Author's notes: Ha! Y que les parecio el ultimo capitulo? Bueno, verdad? Este chapter es muy corto asi que junto con este voy a publicar el chapter 5 tambien. Este chapter es como un poco de relleno pero tambien es interesante, en este chapter aprenderemos un poco mas de our beloved Fate-chan.

Thanks so much for the support y'all especially those of you who took the time to give me a review, or a favorite or a follow.

Friendly reminder: Todavia es a very long flashback. And I will be publishing the next chapter tomorrow.

Disclaimer: I do NOT own Mahou Shoujo Lyrical Nanoha and its characters, nor do I own the plot, the plot belongs to Nicholas Sparks and MSLN belongs to Masaki Tsuzuki.


Chapter 4

Fate Testarossa permanecía de pie junto a la ventana, observando cómo Nanoha llevaba de nuevo a Arf hasta el coche. Sonrió para sí, recreándose en las muecas de aquella mujer. A pesar de que apenas la conocía, lo que había visto le llevaba a la conclusión de que se trataba de una de esas personas cuyas expresiones son una ventana abierta de cada uno de sus sentimientos.

Indudablemente, ésa era una cualidad poco común en los tiempos que corrían. A menudo tenía la impresión de que había mucha gente que vivía constantemente aparentando y fingiendo, escudándose detrás de máscaras y perdiendo su verdadera personalidad en el proceso. Tenía la certeza de que Nanoha jamás actuaría de ese modo.

Se guardó las llaves en el bolsillo y se dirigió hacia su furgoneta, con la promesa de que regresaría al cabo de media hora, después de comer. Agarró la nevera portátil —cada mañana se preparaba el almuerzo— y condujo hasta el mismo sitio de cada día. Un año antes había comprado un terreno al final de Front Street desde el que se apreciaba una vista privilegiada de las playas de Shackleford Banks, el terreno donde un día quería construir la casa de sus sueños. El único problema era que no estaba totalmente segura de lo que eso significaba. Su vida, en general, era muy sencilla, y soñaba con erigir una casita rústica como las que había visto en los Cayos de Florida, unas edificaciones de marcado carácter cuya fachada parecía centenaria, pero increíblemente luminosas y espaciosas en su interior. No necesitaba demasiado espacio —una habitación y quizás un despacho, además del comedor—, pero tan pronto como empezó a desarrollar la idea, concluyó que el terreno era más apropiado para una casa con un aire más familiar. La imagen de la casa de sus sueños se tornó más confusa, puesto que sin lugar a dudas la nueva casa incluía una esposa y unos niños, en el futuro, algo que de momento quedaba muy lejos de sus planes.

A veces se sorprendía al pensar tanto respecto a su forma de ser como en la de su hermana, ya que Alicia tampoco mostraba prisa por casarse. Sus padres llevaban casi treinta y cinco años casados, y Fate no conseguía imaginarlos como dos personas solteras y con dos identidades separadas, del mismo modo que no podía imaginarse a sí misma batiendo los brazos como un par de alas para elevarse hasta las nubes. Sí, había oído historias sobre cómo se habían conocido durante una acampada en unas convivencias religiosas que había organizado el instituto donde ambos estudiaban, y cómo su madre se había cortado el dedo mientras partía una tarta de postre y su padre había cubierto la herida con su mano como si se tratara de un vendaje para cortar la hemorragia. Sólo tocarla y... «¡Bing, bang, bum! Supe que era la mujer de mi vida; así de sencillo», decía su padre.

Hasta entonces, Fate no había experimentado ningún «bing, bang, bum». Ni nada que se asemejara. Por supuesto que se acordaba de Ginga, su novia en el instituto; todo el mundo allí creía que formaban una pareja perfecta. Ahora ella vivía al otro lado del puente en Morehead City, y de vez en cuando coincidían en alguna tienda o en el supermercado. Hablaban durante un minuto aproximadamente sobre trivialidades y luego se despedían amistosamente y cada una seguía su camino.

Desde Ginga, había tenido innumerables novias, por lo que no se consideraba una novata en lo que atañía a mujeres. Las encontraba atractivas e interesantes, más aún, se sentía genuinamente atraída por ellas. Estaba orgullosa de poder declarar que jamás había experimentado nada parecido a una separación dolorosa con ninguna de sus ex, ni ellas tampoco con ella.

