Author's notes: Despues del ultimo chapter, tengo la necesidad de leer otros fics, con mucho NanoFate, quiero seguir la recomendacion que hizo Ki-chan que tal si tiramos a ferret face por un puente? O por un precipicio? O en un black hole? Otra vez disculpas por las scenes donde aparezca cara de huron, so enjoy this chapter.

Warning: Even more nauseating ferret face scenes, so you have been warned. ( I apologize orz ) But give this chapter a chance, por lo menos tenemos unas scenes de our beloved NaoFate.

Disclaimer: I do NOT own Mahou Shoujo Lyrical Nanoha and its characters, nor do I own the plot, the plot belongs to Nicholas Sparks and MSLN belongs to Masaki Tsuzuki.


Chapter 6

Tras encontrar a su hija durmiendo a pierna suelta en el consultorio y a una perrita en la sala de recuperación, Max Testarossa escuchó la historia que Fate le refirió sobre lo que había sucedido. Max llenó dos tazas con café y las llevó a la mesa.

—No está mal, para ser tu primera vez —comentó. Con su pelo cano y sus tupidas cejas blancas, era la viva imagen del veterinario respetable de una pequeña localidad.

—¿Has tratado alguna vez a una perrita con un desprendimiento uterino?

—No, nunca —admitió Max—. Aunque una vez tuve que tratar a una yegua. Ya sabes que no es muy común. Arf parece que está bien, ahora. Esta mañana, cuando he entrado, se ha sentado sobre las patas traseras y ha movido la cola. ¿Hasta qué hora te quedaste despierta con ella ayer?

Fate tomó un sorbo de café con cara de agradecimiento.

—Casi toda la noche. Quería asegurarme de que no se volvía a repetir.

—Normalmente no suele suceder —dijo su padre—. Qué suerte que estuvieras allí. ¿Has llamado a su dueña?

—No, pero lo haré. —Se pasó la mano por la cara—. ¡Vaya! ¡Me siento exhausta!

—¿Por qué no te vas a dormir unas horas a casa? Ya me encargaré yo de la consulta, y tranquila, no perderé a Arf de vista.

—No quiero cargarte con mi trabajo.

—No es ninguna molestia —admitió Max con una sonrisita burlona—. ¿No te acuerdas? No te esperaba hoy por aquí. Es viernes.

Unos minutos más tarde, después de examinar a Arf, Fate aparcó al lado de su casa y se apeó del coche. Estiró los brazos por encima de la cabeza, y a continuación se dirigió hacia la casa de Nanoha. Al atravesar la verja, vio el periódico que sobresalía del buzón y, tras vacilar unos instantes, lo sacó. Un momento más tarde, después de subir el peldaño del porche, se disponía a llamar a la puerta cuando oyó unos pasos que se acercaban y la puerta se abrió bruscamente. Sorprendida al verla, Nanoha irguió la espalda.

—Ah, hola... —la saludó ella, soltando la puerta—. Ahora mismo estaba pensando en llamarte.

Iba descalza, llevaba unos pantalones de algodón y una camiseta de color rosa, con el pelo atado de forma holgada con una pinza de ébano. Fate se fijó nuevamente en lo atractiva que era, pero aquel día su belleza le pareció del todo fresca y natural, sin artificios, lejos de una apariencia puramente convencional. Simplemente parecía tan... real.

—Ya que me dirigía a mi casa, he pensado que podría comunicártelo en persona, en lugar de llamarte por teléfono. Arf está mucho mejor.

—¿Segura?

Ella asintió con la cabeza.

—Le hice una radiografía, y no vi ningún indicio de derrame interno. Después de ingerir algunos líquidos, empezó a recuperar las fuerzas. Probablemente podrías llevártela a casa hoy mismo aunque preferiría que se quedara en la clínica una noche más, sólo para quedarnos más tranquilas. Mi padre está cuidando de ella. Yo he estado prácticamente toda la noche en vela, así que me voy a dormir un rato, pero pasaré a ver a Arf más tarde.

—¿Puedo verla?

