Author's notes: I do not have to apologize to y'all, Yo se que les prometi que iba a actualizar mas seguido, but life is weird, and well, la semana pasada murio alguien que yo conocia y que apreciaba, no era un familiar pero se podria decir que era un vecino and this last Satusrday was his wake and it was really sad y encima como ya algunos saben I'm babysitting a little kid and this past week, he has been staying with me most of the day and when he finally goes home and too tired to even read my beloved NanoFate or to post any chapters of this story.
To all of you who have been sticking with me since chapter 1 I'm so sorry.
And Celebration's notes: I have hit the 5.000 and something views...Hooray! *raises hands in celebration* THANK YOU EVERYONE! *gives everyone delicious chocolate chip cookies*

Disclaimer: I do NOT own Mahou Shoujo Lyrical Nanoha and its characters, nor do I own the plot, the plot belongs to Nicholas Sparks and MSLN belongs to Masaki Tsuzuki.


Chapter 11

El resto de la tarde discurrió como una repetición de las jugadas que habían tenido lugar durante la mañana, pero al revés. Pasaron otra hora en la playa antes de volver a cargar la barca; en el camino de vuelta, cada pareja se lo hizo una vez más en el paracaídas, aunque esta vez Nanoha montó con Alicia. Al final de la tarde, la barca surcaba las aguas a través de la ensenada, y Fate se detuvo a comprar langostinos a un pescador al que, por lo visto, conocía muy bien. Cuando finalmente amarraron la barca en el embarcadero, los tres pequeños se habían quedado dormidos. Los adultos estaban exhaustos y satisfechos, con las caras tostadas por las horas de exposición al sol.

Después de descargar la barca, las parejas se fueron marchando una a una, hasta que únicamente quedaron Nanoha, Alicia y Fate. Fate se quedó en el embarcadero con Zafira; ya había extendido el paracaídas en el suelo para que se secara y estaba enfrascada en limpiar la barca con una manguera.

Alicia estiró los brazos por encima de la cabeza.

—Supongo que será mejor que yo también me ponga en camino. He quedado con mis padres para cenar. No se lo toman nada bien si se enteran de que estoy por aquí y no paso suficiente tiempo con ellos. Ya sabes cómo son los padres. Antes iré a despedirme de Fate.

Nanoha asintió, observando con porte aletargado a Alicia mientras ésta se inclinaba por encima de la barandilla del embarcadero.

—¡Me marcho, Fate—gritó—. ¡Gracias por un día tan especial!

—¡Me alegro de que hayas venido! —gritó ella a modo de respuesta, ondeando la mano.

—¡Quizá sería una buena idea que encendieras la barbacoa! ¡Nanoha me acaba de decir que se muere de hambre!

El estado aletargado de Nanoha se desvaneció al instante, pero, antes de que pudiera decir nada, vio que Fate alzaba el dedo pulgar en señal de aprobación.

—¡Lo haré dentro de un minuto! —gritó—. Antes tengo que acabar de limpiar todo esto, pero ya estoy acabando.

Alicia se paseó lenta y tranquilamente por delante de Nanoha, satisfecha por completo con sus habilidades para establecer contactos sociales.

—¿Por qué has dicho eso? —le susurró Nanoha.

—Porque yo tengo que ir a ver a mis padres y no quiero que mi pobre hermanita tenga que pasar el resto del atardecer sola. Le encanta estar rodeada de gente.

—¿Y qué pasa si yo tengo ganas de irme a casa?

—Entonces sólo has de decirle que has cambiado de opinión, cuando venga. No le importará. Lo único que he hecho es concederte un par de minutos para que consideres el plan, porque te aseguro que, de todos modos, ella te lo habría propuesto, y entonces (si le hubieras dicho que no), habría vuelto a insistir una segunda vez. —Se colocó bien el bolso en el hombro—. Oye, ha sido un placer conocerte, de veras. ¿Vas a menudo por Raleigh?

—A veces —contestó Nanoha, todavía desconcertada por lo que acababa de pasar e insegura de si se sentía contenta o enojada con Alicia.

—Perfecto. Podríamos quedar un día para comer. Si quieres, podemos quedar mañana..., pero, de verdad, ahora tengo que irme. —Se quitó las gafas de sol y se las limpió con la camiseta—.

¿Nos vemos mañana?

—De acuerdo —convino Nanoha.

Alicia se dirigió hacia la puerta de cristal, la abrió completamente y luego desapareció dentro de la casa, para atravesarla de camino hacia la puerta principal. En aquel momento, Fate ya subía con paso decidido desde el embarcadero, con Zafira trotando alegremente a su lado. Por primera vez aquel día, se había puesto una camisa de manga corta.

