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Psycho love
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Harley tomaba el autobús más no entraba a la escuela, faltaba a todas sus clases leyendo, mascando goma de mascar, fumando o practicando rutinas de gimnasia en el campo de fútbol de la escuela.
Hablaba conmigo, seguía siendo su amiga, pero ahora había un muro entre nosotras que no podía cruzar. Era territorio desconocido. Jamás me sentí tan excluida.
El dúo dinámico y ardiente de la rubia y la pelirroja se separó.
Esto me dolía mucho pese a la indiferencia que fingía.
Sucedió que fuera el FBI o la CIA los que se hartaran volvieron a detener a Harley por obstrucción a una investigación para capturar al Joker acusándola también de mentirle a la policía. Harley subía los hombros, hacía caretas y sacaba la lengua. Intentaron amenazas, sé que incluso la golpearon un poco, pero ella no hacía sino reirse y burlarse.
—No sé donde está. Es la verdad lo juro. Siendo honesta lo extraño muchísimo. Me hace falta, ya sabe, es la clase de hombre que hace latir tu corazón hasta que quiere salirse del pecho— parloteaba como niñita enamoradiza —¿Me comprende, no?... Si saben dónde está díganle que me llame, estoy dispuesta a una cita romántica de nuevo, nada como un chico que te haga reír
Fue entonces que la clave quedó clara para ellos pese a ser lo más notorio para los que la rodeábamos. Ella se había enamorado de su captor.
Fue confrontada por ellos múltiples veces, ella no se molestó en ocultarlo, pero al momento de mostrarse más ferviente en lo que podría casi asegurar la culpabilidad de su —hasta ese momento— platónico amor, ella callaba rotundamente sin disponibilidad a más provocaciones que la sacaran de sus casillas.
—Empecé un proceso de emancipación—me dijo la tarde de un moribundo día de verano mientras bebíamos malteadas en el mall y ella lucía unas nuevas medias de diamantes de póker en rojo y negro.
Su familia no eran sus compañías favoritas ni mucho menos aquellas a las que yo pudiera garantizar su seguridad mental con el transcurso de los días.
No había ejemplo más claro que aquel donde la hija secuestrada por un criminal siendo libre de ir a donde quiera según haya escapado —o cualquier otro escenario posible de no haber creído la versión de mi amiga—, ella decidiera por voluntad propia no correr a la policía o a su familia como refugio sino solo deambular hasta regresar con el responsable de su abducción en primer lugar.
Es verdad que le buscaban ayuda psicológica para que entendiera su situación como rehén, más ella lo había aceptado por la forma en que había salido del banco y del pueblo. No admitió que el Joker fuera alguien malo, pero aseguró que las cosas eran más profundas de lo que a primera vista se percibía.
—¿Cómo lograrás emanciparte si creen que estás loca? —le pregunté.
—Yo no estoy loca Ivy—, aseguró visiblemente excitada —jamás he estado más cuerda en mi vida
Yo no comprendí lo que quiso decir sino hasta dos semanas después, porque entonces su mirada perdida brillando por haberse enamorado terminó por ser la línea de delimita lo que significa ser mejores amigas a amantes, y yo no era su amante pese a los besos ebrios y curiosos de nuestra sexualidad temprana apenas despertando que nos dimos algunas estaciones atrás, ella no era mi novia.
Harley había recibido de regalo de su abuela un teléfono que había ganado en una rifa o un juego de bingo, al no saber utilizarlo lo había empaquetado y enviado a la nieta que de reciente trauma psicológico podría ayudarle en su recuperación.
En su casa no lo vieron como una injusticia solo por ser una víctima, y el F.B.I. o quién fuere el que hubiere revisado el correo lo garantizó como auténtico y no cómo un intento del Joker de comunicarse con la chiquilla porque hasta ese momento siempre se considero el enamoramiento de la rubia con el criminal como un sentimiento unilateral.
El camaro robado a afueras de la escuela el primer día de otoño indicó otra cosa a este postulado.
Por primera vez en mucho tiempo Harley entró a una clase pese a mantenerse con audífonos puestos en su banca estirándose y leyendo una revista, la falta de respeto siendo una escuela pública se dejó pasar porque no era lo peor que pudiera estar haciendo.
Fue a mitad de la clase que Harley recibió un mensaje y revisó su celular nuevo sin mucho interés. Lo que sea que haya leído la hizo saltar del asiento en un grito de felicidad, abandonó su revista y salió corriendo a la puerta con un furibundo profesor de química en un fútil regaño dejado atrás.
En la acera de afuera del instituto un hombre salió de un camaro clásico rojo con el cabello verde y gafas de sol puestas.