—Por supuesto; puedes ir a verla cuando quieras. Sólo recuerda que es posible que todavía esté un poco dopada, ya que tuve que sedarla para que estuviera calmada para la radiografía, y también para que no sufriera. —Fate hizo una pausa—. Por cierto, los cachorros también están muy bien. Son unas bolitas peludas monísimas.

Ella sonrió; le gustaba el leve acento extranjero de Fate y se sorprendió de no haberse fijado antes en esa peculiaridad.

—Gracias de nuevo por todo lo que has hecho —le dijo—. No sé cómo puedo agradecértelo.

Fate sacudió la cabeza.

—Ha sido un verdadero placer poder ayudar a Arf. —Le entregó el periódico—. Perdona, se me olvidaba; cuando entraba he recogido tu periódico. Aquí tienes.

—Gracias —volvió a decir ella al tiempo que aceptaba el diario.

Por un incómodo instante, las dos se miraron en silencio.

—¿Te apetece una taza de café? —le ofreció Nanoha—. Acabo de prepararlo.

Ella sintió una mezcla de alivio y de decepción cuando ella sacudió la cabeza.

—No, gracias. Prefiero no estar despierta cuando intento dormir.

Nanoha se echó a reír.

—Qué gracia.

—Es mi especialidad —contestó ella, y por un instante ella se la imaginó con el codo apoyado en la barra de un bar, ofreciendo la misma respuesta a una mujer atractiva, y tuvo la impresión de que Fate intentaba ligar con ella.

—Bueno —prosiguió Fate—, probablemente te estabas preparando para ir a trabajar y yo estoy agotada, así que será mejor que me vaya a descansar un rato.

Fate se dio la vuelta para bajar el peldaño del porche.

Sin poder remediarlo, Nanoha atravesó el umbral y la llamó.

—Antes de que te vayas, dime: ¿a qué hora pasarás por la clínica? Para examinar a Arf, me refiero.

—No lo sé. Supongo que dependerá de las horas que dedique a dormir.

—Ah, vale —apuntó ella, sintiéndose ridícula y deseando no habérselo preguntado.

—Pero ¿qué te parece si me dices a qué hora sales tú a comer y quedamos en la clínica?

—No pretendía...

—¿A qué hora pasarás?

Ella tragó saliva.

—¿A la una menos cuarto?

—Perfecto. Entonces, hasta la una menos cuarto —prometió Fate. Retrocedió un par de pasos antes de añadir—: Ah, por cierto, esa ropa tan informal te sienta de maravilla. «¿Qué diantre había sucedido?»

La pregunta resumía con bastante precisión el estado mental en el que quedó sumida Nanoha durante el resto de aquella mañana. No importaba si estaba enfrascada en revisiones pediátricas (un par), o diagnosticando una otitis (cuatro veces), dando una vacuna (una vez), o recomendando una radiografía (una); trabajó como un autómata, con el piloto automático encendido, sólo consciente a medias, mientras que la otra parte de su conciencia se había quedado atrapada en el porche, preguntándose si realmente Fate le había tirado los tejos y si quizá, sólo quizás en cierta manera eso le había gustado.

Deseó por enésima vez disponer de una amiga en la ciudad para comentar la jugada. No existía nada mejor que una buena amiga en quien confiar, y a pesar de que había varias enfermeras en la clínica pediátrica donde trabajaba, su posición de asistente médica parecía erigir un muro de separación entre ellas. A menudo oía cómo las enfermeras charlaban y se reían, pero se apresuraban a callarse cuando ella se acercaba. Aquello le provocaba esa desagradable impresión de aislamiento que la angustiaba desde que se había mudado a aquella localidad.

Después de acabar la visita con su último paciente (necesitaba derivar al pequeño al otorrinolaringólogo a causa de una posible amigdalectomía), Nanoha se guardó el estetoscopio en el bolsillo de su bata blanca y se encerró en su despacho. No era un espacio muy agradable; albergaba la sospecha de que antes de su llegada habían utilizado ese cuarto como almacén. No tenía ventanas, y la mesa ocupaba prácticamente toda la estancia, pero mientras consiguiera mantener el espacio en orden... Le gustaba la idea de poder disponer de un cuarto para ella sola. En una esquina había un pequeño armario, casi vacío, y Nanoha sacó el bolso del cajón inferior. Echó un vistazo al reloj y vio que todavía le quedaban unos minutos antes de marcharse. Apartó la silla y pasó sus dedos por su cabello indomable.

