[ Twists of Life ]

Capítulo 3

.

Tras la repentina llegada de quien parecía ser conocido de la muchacha que milagrosamente lo había salvado, Fey se quedó pasmado ante la identidad del joven, no hallaba las palabras exactas para describirlo y permaneció ahí en el piso sin poder controlar los temblores de su cuerpo frente al susto que pasó por lo ocurrido.

–¿Qué pasa, Kaneki? ¿Lo conoces?

La joven no recibió respuesta por parte de su acompañante, quien sin apartar su mirada del chico que yacía sobre el frío piso con evidente terror plasmado en su rostro, notó como este dio un ligero respingo una vez que se arrodilló a su lado y con una apacible voz preguntó. –¿Estás bien? ¿No estás herido?

Por mucho que intentó formular alguna frase coherente, Rune no respondió, era como si las palabras se hubiesen quedado atoradas en su garganta y aunque todo rastro de peligro había cesado aún era incapaz de controlar los ligeros temblores de su cuerpo. No obstante, al momento en que Kaneki posó su mano sobre su hombro dedicándole además una tenue sonrisa en un intento por tranquilizarlo, Fey consiguió hacer solamente un movimiento de cabeza, asintiendo a su pregunta hecha con anterioridad.

Sin apartarse de su lado, Kaneki giró su cuello para ver a quien yacía de pie a sus espaldas y dijo. –Creo que deberíamos llevarlo con nosotros.

–¿Acaso no se te ocurre pensar en que podría suponernos algún problema si lo hacemos?, ni siquiera sabemos quién es.

–No lo sabremos, pero aún así viniste para ayudarlo. –Su contestación consiguió dejar sin palabras a la joven Kirishima y ante su silencio, Kaneki prosiguió. –No podemos simplemente dejarlo aquí, ha de estar desconcertado con todo lo que está ocurriendo... al igual que yo lo estuve.

Oír como ambos hablaban sobre qué hacer con él estando ahí presente era una situación bastante incómoda, pero tranquilizante debido a las constantes defensas del hombre a su lado y en el rostro de la joven era posible percibirse la duda frente a sus palabras.

–Si hay algún problema yo mismo me haré cargo, Touka. No tendrás que tomar la responsabilidad de nada.

Touka no se molestó en responder y se limitó a dar media vuelta, alejándose del sitio y dejando atrás a ambos chicos, Kaneki enseguida se apresuró en ayudar a Fey a levantarse, alentándole además a que los siguiera después.

A pesar de las dudas que atentaban contra su conciencia, Fey optó por aceptar la petición del chico, preguntándose seriamente a sí mismo en qué clase de lío ha de estar metiéndose y a dónde iría a parar, pero intentó ignorarlo, no tenía mejor opción que acompañarlos.

Inmersos en la oscuridad de la noche, los tres se movilizaban a paso constante en absoluto silencio, la joven permanecía a la delantera a unos cuantos pasos de distancia de ambos, el ambiente que entre ellos recaía fue pesado hasta que alguno se dignó a romper el hielo.

–Pienso que fue una suerte que nos hayamos topado hoy. –Empezó Kaneki. –Pregunté por ti el día que salí del hospital.

Con la voz en un hilo, Fey preguntó. –¿Por qué?

–Bueno, quise asegurarme de que estuvieras bien, que estabas recuperándote como debías.

–¿Por qué te interesaría saber cómo estoy?, solo nos hemos visto una vez.

–Ambos estuvimos involucrados en un incidente bastante desfavorable y a decir verdad... creo que en el fondo sentí culpa por lo que te ocurrió, ella me quería a mi y se desquitó en ti para causarme un terror mayor.

Puede que no haya dicho ningún nombre, pero Fey entendió perfectamente a quien se refería. –¿Hace... Hace cuánto tiempo preguntaste por mi? –Preguntó, observando a Kaneki con el rabillo del ojo.

–Fue alrededor de una semana, quizás un poco antes, me dijeron que tu estado era estable, pero que a diferencia de mi, tu recuperación se vio ralentizada por el grado de tus heridas.

Ciertamente, los reiterados golpes que fueron proporcionados sobre su cuerpo fueron el factor que le obligaron a permanecer hospitalizado más tiempo del que hubiera esperado, apenas había sido dado de alta esa tarde, información que Kaneki desconocía.

El actuar del joven a su lado conseguía despertar la intriga en él, que estuviese hablando de tal tema en cuestión como si no tuviera mayor importancia lo sorprendía, a menos que lo hiciera adrede con tal de bajar la tensión que en él yacía desde que puso un pie fuera de casa.

–Ya has podido darte cuenta ¿no es así?, ver como la apariencia de uno de tus ojos cambia. –En contestación, Rune asintió casi en un susurro. –Eso se debe al hambre y en mi caso es difícil manejarlo, por ello debo llevar este parche sobre mi ojo izquierdo.

–Es... raro, que algo así pueda ocurrir.

–La primera vez que vi mi reflejo en ese estado estuve aterrado, pero a diferencia de mi, no creo que tengas problemas con eso, tu ojo volvió a la normalidad en cuanto nos marchamos.

