Estoy harta de que los demás me digan que hacer! Y si piensas que tú vas a hacer lo mismo estás equivocada, no eres más que una maldita presumida con aires de reina, que se cree que todo el mundo debe besarle los pies.

—¿Cuál es tu problema? ¿Por qué siempre tienes que meterte conmigo?—inquirió Elsa ofendida.

—¡Porque odio esa jodida manera que tienes de ser! ¡Por eso! Tú no haces más que ir por ahí con esa cara de niña buena y basta para que todos te crean la gran cosa. En cambio yo solo respiro y nadie me deja tranquila ni un momento—Mérida bufó—, mi mamá, los profesores, ese imbécil que no ha dejado de acosarme todo este tiempo… ¿en serio crees que necesito ayuda para tener una cita con alguien? Ya sé que soy un desastre, ¡pero eso no significa que este desesperada!

Elsa se llevó una mano a la nuca, incómoda. Tenía razón, ella también odiaba que se inmiscuyeran con su vida amorosa. Bastaba tan solo que Anna o alguien más hiciera un comentario para que se sintiera avergonzada y sin darse cuenta, de pronto había actuado de la misma forma.

—Creí que sería una buena manera de compensar lo que pasó la otra vez en el supermercado—dijo en voz baja—, tuve la culpa de que te despidieran y tú nunca aceptaste mi disculpa.

—Ay claro, porque ahora resulta que eso te importa—dijo la pelirroja sarcásticamente.

—Pues es que sí me importa. Mira Mérida, yo sé que tú no tienes la mejor opinión de mí y no te culpo por eso, pero yo no soy tan mala como tú crees. Perdonaste a Hans por lo que sucedió en aquella ocasión y él sí es un presumido y lo sabes. Me gustaría que hicieras lo mismo conmigo, aunque no seamos amigas.

La mirada peligrosa de la chica se suavizó.

—¿Hablas en serio?

—Sí—afirmó Elsa—, yo en realidad no creo que seas una mala persona. Aunque actúes como un chico y creas que todo se resuelve a golpes.

—¡Oye!—se quejó Mérida estampando un puño contra su palma abierta—¡Yo soy como soy y si tienes un problema con eso, entonces te puedes ir a la mierda!

—¿Ves? A eso es a lo que me refiero. Podrías dejar de insultar y amenazar de vez en cuando e intentar, no sé, hablar como una chica civilizada.

—¡Hablar es para imbéciles! Y como sea, hace mucho tiempo que se me quitaron las ganas de darte una paliza y eso se lo puedes agradecer a Hans—dijo ella—, en realidad, el incidente del supermercado ya se me había olvidado también. Ese lugar era una basura. Pero que puedo decir, supongo que me gusta molestarte. Tú me quitaste al chico, yo me desquito a mi modo. Así es como lo hacemos las mujeres.

—¿C-cómo dices?

—No te hagas la desentendida Barbie, ya sé que tú y él se traen algo. Hans no me lo ha dicho con todas sus letras, pero yo lo conozco perfectamente desde hace tiempo como para darme cuenta de cuando el idiota oculta algo. Y esa cara de imbécil que pone cada vez que le hablan de ti no la puede disimular. Así como tampoco esas miraditas que se lanzan—Mérida sonrió petulantemente—, de verdad tienes suerte de que esa tonta de Anna nunca se entere de nada o ya la tendrías encima de ti.

Elsa no supo que contestar, sorprendida por su comentario. ¿De verdad eran tan evidentes?

—Pero no pongas esa cara, princesita. No le voy a decir a nadie, tengo mejores cosas que hacer que andar ventilando sus porquerías, ¿sabes?

Elsa frunció el ceño y la observó dubitativa. De repente, una inquietud la había asaltado.

—¿Tú todavía lo quieres?—le cuestionó con seriedad—¿Sientes algo por él?

Mérida la miró con la misma expresión.

—Sí—respondió y por un instante, la rubia sintió una opresión desagradable en el pecho—, lo quiero como a un amigo. Es el primer chico con el que puedo hablar y ser yo misma sin que me juzgue o tenga segundas intenciones, aunque a veces se comporte como un auténtico tarado—se bajó del lavabo y se puso de pie frente a ella—, yo no soy plato de segunda mesa de nadie Elsa y no voy a ir detrás de alguien que evidentemente, ya escogió a alguien más. Y eso también aplica para el estúpido de su hermano.