—Dame un segundo para encender el carbón. ¿Te apetecen unos pinchos de langostinos?

Ella se debatió sólo un instante antes de darse cuenta de que, o bien aceptaba la invitación, o bien se iba a casa y metía algo en el microondas antes de apalancarse en el sofá frente a la tele para ver algún programa horroroso, y entonces se acordó de la agradable sensación que la había invadido al ver a Fate jugando en la orilla con los niños.

—¿Me das unos minutos para que me cambie?

Mientras Fate encendía el carbón, Nanoha fue a echar un vistazo a Arf y la encontró durmiendo profundamente junto a los cachorros.

Se duchó rápidamente antes de cambiarse y ponerse una fina falda de algodón y una blusa a juego. Después de secarse el pelo, se debatió entre ponerse un poco de maquillaje o no, y al final decidió aplicarse únicamente un ligero toque de máscara en las pestañas. El sol le había proporcionado un poco de color en la cara, y cuando se separó un par de pasos del espejo, pensó que hacía muchos años que no salía a cenar con alguien que no fuera Yuuno.

Podía simplemente alegar que se trataba de la prolongación del día que habían pasado juntas, o que Alicia las había enredado para que cenaran juntas, pero sabía que ninguna de las dos excusas era completamente válida.

Sin embargo, ¿su decisión de cenar con Fate era algo por lo que debería sentirse culpable, incluso hasta el punto de ocultárselo a Yuuno? Su primer impulso fue insistir en que no existía ninguna razón para «no» contárselo a su novio. El día había sido totalmente inofensivo — técnicamente, había pasado más tiempo con Alicia que con Fate—. Por lo que, ¿dónde estaba el problema?

«¡Que cenaran las dos solas, boba!», le susurró una vocecita en su interior.

Pero ¿suponía eso realmente un problema? Alicia tenía razón: volvía a estar hambrienta y su vecina tenía comida. Necesidad humana número 101. ¡Ni que fuera a acostarse con ella! Ni tan sólo tenía intención de besarla. Eran amigas y nada más. Y si Yuuno hubiera estado allí, estaba segura de que Fate también lo habría invitado a cenar.

«Pero Yuuno no está aquí —insistió la vocecita—. ¿Piensas contarle que has cenado a solas con Fate?»

—¡Pues claro! ¡Claro que se lo contaré! —murmuró, intentando acallar la vocecita interior.

Cómo detestaba aquella voz que le recordaba tanto a la de su madre.

Una vez decidido, se miró una última vez al espejo y, complacida con el resultado, atravesó la puerta de cristal y empezó a cruzar el césped.

Mientras Nanoha se abría paso entre los setos y aparecía por un extremo del jardín, Fate percibió el movimiento de reojo y no pudo evitar girarse y quedársela mirando descaradamente mientras ella se acercaba. Cuando se encaramó a la tarima de madera, ella notó un extraño cambio en el ambiente, que la pilló por sorpresa.

—¡Hola! —lo saludó—. ¿Falta mucho para la cena?

—Un par de minutos —contestó ella—. Has llegado justo a tiempo.

Nanoha miró con avidez las brochetas con los langostinos, los pimientos de un intenso color rojo y las cebollas. Como reacción ante la suculenta visión, su estómago rugió.

—¡Vaya! —exclamó, esperando que ella no hubiera oído el rugido—. ¡Qué buena pinta tienen!

—¿Qué quieres para beber? —Señaló hacia un rincón—. Me parece que todavía queda alguna cerveza y alguna limonada en la nevera portátil.

Mientras ella cruzaba la tarima, Fate intentó ignorar el suave balanceo de sus caderas, preguntándose qué mosca le había picado. Miró cómo ella abría la tapa de la nevera, hurgaba en su interior y sacaba dos cervezas. Cuando regresó y le ofreció una, dejó que los dedos de Nanoha rozaran los suyos. Abrió la tapa y tomó un largo trago, sin apartar la vista de ella por encima de la línea de la botella. En el silencio, Nanoha desvió la mirada hacia el agua. El sol, colgado sobre la copa de un árbol, todavía brillaba, pero su calor había disminuido y las sombras empezaban a extenderse gradualmente por el césped.

—Por eso compré esta casa —dijo finalmente Nanoha—. Por esta vista maravillosa.