—¡Puddin! ¡Puddin! —salió gritando mi amiga con los pies más ligeros que cualquier bailarina pudiera poseer, saltando los escalones como si le hubieran salido alas en los tobillos.
Con una sonrisa superflua bajando las gafas para verla acercarse el criminal más buscado del país vestido de mezclilla negra y una chaqueta de cuero púrpura sobre una playera con el irónico estampado de una sonrisa dibujada en sangre sobre la cara de David Bowie, aquella imponente figura masculina de terror y estafa le abrió los brazos a Harley para recibirla con un caluroso abrazo y besos ilícitos descriptivos de una pasión inconmensurable.
—¡Estás aquí! ¡Estás aquí!
—Sabes Harley, el decir lo obvio normalmente es considerado estúpido
—Pero es que estoy tan feliz… —se abalanzaba a su cuello como un gato queriendo marcar su territorio.
Por la ventana todas las clases veíamos el reencuentro fortuito impresionados.
Aunque el Joker sujetaba a Harley de la cintura había algo en su ademán con la otra mano en que se recogía los lentes de sol que no me gustaba. Sonreía mirando a la multitud de los ventanales observándolos con él peinándose su estrafalaria cabellera que me hacía pensar que Harley no le interesaba tanto como ella se preocupaba por él.
—Entonces… escuché que te atraparon robando en una tienda de autoservicio… Robo a un establecimiento comercial. Suena tan ridículo nena, pero igual me quedé sin techo donde volver, así que vine por ti
Harley sonreía como una tonta, una total y completa tonta enamorada, como luce todo ser humano embelecado en el ciego espejismo del romance.
Luego, pensando mejor, la sonrisa de mi amiga desapareció de su rostro.
—Pero… ellos…
El Joker escuchó las sirenas como todos los demás. Era el hombre más buscado de todo el país, debía haber alguien que lo distinguiera de entre toda la gente manejando un camaro rojo rumbo hacia el último condado que había atacado y más si iba hacia el poblado de donde se había llevado a su rehén más famoso, aquel único rehén que logró salir vivo de su secuestro con él.
—Harley, Harley, Harley—tronó la boca con desprecio—. Jamás desconfíes de mí
Las patrullas rodearon su vehículo y los profesores nos rogaban que nos retiráramos de la ventanas si se desataba algún tiroteo.
Por mucho que me lo advirtieran yo no obedecí.
—La aventura terminó Joker. Ríndete —sonó por un altavoz.
El hombre con el brazo rodeando los hombros de mi amiga hacia una mueca al ver la atención que recibía, los miró un rato analízandolos para posteriormente soltar una risa trémula y besar a mi chica en la frente.
—¿Van a proceder a arrestarme o seguirán apuntándole con sus armas a un blanco que bien podría acabar dándole a una niña?
Harley se sintió aún más confundida de lo que ya estaba porque la estaba usando de escudo humano.
—¿Te entregarás?
—Oh calabacita, aún hay tanto que debes ver. El carnaval empieza ahora—fue la respuesta del terrorista.
Mi rubia parpadeó un par de veces anonadada, pero confiando en la mirada que el criminal le regalaba rumeó aún más interesada en él que antes.
—Vaya, eso quiero verlo Puddin
—Agh, deja de llamarme así —se quejó él como lo haría cualquier novio que detestara las cursilerías de su novia.
Lo siguiente que hizo fue obedecer, poner las manos en la cabeza, arrodillarse y esperar a ser detenido con una cara burlesca digna.
Aquellos que lo arrastraron sudaban y tartamudeaban al recitarle sus derechos.
Cuando le dijeron que tenía derecho a una llamada el Joker volteó a ver a Harley y le guiñó el ojo. Ella gritó como si el mismísimo Axl Rose le hubiera coqueteado.
Adentro de la patrulla media escuela ya estaba afuera presenciando el exitoso arresto mientras Harley y el Joker se follaban con los ojos en esa despedida.
Me acerqué golpeando a varias personas en mi carrera, a espaldas de mi rubia favorita la miré secarse lágrimas al ver como la patrulla que llevaba al hombre del que se había enamorado lo alejaba de su lado.
—Oh Ivy… —se giró lentamente secándose las mejillas —¿cómo es posible qué lo ame tanto?
Sus ojos se humedecieron aún más y corrió hacia mí en busca del confort y afecto que solo en mi pecho y brazos podría conseguir. Pero a pesar de haberla abrazado y acariciado su cabellera esa fue la primera vez que sentí aversión hacia su persona, porque aquella chica que se había enamorado, que se había entregado en cuerpo, alma y corazón a ese villano ya no parecía ser más mi Harley.
Era una extraña.
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