Pensó que, definitivamente, estaba haciendo una montaña de un grano de arena. La gente flirteaba todo el tiempo. Era un acto propio de la naturaleza humana. Además, probablemente no significaba nada. Después de la experiencia que habían pasado juntas la noche anterior, ella se había convertido en algo parecido a un amiga...

Su amiga. Su primera amiga en una nueva localidad al inicio de su nueva vida. Le gustaba cómo sonaba aquello. ¿Qué había de malo en tener un amiga? Nada, absolutamente nada. Sonrió ante tal pensamiento antes de fruncir el ceño. Pero, claro, quizá no era una idea acertada. Trabar amistad con un vecina era una cosa, hacer amigas con una chica a la que le gustaba flirtear era otra cosa completamente distinta. Sobre todo con una chica tan guapa. Yuuno no era la clase de novio celoso, pero tampoco era tan estúpida como para imaginar que él se mostraría encantado con la idea de que Nanoha y Fate compartieran una taza de café en la terraza de su casa un par de veces por semana, que era exactamente la clase de contactos sociales que mantenían los vecinos. Tan inocente como podía ser la visita a la clínica veterinaria —y que, por supuesto, iba a ser una visita inocente—, la situación le provocaba un leve sentimiento de infidelidad.

Vaciló unos instantes antes de concluir que, sin lugar a dudas, se estaba volviendo paranoica. No había hecho nada malo. Y Fate tampoco. Y no iba a suceder nada por un insignificante flirteo, aunque fueran vecinas. Ella y Yuuno habían sido pareja desde el último año en la Universidad de Carolina del Norte. Se habían conocido un atardecer frío y ventoso, cuando a ella se le escapó el sombrero volando al salir del bar Spanky's con sus amigas. Yuuno se lanzó a la carrera por Franklin Street e incluso se arriesgó a cruzar la calle corriendo entre los coches para atrapar el sombrero, y si bien en ese momento no saltaron chispas entre ellos, sí que hubo una clara atracción, a pesar de que Nanoha no fue totalmente consciente de ello.

En aquella época, lo último que deseaba era complicarse la existencia con una relación, ya que le parecía que su vida ya era bastante complicada. Faltaba muy poco para los exámenes finales en el instituto, le tocaba pagar el alquiler, y todavía no estaba segura de si iba a matricularse en la Facultad de Ciencias Experimentales y de la Salud. A pesar de que ahora le parecía ridículo, en aquel momento creía que era la decisión más importante que había tenido que tomar en toda su vida. La habían admitido en los programas tanto de la Universidad de Medicina de Carolina del Sur, en Charleston, como en la de Virginia Oriental, en Norfolk, y su madre estaba ejerciendo una fuerte presión para que se decidiera por Charleston: «Tu decisión es bien sencilla, Nanoha. Si eliges Charleston estarás a tan sólo un par de horas de casa, además, es una universidad mucho más cosmopolita, cielo». Nanoha también se inclinaba más por ésta, a pesar de que en el fondo sabía que Charleston la tentaba por todas las razones indebidas: la vida nocturna, la ilusión de vivir en una bonita ciudad, la cultura, el bullicioso ambiente social. Se recordó que en realidad no tendría tiempo para disfrutar de todas esas particularidades. Con la excepción de unas pocas asignaturas clave, los estudiantes de Asistencia Médica tenían el mismo plan de estudios que los estudiantes de Medicina, pero sólo disponían de dos años y medio para completar el programa, en vez de cuatro. Nanoha había oído un montón de historias para no dormir sobre lo que podía esperar, como que los profesores se dedicaban a impartir las clases y a transmitir la información con la delicadeza de una manguera contra incendios abierta a la máxima potencia. Cuando visitó el campus de ambas universidades, pensó que en realidad le gustaba más el programa en la Universidad de Virginia Oriental, simplemente porque el lugar le parecía más agradable, más cómodo para centrarse en lo que necesitaba hacer.

