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Not that girl
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Una vez escuché una historia interesante de Texas de parte de una cita de una noche que pisaba el camino a cada día a veces durmiendo en su vehículo bajo las estrellas por falta de efectivo o de interés en bañarse en un hotel. Me invitó unos tragos pese a que era menor de edad. Lo hicimos en su destartalada van, me regaló una hermosa rosa del desierto y accedía a apagar sus cigarrillos cuando yo se lo pedía. Él no sabía donde dormiría al despertar cada mañana, no era tan atractivo ni tan joven, solo era… interesante.
El decía que en este pueblo de Texas un padre se había embriagado y había peleado con un feligrés, había sido todo un escándalo, después a la siguiente misa dominical su iglesia estalló matando a toda la congregación, y muchos dijeron que fue su culpa.
Qué pasó con él después no se sabe, pero lo culpan.
Yo realmente no sé si creer esta historia, pero la vieja puritana de Midland, la señora Mirtle Jones, también había oído la historia y la creyó. La ponía de ejemplo a cada momento diciendo lo afortunados que éramos de tener un párroco de reputación intachable y que los jóvenes no acudíamos a la iglesia con la frecuencia que deberíamos si estábamos más ocupados buscando vicios y tocándonos a nosotros mismos nuestras partes sucias.
Estaba loca. De haber practicado los tocamientos sucios para autocomplacerse que tanto censuraba ante su viudez en lugar de molestar a la gente tratando de convertirla seguramente habría logrado una vida más pacífica y placentera. Pero no. Ella prefería decirnos que con cada fornicación, con cada masturbación, con cada pensamiento pecaminoso de nuestras mentes saturadas de hormonas, Jesús lloraba sangre.
Sí, estaba loca. Pero era de la clase de loca religiosa, no loca demente psicótica, ese es otro nivel de locura.
La Sra. Mirtle nos llamaba prostitutas a cualquier chica que usara una minifalda o mostrara su abdomen, así que siendo el noventa por ciento de chicas en Midland las que usamos minifalda no era raro escucharla condenándonos al infierno por nuestra promiscuidad ensalsada antes de persignarse.
Ella gritaba con un megáfono sobre el Joker como una semilla del mal cuando empezaron a salir los reportajes en la televisión. Todo lo que viniera de él era malvado, era obra del maligno.
Cuando asaltó el banco de la ciudad lo llamó una lección, y vaya que celebró su muerte.
En cuanto se liberó la información de la ausencia de cuerpos en el auto del Joker en el desnivel donde solo estaban los de sus secuaces pero no los de mi amiga y el criminal, ella juró que aquello había sido obra de Luzbel.
El día del suceso, los ataques y su supuesta muerte yo lloré esa y la noche siguiente porque creí que Harley estaba muerta. Y vaya que respiré aliviada en la noticias de la tarde días después al enterarme de que no había muerto sino que milagrosamente y de una excepcional manera habían logrado burlar a la muerte haciendo un espectáculo del engaño.
Un camión los había recogido por medio de cuerdas para concretar su fuga de la policía, se escaparon en sus narices mientras intentaban apagar el incendio de donde no estaban en realidad. La policía creyó que en el auto todos habían muerto y no se ocuparon en seguir o rastrear al camión sino hasta mucho después.
La genialidad del movimiento vino en que los cuerpos chamuscados habían sido robados de la morgue del hospital general esa misma mañana.
Todo el plan había sido llevado como una obra magistral perfectamente orquestada.
Pasaron dos meses sin noticias de Harley, se improvisó un altar conmemorativo a las afueras de la escuela, se hacían campañas en televisión, me hicieron algunas entrevistas, y yo incluso acabé por unirme al grupo de oración cristiano de la escuela aterrada de lo que fuera que el Joker pudiera estar haciéndole a mi mejor amiga. Y lo admito, realmente recé, recé para que la matara rápido y sin hacerle daño de manera irreparable, era mejor un tiro de misericordia que las atrocidades que es capaz ese sujeto. Era un desquiciado.
Harley era blanca, rubia, de ojos azules, estudiante de buenas notas así algún escote le consiguiera una A+. Era un ángel en la foto de la alerta Amber. La nación entera la buscaba.
Así un día hubo un arresto. Una chica intentó robar dulces en una tienda de autoservicio. Fue arrestada exactamente dos meses y tres días después de la desaparición de Harley. Y la chica capturada robando resultó ser nuestra Harleen Frances Quinnzel de Midland Town, solo que bastante más cambiada e insolente.
