Mención de otros personajes de Disney a lo largo del fic. Modern AU. Helsa.

Disclaimer: Lastimosamente nada de esto es mío, solo mi cada vez más alocada imaginación.


» • » Bajo El Mismo Techo « • «

31

Confrontación


—¡Hola amigos! Bienvenidos de nuevo al canal de Flynn Ryder. El día de hoy he preparado una sorpresa muy especial para todos ustedes, voy a hacerle una broma a mi querido amigo Hans, que se encuentra tomando una siesta. El pobre no sabe lo que le espera y tiene el sueño muy pesado—el castaño exhibió una sonrisa perfecta frente a la cámara que sostenía frente a si—, me he tomado la libertad de traer algo para él, ya que le encanta nadar. Y tal vez no me crean si les digo que no se dio cuenta cuando lo puse ahí, pero ahora van a ver lo mucho que le gusta dormir. Oh, pero le gustará más la sorpresita que va a recibir, viejos. ¿No lo crees tú así?—desvío la videocámara hacia el suelo, en donde un gato de esponjoso pelaje blanco lo observaba inquisitivamente—Yo ya lo creo que sí. Bueno, ¡veamos qué le parece!—exclamó animadamente, al tiempo que enfocaba la lente hacia el frente y recogía a Marshmallow del suelo, quien se dejó hacer.

Eugene se dirigió sigilosamente hacia la biblioteca, en donde un pelirrojo se hallaba profundamente dormido sobre el sofá, roncando ligeramente. A su lado, en el piso, había una pequeña piscina infantil inflable y llena de agua, que el muchacho había dispuesto allí previamente.

Despacio, se colocó detrás del sillón y puso al felino encima del colorado, quien ni siquiera pareció sentirlo. Eugene miró hacia la cámara sonriendo maliciosamente una vez más, antes de dejarla grabando sobre un mueble y agacharse para coger otra cosa.

Una pequeña bocina de aire.

El trigueño oprimió el objeto soltando un sonido agudo y penetrante, que llenó toda la estancia y asustó a Marshmallow y al muchacho durmiente. El gato erizo su pelaje y salió corriendo despavorido por encima de la cabeza del cobrizo, quien gritó al sentir un arañazo en su mejilla. Luego se movió bruscamente y cayó dentro de la piscina para niños, ante las estridentes carcajadas de Eugene.

—¡Hijo de perra!—gritó Hans, enfurecido.

Mientras se las apañaba por salir de la diminuta alberca, el castaño tomó su cámara y se alejó corriendo.

—Bueno, pues parece que no le gustó mucho mi pequeña broma, ¡pero como nos divertimos en esta ocasión! En fin, si quieren ver más vídeos como este, no olviden dejarme sus sugerencias en la caja de comentarios, suscríbanse a mi canal para ver bromas anteriores y añádanse a mis redes sociales, cuyas direcciones pueden ver aquí abajo. ¡Nos vemos muy pronto, viejos!—el moreno fue empujado bruscamente contra la pared, teniendo que cortar su grabación abruptamente.

—¡¿Qué mierda pasa contigo?!

—Hans, cálmate viejo…

—¡Maldito imbécil! ¡Una tina inflable! ¡¿Es en serio?!—gritó el mencionado—¡Dejaste un desastre en ese maldito lugar!

—Es solo agua amigo, relájate…

—¡Te voy a romper el culo a patadas!—gritó Hans tomándolo de las solapas de la camiseta.

El pardo solo rodó los ojos. Ese sujeto era demasiado temperamental para su propio bien.

—Cálmate—le repitió Eugene, aflojando el agarre que mantenía en torno a él—, caray amigo, si sigues enojándote de esa manera un día de estos te va a dar un ataque al corazón. Fue una broma inofensiva…

—¡Te voy a matar, imbécil!

—… y también iré a limpiar el agua de la biblioteca, si eso te preocupa tanto. Ya sé como eres de obsesivo con el orden. Dios, a veces pienso que en serio tienes un trastorno, necesitas terapia viejo.

—¡La única terapia que necesito es sentir como se quiebran tus huesos bajo mis puños, infeliz de mierda!

—¿Ves? A eso es a lo que me refiero, diablos amigo, estás más irritable que de costumbre. ¿Por qué tanta frustración?

Hans lo fulminó con sus ojos verdes, con la ropa todavía empapada por el chapuzón que se había dado.

—Ah, no me digas, creo saber porque, ¿qué te hizo nuestra pequeña rubia esta vez?—Eugene lo miró enarcando una ceja y llevándose una mano a la barbilla, como si estuviera analizándolo—Estoy seguro de que tiene que ver con ella, siempre tiene que ver con ella… aunque es raro, ahora que lo pienso, ya no los he visto pelear tan a menudo, de hecho andan muy civilizados ustedes dos… y el otro día creo que Elsa hasta te estaba sonriendo y tú fuiste amable con ella, ¡con ella, viejo! Sí, definitivamente aquí pasa algo…

—Lo que único que pasa aquí es que eres un mierda—Hans lo volvió a empujar contra la pared—, si vuelves a usarme en otras de tus ridículas bromas para Internet, te juro que te voy a romper esa cámara de porquería.

—Bueno, pues parece que ya tengo otro tema con el cual entretenerme en lugar de las bromas pesadas. Y uno muy interesante por cierto—Eugene lo miró de arriba abajo y esbozó una sonrisa picarona—, awww, no me digas que la reina de hielo ha logrado derretir por fin ese frío corazón tuyo, Hansy. Eso es tan conmovedor.

—¡Que estupideces dices!—le espetó el pelirrojo—El hecho de que me haya cansado de discutir con esa sabandija no significa nada, excepto que pareces ser la única persona a la que no le ha llegado la madurez.

—Madurez, a mí esto me huele a otra cosa.

—Cállate o te hago a callar a golpes.

—Maldición viejo, ya tranquilízate. ¡Demonios!—Eugene volvió a apartarlo cuando hizo ademán de golpearlo y se sacudió la camiseta con una mano—Necesitas salir a que te dé el aire, de preferencia con ese pulgoso tuyo, que también parece tener muchos problemas. Pero bueno, dicen que los perros se parecen a sus dueños…

Hans hizo crujir sus nudillos.

—Volviendo a nuestro tema, tú y Elsa han estado muy tranquilitos, viejo. Que me corten las bolas si no está pasando algo aquí, puedo sentirlo.

—No puedes sentir una mierda. Y de lo de tus diminutas bolas puedo encargarme yo, imbécil de porquería.

—¿Por qué te pones nervioso, Hans?

—Yo no estoy nervioso, ¡nunca estoy nervioso!

—Te has puesto a la defensiva, eso significa que tengo razón. ¿Hay algo que quieras contarle al tío Gene? Habla con confianza—lo apuntó con la cámara.

Hans apretó sus puños y sus dientes, conteniéndose para no estrellarlo contra la pared y tumbarle todos los dientes. Ese hippie en serio que le colmaba la paciencia. Además, no necesitaba que le recordara a la causa de su mal humor, al margen de su estúpida bromita.

Hacia un par de días que Elsa estaba rara con él. Después del incidente de la última vez, con el pelirrojo huyendo de su habitación, la muchacha había adoptado la misma actitud fría que le mostraba al principio. Como culparla.

Hans era un gran cobarde, ni siquiera había querido encararla luego de aquello, pero su distanciamiento lo estaba matando.

Sabía que en algún momento tendrían que hablar para que pudiera explicarle lo que ocurría. Quería que las cosas volvieran a ser como antes, pero no ir tan rápido. Tenía tanto miedo de perderla.

Y ese inútil de Eugene no le ayudaba en nada.

—No voy a hablar una mierda contigo—le espetó—porque aquí no pasa nada. Si vuelves a hacerme otra patética broma como esta, voy a romperte la cara y después te voy a echar encima a mi perro para que te destrocé el culo a mordidas, como debí dejarle hacer tantas veces—el castaño frunció el ceño.

—Oh vamos Hansy, tú no le harías eso a tu amigo del alma.

—Estás advertido—el cobrizo lo miró con seriedad antes de alejarse a su habitación; tenía que hacer algo para curarse el rasguño que le había ocasionado esa bola de pelos.

Mientras lo veía marcharse, Eugene levantó una ceja y adoptó una mirada suspicaz. Conocía demasiado bien a ese principito como para creerle sin más y él estaba seguro de que algo escondía. Algo que tenía que ver con cierta rubia y que hacía tiempo que despertaba sus sospechas.

Tendría que poner más atención de ahí en adelante.


Cansada, Elsa se desprendió de la parca que traía puesta y la colgó en el armario de los abrigos, donde colocó también las ridículas astas de reno que todavía debía seguir llevando en la heladería. Lo único que había cambiado del uniforme eran los pequeños shorts que solían llevar, pues muy pronto sería invierno nuevamente.

Con el semblante serio, se dispuso a ir a su habitación, jugueteando con la trenza rubia sobre su hombro. Ese día no se encontraba de ánimo para nada.

