Me siento bastante animada editando esta historia, pero a decir verdad, es bastante complicado, algunos capítulos más que otros... lo tomaré como un reto hahaha Me enfrento a mi "yo" de 13 o 14 años


[ Twists of Life ]

Capítulo 4

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Dos semanas transcurrieron desde que Fey unió lazos con Anteiku, haciéndose partícipe de esta pacífica organización y fue en ese periodo de tiempo en que pudo conocerla con un poco más de profundidad, siendo Kaneki quien le brindó la información necesaria sobre esta comenzando por la política de trabajo que tenían grabada en su memoria, cualquier ghoul que llegase a las puertas de Anteiku tenía el derecho de recibir su ayuda en caso de la que necesitara. Además, Kaneki le habló un poco sobre las reservas de comida que yacía en bajo el poder del dueño, revelándole la existencia de una cámara frigorífica bajo la cafetería y el uso que hacían de esta no tuvo la necesidad de explicación, en cuanto escuchó dicho detalle comprendió muy bien su finalidad.
Aunque fue lento al inicio, las cosas de verdad parecieron tomar un mejor rumbo para él, su proceso de adaptación se vio facilitado por el simple hecho de no estar solo, ahora tenía quienes le resguardaran la espalda y le brindarían su apoyo si la situación así lo ameritaba, pero a pesar de sus favorables circunstancias, existían ocasiones en las que un vacío se apoderaba de él, días en los que sentía que ya nada tenía su razón de ser, era como si sus ánimos estuviesen arrastrándose por los suelos, pero en cada ocasión se esforzó por ahuyentar tales sentimientos y siguió adelante.

El día de hoy, Rune se hallaba charlando con Kaneki en el interior de una de las habitaciones del piso de arriba de la cafetería, de uso restringido para sus empleados y otros de confianza. Aunque no lo dijese en voz alta, Kaneki parecía contento de verlo rondar por ahí tal y como le sugirió el día en que se conocieron formalmente.

–Aún no me has contado cómo se tomó todo esto tu amigo, Wandaba dijiste que era su nombre, ¿fue demasiada su sorpresa? –Preguntó el joven de parche.

–Un poco, sí, lo procesó mucho mejor de lo que creí...

Luego de haber retornado a su hogar y esperar al regreso del azulado oso tras finalizar sus respectivas labores, con un nudo en el estómago, Fey se preparó mentalmente para explicarle todo lo sucedido en su ausencia y una vez que lo tuvo frente a él, con toda la calma que le fue posible procedió a darle inicio a su relato, yendo paso por paso asegurándose de utilizar las palabras adecuadas para hacerle más sencillo el trabajo de comprender dicha información y como esperó, al cesar sus palabras Wandaba dudó de su historia, no parecía capaz de creer lo que oían sus oídos y dispuesto a acabar con sus dudas Rune se vio en la obligación de infligirse un corte sobre su brazo, no demasiado profundo, para probarle la veracidad de sus palabras.

Aunque en un principio Wandaba intentó detenerlo de hacer tal cosa, fue inevitable para él observar boquiabierto cómo la herida de Fey era cicatrizada sin ayuda alguna y guardó silencio hasta que dicho corte desapareció de su piel, por supuesto que Rune era consciente de que eso ocurriría, sabía que aquella era una de las cualidades que los ghouls poseían. Wandaba exclamó incrédulo de cómo aquello era siquiera posible y es más, la noticia fue de tal impacto para él que terminó desplomado en el piso, presentando un resultado completamente diferente a lo que Rune tenía en mente.

Luego de contarle tal historia al joven Ken, se escuchó una risita nerviosa salir de sus labios. –Bueno, el punto es que ahora parece estar bien con eso... de cierta manera.

–Eh, tengo que admitir que esperaba que su reacción fuera mucho peor, aún después de eso le costó un poco asimilarlo.

–Que le contaras lo antes posible fue lo mejor, si hubieras esperado más podría haberse hecho más problemático para ambos. –Comentó Kaneki. –Debo volver al trabajo ahora, pero puedes quedarte aquí esperando y seguimos charlando más tarde si quieres.

–Me parece bien, te veré luego entonces.

A fin de cuentas, Fey optó por quedarse allí tal y como Kaneki le sugirió, no era como si tuviera algo mejor que hacer esa tarde, en lo único que se concentró en esas dos semanas fue en ocultar su actual condición, lo que por cierto resultó ser más difícil de lo pensado, al estar incapacitado de comer alimentos de cualquier tipo, en sus horas de clase tendió a excusarse de que aguardaría hasta llegar a casa y ni siquiera eso era verdad, no se atrevía y ni mucho menos le apetecía consumir carne humana.

Unos cuantos minutos pasaron y allí yacía él, con su mirada fija en la pantalla de su celular con tal de hacer que el tiempo corriese más rápido, se vio tan inmerso en ello que se sobresaltó al oír el repentino sonido de la puerta siendo abierta y cómo alguien ingresaba con una pila de cajas en sus brazos, debido a ellas le fue imposible descubrir la identidad de quien las cargaba.