Cuando rompían era casi siempre por mutuo acuerdo, como la mecha de una vela que se apaga suavemente en vez del aparatoso estallido de los fuegos artificiales. Se consideraba amiga de cada una de sus ex novias —incluyendo a Kyrie, la última— y creía que ellas opinaban lo mismo acerca de ellas. Lo que pasaba simplemente es que no era la media naranja para ninguna de ellas, y ellas tampoco lo eran para ella. Había sido testigo de cómo tres de sus ex novias se casaban con unas chicas fantásticas, e incluso la habían invitado a las tres bodas. Casi nunca pensaba en la posibilidad de encontrar a «su alma gemela» o a alguien con quien quisiera «pasar el resto de su vida», pero en las pocas ocasiones en que pensaba en ello, siempre acababa imaginando a una mujer que compartiera las mismas aficiones al aire libre que tanto le apasionaban. La vida era para vivirla, ¿o no? Por supuesto, todo el mundo tenía responsabilidades, y ella aceptaba las suyas sin rechistar. Disfrutaba con su trabajo, ganaba suficiente dinero para vivir desahogadamente, tenía una casa y pagaba las facturas sin demora, pero no anhelaba una vida vacía, sin nada más que esas obligaciones. Deseaba experimentar la vida. O, mejor dicho: «necesitaba» experimentar la vida.

Siempre había sido así, por lo menos desde que tenía uso de razón. Como estudiante, Fate había sido organizada y aplicada y siempre había sacado buenas notas sin dejarse la piel.

Normalmente solía conformarse con un notable en vez de un excelente, lo cual sacaba a su madre de sus casillas. «Imagínate las notas que sacarías si estudiaras más», le repetía cada vez que llevaba las notas a casa. Pero la escuela no la seducía de la misma forma que montar en bicicleta a una velocidad vertiginosa o hacer surf en las playas de Outer Banks. Mientras otros niños opinaban que sólo el baloncesto o el fútbol estaban a la altura de poder considerarse deportes, ella soñaba con la sensación de mantenerse suspendida en el aire con su motocicleta después de lanzarse por una rampa de tierra o con el subidón de adrenalina que sentía cuando aterrizaba sin ningún rasguño. De niña le encantaban los deportes de riesgo, incluso antes de que existiera tal concepto, y a los venti dos años estaba segura de que los había probado prácticamente todos.

En la distancia, divisó unos caballos salvajes congregándose cerca de las dunas de Shackleford Banks, y mientras los observaba, sacó su bocadillo. Pan de centeno con unas lonchas de pavo y mostaza, una manzana y una botella de agua; casi cada día comía lo mismo, después de devorar el mismo desayuno a base de copos de avena, huevos revueltos con leche y un plátano. Así como su cuerpo le exigía su dosis periódica de adrenalina, su dieta no podía ser más aburrida. Sus amigos se maravillaban de su autocontrol, pero lo que no sabían era que esa rigidez tenía más que ver con su paladar limitado que con la disciplina. Cuando tenía diez años, la obligaron a acabarse un plato de pasta china remojada en salsa de jengibre, y se pasó casi toda la noche vomitando. Desde entonces, el más leve olor a jengibre le revolvía el estómago, y su paladar ya nunca volvió a ser el mismo. En general era poco aventurera con la comida, se inclinaba por lo predecible y sencillo, en vez de por cualquier cosa con un aroma exótico; además, gradualmente, a medida que se hacía mayor, había ido apartándose de la comida basura. Ahora, después de más de diez años, le daba demasiado miedo cambiar.

Mientras comía el bocadillo —predecible y sencillo— se sorprendió al pensar en la dirección que habían tomado sus pensamientos. No era propio de ella. Normalmente no mostraba ninguna tendencia hacia las reflexiones profundas. (Otra causa del inevitable apagón suave en sus relaciones, según Micaiah, su ex novia de hacía seis años.) En general se lo tomaba todo con calma, haciendo lo que necesariamente tenía que hacer y pensando en modos de disfrutar del resto de su tiempo libre. Ese era uno de los puntos positivos de estar soltera: podía hacer más o menos lo que quisiera, cuando quisiera, y la introspección era sólo una opción. «Tiene que ser por Nanoha», pensó, aunque no comprendía el porqué. Apenas la conocía, y dudaba mucho de que tuviera la oportunidad de conocer a la verdadera Nanoha Takamachi. Sí, había visto a la Nanoha enfadada la otra noche,( cough, cough Nanoha enfadada es tambien conocida como el White devil ) y a la Nanoha entonando el mea culpa hacía un rato, pero no tenía ni idea de cómo se comportaba en circunstancias normales. Sospechaba que tenía un buen sentido del humor, aunque tras considerarlo dos veces se dijo que no sabía por qué había llegado a tal conclusión. Y sin lugar a dudas era inteligente, aunque eso podría haberlo deducido por la clase de trabajo que desempeñaba. Aparte de eso..., intentó sin éxito imaginarla saliendo una noche a cenar con ella. Sin embargo, estaba contenta de que hubiera pasado por la clínica veterinaria, aunque sólo fuera para concederles la oportunidad de iniciar una nueva relación como vecinas. Una de las cosas que había aprendido con el tiempo era que una mala relación entre vecinas podía amargarle la vida a cualquiera. El vecino de Chrono era la clase de individuo que quemaba hojas el primer día esplendoroso de primavera; además, lo primero que hacía cada sábado por la mañana era repasar su jardín con la máquina cortacésped, y los dos habían estado a punto de llegar a las manos en más de una ocasión después de una larga noche de insomnio a causa de los berridos de su bebé. A veces, Fate tenía la impresión de que la gente estaba perdiendo la cortesía, y lo último que quería era que Nanoha hallara motivos para no hablar con ella.

