Author's notes: Ki-chan and my other fellow readers, I must confess, la Nano-chan de este chapter no me gustó mucho que digamos, so get ready your smack-o-meter, porque esta vez Nano-chan si se va a pasar.
Pero bueno, lo positivo de este chapter lo van a ver al casi final and to Kano chan imagine a sexy Fate-chan wearing short-shorts and tiny top.
Disclaimer: I do NOT own Mahou Shoujo Lyrical Nanoha and its characters, nor do I own the plot, the plot belongs to Nicholas Sparks and MSLN belongs to Masaki Tsuzuki.
Chapter 7
El sábado por la mañana empezó bien. Mientras los primeros rayos de sol se filtraban sesgados a través de las persianas, Nanoha buscó sus pantuflas grandes y lanosas de color rosa y arrastró los pies hasta la cocina para servirse una taza de café, con el propósito de disfrutar de una mañana tranquila. Sólo fue un poco más tarde cuando las cosas empezaron a torcerse. Ni siquiera había tomado el primer sorbo de café cuando recordó que tenía que echar un vistazo a Arf, y se puso contenta al ver que la perrita prácticamente ya estaba recuperada del todo. Los cachorros parecían estar en buen estado también, a pesar de que no tenía ni la más remota idea de en qué se suponía que tenía que fijarse. Aparte de permanecer pegados a Arf como unos tentáculos peludos, se tambaleaban, se revolcaban, se caían y gimoteaban, lo cual le pareció una artimaña de la naturaleza para hacerlos lo bastante adorables como para que su madre no se los comiera. Y tampoco era que Nanoha se estuviera encariñando de ellos. Tenía que admitir que no eran tan feos como se los había imaginado, pero eso no significaba que fueran tan bonitos como Arf, y Nanoha todavía estaba preocupada pensando que quizá no encontraría hogar para todos ellos. Y tenía que hacerlo; de eso no le cabía la menor duda. El fuerte olor en el garaje bastaba para convencerla.
No se trataba simplemente de un desagradable olor soportable; el hedor la había abordado con la fuerza de una película de la Guerra de las Galaxias. Mientras se tapaba la nariz, se acordó levemente de que Fate le había sugerido que montara un espacio cerrado para mantener a los cachorros controlados. ¿Quién se iba a imaginar que unos cachorrillos pudieran hacer tanta caca?
Había por doquier. El tufo parecía haber impregnado incluso hasta las paredes, y de nada sirvió abrir la puerta del garaje. Nanoha se pasó la siguiente media hora aguantando la respiración y conteniéndose para no vomitar mientras limpiaba el garaje.
Cuando hubo acabado, se quedó con la desagradable sensación de que aquellos monstruitos formaban parte de un maquiavélico plan diseñado para echar a perder su fin de semana. Tenía que ser así. Era la única explicación razonable para entender cómo era posible que a esos cachorros les gustara tanto hacerse caca en la larga grieta que recorría en zigzag el suelo del garaje, y con tanta precisión que se había visto obligada a usar un cepillo de dientes para limpiarla.
Qué asco.
Y Fate..., tampoco podía olvidar su intervención, por supuesto. Tan culpable era ella como los cachorros. Sí, recordaba que le había mencionado de pasada que debería tenerlos controlados en algún espacio cerrado, pero tampoco le había explicado el porqué. Ella muy caradura no le había contado lo que sucedería si no le hacía caso.
Pero ella sabía lo que iba a suceder. No le cabía la menor duda. Menudo fresco.
Y ahora que lo pensaba bien, cayó en la cuenta de que ésa no había sido la única vez que ella le había hecho una jugarreta. No le gustaba la forma en que la había manipulado para que contestara afirmativamente a la pregunta: «¿Quiero salir a navegar con mi vecina que, mira por dónde, es un ligón?». En ese momento decidió que no saldría con ella, aunque sólo fuera por el hecho de que Fate se había comportado de un modo tan artero como para obligarla a aceptar la invitación. Todas esas preguntas ridículas insinuando que Yuuno la mantenía encerrada bajo llave.
¡Ni que fuera el preciado tesoro de Yuuno y no pudiera tomar sus decisiones con absoluta libertad!
Y encima se encontraba allí, en el garaje, limpiando un millón de montoncitos de caca...
¡Menuda forma de iniciar el fin de semana! Para acabar de rematarlo, el café se había enfriado, el periódico estaba empapado porque lo había mojado sin querer mientras fregaba el suelo, y se terminó el agua caliente antes de que hubiera tenido tiempo de acabar de ducharse. Genial.
Simplemente genial.
