Suiza el necio la encuentra después de rebuscar un poco, mirando a Austria de reojo.

—¿L-La llamas, bitte?

—¿Yo? Nein.

—Es que si le pides que venga va a venir yo... —vacila y se gira a ella—. L-Le-Le... Le... ¡LENA!

Ella oye la voz de Suiza, se sonroja de muerte y trata de fingir que no le oye.

—¡Lena! —hace gesto con la mano.

Hace para no mirarle.

—¡Eh! ¡Lena! —otros gestos ahora con las dos manos.

Hasta pide disculpas a la gente con la que habla para irse en dirección contraria porque ellos le oyen. Suiza se abre paso entre la gente otra vez.

Austria va detrás tranquilamente, pidiendo un momento a todo el que le habla.

—Lena, bitte, ¿puedo hablar contigo un minuto?

Ella va a esconderse al baño de mujeres. Suiza mira a Austria de reojo.

—Con solo un "ven" tuyo, vendría —protesta un poco.

—Desde luego, pero no estoy aquí para ayudarte.

—Pues solo podemos esperar aquí a que salga del baño.

—No va a salir, está escondida.

—Ugh... —abre un poco la puerta del baño cerrando los ojos. Abre uno para ver si hay alguien más. Está ella lavándose la cara intentando calmarse.

—¿Lena? P-Puedo ha-hablar contigo u-un minuto, bitte.

—Was!? ¡Este es el lavabo de señoras!

—Ya lo sé pero estás escondida aquí y de verdad es importante que me dejes decirte esto.

—No quiero saber nada de...—se queda muda cuando Austria entra tras Suiza, que se sonroja al notarlo, tragando saliva y mirándose los pies.

—T-Tengo q-que...

Austria parece haberse olvidado de como sonreír. Lena traga saliva con la mirada de Austria.

—H-Herr...

—Re-Respecto a-a l-lo que ocurrió hace u-un rato...

—¡NO OCURRIO NADA! —grita ella y se acerca a Austria—. Lo lamento, Herr, lo lamento mucho, mucho, por lo que a mí respecta esto no ha pasado ni volverá a pasar nunca jamás. Ojalá pueda perdonarme.

—¡Fue mi culpa, yo no sé hablar con las personas y te di a entender algo incorrecto!

—¡Bitte, no me dirija la palabra nunca más! —chilla ella para Suiza, que aprieta los ojos y cierra la boca.

—Lo siento —susurra rascándose la frente, incómodo.

—H-Herr Österreich, bitte... —suplica ella.

—Ha sido mi culpa, Österreich, no debí hablar con ella desde el principio ni pedirle nada. Yo le pedí que viniera conmigo y yo le dije cosas que podían malentenderse.

—¿Y por qué lo hiciste, Schweiz? —pregunta Austria haciendo callar a Lena.

—Porque... —vacila y se sonroja un poco más y baja la voz—. Bebí un poco y me relajé. Yo soy malo para hablar con la gente, solo pensé que era una conversación amigable y soy muy torpe para mal entender los sentidos dobles a las cosas... No estaba pensando claro y embauqué a esta chica.

—¡NO ME EMBAUCASTE!

Suiza no creía que esto pudiera ponerse peor, hasta que la oye gritar.

—¡Eres un idiota que no entiende nada! ¡Y no me gustas, ni me has gustado, ni me gustarás nunca de ningún modo, no quiero volver a verte nunca ni que me hables!

Suiza parpadea sin entender del todo lo que está pasando, sonrojándose un poco con todas esas declaraciones la chica considerándola muy familiar y a la vez... Vergonzosa. Le había besado y podía asegurar que sí que le gustaba.

—L-Lo siento, d-de verdad...

—B-Bitte, Herr Österreich... bitte, bitteschön —sigue suplicando ella en un lloriqueo, así que él hace un gesto con la mano para que se vaya, y ella lo hace con la cabeza gacha.

Austria le mira fijamente a él. Suiza suspira.

—Es todo más fácil cuando cierro la boca, ya lo sé...

—Por lo menos cuando la mantienes lejos de la de los demás.