—Hey—la voz masculina que resonó detrás de ella la paralizó.

Por el rabillo del ojo, vio como Hans la observaba desde la escalera, con lo que parecía ser consternación. Eso le chocó, porque a su manera de ver, él no tendría porque estar preocupado por ella.

—Volviste temprano, ¿quieres que hagamos chocolate o algo?

—No, estoy cansada—respondió ella fríamente, volviendo a darse la vuelta—, iré a mi habitación…

El pelirrojo la retuvo tomándola de la mano y entonces se congeló.

—No estés así conmigo—le pidió Hans—, yo quiero explicarte…

—¿Qué me vas a explicar?—Elsa se volvió hacia él con una mirada decepcionada en el rostro—¿Qué resulta que ahora no soy lo suficiente para ti? ¿Te confundiste y ya no me quieres? ¿Es eso?

—Si no te quisiera no estaría aquí pidiéndote que me escucharas.

—¿Entonces de qué trata, Hans? Porque yo no entiendo—la platinada retiró su mano y cruzó los brazos, en una postura defensiva—, antes parecía que deseabas que estuviéramos juntos y ahora no quieres. ¿Es qué hice algo mal? ¿No te gusto?—sus ojos se cristalizaron; era evidente lo insegura que se sentía en ese instante, a pesar de su acostumbrada frialdad—¿Hay algo malo con mi cuerpo?—musitó, casi en un susurro.

El joven le acunó una mejilla con la mano, haciendo que lo mirara a la cara.

—Tú eres perfecta—le dijo con adoración—, nunca podrías tener nada que me disgustara, ¿es qué no te has visto en un espejo? Eres hermosa, Elsa.

La aludida sintió sus mejillas arder, se sentía tan avergonzada. Hasta ese instante no se había dado cuenta del miedo que tenía de perder al joven. Nunca había sido muy segura de si misma. Por eso en el pasado, le había costado tanto enamorarse de alguien.

—Elsa, no es que no quiera estar contigo, me muero de ganas—le confesó él, aproximándose hasta que no estuvieron separados más que por un par de centímetros—. Tú lo has visto, por Dios. Me cuesta mucho contenerme cuando estoy a tu lado.

—¿Entonces por qué me rechazas?—le preguntó ella, dolida—Yo quería estar contigo.

—No es que te rechace, es que no quiero sea así—Hans se pasó una mano por el cabello—, aquí, con miedo de que alguien nos vea, con prisa, sin nada especial. Yo quiero que sea especial para ti, ¿me entiendes? No nada más un instante para desahogar nuestras hormonas.

Elsa pareció impresionada por sus palabras y luego descubrió que tenía razón. Ambos merecían que fuera inolvidable. Aun así, no podía evitar sentirse tan decepcionada.

—No quiero sentir que me estoy aprovechando de ti. Ni siquiera eres mayor de edad.

—Pero no te estás aprovechando, yo estaba de acuerdo—replicó la blonda, ya sin poder evitar que un par de lágrimas abandonaran sus orbes azules.

—Aun así, quiero hacer las cosas bien, ¿sabes? Ya me he equivocado bastante como para echarlo todo a perder una vez más—antes de que Elsa pudiera preguntarle a que se refería, él secó sus lágrimas con delicadeza—No llores, odio verte llorar—suspiró—. Últimamente nos hemos dejado llevar demasiado, pero este no es el lugar ¿comprendes? ¿Qué pasaría si te lastimo por ir muy rápido? ¿O si te dejo embarazada? ¿Cómo crees que podríamos explicarles algo así a nuestros padres?

De pronto, Elsa se sintió como una chiquilla tonta. Hans tenía toda la razón, podía haber muchas malas consecuencias con algo como aquello y ser madre a los diecisiete definitivamente no estaba en sus planes. Y se suponía que ella era la razonable.

—Mira, yo no digo que no quiero que suceda, pero tenemos que esperar un poco más. Nos estamos arriesgando demasiado—el colorado la rodeó con sus brazos, suavemente—, y ya te dije que quiero que sea especial. Tú te mereces lo mejor. Y yo quiero dártelo, pero no será ahora.

—¿Entonces?—la platinada volvió a levantar la vista, sus ojos brillando por el llanto contenido.

—Después… cuando cumplas dieciocho. Será en un lugar apropiado, donde no tengamos que darle explicaciones a nadie. Será perfecto—Hans se inclinó hasta posar su frente sobre la de ella—, solo tenemos que esperar, ¿crees que podamos esperar un poco más?

Dios sabía cuanto le costaba decir aquello, la necesitaba tanto. Varias veces se había sorprendido a si mismo descargándose en los rincones de su habitación o en el baño, ante el deseo que le despertaba la muchacha; a veces era casi doloroso. Pero le debía respeto, Elsa no era solamente una calentura de juventud ni mucho menos.

Tenía el presentimiento de que lo que tenían juntos iba para largo. Y como la persona responsable ahí, tenía que asegurarse de que hicieran las cosas bien.

En silencio, la miró asentir con la cabeza, apenada por su comportamiento.

—¿Estás seguro de que se trata solamente de eso?—inquirió con inquietud—¿No hay nada malo… conmigo?

—¿Algo malo contigo? ¿Qué podría ser?

Elsa se encogió de hombros. Ya sabía bien que no era el tipo de persona atrevida o exuberante que a los chicos les llamaba la atención, por lo que no podía evitar seguir sintiéndose insegura. No podía creer que lo pensara, pero realmente quería estar a la altura de su novio.

Él era tan apuesto y parecía tan seguro de si mismo. Y ella a veces se sentía tan insignificante.

—Lo único malo que tienes es pensar que no me gustas lo suficiente, ya deberías saber que estoy loco por ti—el bermejo le besó la comisura de los labios, tiernamente—. Te quiero. Más que nada o a nadie.

Finalmente, la rubia mostró una ligera sonrisa. Él no sabía cuanto bien le hacían esas palabras.

Hans volvió a inclinarse y la besó en los labios, de manera gentil y hambrienta. La chica le respondió con gusto, acariciando la boca ajena con la suya, moviendo la cabeza al compás de la de él.

Se separaron con los alientos entrecortados.

—Vámonos de aquí, cualquiera podría vernos a medio pasillo—murmuró el pelirrojo.

Elsa soltó una risa por lo bajo y él le acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja.

—Me gusta más verte así—le dijo Hans mirándola con atención—, adoro tu sonrisa.

Elsa ensanchó un poco su gesto, pero luego lo desvaneció al darse cuenta de la línea roja que surcaba la mejilla de su novio. Preocupada, la tocó suavemente con su dedo índice.

—¿Qué…?

—Eugene. El idiota me jugó una broma pesada y asustó a tu gato, me pasó despavorido por la cara—la albina mostró una expresión sorprendida y luego frunció un poco el ceño, negando con la cabeza—, ya me encargué de darle lo suyo.

—Ustedes dos no tienen remedio. ¿Te limpiaste eso?

—Sí.

—¿Te duele?

—Estoy bien, no te preocupes.

Elsa se paró en las puntas de sus pies y besó el rasguño tiernamente, provocándole un cosquilleo.

—Vamos a preparar ese chocolate, ¿sí?

Lo tomó de la mano y fueron a por la ansiada bebida.


—¿Seguro que no habrá ningún problema?—Elsa miró a su hermanastro mientras ambos andaban por el estacionamiento de la compañía.

Isles Corp. era una de las empresas más respetadas en Oslo y como tal, el edificio con sus laboratorios era imponente, resaltando de él su aspecto moderno y los enormes ventanales que poseía.

Aquel día, Elsa tenía planeada su primera entrevista universitaria en la Facultad de Letras de Oslo. Su profesor le había comentado que necesitaría un par de cartas de recomendación para entregar a la institución; una de él y otra de alguna persona de confianza. Hacía un par de días que su padrastro le había asegurado que podría hacerse cargo de ello, pero se había olvidado de pedírsela hasta el momento.

—No, seguramente papá ya la dejó con alguna de sus secretarias o algo así—Hans le abrió la puerta para que pasara a la recepción, una estancia enorme y muy elegante, desde la cual se podía ver pasar a montones de personas en traje o en bata blanca por los pasillos adyacentes.

—Es la primera vez que estoy aquí, no me lo imaginaba tan grande.

—¿Nunca habías venido? ¿Ni para ver a tu madre?

—No.

La recepcionista los atendió y les indicó que subieran y esperaran fuera de uno de los despachos. Subieron unas escaleras y se encontraron en una especie de sala de espera pequeña, donde solo había un par de sofás y una mesa pequeña. A un lado, una segunda escalinata doblaba a la derecha y conducía a la oficina de Adgar, que seguramente estaría ocupado a juzgar por las voces que vagamente llegaban desde ahí.

Ambos se sentaron a esperar.

—¿Estás nerviosa por tu entrevista?

—Un poco, no tengo idea de lo que me van a preguntar.

