Author's notes: ...*Drum roll* And Ta-dah! Como recompensa for your patience and understanding here's chapter 12 I hope you enjoy it.
Disclaimer: I do NOT own Mahou Shoujo Lyrical Nanoha and its characters, nor do I own the plot, the plot belongs to Nicholas Sparks and MSLN belongs to Masaki Tsuzuki.
Chapter 12
Después de que Nanoha se hubiera marchado, Fate vació la nevera portátil. Deseaba pasar un rato con Zafira, por lo que agarró la pelota de tenis, pero al empezar con el típico juego de lanzarle la pelota, sus pensamientos volaron hacia aquella chica. Mientras Zafira correteaba por la terraza de un lado a otro, no podía apartar de su mente las graciosas arrugas que se le formaban a Nanoha en las comisuras de los ojos cuando se reía, o la solemnidad de su voz mientras nombraba las estrellas. De repente, empezó a sentir curiosidad por la relación que mantenía con su novio. Le parecía extraño que no le hubiera contado casi nada acerca de él; aunque suponía que tendría sus motivos para no hacerlo, creyó que era una forma efectiva de alimentar su curiosidad.
No le quedaba ninguna duda: se sentía atraída por Nanoha, lo cual no dejaba de ser raro. Si repasaba su historial amoroso, no costaba nada ver que Nanoha no era su tipo. No se le antojaba ni particularmente delicada ni sensible, ni una florecilla de invernadero —Fate parecía atraer a ese tipo de mujeres en tropel—. Cuando ella le había gastado alguna broma, Nanoha había respondido con otra broma; cuando ella había rozado los límites, Nanoha no había mostrado ningún reparo en volver a ponerla en su sitio. Le gustaba su naturaleza vivaz, su autocontrol y confianza, y especialmente le gustaba el hecho de que no parecía ser consciente de poseer tales virtudes.
Interpretaba aquel día que habían pasado juntas como una danza seductora, en la que ambas se habían turnado para dirigirla, una empujando y la otra estirando y viceversa. Se preguntó si una danza de ese tipo podría durar para siempre.
Eso había sido precisamente uno de los fiascos en sus antiguas relaciones. Incluso en las primeras etapas, ellas siempre se habían mostrado sumisas. Normalmente ella acababa por asumir la mayor parte de las decisiones sobre lo que iban a hacer, lo que iban a comer, a qué casa iban a ir o qué película iban a ver. Esa parte no le importaba; lo que le molestaba era que, a medida que pasaba el tiempo, el hecho de que ellas siempre le dieran la razón acababa por definir todos los aspectos de la relación, lo cual conducía inevitablemente a que ella se sintiera como si estuviera saliendo con una empleada en vez de con una pareja. Con toda la franqueza del mundo, eso la aburría soberanamente.
Era extraño, porque nunca antes se había puesto a pensar sobre sus anteriores relaciones en esos términos. En general no solía evocarlas. Sin embargo, el hecho de haber pasado el día con Nanoha le hacía pensar en todo lo que se estaba perdiendo. Rememoró las conversaciones que habían mantenido, y se dio cuenta de que ansiaba pasar más rato con ella charlando, que deseaba más de ella. Con un repentino ataque de ansiedad —nada propio en ella— pensó que no debería haberla besado; se había pasado de la raya. Pero ahora lo único que podía hacer era esperar y ver, y rezar por que Nanoha no cambiara de parecer sobre lo de salir con ella a la mañana siguiente. ¿Qué podía hacer? Nada. Absolutamente nada.
—¿Qué tal con Nanoha? —preguntó Alicia.
Con una sensación de pesadez en los párpados a la mañana siguiente, Fate apenas logró entreabrir los ojos.
—¿Qué hora es?
—No lo sé. Pero es temprano, creo.
—¿Por qué me llamas?
—Porque quería saber qué tal había ido la cena con Nanoha.
—¿Ya ha amanecido?
—No cambies de tema. Vamos, cuéntamelo.
—Me parece que esta vez te estás pasando de curiosa.
—Es mi naturaleza. Pero no te preocupes. Ya me has dado la respuesta.
—Pero si no he dicho nada.
—Exactamente. Supongo que has quedado con ella hoy, ¿no?
Fate apartó el teléfono de la oreja y se quedó unos instantes contemplando el aparato, preguntándose cómo era posible que su hermana siempre pareciera saberlo todo.
—Ali...
—Salúdala de mi parte. Oye, ahora tengo que irme. Gracias por mantenerme informada.
Su hermana colgó antes de que ella tuviera tiempo de contestar.
El primer pensamiento de Nanoha cuando se despertó a la mañana siguiente fue que se consideraba a sí misma una buena persona. Desde pequeña siempre había intentado acatar las reglas. Mantenía la habitación limpia y ordenada, estudiaba para aprobar los exámenes, se esforzaba por comportarse educadamente delante de sus padres.