El arresto de Harley robando terminó por guiarlos al escondite del Joker quién en esos momentos se encontraba sin secuaces y vivía solo en un departamento allanado al que se había mudado con Harley. En ese lugar no lo encontraron y de los secuaces que sobrevivieron nada se supo tampoco.
Harley en su celda estuvo cerca de ser tocada por un borracho y ella le dio una patada que lo mandó al hospital, luego miró a los demás preguntando si intentarían hacerle algo y todos negaron con la cabeza. Harley ya era insolente desde antes, pero se mantenía a raya. Después de lo que fuera que el Joker le hubiera hecho esa línea desapareció, se borró sin más ni más.
Cuando quisieron interrogarla con presencia de sus padres ella solo se reía de los policías y los hacía pasar vergüenza por su comportamiento provocativo.
—Descuiden, la avergonzada soy yo por haber sido capturada robando —les decía, e incluso a mí me costaba trabajo verla tan cambiada cuando me permitieron hablar con ella para ver si influía en algún sentido.
—Oh Ivy— me dijo—, no tienes idea de las estupendas vacaciones que me he tomado. El mejor viaje de mi vida
Yo no entendía mucho de lo que decía, estaba más en su mundo imaginario que en la realidad, más coqueta de lo normal, risueña. Ni siquiera yo podía alcanzarla donde sea que estuviera ahora.
Era otra su mirada. No se trataba de la misma Harley pese a tener el mismo rostro y la misma voz. Sus inflexiones eran burlescas y seductoras, pero ahora en vez de ser divertidas tenían un tinte un tanto siniestro.
Ahora ella era peligrosa.
—Señorita, la encontraron robando en una tienda—intentaba explicarle un oficial.
—Robando, no asaltando, así no había heridos. Y es un delito menor comparado con la verdadera razón por la cual estoy aquí. Ustedes quieren saber sobre el Joker
—¿Sabe dónde está?
—No sé nada— dijo ella—, vivíamos juntos, hoy ya no dormiré bajo el mismo techo que él, fin de la historia
Luego de decir esto se rio como desquiciada hasta doblarse por el dolor del estómago y lágrimas en los ojos. Se tiró al piso.
—Están en serios problemas oficial…
Ninguna autoridad supo cómo mirarla por su comportamiento.
—Entonces señor azul, ¿Cuánto tiempo debo permanecer aquí? ¿Mi familia pagará la fianza o debo valerme por misma ahora? Porque dependiendo de su respuesta quiero mi llamada
Esa llamada de auxilio que pidió creyeron que los llevaría al Joker y solo le permitieron hacerla cuando estuvo preparado el equipo de localización.
Pero a quién llamó por dinero fue a mí, no a él, ni siquiera a su familia.
Sus padres no tenían ni un centavo, estaban avergonzados pero seguían siendo responsables de ella. Yo puse todos mis ahorros para sacarla.
Ella salió mascando goma de mascar de quién sabe qué procedencia. Afuera de la comisaría su madre la golpeó severamente.
Harley aceptó los golpes, que la despeinara, no le importó.
Lo que preocupó a todos fue que ella se reía con cada golpe y provocaba a su madre a que la golpeara incluso más fuerte.
—Vamos, no te contengas mami —decía—, sé que puedes darme más fuerte, no seas estúpida. Vamos, golpéame… hazlo ¡hazlo! ¡Pégame! A mis ideas les gusta revolotear en mi cabeza
La Señora Quinzel se cansó y asustó más rápido que su hija quién limpiándose la sangre de boca y nariz la llamó cobarde.
Quedó claro que Harley necesitaba ayuda, pero cómo la iba a recibir y cómo se iba a coordinar el gobierno para brindársela faltaba aún por aclararse.
Entonces mientras yo me quedaba dándole un pañuelo a mi amiga ella se mostró digna.
—Por favor Ivy, te lo advierto desde ahora, si escucho Síndrome de Estocolmo de parte tuya juró que me habré quedado sin amiga. No le hables al psiquiatra de psicología. No tienes idea de cómo soy ahora, pero te puedo asegurar que soy más feliz y libre de lo que he sido nunca
Esa vez no pude responder.
La loca Mirtle fue la primera que lo gritó a los cuatro vientos en el parque Lawton-Riggs al divisarnos camino a mi casa.
—¡Prostituta! ¡Prostituta! — le gritó —has yacido con el diablo, tu alma está marcada por el mal, irás al infierno Harleen Quinzel, por tu concupiscencia, por tu vicio carnal
Mi rubia soltó un carcajada, hizo una reverencia y luego con una sonrisa le respondió después de una pirueta de ballet:
—Que lindos cumplidos dedica señora santurrona
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