—Pero es que a Lars sí le gustas.

—¿Y qué? Antes también le gustabas tú. Yo no me voy a quedar con tus sobras y si crees que me estás haciendo un favor con esta cita de mierda, voy a tener que reconsiderar esa idea de la golpiza, ¿escuchaste?

—Un momento, la idea de la cita fue de él, no mía. Solo lo ayudé porque en verdad creí que te debía algo, pero él viajo desde casa solo para verte a ti—le explicó la platinada—, y no son mis sobras, yo nunca tuve nada con Lars y tampoco podría tenerlo. El día que te conoció, yo también note que le habías agradado pero no se dio cuenta si no hasta después.

Mérida frunció la boca con escepticismo.

—¿Sabes? Yo creo que en verdad le gustas—dijo la albina con sinceridad—, solo que a veces es un poco… extremo con lo que siente. Pero no sé, tal vez puedes intentar darle una oportunidad. Si Hans te gustó antes…

—Hans no me gustó por su cara de principito, si eso es lo que estás pensando. Fue el primer chico en años que me mandó a la mierda sin contemplaciones. No me gusta que me traten como a una niñita y por si no te has dado cuenta, los hombres con carácter no abundan aquí. Ese idiota de su hermano me está tocando los ovarios con su insistencia en tratarme como a una muñequita, osea, como si fuera tú o algo por el estilo.

—Entiendo—Elsa cruzó las manos delante de ella—, entonces… esto no fue una buena idea.

—No exactamente.

—Ya… lo siento.

—¿Qué dijiste?—Mérida parecía extrañada.

—Que lo siento, no debí inmiscuirme en tu vida sin preguntarte. Yo también sé lo fastidioso que puede ser que los demás lo hagan y traten de presionarte para que salgas con alguien. Creo que debimos pensarlo mejor—suspiro—, si deseas irte a casa no te voy a culpar. Si quieres hablo con Lars para que deje de molestarte.

—¿De verdad harías eso por mí? ¿Después de todo lo que te dije?

—Sí—Elsa asintió con la cabeza.

Las finas facciones de la colorada volvieron a suavizarse.

—Supongo que no eres tan egoísta ni superficial como creía después de todo. Creo que me equivoqué contigo, Barbie.

—¿Eso significa que ahora si aceptarás mis disculpas por lo de la otra vez?

—Sí, sí, si tanto significa para ti las acepto, como sea.

—¿Dejarás de molestarme y ponerme sobrenombres?

—No.

—Eso creí—Elsa suspiró. Algo era algo—. Vamos afuera para terminar con esto.

Ambas salieron del baño más tranquilas y lo primero que hicieron, fue buscar a los chicos con la vista. Los dos se encontraban sentados donde los habían dejado, ya Lars completamente repuesto del rodillazo de Mérida y con una expresión muy seria, que se tornó en una sonrisa altanera apenas las vio acercarse.

—Bueno, miren quien decidió salir por fin del baño. ¿Terminaste de hacer tu berrinche, fierecilla? Porque ahora sí estoy listo para patearte el culo como se debe.

—Oye Lars, no… —la oración de Elsa fue interrumpida por el alarido de la chica.

—¡¿Qué acabas de decir, pedazo de cretino?! ¡¿Tú patearme el culo a mí?!

—Claro, me harté de ser un caballero, por lo visto eso no te gusta. Así que voy a darte el honor de comerte mi polvo en esta bolera de mierda, ¿qué te parece eso, eh?

—¡Te voy a enseñar quien le va a patear el culo a quien, animal!

Ambos se observaron retadoramente, la electricidad y tensión entre los dos era más palpable que nunca.

—Muy bien idiotas, es hora de jugar—dijo Hans autoritariamente—. Empiecen de una buena vez y esta vez no vayan a actuar como niños de preescolar. El que gane recibirá doscientos euros de premio—añadió mostrando un billete.

—¡Oye Hans! ¡Sacaste eso de mi cartera, inútil!—le recriminó su hermano.

—Ahora tendrás que ganártelos, marica. ¡Empiecen a jugar!

