Mención de otros personajes de Disney a lo largo del fic. Modern AU. Helsa.
Disclaimer: Lastimosamente nada de esto es mío, solo mi cada vez más alocada imaginación.
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29
Puntos de luz
La luz del sol se colaba a través de las cortinas de la habitación. Amodorrada, Elsa se removió perezosamente y abrió los ojos con lentitud, descubriendo su propia habitación a media penumbra. Frente a ella, el rostro apuesto y pacífico de su hermanastro continuaba sumido en el mundo de Morfeo. La rubia bostezó ligeramente y se acurrucó más contra él. Aún faltaba un rato para que tuviera que levantarse para ir al colegio y él se retirara a su habitación.
Dormir juntos se les había vuelto una costumbre un poco peligrosa, pero sin la cual ninguno de los dos podía vivir ya. Era de verdad una suerte que a nadie se le ocurriera asomarse a sus dormitorios a esa hora de la mañana o por las noches.
Cómodamente, cerró sus ojos y apoyó la cabeza en el hombro del muchacho, ocultando su rostro entre el hueco de su nuca y aspirando el aroma que se desprendía del pelirrojo; una mezcla de su loción de afeitado y su perfume habitual que combinado con su olor corporal, hacían que el corazón se le acelerara por completo.
Como le gustaba estar entre sus brazos.
En silencio y fingiendo dormir, pensó en todo lo que había sucedido entre ellos hasta el momento, tratando de recordar en que momento habían pasado de odiarse a estar enamorados el uno del otro.
Y ahora eran novios. Ella nunca antes había tenido un novio; ni siquiera había estado de manera romántica con un chico (las citas con Tadashi no podían considerarse como tales, ahora que lo pensaba) y ciertamente, no habría imaginado que estaría con uno en sus actuales circunstancias.
Pero por Dios que lo adoraba y mucho. Ahora podía comprender porque Anna parloteaba tanto y hablaba como una chiquilla de su relación con Kristoff.
Estar con alguien a quien querías y saberse correspondido era algo maravilloso.
El roce que sintió en su mejilla la sacó de sus pensamientos. Hans estaba despertando. Pudo sentirlo por la manera en que su abrazo en torno a ella se afirmó y por como movía su cabeza para inclinarse sobre ella y rozar su mejilla con sus labios. Sonrió ligeramente al sentir su beso en la comisura de sus labios, pero no abrió los ojos.
—Sé que estás despierta—murmuró él en su oído, provocándole un cosquilleo—, gatita tramposa.
Elsa rió por lo bajo y entonces abrió sus ojos, encontrándose con la mirada esmeralda que tanto se había acostumbrado a querer. Constantemente se había sorprendido a si misma pensando, en lo increíble que era que la misma pudiese expresar tanto. Desde frialdad, sarcasmo y condescendencia, hasta la ternura y embeleso con que la miraba en esos instantes.
—No me dejas dormir—se quejó falsamente.
—¿Quieres dormir? Creí que podría convencerte de hacer algo más interesante, antes de levantarnos—Hans la estrechó en sus brazos y se inclinó sobre su cuello, comenzando a besar y mordisquear la piel.
Ella soltó un suspiro.
—¿Te he dicho ya lo deliciosa que eres por las mañanas, copito?
—Sí, todo el tiempo—Elsa echó su cabeza hacia atrás al sentir que profundizaba su contacto y un escalofrío de placer la recorrió en toda su columna vertebral—. Vas a dejarme una marca de nuevo.
—Eso no importa, así todos sabrán que eres mía—el pelirrojo abandonó su cuello para acercar su rostro al suyo—. Mi novia.
"Novia". Era extraño escuchar esa palabra, pero a Elsa le gustaba oírla de sus labios. Ambos eran novios… que raro y hermoso era a la vez.
—Mmm… —volvió a suspirar, frotando ligeramente su nariz contra la del colorado—, creo que me estoy malacostumbrando a esto.
—¿Tú crees?—susurró su hermanastro encima de sus labios, para a continuación besarla ávidamente.
Por instinto, Elsa abrió su boca permitiéndole mayor acceso y le correspondió con toda la experiencia adquirida, después de infinidad de momentos de encontrarse a escondidas. Su lengua acarició la de Hans lentamente, sintiendo su deliciosa humedad y atreviéndose a recorrer el paladar masculino.
Pronto, el juego de lenguas dio paso a las mordidas, los chupones y los besos interrumpidos que llenaban la habitación con el sonido de sus belfos encontrándose una y otra vez, como dos personas hambrientas la una de la otra.
Desde un rincón del dormitorio y acurrucado en el sillón puff de color azul de Elsa, Marshmallow les envió una mirada penetrante.
Hasta el minino se había acostumbrado a sus arrumacos furtivos de noche y parecía casi resignado a tener que compartir el cariño y atención de su dueña. Pero incluso así, no perdía la oportunidad para regañarlos con los ojos; especialmente a Hans.
En la cama, la rubia se sintió colocada de espaldas sobre el colchón y enseguida el peso de Hans, dominándola y encerrándola bajo su cuerpo. Vio que le dedicaba otra sonrisa arrogante antes de descender sobre sus labios, ya bastante hinchados a causa de los besos matutinos. Esa se había convertido en su rutina de las mañanas.
—No sabes cuantas ganas tengo de quedarme contigo—murmuró él, besándola una y otra vez—, todo el día, así… solos tú y yo…
—En un mundo perfecto no tendríamos que levantarnos jamás—Elsa suspiró y se dejó hacer—, pero dentro de unos minutos tendré que hacerlo y arreglarme para la escuela. Y tú también.
Hans aligeró su agarre y volvió a dejarse caer a su lado. A veces, cuando se dejaba llevar demasiado y miraba a la blonda de esa manera, con el camisón de dormir y su melena plateada desordenada y esparcida sobre la almohada, sus mejillas sonrosadas y los ojos brillantes, la sangre se le calentaba y temía llegar demasiado lejos.
Elsa lo provocaba demasiado pero como buen caballero que era, se había esforzado por no sobrepasar los límites. Pero por Dios que eso era difícil.
—Ya, tendremos que—bufó, al tiempo que recorría con su dedo índice el cuello y la clavícula femeninos—. Odio que aún sea mitad de semana.
—No te quejes, que ni siquiera en fin de semana podemos estar tanto tiempo así. Sería demasiado sospechoso—Elsa se estiró ligeramente, tratando de sacudirse la modorra—. Anda, es hora de que vayas a tu habitación.
—¿Así nada más? ¿No vas a darme algo para desearme un buen día?—Hans se le acercó exponiendo su peculiar sonrisa torcida—¿Qué tal un último beso para soportar el resto de la mañana?
Elsa sonrió maliciosamente y posó una mano sobre su mejilla para atraerlo a ella nuevamente. Lo beso de modo lento y experimentado, mordiendo brevemente su labio inferior y presionando firmemente sus labios contra los de él, que estaban ansiosos de llenarse de los suyos.
Cuando se separaron, los ojos del pelirrojo estaban oscurecidos de satisfacción.
—Ahora será más complicado salir de aquí.
—No—Elsa rió por lo bajo y lo empujó para que se levantara de la cama—, anda, que se hace tarde.
