—Hay que irnos —el helvético levanta un poquito la cara, mirándole y quitándole un mechoncito de pelo que le ha caído en los ojos.
—Has malgastado todo mi tiempo de baño —protesta un poco, sonriendo.
De hecho debe parecer que le acaba de explotar la caldera con lo mucho que le sacude Suiza el pelo.
—¡Lo hemos invertido!
—¿Y qué beneficio vamos a sacar de esa inversión? —sonríe, cero preocupado por lo que le haga en el pelo en realidad.
—Horas de felicidad y relajación posterior... —se acerca y le da un besito en los labios
Austria se ríe.
—Me gusta que te rías —dulzura total.
—Suelo tener que reírme por los dos.
—Está bien que lo hagas. Yo ya frunzo el ceño y me enfado por ambos... —le hace un cariñito en la mejilla haciendo que se ría de nuevo.
—Perfecta división de tareas, por eso me casé contigo.
Es turno del suizo para sonreír un poco.
—La mejor decisión de la vida —asegura completamente convencido
—¿Mejor que dejar fermentar la leche y convertirla en queso?
—Ja. Mejor incluso que el chocolate —se le acuesta un poco en el pecho—. Debimos hacer esto antes.
—¿Acostarnos? Estabas trabajando —bromea.
—Nein —protesta un poco—. ¡Casarnos! Si volviera a hacerlo no te dejaría casar con Spanien, te lo pediría yo antes.
—Aun creo que... todo lo que pasó ayudó a lo que tenemos ahora. No creo que si no me hubiera casado con Spanien esto hubiera salido tan bien.
—Seguramente no. Yo ni siquiera sabía que podías gustarme entonces —cada vez es más capaz de hablar objetivamente de esto... A ratos.
—Y yo necesitaba aprender un par de cosas... y no me refiero solo al sexo.
—Österreiiiich... —protesta un poco—. ¿Qué cosas?
—Lo que es una pareja y cómo cuidarla.
—Yo... Aprendí eso con France. Como no cuidarla...
—Yo no podría haberlo aprendido de ti.
—Quizás tarde o temprano lo hubiéramos aprendido juntos.
Niega con la cabeza el austriaco, sonriendo, porque Suiza le cuidaba demasiado a él y le exigía demasiado poco a cambio para que Austria hubiera podido aprender que sí había cosas que tenía que hacer.
—Igualmente da lo mismo... Ahora estamos aquí y... —le da otro beso suave en los labios—. Vamos a llegar tarde.
Austria echa la cabeza atrás y lloriquea un poco
—Va a gustarte ir...
—Está bien, está bien... —suspira. El rubio le da un besito en el pecho al castaño.
—Espera... —se levanta el y ahí vaaaaa a cargaaaaarle, Austria sonríe y se le cuelga del cuello.
—¿Ves como no habría podido? Eres demasiado consentidor.
—¿Spanien no te consentía?
—Ja, pero no como tú. Estuvo Römer todo el tiempo y gran parte de los motivos de ruptura fueron porque yo no le consentía a él... Hasta entonces no aprendí que debía hacerlo.
—¿Estuvo... Römer?
—Römer competía conmigo todo el tiempo por la atención de Spanien.
—Römer era entonces un niño —razona sorprendido levantando un poco las cejas. Suiza el que no se entera en general de nada.
—Ja, todos lo éramos bastante.
—Está bien que no te consintiera tanto...
—¿Lo está? —pregunta Austria acercándose para abrir el agua de la ducha.
—Ja, eso hace que yo sea diferente.
—Entre otras muchas cosas.
—Muchas otras cosas —asegura poniendo el agua un poquito más caliente
—Eres completamente distinto a Spanien —se acomoda en la bañera porque por lo visto esto no va a ser una ducha rápida. Suiza parpadea porque sí que quiere ducha rápida... Pero se sienta detrás para ponerle el shampoo
—Eso no lo dudo, ni un poco. No sé cómo podías.
—¿Qué te parece tan imposible? —cierra los ojos y echa la cabeza atrás.
—A mi France me... Desesperaba un poco. Hacía cosas incomprensibles.
—Aun no comprendo del todo qué estabas pensando.
—Tampoco se yo qué pensabas con Spanien.
—Bueno, él era un dulce chico de ojos verdes que no había perdido la cabeza y había decidido no volver a hablarme.
Frunce el ceño dejando de masajerarle el coco.
—Yo no había perdido la cabeza, había decidido mostrarte cómo no podías prescindir de mi ayuda para todo.
