Author's notes: Here we go again! Me pregunto que veremos en este chapter? Pobre Arf esta enfermita, cuando se reencotraran de nuevo Nano-chan y Fate-chan? Thanks so much for the support y'all especially those of you who took the time to give me a review, or a favorite or a follow.

Ya sobrepase los 1.000 views Yay! Thanks y'all. Y tambien sobrepase los 10 reviews. Whoo-hoo.

To keep in mind: Desde el chapter 1 este es like a very loooong flashback.

Disclaimer: I do NOT own Mahou Shoujo Lyrical Nanoha and its characters, nor do I own the plot, the plot belongs to Nicholas Sparks and MSLN belongs to Masaki Tsuzuki.


Chapter 3

El día se perfilaba como otro de tantos en que Nanoha se preguntaba cómo era posible que hubiera decidido trabajar en una consulta pediátrica. Después de todo, había tenido la oportunidad de trabajar en la unidad de cardiología en un hospital, lo cual había sido su intención mientras cursaba sus estudios en la Facultad de Ciencias Experimentales y de la Salud. Le encantaba intervenir en operaciones complejas, y le parecía un puesto perfecto hasta que realizó sus últimas guardias y por casualidad le tocó trabajar con un pediatra que le llenó la cabeza de pájaros acerca de la encomiable labor y la alegría insuperable de cuidar a recién nacidos. El doctor Bender, un médico veterano de pelo cano que jamás perdía la sonrisa y que conocía prácticamente a todos los niños en Sumter, Carolina del Sur, intentaba convencerla de que, aunque en cardiología estaría mejor remunerada y seguramente la posición parecía más glamorosa, no existía nada más reconfortante en el mundo como el acto de sostener a un bebé y verlo crecer durante los primeros años críticos de su vida. Normalmente ella asentía sin rechistar, pero en su último día, él forzó la situación emplazando un bebé entre sus brazos. Mientras el pequeñín se dormía, la voz del doctor Bender flotó a su alrededor: «En cardiología todo son emergencias y, por más que hagas, parece que el estado de tus pacientes siempre empeora. Después de unos años, debe de ser agotador. Te puedes quemar muy deprisa, si no vas con cuidado. En cambio, cuidar de un bebé como éste... —Hizo una pausa, señalando a la criatura—.No hay nada más grande en el mundo».

A pesar de la oferta de trabajo en cardiología en un hospital de su pueblo natal, Nanoha acabó por aceptar el trabajo con los doctores Graham y Granscenic, en Beaufort, Carolina del Norte. De entrada le pareció que el doctor Graham no se enteraba de nada, y que el doctor Granscenic era un sujeto con muchas ganas de flirtear, pero el puesto vacante suponía una oportunidad para estar más cerca de Yuuno. Y en cierto modo estaba convencida de que el doctor Bender tenía razón. No se había equivocado respecto a los recién nacidos. A Nanoha casi siempre le encantaba tratarlos, incluso cuando tenía que ponerles alguna inyección y sus gritos la sobresaltaban. Los que ya empezaban a dar sus primeros pasos también eran un encanto. La mayoría de ellos eran unas personitas adorables, y le encantaba observarlos mientras se aferraban a sus mantitas o a sus osos de peluche y la miraban con aquella expresión tan inocente. Eran los padres los que la sacaban de quicio. El doctor Bender había olvidado mencionar un punto crucial: en cardiología, tratabas con un paciente que acudía a la consulta por voluntad propia o por necesidad; en pediatría, sin embargo, te las veías con pacientes que estaban a menudo bajo la custodia de unos padres neuróticos sabelotodo. Subaru Nakajima era uno de los ejemplos más claros.

Subaru, que sostenía a Erio en su regazo, parecía mirar a Nanoha con altivez. El hecho de que no fuera técnicamente una doctora y de que fuera relativamente joven provocaba la misma reacción en numerosos padres, que la miraban como si fuera una enfermera sobre-pagada.

—¿Está segura de que el doctor Graham no tiene un momentito para visitar a mi hijo? —La mujer enfatizó la palabra «doctor».

—Está en el hospital —replicó Nanoha—. Y tardará en volver. Además, estoy segura de que él le dirá lo mismo que yo. Su hijo está bien.

—Ya, pero sigue tosiendo.

