Hola! sé que soy la peor persona a la hora de actualizar un fic, pero dos cosas a mi defensa:

1.- Estaba muriendo en la U este semestre y apenas tuve tiempo para dormir.

2.- No publicaba un fic de más de un capítulo desde los 15, los cuales han sido muchos años.

Prometo actualizar pronto, dependiendo de mis horas de sueño en esta temporada trabajo-veraniego.

No planeaba, al inicio de esta idea, continuar con esta idea, pero cuando me lo sugirieron no me pude resistir.

Gracias por entrar aquí, eso siempre me alegra los días.

Soy Ally, por cierto.

ESTOS PERSONAJES LE PERTENECEN A FURUDATE, COMO YA SE SABE. QUE GANAS DE QUE SEAN 3D Y QUEDÁRMELOS PARA MI.

...

No alcancé a decir nada antes de que Asahi se me saltara encima y me apretara más de lo que me hubiese gustado. Estaba más alto, tenía el pelo más largo; me picó la nariz. No pude moverme. Fueron miles de recuerdos que se vinieron a mi cabeza.

- No tienes idea de cuánto nos ha costado encontrarte.

Allí debió haber notado que me tenía abrazado porque se soltó de golpe y me alejó. Sonreía como nunca lo recordé. No parecía dispuesto a irse.

- ¿Qué haces aquí? - de la sorpresa, no lo saludé. Ni siquiera pude sonreírle.

- ¿No me dejarás pasar, al menos? - en cambio, él no paraba de mostrar lo dientes. No pude decir nada mientras se acomodaba en la sala y me observaba fijamente servirle un té caliente apoyando su codo en la mesa y descansando su mejilla en su mano, sentado en uno de los cojines - estás diferente Daichi; incluso más alto.

Mi cabello estaba más largo que en la secundaria, pero no era nada que me importara.

- Creo que todos lo estamos.

Hice una mueca intentando simpatizar, pero no pude. Asahi bebía un sorbo bastante menos impaciente mientras que yo me arrancaba de su vista con intentos fallidos en nada que pudiera distraerme.

- No te pongas así, no vengo para molestarte. Si quieres, me iré.

Era lo que menos quería.

- Claro que no Azumane, quédate el tiempo que quieras. Es bueno verte de nuevo.

Intentando no pensar tanto, me serví un vaso de té también. Él se veía muy feliz. Yo, por otro lado, había descuidado mi apariencia completamente.

- ¡No me creerás, pero decidí entrar a estudiar este año! al final, pediatría. Postulé a una Universidad de aquí ya que conseguí buenas recomendaciones y quedé. Noya también entró a la misma, pero con una beca de deportes. ¿Puedes creer que el equipo de voleibol nacional lo está financiando? yo creo que jugará en partidos oficiales la próxima temporada - hablaba muy rápido, se le notaba emocionado - ahora vivimos juntos, compartiendo piso. Es más barato. Me está ayudando con esto de la ciudad. No me entusiasmaba mucho, pero ha sido agradable - sonreía y no paraba. Me sabía perfectamente toda la historia, pero no fui capaz de pedirle que se detuviera. Escucharlo hablar de nuevo fue un alivio que no creí que necesitara.

Pero, seguía confundido.

- ¿Qué haces aquí, Azumane? - no sé si soné de mala gana, pero no era mi intención. Él se bebió el último sorbo de té y se sirvió más.

Yo ni siquiera lo había probado.

- Tú sabes qué hago, no me mires así.

Eso era obvio, pero prefería que fuera específico.

- No exactamente.

- Quería decir... - jugaba con un lazo de su chaqueta que colgaba en su pecho - ... digo, necesitaba decirte - hacia pausas, tartamudeaba. Por un momento, volví a la secundaria y a sus inevitables 'lo siento' cada vez que algo malo pasaba en el gimnasio - Quiero decirte que con Shimizu, Noya y Tanaka te hemos buscado por todas partes. Preguntamos por muchos lugares si alguien sabía de ti, pero fue imposible. Al final, Hinata dijo que Kuroo le dijo dónde estabas. Pensábamos que te habías ido al extranjero - sonreía nerviosamente.

Estaba muy distraído, pero sentía que omitía información. Eran alucinaciones mías, locuras. Pensamientos desagradables que no me dejaban disfrutar el tenerlo allí. Maldito Kuroo y su lengua suelta. Siempre me había dicho que debía regresar, pero no creí que iría directo a contarles dónde estaba.