No era el beso de la noche previa lo que le había hecho dudar de su integridad. Ella no había tenido nada que ver, todo lo había hecho Fate. Y el día había sido absolutamente inocente, por lo que no tendría ningún reparo en contárselo todo a Yuuno. No, su sentimiento de culpa tenía más que ver con las ganas que había sentido de ir a cenar con Fate. Si hubiera sido sincera consigo misma, podría haber supuesto lo que Fate se proponía hacer y podría haber evitado la incómoda situación. Especialmente al final. ¿En qué había estado pensando?
En cuanto a Yuuno..., hablar con él no había conseguido borrar el recuerdo de lo que había sucedido.
Lo llamó la noche previa, después de regresar a casa. Mientras el teléfono móvil de Yuuno empezaba a sonar, ella rezó porque él no detectara el sentimiento de culpa en su tono. Pero rápidamente se dio cuenta de que eso no iba a suponer ningún inconveniente, puesto que apenas podían oírse el uno al otro, ya que él había contestado mientras estaba en una discoteca.
—¡Hola, Yuuno —dijo ella—. Sólo quería llamarte para...
—¡Hola, Nanoha! —la interrumpió él—. Hay mucho ruido aquí dentro, así que tendrás que gritar más para que te oiga.
Él había alzado tanto la voz que Nanoha tuvo que apartar el auricular de la oreja.
—Ya veo.
—¿Qué?
—¡Digo que hay mucho ruido! —gritó ella—. Supongo que lo estás pasando bien.
—¡No te oigo! ¿Qué has dicho?
Como sonido de fondo, ella oyó una voz femenina que le preguntaba a Yuuno si quería otro vodka con tónica; la respuesta de Yuuno se perdió en la cacofonía.
—¿Dónde estás?
—No estoy seguro del nombre de este local. ¡Es una discoteca!
—¿Qué clase de discoteca?
—¡Oh, un sitio al que estos chicos se han empeñado en ir! ¡Nada del otro mundo!
—Me alegro de que te estés divirtiendo.
—¡Habla más alto!
Nanoha se llevó los dedos hacia el puente de la nariz y se lo pellizcó suavemente.
—Sólo quería hablar contigo. Te echo de menos.
—Yo también te echo de menos, ¡pero estaré en casa dentro de un par de días! Oye, ahora...
—Lo sé, lo sé, tienes que colgar.
—Te llamaré mañana, ¿vale?
—Vale.
—¡Te quiero!
—Yo también te quiero.
Nanoha colgó, enojada. Sólo quería hablar con él, pero pensó que debería habérselo imaginado.
Las convenciones tenían la capacidad de convertir a los hombres hechos y derechos en adolescentes —ella misma había sido testigo de primera mano en una convención médica a la que había asistido en Birmingham unos meses antes—. Durante el día, las reuniones se sucedían una tras otra con médicos muy serios y entregados a la actividad; por la noche, había visto desde la ventana de su hotel cómo regresaban en grupos, completamente ebrios, y generalmente haciendo el payaso. No había nada de malo en eso. Nanoha no creía ni por un momento que Yuuno fuera tan estúpido como para meterse en un lío o hacer algo de lo que después tuviera que arrepentirse. «¿Como besar a otra persona en los labios?»
Retiró la colcha, deseando ser capaz de dejar de pensar en eso. No quería recordar el peso de la mano de Fate sobre su cadera cuando la empujó hacia ella y definitivamente no quería pensar en el tacto de sus labios contra los suyos ni en la chispa eléctrica que ese roce le había provocado. Sin embargo, mientras se dirigía a la ducha, se dio cuenta de que había algo más que la incomodaba, algo que no acertaba a atinar. Abrió el grifo y, mientras dejaba correr el agua, no pudo evitar preguntarse si —en el breve instante en que había durado el beso— ella también la había besado.
Incapaz de volver a quedarse dormida después de la llamada de Alicia, Fate salió a correr un rato. Después, cargó la tabla de surf en la parte trasera de su furgoneta y condujo hasta el otro lado del puente, hasta Bogue Banks. Tras aparcar en la zona de estacionamiento del hotel Sheraton, asió la tabla y enfiló hacia el agua. No estaba sola; vio a una docena de personas que habían tenido la misma idea que ella y saludó a algunos que reconoció. Al igual que Fate, la mayoría no pensaba quedarse mucho rato; las mejores olas llegaban temprano y desaparecerían tan pronto como se retirase la marea. Pero, aun así, era la forma perfecta de empezar el día.
El mar estaba sólo un poco rizado —al cabo de un mes, estaría casi perfecto— y remó sobre el suave oleaje, intentando coger el ritmo. No era una gran surfista —en Bali, había estudiado algunas de las monstruosas olas y había sacudido la cabeza, consciente de que si intentaba cabalgar sobre ellas, probablemente no saldría viva—, pero era lo bastante buena como para disfrutar de la actividad.
Estaba acostumbrada a ir solo. Hayate era la otra surfista del grupo, pero hacía años que ya no salía con Fate. Ashley y Melinda, dos de sus ex novias, habían hecho surf con ella varias veces en el pasado, pero ninguna parecía ser capaz de coincidir con ella de improvisto; normalmente, cuando ellas llegaban, ella ya estaba recogiendo, y eso únicamente servía para fastidiarle el resto de la mañana. Y para no perder la costumbre, había sido ella quien había sugerido la actividad.
