Recuerden que la historia no es mía, sino de MoonDragonLove yo sólo lo traduje para que pudieran leerlo. Y quiero decir que he cambiado alguna que otra parte, ya que en ingles no es lo mismo.

~Capitulo 2~

"NO PADRE, TODAVÍA NO."

El exterior de la mansión era magnifico, pero al ver el interior de esta quedé aún más sorprendida ante la grandeza. Miré a mí alrededor, observando las hermosas y valiosas pinturas y esculturas que decoraban el vestíbulo. La anciana había ido a alguna parte y la verdad, no me había atrevido a seguirla. Miré un cuadro que me llamó mucho la atención, alce mi mano para tocarlo, pero...

-¡No lo toques!- me grito la anciana.

Lo cual hizo que bajara mi mano y colocara mis brazos detrás de mi espalda, la anciana tan sólo me miró y se dio la vuelta, no sin antes decir.

-El señor Suou desea saber para qué razón usted vino a verlo.

-Oh, ya veo. Lo siento, mi nombre es Emiku Hanari...- comencé a decir, pero me callé al ver que la anciana abrió sus ojos, al parecer de la sorpresa.

Rápidamente me agarró del brazo y me llevó a través de la gran mansión.

-¿A dónde me lleva?

No respondió mi pregunta, tan sólo murmuró para sí misma algo acerca de lo estúpida que era por no reconocerme. ¿Por qué tenía ella que reconocerme? Nunca había visto a esta loca mujer en toda mi vida. Llegamos a unas grandes puertas doble y ahí fue cuando finalmente me soltó el brazo. Su agarre había dejado palpitante la parte superior de mi brazo. Lo cual me hizo creer que ella había sido un luchador profesional algún tiempo atrás. Entró por las puertas, dejándome sola y haciéndome sentir inferior incluso ante los pisos de esta casa. No pude evitarlo más y de nuevo estaba dando vueltas frenéticamente a uno de mis rizos con mi dedo. ¿Por qué he de engañarme? Estaba más nerviosa que nunca.

La mujer volvió a aparecer por las puertas dobles y me hizo un gesto para que entrara. Respiré profundamente mientras me acercaba a la puerta. La anciana se hizo a un lado para que pudiera pasar a la habitación. La habitación era muy amplia y luminosa, toda la pared del fondo se compone de ventanas, había varios cuadros colgados en las paredes. Había un sofá del lado izquierdo, varios estantes de libros del lado derecho, un escritorio justo frente a las ventanas. Un hombre con cabello castaño claro y ojos marrones estaba sentado detrás del escritorio en una gran silla de respaldo alto color negro. Tenía la vista baja, al parecer estaba concentrado en unos papeles que tenía sobre su escritorio. La anciana se aclaró la garganta y el señor alzó la vista de los papeles.

Al mirarme su rostro mostró una cara de asombro.

-Gracias Akemi- le dijo a la anciana mujer sin dejar de mirarme- puedes retirarte.

La anciana, digo Akemi, me miró por última vez y seguido salió de la habitación. Al fin estábamos solos y mi labio inferior estaba ya lastimado de tanto morderlo. El hombre se puso de pie.

-Por favor, toma asiento- dijo señalando la silla que estaba frente a su escritorio.

Me senté y crucé las piernas.

-Te pareces mucho a tu madre- comentó sentándose de nuevo en su gran silla.

Todo el mundo decía lo mismo, que era muy parecida a ella, lo cual me agradaba. Yo tenía los ojos mismos ojos verdes, al igual que su cabello negro, pero a diferencia de ella el mío es rizado y lo llevaba un poco más abajo de mis hombros, e incluso tenía su misma estatura. Por desgracia mi madre era una mujer de baja estatura.

-¿Cómo esta ella?

-Ella murió hace poco más de una semana- admití, él no dijo nada y en ese momento me pregunté si realmente él se preocupaba o si tan sólo estaba intentando de hacer una charla con su hija, que probablemente no le importaba- Su funeral fue hace unos días.

-De haberlo sabido, hubiera ido- dijo.

Yo lo miré, este hombre había tenido un romance mientras estaba casado con mi madre. Lo miré a los ojos y supe que él estaba siendo honesto, que de verdad hubiera ido. Entrelazó sus manos en la parte superior de su escritorio y se quedó mirándome, lo cual me incomodó y no supe que decir aparte de...

-¿Cómo estás? -casi me reí de lo absurdo que sonaba la pregunta, hasta que me di cuenta de que en realidad quería saber que pensaba de la muerte de ella.

-La he extrañado- dejó escapar un suspiro, no de enfado o impaciencia, sino más bien uno de alivio. Incliné mi cabeza hacia un lado, curiosa en saber por qué se sentía aliviado.

No pareció darse cuenta de mi confusión.

-¿Dónde vives?- preguntó ¿Debía mentir acaso? ¿Decirle que vivía con algún familiar o amigos? O simplemente la verdad, que me he estado manteniendo por mí misma desde entonces.

-Me he estado manteniendo yo misma.

Sus ojos se abrieron ante la sorpresa y colocó sus manos sobre la mesa.

-En ese caso puedes quedarte aquí.

Sentí mi mandíbula caer, yo esperaba que dijera algo como "Bueno eso no es mi problema, así que por favor retírate" o "Eso es muy triste, pero no puedo ayudarte".

-Y-yo no podría. No quiero ser una molestia…- él negó con la cabeza, indicando que la conversación acerca de donde me quedaría había terminado, pero no podía callar- Yo no quiero que piensen que solamente he venido para encontrar un lugar donde vivir. No. Yo vine aquí porque es lo que mi mamá quería, que yo te conociera.

Él sonrió.

-Traté de verte Emiku, pero tu madre no me dejaba. Envié tarjetas y regalos de cumpleaños, que voy a asumir que nunca los recibiste. Traté de llamar, pero tu madre no me dejo hablar contigo.- Asentí con la cabeza

-Ella me lo dijo, aunque no es demasiado tarde. Ella dijo que no quería perderme como a usted, ella lo amaba Señor Suou.

Pareció sorprendido por como lo llamé, aunque tampoco iba a llamarlo "Padre" después de haberlo conocido hace ya varios minutos.

-No tienes que llamarme Señor Suou- dijo simplemente.

Me crucé de brazos.

-Yo aún no voy a llamarte Padre. Todavía no.

Él asintió.

-Es comprensible.- se levantó de su silla y camino alrededor de su escritorio –me temo que no podrás quedarte aquí.- paso la mano por la parte superior de su escritorio hasta que se paró frente a mí.- Sin embargo, puedes quedarte en la segunda mansión con mi hijo.

Hijo. Nunca había tenido un hermano antes. Tengo que admitir que estoy un poco emocionada de conócelo.

-Y por favor, no me llames Señor Suou. Yuzuru tendrá que ser suficiente.- él sonrió y no pude evitar sonreír también.

Se apartó de la mesa y se dirigió hacia la puerta.

-Vamos, vamos a ver dónde vas a vivir.