—Tal y como le he dicho antes, los niños pueden toser hasta incluso transcurridas seis semanas después de un resfriado. Sus pulmones tardan más en curarse, pero eso es absolutamente normal.

—¿Así que no piensa recetarle ningún antibiótico?

—No, no lo necesita. No tiene mucosidad en los oídos, ni en la nariz ni en la garganta, y no he detectado ningún síntoma de bronquitis en los pulmones. No tiene fiebre y su aspecto es saludable.

Erio, que acababa de cumplir dos años, no paraba de moverse en la falda de Subaru, intentando zafarse de ella, con una energía desbordante. Subaru lo sujetó con más fuerza.

—Bueno, ya que el doctor Graham no está, quizá pueda examinarlo el doctor Granscenic. Estoy completamente segura de que mi hijo necesita un antibiótico. A la mitad de los niños en la guardería los están medicando con antibióticos; seguro que se trata de una enfermedad infecciosa.

Nanoha fingió escribir algo en la ficha. Esa mujer siempre quería que le recetaran un antibiótico a Erio. Subaru Nakajima era una adicta a los antibióticos, si es que existía tal cosa.

—Si le sube mucho la fiebre, venga otra vez y lo examinaré de nuevo.

—No quiero «volver otra vez». Por eso he venido «hoy». Creo que lo mejor será que lo vea un «médico».

Nanoha se esforzó por no perder los estribos.

—Muy bien. Veré si el doctor Granscenic puede hacer un hueco en su apretada agenda y ver a Erio.

Cuando hubo abandonado la salita, Nanoha se detuvo en el pasillo, consciente de que antes tenía que prepararse. No quería hablar otra vez con el doctor Granscenic; había hecho todo lo posible por evitarlo durante toda la mañana. Tan pronto como el doctor Graham se marchó al hospital para intervenir en una cesárea de emergencia en el Hospital General Carteret de Morehead City, el doctor Granscenic empezó a revolotear cerca de ella, lo bastante cerca como para que Nanoha se diera cuenta de que acababa de realizar gárgaras con un enjuague bucal.

—Supongo que estaremos solos el resto de la mañana —le había dicho él.

—Quizá no haya demasiado trabajo —había contestado Nanoha con un tono neutral. No estaba lista para encararse a él; no se atrevía a hacerlo si el doctor Graham no estaba cerca.

—Siempre hay muchos pacientes, los lunes. Esperemos que no tengamos que trabajar hasta la hora de comer.

—Esperemos —repitió ella.

El doctor Granscenic había cogido un historial médico junto a la puerta de la consulta al otro lado del pasillo. Lo repasó rápidamente, y justo cuando Nanoha se disponía a marcharse, oyó de nuevo su ronca voz:

—Y hablando de comer, ¿has probado alguna vez los tacos de pescado?

Nanoha pestañeó inquieta.

—¿Cómo?

—Conozco un lugar extraordinario en Morehead, cerca de la playa. Podríamos pasarnos por allí y, de paso, traer más tacos para el resto del personal.

A pesar de que él había mantenido el semblante serio —en realidad, podría haber estado hablando con el doctor Graham en vez de con ella—, Nanoha retrocedió incómoda.

—No puedo. He de llevar a Arf al veterinario. He pedido hora esta mañana.

—¿Te dará tiempo?

—Me han dicho que sí.

El vaciló unos instantes.

—Muy bien; otra vez será.

Mientras Nanoha cogía un historial médico, se estremeció con una mueca de dolor.

—¿Estás bien? —se interesó el doctor Granscenic.

—Sí, sólo son un poco de agujetas, nada más —contestó antes de desaparecer en la salita.

La verdad era que notaba todos los músculos entumecidos. Muy entumecidos. Le dolía todo el cuerpo, desde el cuello hasta los tobillos, y el malestar parecía ir en aumento. Si se hubiera limitado a salir a correr un rato el domingo, seguramente ahora estaría bien. Pero la nueva, la intrépida Nanoha, no había tenido suficiente. Después de hacer aerobismo —y muy orgullosa de que, a pesar de que había mantenido un ritmo lento, no había tenido que detenerse ni una sola vez—, había ido al gimnasio Gold en Morehead City para hacerse socia. Había firmado los papeles mientras el entrenador le explicaba las numerosas clases con nombres complicadísimos a las que podía asistir prácticamente a cualquier hora. Cuando se disponía a ponerse de pie para marcharse, él mencionó que había una clase nueva llamada Body Pump que estaba a punto de empezar.