—Vale, vale, no te enfades... solo entonces yo no lo veía así.
—De hecho prescindiste muy fácilmente de mi ayuda para todo —vuelve a masajear—, y además te enfadaste tú. En realidad, estar con France era un poco lo mismo que me estás diciendo.
—Salvo que yo aún me llevo bien con Spanien y tú no con France.
—Eso es en parte tu culpa.
—¿Qué culpa puedo tener yo?
—La realidad es que tampoco debería hablarte a ti.
—Ah, ¿pero qué, conmigo sí hablas? —tan sorprendido.
—¡Claro que hablo! ¡Más que con nadie!
Austria se ríe, porque era obviamente una broma.
—Pero no debería. Eso que hiciste con él fue aún más vil y ruin que de costumbre.
—¿A qué te refieres?
—Ir a Paris ese día y... Seducir a France o dejar que te sedujera o yo qué sé. Yo nunca hice eso con Spanien.
—Ah... eso fue por ti —toma el jabón y se lava a sí mismo.
—Fue bastante triste —le aclara el pelo y toma un poco de acondicionador.
—Bueno, la idea era que te hiciera suficiente daño para no querer saber nada de nosotros otra vez.
Suiza suspira y le hace un cariñito en la oreja con el pretexto de quitarle un poco de espuma.
—Y funcionó aunque nunca llegara a acostarme con él —añade el moreno.
—Y sí, funcionó lo bastante como para dejarles pelear en mi casa y volverme a mis montañas... Aunque luego tuve que bajar a recoger lo que había quedado de cada uno pensando que sí que se habían acostado, aunque tú digas que no.
—¿Ves? Ese es el motivo por el que tú no podrías seducir a Spanien.
Suiza parpadea.
—¿Cuál?
—Porque eso es lo que tú haces, ser bueno y discreto, no llamar la atención y no molestar hasta que no eres realmente necesario y desear secretamente que alguien note que mereces ser amado por todo ello.
Se sonroja con eso último aunque agradece que Austria le entienda tan bien.
—Estas diciendo que nunca le llamaría la atención a Spanien.
—No con ese comportamiento.
—A veces me haces sentir como que este comportamiento estuviera mal.
—Bueno, no está mal, pero no es el más efectivo —se gira un poco a mirarle.
—Para mí funciona, no necesito seducir a nadie más que a la persona correcta —Suiza se sonroja un poco y el austriaco sonríe—. Y esa persona tiene que salir y vestirse en lo que yo me baño rápidamente.
Suspira y sonríe derrotado pasándose una mano por el pelo oscuro.
El helvético se siente mejor cuando Austria pasa la mano de la forma en que siempre lo hace y Mariazell aparece alzándose por entre el resto volviendo a su lugar.
De hecho últimamente pasan más tiempo sumergidas en él las manos de Suiza de lo que lo pasan las de Austria.
Suiza aprovecha para mojarse un poco el mismo el pelo y lavarse en lo que Austria sale de la tina... Si es que alguna vez lo hace con esa velocidad pasmosa que tiene.
Austria se pone de pie y se estira para desperezarse. Con toda tranquilidad se lleva la toalla de Suiza y se va a por las gafas antes de volver y decidir si se repasa o no el afeitado.
Maldito.
Suiza se lava todo aquello que debe con agilidad y facilidad.
Vale, venga un poco solo, porque está de buen humor. Busca la cuchilla de afeitar y la crema y ect ect.
—Österreeeeeich
—Was?
—¿Has visto mi toallaaa?
—Nein —tan tranquilamente, con ella en la cintura.
Aprieta los ojos y protesta porque Austria tiene una toalla en su casa, convenientemente guardada en una de las repisas destinadas al austriaco...
—¡Pásame la tuya, está en la repisa de abajo!
—No puedo, me estoy afeitando...
Suiza bufa.
—¿Y con qué me seco?
—Ven, sal —desde luego, lo que quiere es verte.
—Pero estoy mojado y hace frío —abre la puerta un poco más y saca la pierna, con un escalofrío.
Mira la pierna y... se debate unos instantes si silbarle o no, la tentación es muy fuerte.
Sale un poco más de la pierna, se le ve el culo ahora... Obviamente de espaldas al austriaco.
Vale, ahora sí le silba.
Se resbala casi se cae aunque no... Es hábil y fuerte.
Austria se ríe y se va a ver si hay supervivientes.
—Verdammt! —detenido de la pared y de la puerta de la regadera habiéndolo mojado todo.
—¿Estás bien?
—¡Es que has silbado!
