La muerte blanca

En el blanco norte de Equestria se cernía sobre el campo gélido un atormenta de nieve y granizo que azotaba sin piedad alguna la tierra y en medio de la inmensa capa de nieve se encontraba un pegaso. Un pegaso herido, incapaz de volar, su uniforme de general estaba completamente desgarrado, no quedaba rasgo de su rango, su pelaje se congelaba. Estaba sediento y hambriento sus cascos lo traicionaban a menudo dejándolo caer en la fría nieve, ya no podía sentir los mismos.

Taylor estaba en un estado lamentable, entre la espada y la pared, tras de él sabía que estaban marchando los ejércitos del imperio y frente a él una densa capa de nieve. Sin embargo, le eran más tentadores los brazos de la muerte blanca antes de las garras de sus enemigos, así que siguió caminando.

La ventisca golpeaba atroz su rostro aun si se cubría con una de sus alas, Taylor sentía la fría frisa entrar y salir de sus pulmones congelándolo lentamente por dentro. Podía sentir como su sangre se iba helando dentro de sus venas, sentía como el calor de la vida lo dejaba lentamente dando paso al frio invernal.

No logro avanzar mucho antes de caer al suelo nuevamente, sus miembros ya no le obedecían y sus ojos querían cerrarse, sentía un profundo deseo por dormir. Sin embargo, en medio de su agonía vio acercarse la figura de un pegaso, de pelaje claro y crin azul, este pegaso que portaba un uniforme de gendarme de color azul rey lo observo con desprecio y sentenció:

-Tuer fills de pute! Tuer!

Al escuchar su voz alzo la cabeza y al verlo atentamente su mirada cambio a expresar odio y le dijo:

- ¡Tu estas muerto maldito bastardo!

- ¿igual que yo? – dijo un segundo pony que al verTaylor lo reconoció como el difunto Raul

- ¡No, No! ¡Aléjense de mí! -sentenció Taylor en levantándose en un ataque de adrenalina.

Ambos se acercaron lentamente, mientras Taylor retrocedía viendo como detrás de ellos aparecían más ponys, mas ponys que él había mandado matar. Taylor se dio media vuelta y comenzó a correr sin percatarse que se estaba regresando justo a donde estaba el ejercito de cristal.

Constantemente volteaba a ver si lo seguían, pero ya no había nada detrás de él, esto lo relajaba un poco, pero por alguna razón no quería dejar de correr. Cuando finalmente se detuvo, sus piernas congeladas sufrieron las consecuencias de ese ataque de adrenalina, primero a manera de un dolor intenso para, acto seguido, dejarlo caer a la fría nieve. Entonces volvió a sentir como la fría brisa entraba en su cuerpo, como el sueño volvía lentamente dejándolo débil.

Entonces se apareció enfrente suyo la figura de un pegaso abriéndose paso entre la densa nieve, al principio parte de si se alivió, pero luego vio aparecer otros tres de tras de ese y a seis detrás de estos. No tardó mucho en percatarse de que era el ejercito de cristal.

Taylor hizo un esfuerzo inútil por levantarse y correr, pero solo lograba moverse sin sincronización alguna, como si de un animal herido se tratase, sus patas lo traicionaban al igual que sus alas con las que aleteaba de manera inútil y patética. Una vez le dieron alcance las tropas del imperio lo rodearon y lo observaron un momento, como si le tuvieran lastima, pero repulsión al mismo tiempo. ¿acaso lo reconocían?

Sin más que decirle lo tomaron preso y se lo llevaron con ellos arrastrando, solo eran un grupo de exploración, no el ejército completo. Sin embargo, Taylor no tardo en ver al resto del ejercito cuando lo arrastraron dentro de su campamento hasta donde se encontraban Cadence y Shining. Ambos lo observaron y Cadence dijo:

-A este lo recuerdo, era el capitán de los que enfrentamos en el pueblo, huiste de ahí con pocos de tus soldados a reunirte con los de la costa antes de que Shining y yo atacáramos. ¿Por qué sigues vivo y tus ponys no?

-Huyo, algunos de los soldados reportaron ver a un fugado, pero no le habían dado importancia, pensaban que no llegaría lejos y aquí lo tenemos – añadió Shining

-Entonces abandonaste a tus camaradas a su suerte, dejaste morir a los soldados que se pusieron bajo tu cargo además de traicionar a la corona. Tienes dos crímenes que pagar -sentenció Cadence.

-No, no es como ustedes lo dicen, no escape… yo solo, quería buscar ayuda… cuando tuviera ayuda regresaría lo más rápido posible – se excusó Taylor

- Nunca escuche de un general que abandonará a sus soldados en busca de ayuda en lugar de enviar a alguien, enciérrenlo lo arrastraremos con nosotros hasta Canterlot y después de reconquistar la ciudad se le juzgara como a muchos otros. – ordenó Shining.

Dicho esto, dos guardias apresaron a Taylor el cual intento defenderse mientras balbuceaba excusas y lamentos desesperadamente, si no salía de eso su tiempo se había acabado.