—Es una clase fantástica —le dijo—. Trabajamos todo el cuerpo: es una combinación de gimnasia aeróbica con ejercicios propios de la sala de musculación. Deberías probarlo.

Y eso fue lo que hizo. Y sólo esperaba que Dios no le tuviera en cuenta a ese chico la trastada que le había hecho.

No de inmediato, por supuesto. Ni durante la clase, en la que se había sentido bien. Aunque en el fondo sabía que debería tomárselo con más calma, decidió seguir el ritmo de la mujer ataviada con escasísima ropa, retocada con cirugía estética, y con un kilo de máscara de ojos en las pestañas que tenía a su lado. Había levantado pesas sin parar, y después había corrido por la sala hasta que creía que el corazón se le iba a escapar por la boca, luego había levantado más pesas otra vez, y de nuevo había corrido por la sala sin parar. Cuando acabó la sesión, con todos los músculos temblando, Nanoha se sintió como si hubiera dado el siguiente paso en su evolución. Al salir del gimnasio se compró un batido con muchas proteínas, simplemente para completar la transformación.

De camino a casa, entró en una librería para comprar un libro de astronomía, y después, cuando estaba a punto de quedarse dormida, se dijo que era la primera vez en mucho tiempo que se sentía más animada respecto a su futuro, salvo por el hecho de que sus músculos parecían estar agarrotándose más a cada minuto que pasaba.

Lamentablemente, la nueva e intrépida Nanoha descubrió que le costaba horrores levantarse de la cama a la mañana siguiente. Le dolía todo el cuerpo. No, mejor dicho, lo que sentía iba más allá del dolor. Mucho peor que dolor. Era una tortura. Notaba como si cada músculo de su cuerpo hubiera pasado por un exprimidor de zumos. La espalda, el pecho, el abdomen, las piernas, los glúteos, los brazos, el cuello..., ¡incluso le dolían los dedos de las manos! Necesitó tres intentos hasta que finalmente consiguió sentarse en la cama y, tras arrastrar los pies hasta el baño, se dio cuenta de que el acto de limpiarse los dientes sin gritar le costaba una descomunal dosis de autocontrol. En el botiquín buscó un poco de todo —una aspirina, paracetamol, un antiinflamatorio—, y al final, decidió tomarse todas las píldoras juntas. Se las tragó con un vaso de agua mientras se observaba atentamente en el espejo.

—Vale, creo que te has pasado un poco haciendo ejercicio —admitió.

Pero ya era demasiado tarde, incluso se encontraba peor, los analgésicos no surtían efecto. O quizá sí. Por lo menos, aquella mañana fue capaz de trabajar —siempre y cuando no hiciera movimientos muy bruscos—. Pero el dolor persistía, y el doctor Graham se había ido, y lo último que deseaba era tener que lidiar con el doctor Granscenic.

Sin otra alternativa, preguntó a una de las enfermeras en qué sala estaba y, después de dar unos golpecitos en la puerta, asomó la cabeza. El doctor Granscenic alzó la vista de su paciente, y su expresión se animó al verla.

—Siento interrumpirlo. ¿Podemos hablar un momento?

—Por supuesto. —Se levantó del taburete, dejó el historial del paciente mientras abandonaba la sala y cerró la puerta tras él—. ¿Has cambiado de opinión respecto a la comida?

Nanoha sacudió la cabeza y le expuso el caso de Subaru Nakajima y Erio; él le prometió que hablaría con esa mujer tan pronto como pudiera. Mientras se alejaba por el pasillo cojeando, podía notar los ojos de él clavados en su espalda.

Eran más de las doce cuando Nanoha terminó con su último paciente de la mañana. Agarró el monedero y salió cojeando hacia el coche, consciente de que no tenía demasiado tiempo. Al cabo de cuarenta y cinco minutos tenía que estar de vuelta para atender a su primer paciente de la tarde; si no estaba demasiado rato en la clínica veterinaria, no tenía por qué preocuparse. Esa era una de las cosas positivas de vivir en una pequeña localidad con menos de cuatrocientos habitantes. Todo quedaba a un tiro de piedra. Mientras que Morehead City —cinco veces más grande que Beaufort— se hallaba justo al otro lado del puente que cruzaba la vía navegable intracostera y era el lugar que congregaba a la mayoría de la gente para realizar sus compras durante el fin de semana, la corta distancia bastaba para aportar a aquella localidad un aire aislado y distintivo, como la mayoría de los pueblos en el Down East, que era como los habitantes de la zona denominaban a esa parte del estado.

