Noche eterna

En una cueva ya cercana a Ponyville oculta entre grandes árboles se, encontraban Spitfire y Clara, ambas veían el nuevo cielo, nublado al completo y la luna sangrante dando la única luz en el cielo. No quedaba estrella viva que le diera felicidad a ese cielo que parecía el infierno, ese cielo que ahora cubría todo el globo.

-¿Qué ha pasado?-cuestionó Spitfire

Por otro lado, no tardo nadie en darse cuenta de que el sol hace un rato que debió haberse alzado, en Canterlot esto preocupo a los guardias que acompañados por Shining Armore fueron con Celestia quien veía a al cielo nocturno. Shining se acercó y dijo:

-Majestad, creímos que algo le había pasado ¿Por qué aún no ha alzado el sol?

-No puedo… el poder de un alma en pena me lo impide… el poder de una diosa muerta -dijo Celestia.

-¿A qué se refiere alteza? – cuestionó Shining.

-La era de las tinieblas ha empezado… bienvenidos a la noche eterna -Aclaro Celestia

Esto dejo perplejos a los guardias, sin palabra alguna, unos corrieron fuera de ese cuarto, otros se quedaron estáticos. En Ponyville, Twilight y Hope quienes apenas llegaban solo podían mirar el cielo con preocupación y asombro, como muchos otros. Un cielo tan tétrico solo lo había visto en libros y leyendas, no tardaron mucho en llegar al castillo, Twilight entró junto a Hope y dándole un vistazo más a su nuevo cielo, cerró el portón. Hope subió a lo que era su alcoba mientras Twilight se dirigió a la sala del mapa, su sorpresa no fue menor y cuando vio el destrozo ocasionado, una silla destrozada yacía sobre el mapa y en la silla que le correspondía a ella venia escrito un mensaje que le paralizo la sangre. El mensaje decía: "Tu nunca serás su madre, ¡Ella me pertenece!"

Debajo de este mensaje solo estaba escrita la letra F. Twilight quedo aterrada, su mente quería pensar que era una mala broma de alguien que conociera quien era la verdadera madre de Hope, todo era mejor que creer que una muerta hubiera vuelto a la vida. Era algo que simplemente no se podía creer, su mente racional no la dejaba, pero en ese momento volvió a sus recuerdos: Ella la había intentado revivir con magia negra.

El grupo de Rainbow quienes también ya estaban en Ponyville veían el cielo, ese mismo cielo que acaparaba toda la atención de aquella noche.

-¿Qué ha pasado con la Luna, con las estrellas? – pregunto Scootalo nerviosa

-Lo ignoro, pero lo que, si se es que casi hemos llegado, Scoot, Gilda, ustedes y yo iremos de aquí a Clousdale y traeremos el equipo que se quedó en la casa de Spitfire -aclaró Dash

-¿No la esperaremos?-cuestionó Marable Pie

-No podemos esperar más, debemos iniciar la cacería- sentenció Rainbow

-Deberíamos esperar a Spitfire…-dijo Marable en voz baja.

-He esperado durante quince años para dar caza a esa bestia… No esperare más. Scoot, Gilda vámonos -aclaró Dash emprendiendo el vuelo a Clousdale.

Marable ignorada por el grupo solo se apartó y se sentó a un costado de Sugarcube Corner. Las dos pegasos y la grifo no tardaron mucho en llegar a Clousdale la cual parecía un pueblo fantasma, no había un alma caminando por sus calles. Sin embargo, a ellas solo les interesó llegar a la casa de la antigua líder wonderbolt.

Una vez en la entrada de la casa Rainbow intentó abrirla, estaba cerrada solo Spitfire tenía la llave para entrar. El único ojo que Dash poseía mostró una cólera que no se molestó en ocultar, observó a Gilda y le dijo:

-Gilda, derriba esta puerta.

La grifo solo hizo un ademan afirmativo retrocedió un poco y cargó contra la puerta, esta no resistió y cedió al impacto. Dash entró con tranquilidad y fue directo a donde estaban todas las armas, siguiéndola entraron Gilda y Scoot fueron a la mesa donde estaba el equipo y lo comenzaron a cargar en tres maletas, espadas de plata, ballestas, virotes con punta de plata, estacas de madera, frascos de agua bendita era solo un poco de lo que poseían. Gilda, sin embargo, se fijó en una armadura de plata que le calzaba perfecto.

-Creo que me quedare con esto -dijo Gilda.

Dash al escuchar, le lanzo la parte que le faltaba de la armadura, unas garras de plata tan afiladas como una katana. Al salir de ahí con el equipo parecían paladines, traían las tres mochilas cargadas al maximo, una con armas, una con trajes y tercera con el resto del equipo. Cargadas con lo que necesitaban se fueron de ahí dejando solo pocas cosas en la mesa.

Al regresar a Ponyville se reunieron con los demás y dejando las maletas en el piso Dash sentenció:

-ármense.

Maud al ver esto se volvió a acercarse mientras todos se adueñaban de una parte del equipo. Ella en cambio lo único que tomó fue una pequeña daga de plata y una espada no quiso llevar más, en cambio los demás llegaron a un punto en el que parecían más soldados que otra cosa.

-Dash. ¿ahora qué? - preguntó Moon Dancer

-Es hora de empezar la cacería y creo que se dónde empezar a buscar.

Con esto dicho el equipo partió, Dash planeaba buscar en el último lugar donde habían existido ataques. El ataque a los batponys había sonado con gran fuerza a lo largo de Equestria, sería el primer lugar de búsqueda de Dash.

Por otro lado, Spitfire y Clara habían reiniciado su caminata hacia Ponyville, en cierto punto del camino Clara se detuvo y preguntó:

-Maîtresse, ¿Dónde vamos?

-A Ponyville se supone que ahí me esperan -respondió Spitfire pensando: "me esperan si no pensó en dejarme atrás Dash"

Al poco rato de caminar se escuchó un canto oscuro, apagado y lúgubre. Ambas se detuvieron en seco. Clara se giró en la dirección en la que lo escuchaba y camino hacia este, Spitfire la siguió lento y le dijo en susurro:

-No vayas

-Pourquoi? -preguntó Clara.

Spitfire estaba por contestar cuando vio salir un humo rojizo de donde venía el canto, cada vez en más cantidad. La pegaso puso un casco en el hombro de la unicornio y le dijo:

-Hay que retroceder, lento.

-Oui -afirmó Clara

Mientras retrocedían, de la niebla comenzó a salir la figura de un alicornio, al salir de la niebla lo que vieron, fue a esta figura de pelaje azul oscuro ahora palidecido, crin majestuosa brillando en un tétrico rojo sangre como su cola y unos ojos muertos tan rojos como tétricos rubíes. Su cuerpo tenía un aspecto esquelético mortal, sus alas se encontraban maltratadas al igual que todo su pelaje. Analizando un poco, se podía identificar la figura de la difunta monarca de la noche.

-¿Lu… Luna? -dijo Clara nerviosa.

En Respuesta al nombre, la criatura fijo su mirada en ambas y de la niebla sacó una guadaña ya conocida por los lectores, pero en esta ocasión se parecía más a la guadaña de la parca que a la guadaña de la diosa. Spitfire comprendió el peligro en ese momento y agregó apresurada:

-No lo es, ¡corre, corre! ¡ya!

Ambas comenzaron a correr en la dirección contraria, pero el alma en pena de la diosa, incapaz de reconocer aliados de enemigos fue tras ellos con la guadaña en alto.