Por toda respuesta, él volvió a depositar un último beso en su boca antes de ponerse de pie y dirigirse sigilosamente a la puerta, arreglándose la camisa de dormir y saliendo con cuidado.
La platinada soltó otro suspiro y rodó en su cama. Una sonrisa tonta adornaba sus facciones.
—¡Festival de linternas!—Anna exclamó esas tres palabras como si hubiera hecho un descubrimiento importante y colocó el panfleto delante de sus amigos, que la miraron con rostros asombrados.
—¿Festival de linternas?—inquirió Olaf echándole un vistazo inocente al folleto, en el cual se podía leer bastante información sobre el mencionado evento.
—Festival de linternas—repitió la pelirroja cruzándose de brazos con expresión satisfecha.
—Ya… ¿y esto nos importa por qué…?—Elsa levantó una de sus delicadas cejas al mirarla.
—¡Por qué es un instante perfecto para volver a reunir a Punzie y Eugene! Ella me comentó el otro día que estaba impaciente por ir, le encanta ver todas esas luces en el cielo—dijo Anna con emoción—, piénsenlo, el ambiente es perfecto. El cielo nocturno iluminado por todas esas linternas flotantes, la música llenando el aire y miles de parejas dándose arrumacos alrededor. ¡Es perfecto para una reconciliación! ¿No lo creen?
—Anna, creí haberte dicho que dejaras ese asunto en paz—la riñó la platinada suavemente.
—¡Y yo creí haberte dicho que no me iba a dar por vencida hasta ver a esos dos juntos de nuevo! Solo míralos, es deprimente. Antes eran todo sonrisas y felicidad, y ahora no se mandan mensajes ni por Whatsapp. Sin mencionar que Punz ha abierto un canal en Youtube solo para molestarlo a él, y la verdad que no es muy bueno.
—¿Tú crees que reunirlos en el mismo lugar vaya a dar resultado?—le preguntó su amigo.
—¡Por supuesto! Confíen en mí, mi plan es tan perfecto que antes de que se den cuenta, ellos volverán a ser los de antes.
—O volverán a tener una escena vergonzosa enfrente de todo el mundo si Rapunzel encuentra algo parecido a una sartén con lo que golpearlo—atajó Elsa—. Toda la semana él se ha estado quejando por el golpe que le dio en la mejilla y ya saben lo vanidoso que es. En serio, ha estado insoportable.
—¿Ves? ¡Eso es porque le falta un poco de amor!
—¿Sabes qué? Ni siquiera voy a molestarme en decirte nada, ya sé que no me vas a hacer caso.
—¡Gracias Els! Eres genial. ¿Y tú que dices Olaf? ¿Me vas a ayudar con este loco plan de romance?
—Pues claro que sí, Anna. Ya sabes que siempre puedes contar conmigo para tus tonterías.
—¡Estupendo! Pues entonces, ¡que dé inicio la Operación Amor Hippie!—la colorada lanzó por los aires el resto de papeles que hasta ese momento había estado sosteniendo en sus manos, conformado por más folletos y tareas arrugadas que había sustraído del fondo de su bolso escolar.
Todos ellos quedaron desperdigados por el suelo, en torno a la sección de jardín en la que estaban sentados. Un profesor de cabello cano y baja estatura que se había detenido cerca de ellos, frunció el ceño al ver tal desastre y se aproximó hasta la pecosa.
Weselton volvió a enrollar la carpeta que como de costumbre llevaba en la mano para descargarla contra su cabeza.
—¡Ayyyyy!
—¡Dahl! ¡¿Qué es todo este desorden?! ¡¿Acaso esta es la manera en la que tiene su casa?!
—¡No, profesor!
—¡Entonces recoja esto inmediatamente! ¡Qué desastre, qué horror!—los agudos gritos del anciano resonaron en sus tímpanos como el llanto de un bebé. Anna se apresuró a juntar todos los papeles que había lanzado y entonces el anciano se volvió a Elsa—, Sorensen, la quiero en mi oficina de inmediato. Hay una cosa que tengo que discutir con usted—ordenó, antes de encaminarse hacia el mencionado lugar.
La blonda intercambió una mirada de nerviosismo con sus amigos. ¿Para qué podría quererla Weselton en su despacho? ¡Ella nunca hacía nada!
Presurosa, tomó su bolso y siguió al anciano a través del patio escolar y las aulas de clases, mordiéndose el labio inferior.
Una vez que estuvieron allí, obedeció su indicación de cerrar la puerta y tomar asiento. Como coordinador de su grado, tenía una oficina privada que había decorado de manera un tanto extravagante. Pudo notar en las repisas varios retratos de un joven escuálido y bajito, a quien pudo reconocer como el mismo maestro en sus mejores tiempos, además de algunos adornos un poco burdos para su gusto.
—Dígame Sorensen—la atiplada voz del viejo la sacó de su observación. Vio que había sacado unos cuantos papeles de su escritorio que le parecieron familiares—, ¿qué ha pensado hacer cuando salga de aquí? ¿Tiene planes para ir a alguna Universidad?
La aludida parpadeó, sorprendida.
—Oh, pues… en realidad todavía estoy pensando en eso…
—¿Ha decidido ya que le gustaría estudiar?
—Sí, tengo un par de opciones pero no me he decidido aún por ninguna—contestó vagamente—, en realidad me cuesta un poco elegir.
—Bien, quizá esto le pueda echar una mano. Su profesora de literatura me estuvo mostrando algunos de sus ensayos, me ha comentado que son muy sobresalientes. Usted tiene mucho talento para los trabajos escritos, señorita Sorensen—dijo Weselton, colocando las mencionadas tareas sobre el escritorio y extendiéndoselas—. Estos en especial han resultado ser excelentes. ¿Ha considerado hacer una carrera en periodismo? ¿En letras tal vez?
—En letras, sí, creo que eso me gustaría.
—Lo imaginaba, Me he tomado la libertad de enviar estos ensayos a algunas facultades que podrían interesarle. La mayoría de ellas me han contestado positivamente y estarían encantadas de que tener una entrevista con usted. Es una muy buena oportunidad para cuando se gradué del colegio.
—¿Está hablando en serio?—Elsa parpadeó sorprendida y después, lo vio buscar algunos folletos en su cajón para extenderlos.
—Por supuesto que sí, señorita Sorensen. Usted es una de nuestras mejores estudiantes, lástima que no pueda decir lo mismo de su amiguita—soltó el anciano con cierta ironía—, pero en fin, estamos hablando de usted. Si de verdad la interesa, podríamos programar algunas entrevistas para las siguientes semanas. La fecha de solicitudes de ingreso para la Universidad está cerca y no sería bueno que dejara pasar más tiempo.
—Yo… sí, ¡muchas gracias!—exclamó repentinamente emocionada. De pronto, la perspectiva de estudiar aquello le parecía excitante—Me encantaría que lo hiciera.
—Espero que sepa aprovechar estas oportunidades, muchacha. No todos los estudiantes cuentan con las mismas ofertas, pero usted tiene un futuro muy brillante—el diminuto anciano se puso de pie y fue hacia la puerta, abriéndola e indicándole que podía salir—. Estaré informándole de las entrevistas, por ahora puede irse.
—Gracias de nuevo, profesor. Le aseguro que no le fallaré.
—Eso es lo que espero.