Hans esbozó una sonrisa de lado y se recargó a sus anchas en el sillón, subiendo los brazos al respaldo.

—Relájate, apuesto a que solo serán tonterías.

—Eso espero.

Una tercera persona entró a la sala por el lado opuesto al que habían llegado. El muchacho se dio cuenta y de repente, se tensó en su lugar y adquirió una expresión a la defensiva.

El recién llegado era alto, de ojos pardos y abundantes pecas en el resto. Tenía los cabellos rojos como los de Hans y una mueca despectiva que parecía natural en su semblante.

Los miró, primero con sorpresa y luego, con auténtica condescendencia.

—Vaya, vaya, miren a quien me he encontrado aquí—dijo esbozando una sonrisa que más bien pareció una mueca torcida—, no creí que volveríamos a vernos las caras en mucho tiempo, hermanito.

—Lo mismo te digo—la voz de Hans se había tornado tan dura como su postura. Bajo los brazos del sofá y se enderezó en su asiento—, ¿qué haces aquí, Fredric?

—Estoy de paso. Vine a ver a papá para hablarle de algo importante. Asuntos que no te incumben—espetó el mayor.

—Como si me interesara algo de lo que tú hicieras—respondió el joven con resentimiento.

Elsa miró a uno y a otro con duda. De pronto el ambiente se había vuelto muy pesado.

—Bueno vaya, parece que a alguien no se le ha quitado la manía de andar de contestón—dijo Fredric de manera desagradable—, es una lástima. Creí que papá te metería en cintura pero como siempre, tú eres lo último para él. Al fin y al cabo, ¿quién quiere lidiar con tan poca cosa?

Hans se crispó y le sostuvo la mirada con una profunda antipatía, mientras que a su lado. Elsa clavaba los ojos en el recién llegado con frialdad.

¿Entonces él era otro de sus hermanos? Ahora no le cabía duda de que el pelirrojo no exageraba cuando hablaba de ellos. El tipo solo había pronunciado tres frases y ya se notaba que era un imbécil. Si él era así, ¿cómo serían los demás?

—Lo que haga o deje de hacer o como me tratan aquí no es de tu incumbencia—respondió Hans arrogantemente—, piérdete Fredric. No quiero verte ni hablar contigo.

—¿Acabas de decirme qué?—el aludido se aproximó con una ceja en alto—¿Qué me pierda? ¿Acabas de darme una orden? ¿Quién carajos te crees para darme órdenes?—le dio un empujón sin previo aviso, que lo hizo chocar contra el respaldo del sofá—Es la maldita empresa de mi padre y estoy donde me plazca. Tú no eres nadie, imbécil. Recuérdalo.

—¡Déjalo en paz!—Elsa se levantó enojada y lo encaró—¿Quién te crees tú para tratarlo así? ¡No vuelvas a tocarlo!

El sujeto la observó con desdén.

—¿Y tú quién demonios eres? Ah ya, espera—volvió a sonreír con aires de desprecio—, eres la hija de esa mujer. Maldición—la miró de pies a cabeza—y yo que creí que no iba a tener que lidiar con esta basura en cuanto llegara aquí.

—¡¿Qué demonios…?!

—¡Fredric, basta!—Hans se levantó y se colocó ligeramente por delante de ella, a manera de protección—¡No hagas una escena aquí!

—¿Qué? ¿Vas a hacerte el caballero ahora, hermanito? Por todos los cielos, esto es bajo incluso para ti—escupió Fredric—, creí que hasta tú tendrías el sentido común de poner en su lugar a esta gente, pero no sé porque no me sorprende. Al fin y al cabo, siempre te ha importado un carajo nuestra familia.

—¿Familia? ¿A qué le llamas familia, imbécil? ¿Hablas de ti y de todos esos desgraciados?—Hans lo fulminó con la mirada—Porque hasta donde yo sé, solo tengo un hermano. ¡Por mí el resto de ustedes se puede ir a la mierda ya mismo!

—Hans, tranquilo—la rubia trató de calmarlo poniendo una mano en su antebrazo.

—Sí Hans, escucha a la niña, tienes que aprender a controlar mejor tu carácter—se burló su hermano para luego desviar su atención nuevamente a la chica—. Sabes ganarte méritos muy bien, ¿no, bonita? Igual que tu madre.

—¿A qué te refieres?—Elsa le devolvió la mirada con enojo.

—Ya sabes a que me refiero. Ella debe haberte enseñado a la perfección, ¿eh?—la mueca socarrona se ensanchó hasta formar otra sonrisa torcida y cruel—Primero ella enreda a mi padre y ahora tú lo haces con el hijito al que nadie le presta atención. Lo que esa mujer es, es una sucia trepadora.

Por un instante, los ojos de la platinada se abrieron como platos antes de cristalizarse por la furia y la indignación. ¿Cómo podía decir él tal cosa? ¿Hablar tan mal de su madre, a quien nunca le había importado el dinero, ni nada de lo que tuviera su esposo? Si tan solo la conociera se abstendría de sugerir algo tan horrible.

Hans vio como la mirada azul de la muchacha se aguaba y sintió como la sangre se le calentaba. Estaba acostumbrado a las groserías de su hermano y el resto, pero esta vez había ido demasiado lejos.

Podía meterse con él todo lo que quisiera, humillarlo las veces que le diera la gana, pero con ella no. Con ella nunca.

Rápidamente lo aferró por el cuello de la camisa, tomándolo por sorpresa y estrellándolo contra la pared contigua. Elsa ahogó un gemido alarmado.

—No vuelvas a decir una cosa como esa, ¡imbécil! ¡Tú no tienes idea de lo que estás hablando!—exclamó enfurecido—¡Nunca vuelvas a hablarle así a Elsa y mucho menos vuelvas a referirte así a su madre! ¡Aquí, el único trepador eres tú!

Fredric se zafó de sus manos y le dio un violento empujón.

—¡¿Te atreves a insultarme a mí, jodido estúpido?! ¡Mocoso de mierda!—se acercó a Hans en dos zancadas y lo empujó de nuevo bruscamente—¡¿Tú te atreves a reclamarle a alguien aquí?! ¡¿Ya se te ha olvidado toda la mierda que nos hiciste?! ¡Maldito imbécil!

—¡Cierra la maldita boca!—de pronto, Hans temblaba.

—Por Dios, ¡debiste morirte en aquel accidente!—bramó su hermano—¡Debiste morirte y así no tendríamos que soportar más toda tu mierda! ¡Nunca has servido para nada!

Hans apretó la mandíbula y los puños, temblando de rabia, de miedo… de vergüenza.

—Eres una mierda de persona y nunca lo vas a dejar de ser—siseó Fredric venenosamente, caminando hasta que solo quedó a un palmo de distancia del menor y observándolo con vehemente desprecio—, nunca vas a valer nada en tu jodida vida y si piensas lo contrario, déjame recordarte porque siempre has sido el último. A nadie le importas, Hans. Haznos un favor y muérete.

El mencionado se quedó sosteniéndole la mirada, rabioso y dolido por sus palabras, sus ojos verdes brillando de impotencia.

Sin previo aviso, Fredric alzo un puño y descargó un golpe en el estómago del pelirrojo, que trastabilló hacia atrás sin aire y cayó sobre la pequeña mesa de la sala de estar, volcándola con estrépito.

—¡Hans!—Elsa gritó alarmada.

El joven se levantó con esfuerzo pero no hizo amago de defenderse. En lugar de eso, se sostuvo la zona golpeada y salió corriendo con la cabeza gacha.

Elsa le dedicó a Fredric una mirada de profundo odio antes de salir tras él.

Lo siguió tan rápido como pudo a través de corredores acristalados, personas que iban y venían de los laboratorios mirándolos con extrañeza y puertas que se cruzaban en su camino. En el exterior lo perdió de vista y se detuvo sin aliento. A su alrededor, un jardín que rodeaba la parte trasera del edificio se levantaba, con sus bardas llenas de enredaderas y sus arbustos con flores.

Elsa caminó buscando con la mirada por cada rincón, hasta que un sollozo ahogado captó su atención. Con prisa, se dirigió hasta un lugar oculto a medias detrás un rosedal.

El pelirrojo se estaba sentado allí, con una de sus rodillas flexionadas contra su pecho y el brazo reposando sobre ella, la cara enterrada en la parte posterior de su codo y su cuerpo dando estertores por el llanto.

A la albina se le hizo un nudo en la garganta. Era la primera vez que lo veía en un estado tan vulnerable.

—Hans—murmuró arrodillándose a su lado y tocándole el hombro con suavidad—. Tranquilo, shhh… —le hizo una caricia con el pulgar—, está bien…

—Soy una mierda—musitó él con la voz quebrada.

—No, no digas eso—lo consoló ella—. No hagas caso de lo que él dice, solo quiere lastimarte…

—Pero es verdad—Hans volvió a sollozar, tenso y con los puntos apretados—, ¡soy una mierda, una mierda! ¡Nunca hago nada bien, maldición!