Pensó que se sentía un poco decepcionada consigo misma por elegir siempre el mismo tipo de mujeres. No le extrañaba que Rein y Amy no pararan de amonestarla. Para ellas debía de ser como ver la misma obra teatral, pero con diferentes actores, y eso sí: siempre con el mismo final.
Tumbada sobre la tabla de surf, contemplando las pequeñas ondulaciones a su alrededor, se dio cuenta de que el motivo que había hecho que inicialmente se sintiera atraída por esas mujeres —su aspecto de desvalidas— era el mismo que finalmente la había empujado a romper la relación.
¿Cómo decía el dicho? Si te has divorciado una vez, es posible que creas que tu ex era el problema.
Pero si te has divorciado tres veces, entonces, es evidente que el problema eres tú. De acuerdo, ella no se había divorciado, pero de todos modos podía aplicarse el cuento.
Estaba sorprendida de que el día que había pasado con Nanoha le hubiera provocado todas aquellas reflexiones acerca de su forma de ser. Nanoha, la mujer que la había acusado falsamente, que la había evitado constantemente, que la había contrariado abiertamente, y que después le había expresado repetidamente que estaba enamorada de un hombre. Increíble.
Detrás de ella se acercaba una ola prometedora, y Fate empezó a remar con fuerza, maniobrando hasta colocarse en la mejor posición posible. A pesar del día glorioso y de los placeres del océano, no podía escapar a la verdad: lo que realmente quería era pasar tanto rato como fuera posible con Nanoha, durante tanto tiempo como fuera posible.
—Buenos días —dijo Yuuno por teléfono, justo cuando Nanoha se estaba preparando para salir.
Nanoha se pasó el auricular al otro hombro.
—¡Ah, hola! ¿Cómo estás?
—Bien. Escucha, sólo quería decirte que siento mucho lo de ayer, cuando me llamaste. Quería llamarte cuando regresé al hotel para disculparme, pero era muy tarde.
—No pasa nada. Por lo visto te lo estabas pasando muy bien.
—No tanto como piensas. La música estaba tan alta que todavía me zumban los oídos. No sé por qué fui con esos chicos. Debería haberme dado cuenta de que me estaba equivocando cuando empezaron a desmadrarse después de la cena, pero alguien tenía que controlarlos.
—Y estoy segura de que tú fuiste un modelo de sobriedad.
—Por supuesto. Ya sabes que no bebo demasiado. Y eso significa (¡cómo no!) que probablemente les daré una paliza hoy en el torneo de golf. Tendrán tanta resaca que no serán capaces ni de darle a la pelota.
—¿Quiénes son?
—Oh, unos agentes de negocios de Charlotte y Columbia. Por el modo en que se comportaban anoche, habrías pensado que hacía años que no salían de juerga.
—Es probable.
—Ya, bueno... —Nanoha podía oír cómo se movía ajetreadamente y pensó que se estaba vistiendo—. ¿Y tú, qué tal? ¿Qué hiciste ayer?
Ella titubeó.
—Nada interesante.
—Sabes que no podía librarme de esta convención. Lo sabes, ¿verdad? Pero de todos modos quería decírtelo. Intentaré llamarte más tarde, ¿de acuerdo?
—Vale. Aunque es posible que salga un rato.
—Por cierto, ¿cómo está Arf?
—Oh, muy bien.
—Creo que me gustaría quedarme uno de los cachorros. Son muy monos.
—Sólo lo dices para complacerme, para asegurarte de que no estoy enfadada contigo.
—Es lo único que deseo: complacerte. Oye, estaba pensando... Quizá podríamos escaparnos un fin de semana largo juntos a Miami, en otoño. Uno de esos chicos de los que te hablaba acaba de volver de South Beach y me ha dicho que hay un par de campos de golf muy cerca que merece la pena visitar.
Nanoha se quedó callada unos momentos.
—¿Alguna vez has pensado en ir a África?
—¿A África?
—Sí. Simplemente para cambiar de aires, ir de safari, ver las cataratas Victoria. O si no es África, algún lugar de Europa, como Grecia.
—La verdad es que no. Y aunque quisiera, es prácticamente imposible que consiga los días de vacaciones necesarios. ¿Qué te ha hecho pensar en eso?
—Nada —contestó ella.
Mientras Nanoha estaba hablando por teléfono, Fate llamó a la puerta. Un momento más tarde, ella apareció en el umbral, con el teléfono pegado a la oreja. Nanoha señaló hacia el auricular y la invitó a pasar. Fate entró en el comedor, esperando que Nanoha diera alguna excusa para colgar rápidamente el teléfono, pero en vez de eso, señaló hacia el sofá y se metió en la cocina. Las puertas batientes oscilaron detrás de Nanoha.