Sin importar quien fuese dicha persona, esta no parecía poder con el peso de las cajas que consigo traía y en un descuido acabó perdiendo el equilibrio de estas y habrían caído estruendosamente al piso a no ser por Fey, quien reaccionó de inmediato y fue en su ayuda.

–¿Necesitas un poco de ayuda con eso? –Preguntó él con cortesía, sin apartar aún sus manos de las medianas cajas de cartón.

–Sí... Gracias.

Ante su contestación, Rune se dispuso a tomar entre sus manos dos cajas del poder de dicha persona, siendo estas cuatro en total, logrando divisar ahora el rostro de quien cargó con todo ese peso.

Sin duda alguna recordaba haber visto su rostro antes, quien yacía ahí con él era la joven que llegó en compañía de Ryoko Fueguchi a las puertas de Anteiku hace dos semanas. –Eres... Hinami, ¿no es así? –Con timidez, la chica dejó que un corto sonido saliera de su boca, asintiendo a la pregunta que le fue hecha.

–Esto... Un gusto conocerte, me llamo Fey Rune. –Comentó él. –Creo que no he tenido la oportunidad de presentarme antes.

–Eh, es un gusto. Yo... Yo tampoco he puesto mucho de mi parte en ese sentido.

Luego de un poco de diálogo, Fueguchi pareció tomar un poco más de confianza en si misma, la simpatía que él conseguía transmitirle logró que su timidez frente a tal encuentro quedase a un lado y sin retenerse por más tiempo, ambos depositaron la pila de cajas en un rincón de la habitación.

–Lamento haber hecho que me ayudaras con eso... era mi responsabilidad después de todo.

–No me molesta haberlo hecho, no podía dejar que lo hicieras tú sola viendo que necesitabas ayuda.

–Es probable que hubiera dejado hecho un desastre aquí. –Contestó Hinami, adornando su rostro con una tenue sonrisa. –Gracias.

Aprovechando la ocasión, tanto Rune como Fueguchi se acomodaron en los asientos que yacían en el cuarto, quedando así uno en frente del otro, hace dos semanas que sabían de la existencia del otro en el interior de la cafetería y nunca antes se habían animado a conocerse mutuamente.

–¿Tu madre y tu vienen por aquí seguido?, me pareció ver que Touka las conocía bastante bien.

–Sí, nos pasamos por aquí luego de visitar a mi padre en su trabajo, aunque esta vez estamos quedándonos aquí por unos días.

–¿De verdad? ¿Y a qué se dedica tu padre?

–Es médico, no es que esté muy ocupado con eso, pero... es complicado poder verlo a veces, por distintas cosas. –Agregó ella, la tristeza se plasmó en su rostro mientras transmitía dicha información.

Al verla en tal estado, Fey temió haberla ofendido en consecuencia de sus constantes preguntas. –Ah, lo siento, no quería hacerte sentir mal de ningún modo.

–No, está bien, solo recordé a mi padre, eso es todo. –Se explicó la joven, volviendo a darle color a su rostro curvando una sonrisa en sus labios.

Una vez que la tensión fue disipada del ambiente, ambos adolescentes prolongaron su conversación durante un tiempo más y solo cayeron en cuenta de cuánto permanecieron ahí sentados al notar cómo el sol había comenzado a ocultarse, otorgándole así al cielo un tenue tono anaranjado. Kaneki no parecía mostrar intenciones de regresar pronto, así que la decisión de Fey de marcharse fue la más acertada, ya se disculparía con él cuando se lo cruzase durante su ida y despidiéndose de Hinami, abandonó la cafetería.

Al día siguiente tras acabar sus clases, Rune contó con la compañía de Saru y Beta y durante el camino de regreso a sus hogares mantuvieron una conversación sumida en la tranquilidad, pero para cuando lo notó, esta pasó a tratar un tema del cual ya había oído con anterioridad.

–¿De verdad traes un objeto así contigo, Saru? –Preguntó Beta otorgándole un poco de sátira al tono de su voz, haciendo referencia al arma que Evan traía entre sus cosas. –Pero qué idea más absurda has tenido.

–No veo cuál es el problema con eso, no he pedido que compartieras sus burlas innecesarias.

–Es que en serio, ¿realmente crees que conseguirías hacerle el más mínimo daño a un ghoul con eso?

Saru no pudo evitar resoplar ante los comentarios que de Beta recibía, recordar que Fey le había hecho la misma pregunta en su momento le irritó. –Aún así, nunca se sabe cuando pueda llegar a ser necesaria que la use, solo lo haría en casos realmente necesarios.

–Pareces estar muy seguro de lo que dices. –Comentó la muchacha, quien regalándole una maliciosa sonrisa a Evan, prosiguió. –Entonces, ¿por qué no hiciste nada para ayudar a Fey cuando estuvo a punto de morir? ¿no fue acaso esa una situación adecuada para hacerlo?