Así que... ¿cuál iba a elegir?

Estaba obcecada en esa decisión aquel ventoso atardecer de invierno, cuando su sombrero salió volando y Yuuno lo atrapó. Después de darle las gracias, Nanoha se olvidó rápidamente y por completo de él, hasta que el chico la vio al otro lado del patio del instituto unas pocas semanas más tarde. A pesar de que se había olvidado de él, Yuuno sí que se acordaba de ella. Su actitud distendida y gentil contrastaba destacadamente con la de muchos chicos arrogantes de las hermandades de estudiantes que había conocido hasta ese momento, unos chicos que en general mostraban una propensión a beber ingentes cantidades de alcohol y a pintarrajearse el pecho cada vez que los Tarheels, el equipo deportivo de la Universidad de Carolina del Norte, jugaba contra los de la Universidad de Duke. La conversación los llevó a quedar un día para tomar un café, y esa cita derivó en una cena, y cuando ella acabó lanzando el birrete por los aires el día de su graduación en el instituto, pensó que estaba enamorada. En esos momentos, ya había tomado una decisión sobre a qué universidad iría, y puesto que Kevin planeaba vivir en Morehead City, a pocas horas al sur de donde ella estudiaría durante los siguientes años, la decisión le pareció casi cosa del destino.

Yuuno viajaba a Norfolk para verla; ella bajaba en coche hasta Morehead City para verlo. Le presentó a su familia, y él a la suya. Se pelearon, pero hicieron las paces, rompieron y volvieron a salir, e incluso Nanoha llegó a jugar algunas veces al golf con él, a pesar de que no le gustaba nada ese deporte; y a lo largo de toda la relación, él continuó siendo el mismo muchacho sereno y tranquilo de siempre. Su forma de ser parecía un reflejo del hecho de haberse criado en un pueblo, donde —sin ninguna duda— la vida transcurría de manera apacible casi siempre. La parsimonia parecía ser una seña de su identidad. Cuando ella se preocupaba por algo, él se limitaba a encogerse de hombros; en sus momentos más pesimistas, él permanecía impasible. Por eso ella pensaba que se compenetraban tanto. Se compensaban recíprocamente. Su relación resultaba muy positiva para ambos. Si tuviera que decidir entre Yuuno y Fate, Nanoha sabía que no lo dudaría ni un segundo, ni por asomo.

Tras haber aclarado ese punto, Nanoha decidió que no le importaba si en realidad Fate pretendía ligar con ella. Podía flirtear todo lo que le diera la gana, ya que, sin lugar a dudas, ella sabía perfectamente lo que quería en su vida. ¡Vaya si lo sabía!

Tal y como Fate había prometido, Arf estaba mejor de lo que Nanoha habría podido esperar. La perrita movía la cola de un lado a otro, entusiasmada, y a pesar de la presencia de los cachorros

—la mayoría de ellos se hallaban durmiendo y parecían unas bolitas peludas— se incorporó sin dificultad cuando Nanoha entró y trotó hacia ella antes de lamerle las manos. Arf tenía el morro frío, y empezó a gimotear de alegría al tiempo que daba vueltas alrededor de Nanoha, no con su típico abandono, aunque lo bastante relajada como para demostrarle a Nanoha que estaba bien, y después se sentó a su lado.

—Qué alegría ver que estás mucho mejor —le susurró Nanoha, acariciándole el lomo.

—Yo también me alegro. —La voz de Fate resonó detrás de ella desde el umbral de la puerta—. Es una luchadora nata, y tiene una maravillosa disposición.

Nanoha se dio la vuelta y la vio apoyada en la puerta.