—Preciosa, ¿verdad? —Fate se dio cuenta de que la estaba mirando fijamente mientras lo decía, e intentó apartar de la mente las implicaciones subconscientes. Carraspeó antes de volver a hablar—: ¿Cómo está Arf?

—Oh, muy bien. Está dormida. —Echó un vistazo a su alrededor—. ¿Y Zafira?

—Creo que se ha ido al otro porche. Ha empezado a aburrirse al ver que no pensaba darle las sobras de lo que estoy cocinando.

—¿Le gustan los langostinos?

—Come de todo.

—Pensaba que sería más selectivo —soltó mientras le guiñaba un ojo—. ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?

—No. A menos que no te importe sacar unos platos de la cocina.

—No es ninguna molestia —aseveró—. ¿Dónde están?

—En el armario a la izquierda del fregadero. Ah, y la piña, también. Está sobre la encimera. Y el cuchillo. Debería de estar por ahí encima, a la vista.

—Ahora mismo vuelvo.

—¿Y te importaría traer cubiertos, también? Están en el cajón al lado del lavaplatos.

Tan pronto como ella entró en la casa, Fate se puso a estudiarla. Definitivamente, había algo en Nanoha que la atraía. No se trataba simplemente de que fuera atractiva; por todos lados podía encontrar a mujeres hermosas. Había algo en su evidente inteligencia y en su espontáneo sentido del humor que le sugería un profundo sentido del bien y del mal. Belleza y pragmatismo era una extraña combinación; sin embargo, dudaba que ella fuera consciente de poseer tales virtudes.

Cuando Nanoha volvió a aparecer por la puerta, las brochetas estaban listas. Fate colocó un par en cada plato junto con unas rodajas de pina, y las dos se acomodaron delante de la mesa. A lo lejos, la superficie del río, totalmente lisa, reflejaba el cielo como un espejo, una quietud que únicamente se vio interrumpida por una bandada de estorninos que pasó volando por encima de sus cabezas.

—Está delicioso —dijo Nanoha.

—Gracias.

Nanoha tomó un sorbo de su cerveza y señaló hacia la barca.

—¿Piensas volver a salir mañana?

—No lo creo. Mañana probablemente saldré en moto.

—¿También tienes moto?

—Sí. Cuando estaba en el instituto me compré una Honda Shadow modelo 1983 hecha polvo, con la intención de arreglarla y revenderla para sacar un provecho. Pero digamos que restaurarla no fue tan fácil, y dudo que alguna vez consiga sacar algo de beneficio si la vendo. Aunque puedo decir que la monté entera yo sólita.

—Debe de ser gratificante.

—«Inútil» es probablemente la palabra más apropiada. No es muy práctica, ya que suele averiarse a menudo, y casi es imposible encontrar repuestos originales. Pero, ¿acaso no es ése el precio de poseer una pieza clásica?

La cerveza le estaba sentando de maravilla, y Nanoha tomó otro sorbo.

—No tengo ni idea. Ni siquiera cambio el aceite de mi propio coche.

—¿Has montado alguna vez en moto?

—¡Huy, no! Demasiado peligroso.

—El peligro depende más del conductor y de las condiciones de la carretera que de la moto.

—Pero la tuya se avería con facilidad.

—Es cierto. Pero me encanta vivir a tope.

—Ya me había percatado de que ésa es una de tus principales características.

—¿Y te parece buena o mala?

—Ni buena ni malo. Pero es definitivamente impredecible. Y me cuesta asociar esa forma de ser con el hecho de que seas veterinaria. Me parece una profesión muy estable. Cuando pienso en una veterinaria, automáticamente me imagino a una mujer hogareña, junto a un esposa o una esposa totalmente dedicada o dedicado a las labores del hogar y que lleva a sus hijos al ortodoncista.

—En otras palabras, aburrida. Como si lo más divertido que pudiera hacer fuera jugar al golf.

Nanoha pensó en Yuuno.

—Hay cosas peores.

—Sólo para que lo sepas, soy una mujer hogareña. —Fate se encogió de hombros—. Salvo que aún no he formado mi propia familia.

—Pues yo diría que ese requisito es fundamental, ¿no te parece?

—Creo que ser una mujer hogareña tiene más que ver con la forma de ver el mundo que con el hecho de tener una familia propia.

—Buena respuesta. —Nanoha achicó los ojos para estudiarla con más detenimiento. Empezaba a notar los efectos de la cerveza—. No puedo imaginarte casada. No sé, no encaja contigo. Pareces más la clase de mujer a la que le gusta salir por ahí con muchas mujeres, una soltera empedernida.