- Por cierto, Hinata supo porque es amigo de Kenma. No sé si lo recuerdas, pero era el armador de Nekoma en la secundaria - claro que lo recordaba. Kuroo hablaba mucho de él ya que se veían a diario.

Kuroo era la única persona con la que me seguía viendo.

Hubo un silencio con un par de sorbos de té entremedio. El primero de mi vaso.

Quise pedirle perdón. A él y a todos. En ese momento me dieron ganas de hacerlo, pero la costumbre de estar bien al no saber nada parecía importarme más.

- Te veo tan preocupado que creo es mejor dejar de darle tantas vueltas al asunto - se quitó la bufanda y el cabello le colgó un poco más abajo que los hombros - no vine para pedir explicaciones así que no me mires como si tuvieras que dar cuenta de algo. Con los chicos estábamos preocupados, eso es todo. Es lo normal, también. Tu siempre te preocupaste por todos - agarró mi mano y me sobresalté. Supe que era algún gesto tranquilizador cuando me sonrió tan característicamente de su torpeza. Era imposible que me calmara - ellos quieren verte. Haremos algún tipo de reunión para celebrar la Beca de Deportes que le dieron a Shouyo y Kageyama. Será este sábado en mi casa, a las 8. Quiero que vayas.

Me lo estaba pidiendo, eso estaba claro. Podía decir que no. Debía decir que no. Debía, mejor dicho, decir que sí. Lo cierto es que tenía solo una cosa en la cabeza.

- Debo irme Daichi, tengo que ver algo en la Universidad y aproveché de venir, pero ten mi número de teléfono - sacó un papel de su pantalón y lo puso en mi mano con una torpeza radiante - llámame si es que decides o no ir. Todos estarán allí.

Todos estarán allí.

Él se levantó y volvió a colocarse la bufanda. Dio gracias por el té y se acercó a la puerta. Mientras se abrochaba las zapatillas me levanté y apreté el papel con fuerza.

- ¿A qué te refieres con todos?

Hubo un silencio entre que se terminaba de abrochar y se levantaba.

- Todos son todos, Daichi. No hagas que te nombre a cada uno, me harás pensar que no nos recuerdas - me seguía sonriendo. Me dolía el estómago.

Recordaba hasta cada una de las jugadas que hicimos juntos.

- Claro que los recuerdo a todos Azumane; no digas eso - intenté sonreír también, pero no resultó muy bien.

- Claro. Espero verte luego - al cerrar él la puerta, esta me retumbó en la cabeza. Mi corazón latió muy rápido y los pies se me movieron solos.

- ¡Asahi! - él se volteó y me vio asomado tras la puerta. Hacía mucho frío, estaba comenzando a nevar, pero el techo del 2do piso del edificio de departamentos nos protegía. Yo salí en calcetines. Azumane se reía, estaba a unos 20 pasos de mi, a punto de llegar a la escalera.

- ¡¿Qué?!

- ¡Sábado a las 6 en el café al lado del Centro Comercial! ¡Nos vamos juntos!

Fue atarantado.

- ¡Me hubieras llamado por teléfono! - reía. Hizo una pausa - ¡te veré allá! - se volteó y llegó hasta la escalera.

Intenté sonreír de nuevo, pero no salió muy bien. No me metí al departamento hasta que ya no se veía y, claro, hasta que me di cuenta que tenía demasiado frío. No pude volver a dormir bien esos días.

La cafetería no tenía nada en especial, ni siquiera era muy grande. Las mesas eran para dos personas y solo trabajaba una chica como mesera. Habían pocas mesas llenas. El ambiente era cálido. Las manos me dolían debido a lo heladas que estaban.

Me senté en la mesa más alejada de la puerta, pedí un café expreso y un té con leche y endulzante. Había llegado antes de lo debido por culpa de la ansiedad que me golpeaba la nuca cada vez que bajaba mi guardia. Tenía el presentimiento de que Azumane llegaría antes de lo previsto también y no me equivoqué. Llegó solo unos minutos después. Le dio una vuelta con la mirada a la cafetería y caminó hacia mi enseguida, al verme. Venía con una sonrisa en la boca y con la nariz rojiza. Afuera nevaba como hace tiempo no lo hacía en esta época, al menos no en Tokio. Se quitó la chaqueta y la dejó en el respaldo de la silla, donde se sentó y me miró con una alegría que me comenzaba a poner nervioso. Podía ver su aliento salir.

- Te pedí un té con leche, deben estar por traerlos - debería haber sonreído, pero no lo hice.

