Sin pensárselo ni un segundo Suiza toma la salida hacia la autopista para ir a casa de Austria

—¿Me llevas a Wien?

—Ehm... Ja.

—¿Por?

—Ahora verás —acelera a fondo sonriendo un poquito. Los ojos violetas le miran de reojo, interesado, pero aun sin atar cabos—. Tú tranquilo, mejor Cuéntame de... Deutschland

—De Deutschland?

—Ja, ¿por qué no? O de Italien —él está de MUY buen humor.

—¿Pero qué te cuente qué?

—No sé, cómo están ellos dos. Luego quieres contarme cosas... ¿Están bien ya? ¿Han dejado de pelear por... Ehm... El idiota de Deutschland y su VIOLACIÓN a mi madre?

—Más o menos, Italien aún no ha vuelto del todo, creo que le gusta ir y venir... y yo le echo de menos.

—¿No ha vuelto del todo? ¿De verdad? ¡Pues es lo menos después de eso! ¿Por qué le echas de menos?

—Porque he vivido con él prácticamente toda mi vida y le quiero —resume solo porque eres tú, a otro no se lo diría.

—¿Ya le has dicho que le extrañas?

Niega.

—Seguramente él te extraña también.

—No lo creo, me parece que le gusta poder ir a ver a Rom y a Spanien y Römer más a menudo. Y cuando viene a Berlin ser realmente recibido con ilusión. Además yo también voy yendo y viniendo de Berlín cada vez más, no es justo que le diga eso y lo haga sentirse mal.

—Es verdad eso... Aunque supongo también que cuando va a Berlín con quien habla es con Deutschland lo que hace que tengan poco tiempo entre ustedes

—En general sí, pero no es el mayor problema, porque entonces está ahí y compartimos... las comidas todos juntos o por las tardes mientras Deutschland trabaja viene a sentarse conmigo mientras toco o le oigo reír con Hungría en el jardín... No es necesariamente la persona con quién yo más hablo, pero sí disfruto de su compañía.

—Te iba a decir que podías invitarle un día a casa...

—En realidad estoy pensando en invitarle a la filarmónica, tal vez a él y a Römer —¡No le dejes hacerlo!

—A... La filarmónica... ¿No va a ser eso un poco frustrante?

—Pero les vería más a menudo y...

—Y querrías matarles. Por qué no algo menos grande que la filarmónica...

—Es a donde me estás llevando, ¿verdad? —sigue sin estar seguro, puntos extra por tu absoluta falta de orientación, Austria.

—Ehm... A Vienna? Desde luego, si siempre voy a tu casa por aquí.

—¿Vamos a casa? —mira alrededor por la ventanilla y es que no sabe dónde está, aunque los edificios le suenan. Es decir, los conoce, desde luego, pero no sabe cómo ir a su casa desde ahí.

—No. No vamos ahora a tu casa. ¿De verdad no sabes a dónde voy?

—Deduzco a donde podrías ir por la conversación que hemos tenido antes.

—¡Ah! —le mira de reojo—. ¿Y qué piensas?

—Que me estás llevando a la cena de mecenas del Musikverein... —se quita las gafas y se pellizca el puente de la nariz.

—Ja —asiente tan feliz—. Casualmente necesitan mi dinero y a cambio podré disponer de tu tiempo.

Austria suspira.

—Was?

—Ya no te quiero —bromea un poco, sonriendo. Suiza levanta las cejas con esa conclusión ligeramente infantil de Austria—. ¿Cómo me traes a esto sin decírmelo?

—Vienes como mi pareja... Me hace gracia que me hayan llamado así como si fuera yo cualquiera... Quiero verles la cara cuando vean a quien le están pidiendo dinero.

—Saben perfecto a quien le están pidiendo dinero, por eso te han llamado sin decirme nada... van a considerarte un héroe por conseguir llevarme.

—Dos pájaros de un tiro entonces. Asumo que nunca vas...

—Ja.

—Tampoco es que sea malo que vayas, me hace gracia ser tu mecenas... Vas a tener que ir a cada cosa que me pidan si me convencen de darles dinero.

—Exacto, por eso detesto ir.

—¿Y de verdad necesitan el dinero como para pedírselo a tu marido a tus espaldas?

