Twilight no me pertenece, yo solo uso sus personajes en mis historias.


LUNA ESCARLATA

…..

Capitulo Cuatro

Adaptación y sorpresas

…..

Isabella.

Escuche que me llamaban desde algún lugar lejano, muy lejano. Era como un eco. Pero yo estaba sumida en un extraño trance, como en un sueño donde me sentí flotar en medio de la nada; y la tentación de permanecer así, sin sentir ni preocuparme de nada, era muy grande.

Hasta que oí esa voz llamando de nuevo —esta vez por mi sobrenombre—con aprensión, y tuve la urgencia de tranquilizar al dueño, a esa persona preocupada por mí.

Bella… Bella, reacciona.

Y entonces sentía algo cálido tocar mis labios."Me han besado". Fue solo un roce, pero fue suficiente para traerme de vuelta a la realidad.

Parpadee, confundida. Alec estaba frente a mí, y creo que desde hace un rato largo que trataba de captar mi atención. Al advertir que por fin reaccionaba, su cuerpo —que estaba evidentemente tenso— se relajo, y antes de que yo intentara algo él hablo:

—Al fin. Tenemos que irnos.

—¿Irnos? ¿A dónde? —inquirí. Mi mente, que trabajaba mucho más rápido que cuando era humana, analizo todo lo que había ocurrido y concluyo que quedaban muchos cabos sueltos sin resolver. ¿Por qué se fue sin decir nada? ¿Cómo fue que me salvo? ¿Dónde estaba Dimitri?—. Yo no voy a ningún lado, y mucho menos contigo.

—Te explicare todo, desde el principio —prometió, como si pudiera leerme la mente. ¿Acaso era tan transparente?—, pero primero tienes que alimentarte.

Hasta que él no me lo menciono yo no me di cuenta de que mi garganta se sentía reseca y que ardía al tragar; además, mi cuerpo ansiaba y necesitaba algo. Y me puse un poco nerviosa al saber que era ese algo.

Pero primero estaba Charlie, así que encerré dentro de mí al vampiro sediento y me rehusé a irme de allí si Alec no me contaba lo que sucedió. Él frunció el ceño ante mi negativa.

—¿Acaso no sientes todos los diferentes aromas en el aire? ¿No te dan ganas de ir a la casa más cercana y atacar a los humanos que haya allí?

—No, he dejado de respirar así que no soy un peligro —realizar esa acción era útil, aunque incomodo—. Ahora cuéntame que ocurrió —demande, y ante mi insistencia se dio por vencido con un exasperado suspiro.

Se puso de pie y me tendió su mano para ayudarme a levantar (ya que al parecer en algún momento me había dejado caer de rodillas al suelo). La ignore y me levante sin su ayuda. Hasta que no me explicara lo que ocurrió yo no sería amigable con él.

Alec se limito a elevar un poco su ceja, luego sacudió su cabeza y se puso serio.

—Me fui porque ya había pasado demasiado tiempo aquí —comenzó—. Aro ya debía sospechar que algo sucedía. Supuse que Demetri ya estaba en camino y creí que si me iba estarías más segura porque seguiría mi rastro —hizo una mueca—. No me imagine que el vendría a tu casa, ignorándome completamente, para ver si había cumplido con la misión que me asignaron y, si ese no era el caso, ejecutarte el mismo.

Me fui en dirección a Alaska, pero en el camino pude sentir un rastro, aunque leve, de Demetri. Él había pasado por allí, y era obvio que no rastrándome, sino yendo hacia donde tú estabas —me miro directo a los ojos—. Intente llegar a tiempo, pero él ya tenía cierta ventaja.

—¿Por qué no usaste tu don y lo mataste? —interrumpí—. ¿Por qué me sacaste a mí de allí y a mi padre lo dejaste?