La jovencita se despidió con un asentimiento de su cabeza y comenzó a alejarse por el pasillo.
—¡Y dígale a su amiguita que no ande causando tanto barullo!—lo escuchó gritar a sus espaldas y mientras lo hacía, casi pudo imaginarlo blandiendo una mano en el aire, como cada vez que hacía al regañar a la pelirrojo.
Elsa rió por lo bajo.
—¿Entrevistas en Universidades?
—Sí, el profesor dice que hay muchas posibilidades de recibir una respuesta positiva. Estoy muy emocionada.
Elsa miró con una sonrisa al pelirrojo que, sentado frente a ella, la contemplaba con atención. Esa era una de sus tardes libres, por lo que habían decidido ir a un café lejos de su vecindario, mismo que la muchacha llevaba tiempo queriendo conocer por la fama de sus deliciosos postres y claro, porque parecía un sitio ideal para que nadie los reconociera.
Todavía seguían ocultando lo suyo a pesar de haberlo hecho oficial. La emoción de la clandestinidad.
—¿Y todas ellas están cerca de aquí?—inquirió Hans con interés, observando como un mesero terminaba de colocar en su mesa un batido de café y otro de chocolate, además de dos rebanadas de pie de manzana.
La rubia le dio las gracias antes de que se alejara con un asentimiento.
—Bueno, sí, la mayoría lo están. La opción más viable claro está, es la Facultad de Letras que está aquí. La verdad es que no me he puesto a analizar todas las opciones como debería, tendré que hablarlo con mi madre.
El cobrizo soltó un suspiro y le tomó la mano sobre la mesa.
—Sé que suena egoísta de mi parte, pero no quisiera que te mudaras. Digo, estamos empezando con esto y tener que verte partir…
—Bueno, habrá que ver. Todavía no decido nada, aunque no me gustaría dejar tampoco a mamá. Pero las otras opciones siguen siendo buenas. Y podrías irme a ver todos los fines de semana.
—Pero no es lo mismo. Elsa, ¿podrías considerar quedarte aquí? ¿Por mí?
La aludida esbozó una dulce sonrisa y le dio un apretón con la palma que le tenía sujeta.
—Es muy temprano para pensar en eso aún, deberíamos disfrutar de esto mientras podamos. ¿Qué harías si te dijera que después de todo tengo que mudarme?
—Pues que demonios, tendría que hacerlo yo también—gruñó él—, no… no me gusta la idea de saberte tan lejos.
—Oh, Hans…
—No me gusta. Ya sé que sueno como un imbécil dependiente, pero… pero no me acostumbraría. Yo te quiero mucho… —el joven bufó y desvío la mirada disgustado—, ni siquiera puedo creer que este diciendo estas cosas.
Elsa lo miró con ternura. Realmente significaba mucho para ella conocer esa faceta conmovedora de su hermanastro, que era tan cínico con todos quienes lo conocían. Se sentía afortunada.
—Yo también te quiero, no deberías preocuparte por nada. De todas maneras, estudiar aquí es la opción más probable. No me gustaría estar lejos de casa, yo sola—se mordió el labio inferior—, no me siento preparada para algo así.
—Espero que no cambies de opinión.
—Cambiemos de tema—lo atajó ella—, la verdad es que por el momento tenemos cosas más urgentes de las que preocuparnos. Anna está preparando un plan para reconciliar a Rapunzel con Eugene; la verdad es que el enojo ya les duró bastante. Es raro verlos peleados, considerando que no son el tipo de personas que se molesten fácilmente.
—Pfff, ¿a eso le llamas urgencia? Eso ni siquiera es asunto nuestro.
—Sí lo es y especialmente te incumbe a ti. ¿Ya se te olvido que la última discusión que tuvieron fue culpa tuya?
—Ja ja ja ja ja ja, esa vagabunda en serio jodió bien al hippie. Dios, fue uno de los mejores días de mi vida. Que idiotas.
—¡Tú en serio que no tienes remedio, Hans!—la albina se soltó de su mano y tomó un sorbo de su chocolate con el ceño fruncido—No entiendo porque les tienes tanta mala voluntad, y más a Eugene. Es prácticamente como de tu familia, sé que puede ser algo intenso a veces pero no te haría daño ser más considerado y leal con él.
—Pero yo no soy considerado, ni leal. Ni siquiera me gusta ayudar a la gente sin obtener algo a cambio.
—¡Y lo dices tan suelto de cuerpo!
—Pues sí, así soy. ¿Qué quieres? No puedo cambiar, copito. Me encanta causar problemas sin que nadie se entere, es como mover los hilos de unas marionetas que hacen lo que a ti se te antoja, ¿sabes cuan gratificante es la sensación de poder que se obtiene de eso? Si lo supieras entenderías.
—Ay, Dios mío—Elsa puso los ojos en blanco y miró hacia el techo.
¿Cómo se había ido a enamorar de un auténtico sociópata? Era su culpa por quererlo tanto, aún con su retorcida forma de ser.
—¿Y se puede saber que obtienes tú de que ellos sigan peleados? A ver, ¿qué tiene eso de beneficioso para ti?
—Pues mucho, para empezar es muy divertido. Y ahora que Eugene no anda con esa hippie de un lado para otro, ni siquiera tiene ánimos de salir a molestar con su camarita. Se ha vuelto muy pasivo ese idiota y a mí me encanta que sea de esa manera.
—¿Y no te sientes mal de verlo tan decaído?
—No, la verdad que no.
La blonda se quedó mirándolo con mucha seriedad, mientras comía tranquilamente su porción de pie y se quedaba tan indiferente.
—Hans, ¿sabes qué era eso que te quería decir el otro día, cuando tuvimos nuestra primera cita?—inquirió misteriosamente.
—¿Hablas de lo que pensaste de mí al verme por primera vez? Por más que te insistí nunca me dijiste—el mencionado entrecerró sus ojos verdes—, espero que no vayas a salirme con algo desagradable.
—No—Elsa se enderezó en su asiento—, si de verdad te interesa saberlo, lo cierto es que aquella vez, cuando llegaste de sorpresa a casa y te vi sentado con tu padre me llamaste mucho la atención.
El pelirrojo la observó con interés.
—Lo primero que pensé fue que eras el muchacho más guapo que había visto en mi vida y no es fácil que yo admita algo como eso, no soy de las que se fijan mucho en los chicos—los orbes esmeraldas de Hans se dilataron con sorpresa y luego, su boca se torció en una sonrisa satisfecha y engreída—. Pero tú me pareciste atractivo, elegante y bueno, para que negarlo, también muy encantador, al menos superficialmente. Como uno de esos príncipes de las películas de Disney.
—¿En serio?—la sonrisa prepotente del colorado se ensanchó—¿Y qué más pensaste, copito?
—Me diste desconfianza al principio, sí, pero más tarde recordé lo amable que te habías mostrado y me sentí mal por pensar que podías ser un peligroso manipulador o algo así. Porque en realidad fuiste muy educado y comprensivo. El chico con el que cualquier mujer soñaría.
—Oh bueno, vaya gatita, no sabía que pensabas eso de mí, ¿qué puedo decir? Así es como soy.
—Sí, pero me equivoqué porque la verdad es que sí eres un manipulador y un mentiroso de lo más vil que disfruta haciéndole la vida imposible a los demás.