—Mea culpa —aún se ríe.
—¡Pues no sé por qué!
—Me estabas enseñando tu sexy pierna desnuda así, creí que me lo estabas pidiendo.
—¡¿Cuándo te he pedido algo así?! —semi protesta sonrojadito.
—Estoy seguro que con palabras ni te atreverías a pensarlo —le tiende la mano igual para ayudarle a levantarse.
—¡Por supuesto que no! Estas malas mañana las aprendiste de Spanien.
—Bueno, te has puesto nervioso y te has sonrojado... No lo habrás detestado tanto.
—Sí que lo he detestado... Un poco.
Ojos en blanco.
—Solo por eso no voy a decirte a dónde vamos hasta que lleguemos. O bueno, en realidad, creo que ya lo notaras en el camino.
—¿A caso no lo planeabas igual?—sonríe de lado.
—Ja, pero ahora con más razón —se cubre las regiones vitales al notar que está desnudo y se sacude un poco como se sacudiría un perro para sacarse el agua de encima.
Austria se desata la toalla y se la lanza a la cara.
—¡Eh!
Se ríe dejándole ahí, yendo a vestirse.
Suiza se seca completo más tranquilo, mea, se lava los dientes, se rasura, se pone desodorante, se peina y seguro sale y Austria va en los pantalones.
Calzoncillos, está buscando una camisa.
Así son los Galos ¿Ven?
Aunque ya está el traje de novio sobre la cama de Suiza, no sé cómo, pero ocupándola ENTERA.
Suiza con la toalla en la cintura se SONROJA al ver el traje de novio.
—De verdad vas a ir con ese traje...
—Nein? —le mira.
—A mí me gustas mucho con él —admite—. E impresionas... Yo creo que querremos que impresiones.
—Bien... ¿dónde escondiste el pañuelo dorado?
El SONROJO.
—Nein. He confiscado el pañuelo.
—Bueno, pues dame otro —cero preocupaciones porque bien que lo sabía, de hecho no parece que haya otra opción en cuanto al discurrir de los eventos.
—¿El que traías no sirve? —pregunta tranquilizándose al ver que no insiste y puede conservar su pañuelo bajo llave en su búnker de "cosas austriacas"
—No, claro que no, traía uno blanco con la chaqueta de color, necesito uno de color.
—No tengo un pañuelo de color, liebe —responde el suizo sin pensar sacando unos pantalones del armario.
—Entonces préstame el dorado y luego te lo quedas aquí —igualmente le mira intensamente un segundo con el liebe, sin querer decir nada.
Le mira de reojo, cambia el peso de pie.
—Pero me lo devuelves.
—Estoy seguro que bien serás capaz de recuperarlo por ti mismo si me olvido.
—Vaaaaale, vaaaaale —asiente sonrojándose más aun pero yendo a por la llave que ahora tiene para guardar sus... cosas.
Austria sonríe complacido dejándole hacer, vistiéndose.
Suiza abre con cuidado, solo un poquito, mueve un poco y en unos instantes está el pañuelo lavado y almidonado.
Austria le mira de reojo, se tumba sobre la cama, se estira y tira de la toalla que Suiza lleva a la cintura para que se le caiga.
Porque si alguien cree que no hace maldades y diabluras está muy equivocado.
El SALTO que pega otra vez.
Austria se vuelve a lo suyo, tan inocente... pero sonriendo de lado y mirándole de reojo.
—Schweiz, mein gott, un poco de decoro!
—Österreich! —protesta Suiza—. ¡No es falta de decoro!
—Ya sé que soy yo y estamos en casa, pero tápate un poco hombre... y si te has quedado con ganas antes, dímelo.
—¡Pero si estaba tapado! ¡Solo se cayó! —se cubre un poco con el pañuelo—. ¡Y no es que no pueda aguantar a luego!
—Ah, así que estás pensando en... algo para luego —se levanta, ya prácticamente vestido y se le acerca... mira que le gusta cuando están así.
—Nein! ¡No es que esté pensando nada! Solo... Yo... ¡De verdad se ha caído sola! —da un pasito atrás.
—Tú eres quien ha dicho que podías aguantar hasta... luego, dando por hecho que luego pasara algo —se acerca otra vez.
—¡P-Pues eventualmente! Lo que quería decir es que me has dejado co-completamente satisfecho po-por ahora pero... E-en algún punto...
—Completamente satisfecho... —repite y toma la punta del pañuelo de abajo, subiendo la mano ocupándose de rozarle la cadera y el vientre bastante cerca con el dorso de los dedos.