«¿Dónde está la gracia?», refunfuñó para sí, enfadada, mientras se ponía ropa limpia. Perfecto.
Había llegado el fin de semana y Yuuno no estaba. Pero incluso cuando él estaba, los fines de semana ya no eran como cuando iba a visitarla durante las vacaciones, mientras estudiaban. Tenía la impresión de que, por entonces, cada visita resultaba amena, llena de gente y experiencias nuevas. Ahora él pasaba por lo menos una parte de cada fin de semana en el campo de golf.
Se sirvió otra taza de café. Era cierto que Yuuno siempre había sido un muchacho tranquilo, y ella sabía que él necesitaba distraerse después de una dura semana en el trabajo. Pero no podía negar que, desde que ella se había mudado a aquella localidad, su relación había cambiado.
Tampoco estaba diciendo que la culpa fuera completamente de él, por supuesto. Ella también tenía parte de culpa. Había deseado muchísimo instalarse allí, sentirse cómoda en aquella casa, por así decirlo. Y eso era exactamente lo que había sucedido. Así que..., ¿dónde radicaba el problema?
«El problema es que debería haber algo... más», le decía una vocecita en su interior. No estaba del todo segura de a qué se refería, a no ser que la «falta de espontaneidad» parecía desempeñar un papel fundamental.
Sacudió la cabeza, pensando que estaba haciendo una montaña de un grano de arena. Lo único que sucedía era que su relación estaba atravesando una etapa de inestabilidad. Nanoha salió a la terraza y se fijó en la mañana perfecta, casi imposible de superar. Con una temperatura ideal, una ligera brisa, con el cielo totalmente despejado de nubes. A lo lejos, vio una garza que alzaba el vuelo desde la hierba en la orilla y sobrevolaba la superficie del agua bañada por el sol. Con la vista fija en aquella dirección, de repente vio a Fate que bajaba hacia el embarcadero, ataviada únicamente con unos short shorts a cuadros negros y amarillos y top negro que le quedaba super bien. Desde su posición de privilegio, podía ver las estriaciones un poco musculares en sus brazos y en la espalda mientras caminaba. Impulsivamente retrocedió un paso, hacia la puerta corredera de cristal, esperando que Fate no la hubiera visto. Al cabo de un instante, sin embargo, oyó que la saludaba.
—¡Eh, Nanoha! —Agitó el brazo, recordándole a una chiquilla en su primer día de vacaciones de verano—. Qué día más maravilloso, ¿eh?
Fate se dirigió a ella corriendo ágilmente, y la chica avanzó un paso hacia el sol en el preciso momento en que ella atravesaba los setos. Aspiró hondo antes de saludarla.
—¿Qué tal?
—Es mi época favorita del año. —Ella abrió los brazos en toda su amplitud, como si quisiera abarcar el cielo y los árboles—. No hace ni demasiado calor ni demasiado frío y este intenso cielo azul, sin una sola nube...
Ella sonrió, procurando no caer en la tentación de fijar la vista en los músculos tan atractivos de sus caderas, que, según ella, eran con diferencia los músculos más atractivos en la anatomía humana.
—¿Cómo está Arf? —preguntó ella animadamente—. Supongo que ha pasado bien la noche, ¿no?
Nanoha carraspeó antes de contestar.
—Está bien, gracias.
—¿Y los cachorros?
—También tienen buen aspecto. Pero lo han dejado todo hecho un asco.
—Claro, es lo que suelen hacer. Por eso es una buena idea mantenerlos encerrados en un espacio pequeño.
Nanoha se fijó en esos dientes blanqueados cuando ella esbozó aquella socarrona sonrisa familiar, demasiado familiar, a pesar de que fuera ellla «la-bonachona-que-había-salvado-a-su-perrita».
Se cruzó de brazos, recordando su comportamiento caradura el día previo.
—Ya, bueno, ayer no entendí bien lo que me decías.
—¿Ah, no? ¿Por qué?
«Porque me estabas distrayendo», pensó. Sin embargo, contestó:
—Supongo que simplemente lo olvidé.
—Pues el tufo en tu garaje debe de ser insoportable.
Ella se encogió de hombros sin contestar. No quería darle esa satisfacción. Fate no pareció darse cuenta de su respuesta coreografiada con tanto esmero.
—Mira, no es tan complicado. Tan sólo debes recordar que lo único que hacen los cachorros los primeros dos días de su vida es defecar. Es como si la leche entrara y saliera de su organismo sin detenerse. Pero seguro que les has montado un espacio cerrado, ¿no?