- Gracias - se acomodó y agarró una de mis manos de la misma sorpresiva forma que en mi departamento - hace mucho frío afuera, ¿esperaste mucho?

- Solo unos minutos - me la soltó. O tal vez yo me solté, no estoy seguro.

Ya había asumido, después de pensar tanto en su visita de hace unos días, que los silencios eran culpa mía.

- Lo siento Azumane, no sé por dónde comenzar.

- ¿Cómo estuvo la universidad estos días? - justo la mesera trajo el té y el café. Se demoró una eternidad en dejarlo sobre la mesa. Se me hizo una eternidad.

- ¿De verdad quieres saber sobre eso? - el rió.

- No levantes una ceja Daichi. No va contigo.

Tuve que haber sonreído porque asintió.

- Es una mala costumbre que he agarrado en este tiempo.

Definitivamente los silencios eran culpa mía, pero que me mirara tan fijamente era mérito suyo. Me ponía de los nervios.

- Ya dije que no quería interrogarte - ahora se ponía serio - solo pensé que sería bueno conversar antes de que vieras a todos.

Seguía siendo tan precavido. Supongo que fue una lección de Suga, en su momento.

- Tampoco es que tenga miedo Asahi, no te confundas. Será bueno verlos a todos de nuevo.

- No lo creo, Daichi - tenía que nombrar más problemas de los que yo ya tenía en mi cabeza - ¿no te das cuenta de que algunos podemos estar enfadados porque desapareciste?

Nunca lo pensé. O, la verdad es que nunca le di importancia.

- ¿Es así? - debería haber sonado más interesado, quizás, pero no lo fue.

- ¡Claro que sí! - levantó la voz, lo que era extraño. Supongo que su carácter había cambiado - somos amigos, ¿se te olvidó tan rápido?

No dije nada. No quería hablar del tema. Se desviaría, estaba seguro.

- No te quedes callado Daichi. Tienes la obligación de explicarme algo a mí, aunque sea.

- No la tengo - lo dije calmadamente, pero firme - aunque eso no significa que no te pueda pedir disculpas.

Me miro fijo, esperando. Faltaban sus brazos cruzados de forma demandante, solamente.

- Lo siento.

Tomé un sorbo de café. Estaba tibio. Supongo que el de Asahi también. La conversación nos había tomado más tiempo del que sentí pasar.

Me sonrió. Volví a sentir una calidez en el pecho.

- ¿Qué es lo que sientes?

Lo pensé un momento.

- Siento el haber desaparecido. Fue estúpido, un capricho. Lo hice sin pensarlo tanto.

- Deberías pensarlo un poco más, estúpido - si hubiésemos estado en preparatoria creo que jamás me hubiese dicho eso. No pude evitar reírme esta vez. Él también lo hizo - todos hemos querido escapar alguna vez - de alguna manera esa conversación parece haberle sido suficiente.

Le conté varias cosas, entre ellas que estaba estudiando Ingeniería comercial, aunque eso no parecía haber sido muy importante nunca. Las materias no se me complicaban lo suficiente, pero si tenía la oportunidad de quejarme sobre el poco tiempo que tenía para descansar lo hacía y esta no fue la excepción. Él solo me miraba y hacía un par de preguntas de vez en cuando, pero no hondó más en algún asunto. Le conté que no veía a mis padres desde que vine a Tokio después de salir de Karasuno. La peor estupidez de un capricho que parecía haber llegado muy lejos.

- Entonces es cierto que no has vuelto a Miyagi ni una vez. Pensé que Kuroo le había mentido a Kenma cuando Hinata nos contó.

Maldito Kuroo.

- Me gustaría saber qué más les dijo Kuroo.

- No mucho. Solo donde vives y esto, pero porque Kenma se lo preguntó. Al parecer tampoco soltó mucho. Aún así ayudó a dar contigo. Supuse que tú tendrías más cosas que decir.

Las tenía. Claro que sí.

- No sé si muchas, la verdad. Lo cierto es que dejé el volley. No he vuelto a practicar desde que lo hice con ustedes.

Él me miró un momento menos sorprendido de lo que creí que se vería.

- ¿Por qué lo dejaste, Daichi? tienen club en la universidad, podríamos habernos topado en algún campeonato.

- No quería volver a jugar si no era con ustedes. Ya no se veía tan interesante ni divertido. Terminó perdiendo el sentido para mí.

Eso sí que pareció sorprenderlo, pero fue solo un momento. Luego volvió a su sonrisa tan calmada de siempre. Vibró su celular sobre la mesa.