—No eres la primera persona que me lo dice. De hecho, no sé por qué me da la impresión de que hoy has pasado demasiado rato escuchando a mis amigos.

—Todos hablaban muy bien de ti.

—Por eso dejo que se monten en la barca.

—¿Y Alicia?

—Ella es un enigma. Pero es mi hermana, así que... ¿qué puedo hacer? Tal y como te he dicho, soy una mujer a la que le gusta la vida familiar.

—¿Por qué tengo la sensación de que estás intentando impresionarme?

—Quizá sí. Háblame de tu novio. ¿Es él un hombre hogareño?

—Eso no te importa —espetó ella.

—Vale, cambiemos de tema. Al menos, de momento. Háblame de tu infancia en Savannah.

—Ya te he contado anécdotas sobre mi familia. ¿Qué más puedo decir?

—Lo que quieras.

Ella titubeó.

—Recuerdo un verano que hacía mucho calor. Muchísimo calor. Y también mucha humedad.

—¿Siempre eres tan poco explícita, cuando hablas?

—Creo que un poco de misterio ayuda a mantener el interés.

—¿Tu novio opina igual?

—Mi novio sabe cómo soy.

—¿Es alto?

—¿Y eso qué importancia tiene?

—Ninguna. Sólo estaba intentando buscar un tema de conversación.

—Entonces, ¿qué tal si hablamos de otra cosa?

—Vale. ¿Has hecho surf alguna vez?

—No.

—¿Y submarinismo?

—No.

—Qué pena.

—¿Por qué? ¿Porque no sé lo que me pierdo?

—No —contestó Fate—. Porque ahora que mis amigos están casados y tienen hijos, necesito encontrar a alguien que esté disponible para hacer esa clase de actividades a menudo.

—Por lo que he visto, me parece que sabes entretenerte muy bien tú sólita. Tan pronto como sales del trabajo, te pones a practicar esquí náutico o wakeboard.

—Pero en la vida hay más cosas que eso. Como el paravelismo.

Ambas se rieron, y ella (Nanoha) pensó que le gustaba su forma de reír.

—Tengo una pregunta acerca de lo que estudian en la universidad para ser veterinarios — anunció de repente, sin venir a cuento, aunque ya no le importaba la dirección de su conversación.

Se sentía a gusto y relajada, disfrutando de la compañía de Fate. La hacía sentirse cómoda—. Ya sé que te parecerá extraño, pero siempre me he preguntado si tienen que estudiar mucha anatomía. Como, por ejemplo, ¿cuántos animales diferentes hay?

—Estudiamos sólo los más comunes: vacas, caballos, cerdos, perros, gatos y pollos.

—¿Y tienen que saberlo casi todo de cada especie?

—En lo referente a anatomía, sí.

Ella consideró la respuesta.

—¡Vaya! Pensé que ya resultaba bastante difícil conocer sólo la anatomía humana.

—Sí, pero recuerda: la mayoría de la gente no me denunciará si se le muere un pollo. Tú tienes mucha más responsabilidad, especialmente porque tratas con niños. —Hizo una pausa—. Y tengo la impresión de que debes de hacer muy bien tu trabajo.

—¿Por qué lo dices?

—Por el aura de simpatía y paciencia que te rodea.

—¡Ya! Me parece que te ha dado demasiado el sol hoy.

—Probablemente —dijo. Señaló hacia la botella de Nanoha mientras se levantaba de la silla—. ¿Te apetece otra?

Nanoha ni tan sólo se había dado cuenta de que se había acabado la cerveza.

—Será mejor que no.

—No se lo contaré a nadie.

—No, no es por eso. No quiero que te lleves una impresión equivocada de mí.

—Dudo que eso sea posible.

—No creo que a mi novio le parezca bien.

—Entonces, qué bien que no esté aquí, ¿no? Además, sólo nos estamos conociendo. ¿Qué hay de malo en eso?

—Vale —suspiró ella—. La última, ¿de acuerdo?

Fate llevó otras dos botellas y abrió la de Nanoha. Tan pronto como ella tomó un sorbo y notó el correspondiente cosquilleo del gas en la garganta, oyó la vocecita interior que le recriminaba: «No deberías estar haciendo esto».

—Te gustará —dijo Nanoha, intentando restablecer las distancias entre ellos—. Es un chico fantástico.

—Estoy segura de que lo es.

—Y sí, contestando a tu pregunta previa, es alto.

—Creí que no querías hablar de ello.

—Y no quiero. Sólo deseo que sepas que estoy enamorada de él.