Ella hizo lo que pudo por mantener el porte impasible, pero obviamente no lo consiguió.
—¿No lo has hecho? —le preguntó Fate.
Nanoha apoyó todo el peso de su cuerpo primero en un pie y luego en el otro.
—No —admitió.
—¿Por qué no?
«Porque no parabas de distraerme», pensó, pero contestó:
—No creo que sea necesario.
Fate se rascó la nuca.
—¿Tienes ganas de pasarte todo el día limpiando cacas?
—Tampoco es para tanto —murmuró ella.
—¿Me estás diciendo que vas a dejarlos corretear libremente por todo tu garaje?
—¿Por qué no? —la desafió, con la certeza de que lo primero que iba a hacer cuando acabara con aquella conversación sería montar un espacio lo más reducido posible para encerrar a los cachorros.
Fate se la quedó mirando con absoluta perplejidad.
—Para que lo sepas, como tu veterinaria, no puedo quedarme callada y te digo que no creo que hayas tomado una decisión acertada.
—Gracias por tu opinión —espetó ella.
Fate continuaba mirándola sin parpadear.
—Muy bien. Allá tú. Vendrás a mi casa hacia las diez, ¿no?
—No lo creo.
—¿Por qué no?
—Porque no creo que sea una buena idea.
—¿Por qué no?
—Porque no.
—Ya veo —dijo ella, con el mismo tono que usaba la madre de Nanoha.
—Perfecto —contestó ella.
—Veamos, ¿por qué estás tan rabiosa?
—Por nada.
—¿He hecho algo que te haya molestado?
«Sí —contestó la vocecita interior—. Tú y tus malditos músculos de las caderas.»
—No —se limitó a contestar.
—Entonces, ¿qué pasa? —le preguntó, desconcertada.
—No pasa nada.
—¿Ah, no? Pues ¿por qué te comportas de ese modo tan extraño?
—No me estoy comportando de ningún modo extraño.
La sonrisa con los dientes blanqueados desapareció, igual que toda la cordialidad que Fate le había mostrado previamente.
—Sí que te comportas de un modo extraño. Te traigo una cesta en señal de bienvenida, salvo a tu perrita y me quedo despierta con ella vigilándola durante toda la noche para que no le pase nada malo, te invito a salir en barca (¡todo esto después de que me chillaras y reprendieras sin ninguna razón, no lo olvides!), y, sin embargo, me tratas como si fuera una apestada. Desde que te has mudado aquí, he intentado ser afable, pero cada vez que te veo, pareces enojada conmigo. Quiero saber el porqué.
—¿Por qué? —repitió ella.
—Sí —aseveró, con voz firme—. Por qué.
—Pues porque sí —replicó ella, consciente de que parecía una colegiala gruñona. La cuestión era que no se le ocurría qué más podía decirle.
Fate la escrutó enojada.
—¿Cómo que «porque sí»?
—Mira, olvídalo, ¿vale?
Ella no replicó y tras la respuesta de Nanoha se quedaron unos momentos en silencio, hasta que finalmente Fate dijo:
—Vale, desisto.
Dio media vuelta, sacudiendo la cabeza mientras se encaminaba hacia el primer peldaño del porche. Ya estaba en la hierba cuando Nanoha dio un paso hacia delante.
—¡Espera! —la llamó.
Fate aminoró la marcha, dio dos pasos más, entonces se detuvo y se giró para mirarla.
—¿Sí?
—Lo siento.
—¿Sí? —volvió a decir ella—. ¿Qué es lo que sientes?
Nanoha titubeó.
—No sé a qué te refieres.
—Me lo imaginaba —refunfuñó Fate.
Cuando ella se dio cuenta de que ella se disponía a girarse de nuevo —un giro que sabía que marcaría el final de las relaciones cordiales entre ellas—, avanzó otro paso, casi contra su voluntad.
—¡Te pido disculpas por todo! —Nanoha pensó que su voz sonaba tensa y apocada, pero no podía remediarlo—. Por cómo te he tratado. Por haberte dado la impresión de que no te estoy agradecida por todo lo que has hecho.
—¿Y?
Nanoha tenía la sensación de que se estaba encogiendo por momentos, algo que parecía suceder sólo cuando estaba con Fate.
—Y... que me he equivocado —apuntó, suavizando el tono.
Fate la miró con recelo, con una mano apoyada en la cadera.
—¿En qué te has equivocado?
«¡Uf! ¿Por dónde empezar? —le planteó la vocecita interior—. Quizá no es que te hayas equivocado. Quizá tu intuición te ha estado avisando de algo que no llegas a comprender completamente, pero no deberías bajar la guardia...»