Elsa lo observó con preocupación,

—¡Estoy harto!—un lamento más prolongado salió de los labios del muchacho y a ella se le rompió el corazón—Estoy harto de arruinarle la vida a los demás. No sabes cuanto me odio…

—Hans, tú no le has arruinado la vida a nadie, ¿qué…?

—¡A donde quiera que voy siempre termino estropeándolo todo!—exclamó él con rabia—¡Primero con mis hermanos y después contigo! Sé que me odiaste desde el primer día—Elsa se mordió el labio, incómoda—y tenías razón. No merezco que me mires.

—Hans, eso era antes de conocerte. Estaba muy equivocada—la jovencita le acarició el pelo—, no hay nada en ti que pueda hacer que te odie de verdad.

—Tú no lo entiendes—Hans levantó la vista y la miró con los ojos hinchados y llenos de lágrimas—, hice una cosa terrible.

El semblante de la platinada se volvió consternado.

—Estoy podrido por dentro—murmuró volviendo a agachar la cabeza—. No deberías estar conmigo.

—¿Por qué dices eso?—Elsa frunció levemente el ceño.

—Porque es la verdad—Hans se estrujó los ojos con una mano, limpiando el mar de lágrimas que brotaba de ellos.

Entre ambos se hizo una pausa silenciosa e incómoda, en la cual la blonda no supo que decirle. Jamás había visto a su hermanastro en un estado tan frágil.

—Ocurrió el año pasado, meses antes de que me mudara aquí—habló él de repente. No se atrevía a mirarla—, dos de mis hermanos mayores acababan de regresar de su viaje por Inglaterra. Marten y Nils, los gemelos. Mamá estaba eufórica, los había echado de menos. Me dijo que preparara una cena especial—la comisura derecha de sus labios se levantó, formando una mueca irónica—, como si alguna vez fueran a agradecerlo. Pero lo hice, que más daba.

'Cenamos todos en calma, mamá, ellos, Fredric, Jorgen, Daven, Lars y yo. Hacía tiempo que los mellizos no vivían en la casa, pero esa era una ocasión especial. Desde luego me ignoraron, como era su costumbre. Pero no me importaba, ya me daba lo mismo. Todos bromeaban y hablaban acerca del viaje; yo solo quería levantarme de la mesa y largarme. Estaba fastidiado. Un rato después los mayores salieron a beber por ahí. Lars se fue a otra parte… creo que había ido a casa de uno de sus compañeros, no recuerdo. El caso es—hizo un sonido con la nariz, conteniendo otro sollozo, como si le costara recordar todo aquello—que mamá y yo quedamos solos en casa'.

'Era bastante tarde cuando recibí una llamada. Reconocí la voz de Jorgen en la línea, estaba bastante ebrio. Ninguno de los cinco había llevado su auto; ya sabían bien a lo que iban—añadió amargamente—y como siempre, estaba yo para hacer de su chófer. Pero que más iba a hacer ¿no? Quiero decir, después de todo eran mis hermanos… ojalá nunca hubiera salido esa maldita noche'.

Elsa lo vio soltar otro gemido y frotarse los ojos de nuevo, toda su atención enfocada en él.

—Llegué al bar en donde estaban, era uno de esos con salones privados. Uno se puede encerrar a beber con otras personas y hacer estupideces… era la primera vez que entraba a un lugar así. Fuera de eso, no había bebido más que en las fiestas de la preparatoria y solo por compromiso. Quería quedar bien con los demás, hacer como que era alguien. La verdad es que, nunca he tenido lo que se dice mucha intimidad con otras personas… no soy un tipo al que se le dé bien hacer amigos—Elsa sintió una punzada de pena por el pelirrojo. Desde que había llegado, siempre lo había tenido como el típico muchacho vano y engreído que seguramente se la pasaba en fiestas pero ahora que lo pensaba detenidamente, realmente Hans no era una persona estrictamente sociable, a menos que se tratara de fingir por conveniencia. Fuera de Mérida y de alguna extraña manera, Eugene, no le conocía amigos de verdad—. Cuando los encontré estaban borrachísimos, se habían encerrado en un salón junto a unas tipas. Te juro que no los reconocí, estaban tan distintos… todos se reían y tenían la ropa desaliñada, Jorgen apenas y podía tenerse en pie. Me incomode.

'Les dije que nos fuéramos, mamá se iba a poner furiosa si llegaba a verlos en ese estado. Se rieron de mí. Me dijeron que me relajara y me sentara a beber algo. Estaban muy amables para tratarse de mí, siempre me trataban con la punta del pie. Pero esa noche estaban contentos y al parecer no les importó que llegara para aguarles la fiesta. '¿Por qué no bebes, Hans? Celebra con nosotros', me dijo Daven. Me negué. No confiaba en ninguno de ellos, mucho menos para probar una gota de alcohol, ¿por qué habría de hacerlo, teniendo en cuenta lo mucho que me odiaban?'

'Me insultaron. Me dijeron que era un marica por no beber, que no tenía las agallas ni era digno de sentarme con ellos. Se burlaban de mí… no sé que me pasó. Me chocó bastante todo lo que me dijeron, me chocó que esas chicas se rieran a mi costa, que ellos me menospreciaran… me deje llevar por el enojo'.

'Tomé una cerveza para cerrarles la boca, una no iba a hacer mal. Ellos me animaron, me palmeaban la espalda, me felicitaban y cantaban. Una tipa se me sentó en el regazo… no recuerdo bien que pasó después, todo se me confunde… solo sé que bebimos, bebimos mucho… me sentí mareado y eufórico. Muy eufórico. Era la primera vez que estaba en una habitación a solas con mis hermanos sin insultarnos siquiera, la primera vez que me trataban con algo de "respeto"… y también me sentía parte de algo. No sé, creo que en el fondo, siempre había querido que me aceptaran y si para eso teníamos que embriagarnos, pues que más daba, ¿no? De modo que seguimos festejando, hasta que uno de los encargados del bar nos dijo que teníamos que irnos. Era muy tarde'.

'Nos metimos todos en el auto, mis hermanos querían seguir celebrando. Eran expertos en irse de juerga. Yo no pude decirles que no, en ese momento habría sido una locura. Estábamos demasiado bien como para ser el aguafiestas. Nos pusimos en marcha, no sé ni como, con lo intoxicado que estaba… pero yo iba al volante. Ellos gritaban y se reían, alguien subió el volumen de la música y no podía pensar. No recuerdo como pasó después pero vi una luz muy brillante y escuché más gritos…'

'Cuando volví en si estaba en mi asiento todavía, me había golpeado la cabeza y manaba sangre de mi frente. En la parte de atrás dos de mis hermanos lloraban y el resto estaba inconsciente. Era horrible. El parabrisas estaba roto, todos ellos estaban cubiertos de sangre, alguien había vomitado—Hans tembló incontrolablemente—, era… era tan espantoso—sollozó—y Jorgen… Jorgen tenía la cabeza rota, estaba inclinado entre los dos asientos delanteros, entre Fredric y yo, no se había puesto el cinturón de seguridad. No sé como no nos matamos'.

'Chilló horrorizado y volvió a taparse la cara con las manos, llorando inconsolablemente. Elsa se paralizó por completo, mirándolo con una mezcla de espanto y consternación. El joven que estaba a su lado ya no era un tipo arrogante y seguro de si mismo; era un niño que estaba terriblemente asustado. Y sentía un gran remordimiento'.

—¡Quería morirme en ese instante! ¡Quería morirme! Escuché la sirena de la ambulancia llegando. Uno de mis hermanos salió como pudo y gritó por ayuda. Después… no sé… los paramédicos me subieron a una camilla y volví a perder la consciencia. Cuando desperté estaba en una cama de hospital. Milagrosamente no me había roto nada, a excepción del golpe que tenía en la frente. Necesité varios puntos. Recuerdo… recuerdo que mamá llamó al cirujano plástico para que nos atendiera, uno por uno, hasta que prácticamente no quedaron secuelas del accidente.

'Fueron días muy difíciles. Mis padres no querían hablarme. Yo estaba muy confundido. Pregunté que había ocurrido. Lars fue a visitarme y me lo contó todo. Nos habíamos estrellado contra el costado del camino y derrapado por una pendiente, al tratar de eludir a otro vehículo que venía del lado opuesto. Por suerte el conductor se salvó… pero nosotros caímos y todo se fue a la mierda. El capo del coche quedó destrozado. Todos mis hermanos tuvieron lesiones por el accidente. Daven tenía una pierna rota, Fredric varias fracturas, uno de los gemelos necesitó un trasplante de sangre… y Jorgen… Jorgen se golpeó la cabeza—al decir esto, la voz del colorado se quebró tanto, que ya parecía completamente distinta del sonido grave y profundo que solía salir de su garganta—, se fracturó el cráneo y… y… —el temblor aumentó, Elsa volvió a apretarle el hombro con suavidad—, no despertó. No despertó en mucho tiempo. Pasó tres meses en coma. ¿Sabes qué clase de mierda me sentí en ese momento? ¿Sabes lo mucho que quería morirme para no sentir toda esta culpa? Para no ver a mi madre llorando una vez y culpándome en silencio, por haber puesto a uno de sus hijos al borde de la muerte. Me quise matar'.