A decir verdad, recibir dicha información fue de imprevisto para Fey, la inusual apariencia de su ojo derecho fue un detalle que dejó escapar una vez que ambos llegaron en su ayuda y saber que este ya había retornado a su estado normal fue aliviante de escuchar.

–Eh, creo que no me he presentado. Soy Kaneki Ken. –Agregó él, extendiendo su mano hacia el joven Rune.

Por unos instantes, Fey dudó en corresponder a su gesto, pero a fin de cuentas cedió y estrechó su mano con la de Kaneki. –Soy Fey Rune.

Una vez llegados a su destino, Fey detuvo sus pasos y observó el sitio al que fue llevado, descubriendo en frente una pequeña cafetería con el nombre de Anteiku en él. Tras entrar al recinto únicamente los empleados se hallaban en su interior.

–Hasta que al fin regresan, ¿quién es ese chico que viene con ustedes? –Preguntó una chica, luciendo un negro y largo cabello que se deslizaba por sus hombros.

–Bueno, él es…

Antes de que Kaneki pudiese completar su frase, un hombre de mayor edad, alto y de blancos cabellos se hizo presente luego de entrar por una puerta situada por detrás del mostrador. –Bien muchachos, ya pueden marcharse a sus hogares si así lo desean, los turnos de hoy ya han acabado.

Dicho hombre dejó caer su mirada sobre Fey durante unos instantes al notar su presencia, para luego mirar a Touka y preguntar. –¿Quién es este muchacho?

–Él es Fey, un ghoul.

Una vez pronunciadas tales palabras, tanto la muchacha como el alto hombre no apartaron sus miradas del menor y esta última, con notorio asombro en su rostro. Mientras más segundos transcurrían, más fuerte se hacía la incomodidad de Fey.

Acabando con dicha situación, Kaneki interrumpió. –Él ha estado pasando por las mismas circunstancias que yo, pensé que tal vez podríamos acogerlo aquí.

Fey no formuló frase alguna que pudiese interrumpir la conversación que estaba desarrollándose frente a sus ojos, no comprendía muy bien a qué se refería Kaneki con aquellas palabras, por lo que callar le pareció la opción más razonable.

–Comprendo, no veo ningún problema en cumplir con lo que estás pidiendo, después de todo esa es la finalidad de este lugar.

–¿Eso... Eso quiere decir que aquí todos son ghouls? –Se atrevió a preguntar Rune, poniéndole fin a su silencio.

–Precisamente, me llamo Kaya Irimi un gusto conocerte. –Respondió la muchacha, enseñándole una tranquilizadora sonrisa. –Este hombre es Yoshimura Kuzen, el dueño del local.

–Eh, un gusto...

Luego de que las breves presentaciones fueron finalizadas, tan solo Fey, Touka y Kaneki permanecieron en el interior de la cafetería, ante tal evento que se desarrolló en cuestión de minutos apaciguó ligeramente las preocupaciones de Rune, sentía que las circunstancias de algún modo u otro habían mejorado, al menos un poco, pero de todas formas la angustia que en su interior albergaba no fue disipada en su totalidad, su condición actual dejaba mucho de qué hablar.

Abismado en sus pensamientos, Fey espabiló al sentir cómo algo se reposaba sobre su hombro y al girar ligeramente su cabeza, ahí halló a Kaneki. –Yo también me sentí desorientado con todo esto y de hecho aún hay veces en las que lo estoy, pero ya verás como las cosas tomarán un mejor rumbo a su tiempo, podemos ayudarte aquí.

–Yo... Entiendo. En todo caso, creo ya es momento de que me vaya.

–Está bien, solo recuerda que eres bienvenido a regresar cuando te plazca.

Fey se limitó a asentir con la cabeza en respuesta a las últimas palabras que Kaneki le había dedicado y cuando se disponía a abandonar la cafetería, su paso se vio obstruido por dos mujeres que entraron al local, una señora y una chica que aparentemente, era su hija.

Al reconocer a las recién llegadas, Touka se acercó a ellas con una sutil sonrisa en sus labios. –Bienvenidas de regreso, señora Ryoko, Hinami.

–Lamento irrumpir a estas horas de la noche, no es mi intención causar alguna molestia.

–No se preocupe, tenerlas aquí no es ninguna molestia, pueden venir cuando quieran.

Ambas mujeres se vieron tan ensimismadas en la conversación que habían entablado que Fey aprovechó la oportunidad de pasar junto a ellas, dispuesto a continuar con lo que momentos antes se vio obstaculizado y mientras salía del lugar no pudo evitar notar como aquella chica, la hija de dicha mujer, no apartaba su mirada de él con aparente curiosidad y mientras que Touka, Kaneki y Ryoko permanecían distraídos en su charla, le sonrió en forma de despedida y se marchó.

En el camino de regreso, Fey no consiguió dejar de pensar en lo ocurrido durante el corto tiempo en que estuvo fuera de casa, que hubiesen ghouls que no eran como siempre creyó era suficiente razón para asombrarlo. Sin embargo, la mayor incógnita que en su cabeza yacía era el cómo le explicaría dichos acontecimientos a Wandaba, no podía ocultarle nada, terminaría descubriéndolo de un modo u otro... el problema consistía en cómo haría que lo comprendiera sin que creyera que había perdido el juicio.