—Esto nunca me había pasado. No sé ni qué me ve —se sonroja un poco.

—¿Qué es lo que no te había pasado? —pregunta levantando las cejas.

—Gustarle a una persona normal... Bueno, en realidad gustarle a alguien. Mira que contigo costó y aún no sé si solo es que te has acostumbrado.

—¿Perdona?

—No es que sea tú que le gustas a todos, o France o tu madre.

—¿Qué es eso de costumbre? ¿Esto tratas de sacar ahora?

—No entiendo —Suiza parpadea.

—Intentas que te discuta y te diga que sí te quiero y sí me gustas solo para sentir que todo está bien y te he perdonado.

—Nein, intento decirte que me ha tomado por sorpresa gustarle —responde sonrojándose—. No está mal que te hayas acostumbrado, solo... Ya lo has dicho tú en alguna ocasión, no llamó la atención a la primera.

—No tientes tú suerte... —ojos en blanco.

—Österreich... ¿De verdad crees que me interesa alguien más que tú? —pregunta seriamente, mirándole a los ojos—. ¿Crees que no estoy lo bastante comprometido contigo?

—Nein, creo que no eres consciente de lo bien que te ha salido las cosas esta noche a pesar de todo.

Suiza parpadea con eso otra vez tomado por sorpresa.

—Solo porque no esté montado en cólera ni haciendo un drama no significa que esto vaya a resolverse y olvidarse así —explica el moreno, serio. A Suiza se le acelera el corazón.

—No me gusta hacerte enfadar, menos aún por un accidente...

—Bien, pero mejor deja de cuestionarme solo para conseguir mis halagos porque hoy desde luego no te los mereces.

—¿Cómo se resuelve esto?

—Nada más arrepintiéndote un poco y dejando que piense en ello más fríamente.

Asiente suavemente arrepentido de haber venido siquiera. Debían haberse quedado en casa. En la tina.

—¿Puedo dormir en la misma cama que tú hoy? —pregunta mirándole a los ojos y aunque parezca una pregunta, es... Una solicitud. Por favor no me eches del todo.

—Bueno, tú decide de qué eres merecedor.

—Soy merecedor de dormir con mi esposo, ja.

—Bien —sonríe un poco porque eso significa que no es realmente tan grave.

Casi se le doblan las piernas cuando le ve sonreír aunque sea levemente. Se rebusca entre la ropa y saca su chequera.

De repente, una ancianita entra al baño de mujeres porque... bueno, esas cosas que les pasan a las ancianitas.

Y cuando les encuentra a los dos se sonroja un poco y pide disculpas, riendo un poquito.

—Oh... Ehm...

—Nein, nein... este es el baño adecuado, ya nos íbamos —responde Austria yendo a la puerta.

—Disculpe nosotros solo estábamos...

La ancianita se sonroja un poco cuando Austria pasa por su lado. Suiza pasa atrás de Austria y hace una especie de extraña genuflexión y luego sale corriendo.

—¡Espere! —pide ella. Suiza se detiene casi en seco.

—¿Y-Yo?

—Es usted el... director de la Wienner Philharmoniker, ¿verdad?

Suiza se gira a Austria

—Nein, la Wienner Philharmoniker no tiene director —responde Austria.

—Pero es alguien muy importante —interviene Suiza. Austria sonríe un poco con ese comentario.

—Pero usted la dirige a menudo, mi memoria no es la que era y mi vista tampoco, pero aseguraría que es usted, ¿verdad?

Suiza decide cerrar la boca y asiente igualmente para la mujer aún con la boca cerrada.

—Ja, a veces les dirijo en la medida que se dejan —responde Austria más relajado.

—Y lo hace mejor que nadie —insiste Suiza en el tono de Liechtentein.

—Solo quería felicitarle, soy una gran fan suya. Yo era profesora de oboe en el conservatorio de Ginebra.

—Dankeschön —responde para ambos.

—¡¿D-De Ginebra?! —suelta Suiza todo impresionado.

—Es una ciudad muy bonita, ¿han estado ahí? —les pregunta ella.

—Ja... De hecho yo soy... de Schweiz —susurra Suiza en respuesta.