Beaufort era un pueblo precioso, especialmente el casco antiguo. En un día como aquél, con una temperatura perfecta para pasear, se asemejaba a como ella imaginaba que debía de haber sido Savannah , su pueblo natal, durante su primer siglo de vida.

Calles amplias, árboles frondosos y un centenar de viviendas restauradas ocupaban varias manzanas, hasta fundirse con Front Street —la calle peatonal— y un pequeño paseo entarimado con unas hermosísimas vistas al puerto deportivo. Los amarres estaban ocupados por barcas de paseo o de pesca de todas las formas y tamaños imaginables; un impresionante yate que debía de valer una millonada podía estar atracado entre una barquita para pescar cangrejos y un bonito y vistoso velero. También había un par de restaurantes con unas vistas espectaculares: locales antiguos y con carácter, rematados con unos bonitos patios techados y unas mesas de picnic que hacen que los clientes se sintieran como si estuvieran de vacaciones en un lugar donde el tiempo se hubiera detenido. Los fines de semana, al atardecer, algunas bandas de música actuaban en los restaurantes, y en el verano anterior, cuando ella había ido a visitar a Yuuno, había venido tanta gente para escuchar música y ver los fuegos artificiales que el puerto se llenó literalmente de barcas. Sin suficientes amarres para todas ellas, los dueños de las barcas decidieron simplemente atarlas una junto a la otra, y saltaban de barca en barca hasta llegar al puerto, aceptando u ofreciendo cervezas a todos los que pasaban.

En el lado opuesto de la calle, las agencias inmobiliarias se mezclaban con las galerías de arte y las tiendas de souvenirs para los turistas. A Nanoha le gustaba pasear al atardecer por las galerías de arte para mirar cuadros. Cuando era mas nada mas que una niña había soñado con ganarse la vida pintando o dibujando; necesitó unos pocos años para aceptar que su ambición excedía con creces su talento. Eso no significaba que no pudiera apreciar la calidad de una obra, y de vez en cuando descubría una fotografía o un cuadro que le provocaba una gran impresión. Dos veces se había decidido a comprar, y tenía dos cuadros colgados en las paredes de su casa. Había considerado la posibilidad de adquirir unos cuantos más para complementarlos, pero su presupuesto mensual no se lo permitía, por lo menos de momento.

Unos pocos minutos más tarde, Nanoha aparcó al lado de su casa y soltó un grito apagado al salir del coche, antes de avanzar cojeando hasta la puerta principal. Arf, que la esperaba en el porche, se tomó su tiempo para olisquear el parterre, y luego dio un saltito para subirse al asiento del pasajero. Nanoha soltó otro gritito de dolor cuando entró nuevamente en el coche, acto seguido bajó la ventana para que Arf pudiera sacar la cabeza, algo que le encantaba hacer.

La clínica veterinaria Down East estaba a tan sólo unos minutos, y Nanoha aparcó en la zona de estacionamiento, oyendo cómo crujía la gravilla bajo las ruedas. El rústico y ajado edificio Victoriano se asemejaba más a una casa que a una clínica veterinaria. Ató a Arf con la correa, después echó un rápido vistazo al reloj. Rezaba por que el veterinario no se demorase demasiado.

La puerta principal se abrió con un estrepitoso chirrido, y Nanoha notó que Arf tiraba de la correa cuando husmeó el tufo propio de las clínicas de animales. La mujer se dirigió al mostrador, pero antes de que pudiera articular ni una sola palabra, la recepcionista se puso de pie.

—¿Esta es Arf? —preguntó.

Nanoha no pudo ocultar su sorpresa. Todavía le costaba habituarse a la vida en aquella pequeña localidad.

—Sí. Y yo soy Nanoha Takamachi.

—Encantada de conocerla. Soy Shari. ¡Qué perrita tan mona!

—Gracias.