—Tú te estabas convirtiendo y no podía hacer que dejaras de agonizar porque mi don no surte efecto en ti —explico, su voz sonó casi como si estuviera dolido por el tono cortante de mi voz, pero su expresión era imperturbable y sus ojos tampoco mostraban ninguna emoción—. Demetri se me echo encima apenas me vio. Además tu padre estaba muerto cuando llegue. Demetri te dejo agonizando a un lado y había atacado a tu padre en el cuello, lo dejo que muriera desangrado. Utilice mi don, te tome y me fui de allí.

No lo mate porque sabía que tú misma ibas a querer matarlo.

No dije nada, pues tenía razón. Solo me limité a formular una pregunta que venía rondando mi cabeza desde antes de que Demetri apareciera y mi vida diera un giro de 180 grados:

—¿Por qué te fuiste sin decirme nada? ¿Sin siquiera despedirte?

Suspiro y metió sus manos en sus bolsillos. —Creí que haría las cosas más fáciles.

"¿Para quién? ¿Para ti?". Esas y muchas otras palabras estaban en la punta de mi lengua, pero me abstuve de pronunciarlas en voz alta.

—Creí que si me odiabas fingirías que nunca me conociste —prosiguió al notar mi mutismo—, como lo hiciste con ese vampiro que solo caza animales.

Me tense ante la mención de Edward.

—¿Y se puede saber por qué intentabas hacer que te odie? Lo que paso entre Edward y yo es distinto a lo que había entre nosotros.

—¿Distinto? ¿En qué sentido?

Me removí, de repente inquieta.

—Parece que todos los vampiros tienen la manía de dejarme sin previo aviso —comente, ignorando a propósito sus preguntas. Intente cambiar de tema—. Por lo menos tú no me dejaste en medio del bosque.

—¿Él te dejo sola en el bosque? —interrogo con un indicio de ira.

—Oh, sí —respondí como si no fuera la gran cosa. Al menos no lo era para mí—. Luego yo anduve corriendo como una estúpida —una mueca se forma en mi rostro ante mi propia histérica idiotez—, me perdí, me desmaye y me encontraron cuando ya era de noche.

Los ojos de Alec parecieron llamear con cólera, oscureciéndose más y más. Tenía que hallar la forma de tranquilizarlo…

—Olvídate de eso, mejor vámonos a cazar —propuse. Él solo dio un brusco asentamiento de cabeza, me agarro la mano e insto a que corriera junto a él.

…o.O.o…

Mi primera alimentación fue fácil; Alec me ayudo con su don.

Anduvimos por el bosque hasta lograr dar con un par de excursionistas; se me hizo agua la boca cuando sus aromas llegaron hasta mí. El olor a sangre humana.

Pero algo me distrajo.

Podía ver que algo blanco saliendo desde las manos de Alec, una especie de neblina. En un comienzo creí que fue mi imaginación, pues con la nieve no se distinguía demasiado bien, pero luego observe como la neblina envolvía por completo a los dos excursionistas, y como estos se quedaban totalmente quietos, inmóviles.

—Bien, ya puedes alimentarte con tranquilidad. Uno es para mí y el otro para ti —yo no me moví y él me miro extrañado—. ¿Qué ocurre?

—¿Ese es tu don? ¿Esa neblina?

—¿Puedes verla? —pregunto y asentí. Él frunció el ceño y entonces más neblina apareció y fue hacia mí, rodeándome, acariciándome.

—¿Qué haces? —demande saber, incomoda ante la perspectiva de poder quedar en el mismo estado que los excursionistas, sin sentir nada—. ¡Aléjala de mí! ¡Hablo en serio Alec! ¡ALEC! —grite cuando hubo demasiado de ese humo blanco que me impedía ver a mi alrededor. Fue entonces que algo hizo click en mi interior, cuando la mezcla de enojo y pánico supero mis límites de tolerancia.

Vi como delgada capa se expandía a mi alrededor, cada vez más lejos de mi cuerpo, y como hacía que la neblina retrocediera. La capa paro de crecer cuando alcanzo un metro de diámetro, aproximadamente.