—E-Es... Decir... –traga saliva con los roces—. ¿T-Tu no lo quedaste?
—No hablamos de mí —tira un poco del pañuelo para quitárselo.
Opone una poca de resistencia.
—Y-Yo... Bu-Bueno pues s-sí.
—Qué... tanto... —se acerca un poco más, susurrando, para desconcentrarlo más como si fuera a darle un beso y poderle quitar el pañuelo.
Suelta por completo el pañuelo al instante.
—M-Mucho... D-Del to-todo.
Y cuando lo suelta, Austria se separa y levanta las manos poniéndoselo... no sin antes echarle un significativo repaso de arriba abajo.
Suiza se queda con los labios en forma de beso. Austria sonríe y le pone un dedo sobre ellos.
—Aun así me gusta cuando yo estoy vestido y tú desnudo.
Gracias por recordárselo. Se sonroja del todo y le da la espalda.
—Si fueras un sirviente mío lo dispondría todo para que siempre tuvieras que presentarte ante mí desnudo y excitado... y cualquier otro modo de hacerlo fuera una ofensa —sigue y ahora tiene que reprimirse para no tocarle el culo.
—A mí n... Was?! —se gira a mirarle porque eso resuena tremendamente irritante y a la vez bastante... Excitante—. ¡No voy a hacer eso!
Sonríe y se encoge de hombros.
—Si fueras mi sirviente tendrías que obedecer esa clase de cosas.
—Y morirme —de la vergüenza y excitación por igual. ¡Austria, como si no estuviera desnudo casi todo el tiempo que quieres!—. Eso es como de uno de esos libros del loco de France.
—Nein, seguramente podría tomarme la molestia de mandar poner un par de troncos más a la chimenea para ti. Tal vez te lo haría hacer a ti, cada vez que tuviera frío te haría hacer venir a calentarme.
—Mira como siempre me imaginas como un sirviente.
—Es que... si fuera al revés, si tú fueras el amo, seguramente yo nada más acabaría despedido por ser un gasto inútil que tú no necesitas.
—Nein, te tendría que poner a limpiar las letrinas. El problema es que lo haces mal.
—Limpiar letrinas, de la cantidad de cosas que podría hacer como tu sirviente...
—¿Co-Como cuáles? —pregunta vistiéndose, aún sonrojado.
—No lo sé, como... venir después de una terrible junta con medio mundo y con mis dedos fuertes —se los pone en la espalda y presiona un poco—. Darte un relajante masaje... y tal vez... —baja las manos por su pecho, abrazándole por la espalda—. Abrazarte y decirte que te quiero hasta que te sintieras tranquilo.
Se sonroja especialmente con esa última parte.
—Pero que me dijeras que me quieres así solo por pedírtelo...
—Es lo que sueles querer de mi —le mira de reojo por encima de su hombro, aun abrazándole.
—¡No es cierto! —se sonroja un poco y se gira hacia el intentando esconderse en su hombro o en su pelo—. No tanto... No todo el tiempo
Sonríe y le da un beso en la cabeza o en la frente... o donde pueda.
—Ich liebe dich...
—Así eres, un dulce pastelito de fresas —se burla un poco.
—No soy ningún dulce pastelito de nada —protesta empujándole un poco con el brazo, Austria le suelta y se ríe.
—No te va a servir de nada negarlo en esta ocasión... solo para demorar más tiempo y llegar aún más tarde.
—¡Cállate! ¡Que es verdad que es muy tarde! —va a vestirse con movimientos rápidos.
El austriaco le mira hacer, sonriendo, parado en mitad de la habitación. Básicamente estorbando. Suiza se hace un nudo súper rápido en su corbata roja y se medió estrella contra Austria varias veces.
—¿Ya estás?
—Ya casi es que... ¡Ugh! Estás ahí en medio
El moreno da un pasito hacia un lado.
—¡¿No tienes otro cuarto donde ponerte?
—Está bien, te esperaré abajo.
—Ya, ya que estoy vestido y listo. ¡Venga, Vámonos! —le mira a él de arriba a abajo y se sonroja.
Hace un gesto pomposo para que pase delante.
Pasa pero cuando está justo frente a él le da un beso rápido en la boca, solo porque trae su traje.
Levanta las cejas sin haberlo esperado.
—Vámonos —le toma de la mano y tira de él. Le sigue mirando y se deja tirar sin decir nada.
Así que ahí se van, en el coche de Austria por ser más espacioso.
No olvides agradecer a Liana su edición y beteo.