Los pelirrojos se posicionaron en sus lugares y tomaron cada uno una bola de boliche, mirándose provocadores. Sin nada más que hacer, Elsa se sentó al lado de su hermanastro para observar como aquello se convertía en una competencia aún más reñida que la anterior, con amenazas, insultos y uno que otro golpe de por medio por parte de Mérida.

Sin embargo, a medida que fue avanzando el reto pudo notar que la joven ya no parecía tan fastidiada como antes. El ceño fruncido de su rostro había desaparecido, siendo reemplazado por una mirada llena de decisión.

Hasta podría jurar que la había visto sonreír un par de veces. Por fin se estaba divirtiendo.

—Bueno bestiecilla, parece que terminaste comiéndote mi polvo después de todo—murmuró Lars al final, después de un intenso juego que había terminado con el marcador a su favor—, lamento que no pudieras ganarte esos euros. Si quieres, los uso para comprarte algo bonito—agregó con presunción.

—No quiero tu dinero, idiota—Mérida alzó la cabeza y se puso las manos en las caderas—, en todo caso, ahorrártelos para pensar a donde me vas a llevar la próxima vez, porque esto no se queda así.

—¿La próxima vez, dices?

—Sí. Podrás ser muy bueno con los bolos, pero quiero ver que tal eres con el fútbol. Seguro que ahí sí acabo dándote una paliza.

—¿Significa eso que podré besarte de nuevo?

—No me pongas a prueba, principillo. Te lo advierto.

Los dos se observaron profundamente, como si el mundo hubiera desaparecido a su alrededor.

Elsa se inclinó hacia adelante y apoyo en rostro en sus dos manos, confundida.

—No entiendo. De verdad que no entiendo nada.

—No hace falta entender—Hans elevó una de las comisuras de su boca—, esos dos solos se entienden.

La blonda asintió con la cabeza. A esas alturas, ya no dudaba de que en el amor todo fuera posible.


Al llegar a casa, esa noche, Lars todavía mostraba en su rostro esa estúpida sonrisa de oreja a oreja que acentuaba aún más su ridículo aspecto de adolescente enamorado. Era en ocasiones como esas cuando Hans se cuestionaba si realmente tendría veinte años.

La mayoría del tiempo no parecía más que un chiquillo.

—Esa fierecilla sí que se hizo la difícil conmigo, pero te dije que tarde o temprano iba a caer. Un poco de tiempo más y conseguiré domar ese fiero carácter que tiene, hermano, te lo juro por Dios.

—Sí, sí claro—Hans se apoyó en el umbral de la habitación de huéspedes, en tanto lo veía tumbarse en la cama eufórico—, espero que para eso no me pidas ayuda. Hoy fue un día muy largo.

—Eso de hacerse el chico malo sí que dio resultado, pero presiento que a partir de ahora yo podré hacerme cargo; ya ha pasado lo más difícil. Tarde o temprano, haré que la señorita ruda acepte algo más serio conmigo. Seremos muy felices, Hansy.

—Si tú lo dices.

Lars lo miró de reojo y se sentó en la orilla de la cama

—¿Y tú, qué me dices hermanito? ¿Qué pasa contigo y con Elsa?

—¿Qué va a pasar entre esa sabandija y yo? Ya la conoces, no me soporta y yo igual.

—¿En serio? Yo los vi más relajados que la vez pasada, ¿eh?

—Es la costumbre. Hasta nos cansamos de pelear.

—Con que sí, ¿no?—Lars levantó una ceja y esta vez, esbozó una sonrisa maliciosa—¿A quién piensas engañar, Hans? Parece que se te ha olvidado ya quien es el mayor aquí.

—¿Qué?—el mencionado frunció el ceño.

Él no podría estar sospechando nada, ¿verdad?

—De verdad te has vuelto pésimo mintiendo hermanito, esa expresión de felicidad que tienes últimamente no la puedes disimular—Lars se echó a reír ante la expresión desconcertada del menor—y tampoco las miraditas que he visto que se echan entre ustedes. ¿En serio creyeron que no lo iba a notar?

—Oye, esto no es lo que tú…

—No, en serio, no me interesan los detalles. Yo sabía que de alguna u otra manera iban a terminar así. Digo, vamos hermano, la tensión entre tú y Elsa era tremenda como para no estallar en cualquier momento. Y siendo justos, a ella siempre le gustaste tú.