Fate tomó asiento y esperó. Y esperó. Y esperó. Se sentía ridícula, como si la estuviera tratando como a una niña pequeña. La podía oír mientras cuchicheaba y no tenía ni idea de con quién estaba hablando. Por un momento, contempló la posibilidad de levantarse del sofá y marcharse. Sin embargo, no lo hizo. ¿Cómo podía ser que ella le hiciera sentir así?
Al final, con las puertas batiéndose detrás de ella de nuevo, Nanoha entró en el comedor.
—Lo siento. Sé que me he retrasado un poco, pero el teléfono no ha parado de sonar en toda la mañana.
Fate se puso de pie, pensando que Nanoha se había vuelto incluso más guapa durante la noche, lo cual sabía que carecía completamente de sentido.
—No pasa nada —contestó Fate.
La llamada de Yuuno había conseguido que nuevamente se planteara qué estaba haciendo y, a pesar de que no quería pensar en esa cuestión, le resultaba imposible apartarla de la mente.
—Dame unos segundos para ir a buscar el bolso y estaré lista. —Dio un paso hacia la puerta—. Ah, y antes quiero echar un vistazo a Arf; esta mañana estaba bien, pero quiero asegurarme de que no le falte agua.
Un momento más tarde, con el bolso colgado al hombro, las dos se encaminaron hacia el garaje y llenaron el cuenco de agua hasta el borde.
—Por cierto, ¿adónde vamos? —preguntó Nanoha mientras volvían a salir fuera—. Espero que no se trate de un bar de motoristas en el quinto pino.
—¿Qué hay de malo con los bares de motoristas?
—No me sentiría cómoda. No voy tatuada de la cabeza a los pies.
—Estás generalizando, ¿no te parece?
—Probablemente. Pero todavía no has contestado a mi pregunta.
—Sólo a dar una vuelta —dijo Fate—. Iremos al otro lado del puente, recorreremos toda la ruta desde Bogue Banks a Emerald Isle, luego atravesaremos de nuevo el puente, y te llevaré volando hasta ese lugar que quiero enseñarte.
—¿Dónde?
—Es una sorpresa.
—¿Es un sitio de moda?
—Hmmm..., no.
—¿Se puede almorzar allí?
Fate se quedó unos momentos pensativa.
—Sí, por qué no.
—¿Es un espacio cerrado o está al aire libre?
—Es una sorpresa —volvió a repetir Fate—. No quiero echarla a perder.
—Estoy intrigada.
—No esperes nada excepcional. Sólo se trata de un sitio al que me gusta ir, nada espectacular.
En aquel momento, Fate señaló hacia la moto.
—Ahí la tienes.
El reflejo del metal cromado de la motocicleta hizo que Nanoha tuviera que achicar los ojos. Acto seguido, se puso las gafas de sol.
—¿Tu orgullo y tu alegría?
—Mi rabia y mi frustración.
—No empezarás de nuevo a lamentarte sobre lo difícil que es encontrar piezas de recambio, ¿eh?
Fate esbozó una mueca teatral, luego soltó una risita.
—Intentaré no darte la tabarra.
Ella señaló hacia la cesta que Fate había atado en la parte posterior de la moto con cuerdas elásticas.
—¿Qué hay para comer?
—Lo normal.
—¿Filete mignon, pastel de merengue y frutas, cordero asado, lenguado?
—Diría que no.
—¿Bollería industrial?
Fate ignoró su tono irónico.
—Si estás lista, podemos irnos. Estoy segura de que el casco te irá bien, pero, si no, tengo más en el garaje.
Nanoha enarcó la ceja sardónicamente.
—Y hablando de ese sitio tan especial, ¿has llevado a muchas mujeres allí?
—No —contestó Fate—. De hecho, tú serás la primera.
Nanoha esperó a ver si Fate añadía algo más, pero por una vez parecía hablar en serio. Ella asintió levemente con la cabeza y se acercó a la moto. Se puso el casco, se lo abrochó bajo la barbilla, y pasó la pierna por encima del asiento del pasajero.
—¿Dónde tengo que poner los pies?
Fate desplegó los pedales traseros.
—Tienes uno a cada lado. Y procura no tocar el tubo de escape con la pierna. Se calienta mucho y podrías quemarte. Y te aseguro que duele mucho.
—Lo tendré en cuenta. ¿Y dónde pongo las manos?
—Alrededor de mi cintura.
—Siempre dispuesta a que te abracen las mujeres, ¿eh? —replicó ella, con tono burlón—. Pues si estuvieras un poco más delgada, probablemente no sabría dónde agarrarme.
Fate se puso el casco y con un único y ágil movimiento se montó y puso en marcha la moto; esperó unos segundos a que se calentara el motor. No era tan ruidosa como otras motos, pero Nanoha podía notar la leve vibración en el asiento. Notó una inevitable emoción, anticipando la aventura, como si estuviera sentada en la vagoneta de una montaña rusa que de un momento a otro fuera a ponerse en movimiento, sólo que esta vez sin cinturón de seguridad.
