Después de tres años, si mal no recuerdo, decidí iniciar el proceso de edición de mi primera historia completamente ajena al fandom de Naruto, digamos que quise darle una segunda oportunidad, arreglando los muchos errores que tuvo la primera vez que la publiqué.

Quería dejarla más decente hahaha

Los personajes tanto de Inazuma Eleven como los de Tokyo Ghoul no me pertenecen.


[ Twists of Life ]

Capítulo 1

.

Un hermoso cielo despejado recaía sobre Tokio y durante la puesta del ardiente sol, un grupo de adolescentes transitaba por las calles con el objetivo de retornar a sus hogares luego de finalizar una extensa jornada en la secundaria Raimon, entre ellos yacía Fey Rune, un chico de tan solo catorce años de edad.

En esos precisos momentos contaba con la compañía del resto de sus amigos, siendo estos seis en total. Por una lado, cuatro de ellos fueron sus compañeros cuando los Second Stage Children seguían estando vigentes, Saru, Roko, Meia y Gillis, pero por otro lado, Alpha y Beta trabajaron bajo el mando de El Dorado, aquella institución que en su momento se esmeró con borrarlos del mapa, interviniendo en el pasado con tal de evitar sus nacimientos.

Llegado cierto punto del recorrido, cada uno acababa por marcharse por su propio camino exceptuando de la regla tanto a Fey como a Saru, quienes desarrollaron la costumbre de tomar la misma ruta prolongando su mutua compañía.

Ambos intercambiaban palabras con suma naturalidad, todo parecía ir en perfecto orden hasta que con el rabillo del ojo Fey observó a Saru, sin detener sus pasos, abrir su mochila para extraer un inusual objeto de su interior para luego guardarlo en el bolsillo de su pantalón.

Desconcertado, Fey preguntó. –¿Por qué traes eso guardado en tu mochila?

–¿Eh, a qué te refieres?

–No estoy bromeando, Saru. Sabes muy bien de lo que estoy hablando.

Al comprender la causa de las constantes insistencias de su amigo, Saru contestó. –No me mires así, solo la traigo para poder defenderme en caso de que la necesite, quién sabe si alguna vez tendré la desdicha de toparme con algún ghoul un día de estos.

–¿Pero no te parece demasiado?, podrías tener problemas si alguien se percata de que tienes un arma de fuego escondida entre tus cosas. –Replicó Fey. –Creí que habías dejado todo eso.

–Y no te he mentido, solo conservé una ¿ok?, la llevo únicamente por precaución, relájate.

–Todos entregamos toda arma que pudiéramos tener, El Dorado se aseguró de confiscar cada una, así que me sorprende que consiguieras ocultarla.

–No fue un trabajo fácil, tuve que esconderla en varios sitios diferentes para que no la hallaran con esas exhaustivas revisiones que nos hicieron. –Agregó Saru, riendo ante su propio comentario.

–Piénsalo bien, a pesar de ser una arma de fuego no creo que pueda causar un daño significativo, si hablamos de ghouls.

–Aún así no pierdo nada con intentarlo, ¿no crees?

Dejando salir un corto suspiro, Rune prosiguió a responder. –No lo sé... Sé que es inquietante que unos seres como ellos estén rondando por los distritos con libertad, pero dudo que vayamos a tener la mala suerte de vernos de frente con uno.

–Puede que tengas razón, pero no hay nada más que podamos hacer sin recurrir a los investigadores. –Contestó el joven, posicionando ambos brazos por detrás de su cabeza. –No se me apetece morir a tan temprana edad ya, ¿sabes?

–Dudo que seas el único con ese tipo de pensamiento.

Aquella fue la última frase que se formuló respecto al tema en cuestión, seguir discutiéndolo por más tiempo acabaría volviéndose incómodo para ambos y luego de transcurrir unos cuántos minutos más de camino, Saru frenó sus pasos y dijo. –Bien, aquí nos separamos, ¿estás seguro de que no quieres venir conmigo a ver a los demás?

Tras finalizar el Ragnarok hace unos ocho meses atrás, los jóvenes que solían ser conocidos como los Second Stage Children continuaron con sus vidas como todo ser humano común y corriente luego de que se les atribuyera las vacunas que neutralizarían sus poderes, para después ser distribuidos por distintas escuelas de la ciudad, por lo que tendían a reunirse cada vez que sus agendas se los permitiera.

–Lo estoy, ya te dije que tengo unos asuntos que resolver en casa. –Se justificó el joven Rune. –Será para la próxima vez.

–De acuerdo, pero si llegas a cambiar de opinión solamente escríbeme y te diré dónde estamos.

