Guerra en el norte 2°
Taylor avanzó con su ejército hasta la costa donde encontró al resto del ejercito aliado, este se encontraba en pésimas condiciones, se veían miles de heridos y enfermos. Los pocos en condiciones tenían la moral por los suelos ninguno creía posible una victoria, el imperio había arrasado con ellos y sabían que aún no se acababa. Tarde o temprano volverían a ser atacados, sin embargo, tampoco veían punto en huir hacia Equestria pues estaban las rebeliones y hacia la frontera el imperio.
Taylor y sus dos escuadrones al avanzar por la armada caída observaban la derrota, podían ya sentir el sabor del final. No había ninguna posibilidad de victoria, Taylor mismo lo supo al ver aquella escena, su instinto le decía una vez más que debía huir antes de que encontraran también ese batallón. Sin embargo, fue muy tarde cuando pensó eso, el sonido de la banda de guerra llegó hasta ellos. ¿Cómo los habían encontrado tan rápido? Para los demás fue obvio, todo el camino estuvieron siguiendo a Taylor desde la distancia, cubiertos por la niebla. Taylor había traído al enemigo junto consigo y todos lo iban a pagar muy caro, todos iban a pagar su error.
Cada uno de los miembros sanos del ejercito tomó su posición y se atrincheraron rápidamente, en su muro improvisado de madera y restos de carretas Cadence sabía que esta vez no iba a ser fácil desde tierra, puesto que los cañones de la armada real estaban preparados. El fuego de la armada real contra Cadence inició, los últimos que quedaban se empeñaban en no dejarse derrotar con facilidad, sin embargo, Cadence desde lo alto observaba sin ninguna preocupación, algo iba mal… tal vez después de todo no había llegado siguiendo a Taylor, ya sabía desde antes dónde se ocultaban.
Mientras el intercambio de proyectiles se daba entre ambos ejércitos, Taylor se escondía atrás de unas cajas cubriéndose de todo disparó, el observaba todo su entorno buscando una manera de escapar era lo único que le importaba. Finalmente vio un barco de remos y comenzó a moverse lentamente hasta el, nadie lo detenía nadie se concentró en él. Todos estaban conteniendo a Cadence, no dejaban avanzar al ejército imperial el cual era retenido por mosquetes y cañones, sin embargo, por más daño que hicieran Cadence no se mostraba alterada de ninguna manera. Había llegado pisándole los talones a Taylor, había llegado lista para contener el fuego, algo iba mal, algo no era normal en esto. Taylor se había percatado de esto, pero decidió no decir una sola palabra y subió unas provisiones al pequeño barco de remos, un traidor siempre será un traidor y esta vez traicionaba a todos sus compañeros dejándolos a su suerte. El combate seguía continuamente y su pequeña resistencia había animado bastante al ejercito real quien creía que al fin y al cabo si había una pequeña posibilidad al menos de sobrevivir.
Llegó un punto que incluso aquellos con heridas, aquellos enfermos quisieron ayudar, dieron lo mejor que tenían sin percatarse que Cadence solo estaba esperando. La reina de cristal solo esperaba el momento correcto, el momento del ataque final, ataque con el que acabaría definitivamente con la resistencia en la frontera y podría marchar finalmente dentro de territorio Equestriano hasta Canterlot. Sin ni siquiera sospechar de donde vino, una bala de cañón azotó a la armada real desde la retaguardia, todos se dieron media vuelta buscando el origen de esta, incluso Taylor detuvo su escape y fue el primero en verlo. Siete galeones imperiales, barcos con tres cubiertas de batería repletas de cañones y cada uno con al menos cuatro morteros en la cubierta. Taylor tomó un pequeño catalejo que se encontraba en su barco de escape y observó el castillo de popa de uno de los galeones, aquí se encontraba Shining Armore, quien apunto con un sable hacia ellos, hacia la costa y a pesar de no escucharlo supo que fue exactamente lo que ordenó cuando los galeones abrieron fuego. La costa fue bombardeada por mar, eso era lo que Cadence esperaba, la armada real totalmente entretenida atacándola a ella dejando así desprotegidas las aguas. No hace falta decir que esto tampoco arruino el gran escape de Taylor puesto que su barco recibió un cañonazo de lleno dejándolo partido a la mitad. Taylor al momento del cañonazo fue empujado contra una roca, con más de una herida el pegaso tuvo fuerza para irse arrastrando lejos de la zona mientras toda la armada era constantemente bombardeada sin ninguna misericordia. Podía ver la nieve teñirse de rojo poco a poco, escuchar los gritos de todos sus camaradas, para el en ese mismo momento cada bala era una vida perdida, cada cañonazo un infierno traído a la tierra. No paso mucho antes de que Cadence también abriera fuego desde su lado ahora que la presa estaba completamente desprotegida y vulnerable. Esto no era una batalla, no, era una masacre, una carnicería de la que nadie se podía salvar o al menos nadie que no estuviera ya lejos de la escena. Taylor representaba perfectamente la frase de: "más vale cobarde vivo que valiente muerto" el pegaso cojeaba, pero había logrado levantarse y huía lo más rápido de la escena que podía, desarmado, sin provisiones y sin una guía que le dijera a donde diablos se dirigía y ahora probablemente también como un fugitivo. Solo volteó la mirada contadas ocasiones para observar la masacre, el fuego creciente y el disparar de los galeones que aún no se detenía.
La masacre termino al ocaso, Taylor ya estaba lejos, pero cansado se dejó caer en la nieve, su casaca estaba rasgada y sus medallas estropeadas, más que un soldado ahora parecía un mendigo. Pasó un par de horas en una choza abandonada que encontró, sin embargo, decidió salir de la misma cuando escucho marchar al ejército imperial. Se dirigió a la puerta, pero antes de salir observó por la ventana a todo el ejército y se retractó en lugar de salir movió un mueble y se metió entre los maderos que formaban el piso de la choza y la tierra. Echo esto solo espero, los pocos que entraron a revisar la choza no lo encontraron y los que estaban afuera no vieron bajó la choza, una vez más se había escapado, sin embargo, ahora quedaba un pequeño detalle… cruzar un campo helado sin provisiones y sin tener idea de adonde ir, solo podía confiar en su propio instinto de orientación.