- Ya es hora de irnos, Noya está molestando. Vamos - se levantó y cogió su chaqueta. Se la colocó sin prisa mientras yo hacía lo mismo. Pagamos la cuenta y salimos al frio infernal otra vez, aunque ya no estaba nevando.

La casa de Asahi estaba a unas cuadras del Centro Comercial así que caminamos. De alguna forma él irradiaba algún tipo de emoción que no sabría explicar muy bien. Aún así, se sentía familiar. Se hizo un nudo en mi estómago. No tardamos más de 10 minutos en estar frente a la puerta del departamento que estaba en un quinto piso de un pequeño edificio residencial en medio de tanto comercio. No había ascensor y subimos escaleras. Pude notar la diferencia de estado físico entre ambos. Me sirvió para disimular tanto nerviosismo.

Jamás podría estar preparado para verlos a todos de nuevo.

- Noya dijo que habían llegado todos ya, entremos.

Sin dejarme responder abrió la puerta y entramos. Un corto pasillo con luz apagada apareció con una puerta entreabierta que dejaba salir luz y unas voces muy conocidas y ruidosas. Nos quitamos los zapatos y caminé lentamente detrás de él. Deslizó la puerta y el corazón se me detuvo.

- ¡Hasta que llegaste, Azumane! - Noya se detuvo en frente de Asahi y me miró fijamente por un momento. Me dio el tiempo de explorar la habitación. El Kotatsu. Este parecía estar lleno de recuerdos felices que irrumpieron en mi mente en un segundo. Todos los del equipo, en mi último año, estaban allí.

Era como volver al gimnasio después de un fin de semana libre. El pecho se me apretó casi sin permitirme devolver sus saludos interminables y entusiasmados. Personas como Tsukishima o Kageyama se quedaron sentados, esperando que me acercara, pero otros como Hinata o Tanaka se me acercaron de inmediato más eufóricamente de lo que me esperaba. Me senté en un sofá que parecía estar totalmente fuera de lugar con la tradicionalidad de la habitación, al lado de Ukai-san y Takeda-sensei. Ese contraste hacía notar quiénes eran los que vivían allí. Ambos estilos eran muy acordes con Azumane y Nishinoya, juntos.

Mientras Asahi me preparaba un té en la cocina me encogí en el sofá y me aguantaba las lágrimas de rabia, tratando de sonreírle a los que me intentaban sacar algunas palabras. Aún me seguía sintiendo el capitán del equipo en esa habitación. Por un momento olvidé el por qué me había ido de Miyagi, aunque no duró mucho. El vacío no tardó en ser expuesto.

- Eh, Daichi, ¿no has sabido nada de Suga-san? no lo hemos podido encontrar - se sintió como si Tanaka hubiese sentido que dijo algo incorrecto - ¡aunque no me mal entiendas, no es que no estemos felices de que vinieras! te esperábamos.

Noya se metió al diálogo de inmediato.

- Ryuu se refiere a que con Suga-senpai no hemos tenido tanta suerte como contigo. Pensábamos que tú sabrías dónde estaba.

Miré a los ojos de Azumane, quien estaba entrado a la habitación y, luego, a Shimizu. Ambos estaban callados y dieron un suspiro al cruzar miradas conmigo. Parecían, ya, haber dado por perdido el asunto. Yo lancé una mueca, tratando de no verme tan interesado mientras Asahi me daba el té y se sentaba al lado de Nishinoya, en uno de los cómodos cojines que estaba repartidos por todo el lugar.

- No he sabido nada de Sugawara desde la graduación.

Me costó menos decirlo de lo que pensaba. Al menos no era el único quién había sentido su ausencia, aunque de manera bastante diferente.

Después de eso, la reunión transcurrió como si nos hubiéramos visto el día anterior, aunque los temas de conversación fueron bastante diferentes a los que hablarías con alguien a quien ves todos los días. Supe en detalle sobre las becas de Hinata y Kageyama. Habían jugado un partido oficial donde el entrenador de Japón había ido a observar debido al gran nivel que habían demostrado los equipos de preparatoria del país. Como jugadores individuales habían crecido mucho y me aseguraron que ya no eran como antes. Lo dijeron con tanta seguridad que no me atreví a no creerles. Brindamos con té (ya que hacía mucho frío) por la causa varias veces. Después, no sé de dónde salió el alcohol. Takeda-sensei parecía escapar, esa noche, de su deber de profesor ya que varios eran aún menores de edad. Tanaka comenzó -con entusiasmo- a hablar sobre sus inevitables ganas de formar parte de alguna universidad para jugar en el club de voleibol de adultos, pero aún no sabía qué carrera le aburría menos. Ennoshita y Kinoshita ya estaban estudiando, en la de Miyagi, diseño gráfico y animación; parecían felices con la carrera ya que, además de voleibol, siempre habían compartido un gusto por los videojuegos que, en tercer año, había llevado a un gran interés por la creación de estos. Narita, por su lado, se veía feliz siguiendo el negocio familiar, aunque esperaba estudiar algo relacionado con administración de empresas en cuanto juntara el dinero suficiente. En el caso de Ukai-san, seguía entrenando al equipo de Karasuno y Takeda-sensei seguía siendo el profesor que apoyaba al club.