—¡Oh, vamos copo de nieve!
—¡Es la verdad! Te escucho hablar y te juro que no me lo puedo creer, yo realmente creí que en el fondo eras más sensible.
—¿Y qué quieres que haga? Yo soy así, no es mi culpa disfrutar manipulando a los demás. No sé, me hace feliz. ¿Qué se supone que haga? ¿Ser amable con esos hippies? Eso no va conmigo y lo sabes.
—Lo que se supone que hagas es arreglar el malentendido que empeoraste, para variar.
—Sí, como no. ¿Y cómo se supone que haga eso?—Hans tomó otro bocado de su pie sin mostrar el menor interés en el asunto.
—Para empezar, ayudándome a llevar a Eugene al Festival de Linternas de este sábado. Anna se va a encargar del resto.
—Esa enana siempre tiene que estropear lo divertido. ¿El Festival de Linternas? Eso es tan marica…
—Hans, por favor…
—Maldición copo de nieve, en serio me haces parecer como un maldito desalmado o algo así. No, no pongas esa cara. Por Dios, ¿de verdad vamos a involucrarnos en esto? Podríamos hacer algo más interesante que ir a ese estúpido festival.
Elsa entrecerró los ojos. Tendría que adoptar medidas más drásticas si quería asegurar la cooperación del colorado. Era más terco que una mula y un orgulloso de lo peor.
—Muy bien, si no me ayudas, olvídate de dormir juntos o besarnos. No hasta que arregles el malentendido que causaste.
—¿Qué? No puedes hacerme eso, te besaré cuando quiera—replicó su hermanastro arrogantemente.
—No, no te dejaré—lo amenazó, enviándole una mirada glacial desde su lado de la mesa.
Hans levantó una ceja y le devolvió la misma expresión desafiante, en un juego de miradas que ya habían sostenido demasiadas veces. Finalmente, el muchacho bufó y rodó los ojos, devolviendo la vista a su plato.
—Bien, las voy a ayudar con ese par de hippies. Hoy me siento generoso así que, que más da—refunfuñó, escarbando con su tenedor dentro del pie.
Elsa parpadeó sorprendida. Había esperado un poco más de resistencia por su parte, aunque lo cierto es que aquello había sido sencillo.
—Pero más les vale que funcione, porque no pienso perder mi tiempo—dijo Hans seriamente—. Las cosas que me haces hacer por ti, copito. Francamente.
La chica sonrió de manera maliciosa. Al parecer había descubierto que tenía un poder más grande de lo que pensaba sobre ese joven necio y petulante.
—¡Agh! ¡Agh!—el sonido de los puños de Rapunzel al estrellarse contra las manos de su mejor amigo llenaron por completo el espacio del garaje en donde estaban entrenando.
La castaña estaba poniendo todo su empeño en entrenar como le había indicado el muchacho, aunque se notaba que le estaba costando trabajo. Él apenas si se había movido con cada golpe descargado, pues se encontraba frente a ella con las manos extendidas y pose relajada.
—Muy bien, Punzie. Eso debe bastar para derribar al señor Hollywood. Se nota que es más blando que un gatito—comentó Kristoff con aprobación.
—¡Ese cretino no sabe la que le espera!
—Cuando llegues con él, agáchate y pégale directo en las pelotas. Eso servirá para distraerlo desde el principio.
—En las pelotas, ¡entendido!
—Yo creía que no estabas hablando en serio—Anna saltó de la capota del auto en donde estaba sentada y se acercó a ella—. ¿Por qué tanta violencia, amiga? Deberías tranquilizarte un poco…
—¡No, nada! Ese arenoso va a saber de lo que soy capaz.
—Pero…
—¡Pero nada! ¡Este mismo fin de semana se muere!—Rapunzel asestó otro puñetazo, esta vez a un saco de lona que se encontraba cerca—¡Ouch!
—Despacio campeona, esos bracitos no se hicieron para el entrenamiento duro—Kristoff le dio un par de palmaditas en la espalda—. Dame veinte lagartijas, Punz. Hay que trabajar con tus antebrazos.
—¡Veinte lagartijas! ¡Entendido!—la morena se colocó boca abajo sobre el suelo y comenzó a ejercitar con esfuerzo—U-unoooo—empezó a contar, con voz fatigada.
La pelirroja se aproximó a su novio para murmurarle con emoción contenida.
—¡Tengo un plan buenísimo para que esos dos se reconcilien de una buena vez! Solo sígueme la corriente…
—Anna, yo no creo que esa buena idea. Lo que sea que estés pensando.
—D-dossss…
—¡¿Cómo qué no?! Descuida, funcionará. Impediré que esta pobre ahuyente a su alma gemela para siempre.
—Pero Anna, yo sí quiero ver como Punz le da una buena tunda, o intenta. Nunca la he visto hacer algo así.
—¿Qué? ¡¿Pero por qué?!
—T-treees… uff…
—No sé, suena divertido. Además ese individuo es un poco presumido a veces, necesita que alguien le acomode las ideas. Y ya sabes, insultó su arte. Eso es tan malo como cuando se meten con tu estatura.
—¡Eso es solo un malentendido! Créeme, esos dos están hechos el uno para el otro, ¿me ayudas? ¿Sí? ¿Sí?
—Demonios Anna, me pones en una difícil situación. Ya sabes que no todos los días puedo presenciar una buena paliza… no es que Punzie la vaya a dar, quiero decir, mírala. Pero algo es algo.
—¡Oh Dios! ¡No puedo más! Soy tan débil—la voz fatigada de Rapunzel resonó desde el suelo, respirando entrecortadamente.
La vieron desplomarse en el piso, tal como si acabara de recorrer una maratón.
—Oye Punzie, ¿sabes que sería una buenísima idea? El Festival de Linternas Flotantes va a llevarse a cabo este fin de semana en el fiordo, ¿por qué no vamos?—le propuso la pecosa entusiastamente.
—¡Oh sí! Me encanta ese festival—la trigueña se puso de rodillas sobre el suelo y miró hacia arriba con sus ojos verdes brillando de expectación—, todo es tan mágico y bonito. ¡Podemos ir después de darle su paliza a Eugene!
—¡No, no, no, no! Hay que llegar temprano, ya sabes, todo se llena y luego no conseguimos linternas ni lugares buenos. ¡Y ya ni se diga si queremos rentar un bote para entrar al lago! Hay que evitar a la multitud, ¿o es que quieres quedarte a ver desde algún sitio de mierda lejos de allí? ¡Eso le quita todo lo mágico!
—Mmm… —Rapunzel pareció pensarlo por un par de segundos—, bueno, pues si lo pones así. Está bien, vayamos temprano. ¡Primero el festival y después la paliza!
Anna sonrió nerviosamente.
—¡Ay, me muero porque llegue el fin de semana! Voy a llevar mis acuarelas para decorar las linternas que compremos, ¡hay que tomar muchas fotos para subirlas a Instagram! ¡Qué emoción, muchachos!
—Jejeje, sí, ¡la vamos a pasar muy bien, ya verás! Necesitas distraerte amiga, has tenido demasiado estrés estos últimos días.
—¡Lo sé! Y eso que yo nunca me estreso. ¡Todo es culpa de mequetrefe, gañán, insensible retardado…!