Fate empezó a conducir con suavidad. Bajó de la acera y se metió en la calle. Nanoha se agarró a sus caderas, pero tan pronto como la tocó, pensó en los músculos flexores de sus caderas y notó una rigidez en el vientre. Por eso o por el hecho de estar estrechándola entre sus brazos, pero pensó que no estaba lista para soportar aquella tensión. Mientras la moto empezaba a acelerar, se dijo a sí misma que era mejor no estrecharla con demasiada fuerza, ni mover las manos ni un milímetro, sólo mantenerlas firmes, como una estatua.
—¿Qué has dicho? —preguntó Fate, ladeando la cabeza.
—¿Qué?
—¿Has dicho algo sobre las manos y una estatua?
Nanoha no era consciente de haber expresado sus pensamientos en voz alta. Se aferró con más fuerza a sus caderas, intentándose convencer de que sólo lo estaba haciendo para no caerse.
—Decía que mantengas las manos firmes, como una estatua. No quiero sufrir un accidente.
—No vamos a sufrir ningún accidente. No me gustan los accidentes.
—¿Has tenido alguna vez un accidente?
Fate continuaba con la cabeza ladeada, lo cual la ponía nerviosa, y asintió.
—Un par de veces. Una de ellas tuve que pasar dos noches en el hospital.
—¿Y no te pareció relevante mencionarlo antes de invitarme?
—No quería asustarte.
—No apartes la vista de la carretera, ¿vale? Y no conduzcas temerariamente.
—¿Quieres que conduzca temerariamente?
—¡NO!
—Vale, porque lo que de verdad me apetece es disfrutar del paseo. —Volvió a ladear la cabeza; a pesar del casco, Nanoha podía jurar que había visto que le guiñaba el ojo—. Lo más importante es que tú no sufras un accidente, así que mantén las manos firmes como una estatua, ¿de acuerdo?
En el asiento trasero, Nanoha se sintió empequeñecer, igual que le había pasado en la consulta veterinaria, perpleja de que ella se hubiera atrevido a decir esas palabras en voz alta. Y de que, a pesar del viento en sus caras y del rugido del motor, Fate las hubiera oído. Había momentos en que, muy a su pesar, parecía como si el mundo conspirase contra ella.
En los siguientes minutos, Fate no volvió a sacar el tema a relucir, así que Nanoha consiguió relajarse un poco. Con la moto circulando a una velocidad moderada, alcanzaron los confines del vecindario. Lentamente, Nanoha logró cogerle el tranquillo e inclinarse hacia el lado correspondiente cuando Fate tomaba una curva, y unos minutos más tarde, atravesaron Beaufort y cruzaron el pequeño puente que los separaba de los límites de Morehead City. La carretera se ensanchó a dos carriles, pero de todos modos no absorbía la enorme cantidad de tráfico propio del fin de semana, con toda la gente que pretendía ir a pasar el día en la playa. Nanoha intentó no prestar atención a la sensación de vulnerabilidad mientras adelantaban un gigantesco camión de la basura.
Viraron hacia el puente que atravesaba la vía navegable intra-costera y el tráfico se tornó todavía más denso. Cuando llegaron a la autopista que dividía Bogue Banks en dos, el tráfico que se dirigía hacia Atlantic Beach se evaporó y Fate empezó a acelerar la marcha gradualmente.
Completamente prensadas entre dos monovolúmenes, uno delante y el otro detrás de ellas, Nanoha notó que comenzaba a relajarse. A medida que iban pasando por delante de edificios de varias plantas y de casas ocultas entre los árboles del Maritime Forest, sintió el calor del sol que empezaba a traspasarle la ropa.
Se aferraba a Fate para mantenerse firme, intensamente consciente de la línea de los músculos de su espalda a través de la fina tela de su camisa. A pesar de sus buenas intenciones, estaba empezando a aceptar la inevitable realidad: se sentía atraída por ella. Fate era muy diferente a ella, y sin embargo, cuando estaba con Fate, soñaba con la posibilidad de llevar otra clase de vida, una vida que nunca imaginó que podría ser suya. Una vida sin las limitaciones rígidas que siempre la habían acompañado.
En un estado de silencio casi hipnótico atravesaron un pueblo, luego otro: Atlantic Beach, Pine Knoll Shores y Salter Path. A su izquierda, con la mayor parte de la vista oculta por robles espectacularmente inclinados a causa del flagelo del viento incesante, Nanoha vio algunas de las mansiones más del estado situadas en primera línea de la costa. Unos minutos antes habían pasado por delante del Iron Steamer Pier.
A pesar de que el viejo malecón de madera estaba deformado a causa del embate de tantas tormentas, aquel día había un montón de gente pescando.
En Emerald Isle, la población situada más al oeste de la isla, el coche que iba delante de ellas frenó de repente para girar, y Fate apretó el freno para aminorar la marcha. Nanoha sintió que, súbitamente, su cuerpo se pegaba al de ella. Sin querer, sus manos se deslizaron de sus caderas a su estómago, y se preguntó si Fate se había dado cuenta de la forma en que sus cuerpos habían quedado pegados. A pesar de que se dijo que sería mejor separarse, no lo hizo.