Me sentí golpeado por cada uno de los chicos debido a la desconexión de la vida que llevaban en Karasuno, aunque sus personalidades se mantenían. Obviamente, los cabellos más largos o cortos y las alturas distintas se notaban, al igual que las diferentes expresiones. La excepción era, por supuesto, la unión que seguía haciéndose más visible mientras hablaban. Seguía igual. Yamaguchi, eso sí, parecía el más cambiado. Su cabello estaba corto y hacia arriba, lo que permitía ver todo su rostro. No se le dio bien hablar delante de todos, pero Tsukishima se encargó de eso.

Yo sabía que Tsukishima estaba al tanto de que me seguía viendo con Kuroo, quien me había contado, desde el testimonio de él mismo, todo lo que los chicos decían. Lo hacía solo para crearme más ansias de volver que, según Tetsuro, yo tenía, pero no las había sentido hasta ver a los ojos a Azumane unos días atrás, en mi departamento. Kuroo nunca lo entendió. Aún así, ahora sería imposible zafarme.

Entre más reían y conversaban de sus ganas de estudiar, trabajar y hacer cosas, noté que no quería mi turno para hablar y me pilló desprevenido.

- ¿Y tú, Daichi? ¿Qué has hecho en estos años?

Supe, por el tono de su voz, que Shimizu estaba enojada. Apretaba la mano de Yachi-san con mucha fuerza, después de que ambas hablaran de que compartirían cuarto en Miyagi para poder estudiar Pedagogía juntas, aunque una dos años antes que la otra. Por otro lado, por mucho que miré a Kiyoko a los ojos, no podía dejar de sentirme totalmente ajeno a ella. Sentí como si algo faltara entre nosotros. Siempre fuimos cercanos desde, más o menos, la mitad de primer año, aunque faltaba alguien más en esa sumatoria. Aún así, jamás fui capaz de contarle sobre Koushi. Me invadió la duda sobre si sabía el por qué ambos nos dejamos de hablar a finales de tercero.

Ahora, tenía todas las miradas en mi y de mi boca no salía nada. ¿Aspiraciones? se me escaparon de la cabeza y se hicieron rudimentarias, pequeñas. Poco importantes.

- Estudiar, más que nada. Me enfoqué en eso y me ha ido bien, no me quejo. Tengo tiempo suficiente para... - casi se me trabó la lengua, sin saber cómo seguir - ... enfocare en ello ya que me dieron una beca que me cubre la mitad de la carrera. Lo demás me alcanza con los ahorros del banco que mi familia tiene desde que soy pequeño, aunque la carrera me quita demasiado tiempo libre, más del que me gustaría.

Tanaka esperaba ansioso, observándome.

- ¡¿Y? ¿cómo ha estado el equipo de voleibol?!

Entré en pánico sin entender por qué me estaba pasando. Miré a Azumane de la peor forma que pude, en desesperación. Él me lanzó una mirada comprensiva, como intentando no permitirme responder, pero no fue el que sacó del aprieto (por alguna razón no quería decir delante de todos que no jugaba hace dos años).

Casi se me cae el té de la mano.

- Sawamura-san, acompáñame a buscar bebidas a la cocina. Nos lo debes por andar desaparecido. Asahi debe estar cansado de ser el anfitrión.

- ¡En ese caso, Nishinoya-san debería hacerlo! - Hinata se veía en mucha más confianza. Los demás rieron.

- ¡Lo haré en la próxima vuelta!- golpeó a Hinata en el brazo - ¡no me traiciones así, Shouyo!

Lo próximo que supe es que Shimizu me había dado un golpe en la cara apenas había cerrado la puerta de la cocina, después de cruzar el pasillo. La tuve que haber mirado bastante sorprendido porque jamás creí que la vería comenzar a llorar en frente mío.