Sintiéndome ya más segura suspire con alivio. Camine hacia donde había visto por última vez al idiota de Alec, ya que no le había oído moverse, y ¡oh! estaba con una media sonrisa y analizándome con la mirada.

Ver esa sonrisita me altero más de lo que ya estaba y, al quedar frente a frente, le pegue una cachetada. Creo que lo deje en estado de shock.

—¿Por qué hiciste eso? —le reclame, colérica, mis manos en mi cadera.

—¿Te has atrevido a golpearme? —repuso él en cambio, aún incrédulo.

Rodee mis ojos. —Solo fue una bofetadita.

—¿Bofetadita? —repitió iracundo, su ceño fuertemente fruncido—. Por si no lo recuerdas ahora si puedes hacerme daño físico con facilidad.

Mis labios formaron una perfecta O. Puse mis brazos detrás de mi espalda y di un paso atrás, mi cabeza gacha en actitud arrepentida.

—Lo siento —dije, en voz baja y aterciopelada—, es solo que mis emociones son muy… intensas, me cuesta controlarme —me excuse, mordiéndome el labio; y ese gesto pareció distraerlo.

Un instante después, mascullando cosas por lo bajo que me sonaron como "pequeña manipuladora" y "maldita seas", Alec retiro toda la neblina. Yo le obsequie una sonrisa en agradecimiento, algo picara al saber que un simple gesto (como maltratar mi pobre labio) lograba perturbar a Alec. Era práctico estar al corriente de cómo persuadirle para hacer lo que yo deseara.

Mi sonrisa se esfumo al ver dos montículos tirados en el suelo, no muy lejos de nosotros.

—Este… Alec —le llame, señalando a los humanos—. ¿Qué les pasa? Ya no hay más de ese vaho. ¿No deberían estar conscientes?

—Los humanos son más débiles que nuestra especie. Si yo utilizo mi don en un vampiro, éste puede recuperarse casi de inmediato y huir, o tratar de huir. En cambio los humanos se desmayan, aunque no se por cuánto tiempo porque siempre los mato.

Mi ceja se elevo un poco al oírle hablar de matar a alguien con tanta frialdad, pero él cambio de tema. Me dijo que me alimentara, así que me acerque hasta los humanos. Al oler sus aromas y escuchar sus pulsos la ponzoña se forma en mi boca.

—¿Debo matarlos? —interrogue con los dientes apretados, haciendo un esfuerzo para no saltar sobre esos indefensos y desafortunados excursionistas.

En vez de responderme Alec se acerco y me observo detenidamente. ¿Acaso tenía una manía por verme de ese modo?

—Nunca había visto a un neófito tan controlado —declaro—. Usualmente, apenas captan el aroma de la sangre, se lanzan sobre la comida. Bueno —se encogió de hombros y admitió—: no es como si los contuviéramos. Mientras no se expongan frente a los humanos no nos interesa mucho lo que hagan.

—¿Debo matarlos? —reitere mi cuestión. No me importaba su explicación sobre la actitud de los neófitos. Lo único que me interesaba ahora era desgarrar las gargantas de esas cosas en el piso y beber hasta calmar el ardor que se había apoderado de mi cuerpo.

—Solo uno, yo también necesito alimentarme.

Con la primera parte de la oración me acuclille al lado de uno de los humanos y clave mis colmillos en su cuello, sin pensar, justo en aquella vena más gruesa. La sangre, liquida y caliente, se deslizo por mi garganta. "Sublime".

Pero entonces escuche un suave quejido que me saco de mi trance.

El humano estaba reaccionando; el humano junto a mí del cual Alec no se estaba alimentando.

Solté a la persona de la que estaba bebiendo como si quemara, percatándome de que la estaba matando. "Asesine a alguien". Aleje el pensamiento diciéndome que esto era lo natural —después de todo la sangre humana era mi sustento—, pero que de ahora en adelante procuraría solo alimentarme de asesinos o algo por el estilo, para alivianar mi cargo de conciencia. "Maldita conciencia".