'Pero estaba convaleciente y, para empeorar las cosas, había sido el único que no tenía heridas de consideración. El mundo era tan injusto. Quise ser yo quien estuviera postrado en esa cama, sin poder moverse y no Jorgen, no él. Pero las cosas no se habían terminado a él'.

'Los médicos nos habían hecho análisis al llegar al hospital. Habíamos ingerido mucho alcohol, pero los resultados arrojaron algo que lo empeoró todo. Drogas. ¡Ni siquiera recuerdo cuando tomé esa porquería! Pero todos la teníamos en el organismo… mis hermanos en menor dosis… no, no entiendo… supongo que mezclaron algo nuestras bebidas, las tipas que estaban con nosotros, no conocía a ninguna… de cualquier manera, ya no valía la pena hacer preguntas. El daño estaba hecho. Papá se puso furioso, tuvo que pagar para que los medios no hicieran un escándalo de la noticia… solo imagínatelo, su flamante apellido involucrado en un asunto de drogadicción, sus hijos siendo acosados por la prensa… no, eso no podía ser. Pero aun así, un par de periódicos locales hablaron del accidente'.

'No sabía que hacer, me sentía tan mal. Cuando por fin pude salir del hospital, volví a casa y me encerré en mi habitación. Mi madre me había dicho que estaba muy decepcionada de mí, el más razonable de sus hijos, el más centrado. Quise mandar todo a la mierda. Quise morirme pero era tan cobarde'.

'Mis hermanos tampoco iban a perdonarme fácilmente. Un rato de juerga no iba a cambiar las cosas y apenas fueron dados de alta también, las cosas se pusieron peor que antes. Me culpaban por lo de Jorgen. Y por supuesto, yo los dejaba. No intenté ni defenderme. Pero aun así sus palabras me dolían tanto… los odié como nunca. Desee que estuvieran muertos y luego… luego me sentí tan mal otra vez. Fui a ver a Jorgen al hospital, le pedí perdón aunque sé que no me escuchaba… creo que no me escuchaba. Pero cuando entré en su habitación y lo vi allí, conectado a todas esas máquinas, con el rostro lleno de contusiones… simplemente me derrumbé. Sentía tanto asco de mi mismo, tanta rabia'.

'Cuando volví a casa mis hermanos estaban esperándome. Me increparon por haber ido a verlo. 'Eres una mierda, Hans. ¿Para qué fuiste? ¿Acaso quieres terminar con el daño que hiciste?', sí, me dolieron mucho sus palabras en ese instante. Tanto, que exploté. Los insulté a los cuatro. Peleamos. Me encerraron en el garaje y me dieron una paliza… Daven todavía estaba sanando de la fractura de la pierna y los demás no estaban en mejores condiciones, pero de todas formas, eran todos contra mí. Y ya tenían práctica de años. Me dejaron tirado en el suelo, llorando. Cuando se fueron, me las arreglé como pude para levantarme y salir de ahí. No volví a aparecer en casa por el día entero. Me puse a vagar por ahí. Pasé la noche en un parque'.

'A la mañana siguiente regresé a casa. Mi madre estaba allí. Me abofeteó. Me preguntó donde guardaba las drogas y yo la miré sin entender. Creí que estaba zanjado ese asunto pero de alguna manera, mis hermanos se las habían ingeniado para convencerla de que yo tenía problemas, de que estaba mal de la cabeza. Fredric le dijo que hacía tiempo sospechaba que andaba en malos pasos y verme todo golpeado, llegando de quien sabía donde, solo hizo que pensara lo peor de mí. 'No te reconozco, Hans', me dijo. Que no me reconocía, ¡a mí, que siempre le contaba todo! ¡Que siempre estaba con ella! Mierda, ¡me sentí tan traicionado en ese momento, tan solo!'

'Así que una vez más, me desquité con quien no debía. Le dije que si tanto desconfiaba de mí, podía subir ella misma a registrar la habitación. Le grité tanto y ella me abofeteó de nuevo. Nos dijimos muchas cosas que no debíamos. Me culpó por lo de Jorgen y yo le dije que no quería verla de nuevo nunca más. Lloró pero no me importo. Ahí estaban mis hermanos para consolarla; ya que les creía más a ellos, bien podía olvidarse de mí. No le dirigí la palabra en mucho tiempo. Empecé a odiar estar en casa. Los gemelos se marcharon de nuevo y Jorgen despertó poco después… sentí tanto alivio, que por un momento me pareció que me quitaba un peso de encima. Pero no era tan fácil'.

'A Jorgen le quedaron secuelas del accidente, su fractura tardaría mucho tiempo en sanar, su memoria se había visto afectada, ahora no podía recordar varias cosas. Entonces decidí irme. A un lugar donde pudiera estar lejos de todos ellos, pero sobretodo, donde no pudiera lastimar de nuevo a nadie. Me forcé a olvidar y a fingir. Haría como si nada de aquello hubiese sucedido y tal vez, con suerte, todos podríamos superarlo. Papá se casó de nuevo, aceptó que viniera a vivir con él. Pensaba que todo iba a ser tan sencillo'.

El bermejo dejó escapar una risa irónica y negó con la cabeza.

—Pero luego te conocí y supe que ibas a ser un problema. ¡Nunca dejabas de hacer preguntas, ni de sacarme de mis casillas! Tuve miedo de que lo descubrieras todo y me lo hicieras revivir, de que me arruinaras la vida… no sabes cuanto llegué a odiarte en ese entonces—suspiró hondamente—, eras como una piedra en mi zapato pero no dejaba de pensar en ti. Después me di cuenta de que te quería y… no sé… pensaba que con un poco de suerte, jamás tendría necesidad de tocar este tema.

Elsa lo observó con el corazón encogido, reteniendo la respiración sin darse cuenta.

—Así que… ahora ya lo sabes—Hans le devolvió una mirada en la que se podía leer una profunda decepción a si mismo—. Soy una basura de persona. Soy un tipo que no vale la pena. Yo… yo no merezco que me quiera una persona tan pura como tú, solo te haré daño. No sé porque pensé que podía cambiar las cosas. Soy una mierda.

Sollozó, esta vez en silencio. Enterró el rostro en sus rodillas y espero a que ella lo dejara. Como culparla.

Sin embargo, en lugar de eso sintió como la muchacha lo rodeaba con sus brazos y apoyaba la cabeza en su hombro, comprensivamente. Aquello lo dejo anonadado. ¿Es qué no sentía repulsión hacia él, después de saber todo lo que había hecho?

—No quiero que nunca más vuelvas a decir eso de ti, Hans. Tú no eres como dices—él alzo la mirada—, eres una de las personas más valiosas que conozco. Y si tus hermanos no lo pueden ver, entonces siento lástima por ellos.

—Pero Elsa, yo…

—Solamente te equivocaste, todos tomamos malas decisiones en algún momento. Y esa noche, todos estaban bebiendo. Tus hermanos se aprovecharon de ti. Pero lo más importante, es que todos ustedes salieron con vida. No hay razón para que te sigas culpando de algo que ya pasó.

Hans negó con la cabeza.

—Estás equivocada. Yo… yo no merezco que pienses así de mí. Soy malo, arruino todo lo que cae en mis manos. Por eso ninguno de ellos me ha querido nunca.

—No necesitas que lo hagan para sentirte valioso, hay muchas cosas buenas en ti. Y si ninguno de ellos te quiere, no importa—Elsa le sonrió con ternura—, porque yo te amo. Más de lo que todos ellos podrían hacerlo nunca.

Aquello terminó de romper por completo al pelirrojo, que agachó la cabeza y se puso a sollozar como un niño herido. Elsa lo atrajo hacia si, dejando que su cabeza reposara en su hombro y que le mojara el cuello con sus lágrimas. Lo escuchó llorar, destrozado y le acarició el cabello.

Por dentro se sentía asqueada, pero no por él, sino porque apenas podía creer que varias personas de la misma familia se unieran para hacer tanto daño. Hans no había exagerado en todo ese tiempo. Sus hermanos eran monstruos.

Sintió rabia contra todos ellos, por hacer a una persona tan vulnerable. Si alguna vez llegaba a toparse con alguno, no dudaría en hacerle saber la clase de basura que era.

Jamás se había imaginado ver a su hermanastro de esa forma. Ansiaba protegerlo.

Hans lloró como nunca antes lo había hecho, experimentando un cúmulo de sentimientos que lo abrumaron de repente. Alivio, pena, agradecimiento, amor… sentía que no se merecía tanto pero no importaba, porque no quería perderlo. No quería volver a sentirse solo nunca más.

Siguió llorando, hasta que sintió que la opresión en su pecho se desvanecía por completo.