Hans miró con nerviosismo por encima de su hombro. El pasillo estaba desierto. Se apresuró a cerrar la puerta y entrar completamente en el dormitorio. ¿Para qué se iba a molestar en negar lo que pasaba? Lars parecía un tonto la mayoría del tiempo, pero no lo era.

—Oye, no es nada serio ¿sí? Solo estamos pasando el rato, nada importante. Ni siquiera pensamos que vaya a durar.

—¿Ah no?

—¡No, demonios! Somos hermanastros, ¿te imaginas si nuestros padres se enteran? Podrían echarnos de casa.

—No, no creo que eso pudiera llegar a suceder. Y tampoco te creo cuando dices que no es nada serio. Lamento informarte hermanito, que tú estás enamorado.

—¡Oh, por favor…!

—Te lo dije aquella vez y te lo vuelvo a repetir ahora. Sientes algo por Elsa. Y yo sé muy bien que te gustaría tener algo más con ella—Lars tomó la almohada de su cama y se puso a juguetear con ella—, ¿por qué no le pides que sea tu novia?

—¡¿Qué?! ¡¿Estás loco?! Oye, esto no es para tanto…

—Entonces pídele una cita, una de verdad, como yo hice con Mérida. Merece que hagas algo especial por ella, que le digas lo que sientes de verdad… pero tienes miedo de que ella te rechace ¿no?

Hans se quedó paralizado en su sitio, odiando el hecho de que su hermano pudiera leerlo tan bien.

—No es así.

—Tienes que aprender a arriesgarte un poco más si de verdad quieres tener algo con ella, hermanito—prosiguió el otro, ignorándolo—, ¿qué es lo peor que podría pasar?

¿Qué era lo peor que podría pasar? A Hans se le ocurrían un montón de posibilidades y no todas ellas tenían que ver con la rubia diciéndole que no. También involucraban a sus padres, a lo que sentirían si se enteraban, el miedo de decepcionarlos o hacer sufrir a Elsa…

—Es más complicado de lo que entiendes.

—Estas cosas no tienen porque ser complicadas si no quieres. Solo tienes que decirle y ya; cada vez que ella te mira, hay un no sé que en sus ojos que hace que se le ilumine la mirada, aunque sea tan solo para gritarte o decirte algún insulto—Hans le dirigió una mirada de sorpresa—, ya sabes, hace meses me habría encantado que me mirara así.

—No puedo tener nada con ella. Papá e Idun…

—Bueno, ese sí es un problema—reflexionó Lars—, ¿pero te digo algo, hermanito? Cuando alguien te importa de verdad, lo de menos es romper unas cuantas reglas. Ustedes nunca serán una familia de verdad de todas maneras, no es como si estuvieran teniendo un incesto o algo así.

—A veces siento como si fuera de esa manera.

—Pues no deberías. Y si los mayores no lo pueden comprender, entonces que demonios, simplemente estén juntos como puedan. Maldición, ahora estoy hablando como esas películas románticas de segunda—el joven volvió a reír—, creo que el amor también me está afectando a mí. Nos ha pegado fuerte, ¿eh, hermanito?

—Sí… puede ser…

Hans observó en silencio a su hermano, reflexionando en todas sus palabras. ¿Valdría la pena tomar su consejo esa vez? Aunque de hecho, él nunca acostumbraba hacer caso de sus consejos.

Una vez más, su familia demostraba que todavía podía sorprenderlo.

—No lo pienses demasiado ¿quieres? Yo sé porque te lo digo—Lars se volvió a recostar, extendiéndose perezosamente en el colchón—. ¿Cuándo vas a entender que solo quiero lo mejor para ti, Hansy? Después de todo lo que ha pasado, mereces que te pase algo bueno… aunque sigas comportándote como un soplapollas de vez en cuando.

El menor suspiró, ya sin hacer caso del insulto.

—Supongo que no tengo más remedio que pensarlo… buenas noches, Lars.

—Buenas noches, hermanito.

Hans salió de la alcoba dejándolo solo.