Pase mi lengua por mis labios, lamiendo los restos de sangre. La sangre, que antes la olía y me descomponía por su olor metálico, ahora me sabía deliciosa y sumamente apetecible. "Las ironías de la vida". Sacudí mi cabeza y me enfoque en Alec.

—¿Por qué te quedas ahí mirando? —le espete.

—No lo sé, es un poco excitante verte alimentarte —comento.

Me quede esperando por un sonrojo, que luego me di cuenta, jamás vendría. Carraspeé y me puse de pie.

—Pues apura y hazlo —ordene, señalando al excursionista aún vivo—. Yo ya acabe.

Con un encogimiento de hombros él hizo lo que le dije y a mi pesar tuve que admitirme a mi misma que Alec tenía razón; verlo alimentarse era algo excitante, aunque no sé muy bien porque. Debía ser cosa de vampiros. También era raro verle con su boca en el cuello de un hombre. "Oh, bueno, son solo detalles" Además tenía el presentimiento de que no me gustaría verlo alimentarse de una mujer.

Cuando termino tome su mano y lo arrastre para que caminara conmigo.

—¿Y a donde vamos? —indago ante mi repentina acción.

—Han pasado tres días desde que mi padre falleció ¿verdad? —murmure y él asintió, sin hacer comentarios—. Pues entonces vamos al cementerio, quiero ver si ya hicieron el velatorio. Y si no lo hicieron nos quedaremos allí hasta que lo hagan. Quiero despedirme de Charlie.

…o.O.o…

Observe desde lejos como las personas del pueblo se despedían de mi padre y de mí. Era extraño ver un ataúd en el que se suponía estaba uno, y también la lapida que tenía tu nombre.

—¿Podemos quedarnos hasta que todos se vayan? —pedí—. Quiero ver la tumba de Charlie.

Alec estaba apoyado en el árbol junto a mí, con los brazos cruzados, y solo asintió ante mi pregunta. Le agradecí con una pequeña sonrisa y volví mi mirada hacia el cementerio al captar que un apestoso aroma aproximándose hacia donde estábamos.

Un muchacho alto y robusto se acercaba con el ceño fuertemente fruncido y la nariz arrugada. Yo imite su gesto de desagrado ya que ese olor provenía de él. Mire a Alec para decirle sobre el chico, pero él puso un dedo sobre sus labios diciéndome que me mantuviera callada, y con un gesto de cabeza me indico que me subiera al árbol. Hice lo que me dijo y escale el árbol con rapidez.

El maloliente joven, al llegar a donde segundos antes habíamos estado, olfateo el aire. Esperen… ¿olfateo?

—Se que están arriba, en los árboles, sanguijuelas —hablo, su voz gruesa.

"¿Sanguijuelas? ¿Pero este quien se creía que era?" El apodo me hizo enfadar y sin poder evitarlo solté un leve gruñido de molestia. Inmediatamente giro la cabeza en mi dirección, aunque seguro no podía verme porque estaba cubierta por las abundantes ramas del árbol.

—Contrólate Bella —me ordeno Alec en voz baja y rápida, y yo le saque la lengua en un gesto infantil, en actitud de rebeldía. Él sonrió un poco ante eso; luego su atención se dirigió hacia el muchacho—. ¿A quién llamas sanguijuela, chucho?

Esta vez no fui yo la que gruño primero, pero si después.

—No te atrevas a gruñirle de nuevo —sisee—, perro.

Ahora si la sonrisa de Alec fue amplia, entre alegre y orgulloso.

—¿Y por qué debería hacerte caso, chupasangre? —espeto. Me percate de que temblaba levemente.

—¿Y tu quien te crees que eres para hablarme así? —replique.

—Algo mejor que un vampiro —comento—. ¿Por qué no bajan y me presento?

