Luna Escarlata

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Capitulo Uno

Misión

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Alec POV's

Me encontraba yendo hacia a América, específicamente a un pueblo de Estados Unidos. Yo no soy de los que hacen trabajo de campo (excepto que se tenga que eliminar a muchos vampiros a la vez), pero le solicite a Aro que me dejara llevar a cabo esta misión. Estaba cansado de pasar todo el día en el castillo; esta vida eterna se estaba haciendo monótona. Aro debía estar notándolo, como poco a poco las ganas de dejar de formar parte de la guardia Volturi e irme a explorar el mundo iban aumentando, porque me autorizo a buscar a la humana.

Isabella Swan.

Aquella humana al parecer sabía el secreto de la existencia de mi especie. Se había enterado por esos vampiros que cazaban animales, algo ridículo en mi opinión. Alimentarnos de sangre humana es nuestra naturaleza; no hacerlo era, pues… antinatural.

…o.O.o…

Contemple esa pequeña casa. Entre, sin molestarme siquiera a golpear la puerta. Utilizando mi agilidad sobrenatural hice que mi irrupción no se escuchara.

Lo primero que capte al ingresar fue un delicioso y tentador aroma, dulce y embriagador. La ponzoña se formo en mi boca, pero la trague, no sin dificultad. Ladee un poco la cabeza y oí, atento, los sonidos de la casa. El zumbido del refrigerador, la televisión prendida a un volumen muy bajo y a alguien en la planta alta duchándose.

La humana. Isabella.

Decidí sentarme en el sofá. La sala era pequeña, o lo era en comparación a lo que estaba acostumbrado (las extensas habitaciones en mi "hogar" en Volterra), pero creo era acogedora.

No sé cuánto tiempo estuve allí, sentado inmóvil. No necesitaba respirar, parpadear o moverme. Siempre que me quedo sumido en mis pensamientos me desconecto del mundo, y parezco una estatua según Jane. Solo parpadee para salir de mi trance al escuchar unos pasos, aproximándose.

Me levante y la espere, tranquilo, pero fruncí el ceño al notar como, repentinamente, los latidos del corazón de la muchacha comenzaban a acelerarse. Me acerque a paso humano y hable:

—¿Isabella Swan?

Sorpresivamente la chica salió corriendo fuera de la casa. "¿Qué demonios…?". Camine despacio, siguiendo su esencia. Una pequeña y casi imperceptible sonrisa formándose en mi rostro, por varias razones. Primero porque era divertido que la humana intentara huir de mí. ¡Eso es algo imposible! ¡Soy un vampiro! Segundo porque, al parecer, se estaba insultando a sí misma. Y tercero, era emocionante perseguir a mi presa, estar cazándola.

Cuando ella se detuvo me adelante y quede a unos pasos de ella.

—¿Cansada? —indague, un poco divertido.

Aprecie como se sorprendía y tensaba ante mi comentario. Los humanos y su pobre sentido auditivo.

—Sí, un poco. No todos tenemos supervelocidad, y la suerte de no necesitar respirar. Tienes mucha ventaja.

Mmm… Agresiva. Me agrada.

—Oh… pero si estoy respirando… tu aroma es tan delicioso y apetecible —para probarlo inhale y exhale sonoramente—. Exquisita…

—Te agradezco que encuentres tan delicioso mi aroma, pero ¿podría saber que haces aquí y quien eres? —al preguntarme se digno a verme por primera vez.

Deje que me contemplara todo lo que quisiera. Cuando me miro nuevamente pude ver desprecio.

—Soy parte de la guardia de los Volturi… —comencé, pero ella me interrumpió.

—¿Los que mandan entre los vampiros?

—Los que mantienen el control entre los de nuestra especie —corregí—. Y mi nombre es Alec.

—¿Y por qué estás aquí?

—Pues… nos han notificado que el clan Cullen ha contado el secreto a una humana. Y viendo que sabes perfectamente lo que somos no me cabe ninguna duda.

—¿Y? ¿Qué tiene que lo sepa? No se lo contare a nadie —prometió.

Me acerque a ella, despacio, y a medida que me acercaba ella daba un paso atrás.

—No hay pruebas que confirmen eso. Por eso me mandaron para matarte –le comunique. Un momento después me di cuenta de que, quizás, había sido demasiado brusco al dar la noticia—. Ah… y lo siento —agregue fingiendo simpatía.

Antes de poder decir algo más olí algo dulce y apetitoso. Sangre. Isabella se había chocado contra el árbol y se había lastimado un poco las manos. Aunque no sangraba profusamente (solo eran unos rasguños) mi sed se incrementaba. ¿Por qué? La sangre de esta humana tenía algo distinto, especial. Me había alimentado antes de venir a verla y aún así mi hambre crecía y crecía.

No pude controlarme, a pesar de que vi en sus ojos chocolates el pánico se sentía. Mis ojos de seguro estaban oscurecidos y ella sabía lo que eso significaba. En un movimiento veloz sujete una de sus muñecas y lamí la pequeña herida. Sublime. Iba a lamerla otra vez, pero ella trato de liberarse. Era un intento inútil, pues era (por mucho) más fuerte que ella, pero fue suficiente para que captara mi atención, la cual hasta el momento estaba solo en su sangre. Al animal en mí no le gusto que su presa se resistiera, y no pude evitar soltar un gruñido y presionarla contra el árbol.