Hans tomó un sorbo del chocolate que la rubia le había preparado. Aun se le notaba el semblante serio por el desagradable encuentro que había tenido con su hermano, pero ella sabía bien que era porque estaba decaído. Lo entendía perfectamente.

Ahora comprendía tantas cosas.

Viéndolo allí, sentado frente a la chimenea sin hablar y con los ojos aún enrojecidos por haber llorado después de contárselo todo, finalmente todo tenía sentido. Su insistencia por no volver con su madre, su actitud defensiva y arrogante al principio, su reticencia a hablar del pasado.

En el fondo era tan inseguro como ella, pero siempre trataba de hacerse el fuerte. El orgulloso que no necesitaba de nadie.

De pronto le invadieron unas ganas inmensas por protegerlo.

—¿Te sientes mejor?—le preguntó.

—Sí—respondió él inexpresivamente—, no tenías que prepararme esto.

—Sí tenía, te dije que el chocolate siempre me hacía sentir mejor—Elsa se sentó a su lado y le besó la mejilla—. Quiero que estés bien.

El pelirrojo bufó y clavó sus ojos en la taza.

—Soy un débil—murmuró, decepcionado de si mismo.

Odiaba que sus hermanos siguieran teniendo tanto control sobre su vida, aun estando tan lejos.

—No, no lo eres—le dijo ella—, eres la persona más fuerte que conozco. No merecías que ellos te hicieran pasar por tanto.

Hubo una pausa entre ambos, en la que el colorado solo se quedó mirando su bebida, sin verla realmente. No se atrevía a mirar a Elsa a los ojos.

—¿No estás… decepcionada de mí?—le preguntó—¿No piensas que soy una mala persona? ¿Un cobarde?

—Jamás podría pensar algo así de ti, antes era distinto, pero ahora entiendo—la blonda le acarició un mechón de cabello—. Hans, tú no tienes la culpa de nada de lo que pasó, o al menos no toda. Tus hermanos te incitaron a beber y lo demás fue un accidente. Si los tuviera en frente, les diría que son ellos los cobardes—apretó los dientes momentáneamente, intentando controlar el acceso de furia que de repente sentía. Aprovecharse de alguien como ellos lo habían hecho de Hans, era lo más bajo que había escuchado jamás—. No merecen que te sigas sintiendo mal por algo que provocaron ellos, son unos monstruos. Pero tú te equivocaste y eso es algo que yo puedo entender—Elsa le levantó la barbilla con la punta de sus dedos e hizo que la mirara—, sé que eres una buena persona, aunque muchas veces no quieras demostrarlo ante los demás. Aunque creo que eso es algo que ni siquiera tú mismo te acabas de creer.

Hans apartó el rostro y se limpió los ojos, que le habían empezado a escocer de nuevo, con una manga.

—Es difícil creer en eso cuando la mayoría de tu familia te trata como mierda—espetó—. Hasta mi padre piensa que soy una basura.

—Eso no es verdad—repuso ella—, él te quiere pero no sabe como demostrarlo… creo que no puede, porque siempre alzas la guardia.

—No me importa—dijo Hans—, de todas maneras… no hay muchas personas en las que se pueda confiar.

Elsa lo miró con pena. El joven le devolvió la mirada con sus orbes brillantes.

—Como tú; eres la única persona en la que confío totalmente, siempre haces que todo valga la pena—dejó la taza de chocolate a medio terminar en la mesita de enfrente—. Creo que no sabía cuanto necesitaba desahogarme.

—Sabes que siempre puedes hacerlo conmigo. Yo nunca voy a juzgarte, Hans.

—Lo sé—él lo miró de nuevo y esta vez, pareció un poco más animado—, es por eso que te amo—el corazón de Elsa se aceleró—, tú siempre sabes como hacerme sentir mejor, gatita.

Elsa sonrió ligeramente.

—Bueno, ese es mi trabajo. Y si puedo, voy a hacer todo lo que sea necesario para que te olvides de esos idiotas—llevó una mano a su costado y le hizo cosquillas, haciéndolo liberar una risa ahogada—, aquí hay cosas más importantes de las cuales preocuparte, ¿eh?

—¿Cosas como cuáles?—inquirió él, recuperando el brillo habitualmente malicioso que mostraba en sus ojos y sonriendo de lado.

—Tú sabes—Elsa lo imitó, esbozando una sonrisa idéntica a la suya y arrodillándose sobre el sofá, al tiempo que se inclinaba hacia él de manera felina—, cosas.

Sus labios tocaron los suyos, con una suavidad que después fue convirtiéndose en ansia y necesidad. El bermejo la aferró de la cintura y tiró de ella hacia él, hasta que quedó recostado sobre el mueble y tuvo cómodamente a Elsa apoyada encima, sus delgadas piernas envolviéndole la cintura.

Se besaron hambrientamente, enredándose el uno con el otro y dejándose llevar por la calidez de sus bocas. Elsa saboreó con deleite el labio inferior del pelirrojo, sintiendo el delicioso sabor del chocolate que hasta hace poco estaba degustando. Lo asió con sus dientes y haló de él lentamente, haciendo que Hans gruñera de manera gutural. Le revolvió el pelo con sus manos y volvió a presionar sus belfos con los suyos.

Haría que se olvidara de cualquier mal rato.

Las manos de él se quedaron quietas en su cintura, firmes y acariciando con sus pulgares la piel cubierta por su blusa de algodón. Se moría por tocarla entera pero tenía que contenerse, por ambos.

—Elsa… esto se está acelerando, ¿no crees?—murmuró, debatiéndose entre ponerse de pie o dejarse arrastrar por lo que estaba sintiendo.

—Mmm… —ella abandonó la comisura de su boca y se movió hasta el lóbulo de su oreja, mordisqueándolo suavemente y haciéndolo estremecer.

Por Dios, ¿desde cuándo ella era tan atrevida?

—Solo… tómatelo con calma… —dijo, con la voz débil por la atención que ella le estaba prodigando.

—Tenemos la casa para los dos solos—ronroneó Elsa en su oído—, hay que divertirnos.

—Vas a llegar tarde a tu entrevista…

—Shhh… hay tiempo de sobra…

—Sí… pero… pero… —las palabras de Hans se frenaron en seco al sentir los delgados labios de la muchacha bajando por su cuello y succionando con suavidad, igual que él solía hacer al marcarla.

Y de pronto perdió todo atisbó de razón.

Su agarre sobre el talle de la rubia se hizo más fuerte y cuando ella regresó a sus labios, volvieron a besarse de manera voraz, usando sus dientes y sus lenguas. Hans enterró una de sus manos en la melena platinada y Elsa le apretó la cintura con las rodillas.

Aquello se sentía tan bien. Estaban tan inmersos el uno con el otro, que en cualquier instante terminarían perdiendo el control…

—No… me… jodas—expresó una voz anonadada, que hizo que de inmediato se separaran con alarma y se incorporaran torpemente, buscando a quien fuera que hubiera hablado.

De pie en el umbral de la sala de estar y con su cámara de vídeo en alto, Eugene los observaba con profunda sorpresa y algo de incredulidad. Su boca estaba semi-abierta y sus ojos abiertos como platos. A los hermanastros inmediatamente se les fue el color del rostro.

—¡Sabía que algo estaba pasando entre ustedes!—exclamó el castaño de manera triunfal—¡Joder, ¿pero cómo no lo vi antes?! ¡En mis propias narices, maldición viejos!

Elsa se le quedó viendo con un tic en el ojo, de pronto sentía que las mejillas le ardían.

—Pero… pero… ¿c-cómo…?—empezó a murmurar.

—Uy, y lo mejor de todo es que lo tengo grabado—el moreno miró hacia su cámara y rebobinó la filmación, de la cual pudieron escuchar una serie de sonidos sugerentes que al instante les hizo temblar—. Ah sí, material de calidad, viejos. Elsa, no sabía que eras tan fogosona…

—¡¿Pero qué mierda?!—exclamó Hans, observándolo con furia.

No podía creer que los hubiera descubierto, tantas precauciones que habían tomado para nada.

—¿Q-qué vas a hacer con eso?—preguntó la blonda sin dejar de lado su tic.

Ahora sus piernas parecían de gelatina.

—¿Cómo qué que voy a hacer? ¿Acaso crees que yo…? ¡Hey, yo no soy ningún chismoso! Ni siquiera si se trata de algo tan increíblemente jugoso como esto…

—¡Dame esa cámara, retardado de mierda!

—Alto ahí, antes hay muchas cosas de las que tenemos que hablar. Ni crean que se van a librar de darme unas cuantas explicaciones.

—¿Qué… qué quieres saber?—inquirió Elsa con nerviosismo.

—Bueno, pues para empezar, ¡todo! Quiero decir, ¿qué demonios fue eso? Antes ustedes eran como, ¡grrrrr!—Eugene gruñó de manera exagerada—Y ahora están como… —se dio la vuelta y se abrazó a si mismo haciendo sonidos de besuqueo y movimiento las manos por todo su cuerpo.