—El amor es un sentimiento maravilloso. Hace que vivir valga la pena. Me encanta estar enamorada.

—Hablas como una mujer con una dilatada experiencia. Pero no olvides que el amor es para toda la vida.

—Según los poetas, el verdadero amor siempre acaba en tragedia.

—¿Y tú eres poeta?

—No. Sólo me limito a repetir lo que ellos sostienen. Y no digo que esté de acuerdo. Al igual que tú, prefiero un romántico final feliz. Mis padres llevan casados toda la vida y así es como yo deseo acabar algún día.

Nanoha no pudo evitar pensar que a Fate no se le daba nada mal flirtear con esos argumentos y entonces se recordó que eso era porque tenía mucha práctica. Sin embargo, tuvo que admitir que encontraba halagadora la atención que ella le dispensaba, aun sabiendo que a Yuuno no le haría la menor gracia.

—¿Sabías que estuve a punto de comprar tu casa? —dijo Fate.

Nanoha sacudió la cabeza, sorprendida.

—Cuando ésta estaba en venta, la tuya también lo estaba. Me gustaba más la distribución de la tuya, pero ésta tenía esta terraza con la tarima de madera, el embarcadero y ascensor. Me costó mucho decidirme.

—Y ahora tienes además una bañera para hidromasaje.

—¿Te gusta? —Le hizo un guiño con picardía—. Podríamos darnos un baño más tarde, cuando se ponga el sol.

—No llevo puesto el bañador.

—Pero no es necesario que nos metamos con bañador.

Nanoha esbozó una exagerada mueca de fastidio, intentando ignorar el cosquilleo que había sentido por todo el cuerpo.

—No, gracias.

Fate estiró los brazos hacia delante, con actitud relajada.

—¿Y qué me dices si metemos sólo los pies?

—Bueno, hasta ahí sí que llego.

—Por algo se empieza.

—Y se acaba.

—Eso lo daba por descontado.

Al otro lado del río, el sol poniente estaba estampando en el cielo una gama de colores dorados que se extendían hasta la línea del horizonte. Fate cogió una silla cercana y apoyó los pies en ella.

Nanoha fijó la vista en el agua, con una sensación de bienestar que no había experimentado en mucho tiempo.

—Háblame de África —le pidió ella—. ¿Es tan diferente a nuestro mundo como parece?

—Para mí sí —contestó ella—. Tengo muchas ganas de volver. Como si algo en mi interior me dijera que formo parte de aquel escenario, a pesar de que vi muy pocas cosas que me recordaran el mundo del que vengo.

—¿Viste leones o elefantes?

—Sí, muchos.

—¿Y te impresionó?

—Es algo que nunca olvidaré.

Ella se quedó callada por un momento.

—Qué envidia me das.

—Entonces, ¿a qué esperas? Ve. Y si lo haces, no te olvides de visitar las cataratas Victoria. Es el lugar más sorprendente que he visto. El arco iris, la calina, el increíble rugido del agua... Es como estar en el final del mundo.

Nanoha sonrió risueña.

—¿Cuánto tiempo estuviste allí?

—¿Cuál de las veces?

—¿Cuántas veces has estado?

—Tres.

Nanoha intentó imaginar una vida tan libre, pero no lo consiguió.

—Háblame de esos tres viajes.

Departieron tranquilamente durante un buen rato y el atardecer dio paso a la oscuridad. Sus variopintas descripciones de la gente y de los lugares eran tan detalladas y vividas que Nanoha se sintió como si hubiera estado allí con Fate y se preguntó cuántas veces y con cuántas mujeres Fate había compartido aquellas historias. En medio de la descripción, ella se levantó de la mesa y regresó con dos botellas de agua, respetando la voluntad que Nanoha había expresado previamente, lo que sirvió para marcar otro punto a favor del creciente interés que le suscitaba. A pesar de que sabía que eso no estaba bien, no podía evitar aquella atracción.

Cuando finalmente llevaron los platos sucios a la cocina, las estrellas ya brillaban por encima de sus cabezas. Mientras Fate lavaba los platos, Nanoha se dedicó a echar un vistazo al comedor y pensó que no se parecía al reducto de una chica soltera tal y como ella habría imaginado.

El mobiliario era cómodo y con estilo, los sofás eran de piel marrón, las mesitas de nogal y las lámparas de metal, y aunque todo estaba limpio, no destacaba por una pulcritud desmesurada.