—No te resistas Isabella. Es inútil. Si no te opones te matare rápido e indoloramente ¿Qué prefieres? ¿Sufrir o no sufrir? —hable en voz baja, con su rostro a escasos centímetros del mío.

Mirandome con furia me contesto:

—Hasta hace unos días te hubiese dicho que me mataras, pero ahora peleare hasta que no pueda más.

Esas palabras lograron aplacar la voz de mi animal interno que gritaba "¡Mátala!", mi curiosidad pudo más.

—Interesante —murmure—. ¿Por qué querías morir antes? —pregunte e hizo una mueca.

—Por una estupidez.

—¿Cuál? ¿Cuál fue tu error?

—Confiar en los de tu especie —respondió con odio y repudio.

La mire directo a los ojos. Ella era como un gatito, débil y lindo, pero actuaba como una fiera, determinada y luchadora. Solté su muñeca y puse mis brazos, uno a cada lado de su cabeza, para evitar que intentara escapar.

—Me caes bien para ser una humana…

—¿Gracias? —formulo su agradecimiento como una pregunta, como si no estuviera segura si debía agradecerme o sentirse ofendida.

—… y por eso —continué, ignorándola, solo para hacerla rabiar— voy a hacer que no te duela cuando te asesine.

—¿En serio? ¿Cómo? —inquirió sarcástica.

—Tengo un don, uno que te deja vulnerable pero que hace que no sientas nada.

Sonrió amargamente, como si yo hubiese dicho algo que le hizo gracia. Cerró sus ojos, mientras se apoyaba más en el tronco del árbol y suspiraba, resignándose a su muerte.

Contemple su rostro, sus facciones delicadas, el subir y bajar de su pecho al respirar.

Es bella.

Negué con mi cabeza. Yo tenía una misión que cumplir: asesinar a Isabella. Una neblina blanca comenzó a salir de mis manos y rodeo a Isabella, pero algo extraño ocurrió. La neblina no la tocaba, la rodeaba, pero quedaba una finísima línea de distancia entre su cuerpo y la niebla. Nunca antes me había ocurrido algo como eso.

Envié más y más neblina, pero obtenía los mismo resultados.

—¿Qué pasa?

La suave voz de ella irrumpió mi concentración.

—¿No sientes nada? Algo raro, quiero decir —negó con la cabeza—. Tienes un don.

—Creo que sí —¿Qué?¿Ella ya lo sabía?—. Edward —dijo su nombre, escupiéndole fuera de su boca como algo desagradable. Alce una ceja ante eso, según tenía entendido ellos se amaban y eran pareja—, no podía leerme el pensamiento, era como la excepción a su don.

—Interesante… —si Isabella tenía un don que se manifestaba ya siendo humana, significaba que era poderoso su don y podría ser algo útil para la guardia. Mientras pensaba note que intento irse varias veces, pero lo ignore y solo aplaste cada vez más su cuerpo con el mío. Llego un momento en que nuestros cuerpos estaban pegados, separados solo por nuestras ropas. No pude evitar notar lo bien que se amoldaba mi cuerpo al suyo—. Bien, lo decidí: te voy a convertir —declare finalmente, decidido un poco por el pensamiento racional y otro poco la lujuria.

Ante mi declaración su boca se abrió y no emitió sonido alguno.

—¿Qué? —mascullo saliendo un poco de su estupor.

—Te voy a convertir. Al principio no te dolerá… después sentirás que te estás quemando viva. Mmm… pero primero quiero hacer algo.

Me apoye aún más en ella y después la bese. Primero roce sus labios, luego tire levemente de su labio inferior rosándolo con mis colmillos y causando que sangrara un par de gotas, que succione con gusto y ansias.

Entreabrió sus labios e introduje mi lengua en su boca. Mi deseo por ella y su sangre que aún degustaba me nublo. La bese de forma fiera, y cuando ella rodeo mi cintura con sus piernas y sujeto mi cabello la poca conciencia que me quedaba se fue al carajo. Gruñí, puse una mano en sus muslos y otra en su cuello, para profundizar más el beso.

Unos minutos después ella se alejo de mí; creo que necesitaba respirar. Deje de besarla de mala gana (maldita necesidad humana por el oxigeno), y descendí desde su boca hacia abajo, besando cada centímetro de piel. Escuche como el latido de su corazón se volvía más rápido y errático. Cuando llegue a la vena de su cuello la lamí, despacio, y la hice estremecer. Volví a soltar un gruñido y no me contuve, la mordí.

Isabella grito.

A medida que bebía, los acelerados latidos de su corazón se volvían más pausados. No. No quería matarla. No lo haría.

—Eres tan exquisita Isabella, solo permíteme tomar un poco más y luego te transformare —prometí, mi voz estaba ronca.

—Haz lo que quieras —me respondió desganada antes de desmayarse.

Deje de beber en ese instante. Isabella se desplomo sobre mí.

Idiota, te excediste.

Hice una mueca ante el desliz en mi autocontrol. Tome a Isabella en brazos; era tan ligera como una pluma. ¿Qué haría? Analizándolo detenidamente no quería convertirla; me gustaba su calidez humana, su aroma y su sangre. Pero tampoco podía matarla.

Llevarla a Volterra.

Allí Aro decidiría que hacer. Podría quedarme unos días para que Isabella se recuperara por la pérdida de sangre, y mientras disfrutaría de su compañía.