—Creo que me equivoqué —continuó ella, mientras avanzaba hacia ella, con una manzana Fuji en la mano—. Probablemente podría irse a casa esta misma noche, si quieres recogerla después del trabajo. No digo que tengas que hacerlo. Estaré encantada de cuidarla aquí si te sientes más cómoda. Pero Arf se está recuperando mucho mejor de lo que esperaba. —Se inclinó hacia delante y chasqueó los dedos levemente, desviando la atención de Nanoha hacia Arf—. ¿Quién es la perrita más bonita del mundo? —le dijo, con un tono de voz que denotaba su amor por los perros y que parecía invitarla a ir hacia ella.

Nanoha se quedó atónita al ver que Arf se separaba de ella y enfilaba hacia Fate; a continuación, Fate empezó a acariciarla y a susurrarle cosas al oído, dejando a Nanoha con la sensación de ser una intrusa.

—Y estos pequeñines también están la mar de bien —prosiguió ella—. Si te los llevas a casa, asegúrate de montarles un espacio cerrado de donde no puedan escapar. Si no, te lo dejarán todo hecho un asco. No tiene que ser nada espectacular, bastará con que limites una zona con tablas de madera o unas cajas, y asegúrate también de cubrir ese espacio con papeles de diario.

Nanoha apenas la escuchaba. A pesar de sí misma, se había puesto a pensar de nuevo en lo guapa que era. Le molestaba no ser capaz de apartar ese pensamiento de su mente cada vez que la veía. Era como si su apariencia activara su dispositivo de alarma y no podía entender el motivo.

Ella era alta y delgada, pero había visto a montones de chicas así. Sonreía muy a menudo, pero eso tampoco era tan inusual. Tenía los dientes quizás excesivamente blancos —decidió que seguramente se aplicaba algún tratamiento blanqueador—, pero a pesar de que sabía que el color no era natural, todavía surtía un efecto encantador. Estaba en forma, también, pero en cualquier gimnasio del país podía encontrar a chicas con un cuerpo similar —chicas que realizaban mucho ejercicio físico, que nunca comían otra cosa que no fuera pechuga de pollo a la plancha y copos de avena, chicas que corrían unos quince kilómetros a diario—, y ninguna de ellas le había provocado antes el mismo efecto. ¿Qué tenía ella, en particular?

Habría resultado más fácil si hubiera sido fea. Todos sus encuentros, desde la confrontación inicial hasta esa cita que tanto la incomodaba, habrían sido diferentes, simplemente porque no se habría sentido tan rara. «Pero se acabó», concluyó. No podía continuar por esa línea. No, señor. No con esa chica. Esa relación debía acabar. A partir de ahora se limitaría a saludarla como una vecina cortés y volvería a vivir su vida sin distracciones.

—¿Estás bien? —se interesó ella, escrutándola descaradamente—. Pareces aturdida.

—Sólo un poco cansada —mintió Nanoha. Luego señaló hacia Arf—. Parece que le gustas.

—Sí —dijo ella—. Nos llevamos muy bien. Me parece que han sido los Jerky Treats que le he dado esta mañana. Es la mejor comida para perros que existe y el gancho perfecto si quieres ganarte el corazón de un perro. Siempre se lo digo a los que trabajan en FedEx y UPS cuando me preguntan qué pueden hacer con los perros que los reciben con ladridos o gruñidos.

—Lo recordaré —soltó Nanoha, recuperando rápidamente la compostura.

Cuando uno de los cachorros empezó a gimotear, Arf se incorporó y regresó junto a ellos, como si la presencia de Fate y Nanoha le pareciera súbitamente extraña. Fate se puso de pie y frotó la manzana en los pantalones vaqueros.

—Bueno, ¿qué te parece?

—¿El qué?

—Arf.

—¿Qué pasa con Arf?

Ella frunció el ceño. Cuando volvió a hablar, lo hizo pronunciando cada palabra lentamente.

—¿Quieres llevártela a casa esta noche o no?

—¡Ah, eso! —exclamó ella, ruborizada como una colegiala que acabara de conocer a la persona estrella de la universidad. Sintió ganas de abofetearse a sí misma por su estúpida actitud, pero en vez de eso carraspeó y dijo—: Creo que me la llevaré a casa. Si me aseguras que no será contraproducente para ella.

—No le pasará nada —le aseguró—. Es joven y está sana. Aunque ayer nos dio un buen susto, podría haber sido mucho peor. Arf tuvo mucha suerte.