Encima del televisor vio una pila de revistas y se fijó en la fina capa de polvo sobre el aparato de música, lo cual le pareció que encajaba con el ambiente. En vez de tener cuadros colgados en las paredes, había carteles de películas que reflejaban el gusto ecléctico de Fate: Casablanca en una pared, y Jungla de cristal en otra, con Solo en casa a continuación. A su espalda oyó que se cerraba el grifo y, un momento más tarde, Fate entró en la estancia. Nanoha sonrió.

—¿Estás listo para remojar un poco los pies?

—Siempre y cuando no me enseñes más allá de las pantorrillas.

Volvieron a salir a la terraza y enfilaron hacia la bañera de hidromasaje. Fate quitó el cobertor plástico y lo depositó en el suelo a la vez que Nanoha se quitaba las sandalias; un momento más tarde, estaban sentadas la una al lado de la otra, balanceando los pies relajadamente hacia delante y hacia atrás, chapoteando en el agua. Nanoha alzó la vista y contempló las estrellas en el cielo.

—¿En qué piensas? —quiso saber Fate.

—En las estrellas —contestó ella—. Hace poco me compré un libro de astronomía y estoy intentando ver si me acuerdo de algo.

—¿Y qué tal?

—Bueno, sólo recuerdo las constelaciones más grandes. Las más obvias. —Señaló hacia la casa—. Sigue en línea recta desde la chimenea unos dos palmos y verás el cinturón de Orión. Betelgeuse es la estrella en el hombro izquierdo de Orión y Rigel es el nombre de su pie. Orión tiene dos perros cazadores. Esa estrella brillante de ahí es Sirio y pertenece a la constelación del Can Mayor, y Proción forma parte del Can Menor.

Fate divisó el cinturón de Orion y, a pesar de que intentó seguir las instrucciones, no consiguió distinguir las otras.

—No veo las otras dos.

—Yo tampoco. Pero sé que están ahí.

Fate señaló por encima del hombro de Nanoha.

—Puedo ver el Carro Mayor. Justo allí. Es la única que siempre distingo.

—También se la conoce como la Hélice o la Osa Mayor. ¿Sabías que la figura del oso se ha asociado a esa constelación desde la Edad de Hielo?

—Mentiría si dijera que lo sabía.

—Me encantan los nombres que tienen, aunque todavía no me sepa todas las constelaciones. Canes Venatici, Coma Berenices, las Pléyades, Antinoo, Casiopea..., son unos nombres muy musicales.

—Me parece que has encontrado un nuevo pasatiempo.

—Más bien se trata de una de mis obsesiones de buenas intenciones para contrarrestar el aburrimiento de la vida cotidiana. Pero he de admitir que durante un par de días quedé enganchada con el tema.

Fate rió.

—Al menos eres sincera.

—Soy consciente de mis limitaciones. Sin embargo, me gustaría aprender más. En el colegio tuve un profesor a quien le encantaba la astronomía. Tenía esa forma tan especial de hablar sobre las estrellas que conseguía que lo recordaras para toda la vida.

—¿Qué decía?

—Que mirar las estrellas era como retroceder en el tiempo, ya que algunas de ellas están tan lejos que su luz necesita millones de años para llegar hasta nosotros. Que vemos las estrellas no con el aspecto que tienen ahora, sino con el que tenían cuando los dinosaurios poblaban la Tierra. El concepto me pareció tan..., tan..., increíble...

—Debía de ser un profesor muy especial.

—Lo era. Y aprendimos mucho, aunque lamentablemente he ido olvidando la mayoría de las cosas que nos enseñó, tal y como puedes ver. Pero el sentimiento de fascinación sigue vivo.

Cuando contemplo el cielo, tengo la certeza de que alguien más estaba haciendo exactamente lo mismo hace miles de años.

Fate la observó, cautivada por el sonido de su voz en la oscuridad.

—Y lo más extraño —continuó Nanoha— es que a pesar de que sabemos tantos datos acerca del universo, hoy en día, la gente normal y corriente sabe menos acerca del cielo que los rodea que nuestros antepasados. Aunque no tuvieran telescopios ni conocieran las matemáticas, ni tan sólo supieran que el mundo era redondo, recurrían a las estrellas para navegar, buscaban en el cielo una constelación específica para saber cuándo tenían que plantar la cosecha, usaban las estrellas cuando construían edificios, aprendieron a predecir los eclipses... Todo eso hace que me plantee cómo debía de ser la vida en aquella época remota, en la que el ser humano dependía tan estrechamente de las estrellas. —Perdida en sus pensamientos, se quedó callada un largo momento—. Lo siento. Probablemente te estoy aburriendo.