—Nos preguntábamos si tardaría mucho en llegar. Esta tarde tiene que volver al trabajo, ¿verdad? —Asió un cuestionario en blanco—. Por favor, sígame hasta una de las salitas. Allí podrá rellenar esta hoja con más tranquilidad. De ese modo, el veterinario podrá visitarla sin demora. No tardará. Ya casi ha acabado.

—Perfecto, muchas gracias —respondió Nanoha.

La recepcionista la guió hasta una sala contigua. Dentro había una balanza, y la mujer ayudó a Arf a subirse en ella.

—No hay de qué. Además, siempre estoy con mis hijos en su consulta pediátrica. ¿Qué tal? ¿Se siente a gusto en su nuevo puesto?

—La verdad es que sí; hay más trabajo de lo que me había figurado —contestó ella.

Shari anotó el peso, luego se dirigió otra vez hacia el pasillo.

—Me encanta el doctor Granscenic. Se ha portado magníficamente con mi hijo.

—Se lo diré —dijo Nanoha.

Shari señaló hacia una salita amueblada con una mesa metálica y una silla de plástico, y le entregó el cuestionario a Nanoha.

—Sólo tiene que rellenar esta hoja. Mientras tanto, le diré al veterinario que ya está aquí.

Shari se marchó y Nanoha se sentó, satisfecha, aunque rápidamente esbozó una mueca de dolor al notar que se le tensaban los músculos de las piernas. Respiró hondo varias veces seguidas y esperó a que cesara el dolor; acto seguido, rellenó el cuestionario mientras Arf se paseaba por la sala.

No había transcurrido ni un minuto cuando la puerta se abrió. Lo primero que Nanoha vio fue la bata blanca; un instante más tarde, se fijó en el nombre bordado en letras azules. Nanoha se disponía a hablar, pero el repentino reconocimiento de aquella cara se lo impidió.

—Hola, Nanoha —la saludó Fate—. ¿Cómo estás?

Nanoha continuó mirándola con la mandíbula desencajada, preguntándose qué diantre hacía su vecina allí. Estaba a punto de soltar un comentario desagradable cuando se dio cuenta de que sus ojos eran rojos.

«¡Qué extraño! Juraría que eran marrones», pensó.

—Supongo que ésta es Arf—dijo ella, interrumpiendo sus pensamientos—. Hola, bonita. —La acarició y le frotó el cuello—. Te gusta, ¿eh? ¿Sabes que eres muy guapa? ¿Cómo estás, bonita?

El sonido de su voz transportó a Nanoha de nuevo al tenso encuentro varias noches antes.

—¿Tú eres..., eres la.. veterinaria? —tartamudeó.

Fate asintió mientras continuaba rascándole el lomo a Arf cariñosamente.

—Sí, junto con mi padre. Él abrió esta consulta, y yo empecé a trabajar con él cuando acabé mis estudios en la universidad.

No podía ser. De toda la gente de aquella localidad, tenía que ser ella. ¿Cómo era posible que Nanoha no pudiera tener un día normal, sin complicaciones?

—¿Por qué no dijiste nada la otra noche?

—Sí que lo hice. Te recomendé que la llevaras al veterinario, ¿recuerdas?

Ella achicó los ojos como un par de rendijas. Esta mujer parecía disfrutar exasperándola.

—Ya sabes a qué me refiero.

Ella levantó la vista.

—¿Te refieres al hecho de que yo sea la veterinaria? Intenté decírtelo, pero no me dejaste.

—Pues deberías haber insistido.

—No creo que estuvieras de humor para escucharme. Pero eso es ya agua pasada. No estoy ofendida. —Sonrió—. Y ahora deja que examine a esta señorita, ¿de acuerdo? Sé que has de volver a la consulta, así que intentaré ir lo más rápido posible.

Nanoha podía notar que la rabia se apoderaba de ella ante la impasibilidad de su interlocutora. Así que... «No estoy ofendida», ¿eh? Por unos instantes pensó en levantarse y abandonar inmediatamente la sala. Lamentablemente, Fate ya había empezado a palparle el vientre a Arf.

Además, aunque se propusiera levantarse rápidamente no podría, puesto que en esos precisos momentos sus piernas parecían haberse declarado en huelga. Muerta de dolor por las agujetas, decidió cruzarse de brazos; al hacerlo notó algo parecido al filo de un cuchillo clavándosele en la espalda y en los hombros mientras ella auscultaba a Arf con el estetoscopio. Se mordió el labio inferior, orgullosa de no haber gritado, todavía.