Algo estaba pasando entre ellas, algo que Nanoha no acertaba a comprender. Quería a Yuuno y pensaba casarse con él; en los dos últimos días, ese sentimiento no había cambiado, en absoluto.
Sin embargo..., no podía negar que pasar el rato con Fate le parecía..., en cierto modo..., correcto. Natural y fácil, tal y como se suponía que debía ser. Le parecía una contradicción imposible y, mientras atravesaban el puente por la punta más alejada de la isla para regresar a casa, Nanoha cesó en su intento de querer resolver la compleja ecuación.
Se quedó sorprendida al ver que Fate aminoraba la marcha antes de girar y entrar en una carretera de un solo carril parcialmente oculta que se adentraba en el bosque, perpendicular a la autopista. Cuando Fate detuvo la moto por completo, Nanoha se giró hacia un lado y luego hacia el otro, desconcertada.
—¿Por qué nos hemos detenido? —quiso saber—. ¿Este es el sitio que querías mostrarme?
Fate se apeó de la moto y se quitó el casco. Acto seguido, sacudió la cabeza.
—No, eso será de regreso a Beaufort —dijo—. Antes quería saber si te apetecía conducir un rato.
—Nunca he llevado una moto. —Nanoha cruzó los brazos, sin bajar de la moto.
—Lo sé. Por eso te lo pregunto.
—No me apetece —dijo, levantándose el visor del casco.
—Vamos, será divertido. Yo me montaré detrás de ti, y no permitiré que choques contra nada.
Colocaré las manos al lado de las tuyas y me encargaré de girar el manillar. Lo único que tienes que hacer es conducir recto hasta que te acostumbres.
—Pero eso es ilegal.
—Técnicamente sí. Pero no pasa nada; estamos en una carretera privada. Lleva a la casa de mi tío (un poco más arriba, se convierte en una pista de tierra, y él es la única persona que vive allí). Es donde aprendí a conducir.
Nanoha titubeó, dividida entre la sensación de emoción y de terror, sorprendida de que estuviera incluso considerando la posibilidad.
Fate alzó las manos.
—Confía en mí. Por esta carretera no circula ningún coche, nadie nos obligará a parar y yo estaré detrás de ti.
—¿Es difícil?
—No, aunque se necesita un poco de práctica hasta que una se acostumbra.
—¿Como montar en bicicleta?
—En lo referente al equilibrio, sí, es muy parecido. Pero no te preocupes. Yo estaré detrás, así que nada puede salir mal. —Sonrió—. ¿Qué? ¿Te atreves?
—No sé...
—¡Genial! —exclamó Fate—. Veamos, lo primero que has de hacer es apretar suavemente el acelerador, ¿vale? A la derecha tienes el acelerador y el freno de delante. A la izquierda el embrague. El acelerador sirve para controlar la velocidad, ¿me sigues?
Nanoha asintió.
—Con el pie derecho controlas el freno de detrás. Y usas el pie izquierdo para cambiar las marchas.
—Parece fácil.
—¿De verdad?
—No. Sólo intentaba que te sintieras orgullosa de tus habilidades como profesora. En ese momento Fate pensó que Nanoha empezaba a hablar como Alicia.
—Más cosas: cambiar de marchas es muy parecido a como lo haces en un coche. Sueltas el acelerador, pisas el embrague, cambias de marcha y luego vuelves a acelerar. Te lo demostraré, ¿vale? Pero para hacerlo, no nos quedará más remedio que pegarnos la una a la otra. No tengo las manos ni las piernas tan largas como para llegar a los pedales desde el asiento trasero.
—Una excusa muy conveniente —comentó ella.
—Que, mira por dónde, es verdad. ¿Estás lista?
—Lo que estoy es aterrada.
—Lo interpretaré como un sí. Vamos, siéntate más hacia delante.
Ella se deslizó por el sillón de la moto y Fate se montó detrás. Después de ponerse el casco, se inclinó hacia ella y se agarró al manillar, y a pesar del calor que desprendía su cuerpo, ella notó un escalofrío, como una descarga eléctrica que se iniciaba en su estómago y radiaba hacia fuera.
—Ahora coloca las manos encima de las mías —la instruyó Fate—. Y haz lo mismo con los pies.
Sólo quiero que seas consciente de los pasos que debes seguir. Son unos movimientos en cadena, y cuando le pillas el tranquillo, ya nunca se te olvida.
—¿Así es como aprendiste tú?
—No. Mi amigo no iba detrás de mí, sino que me enseñaba de pie a mi lado, gritándome las instrucciones. La primera vez que me monté solo, apreté el acelerador en lugar del freno y acabé empotrándome contra un árbol. Por eso prefiero montarme contigo la primera vez.
Plegó el caballete, le dio al embrague y puso en marcha el motor; tan pronto como la moto empezó a vibrar, Nanoha notó la misma sensación de nerviosismo que la había invadido antes de elevarse por los cielos con el paracaídas, por encima de la barca. Puso las manos sobre las de Fate, solazándose en el tacto de su piel.