—¡Cierra la boca, imbécil!

—Hey, esto es muy bizarro, viejos. Mucho muy bizarro aunque en cierta manera extraña, también tiene bastante sentido. Ya lo decía yo desde el primer día en que puse un pie en esta casa, entre ustedes dos pasaba algo—el pardo volvió a darse la vuelta—, ¿pero cómo? ¿Desde cuándo? ¿Por qué?

—¡Eso no te interesa, idiota! ¿Desde cuándo estás ahí?—le espetó Hans.

—Desde que dijiste que las cosas se estaban acelerando y nuestra pequeña rubia se montó encima de ti como una femme fatale de película de detectives. Picarona—Hans se relajó un poco al escucharlo responder; no le habría gustado saber que lo había visto lloriqueando.

Pero su novia por el contrario, no parecía pensar igual.

—Ay, por Dios—la aludida bajó la cabeza avergonzada y se cubrió el rostro con las manos.

Nunca en su vida había sentido tanta vergüenza.

—Así que ya está, quiero saberlo todo, absolutamente, y no escatimen en detalles porque el tío Gene no se conforma cuando quiere llegar al fondo de una historia.

—Pero, ¿por qué carajos?—inquirió el colorado.

—¡Porque soy un morboso! Me encantan este tipo de historias tórridas y calientes—Eugene los enfocó con su cámara una vez más—. Oh no, no se preocupen, ya se los dije, su secreto está a salvo conmigo—añadió—, yo no soy de los que delata, lo saben de sobra. Claro que, tomando en cuenta este gran gesto de generosidad, ustedes podrían hacer unas cuantas cosas por mí.

—¡Vete a la mierda!

—¿Nos estás chantajeando?—Elsa levantó la mirada de sus manos incrédula.

—¡Woah, ¿chantajeando yo?! Prefiero llamarlo un intercambio justo de favores. Yo les hago un favor, ustedes me lo devuelven, así es como funciona el mundo, viejos. ¿Qué sería de la humanidad sin un poco de gratitud?

—Eres un miserable hippie de quinta—Hans empuñó sus manos e inhaló y exhaló aire profundamente—. ¿Qué es lo que quieres?

—¿Qué es lo que quiero? Buena pregunta—Eugene pareció pensarlo un poco—, podríamos empezar por mi cortometraje. Ya saben, el que todos ustedes se empeñan en arruinar con esa actitud de cero profesionalismo.

—¡Ese corto es estúpido! No tiene futuro—protestó el cobrizo.

—¡Oye! ¡Cuidado con lo que dices!—el castaño lo apuntó con el dedo índice—¡Es una historia que puede funcionar! Solo necesita pulir unos cuantos detalles.

—Es una mierda de historia. Es absurda, repetitiva y poco original, y ese grandulón como protagonista da asco. ¡Igual que tú como director!

—¡Hey, hey! ¡No cuestiones mis decisiones, ignorante lameculos!—Eugene lo apuntó una vez más y luego pareció relajarse, como reconsiderando algo—Aunque ahora que lo pienso… quizá sí convendría hacer unos cuantos cambios—los observó detenidamente—, mmm… sí…

Elsa frunció el ceño con preocupación. Tenía un muy mal presentimiento y sus presentimientos nunca se equivocaban.

—¿Saben qué? ¡Ya está! Olvídense de esa historia. Se me acaba de ocurrir una cosa y voy a escribir un nuevo guion, ¿y adivinen qué?—Hans rodó los ojos, preparado para cualquier estupidez que fuera a soltar a continuación—¡Ustedes van a tener el honor de ser los protagonistas! ¿A qué es emocionante?

Elsa negó con la cabeza.

—Ah sí, ya lo creo que será fantástico, ya verán, será el mejor cortometraje del mundo—Eugene cerró su cámara con entusiasmo—, queda pendiente nuestra plática, viejos. Tengo que ir a escribir pero prepárense, porque este será su gran debut.

—¿Y si no queremos actuar en ese cortometraje de mierda?—replicó Hans desafiantemente.

—Bueno, entonces alguien tendrá que subir por "accidente" cierto momento candente a Internet—estaban atrapados, no tenían ninguna opción. Hans maldijo por dentro.

Impávidos, se quedaron observando como el pardo subía las escaleras frotándose las manos y soltando una risa entre malvada y juguetona.

Sí, acababan de meterse en un lío muy grande.


—No puedo creer que vayamos a hacer esto—Hans apretó los dientes y se acomodó el sombrero estilo fedora que llevaba en la cabeza.

—Hey, tranquilízate hombre, ¿no te quejabas de que ricitos de oro fuera el protagonista? ¡Ahora tú te vas a robar escena, viejo! Quiero ver ese rostro de detective rudo y mal encarado que pones—el pelirrojo miró a Eugene con la misma seriedad que de costumbre y este asintió con la cabeza—. ¡Ya lo tienes! Mantén el personaje.

Hans suspiró y se acomodó la corbata que traía puesta. El traje que lucía junto con el sombrero y el bigote falso, lo hacían parecer como un tipo salido de la década de los veinte.

—Te lo juro amigo, este corto ahora sí va a tener estilo. Un par de efectos en sepia y va a lucir como una película antigua, y mira que distinción.

—Si serás idiota, ¡nos vas a exponer frente a todos! ¿No podíamos rodar esta escena a solas?

—Tranquilo Hansy, todos van a pensar que están actuando.

—¡Por fin voy a tener diálogos!—exclamó una pelirroja desde una esquina.

Anna se había colocado un disfraz de maid a la francesa y acababa de entrar sonriente a la estancia en donde se encontraba, con su nuevo libreto en mano. La locación, nuevamente, era la mansión de Rapunzel, específicamente su elegante sala de estar, que muy amablemente ella les había cedido.

La historia del cortometraje había cambiado hasta situarse en el año 1924. Hans iba a interpretar a un detective que se inmiscuía en la búsqueda del hermano desaparecido de una joven de la clase alta, quien al final resultaba haber sido infectado en un extraño laboratorio convirtiéndose en una especie de zombie. Eugene tenía una especie de fijación con esas criaturas pero hasta él tenía que admitir que el guion había mejorado bastante.

—¿Cómo se oye mejor? Señorita Vanderbilt, el detective Cooper acaba de llegar—Anna repitió su línea (la única que iba a tener) con un tono de voz sumiso y calmado—o, ¡Señorita Vanderbilt, el detective Cooper acaba de llegar!—exclamó con tono de urgencia—. No sé, el primero me parece más convincente pero el segundo tiene más personalidad, y mi personaje sí que tiene capas, muchas capas para ser solo una empleada doméstica…

—Ay por Dios, ¿en qué me he metido?—Eugene rodó los ojos y se dirigió a su silla de director, que era más bien un banco que había sacado de la cocina—. Muy bien, ¡todos a escena, viejos!

—¡El departamento de maquillaje acaba de terminar con lo suyo!—Rapunzel ingresó contenta a la sala, seguida de un rubio y de una pelirroja con cara de pocos amigos.

—Aún no puedo creerme que hacer esto se demore tres malditas horas—Kristoff se tocó el látex que colgaba de su mejilla, simulando la piel podrida de un zombie y la castaña le dio un manotazo para que se dejara de manosear.

—¿Era necesario maquillarme como una meretriz?—inquirió Mérida con el ceño fruncido.

Su cabello encrespado relucía aún más con el tocado de plumas que traía puesto, en contraste a su llamativo maquillaje y el vestido rosa de flecos que traía puesto.

—¡Ja ja! ¡Sí pareces una meretriz!—se burló Anna.

La aludida se quitó uno de sus zapatos de tacón, con los que apenas y podía caminar y se lo lanzó a la cabeza.

—¡Ayyyyyyy!—chilló la cobriza.

—Shhhh—las acalló Eugene—. Muy bien, hora de grabar. ¡A escena!

Elsa entró en ese momento en la habitación luciendo un delicado vestido blanco que le llegaba hasta los tobillos, lleno de encajes, abalorios y con mangas circulares hasta los codos, como era la moda en la época. Se había recogido el pelo en un falso bob que hacía ver su melena más corta y llevaba un maquillaje muy sutil y un collar larga de perlas falsas.

—¡La ropa que nos conseguiste está súper, Punzie!—dijo Anna con emoción—¡No puedo creer que hallarás disfraces para todos!

—Ja, ja, ja, ¡es fácil cuando tienes un amigo que guarda tantas cosas locas en su casa! Mi amigo Fred tiene su mansión a unas cuadras de aquí y te juro que hay de todo, ¡hasta tiene un disfraz de dinosaurio! Un día se los tengo que presentar.

—Luces, cámara…

Todos hicieron silencio, en tanto la rubia se sentaba en medio de la sala y tomaba un libro para hacer como que leía.

—¡Acción!

La súper ocho comenzó a rodar. Anna entró en escena con su pelo rojo arreglado en un coqueto rodete y una cofia blanca en la cabeza, a juego con el delantal de su trajecito.