—Oh, no es a mis espaldas, se supone que yo debía pedírtelo, pero suelo pasar por encima de esas... tareas administrativas y de todos modos creo que Deutschland da el suficiente dinero para cubrir mis responsabilidades contributivas, pero desde luego, nunca hay suficiente, así que conseguir que tú lo hagas también... Sabré quién te ha convencido el lunes, van a darle un aumento.

A Suiza le cambia un poco el semblante con la palabra clave... Austria le mira de reojo, tan cínico.

—¿Hay una cosa en este mundo que se pueda hacer que no haga ya Deutschland por ti?

—Acostarte conmigo, pero ese no es el punto, por lo menos vas a salirte con la tuya.

Suiza hace los ojos en blanco aunque... Bueno, vale, acostarse con él es un buen punto. ¡Pero no lo bastante bueno!

—¡No es que me salga con la mía, es que por una cosa que quiero hacer por ti que me parece que es algo que te gusta a ti, que incentiva tu arte y que te gustaría y me saltas con que Deutschland les da ya carretonadas de dinero en tu nombre!

—Te sales con la tuya porque eso que tú piensas... lo piensan todos los inversores.

—Pues justamente. ¡Para que darte dinero para algo si ya Deutschland es tu mecenas! No es necesario ni ir pues, ni tú tienes que ir, Deutschland ya se las arregla.

—Exacto. Porque ir ahí implica que todos consideran que como van a donarnos dinero, desde luego estamos en deuda con ellos, así que pueden tomarse ciertas libertades y pedirnos hacer toda clase de cosas como monos de feria que desde luego nosotros... estamos obligados a hacer. Así que... ahí tienes, me querías como tu sirviente.

—Ya... Eso veo, aunque Deutschland...

—No creo que él vaya tampoco, ni siquiera sé si sabe a qué contribuye con esa donación ni si es consciente de las ventajas.

—Pero es casi... Como si ÉL fuera en la vida práctica...

Los ojos violetas le miran de reojo.

—Tu marido y no yo —igualmente, no ha dejado de ir para allá.

—Si hacerse cargo de un par de cuestiones administrativas te convirtiera en marido de alguien él estaría casado con media Europa.

—¡Esto es darte dinero de mecenas! ¡No es lo mismo!

—Seguro estará encantado que tú te ocupes en adelante si te hace ilusión.

—Nein, danke. Te daré una pequeña donación.

—Schweiz, no puedes enfadarte cada vez que Deutschland aparece involucrado en un aspecto de mi vida.

—Es que no me enfado cada vez que aparece en tu vida, solo es... La verdad tienes todo, TODO cubierto ya, en gran medida por Deutschland.

El austriaco se encoge de hombros.

—Así que darte dinero para el Musikverein es una de esas cosas. Aun así pensé que tendría gracia ir contigo así de sorpresa como tu marido.

—Ya te he dicho que van a estar encantados contigo.

—Más que con Deutschland que ni siquiera sabe que puede ir. Además tengo nuevas inversiones en tu casa, seguro podré deducir impuesto —le mira de reojo pensando en si habrá sido un poco duro con esto—. Además vas con ese traje —agrega —. Creo que vamos a dejarlos mudos a todos.

—No te pongas celoso si tengo que complacer a alguna ancianita —le mira de reojo.

Las cejas rubias al cielo otra vez.

—¿Ah? ¿Qué va a haber más gente?

—Desde luego, es para todos los inversores y mecenas y con todos los músicos y las personas que trabajan en el Musikverein.

—Verdammt, ¡con razón no funcionan estas cosas! ¡Para que la gente te de su dinero tienes que atenderla personalmente!

—Esta es una forma de... alardear del dinero, así que a la gente le gusta mostrar que son los que más dinero pueden donar sin reparar en la cantidad frente a los demás.

Suiza hace los ojos en blanco.

—Seguro a Deutschland le encantaría este evento entonces, él suele tener ese gusto de demostrar que no hay nada que todo su dinero no pueda pagar. ¿Y... a que te refieres con complacer a una viejita?

—¿Quieres que le llame y le invitemos?

—Nein, Nein... La viejita, vuelve a la viejita.

—Lo que ocurre es que... ahora lo verás. Suele ser un catering y la gente toma alcohol y come de pie, hablando unos con otros... y siempre hay melómanos en eventos como este y es habitual que a uno u otro músico o bailarín les pidan... exhibiciones o muestras de los proyectos futuros que están patrocinando.