Nanoha cruzó los brazos.

—Sí, tienes razón.

Por primera vez, se fijó en que en la camiseta de ella llevaba propaganda de un local en Key West, Dog's Saloon, o algo parecido. Fate dio un mordisco a la manzana, luego señaló hacia ella con la fruta.

—¿Sabes?, pensaba que te pondrías más contenta al ver que Arf está tan bien.

—Oh, estoy entusiasmada.

—Pues no lo parece.

—¿Por qué lo dices?

—No sé... —dijo ella. Tomó otro bocado de la manzana—. Por el modo en que te presentaste ayer en la puerta de mi casa, supongo que me imaginaba que demostrarías un poco más de emoción. No sólo por Arf, sino por el hecho de que por suerte yo estuviera allí para ayudarla

—Y ya te dije que te lo agradecía mucho. ¿Cuántas veces he de repetírtelo?

—No sé. ¿Cuántas crees tú?

—No he sido yo quien ha preguntado.

Nanoha enarcó una ceja.

—La verdad es que sí que has sido tú quien ha preguntado.

«¡Uf! Pues sí», se dijo, aturdida.

—Vale, de acuerdo. —Nanoha mostró su exasperación alzando los brazos—. Gracias de nuevo. Por todo lo que has hecho. —Pronunció las palabras con cuidado, como si ella fuera dura de oído.

Fate se echó a reír.

—¿Te comportas igual con tus pacientes?

—¿A qué te refieres?

—Tan seria.

—Para que lo sepas, no.

—¿Y con tus amigos?

—No... —Sacudió la cabeza, confundida—. Pero ¿qué tiene esto que ver?

Fate dio otro mordisco a la manzana, dejando la pregunta suspendida en el aire por unos instantes.

—Sólo sentía curiosidad —dijo finalmente.

—¿Sobre qué?

—Sobre si es tu personalidad, o si sólo te muestras tan seria conmigo. Si es la segunda opción, te diré que me siento halagada.

Nanoha podía notar un creciente ardor en las mejillas.

—No sé a qué te refieres.

Ella sonrió socarronamente.

—Vale.

Nanoha abrió la boca con la intención de decir algo sutil e inesperado, algo que la pusiera en su lugar; sin embargo, antes de que se le ocurriera nada, Fate lanzó el resto de la manzana a la papelera y se dio la vuelta para lavarse las manos antes de decir:

—De todos modos, también me alegro de que estés aquí por otra razón —comentó por encima del hombro—. Mañana he quedado con unos amigos, y me preguntaba si te apetecería venir.

Ella pestañeó, sin estar segura de si había oído bien la propuesta.

—¿A tu casa?

—Sí.

—¿Como una cita?

—No, para pasar un rato juntas. Con amigos. —Cerró el grifo y empezó a secarse las manos—.

Sacaré la barca para practicar paravelismo por primera vez este año. Será una divertido.

—¿Son todos parejas? Me refiero a tus amigos.

—Excepto mi hermana y yo, el resto están casados.

Naoha sacudió la cabeza.

—No creo que sea una buena idea. Tengo novio.

—Fantástico. Pues dile que venga.

—Llevamos juntos casi cuatro años.

—Ya te lo he dicho, estaré más que encantada de que venga.

Nanoha se preguntó si había oído bien, y se la quedó mirando fijamente, intentando averiguar si hablaba en serio.

—¿De veras?

—Por supuesto. ¿Por qué no?

—Ah, bueno... Tampoco podría. Está fuera, de viaje, por unos días.

—Entonces, si no tienes nada mejor que hacer, ven con nosotros.

—No creo que sea una buena idea.

—¿Por qué no?

—Porque estoy enamorada de él.

—¿Y?

—¿Y qué?

—Y... puedes seguir enamorada de él en mi casa. Será divertido, ya lo verás. Según la previsión meteorológica, rozaremos los veintiséis grados. ¿Alguna vez has probado el paravelismo?

—No, pero ésa no es la cuestión.

—¿Crees que a él no le hará gracia que vengas con nosotros?