Quizá la invitaría la próxima vez que vinieran sus amigos a cenar... «Sí, eso haré», pensó. Una vez hubo tomado la decisión, agarró la nevera portátil y se encaminó hacia la furgoneta. En la agenda de aquella tarde contaba con el típico desfile de perros y gatos por la consulta, pero a las tres alguien tenía que llevarle un geco*. Le encantaba examinar animales exóticos; la sensación de que sabía de qué hablaba —lo cual era cierto— siempre dejaba a los dueños impresionados. Disfrutaba observando sus caras de sorpresa: «Me pregunto si esta veterinaria conoce la anatomía y la fisiología exacta de cada bicho que puebla la Tierra». Y ella fingía que sí que lo sabía. Pero la verdad era un poco más prosaica. No, por supuesto que no conocía todos los detalles de todas las criaturas que poblaban la Tierra ¿quién podría?—, pero una infección era una infección, y casi siempre se trataba del mismo modo, sin que importara la especie del animal; sólo variaba la dosis de la medicación, y eso lo podía verificar en un libro de referencia que guardaba en el cajón de su mesa.

Mientras se montaba en el coche, empezó a pensar en Nanoha otra vez y se preguntó si le gustaría hacer surf o snowboard. Le parecía improbable, pero a la vez tenía la extraña corazonada de que, a diferencia de la mayoría de sus ex novias, ella estaría a la altura de las circunstancias en cualquiera de los dos deportes, si se le daba la oportunidad. No sabía por qué, y mientras ponía en marcha el coche intentó alejar esos pensamientos de su mente, diciéndose que eso no importaba.

* Especie de reptiles escamosos, generalmente de tamaño pequeño a mediano que se encuentran en climas templados y tropicales de todo el mundo.


Author's notes part 2: Bueno ya sabemos un poco de Fate-chan and *squeals* quiere invitar a Nano-chan a cenar. Let the romance begin...

Too bad que vienen escenas poco agradables que adaptar, pero bueno, para eso estoy tratando de sacar los chapters rapido para que pronto podamos ver a nuestra parejita favorita juntas por fin.

No me odien por las escenas que vienen, no es mi culpa que Nano-chan se quiera hacer la ciega y no quiera terminar con Yuuno desde la primera vez que vio a Fate-chan.

Bueno esta Fate-chan es toda una ladies' lady? LOL! Con que innumerables cantidad de novias, Hahahaha Go! Fate-chan.

Ki-chan: Gracias so much Ki-chan, si cuando estaba adaptando ese chapter tambien me rei mucho, eso le pasa al white devil por ser tan cruel. XD Gracias a ti, por tomar de tu tiempo para leer esta adaptacion y para dejar un review.

Guest-san:You made laugh so hard with this comment "most of them have fate and nanoha all over them like in half the first chapter" you know I don't mind that at all, but yeah, I like NanoFate so much that I don't mind those fics having them all over each other in the first chapter also I'm beginning to like this slow development but just a little bit, and do nor fear I will keep my word. So Guest-san thank you so much for all your support.

Takamachi-chan: Thank Youuuuuu so much friend-chan, como le comente a Ki-chan yo tambien me rei mucho, muchas gracias por tu apoyo y espero que actualices pronto 'Sobreviviendo junto a ti' o me va a tocar recurrir al chantaje. *winks*

Ishtar4-chan: Friend-chan! Thank you, thank you, thank you, for all your support and do not fear estare actualizando muy pronto, tan pronto como mañana. Bueno mañana en estos lados del planeta. Ishtar-chan cuando vas a publicar mas historias? Me encantan tus historias y no veo la hora de leer mas.

Kano-chan: Gracias so very much, si lo se orz yo tambien quiero ver our deeply beloved NanoFate, pero no te preocupes nuestro beloved NanoFate llegara y te va a gustar la interaccion de ellas en esta historia.

Y para evitar extrañar a NanoFate mi recomendada de hoy es "Mi nueva vida", a very cute and super sweet story de Isis-chan T.H, Isis-chan por favor update "Mi nueva vida" mas rapido me encanta esa historia y tambien me gusta mucho "Heart to Heart"

Hooray! I've managed to write an author's notes mostly in Spanish, I'm so proud of myself. Well done me.

De antemano Thank you very, very, much por sus reviews.

Chapter 5 preview...Kind of very short preview.

...Y además, sólo tengo un colchón. Si vienes, tendrás que dormir en el suelo.

—¿Me estás diciendo que no me ofrecerías el colchón?

Fate se encaramó en la furgoneta.

—Supongo que lo haría si no me quedara más remedio —confesó, con una risita burlona—.