—Alguna que otra vez, no es mi ciudad favorita de Schweiz —responde Austria. Suiza se sonroja mirando a Austria de reojo.

—¿Ah... nein?

—Nein, aunque admito que hay cosas muy interesantes y el conservatorio tiene buena reputación —le sonríe—. Algunos de los mejores músicos que he conocido estudiaron ahí.

Suiza levanta las cejas y mira a Austria de reojo sin saber a qué se refiere con eso... Pensando en...

—Was? ¿Cuáles músicos?

—Ah —ella sonríe de nuevo sonrojándose un poco de nuevo.

—É-Él de-debe saber lo que dice... Debería invitarle algún día a dirigir allá. No creo que pudiera negarse —suelta Suiza.

—Ah, ¡desde luego estarían encantados de recibirle!

—Dankeschön —responde Austria asintiendo—. Lo pensaré.

—E-En fin... Nos tenemos que ir al baño de hombres porque este es el de damas y...

—Danke —responde ella asintiendo suavemente con la cabeza y entrando al baño.

—U-Un gusto... Encontrarla... Y siga tocando bien el oboe o lo que sea... —gesto raro de Suiza de nuevo.

Austria le mira de reojo porque le parece que está retirada y de todos modos ha sido raro que Suiza fuera quien le pidiera que lo invitara a Ginebra. Suiza toma a Austria de la mano con suavidad y se la aprieta un poco

—Ven, vamos a casa.

Austria suspira y asiente, yendo tras él.

Suiza le hace un cariñito suave en la mano y le mira de reojo.

—¿Qué quieres cenar? Puedo prepararte algo —propone.

Suiza está muy consternado. Porque además no acaban la historia y Austria no le ha contestado y está enfadado.

Pero si ya está, se iban a casa.

Pero Suiza necesitaba un momento de reconciliación y algo un poco... Más... Aunque vemos que Austria ya está en lo que sigue llamándole pobre cabrero y pegándole etiquetas de pervertidoooooo.

Solo para que lo sepa, creo que Suiza se le va a colgar a Austria en un abrazo toda la noche, y creo que le subirá desayuno a la cama. Aunque dice que... NO ES UN CABRERO.

Y Austria cínicamente puede hacerse el enfadado tres días más consiguiendo que Suiza haga toda clase de cosas. Y luego ir y besar a alguien más y fingir que no es para tanto

Ir a... Besar a alguien más…

Eso balancearía las cosas.

Aunque no le garantizo que eso le dé a Austria más espacio para dormir.

Suiza puede elegir a quien debería besar.

A una chica del banco. Aunque Suiza dice que él no beso a la chica, que ella le besó a él.

¿Una chica cualquiera del banco es equivalente de alguien a quien le gusta Suiza?

Suiza asegura que Austria le gusta a todas las chicas del banco y no va a elegir a Prusia ni a... Nadie de ellos.

¿Lo hace?

Austria le gusta a todos los suizos. A todos. Suiza está seguro de ello.

¿100%?

Y no está pensando por lo visto, le has puesto nervioso

Bueno, para ser sinceros... Inglaterra cree que un 100% de los ingleses DETESTAN a Francia.

Lo cual no es mucho mejor.

¡Sí lo es!

No, no lo es.

Suiza se hace bolita contra Austria, que lo atraaaaaae hacia sí y le hace pat pat.

¡Al fiiiiin le hace pat pat! Ahí van los susurritos de amor en una larga letanía.

Es que no se puede luchar contra Suiza, ¿ves cómo pierde todas las batallas?

Es que además le veo entre susurritos diciéndole toda clase de cosas dulces y lo bonita que es su vida ahora y lo feliz que está no, creo que contra Suiza así es difícil. Y puede que hasta se le escape un "bitte no me dejes que toda la vida sin ti ha sido un infierno".

Austria suspira y le abraza más fuerte. Suiza se queda súper dormido en 0,… con una llave de Judo de abrazo. Por lo menos Austria no pasa frío.


No olvides agradecer a Liana su edición y beteo.

Y hasta aquí, muchas gracias por leer.