- Siempre fuiste un tonto Daichi, pero nunca creí que nos dejarías como si no hubiéramos pasado tantas cosas como amigos, como equipo.

Ahí supe que Asahi, al hablar sobre los que estaban enojados conmigo por el asunto, no se refería solo a sí mismo. Me quedé congelado mientras me sobaba la cara y la miraba sonarse la nariz. Parecía tener un resfriado, de paso.

- Estas siendo más enérgica que Azumane. Él solo me levantó la voz - sonreí un poco y, antes de que me pudiera responder y yo comenzara a llorar con ella, le di un abrazo estrepitoso y atarantado. Nunca antes lo había hecho ni me habría atrevido mientras estábamos en la preparatoria, pero esa sensación en mi pecho estaba por explotar.

No pensé en ella ni por un segundo desde que me fui. Ni en nadie. Solo tenía a uno en mi cabeza.

- Se que no basta con un lo siento, pero te lo digo en serio. No quería lastimar a nadie, solo lo hice - reí - supongo que mi familia estará mucho peor conmigo.

Para mi sorpresa, ella también rió.

- Eres un maldito egoísta. Llaman seguido a mi celular preguntando por ti.

Ese tipo de información es la que cae justo en el estómago, con la culpa y el remordimiento. Toda la rabia que sentía por un enamoramiento de adolescente que había salido mal, se desvaneció. Quién creería que al ver a todos llenos de aspiraciones claras y firmes me harían notar lo estancado que me estaba quedando.

Kuroo tenía toda la razón. Siempre he sido un cobarde. Supongo que está bien aceptarlo.

- ¿Qué es lo que sientes? - dijo, de la nada. Al igual que Azumane. Me lo pensé en un momento.

- El no haber pensado en nadie cuando me fui, hasta ahora. No es algo que ayude mucho: el quedarse solo.

Shimizu se limpió en mi chaleco mientras yo lo hice con mi manga. Me soltó y se rió. Jamás me había mirado tan tiernamente. Saqué los vasos y ella la bebida para, después de esos 20 minutos injustificables ante los demás, saliéramos con los ojos rojos, a servir.

...

- ¡Se me hizo tarde, chicos! tengo un examen importante el Lunes y necesito estudiar - el vino nunca me ha ayudado a superar momento fuertes, pero me sentía tan feliz que no reparé en que me estaba sobrepasando.

- ¡Vamos Sawamura, no te vayas! - jamás en su vida pensé que Hinata me llamaría por mi nombre. Estaba completamente ebrio. Kageyama no paraba de reír junto a Tsukishima y Yamaguchi. Parecían haber tenido más experiencias con el chico alcoholizado.

- Debo irme chicos. Les prometo que nos veremos pronto por Miyagi - lo dije lo más sincero que pude. Sentía una nostalgia que me estaba obligando a volver en año nuevo.

La despedida fue más fácil que el saludo. Los sentí a todos cerca, cálidos. Les di a cada uno mi número de teléfono de una forma agobiante y testaruda de la que me avergonzaría después, sobrio. Me dolía el rostro de tanto reír y conseguí ponerme bien los zapatos en la oscuridad del pasillo.

- ¡¿Te abro, Daichi?! - Azumane me lanzó un grito al yo golpearme con el mueble de las llaves de la entrada mientras me levantaba, haciendo un estruendo que rebotó en las paredes.

- ¡No te preocupes, estoy bien! - me aseguré de que no me viera tan desordenado dentro de mi chaqueta, bufanda y gorro, me di unos cuantos palmazos en el rostro para asegurarme de que era capaz de llegar bien a mi departamento y abrí la puerta de un golpe, hasta atrás, aún con una sonrisa en la cara por los recuerdo de Karasuno, los de esa noche y porque me dolía la pierna por un movimiento de ebrio estúpido, pero parecieron borrarse de inmediato.

Un flequillo plateado y una mirada gris me detuvieron ante lo que sea que iba a hacer después de abrir la puerta. Me enfoqué en su lunar, su ropa, su postura, sus cambios; todo en un segundo. Tenía una mano en el marco de la puerta, despreocupado, y la otra en su bolso. Sacó su boca desde la bufanda que rodeaba su cuello y vi su respiración debido al frío que me comenzó a perforar el pecho. No hubo ninguna expresión

Ni siquiera necesito decir el nombre.

Supongo que tendrá como 5 capítulos, si es que. O 4. Aún no lo decido.

Gracias a los que se pasan por aquí.

¡Nos leemos pronto!