—Yo pensé que sería una cena con un grupo de personas que me presentarían sus planes... ¿Cielos, cuánto dinero quieren? ¿Cincuenta euros?

Se ríe el austriaco por el comentario.

—¿Y qué te va a pedir una viejita que hagas?

—Nein, ya lo verás, esto no es un banco. Liebe, esta es una... actividad menor.

—Eso estoy viendo. Les daré el vuelto y ya está... Quizás pueda pedirte que toques el violín... O a esa chica, Lana, ¿Lena? Qué toque el cello si alguna de esas viejecitas se pone muy persistente contigo.

—Lena, ella toca el violín, Schweiz... aunque creo que para ti tocaría hasta la pandereta si se lo pidieras.

—Eso dices tú —se sonroja un poco con eso—. Pues que me toque el violín.

—Mientras no te toque la flauta.

El helvético se sonroja, mientras su compañero vuelve a reírse.

—¡Sin doble sentido! Y más vale a la viejita no tocarte nada, que va a sentir mi pistola.

Se ríe más.

—¡Es decir, la de metal

—Seguro estarán más encantadas contigo entonces.

—Was? ¿Con que les saque la pistola? —empieza a estacionarse tras el Musikverein.

—Ja, desde luego, seguro nadie le saca algo como eso en mucho tiempo.

—Una pis... Österreich! Hablo de esta —le señala la pistola

Risas de nuevo de parte del austriaco.

—Esa creo que me vetan del Musikverein... Como cuando disparé.

—Ja, así que mejor guarda todas tus pistolas a buen recaudo.

—No voy a dejarlas en el coche —asegura poniendo el freno de mano y abriendo la puerta.

—Bueno, pero que no salgan de tus pantalones.

—Ninguna nada va a salir de mis pantalones a menos que... —se detiene antes de terminar, gracias a todos los cielos.

—Was? —está esperando dentro a que vayas a abrirle la puerta.

—Nada —le mira de reojo y... No es la primera vez que tienen esta situación así qué...—, voy.

—Me interesa saber ese a menos qué...

Suiza se sonroja y se va a darle la vuelta al coche deseando que se le olvide aunque sabe no pasara. Austria espera una respuesta cuando abre la puerta.

—Ehm... Baja.

Lo hace, mirándole.

—No voy a decirte a menos que qué porque ya lo sabes.

—Claro que no —le toma del brazo.

Le deja, cerrando la puerta y volviendo a pensar que se ve JODIDAMENTE GUAPO con ese traje. Deslumbrante (debe ser el Dorado) y completamente perfecto.

—Va a envidiarme todo el Musikverein —susurra.

—Seguramente —sonríe. Suiza hace los ojos en blanco y le pone una mano sobre la suya.

—Anda, llévame a donde debamos ir y recuerda que vienes como MI pareja.

—¿Y eso qué significa? —le dirige a la puerta principal.

—Que lo que no quieras hacer puedes tener ese pretexto, de que yo que soy tu principal benefactor... ¡O yo que sé, tú eres el que sabe esas cosas!

—Pensaba que te referías a que tus demandas debían tener preferencia.

—Bueno, eso... Eso es. Mis demandas tienen que tener preferencia, eres mí... Títere o como sea que lo dijeras. Que se consigan a otro miembro de tu orquesta para que les haga caso, hay chicas y Maximilian.

—¿Títere? —responde un poco indignado cuando alguien grita "Herr Österreich!" Y literalmente se desata el caos.

Todo el mundo se gira y acto seguido la marabunta de gente hablando a la vez se le acercan como si fuera el mesías reencarnado en la tierra. Desde luego, Suiza es completamente ignorado, empujado y apartado, mientras se desata la locura.

Suiza levanta las cejas aún sin saber qué es lo que le está pasando por encima. Son personas, querido, personas, y tú les importas un pimiento.

Básicamente.

Suiza pelea unos segundos porque no le separen de Austria pero es inútil, todos están demasiado impresionados e interesados con él y demasiado poco por el helvético, termina en un rincón, como sieeeeempre.

Lo siento.

¡Se suponía que él iba a ser el mecenas que iba a impresionar a todos!


No olvides agradecer a Liana su edición y beteo.