¿Creía que éramos idiotas? Era obvio que si hacíamos eso quedaríamos a plena vista y le sería más sencillo agredirnos. Claro está que Alec podría aniquilarlo en tres segundos si se atrevía a atacarnos.

—Bella—llamo Alec—. Bajemos.

Fruncí un poco el ceño, pero confiaba en Alec lo suficiente para arriesgarme a bajar. Quedamos de pie, uno al lado del otro. Segundos después, frente a mí, el chico desapareció y un enorme lobo de pelaje anaranjado ocupo su lugar. ¿Un lobo? ¿Eso era este chico?

—Guau —solté sorprendida y fascinada. El animal soltó unos resoplidos entrecortados que, supongo, eran la versión de una risa entre dientes lobuna—. ¿Entonces son verdad las leyendas de los hombres lobo? —le inquirí al vampiro junto a mí que al parecer no estaba para nada impresionado.

—Lo de humanos que se transforman durante la luna llena, sí. Son conocidos como los Hijos de la Luna. Lo de las balas de plata, no —si hubiese sido humana me habría sonrojado un poco ante la segunda aclaración. ¿Acaso tengo cara de que creo todo lo que leo?—; pero este chiquillo no es un licántropo, es un metamorfo. Son criaturas que pueden adoptar la forma de un animal cualquiera. Supongo que los ancestros de este niño, cuando se realizo la primera metamorfosis, desearon ser, de forma consciente o inconsciente, lobos y por eso adoptaron la figura lupina.

—¿Y cómo sabes que no es un metamorfo y si un Hijo de la Luna?

—Me he encontrado con uno o dos licántropos antes, y su aroma es un poco diferente. Además son más impulsivos. En vez de hablar nos habría atacado de inmediato. Y creo que este "lobo" tiene compañeros, ¿verdad? —se dirigió al lobo y éste nos miro cauto unos instantes para después asentir—; y los Hijos de la Luna no acostumbran a andar en manadas, son territoriales y solitarios.

Un "ahh…" fue todo lo que dije. Note que el enorme lobo nos contemplaba con la cabeza ladeada, extrañado ante nuestro comportamiento tan civilizado y la plática que habíamos mantenido. Yo también lo examine con atención, en especial sus ojos. Esos ojos me eran conocidos…

Sin ser consciente de lo que hacía me coloque delante del lobo. Lo hice a una velocidad humana para no sobresaltarlo, aunque igual no funciono porque se puso tenso, su pelaje se erizo y me gruño un poco. Le chisté para que se callara. Poniéndome de puntitas de pie intente verlo directamente a los ojos, pero aun así no llegaba. Era muy grande, apenas le llegaba al cuello.

—Me eres familiar —murmure pensativa. Tanto lobo como vampiro (sentía los ojos de Alec clavados en mi espalda) me miraban—. No tú… forma lobuna, sino tus ojos… —susurre y de repente me vino a la mente la imagen de él como humano cerca de la tumba de mi papá, llevando la silla de ruedas de un hombre—. ¡Jacob! ¿Eres tú cierto? —sorpresa y aturdimiento paso por sus ojos y supe que había acertado—. ¡Soy yo! ¡Bella! ¿Acaso no me reconoces? Nos vimos hace un tiempo, y nuestros papás… solían pescar juntos —finalice la oración con muchísima menos euforia que al inicio. Mi voz se volvió apagada y mi sonrisa de alegría que apareció unos momentos antes se esfumo.

Alec me tomo por la cintura e hizo que retrocediera hasta quedar junto a él, luego me paso el brazo por los hombros en un medio abrazo y me beso en la frente, tratándome de reconfortar pues él sabía la angustia que se apoderaba de mí al pensar en Charlie.

El lobo soltó una especie de jadeo y se echó sobre la tierra. De inmediato me di cuenta de que iba a cambiar. Lo que no entendí fue porque Alec me tapo los ojos con una mano y con la otra me tomo por la cintura. Resople y le inste a dejar de cubrirme los ojos cuando trate de mover su mano, pero él no me dejo y soltó un siseo cuando aplique un poco más de fuerza, aprovechando mi fuerza superior de neófita.