—¡Hey! Guarda toda esa energía para el festival, chica. Vamos a necesitarla para manejar un bote.
—Yo sigo pensando que hay tiempo para la paliza—Kristoff recibió un fuerte codazo en las costillas y una mirada asesina de parte de la colorada.
Si todo salía conforme a sus planes, era cuestión de tiempo para que el mundo volviera a tener a otra pareja feliz.
La vista de los fiordos en otoño era algo realmente digno de ver, con las aguas calmas de los lagos que los rodeaban y las hojas de árboles que caían poco a poco, tiñendo de naranja todo el verdor que los rodeaba. Durante un fin de semana, definitivamente eran el lugar idóneo para pasar un rato relajante.
—¡Wow! Todo se ve hermoso—Anna miró con asombro el paisaje—, y miren, todavía no hay demasiada gente. ¡Aún estamos a tiempo de apartar un buen lugar!
—¡Vamos a comprar linternas para decorarlas!—exclamó Rapunzel.
Ambas se pusieron a correr como niñas pequeñas por el lugar y se dirigieron a uno de los vendedores que estaba cerca, ofreciendo las consabidas linternas de papel.
—Esas dos—Kristoff negó con la cabeza sonriendo ligeramente—, ¿crees que Punzie se tome bien lo que vamos a hacer?
—Seguro, si Anna dice que todo va a salir bien, ¿por qué no hacerle caso?—Olaf se veía bastante optimista para con los planes de la pelirroja.
—Eso es justamente lo que me preocupa—murmuró el rubio, antes de extender en el césped la manta que la mencionada había llevado para que se sentaran y armaran un picnic, hasta que el cielo se oscureciera.
Olaf colocó en el suelo la cesta con comida que la madre del blondo les había preparado. Minutos después, las chicas hicieron acto de aparición con un montón de linternas colgando de sus manos.
—¡Uy, que emoción! Compramos muchas linternas, se verán preciosas al elevarse—Rapunzel haló su mochila y comenzó a sacar algunos materiales de allí, entre los que había acuarelas y crayones de colores—. Papá por fin aceptó devolverme algunas de mis cosas para pintar, ¿quién quiere dibujar conmigo?
—Nos la vamos a pasar muy bien, muchachos. Tengo el presentimiento de que esta noche va a ser muy especial—dijo Anna haciendo énfasis en la última frase, que la castaña no notó.
—¡Seguro que sí! No hay nada mejor que el Festival de las Linternas Flotantes. Cuando era pequeña, mis padres me traían aquí todo el tiempo—dijo Rapunzel mientras se ponía a mojar un pincel en una de las acuarelas—, ¡siempre quise venir con amigos! Jamás me olvidaré de esta noche, chicos.
—Je je je je, créeme, así será, je je je je—Anna sacó un emparedado de la cesta y lo empezó a engullir en medio de risitas, mientras Kristoff solo la observaba con una ceja alzada.
Durante el siguiente par de horas se dedicaron a comer y conversar, además de dibujar sobre las linternas lo mejor que podían. Comparados con los dibujos de la morena, el resto de ellos solo podía atinar a hacer unas cuantas figuras básicas, expectantes a lo que se suponía que iba a ocurrir después.
—¡Qué hermoso patito he dibujado!—Anna miró con orgullo el extraño pato que había hecho sobre una linterna—Cielos, esto de explorar tu lado artístico de vez en cuando sí que es desestresante.
—Oh Anna, ¡me encanta tu uso del color! Es tan original—Rapunzel levantó su teléfono y le tomó una fotografía al dibujo—, eres muy artística.
—¡Lo sé!
—¿Eso es un pato? Yo creí que era una gallina que había abusado demasiado de las drogas—dijo Kristoff mirando hacia la linterna con confusión.
La colorada le dio un golpe en el hombro que él apenas y sintió.
—¡Estamos teniendo un momento de conexión artística, Kristoff! ¿Por qué no intentas dibujar algo tú también?—lo animó su amiga.
—No, no soy tan bueno dibujando. Además, ya pronto va a oscurecer. Deberíamos ir acercándonos al lago si es que quieren dar una vuelta.
—¡Ay sí! ¡Tenemos qué!
—Un momento, muchachos—Anna tomó su teléfono disimuladamente y esbozó una sonrisita maliciosa—, debo mandar un mensaje a alguien…
[ Anna Dahl: ¿Dónde están? ¿Ya vienen? D: Recibido 17:27 ]
Al otro lado del campo que rodeaba el fiordo, Elsa contempló el mensaje en su teléfono y activó la pantalla táctil para escribir una rápida respuesta, mientras caminaba al lado de su hermanastro y de Eugene.
—¿Así que este es el famoso Festival de las Linternas Flotantes? De lujo, viejos. Se nota que voy a tener mucho material para grabar, no quería quedarme en casa todo el día—comentó Eugene al tiempo que enfocaba con su cámara el paisaje entero.
—Sí, de haber sabido que habría tantas malditas personas, quizá lo habríamos hecho—Hans miró con desdén a su alrededor.
—Al menos aún llegamos a tiempo. Deberíamos ir a ver si podemos alcanzar un bote—sugirió la rubia.
—Sí, antes de que la demás gentuza se apodere de todos.
—Awww, ¿y qué van a hacer cuando consigan un bote, tortolitos? ¿Se sentaran a navegar para darse cariñitos? Ja ja ja ja, eso es tan idiota—dijo Eugene burlonamente.
La blonda y el pelirrojo intercambiaron miradas inquisitivas.
—No, de seguro se pondrán a pelear como siempre. ¿Saben que sería bueno? Que se pusieran a empujarse como de costumbre y uno de los dos se cayera al agua, me encantaría grabar algo así. ¿Eh, Elsa? ¿A que sería genial que el principillo se diera un chapuzón?—le dio con el codo a la aludida.
—Je je je, sí.
—¿Por qué no vas por ese bote y haces una escena para el tío Gene?
—Tal vez.
—Así me gusta, señorita. ¡Siempre buscando la aventura!
—Deja de hablar mierda, hippie. La única escena que vas a tener es conmigo pateando tu trasero si no te callas.
—Demonios Hansy, solo estoy bromeando—el castaño esperó a que Hans mirara a otro lado para murmurar hacia la platinada—No lo estoy.
Los tres deambularon por el lugar un poco antes de acercarse a uno de los vendedores, al cual Elsa le compró unas cuantas linternas.
—Entonces, uno se mete en un bote a navegar y suelta estas cosas hasta el cielo, ¿no?—inquirió Eugene mirando con interés como la chica comenzaba a armar una linterna de papel.
—No, simplemente te subes al bote y te las metes por el culo—respondió el cobrizo sarcásticamente.
—Bueno Hans, si tanto te gusta meterte cosas por el culo no voy a juzgarte. Después de todo no debería sorprenderme, ¿no?
El aludido le dio un empujón que le fue devuelto, y ambos comenzaron a atacarse infantilmente hasta que Elsa se puso en medio.
—Siento que estoy a cargo de dos chiquillos, en serio—dijo fríamente—. Toma—le dio una linterna a Hans—, entretente con algo.
—Si Hansy, pon esas manitas a trabajar viejo, que buena falta te hace.