—De ninguna manera. La verdad es que nunca volveré a pensar en las estrellas del mismo modo.

—Me tomas el pelo.

—No —respondió con seriedad.

Fate no apartaba los ojos de ella, y Nanoha tuvo la repentina sensación de que ella iba a besarla, por lo que giró la cara apresuradamente. En aquel momento, su oído se aguzó hasta oír las ranas que croaban en la hierba cerca del agua y los grillos que cantaban en los árboles. La luna había llegado a su punto más alto, iluminando todo a su alrededor con un brillo intenso. Nanoha movió los pies nerviosamente en el agua, pensando que debería irse.

—Me parece que se me empieza a arrugar la piel de los pies —comentó.

—¿Quieres que vaya a buscarte una toalla?

—No, gracias. Pero será mejor que me marche. Se está haciendo tarde.

Fate se puso de pie y le ofreció una mano. Cuando ella la aceptó, notó la fuerza y la calidez de su tacto.

—Te acompañaré hasta tu casa.

—Oh, no te preocupes. Conozco el camino.

—Pues entonces sólo hasta los setos.

En la mesa, Nanoha recogió sus sandalias y vio a Zafira que se les acercaba. Trotó hacia ellas justo en el momento en que pisaban la hierba. Con la lengua fuera y sin parar de jadear, Zafira dio una vuelta alrededor de ellas antes de trotar alegremente hacia el agua, como si quisiera asegurarse de que no había ningún animal por allí escondido. Al llegar al embarcadero se detuvo en seco, giró rápidamente sobre sus talones y emprendió la carrera al trote en otra dirección.

—Zafira es un perro con un gran entusiasmo y una curiosidad inagotable —comentó Fate.

—Más o menos como tú.

—Sí, más o menos. Excepto que yo no me revuelco por el suelo encima de cualquier porquería putrefacta, como, por ejemplo, un pez muerto.

Nanoha sonrió. La hierba suave le hacía cosquillas en las plantas de los pies, y un momento más tarde llegaron a los setos.

—Me lo he pasado muy bien hoy —dijo Nanoha—. Y esta noche también.

—Lo mismo digo. Y gracias por la lección de astronomía.

—Intentaré hacerlo mejor la próxima vez. Te impresionaré con mi conocimiento estelar.

Fate soltó una carcajada.

—Bonita frase. ¿Te la acabas de inventar?

—No, es de mi querido profesor. Es lo que solía decirnos al final de la clase.

Fate movió los pies con visible nerviosismo, luego alzó la cabeza y miró a Nanoha.

—¿Tienes planes para mañana?

—No. Lo único que tengo que hacer es ir a comprar fruta y verdura. ¿Por qué?

—¿Quieres que quedemos?

—¿Para ir en moto?

—Me gustaría enseñarte una cosa. Será divertido, te lo prometo. Y después te invito a una comida campestre.

Nanoha titubeó. Se trataba de una pregunta bien sencilla, y sabía cuál debería ser la respuesta, especialmente si no quería complicarse la vida. Lo único que tenía que decir era: «No creo que sea una buena idea», y todo se acabaría.

Pensó en Yuuno y en el sentimiento de culpa que había notado unos minutos antes por haber aceptado la invitación de Fate para cenar con ella. Sin embargo, a pesar de tales pensamientos, o quizás a causa de ellos, no pudo evitar esbozar una sonrisa.

—De acuerdo. ¿A qué hora?

Si Fate se había quedado sorprendida por su respuesta, no lo demostró.

—¿Qué te parece a las once? Seré benévola y no te obligaré a madrugar.

Nanoha se llevó la mano hacia el pelo.

—Perfecto, y gracias de nuevo...

—Que duermas bien. Hasta mañana.

Por un instante, Nanoha pensó simplemente en darse la vuelta y marcharse. Pero de nuevo sus ojos toparon con los de Fate por un instante que se prolongó más de la cuenta, y antes de que pudiera darse cuenta de lo que estaba sucediendo, Fate le puso una mano en la cadera y la atrajo hacia ella. La besó, de un modo ni demasiado suave ni demasiado apasionado. Nanoha necesitó un instante para que su mente reaccionara, y entonces la empujó para apartarla.

—¿Se puede saber qué estás haciendo? —lo interrogó, aturdida.

—Lo siento. No he podido evitarlo. —Fate se encogió de hombros, con la innegable certeza de que a Nanoha no le había importado que la besara y también con la impresión de que ella se odiaba a sí misma precisamente por eso.

—Perdona si te he incomodado —se disculpó Fate.