Luego de unos minutos de camino Rune divisó a dos personas a lo lejos, estáticos bajo la oscuridad de la noche yacía un muchacho de corto cabello negro, quien contaba con la reconfortante compañía de una esbelta joven de largo cabello púrpura y gafas. Debido al afecto que esta le transmitía a su acompañante al rodearle con sus brazos y por unas cuantas palabras que Fey alcanzó a escuchar dedujo la posible relación que entre ambos ha de existir, pero no sintió interés alguno al verlos tan unidos el uno con el otro, esas cosas no iban con él, por lo que sin darles mayor importancia se limitó a desviar la mirada y pasar de largo, sin embargo, momentos después un estrepitoso sonido a sus espaldas llegó hasta sus oídos.

Extrañado por lo que ocurría a sus espaldas, Fey se giró sobre sus pasos con tal de descubrir la causa que pudo haber generado aquel sonido tan desgarrador. El grito que oyó había sido provocado por el chico que vio hace tan solo unos segundos atrás y lo que sus ojos contemplaban era algo que hubiese preferido ignorar, ver a aquel joven en el suelo con la sangre brotando de su hombro lo dejó helado, había recibido una violenta mordida por quien se suponía que era su acompañante.

Todo pareció cobrar sentido entonces, la naturaleza de la muchacha quedó demostrada por las acciones cometidas en contra de su compañero, Fey permaneció inmóvil frente a la estupefacción que en su interior brotó al contemplar tal escena, huir de ahí fue la primera idea que cruzó su cabeza, no obstante, el espanto fue tanto que le impidió moverse siquiera, era como si sus pies estuviesen adheridos al piso, sellando su fatídico destino.

Lo siguiente que sus verdes ojos apreciaron fueron los desesperados intentos del hombre por escapar, verlo correr en su dirección fue lo que necesitó para espabilar, recobrando las fuerzas suficientes para animarse a mover sus piernas y echarse a correr.

A sus espaldas oía los constantes jadeos y gritos de auxilio por parte del joven, mas no le importó y se centró en sí mismo para alejarse de aquel sitio, pero para desgracia suya, sus pasos se vieron interrumpidos al sentir algo que parecía estar enrollándose a su pierna derecha, haciéndolo caer estrepitosamente al suelo, para cuando fue capaz de notar lo que ocurría ya había sido arrastrado y elevado en los aires, quedando así cabeza abajo.
Fey yacía incapacitado de realizar cualquier movimiento que lo ayudase, su estado actual se lo impedía y con su corazón latiendo con fuerza solo le quedó observar lo que sucedía a su alrededor, distinguiendo como el hombre involucrado igualmente fue capturado por una especie de tentáculo color carmesí que sobresalía de la espalda de la muchacha, siendo estos cuatro en total contando además el que lo retenía de su libertad, pero a diferencia de él, este yacía atravesando su cuerpo, dejando que la sangre surgiera de la zona herida.

–Vaya, y yo que pensé que solo contaría con tu reconfortante compañía, Kaneki. –Rune se estremeció ante la intimidante, pero a su vez, burlesca mirada de la joven recaer sobre él, oyendo las constantes risitas que sus labios emitían. –Te sientes más cómodo ahora que tienes a alguien más acompañándote además de mí, ¿verdad?

A continuación, un punzante dolor se presentó sobre su vientre, provocando que un quejido escapara de su garganta y escupiendo un poco de sangre en el transcurso, haciéndolo estremecer. La mujer había incrustado en él uno de sus tentáculos restantes sin siquiera demostrar arrepentimiento alguno, al contrario, parecía estar disfrutándolo y al retirarlo, la cálida sensación del rojo líquido saliendo de su cuerpo manchando sus ropas albergó en él.
Al momento en que aquella extremidad fue alejada de su cuerpo, el otro joven fue golpeado contra el muro del edificio junto a ellos, quedando imposibilitado de cualquier movimiento mientras yacía desplomado por los suelos.

–Ya no es tan terrible como parece ¿no es cierto?, ya no duele tanto ¿no?

Finalizadas sus palabras, aquella mujer tuvo el atrevimiento de ejercer su poder sobre Rune una vez más, hiriéndolo nuevamente sobre la zona sangrante para luego azotarlo con violencia contra unos escalones que yacían a una distancia no muy lejana a ellos, Fey jadeó ante el potente golpe que recibió en sus costillas y hemisferio izquierdo de su cabeza al momento de la caída, dificultándole incluso el trabajo de respirar.

Quien estaba haciéndolo pasar por tal infierno, volteó con una satisfactoria sonrisa a ver a su acompañante. –Él sí que está pasándola mucho peor que tú, Kaneki. Todo lo que le he hecho hasta ahora podría hacértelo a ti una y otra vez, ¿no se escucha eso divertido?