—¿Lista?
—¡Lista!
—No apartes las manos, ¿de acuerdo?
Fate giró el acelerador y lentamente empezó a soltar el embrague; en el instante en que la moto empezó a moverse, levantó el pie del suelo. Nanoha colocó el pie encima del suyo, con suavidad.
Primero condujeron despacio, y Fate empezó a acelerar gradualmente; luego volvió a aminorar la marcha, para de nuevo volver a acelerar y finalmente cambió de marcha antes de volver a frenar hasta detenerse. Entonces empezaron otra vez. Fate le explicaba con gran detalle todo lo que estaba haciendo —frenando o preparándose para cambiar de marcha— y le recordó que nunca debía apretar el freno de delante si se asustaba, ya que saldría disparada por encima del manillar. Poco a poco, mientras el proceso continuaba, Nanoha fue familiarizándose con las instrucciones. El movimiento coreografiado de las manos y los pies de Fate le parecía similar a tocar el piano y, después de unos pocos minutos, casi ya era capaz de predecir lo que Fate iba a hacer. Aun así, Fate continuó guiándola hasta que los movimientos parecieron completamente naturales.
A continuación, Fate le pidió que cambiara de posición; ahora, las manos y los pies de Nanoha controlaban la moto, y Fate tenía las suyas encima. Repitieron el proceso desde el principio. No era tan fácil como Fate le había hecho creer. A veces la moto avanzaba a tirones o ella apretaba el freno de mano con demasiado brío, pero Fate se mostró paciente y no dejó de animarla. Jamás alzó la voz y ella recordó la forma en que Fate se había comportado con los niños en la playa el día previo. No le quedaba más remedio que admitir que Fate era más especial de lo que le había parecido inicialmente.
A lo largo de los siguientes quince minutos, mientras ella continuaba practicando, el tacto de Fate se tornó más suave, hasta que finalmente apartó las manos por completo. A pesar de que ella no estaba totalmente cómoda, empezó a acelerar más rápido y con mayor precisión, sin movimientos bruscos, y también a frenar con suavidad. Por primera vez, sintió el poder y la libertad que le ofrecía la moto.
—Lo haces muy bien —la animó Fate.
—¡Es fantástico! —gritó ella, arrebolada de alegría.
—¿Estás lista para intentar conducir sola?
—Bromeas, ¿no?
—No.
Ella se debatió sólo un instante.
—¡Vale! —exclamó con entusiasmo—. ¡Creo que sí!
Nanoha detuvo la moto y Fate se apeó. Después de ver que Fate se apartaba a un lado, aspiró aire despacio para llenar los pulmones, ignoró los latidos acelerados en su pecho y puso la moto en marcha. Un momento más tarde, disfrutaba de la conducción. Sola, detuvo la moto y volvió a arrancar una docena de veces, gradualmente reduciendo las distancias. Fate se quedó sorprendida al ver que ella giraba la moto lentamente, formando un amplio arco, y enfilaba hacia ella acelerando considerablemente. Por un momento, pensó que había perdido el control de la moto, pero ella condujo con suavidad y paró elegantemente a tan sólo unos pocos pasos delante de ella. Incapaz de ocultar su sonrisita, Nanoha expresó su emoción con una energía cinética.
—¡No puedo creer que lo haya hecho!
—¡Lo has hecho muy bien!
—¿Has visto cómo giraba? ¡Ya sé que iba muy despacio, pero lo he hecho!
—Lo he visto.
—¡Es increíble! ¡Ahora entiendo por qué te gusta tanto montar en moto! ¡Es una pasada!
—Me alegro de que te haya gustado.
—¿Puedo volver a intentarlo?
Fatel señaló hacia la carretera.
—Adelante.
Nanoha corrió hacia un lado y hacia otro de la carretera durante un buen rato, mientras Fate observaba su absoluta confianza cada vez que se detenía y volvía a arrancar. Realizaba los giros con gran facilidad —incluso empezó a conducir en un círculo—, y cuando se detuvo delante de ella, tenía la cara sofocada. Cuando se quitó el casco, Fate tuvo la certeza de que jamás había visto algo tan vivo y tan bello.
—Ya está —anunció Nanoha—. Ya puedes volver a conducir.
—¿Estás segura?
—Hace mucho tiempo aprendí que es mejor abandonar cuando todavía lo estoy pasando bien. No me gustaría chocar contra algo y echar a perder esta magnífica sensación.
Nanoha se apartó hasta el asiento trasero y Fate se montó en la moto, encantada de volver a sentir las manos de Nanoha alrededor de su cintura. Mientras enfilaba nuevamente hacia la autopista, se sintió con las pilas recargadas, como si sus sentidos estuvieran completamente alerta, atenta a las curvas del cuerpo de Nanoha contra el suyo. Recorrieron el trayecto hasta la autopista, giraron y atravesaron Morehead City, cruzaron el puente de Atlantic Beach y completaron la vuelta pasando por Beaufort.