—No pasa nada —contestó Nanoha, alzando ambas manos, como si pretendiera mantenerla a distancia—. Olvidémoslo, ¿vale? Pero que no se vuelva a repetir, ¿de acuerdo?

—De acuerdo.

—De acuerdo —repitió Nanoha, sintiendo súbitamente unas terribles ganas de marcharse a su casa.

No debería haberse expuesto a esa situación. Sabía lo que iba a suceder, incluso se había prevenido a sí misma, y, para no perder la costumbre, no se había equivocado.

Dio media vuelta y se encaminó hacia los setos, con la respiración acelerada. ¡La había besado! Todavía no podía creerlo. A pesar de que tenía la intención de dirigirse directamente hacia la puerta, para dejarle claro a Fate que hablaba en serio cuando decía que no quería que volviera a repetirse, no pudo evitar mirarla disimuladamente por encima del hombro, y sintió una enorme vergüenza al darse cuenta de que ella la había pillado. Fate alzó una mano en una actitud relajada.

—¡Hasta mañana! —gritó.

Nanoha ni se preocupó en contestar, puesto que no existía realmente una razón para hacerlo. La idea de lo que podía suceder al día siguiente le nublaba la mente. ¿Por qué Fate había tenido que echarlo todo a perder? ¿Por qué no podían ser simplemente vecinas y amigas? ¿Por qué aquella relación de amistad tenía que acabar de ese modo? Abrió la puerta corredera y la cerró tras ella; se dirigió a su cuarto, intentando controlar la exasperación que sentía. No lo consiguió por completo. El temblor en las rodillas y los latidos desbocados de su corazón no la abandonaron, ni tampoco el perseverante pensamiento de que Fate Testarossa la encontraba lo bastante atractiva como para desear besarla.


Author's notes part 2: And Tah-Dah! Ya fuimos testigos de su primer beso, Yay! y lo mejor de todo fue que a Nano-chan no le disgusto mucho que digamos. XD
And yes, I know, I know it wasn't the most romantic kiss ever, but por algun se empieza no creen.
I love Ali-chan the troll, she is our cupid in this story and she is so hilarious.
Perdon por la menciones de ferret face, I promise everything will get better soon, as in really soon.
And you know what I don't like Nano-chan's interior little voice that much, please Nano-chan's conscience mind your own business.
Respecto al porque Nano-chan tenia como dudas acerca de lo que pensara ferret face ( como si importara mucho que digamos ) acerca que ella pasara tiempo con Fate, es porque me gusta pensar que Nano-chan le dijo en algun momento que ella era Bi-sexual y por eso Nano-chan se siente mal al "traicionar" a su querido ( read the word querido with a sarcastic voice ) novio *gags* eso es hasta que ella acepte quien es ella realmente.

And now what? Is their trip ruined now? Y si no, que pasara ahora?

Me encanto editar este chapter, almost ferret less LOL! In a way the Nanoha of this chapter reminds me of the original Nanoha, you know always longing for the sky.

Historia recomendada del dia hoy es: "El lobo y el cordero" por Kida Luna I love that very AU story it is so cute.

Aili.w-san:Ha! en este chapter se vio mas el conflicto interior que siente Nano-chan respecto a su relacion con ferret face y ya our beloved Fate-chan gano mas puntos con Nano-chan, lo siento por el beso, it wasn't romantic at all, pero sirvio para plantar mas dudas y para desplazar al que sabemos.

Ki-chan: Me hiciste acordar cuando compre mis primeros manga cuyo tema es el Yuri, it was so awkward when I tried to explain to my Mum what Yuri was, XD but yo inicie con Reinako, after watching PGSM I mean it was so obvious their implied romantic relationship and then I bought the Sailor Moon manga and there we have even more Reinako evidence and so hoping we get to see that in the new Sailor Moon Crystal.
Espero que te hayas acomodado mas a la escuela.
Ki-chan has/haz escrito alguna story NanoFate me gustaria leerla y give you my reviews.

Kano chan: Well *blushing* thanks *winks* don't worry I guess we NanoFate fans hate him with passion so join the club, si puedes me pasas tu link donde podamos ver tu arte. PLL is a good series not the greatest with it is good and my favorite liar is Hanna and I do like Emily too. Yay! for the PreciaxLindy pairing.

Ishtar-chan: My frieeeend helloooooooooooooo, I have missed you and thanks don't worry I will read your stories and give my likes and reviews.

Takamachi-chan: Where are you? *sobs*

Once again thank you very much for all your very lovely reviews.