—Y tú también. Tienes que tener una linterna si vas a entrar al lago—le dijo Elsa dándole una a él también—, la inflas y le pones estas velitas dentro—le puso una vela en el bolsillo.
—Amiga, esto es igual que en esa escena de Harry Potter, donde todos esos niños entraban al lago. No puedo esperar para grabar todo eso—Eugene se puso la videocámara debajo del brazo y se concentró en armar la linterna.
—Sí, sí, asegúrate de que quede bien—la muchacha vio de reojo como se concentraba y luego le echo un segundo vistazo a su teléfono, que acababa de vibrar en su bolsillo.
Sus ojos azules se enfocaron en leer un nuevo mensaje y entonces, disimuladamente se volvió hacia Hans y le hizo un gesto con la cabeza. El pelirrojo se dirigió al castaño.
—Oye Eugene, ¿qué es eso?—preguntó señalando detrás de él.
—¿Qué?—con las manos ocupadas, el mencionado miró hacia atrás y Elsa aprovechó para extender una mano y arrebatarle la videocámara, sobresaltándolo.
—¡Hey! ¿Qué demonios? ¿Qué dijimos acerca de tocar mi cámara? ¡Dámela!—demandó el pardo, enojado.
Su ceño se frunció aún más al notar la risita que liberó la blonda.
—Ven tú por ella si puedes.
—Awww, el hippie se molestó.
—Maldición, no estoy jugando. ¡Cuidado con esa cosa!—Eugene trató de arrebatársela y ella retrocedió corriendo a su alrededor.
El moreno tiró la lámpara al suelo y fue una vez más tras ella.
—¡Eres demasiado lento para tener esas piernas tan largas! Cielos Eugene, necesitas ponerte en forma, ¿no crees?
—Sí, hasta un anciano podría atrapar a esa sabandija en cuestión de segundos. ¡Maldito vagabundo flojo!
—¡Déjense de joder, idiotas! ¡Quiero mi cámara, ya!—el joven trató de quitársela una vez más y Elsa lanzó el aparato hacia el bermejo, que se elevó por el aire trazando una curva perfecta antes de caer en sus manos.
—¡Maldita sea, cuidado! ¡Eso es delicado, con un demonio!—chilló Eugene histéricamente.
Realmente era extraño provocarle esa reacción.
—No seas tan imbécil, tiene su funda protectora—espetó Hans apretando la gruesa funda que le había colocado a la cámara, para protegerla contra los golpes.
—¡Marica, te juro que si no me das mi videocámara en este momento te voy a destrozar el culo a golpes!
—Por Dios, relájate. Es solo una cámara, te pones muy alterado—lo molestó la rubia sin borrar su sonrisita.
—¡Sí, estoy alterado! Y tú, me las vas a pagar también—Eugene la apuntó con el dedo índice antes de abalanzarse sobre el cobrizo, que volvió a lanzarle la cámara a su hermanastra justo a tiempo de que el castaño impactara con él.
La cámara fue a dar bruscamente a las manos de Elsa, pero luego resbaló y cayó en el césped rodando un poco. Los tres se quedaron mirándola con los ojos muy abiertos. El rostro de Eugene, usualmente relajado, se puso rojo de la furia.
—¡Los mato!—bramó con enojo, viendo como la albina volvía a tomar la cámara rápidamente y echaba a correr, seguida inmediatamente por los dos chicos.
En el lago, varios botes se preparaban para adentrarse en el lago bajo un cielo que poco a poco se iba tornando de diferentes matices, con el sol ocultándose en el horizonte. Rapunzel se acomodó en un lado del que habían rentado con una enorme sonrisa, habiendo acomodado todas las linternas que había decorado a su alrededor y viendo como su amigo rubio ayudaba a subir a Anna, quien se sentó frente a ella al lado de Olaf.
Los dos le sonreían casi de manera juguetona.
—Oigan, ¿están emocionados? Se nota que están tan emocionados como yo—dijo la castaña, apretando sus manos en puñitos y moviendo los pies desde su lugar.
—Uy sí, no sabes, ¡nos la vamos a pasar increíble!—exclamó la pelirroja.
—No sabes cuanto—coincidió Olaf y entonces, él y su amiga intercambiaron miradas significativas y rieron por lo bajo.
Kristoff miró como su amiga los veía con ingenuidad. Realmente tenían suerte de que no fuera buena sacando conclusiones, o ya habría sospechado desde hacía rato. Esos dos no eran muy discretos.
—¡Vamos Kristoff! Métete tú también, ya todos están navegando.
—Espera Punzie, creo que deje mi linterna por aquí—el aludido fingió buscarla al lado de la cesta de picnic que habían llevado y el resto de sus cosas, que aún reposaban en el suelo.
Disimuladamente miró a su alrededor, como si estuviera buscando a alguien. Sus ojos ambarinos se toparon con varias familias que aún comían o correteaban cerca del fiordo, y algunas parejas que ocupaban el tiempo en hacer cosas más interesantes. En la orilla, un grupo de amigos reía y amenazaba con arrojar a uno de ellos al agua.
—¿A quién estás buscando, Kristoff?
—A nadie Punz, a nadie.
—Je je je je, ¡todos están muy raros hoy!
Un grito a lo lejos volvió a captar la atención del blondo. Ante su visión no tardó en aparecer una jovencita de cabellos platinados y arreglados en una trenza, que corría lo más rápido que podía con una sonrisa traviesa y lo que parecía ser una funda de cámara en sus manos. De cerca la seguía un muchacho pelirrojo y más atrás, uno de cabellos pardos que les gritaba de todo mientras ambos reían malvadamente.
Había llegado el momento.
Anna y Olaf saltaron del bote y se posicionaron a su lado frente a él, frente a una confundida castaña.
—¡Hijos de puta!—se escuchó muy cerca de allí.
Ahora, Hans y Elsa volvían a malabarear con la cámara, lanzándosela entre ellos sin ninguna consideración. Realmente era un milagro que no se les hubiera vuelto a caer.
El aparato volvió a parar a las manos de la rubia, quien ya casi sin aliento, llegó hasta el bote en donde estaban sus amigos y la arrojó al regazo de Rapunzel, quien la recibió con cara de no entender nada.
Eugene saltó dentro de la barca y se la arrebató respirando entrecortadamente, casi sin reparar en su presencia.
Para entonces los demás ya la habían empujado al agua con fuerza. Kristoff se demoró más en soltarla, adentrándose en el fiordo para darle más impulso y sin importarle mojarse las alpargatas y parte de sus bermudas.
—¡Y no vuelvan hasta que se hayan reconciliado!—gritó Anna desde la orilla, a manera de advertencia—¡O los volvemos a empujar!
—¡Ya verán cuando vuelva, idiotas!—protestó Eugene mirando a la platinada y al colorado que lo veían con sonrisas burlonas.
Hans se inclinó al lado de la cesta de los otros para recoger una botella de agua vacía y la lanzó con fuerza al moreno, en cuya cabeza rebotó para ir a parar al piso del bote. Eugene soltó un quejido y se derrumbó allí mismo.
Todos rieron al verlo, inclusive Kristoff. Las chicas los despidieron con la mano.
—¡Pero qué mierda!—Eugene se enderezó de inmediato, tratando de mantener lo que le quedaba de dignidad en alto. Ese par de muñequitos de plástico se la habían hecho buena, en complicidad con los demás. Pero ya verían cuando estuvieran en casa.