— Señorita Vanderbilt, el detective Cooper acaba de llegar—pronunció colocando las manos al frente y haciendo una ligera inclinación.

—Hazlo pasar aquí de inmediato—dijo Elsa, dejando su lectura a un lado con el porte de una reina.

La colorada desapareció del plano por unos segundos, antes de dejar pasar a un pelirrojo que entró con cara de pocos amigos. La platinada se puso de pie para recibirlo con frialdad.

—Me preguntaba por cuanto tiempo más tendría que esperar para saber noticias de usted—dijo a modo de saludo—, quiero suponer que me trae noticias de mi hermano.

Hans sonrió de lado, con prepotencia y avanzo hasta quedar a tan solo centímetros de la muchacha.

—También estoy encantado de verla, señorita—contestó, casi como en un ronroneo—. Una cara bella siempre es algo que alegra las noches de un detective, con todos esos callejones oscuros en los que me tengo que adentrar. Aunque yo diría—su brazo derecho se enroscó en la cintura de la blonda con atrevimiento, acercándola a él—, que en su caso, ha sabido pagar el precio de mis servicios con gran generosidad.

Detrás de Eugene, Anna y Rapunzel contuvieron la respiración, mirando a la pareja con sorpresa.

—Canalla—murmuró Elsa con rabia contenida, mirando a ese par de ojos esmeraldas con intensidad.

La mueca arrogante del colorado se ensanchó.

—Pero este canalla es el único que te ha hecho suspirar como no lo hacías en años, ¿no, Virginia?—Hans la apretó más contra sí—Ese semblante de jovencita frígida no te va cuando estamos a solas, cariño…

—Vaya, el fumetas sí que se inspiró esta vez—susurró Mérida a Kristoff, que también miraba la actuación de la dupla con una ceja alzada—, como para dejar de jugar a Spielberg y ponerse a escribir novelas de romance.

—Gay al máximo—concordó él.

—¡Shhh!—el pardo los acalló con el ceño fruncido para volver a ver por la cámara.

—Quiero que me digas donde está mi hermano—espetó Elsa, aún demasiado cerca del apuesto rostro de su co-protagonista.

—Y yo siempre cumplo mis promesas—Hans se inclinó hasta rozar sus labios con la pequeña boca femenina pintada de rosa—, siempre…

—Es increíble la química que existe entre ambos—murmuró Rapunzel por lo bajo, admirada ante su performance.

Anna asintió con la cabeza, completamente embobada con la escena. Casi ni parecía que estuvieran actuando o que recordaran que estaban acompañados en la habitación.

De un momento a otro, el pelirrojo estampó su boca de manera furiosa contra la de la adolescente, que al instante le respondió con fervor, impactando a todos. Habían leído el guion por supuesto, pero nunca habían creído que en verdad fueran a hacer algo así; aunque Mérida no se veía tan sorprendida.

La mayoría de los chicos había creído que aquello simplemente era una broma muy pesada de Eugene, pero ahora…

Anna y Rapunzel abrieron los ojos como platos y emitieron chillidos ahogados de emoción.

—¿Es en serio?—musitó Kristoff observando el beso con cierto asombro y repulsión.

—¡Shhhh!

El beso entre los protagonistas continúo, ya ellos olvidándose del mundo entero. Sus labios se movían de manera suave y hambrienta, como si llevaran años deseando ese beso. Las manos de Hans se estrecharon sobre la pequeña cintura de Elsa y ella le rodeó el cuello con sus brazos, como si fuera una muñeca vulnerable.

—Oh, Dios mío—susurró Rapunzel anonadada.

—Agh—Mérida rodó los ojos. Esos calenturientos, ya ni se molestaban en disimular.

—Excelente, ¡corte!—gritó Eugene.

Si dejaba que esos dos continuaran con su espectáculo, los demás no les iban a creer que estuvieran actuando.

Pero ni siquiera dieron muestras de escucharlo. El pelirrojo y la rubia aún estaban demasiado concentrados en besar al otro, moviendo sus labios y sus bocas de una manera que definitivamente no sugería el odio que afirmaban tenerse hasta ese momento. Eugene carraspeó ruidosamente. Aquello se estaba saliendo de control, ¿cómo lo culpaban a él de querer delatarlos, cuando todo lo facilitaban ellos mismos?

—Corte, ¡corte!—Elsa se despegó sobresaltada del cobrizo y volteó con las mejillas ruborizadas—Ya, ya está bien muchachos. Ustedes sí que se toman la actuación en serio. ¿eh?

Con pánico, los ojos azules de la aludida se fijaron en sus compañeros. Mérida tenía un semblante aburrido, pero las otras dos chicas aún la observaban con emoción contenida. A un lado, Kristoff le daba una mirada perturbada que parecía decirle "¿en serio acabas de hacerlo?", mientras que Eugene se encogía de hombros a manera de disculpa, como si dijera "bueno, esto es nos salió de las manos pero oye, no puedes culparme a mí".

"Oh no", pensó ella, sintiendo como las mejillas le ardían aún más. Se había dejado llevar. Todo era culpa de Hans; ese incauto siempre hacía que se olvidara de todo con sus besos. ¿Por qué habían accedido a hacer una escena así?

A su lado, el pelirrojo no se veía mejor. Incómodo, se metió las manos a los bolsillos y se dio la vuelta mascullando. Malditos fueran sus impulsos y él por no controlarse, pero ¿cómo hacerlo? Elsa estaba tan hermosa en ese vestido de época, tan delicada y tentadora... la vio morderse el labio inferior por el rabillo del ojo, muy abochornada.

—Elsa, amiga, tenemos que hablar—la afirmación de Anna en conjunto a su sonrisa picarona y sus ojos brillantes le auguraron que lo que seguía no era nada bueno.

"Mierda".


Nota de autor:

Pero en que lío se acaban de meter nuestros tórtolos. 7u7

Antes que nada, ¡hola! Espero que estén listos para comenzar la semana con toda la actitud, (dejando de lado el hecho de que una vez más, llego tardísimo), últimamente yo he estado con más ocupaciones que de costumbre, pero aquí seguimos, con Helsa power a todo lo que da. Y vaya que fue un capítulo lleno de revelaciones, empezando por las explicaciones de Hans y esa historia sobre su pasado. El misterio se ha desvelado y creo que ahora podrán entender porque su forma de ser, y porque tanto estrés al principio. El chico la ha pasado realmente mal. Mírenlo, a una solo le dan ganas de abrazarlo. D:

Por otra parte, gracias a la poca discreción y nulo control de nuestros pajaritos, su secreto ha sido destapado. ¿Qué pasará ahora?

Pues una cosa sí les digo y es que hemos entrado en la etapa final de BEMT, por lo que habrán un par de sorpresas más antes de la conclusión. Una de ellas, por supuesto, está pendiente con los hermanos de Hans (bastardos) pero la otra ni se la imaginan. :3 ¿Quieren intentarlo?

Ari: Así es, copo de nieve es totalmente irresistible para Hans y es por eso que él le tuvo que poner un alto, antes de hacerle un hijo. xD Maximus es el mejor, lo sé.

J. Marshmallow: Muchas gracias por comentar, me encanta que te guste la historia, es divertido colocar a los personajes en la era moderna, todos son adorables. n.n Ah sí, cuenta con el misterio, de hecho se viene algo muy, muy grande, jejejeje. ;)

Ana briefs: ¡Gracias por esos reviews que me motivan tanto! Yo creo que el Helsa es la perdición de todas, jajajaja. :D

SamanTha: ¿Así fue fuiste una chica mala? La tía Frozen se siente orgullosa de ti. xD Yo suelo aparecerme tan tarde como tú, así que la disculpa está de más, tranquila, jajajaja. Me encanta que te gustara mi OS Kristanna, a mi me encantan esos dos, son como un Helsa menos hardcore, lo sé. x3 Y sí, Max apareció para alegrarle el día a todos menos a Eugene. LOL Ahora Hans tiene un aliado; que mal lo de tu alergia, yo no soy alérgica pero aquí de todos modos no puedo tener mascotas y me encantan. :( Es muy triste. Oh, Hans es de Elsa pero quizá la pueda convencer de que te lo preste un ratito, un minutito ¿eh? 7u7 Sobre lo de escribir, bueno, nunca se sabe, tal vez si un día te inspiras y lo intentas puede salir algo bueno. Sé que la hoja en blanco intimida, pero eso nos pasa a todos, no te preocupes. Y si no, bueno, aquí habemos varias que seguiremos dándole duro al Helsa. ;)

Ah sí, a partir de ahora los días de actualización serán los lunes. Me acomoda más escribir los fines de semana, porque actualizar los domingos nada más no. :(

En fin, sean felices, pórtense mal ¡y nos leemos el siguiente lunes!

PD. Hoy fui a ver "Buscando a Dory" y fue simplemente una película genial, ¿alguien la ha visto ya? :3