Finalmente me dejo ver de nuevo y vi al chico de cabello negro que debía tener unos diecisiete años pero aparentaba tener veinticinco. Antes llevaba unos jeans y una sencilla camisa blanca, ahora en cambio solo tenía puesto unos pantalones cortos de jeans, algo desgarrados.

—La próxima vez, perro, realiza el cambio detrás de unos arbustos —le gruño un malhumorado vampiro. Jacob solo le dio una sonrisa socarrona como respuesta.

—¿Temes que me vea desnudo, quede deslumbrada y te deje para salir conmigo? No te preocupes, aun si fuera así no saldría con una vampira.

¿Desnudo? ¿De qué estaba…? "Oh…". La ropa que usaba antes Jacob estaba desgarrada en el suelo, debido a que se había roto con la metamorfosis. Agradecía no ser humana porque sino, al entender la actitud de Alec, me hubiese puesto roja como un tomate.

Rodee a Alec con mis brazos, intentando tranquilizarlo. Él dirigió sus molestos ojos rojos a los míos, y lo que vio en ellos le debió gustar porque sonrió un poco y me apego más a su cuerpo.

—¿Podrían dejar de hacerse ojitos y explicarme porque tú, Bella, no estás muerta… muerta, sino que eres una muerta viviente y bebedora de sangre? —esta vez un rugido fiero resonó desde el pecho de Alec. Jake alzo las manos con las palmas expuestas—. Lo siento, lo siento, fui grosero. ¿Pero me podrían explicar?

—¿Conoces a los Cullen, y sabes lo que son? —indague. Él asintió—. Bueno, digamos que me involucre con ellos, las cosas no terminaron bien para mí y unos vampiros antiguos me mandaron a matar. Asesinaron a Charlie y casi lo logran conmigo. Ahora que soy una vampira planeo vengarme de quien mato a mi padre, y Alec me está entrenando y ayudando a adaptarme a ser inmortal.

Lo dije todo sin respirar y al acabar Jacob tenía los ojos abiertos un poco más de lo normal y una ceja alzada. Cuando hablo dijo algo que no fue lo que esperaba.

—¿Entrenando y ayudando? ¿Sólo eso?

Alec y yo respondimos al mismo tiempo:

—¿A qué te refieres con solo eso?

—Somos pareja.

Silencio sepulcral.

—¿Y desde cuando lo somos? —le pregunte, dejando caer mis brazos a mis costados y separándome de Alec. La parte de mí, fóbica a las relaciones y compromisos serios, salió a flote sin poder evitarlo.

En vez de contestarme con palabras lo hizo con acciones. Me sujeto por la cintura, atrayéndome a él de nuevo, e impacto sus labios contra los míos en un beso demandante. Quise resistirme, y lo logre… por unos escasos segundos. Mis salvajes reacciones vampíricas (o al menos iba a culparlas a ellas) incrementaban la atracción que sentía por ese idiota vampiro y hacían añicos mi resistencia. "Claro", pensé, "Gran autocontrol con respecto a beber sangre humana, y pésimo control con mis malditas hormonas".

La lengua de Alec hizo contacto con la mía, y cualquier pensamiento coherente se esfumo. Solo me concentre en devolverle el beso con el mismo deseo y pasión con la que él me besaba.

Creí escuchar un carraspeo, pero lo ignore al igual que Alec. Después escuche un "Esto, me tengo ir… Adiós" y a alguien correr; lo ignoramos nuevamente.

Unos instante después sentí mi espalda chocar contra algo y el peso de Alec sobre mí. Abrí mis ojos, deje de besarlo y mire a mí alrededor. Nos habíamos caído al suelo. Al parecer nuestro beso había sido demasiado intenso. Solté una carcajada que se convirtió en un jadeo al sentir a Alec lamer y mordisquear mi cuello; y luego un gemido al sentir a su "amiguito" despierto… y yo tenía mis piernas alrededor de su cintura.