Fate la miró de soslayo.

—¿Estás bien?

—Sí —contestó ella.

—¿Estás segura? Tienes cara de estar sufriendo.

—Estoy bien —repitió ella.

Ignorando su tono arisco, Fate volvió a centrar su atención en la perrita. Desplazó el estetoscopio, volvió a auscultarla, luego examinó uno de sus pezones. Finalmente, se puso un guante de látex y le hizo un rápido reconocimiento interno.

—Sí, definitivamente, Arf está embarazada —concluyó ella, sacándose el guante y tirándolo a la papelera—. Y según parece, está de siete semanas.

—Ya te lo dije. —Nanoha la fulminó con una mirada desafiante, y se contuvo para no añadir que Zafira era el responsable.

Fate se levantó y se guardó el estetoscopio en el bolsillo de la bata. Agarró el cuestionario y le echó un vistazo.

—Y para que lo sepas, estoy totalmente segura de que Zafira no es el responsable.

—¿Ah, no?

—No. Lo más probable es que sea ese labrador que he visto merodear por el vecindario. Me parece que es del viejo Cason, aunque no estoy completamente segura. Puede que sea el perro de su hijo. Sé que hace poco ha vuelto al pueblo.

—¿Y por qué estás tan segura de que no ha sido Zafira?

Fate empezó a repasar el cuestionario y, por un momento, ella dudó de si la había oído.

Entonces ella se encogió de hombros.

—Por la simple razón de que Zafira está esterilizado.

Existen momentos en que una sobrecarga mental puede bloquear la capacidad de hablar. De repente, Nanoha pudo verse a sí misma en la vergonzosa situación de empezar a tartamudear y luego ponerse a llorar, y finalmente abandonar la sala corriendo. Recordaba vagamente que ella le había intentado decir algo, lo que hizo que se sintiera aún más sofocada.

—¿Esterilizado? —balbuceó.

—Así es. —Ella alzó la vista del cuestionario—. Hace dos años. Mi padre lo hizo aquí, en esta clínica.

—Ah...

—También intenté decírtelo. Pero te marchaste y me dejaste con la palabra en la boca. Me sentía tan mal por no habértelo dicho que el domingo pasé a verte para contártelo, pero no estabas.

Nanoha soltó lo primero que se le ocurrió:

—Estaba en el gimnasio.

—Me alegro.

El movimiento requirió un considerable esfuerzo, pero ella descruzó los brazos.

—Supongo que te debo una disculpa.

—No estoy ofendida —volvió a decir, y esta vez consiguió que Nanoha se sintiera incluso peor—. Pero mira, sé que tienes prisa, así que déjame que te diga un par de cosas sobre Arf, ¿de acuerdo?

Ella asintió, sintiéndose como si su profesor la acabara de castigar de cara a la pared en un rincón de la clase, sin poder olvidar su patética intervención del sábado por la noche. El hecho de que ella se tomara las cosas con tanta tranquilidad no hacía más que empeorar su estado de ánimo.

—El periodo de gestación dura nueve semanas, por lo que le quedan dos. Arf tiene las caderas bastante anchas, así que no debes preocuparte por el parto, y ése era precisamente el motivo por el que quería que la trajeras. Los collies a veces tienen las caderas muy estrechas. En cuanto al resto, no hay nada que necesites hacer, pero no olvides que lo más probable es que Arf busque un lugar fresco y oscuro para dar a luz, así que quizá sería conveniente que pusieras unas mantas viejas en el garaje. Se puede acceder al garaje desde una puerta en la cocina, ¿verdad?

Nanoha volvió a asentir, notando como si todo su cuerpo se estuviera encogiendo por segundos.

—Déjala abierta, y Arf probablemente empezará a pasearse por allí. Es lo que se llama preparar el nido, y es perfectamente normal. Lo más probable es que tenga a los cachorros cuando haya calma. Por la noche, o mientras tú estés trabajando, pero recuerda que es un acto completamente natural, así que no tienes que preocuparte por nada. Los cachorros se pondrán a mamar instintivamente, así que tampoco tienes que preocuparte por eso. Y seguramente luego tendrás que tirar las mantas, por lo que será mejor que utilices algunas viejas, ¿entendido?

Ella asintió por tercera vez, sintiéndose incluso más insignificante.