Lo único que Fey consiguió pensar con lucidez en esos instantes fue lo asegurada que estaba su muerte, realmente lo creía, acabó envuelto en la situación que tanto negó que podría estar y no existía forma en la que pudiese librarse de ello, su cuerpo le dolía de una manera que nunca antes había experimentado y del mismo modo jamás había visto tanta sangre fluir de su cuerpo, en ese punto ya no era importante para él lo que pudiera sucederle y simplemente se dejó ir, quería que todo eso acabara, perdió las pocas fuerzas que tenía para realizar el más mínimo movimiento, a duras penas era capaz de distinguir lo que a su alrededor yacía, su visión era borrosa y tenía dificultades para girar su cuello.
Sin embargo, un curioso sonido proveniente de las alturas llegó hasta sus oídos, no supo cómo fue que sucedió, pero varias vigas de metal cayeron, dejando recaer su peso únicamente sobre aquella persona que había tenido la osadía de atacarlos a ambos.

La sangre de la muchacha esparciéndose por debajo de las vigas fue lo último que alcanzó a vislumbrar, sus párpados se cerraron sobre sus verdes ojos a pesar de su constante lucha por mantenerlos abiertos, todo yacía en oscuridad absoluta. Desconocía cuánto fue el tiempo que pasó después de eso, pero ante la lobreguez en su vista, únicamente oyó las voces que parecían estar a su alrededor.

–Ambos pacientes han perdido cantidades abundantes de sangre y algunos de sus órganos se vieron severamente dañados, ¿cómo procedemos, doctor? –Enunció una voz perteneciente a una mujer.

–Necesitan una transfusión de sangre de inmediato, pero primero preparen el cuerpo de la paciente fallecida, sus órganos son suficientes para los dos.

–Pero no podemos hacer uso de su cuerpo sin el consentimiento de la familia y no hemos conseguido contactar con ellos aún.

–No hay más tiempo para desperdiciar, no podemos dejarlos morir si tenemos una solución al alcance de nuestras manos. –Afirmó el doctor al mando. –Realizaremos los trasplantes, yo asumiré la responsabilidad de todo.

Aquellas frases fueron las últimas que sus oídos consiguieron escuchar, sus tímpanos dejaron de distinguir todo sonido proveniente del exterior.

Cuando recuperó la conciencia y con un poco de esfuerzo y lentitud, Fey levantó sus párpados, notando así cómo yacía recostado en lo que era claramente una cama de hospital y allí permaneció hasta que llegó el día en que fue dado de alta al pasar cuatro semanas desde su cirugía, Wandaba fue por él conduciendo la caravana, tardando unos insignificantes minutos en regresar a casa.

–Bien, ya hemos llegado. –Informó Wandaba, exhalando tras tomar una buena bocanada de aire. –Es un alivio que al fin saliéramos de esta, nos tuviste a todos con el alma en un hilo ¿sabes?, estábamos realmente preocupados por ti.

–No fue mi intención asustarlos de forma innecesaria... Lo lamento.

–No te disculpes, tu no planeaste nada de lo que ocurrió, ¿cómo te sientes?

–Estoy bien, mucho mejor después de haber salido de esa habitación, era agobiante. –Agregó Fey, esbozando una tenue sonrisa en sus labios. –A todo esto... ¿Dónde está mi padre?

–Está trabajando, ya sabes cómo es él, no es que disponga de mucho tiempo libre.

Al recibir tal respuesta, la leve sonrisa reflejada en el rostro del joven Rune acabó por esfumarse. –Debí suponerlo, sus constantes ausencias no son ninguna novedad.

–No creo que lo haya hecho a propósito, estuvo yendo a verte al hospital constantemente para asegurarse de que todo estuviera en orden. –Defendió el oso. –Ha de haberse retrasado un poco con sus labores.

Consciente de la decepción que se plantó en el rostro de Fey, Wandaba se apresuró en darle un giro a la conversación y enseñando una gran sonrisa, agregó. –¿Qué te parece si comes algo?, estoy más que seguro de que allá solo te daban porquerías.

Tanto Fey como Wandaba tomaron por dirigirse hacia la cocina en busca de algo de comer, Rune no pareció negarse ante la idea que le había sido propuesta luego de haber permanecido confinado en un espacio cerrado durante un tiempo tan prolongado, en consecuencia de sus heridas no se le era concedida la posibilidad de salir al pasillo siquiera y era de gran alivio para él poder tener su libertad de vuelta y las fuerzas para valerse por sí mismo.

Sin embargo, durante aquellos días de encierro algo estuvo preocupándole e incluso ahora, pero prefirió olvidarse de ello, relajarse en compañía de su azulado amigo era lo único que quería y necesitaba en esos precisos momentos.