—Alec, detente, alguien nos podría ver.

Él me gruño, y eso apaciguo un poco mi lujuria e hizo nacer mi enfado. Odiaba que me gruñera en plan "cállate y no me molestes". Atraje su rostro a la altura del mío y lo gire un poco para mordisquear el lóbulo de su oreja.

—Para de una vez o te golpeare donde más le duele a cualquier hombre, humano o vampiro —le amanece en un suave susurro, y en mi cabeza agregue para ser educada: "O licántropo o metarmofo" —, y ten en cuenta que podría accidentalmente excederme con la fuerza del golpe ya que aún no se medir muy bien la fuerza que empleo.

De mala gana Alec se levanto y me ayudo a ponerme de pie. Sonreí triunfante.

…o.O.o…

Despedirme de Charlie fue duro, en especial porque no pude soltar ni una sola lágrima. Solo le pude ofrecer un silencio respetuoso y una promesa de hacer justicia por su injusta muerte.

Ahora, con Alec ayudándome a aprender a manejar mi don… Bueno, debía recordarme a cada rato porque soportaba sus gritos mandones.

—Expándelo más —ordeno Alec, e intente hacerlo. Me concentre, pero el escudo no se expandió más, en cambio parecía luchar por retraerse. Él frunció el ceño—. Isabella, hazlo mejor que eso.

Bufe y lo intente otra vez, aplacando la parte de mí que quería morderlo para que se callara. Para mi mala suerte Alec era muy mandón, y yo era muy rebelde.

—No puedo —jadee. Estaba exhausta, y eso era raro siendo vampira—. Dame un minuto.

—Cuando uno está en una pelea el enemigo no le "da un minuto".

—Ahora solo estamos practicando —proteste—. ¿Alguna vez te han dicho cómo se siente tu don?

La pregunta tenía el objetivo de distraerlo, al menos lo suficiente para que mí agotada mente se repusiera; y funciono. La curiosidad pico a Alec, lo vi con claridad. Detuvo la práctica, dejando de utilizar su don, y permitiéndome relajarme; el escudo volviendo a envolver y proteger solo mi mente.

—Tiene un sabor denso y dulzón, algo empalagoso —describí, pasando mi lengua por mis dientes al rememorar el sabor. Alec asintió, pero luego algo sobre mi hombro capto su atención y su cuerpo entero se tenso—. ¿Alec? ¿Qué ocurre?

Las facciones de Alec se deformaron por completo cuando lanzo un feroz y amenazador gruñido en dirección al bosque. Seguí la dirección de su mirada para ver el porqué de su repentina agresividad.

Era una suerte que ya no necesitara de oxigeno, porque en ese momento deje de respirar.

Allí, a la distancia, podía ver claramente a dos figuras corriendo en nuestra dirección. Una era un hombre, rubio y alto, y la otra era una mujer, pequeña de cabello negro que apuntaba en todas las direcciones. Y a pesar de estar lejos aún de nosotros pude ver sus rostros, tan familiares pero a la vez desconocidos para mí.

¿Qué hacían Jasper y Alice aquí?

Fin del capitulo


N/A: Siento la demora. Tenía que leer unos libros (2 de casi 600 páginas y otro de casi 800) que tengo que entregar a la biblioteca esta semana. Pense que tenía más tiempo; Enero se me paso en un abrir y cerrar de ojos u.u Yo soy una lectora rápida, pero no TAN rápida :P

Infinitas gracias por dejar reviews, por los alertas y favoritos. Cada vez que recibo un correo sobre eso una tonta sonrisa de felicidad aparece en mi cara.

¿Ustedes que piensan? ¿Por qué han aparecido Jasper y Alice? ¿Alguna idea?

Nos leemos!