—Aparte de esto, no hay nada más que necesites saber. Si surge algún problema, tráela a la consulta. Si pasa algo por la noche, ya sabes dónde vivo.

—De acuerdo —carraspeó Nanoha.

Cuando ella no dijo nada más, ella sonrió y enfiló hacia la puerta.

—Eso es todo. Ya puedes llevarla a casa, si quieres. Pero me alegro de que la hayas traído. No creía que fuera una infección, pero me quedo más tranquila ahora que lo hemos descartado.

—Gracias —musitó Nanoha—. Y, de nuevo, siento mucho...

Fate alzó la mano para detenerla.

—No pasa nada. De veras. Estabas angustiada, y es verdad que a Zafira le gusta mucho deambular por el vecindario. Fue un error comprensible. Ya nos veremos, ¿de acuerdo?

Cuando ella finalmente le dio a Arf una última palmadita, Nanoha se sentía más pequeña que una hormiga. Después, Fate —la doctora Testarossa— abandonó la sala, y ella esperó un largo momento para confirmar que no iba a regresar. Entonces, lenta y dolorosamente se incorporó de la silla. Asomó la cabeza por la puerta y, tras confirmar que no había nadie en el pasillo, se dirigió al mostrador de recepción y pagó la visita con la máxima discreción posible.

De regreso a su trabajo, la única cosa que Nanoha sabía con absoluta certeza era que, a pesar de que ella le hubiera intentado quitar hierro al asunto, jamás superaría la vergüenza por lo que había hecho, y puesto que no había una roca lo bastante grande como para poder ocultarse debajo, su intención era hallar una forma de evitar a su vecina durante un tiempo. No para siempre, claro. Un periodo razonable, algo así como... los siguientes cincuenta años.


Author's notes part 2: Lo se, lo se, their relationship is starting veryyyyy slooooowly y se pone peor aun con ese Yuuno, but do not fear I cringe every time I have to write something about Yuuno and Nanoha being together and being lovey-dovey with each other, but like I've said we are going to get to a point where Nano-chan is going to be with lovely Fate-chan and so then they ( Fate-chan and Nano-chan ) can be lovey-dovey with each other.

He notado que despues de publicar los chapters parece que algunas palabras se las come, so if you see any horrid mistake, I apologize.

Que les parecio the new and improved Nano-chan? I have the feeling that this new and improved is going to be more scary in her white devil mode than before, God have mercy on us.

And tah-dah! Ya sabemos la profesion de Fate-chan so she is not a lazy bum like Nano-chan said before and ves lo que pasa Nano-chan cuando tu white devil mode sale sin pensar en las consecuencias. LOL!

And to all of you who are fans of Vice Granscenic sorry for making him a lecherous old man.

Before I forget down with Yuuno. LOL! No veo la hora que Nano-chan le termine a ferret face.

Hoy es el dia que entiendo a the new and improved Nano-chan, tambien comence doing exercise and me duele todo *sobs*

Especial thanks to Primer Guest, gracias por tu apoyo.

Kano Chan, gracias por tu review, gracias por tu apoyo.

Ki-Chan, awww gee, thanks so much *blushes* gracias por tu apoyo, gracias por tu review.

Ishtar4-chan! Que bueno verte de nuevo y muchas gracias por tus reviews y por tu apoyo. *hugs*

and Takamachi-chan! y este comentario tambien va para Ki-chan por esa razon me llamo la atencion esta historia por el cambio de personalidades.

Takamachi-chan! Gracias so much for all your support *hugs*

La historia recomendada de hoy es "Rum-runners-girls" escrita por Nissanity beware esta en English pero esta muy interesante ese AU por cierto Nissanity-san tiene historias NanoFate muy buenas.

De antemano Thank you very, very, much por sus reviews.

Les voy a regalar un preview de ahora en adelante...

Chapter 4 preview...

Mientras se montaba en el coche, empezó a pensar en Nanoha otra vez y se preguntó si le gustaría hacer surf o snowboard. Le parecía improbable, pero a la vez tenía la extraña corazonada de que, a diferencia de la mayoría de sus ex novias, ella estaría a la altura de las circunstancias en cualquiera de los dos deportes, si se le daba la oportunidad. No sabía por qué, y mientras ponía en marcha el coche intentó alejar esos pensamientos de su mente, diciéndose que eso no importaba.