Recostado en su cama y con la mirada fija en el techo de su habitación, Hans no dejaba de repasar una y otra vez la conversación que había sostenido con su hermano. Era como si él definitivamente tuviera la capacidad de ponerlo todo de cabeza con cada una de sus visitas. Excepto que en esta ocasión, habían acabado por ser más sinceros el uno con el otro. Y no podía dejar de pensar en lo que el mayor había hecho.

¿Realmente sería buena idea llevar las cosas más lejos con Elsa?

A veces le daban ganas de hacerlo, de dejar en claro que quería tenerla solo para él. De referirse a ella como algo más que la aventura del momento, porque la rubia se había convertido en algo más que eso.

¿Cuándo se había vuelto tan importante para él sin darse cuenta? Ya no solo se trataba de su linda cara o de su cuerpo, o de lo genial que era hacer algo más "productivo" que insultarse el uno al otro. Ella realmente lo complementaba en cada aspecto. Ahí donde él era fuego, Elsa era como hielo puro que sabía bien como contener sus ansias, como tranquilizarlo y hacerlo sonreír.

La quería a todas horas y de todas maneras. La necesitaba más de lo que se había prometido que iba a hacer jamás.

Estaba enamorado de Elsa.

Pero ¿qué sucedería si ella no sentía lo mismo? ¿Si él realmente solo era una cuestión hormonal o un romance momentáneo? No estaba listo para dejarla ir, ni lo iba a estar jamás.

Las dudas daban tantas vueltas en su cabeza. Suspirando, se levantó de su cama y fue a la habitación de la rubia.

Era bastante tarde y ya todos se estarían preparando para dormir, si es que no estaban soñando ya. Lentamente abrió la puerta, esperando ver a la muchacha descansando. Su frágil figura se hallaba de espaldas a él y en el borde de la cama, a sus pies, su gato se había hecho un pequeño ovillo como siempre.

Hans cerró la puerta cuidadosamente y se acercó sigilosamente, procurando no despertarla. Se tumbó detrás de la blonda sobre el edredón y rodeó su estrecha cintura con un brazo, mientras reposaba el otro sobre la almohada para jugar con su melena platinada.

Elsa se removió y se dio la vuelta repentinamente, encarándolo con una expresión adormilada. Sus párpados estaban cerrados a medias sobre sus enormes ojos azules.

—¿Qué haces aquí?—preguntó con sorpresa.

No hizo ningún intento por echarlo, sino que se quedó mirándolo en medio de la penumbra, admirando como su cabello de fuego estaba desordenado y el rastro de pecas que recorría su clavícula hasta la camisa del pijama levemente abierta.

—Solo… quería darte las buenas noches—murmuró él, moviéndose para besarle la frente.

La muchacha no pudo evitar sonreír con modorra.

—Oh—Elsa se acurrucó más contra él y apoyo la cabeza en su pecho—, que mal que solo sea eso. Podría acostumbrarme a dormir de esta manera.

El corazón del pelirrojo se puso a latir con fuerza. Sentir el aroma y el calor que Elsa desprendía tan de cerca, tenerla así entre sus brazos, era demasiado para su propia voluntad.

La muchacha se acomodó mejor y cerró los ojos, dejándose arrastrar poco a poco al mundo de Morfeo.

Hans se sorprendió de lo bien que parecían encajar sus cuerpos, la manera en la que el cuerpo femenino se amoldaba perfectamente a sus brazos y como ella ocultaba su rostro en el hueco de su cuello. Era como si ella estuviera hecha para él.

—Debería volver a mi alcoba.

—Pues vuelve.

Pero no lo hizo, sino que se metió debajo de las sábanas y aferró a Elsa, acunándola hacia él. No había nada mejor que estar así, juntos.

Sin pensarlo, inclinó su cabeza y la besó, no de la manera hambrienta en que siempre lo hacía, sino manteniendo un contacto lento y apasionado. Casi con ternura. Sus labios se movieron sobre los de la muchacha con cuidado, sintiéndola seguirle el ritmo.

¿Qué era lo que le había hecho esa jovencita?

Elsa suspiró y volvió a recargar la cabeza en su hombro con satisfacción, dispuesta a dormir definitivamente. Se sentía tan protegida y al mismo tiempo tan vulnerable en los brazos de su hermanastro. No quería perderse nunca de esa sensación.