"¡Qué humillación!", se lamentó en lo más profundo de su ego, apresurándose a revisar que su cámara estuviera bien e ignorando a su acompañante olímpicamente.
Rapunzel se cruzó de brazos y se enfurruñó en su lado del bote, su expresión radiante reemplazada por una molesta y dolida. Así se sentía una cuando la apuñalaban por la espalda, ¡vaya amigos que había resultado tener!
Ayudado por la corriente del lago, el bote se fue alejando en medio de los demás.
—¿Vas a estar todo el rato sentado allí y mirando esa cosa? No entiendo cual es tu problema, en serio—Rapunzel bufó y se volvió a cruzar de brazos, sintiendo el ligero movimiento del bote.
La pequeña corriente del fiordo hacía que no fuera necesario usar los remos a menudo, sin embargo, estaba de más decir que se encontraba mortalmente aburrida y molesta. Llevaban al menos veinte minutos allí y el castaño ni siquiera se había dignado a levantar los ojos de su videocámara o dirigirle la palabra. No es que quisiera que lo hiciera.
—Shhh—y ahora la callaba.
¿Se podía ser más cínico? ¿Qué diablos era lo que le había hecho desperdiciar tanto tiempo con él al principio?
—¡Shhhh, tú! ¡Odio cuando te distraes con esa cosa!—protestó ella—¡¿En serio tienes que mirarla todo el tiempo?!
—Tengo. Estoy revisando que cada uno mis vídeos se encuentren en orden, en especial después de todo ese corre que te pillo, no puedo creer que los muchachos me hayan hecho algo así—el joven respingo y negó con la cabeza—, esos malditos Barbie y Ken de pacotilla.
—¿Cómo?
—Ya sabes, porque parecen dos muñecos de plástico, todos estirados y bien vestidos…
—Je je je je, ¡sí les queda!—la morena rió involuntariamente por un instante y luego se puso seria de nuevo—Igual es tonto que te obsesiones con esa cosa, ¡ni que hubieras grabado algo importante!
—¡Lo hice! Y déjame decirte una cosa, ¡llegando a casa se va directo a Internet! Si esos dos creían que lo del supermercado había sido humillante, es que no saben las tomas que he captado sobre ellos—Eugene entrecerró los ojos con malignidad—, dos palabras chica, vergüenza viral, ¡vergüenza viral!
—Bueno, pues tal vez yo también le juegue una broma a los demás, ¡porque dejarme en el mismo bote que tú es algo de pésimo gusto!
—¡Hey! ¿Qué tiene de malo estar conmigo? Soy guapo, carismático, tengo una voz bonita y esta cámara de última generación. ¿Sabes de cuánto te has estado perdiendo por tu berrinchito de la cárcel?
—¿Yo? ¡Pero si fuiste tú quien se molestó! ¡Y además insultaste mi arte!
—¡Yo jamás hice eso! O al menos no lo hice en serio.
Rapunzel frunció el ceño y se levantó para pararse frente a él con las manos en la cintura.
—¡Dijiste que el yeso que le había pintado a Hans era una basura psicodélica que no servía ni para limpiarse el culo!
—¡¿Qué?! ¡Yo nunca dije algo así!
—¡Sí lo hiciste!
—No, no lo hice.
—¡Lo hiciste!—la chica pateó el suelo del bote y perdió el equilibrio, yendo a parar contra Eugene, cuyos brazos impidieron que tuviera una fea caída que tal vez, los habría hundido a ambos.
La trigueña levantó su rostro y cuando sus ojos verdes hicieron contacto con la mirada masculina, se ruborizó.
—No lo hice, te lo juro.
—¿E-entonces quién d-diría algo así?—balbuceó Rapunzel, apartándose suavemente de su abrazo.
—No sé, no importa, pero yo jamás diría algo como eso. Demonios preciosa, tus pinturas son lo mejor que he visto, quiero decir, ¿has visto cómo dibujo yo? No me salen bien ni los perros, jamás podría igualar lo que tú haces con tus manos.
—¿Lo dices de verdad?—preguntó ella, mirándolo con una expresión en el que el recelo y la ilusión se mezclaban a partes iguales.
—Sí, por supuesto—Eugene se llevó una mano a la nuca, azorado—. Disculpa todo lo que te dije antes, florecita. No era mi intención hacerte sentir mal. Solo, no sé… de verdad me estresé al estar encerrado en esa celda. Ya he estado en una situación así antes y saber que pude haber pisado una cárcel de verdad no me trae buenos recuerdos. No debí desquitarme contigo.
—No, no debiste. Solo trataba de hacerte sentir mejor esa vez—Rapunzel se sentó frente a él, ya más tranquila y puso las manos en su regazo—, pero si dices que lo sientes te creo. Y también si dices que no dijiste nada malo.
—Nunca podría decir nada malo en serio de tus pinturas, preciosa. Tienes un talento único y está bien que lo muestres.
La aludida rió por lo bajo.
—Discúlpame tú también por pegarte y todo eso. No debí insultarte ni decir cosas malas de tus vídeos. Creo que tienes razón en que la mayoría del tiempo soy muy inmadura.
—Nah, tienes una adorable forma de ser. Si cambiaras, no serías la chica que yo adoro.
Rapunzel ensanchó su sonrisa y tomó una de las linternas del piso.
—Creo que nos comportamos como unos tontos, ¿eh?
—Y que lo digas.
Los dos volvieron a reír, ya olvidándose al instante de rencillas pasadas. Era como si todo su enojo se hubiera desvanecido al instante y pudieran estar como siempre. Ahora sabían cuanto habían echado de menos al otro.
—¿Qué dices si hacemos las paces, preciosa?—Eugene le guiñó un ojo y le extendió una mano con simpatía—¿Amigos?
La chica le estrechó la palma pero luego para su sorpresa, se volvió a acercar a él y le plantó un beso, justo en la comisura de sus labios.
—¿Amigos, Eugene? Creo que ambos sabemos desde hace rato que somos más que eso—le dijo, casi en un ronroneo—, somos almas gemelas, recuérdalo.
Esta vez, fue el rostro del pardo fue el que se llenó de rubor, sin embargo eso no le impidió exhibir la sonrisa bobalicona que se extendió en su boca al ver a su compañera tan cerca.
—Lo que tú digas, preciosa.
Rapunzel se sentó a su lado y miró hacia el cielo con una serena sonrisa en el rostro. La luna brillaba ya en todo su esplendor y el resplandor de las estrellas se veía tenuemente acrecentado por los cientos de linternas que comenzaban a prenderse en todas partes, y a elevarse en el cielo.
—Wow, que hermoso. Este festival siempre ha sido uno de mis momentos favoritos. Cuando las luces flotantes aparecen es como si el cielo se iluminara de una manera distinta.
—Es lindo. Nunca antes había estado en un evento así.
Rapunzel volvió a verlo y le dedicó otra sonrisa radiante.
—Bueno Flynn, entonces ¿qué estamos esperando? ¡Hay que encender unas cuantas linternas!
—Me temó que perdí la mía antes de la corrediza con esos dos principillos.
La muchacha soltó una risita y tomó una de las que había traído para dársela.