—Contigo —confesó, ignorando la vocecita interior—. Y tienes razón. No te he tratado como te mereces, pero a pesar de que seguramente no te gustará mi excusa, preferiría no ahondar en las razones que me han movido a comportarme de este modo. —Esbozó una sonrisa, pero ella no se la devolvió—. ¿Sería posible que volviéramos a intentar ser amigas?
Fate pareció considerar la propuesta.
—No lo sé.
—¿Cómo?
—Ya me has oído. Lo último que quiero en mi vida es a una vecina desquiciada. No quiero herir tus sentimientos, pero hace tiempo que aprendí a distinguir a las personas que no están en su sano juicio y a apartarme de ellas.
—Eso no es justo.
—¿Ah, no? —Fate no intentó ocultar su escepticismo—. Pues yo creo que he sido más que justa. Pero hagamos un trato: de acuerdo, procuraré empezar de nuevo si tú estás dispuesta a intentarlo. Pero sólo si tú estás segura de que eso es lo que quieres.
—Lo estoy.
—Entonces, de acuerdo. —Fate desanduvo los pasos que había dado hasta el porche—. Hola —se presentó, ofreciéndole la mano—. Me llamo Fate Testarossa y quiero darte la bienvenida al vecindario.
Ella se quedó sorprendida, mirando la mano. Tras unos instantes, la aceptó al tiempo que decía:
—Soy Nanoha Takamachi. Encantada de conocerte.
—¿A qué te dedicas?
—Soy asistente médica —explicó, sintiéndose un poco ridícula—. ¿Y tú?
—Soy veterinaria. ¿De dónde eres?
—De Savannah, Georgia —contestó ella—. ¿Y tú?
—De aquí. He nacido y me he criado en esta localidad.
—¿Te gusta vivir aquí?
—Por supuesto. Con un tiempo magnífico, sin tráfico... —Hizo una pausa—. Y en general, buenos vecinos, también.
—Eso he oído —afirmó ella—. De hecho, sé que la veterinaria de la localidad siempre está dispuesta a ayudar cuando alguien la llama para una emergencia. Eso jamás sucedería en la ciudad.
—No, supongo que no. —Fate hizo una señal por encima del hombro—. Por cierto, mis amigos y yo saldremos a navegar un poco más tarde. ¿Te apetece venir con nosotros?
Nanoha la miró cabizbaja.
—Me encantaría, pero he de montar un espacio cerrado en el garaje para los cachorros que mi perrita, Arf, tuvo hace un par de noches. No me gustaría que tuvieran que esperar por mí.
—¿Necesitas ayuda? En el garaje tengo unos tablones de madera y unos cajones viejos. No tardaremos mucho en montarlo.
Ella vaciló, luego alzó la cabeza con una sonrisa.
—En ese caso, estaré encantada de ir con ustedes.
Fate no la había engañado: se presentó —todavía media desnuda, para tribulación de Nanoha— con cuatro tablones de madera bajo el brazo. Después de depositarlos en el suelo, se marchó corriendo a su garaje. Regresó con los cajones, con un martillo y con un puñado de clavos.
A pesar de que fingió no oler la pestilencia, Nanoha se dio cuenta de que montó el cerco con una rapidez increíble.
—Deberías forrar el suelo de esta zona con periódicos. ¿Tienes suficientes?
Cuando ella asintió, ella señaló hacia su casa de nuevo.
—Todavía he de ocuparme de unas cuantas cosas, así que te veré dentro de un rato, ¿de acuerdo?
Nanoha asintió nuevamente con la cabeza, notando una sensación de agarrotamiento en el estómago, algo parecido a un nerviosismo incontrolable. Por eso, después de ver que Fate entraba en su casa y tras empapelar el suelo del espacio cercado con periódicos, se quedó de pie en su cuarto, evaluando los méritos de un traje de baño. Más específicamente, de si debía llevar bikini o bañador de una sola pieza.
Había puntos a favor y en contra en ambas decisiones. Normalmente prefería el bikini. Después de todo, tenía 22 años y estaba soltera y, a pesar de que no era una supermodelo, se mentiría a sí misma si no admitiera que no estaba nada mal en bikini. Yuuno se lo confirmaba siempre que ella sugería que iba a ponerse el bañador: no paraba de hacer pucheros hasta que ella cambiaba de opinión. Por otro lado, él no estaba allí; iba a salir con una vecina (¡una chica!), y teniendo en cuenta el tamaño de su bikini, sería lo mismo que ir en sujetador y braguitas ajustadas, por lo que no se sentiría muy cómoda, así que, finalmente, se decidió por el bañador.