Saru enmudeció, no halló cómo responder a las preguntas malintencionadas de Beta, sabía muy bien cuál era su objetivo al formularle tales preguntas y que estuviese lográndolo le hizo hervir la sangre.

Fey, quien se había mantenido al margen de la discusión, se apresuró a intervenir. –Saru no estuvo conmigo, que estés haciendo ese tipo de preguntas está fuera de lugar.

–Hehe, yo no lo veo así, él ha estado trayendo un objeto así consigo porque sabe de qué manera puede manifestarse el peligro por las calles y aún así, prefirió ir a divertirse y dejarte ahí tirado, convirtiéndote en una presa fácil.

–Lo que me pasó a mi también podría haberle pasado a él, pudo haber sido cualquiera. –Argumentó Rune, frunciendo el ceño.

–Pero las cosas así fueron, quizás ni siquiera estaríamos teniendo esta conversación ahora ¿no te parece?, saliste vivo a duras penas.

Rune abrió la boca dispuesto a continuar la disputa que con Beta se había instaurado, no obstante, sus palabras se vieron detenidas por la repentina interrupción de Saru, rompiendo así su silencio.

–Sí lo habría hecho... si hubiera estado ahí habría intentado evitarlo, eso te lo aseguro. –Comentó Saru a regañadientes, intentando controlar la cólera que en él estaba surgiendo.

Beta no mostró interés alguno al comentario hecho por el joven de blancos cabellos y esbozando una sutil sonrisa, contestó. –No podrás saberlo hasta que vuelvas a tener la oportunidad de usar tu dichoso juguetito. Hasta entonces, voy a darte el beneficio de la duda.

La joven se despidió de ambos muchachos realizando un ligero gesto con la muñeca, para luego dar media vuelta y tomar otra ruta, tanto Saru como Fey aguardaron estáticos a que tomara un poco más de distancia para retomar su propio camino, aún desconcertados por el rumbo que su conversación había tomado y la insolencia por parte de ella, quien no pareció mostrar ni el más mínimo signo de arrepentimiento en su rostro incluso antes de marchar, al contrario, parecía divertirse de la situación.

Durante unos instantes caminaron el uno junto al otro sin modular palabra, Rune no era ciego, al mirar a su amigo de reojo podía ver en su rostro como las palabras que recibió habían logrado afectarle de algún modo.

–No deberías pensar mucho en lo que Beta dijo antes, ya sabes cómo es ella, no sabe hasta que punto puede dañar a los demás a veces.

–Es... frustrante. –Se quejó Saru, casi en un susurro. –Ella puede llegar a ser muy molesta cuando se lo propone.

–Por eso mismo solo debemos olvidarlo, ya que al fin y al cabo, solo fue con intenciones de fastidiar. –A continuación, Rune palmeó sin ejercer mucha fuerza la espalda de Evan en un intento por animarlo. –No lo pienses demasiado, Saru.

–Créeme, eso intento. –Retomando la compostura, prosiguió. –Yo me voy por este lado, ¿estarás bien por tu cuenta?

–Eh, sí. Aún es temprano, difícilmente podría ocurrir algo a estas horas.

–En ese caso, nos vemos el lunes en clases.

Saru se despidió dedicándole un gesto con la mano a su amigo, quien respondió de la misma manera para luego continuar con su trayecto, pero en vez de regresar a casa se desvió de su camino y se aproximó hacia Anteiku, a decir verdad, era de su agrado rondar por ahí de vez en cuando, podría decir que sentía cierto alivio estando allí.

Al llegar no vio a nadie en el interior del local, cosa que fue de extrañar para él a esas horas del día, ya que según el cartel que yacía en la entrada la cafetería seguía estando abierta y dudando un poco de sus acciones se aventuró en cruzar la puerta detrás del mostrador, dispuesto a ir más allá de los interiores de la edificación con la esperanza de hallar a Irimi, Kaneki o alguien que conociese. Caminando por el pasillo alcanzó a oír unas cuantas voces provenientes de una de las habitaciones e inseguro, golpeteó la puerta un par de veces a la espera de una respuesta y una vez hecho esto giró la manija y entró, encontrando allí a todos reunidos.

–Ah, ya estás aquí Fey, justamente iba a llamarte para que vinieras. –Kaneki fue el primero en recibirlo, el pesar en el tono de su voz lo puso alerta.

–¿Por qué? ¿Qué es lo que sucede?

–Nada agradable, la señora Ryoko y Hinami se vieron involucradas en un asunto complicado. –Agregó un hombre de cabello castaño y redonda nariz, Enji Koma, uno más de los trabajadores de la cafetería, lo conoció durante una de sus visitas.

Un silencio sepulcral se apoderó de cada uno de los presentes, por un lado, algunos de ellos eran incapaces de ocultar el dolor y la tristeza de sus rostros, pero por otro lado, otros no demostraban ni la más mínima expresión, verlos a todos en tal estado solo provocó que la incertidumbre surgiera en el interior de Fey.