—Toma, fíjate bien como lo hago—la castaña sacó un encendedor y prendieron algunas velas que colocaron en el interior, en medio de roces y miradas fugaces.
Definitivamente no estaban hechos para estar lejos del otro por mucho tiempo.
Cuando soltaron sus linternas, estas se pusieron a flotar, entrelazadas, hasta alejarse y convertirse en un punto lejano y luminoso de los que ahora cubrían todo el fiordo. Eugene abrió una vez más su cámara y la fijo en el paisaje nocturno, admirándose para sus adentros. Definitivamente esa sería una noche que no olvidaría nunca y no solo por esa nueva tradición.
—Realmente me alegro de estar aquí contigo, Flynn. No volvamos a pelear de nuevo.
—Te prometo que no, preciosa. Yo también me alegro de estar a tu lado.
—A que es bonito, ¿verdad?
El aludido desvió la lente de su cámara desde el cielo, hasta el fino perfil de la jovencita, que miraba fascinada el manto de luces y estrellas.
—Sí que lo es.
Rapunzel miró hacia la cámara y sonrió una vez más, esta vez con cierto semblante de dulzura que supo que atesoraría para siempre entre sus más bellas tomas.
En la orilla del fiordo, cinco personas observaban también los botes en la lejanía y las linternas que se iban elevando, creando un espectáculo difícil de olvidar. Pocas veces los lagos se habían visto tan magníficos.
—¡¿Los ves?! ¡¿Los alcanzas a ver?!—Anna chillaba dando saltitos en su lugar y cuestionando a Kristoff, quien tenía la vista clavada en las barcas.
—No, realmente están muy lejos. Pero si no se ponen a hablar como la gente con un ambiente como este, pues yo no sé con que más lo van a hacer.
—¡Oh, espero que lo estén pasando muy bien! Esto es tan romántico—la pelirroja se le colgó del hombro—, ¡vamos a lanzar nuestra linterna, Kristoff!
Ni corto ni perezoso, el mencionado obedeció a su novia y la dejó encender el artilugio de papel que ambos sostenían para entonces dejar que se perdiera en el aire.
—¡Oh! ¡Es tan bonito!—exclamó Anna y luego se puso de puntillas para besar al rubio, quien aceptó gustoso.
Unos metros detrás de ellos, sus tres acompañantes miraban sentados desde la hierba.
—Bueno, ahora en serio que me siento como mal tercio y por tres. Todos tienen pareja menos yo—dijo Olaf, sin que ni el blondo ni la colorada pudieran escucharlo.
—No digas eso, Olaf. Nosotros estamos contigo—lo animó Elsa, sentada a su lado con una sonrisa de lado.
—Ah, pero eso es porque no tienen un espacio más privado. Que si no, ya ni los estaría viendo por aquí picarones.
Hans tomó unas briznas de hierba y se las arrojó al pelinegro.
—¿Por qué no lo dices más alto para que se enteren todos? Maldición Elsa, dile a tu amiguito que sea discreto, por Dios—masculló él con el ceño fruncido.
—¡Hey! Yo solo digo la verdad. Además nadie está mirando.
—¿Por qué no encendemos una linterna?—Elsa tomó la que había traído y se dirigió a ambos de manera conciliadora, lo que bastó para evitar una discusión.
Olaf colocó una vela en el interior y Hans la encendió, haciendo que la lámpara adoptara el mismo resplandor que los demás. La albina estiró sus brazos para ponerla en alto y luego la liberó, haciendo que se alejara cada vez más de la vista de los tres.
—Tengo que admitirlo, Els. No fue tan mala idea venir a este sitio—la mirada del bermejo era serena.
Entre el césped, su mano gruesa se posó sobre la suya y la acarició tiernamente, obteniendo un ligero apretón a cambio. No necesitaban palabras para saber que ese sería uno de los momentos más especiales de su vida.
—¿Crees que Eugene quiera vengarse de nosotros por lo que hicimos hoy?—susurró ella al oído del cobrizo.
—Probablemente, pero no me dirás que no fue divertido—Hans sonrió de modo maligno y la rubia soltó una risita musical.
—Sí, fue divertido.
Por una vez habían logrado sacarlo de sus casillas.
Disimuladamente y aprovechando que nadie los miraba, Hans se inclinó para plantar un casto beso en sus labios y entonces ella recargó la cabeza contra su hombro.
Esa noche, las luces flotantes brillaban más que nunca.
Nota de autor:
¡Y la luz hoy veo en tiiiiiiii, se apago aquella nieblaaaaa...! ¿Cómo están? :D Yo inspiradísima con el capítulo de hoy porque justo ayer, vi Tangled y Frozen, y bueno, creo que ya se dieron cuenta de que este episodio tuvo una fusión de ambos a full. :D Con los fiordos y las dichosas linternas.
Eugenzel is love, Eugenzel is life. Les dije que esos dos no podían estar mucho tiempo enojados (y si no les dije, pues sépanlo, no pueden :D), son demasiado tiernos.
¿Y nuestros queridos Helsa? Cada vez se ponen más atrevidos. Más amorosos. 7u7 Una de las cosas que me encantan al escribir, es plasmar la doble personalidad de Hans. Todas nos derretimos porque sabemos perfectamente lo tierno que puede llegar a ser, pero solamente con Elsa porque en el fondo, siempre seguirá siendo un cizañoso manipulador hambriento de poder, jajajajaja. Hardcore Hans, bitches! e.e
Ari: ¡Hermosos momentos de debilidad! En serio que estoy pensando cuantos más puedo agregar, pero lo primero es lo primero. xD Me encanta que amaras la cita, realmente nuestros pajaritos son un amor. :3
Anonimo 1331: Larsida. Próximamente más de eso. ;) Y bueno, yo creo que o mejor de Hans es justamente esa dualidad, el poder ser romántico y un manipulador al mismo tiempo, jajaja, admitámoslo, lo amamos por eso. Así como también amamos ver el lado bitch de Rapunzel y Eugene. LOL
kristal: ¡Saludos paisana! Que gusto que te encante el fic y te rías tanto con él, tus palabras me sonrojan, jijiji. En fin, bienvenida al maravilloso mundo del Helsa, en serio, yo feliz de ver que el fandom crece día con día. xD Por aquí hay muchísimas historias de estos dos que vale la pena leer, así que espero que te diviertas. ;)
Alexa: Mil gracias por comentar, que bueno que te encantara el capítulo. :)
SamanTha: No te apures, yo encantada de que vengas a comentar aunque sea de último. :3 Pues sí, ¿cómo ves? De verdad que el capítulo anterior estuvo lleno de sorpresas, la más importante por supuesto, la cita de nuestros tortolitos. ¿El Shedd Aquarium? No lo conocía, pero ahora que busqué imágenes en Google coincido contigo, es un hermoso lugar y queda que ni pintado para el fic. *w* La verdad al principio me inspiré en el Bergen Aquarium, un lugar muy parecido en Noruega pero no está en Oslo, sino en la ciudad del mismo nombre. En fin, nuestros tortolitos claro que tienen tiempo de sobra para conocerse y cada vez más intímamente (if you know what I mean, jojojo), y más si Hans continúa siendo tan encantador.
No me queda más que desearles una gran semana, ¡nos vemos dentro de siete días! ;D