Sin embargo, el bañador estaba un poco viejo y descolorido a causa del cloro y del sol. Se lo había comprado su madre hacia unos años, para las tardes que pasaba en el club (¡de ninguna manera iba a aceptar que su hija se mostrara en público como una descocada!). El bañador no tenía una línea muy moderna. En vez de subir por encima de las caderas, era de los que quedaban bajos, y eso provocaba que sus piernas parecieran más cortas y regordetas.
Nanoha no quería que sus piernas parecieran más cortas y regordetas. Por otro lado, ¿acaso importaba ese detalle? Pensó que por supuesto que no, mientras simultáneamente pensaba que por supuesto que sí.
Se decidió por el bañador. Por lo menos, no les provocaría ninguna impresión equivocada. Y también habría niños en la barca. Era mejor errar por el lado conservador que pasarse de... desvergonzada. Tomó el bañador y súbitamente oyó la voz de su madre, que le decía que había tomado la decisión acertada.
Tiró el bañador sobre la cama y cogió el bikini.
Author's notes part 2: Estoy empezando a question myself si deberia cambiar mis author's notes por "adaptator's" notes? Well anyway, esta vez no fue el white devil que hizo su aparicion, si no the rude version of the white devil, sigo pensando que Nanoha siente algo por Fate-chan, si se comporta de una manera tan defensiva, ustedes que creen?
Que pasara en el proximo chapter? Habra beso NanoFate? Llegara el cara de huron a arruinarlo todo? Conocera Nano-chan a su futura cuñada? Sera que por fin Nano-chan conocera a sus futuras amigas en las esposas de las amig s de Fate? Eso lo sabremos la proxima vez que actualice esta historia.
Como me rei con esa palabra 'descocada' *laughs*
Cuantas veces les dio ganas de darle un buen bofeton a Nano-chan, ( No apoyo de ninguna manera la violencia ) I mean come on, Fate-chan is being all nice and cute with her all she is so very rude with Fate-chan.
Takamachi-chan: Thank youuuuuuu so much for all your support my friend, por favor update as soon as you can that marvelous story called 'Sobreviviendo junto a ti' or voy a recurrir al chantaje. *serious tone*
Aili.w: Muchisimas gracias por tu apoyo, well Fate-chan is very sexy, solo que Nano-chan le gusta hacerse la ciega. XD Pero bue... tarde o temprano Nano-chan caera.
Kano chan: Tsundere plus white devil? Oh my Dear Lord, please God have mercy on us, se imaginan esa combinación? Verdad? A mi me encanta Mahou Shoujo Lyrical Nanoha Innocent y tengo la fortuna de tener los tres volumenes de Nanoha Innocent solo que tambien estoy esperando que traduzcan los demas chapters para poder entender lo que compre XD Tokoharu is one of my favorites, uno de sus drawings que esta entre mis grandes favoritos se llama "A prince and sweet" I also like Mekimeki Oukoku. Gracias por tu apoyo y a cual story te refieres? Ya he recomendado varias stories.
Ki-chan: No sabes como me rei con tu comment de Yuuno XD y bueno cuantas veces quisiste abofetear a Nano-chan con este chapter mas de cuatro veces? LOL! Bueno thanks so much and well anyway Hola prima de Ki-chan.
Once again thanks so much for your very lovely reviews.
*Gasp* Casi me olvidaba de mi historia recomendada del dia de hoy la cual es: "Horror Stories" adaptada y/o escrita por NekoHatsuneTakamachi muy buen y diferente project. Ah! Y no esperen finales felices con estos one-shots like the name implies they are Horror Stories but with our beloved Nano-chan and Fate-chan as protagonists. XD
Chapter 8 preview...tiny little preview
Se dirigió a Nanoha—: ¿Estás preparada para una nueva experiencia?
Nanoha tragó saliva.
—Me muero de ganas.
And here's another preview...
—Así que has invitado a tu vecina a pasar el día con nosotros, ¿eh? —comentó Alicia—.
¿Cómo dijiste que se llama?
—Nanoha —contestó Fate, acercando más la barca al embarcadero—. Llegará de un momento a otro. —La soga se tensó y luego se aflojó mientras Fate maniobraba con la barca. Acababan de bajarla al agua y estaban amarrándola en el embarcadero para cargar las neveras portátiles.
—Está soltera, ¿verdad?
—Técnicamente. Pero tiene novio.
—¿Y? —Alicia le regaló una sonrisa burlona—. ¿Desde cuándo te ha frenado eso?