—Elsa.

—Hum…

—Tengo algo que decirte.

—Hmmm… —el cansancio cada vez arrastraba su conciencia más lejos.

Hans acarició con su mano las hebras plateadas de su cabello, consciente de la calidez y del perfume a flores de la chica, ese que tantas veces había sentido y deseado tener, de la misma manera en que lo hacía ahora, con ella en medio de su abrazo.

Las palabras se le atoraban en la garganta, temerosas de salir y revelarse como algo indebido.

—Te quiero, Elsa—le confesó e hizo una pausa, dudando de si debía seguir hablando—. Eres lo que más quiero en el mundo.

La aludida no respondió. Tardó un par de segundos en darse cuenta de que se había quedado completamente dormida y entonces suspiró.

Estar enamorado no era tan sencillo.


Nota de autor:

Hoy se pusieron las cosas muy intensas con Lars y Mérida, esa pareja inventada que es como un Helsa, pero más extremo. LOL

Por ahí me andaban preguntando por ellos, así que aquí los tienen. Espero que su romance (o el comienzo de este), les guste y no se vea como algo muy sacado de la manga, aunque de hecho sí me lo saqué de la manga.

¿Y cómo ven a mis pajaritos de fuego y hielo? La temperatura sube poco a poco con ambos, y el fluff también. :3 Muy pronto, ambos aceptarán completamente lo que sienten y tendrán que tomar decisiones. Oh sí, decisiones. ¿Cómo creen que terminará esto? ¿Ambos se atreverán a vivir su amor? ¿O habrá más obstáculos en el camino¡ ¿Eugene dejará algún día de fumar hierba? Ay, tantos misterios por resolver. D:

Otra cosita que hacía falta era una buena conversación entre Elsa y Mérida. La pelirroja no es mala, solo se siente muy presionada. En fin, espero que hayan fangirleado con el capítulo de hoy, ¿qué parte les gusto más?

Ana briefs: Gracias por tus palabras, en serio que me vas a hacer sonrojar. :D Cierto que ya le tocaba a Elsa ponerse celosa, pobre Hans, todo él. Disfruto mucho de escribir las peleas de Anna con Mérida, son dos pelirrojas muy explosivas. xD Respecto a lo de ella con Lars, bueno, espero que este capítulo te haya complacido. ;D

Ari: Elsa es tan celosa como Hans aunque no le guste demostrarlo. Y sí, ya hacía falta que apareciera la suegrita, la que se armó con ella. x3 ¡Gracias por estar al pendiente!

SamanTha: Gracias por las felicitaciones, por el review y todo. :) Pues vino la mamá y vino Lars también, ¿cómo la ves? xD Y la verdad es que a Hans sí que le llovieron visitas, entre los hippies, las pelirrojas y ese Kristoff que no lo soporta ni en pintura pero admítamoslo, es adorable la rivalidad de ambos. xD Ya viste que Mérida no le guardaba rencores a Elsa después de todo... o bueno, no muchos, pero ya ellas se arreglaron al fin o algo así. :3 Por lo que veo a todas les fascinaron los celos de Elsa, ¡son hermosos! Pero que mala eres con Sofie. xD Un sí rotundo a todo lo que dijiste, lo sentimos pero su hijo ya no le pertenece, ahora es propiedad de Elsa. ;D Piensas bien sobre Marshmallow, nada más anda checando a Hans porque no le gusta compartir a su dueña, él es el único rival a la altura del pelirrojo, sépanlo. LOL Espero que todo vaya bien con tus exámenes, que disfrutes mi muñeco inflable de Hansy y que se arme la revolución Helsa. ¡Vamos gente!

En el siguiente capítulo, más Helsa love, un momento lleno lleno de hippie power entre Eugene y Rapunzel y alguien descubre el secreto de nuestros tortolitos, ¿quién será? ¿Se lo imaginan? :D

¡Feliz semana a todo el mundo!

PD. Por cierto, ¿qué carajos pasa con Fanfiction? Hace un rato estaba intentando subir el capítulo y ahora resulta que ya no acepta .docx, sino una extensión rara llamada msword o algo así, por lo que tuve que modificar un documento que tenía guardado por aquí. ¿A alguien más le ha pasado?