—Exactamente.

—Así que se trata de esa clase de novios que quiere mantenerte encerrada mientras él no está.

—No, por supuesto que no.

—¿Acaso no le gusta que te lo pases bien?

—¡No!

—¿No quiere que conozcas a gente nueva?

—¡Por supuesto que quiere que conozca a gente!

—Entonces, ¿dónde está el problema? —concluyó. Enfiló hacia la puerta antes de detenerse un momento—. Mis amigos empezarán a llegar hacia las diez o las once de la mañana. Lo único que has de traer es el traje de baño. Habrá cerveza, vino y limonada, pero si te gusta otra bebida en particular, quizá será mejor que la traigas tú.

—De veras, no creo que...

Fate alzó ambas manos para acallarla.

—Mira, hagamos una cosa: serás más que bienvenida si vienes. Pero no insistiré más, ¿de acuerdo? —Se encogió de hombros—. Sólo pensé que así tendríamos la oportunidad de conocernos mejor.

Nanoha sabía que debería haber dicho que no. Pero en vez de eso, tragó saliva. De repente, sentía seca la garganta.

—Bueno, quizá sí que vaya —convino finalmente.


Author's notes part 2: Well isn't Yuuno nice? *sarcastic comment* *rolls eyes* I get arthritis on my fingers every time I have to write something about him, but oh well, we have to bear it for a while, but don't worry there will be NanoFate.

Hemos avanzado un poco mas en su relacion todavia Nanoha piensa que Fate es muy guapa y Fate-chan piensa que Nanoha es mas atractiva de lo que ella pensaba, otra cosa no les parecio muy rara esa escena del final, porque Nanoha tenia sacar a relucir su relationship con el cara de huron? Ha! Ya esta empezando a dudar de su relationship with ferret face y ya esta viendo a Fate diferente.

De ahora en adelante Nano-chan va a estar siempre a la defensiva, pero vamos a llegar al punto donde por fin Nano-chan sea mas que amigas con Fate-chan.

Mi historia recomendada del dia de hoy es: "El lado ciego del amor Segunda version" adaptada por Ishtar4 tambien tiene la primera version, pero a mi me gusto mas la segunda version.

YuriLover24:Yeah, I know blegh! Yuuno, but do not fear, ferret face is going away soon.

Ishtar4-chan: Pedrada? I don't know what you are talking about *looks away* :P I think the one who we all should blame is Nano-chan's mum, she is the one always telling our Nano-chan what to do? Gracias y saludos, ojala te agrede la recomendacion de hoy. *winks*

Aili.w: Awwww gracias Aili.w ojala tambien te haya gustado este chapter tambien.

Guest A.K.A. Takamachi-chan:My friend thank you so much for all your support and don't worry voy a seguir apoyando tus historias porque me gustan mucho, aunque Horror Stories always scares me so much.

Ki-chan and Ki-chan's cousin: Es divertido escribrir las cosas en dos idiomas, pero hay cosas que no se o mas bien no rcuerdo como se escriben en Spanish, so I have to do it in English, bueno me referia a las dos, como diria el doctor Chapatin me dio cosa la scene de Arf y tambien me dio cosa la scene de ferret face.

Kano chan: Por curiosidad alguna vez has leido Magical Lyrical Girl Nanoha Innocent? Me encanta, Fate-chan and Nano-chan are so cute there and also Ali-chan is there and she is so cute too, perdon por las scenes de ferret face, tratare de update lo mas pronto que pueda, para que ferret face se vaya pronto.

De nuevo gracias por dejarme sus reviews.

Chapter 7 preview...

—Perfecto —contestó ella.

—Veamos, ¿por qué estás tan rabiosa?

—Por nada.

—¿He hecho algo que te haya molestado?

«—contestó la vocecita interior—. Tú y tus malditos músculos de las caderas.»

—No —se limitó a contestar.

—Entonces, ¿qué pasa? —le preguntó, desconcertada.

—No pasa nada.

—¿Ah, no? Pues ¿por qué te comportas de ese modo tan extraño?

—No me estoy comportando de ningún modo extraño.