Unos minutos más tarde, atravesaban el casco antiguo, dejando atrás numerosos restaurantes y el puerto deportivo de camino hacia Front Street. Finalmente Fate aminoró la marcha, y se detuvo en un gran terreno cubierto de hierba casi al final de la manzana. El terreno vacío lindaba, por un lado, con una deslustrada mansión georgiana que, por lo menos, debía de tener cien años, y por el otro, una casa parecida, pero de estilo Victoriano. Apagó el motor y se quitó el casco.
—Ya hemos llegado —anunció, al tiempo que la ayudaba a apearse de la moto—. Esto es lo que te quería enseñar.
Había algo en su voz que hizo que Nanoha se contuviera para no expresar que allí no había nada más que un solar vacío; por un momento, se limitó a observar a Fate mientras esta avanzaba unos pasos en silencio. Fate mantenía la vista fija en el otro lado de la carretera, en dirección a Shackeford Banks, con las manos en los bolsillos. Nanoha se quitó el casco y se pasó una mano por el pelo para acicalárselo, después caminó hacia Fate. Cuando estuvo a su lado, tuvo la impresión de que Fate le confesaría todo el misterio cuando se sintiera preparada.
—Desde este lugar se goza de una de las panorámicas más bonitas de toda la costa —dijo finalmente—. No es una magnífica vista del océano, de las olas y del agua que se extiende hasta el horizonte, que también es fantástico, pero después de un tiempo resulta aburrido, porque la vista es casi siempre la misma. Pero aquí, siempre hay algo que ver. Siempre hay veleros y yates surcando el agua hacia el puerto deportivo; si vienes por la noche, puedes ver los numerosos grupitos de gente congregados a lo largo de la orilla y escuchar la música. He visto marsopas y rayas pasando a través del canal, y especialmente me encanta ver los caballos salvajes mientras pacen libremente en la isla. No sé cuántas veces los he visto, pero siempre me fascinan.
—¿Vienes aquí a menudo?
—Unas dos veces por semana. Cuando quiero estar sola para pensar.
—Estoy segura de que a los vecinos no les debe de hacer mucha gracia que te metas en este terreno.
—No pueden hacer nada. Es mío.
—¿De veras?
—¿A qué viene tu sorpresa?
—No lo sé. Supongo que me ha dado la impresión de que realmente eres una persona... hogareña.
—Ya tengo una casa...
—Sí, y tengo entendido que tu vecina es fantástica.
—¡No me digas!
—Me refería a que el hecho de comprar un terreno da a entender que eres la clase de chica con planes a largo plazo.
—¿Y eso no te gusta?
—Bueno...
—Si lo que intentas es adularme, te advierto de que no te está saliendo nada bien.
Nanoha soltó una carcajada.
—Veamos qué te parece esto: no dejas de sorprenderme.
—¿De un modo positivo?
—Sí.
—¿Como la vez que llevaste a Arf a la clínica y te diste cuenta de que yo era la veterinaria?
—Preferiría no hablar de eso.
Fate se echó a reír.
—Entonces, ¿qué tal si comemos?
Nanoha la siguió de vuelta hasta la moto, donde Fate desató la cesta y una manta. Después de guiarla hasta un pequeño montículo situado en la parte posterior de la propiedad, Fate extendió la manta en el suelo y la invitó a sentarse. Cuando las dos estuvieron cómodas, Fate empezó a sacar las fiambreras.
—¿Fiambreras?
Fate parpadeó varias veces seguidas.
—Mis amigos me llaman: «Miss Doméstica».
Fate sacó dos latas frías de té helado con sabor a fresa. Abrió una y se la pasó a Nanoha.
—¿Qué has preparado?
Fate señaló hacia diversos recipientes mientras hablaba:
—He traído tres tipos distintos de queso, galletitas saladas, aceitunas negras de Kalamata y uvas. Es más un aperitivo que una comida propiamente dicha.
—Me parece perfecto. —Nanoha cogió las galletitas saladas y cortó un trozo de queso—. Aquí había una casa antes, ¿verdad? —Cuando vio su cara de sorpresa, señaló con la mano hacia las mansiones a ambos lados del terreno—. No puedo imaginar que este solar haya permanecido vacío durante ciento cincuenta años.
—Tienes razón —asintió Fate—. Se quemó cuando yo era pequeña. Sé que te parece que Beaufort es un pueblo de reducidas dimensiones ahora, pero cuando yo era niña, no era más que una mancha diminuta en el mapa. La mayor parte de estas mansiones históricas estaban prácticamente abandonadas, igual que la que ocupaba este solar. Recuerdo que era una casa enorme con el tejado medio derrumbado y se rumoreaba que estaba encantada, lo cual todavía le confería un aspecto más llamativo cuando éramos niñas. Solíamos colarnos aquí de noche. Era como nuestro fuerte y nos gustaba jugar al escondite por las habitaciones durante horas. Tenía un sinfín de increíbles recovecos para escondernos. —Con aire ausente, arrancó un puñado de hierba, como si se dejara arrastrar por los recuerdos—. Pero una noche de invierno, supongo que una pareja de vagabundos encendió una hoguera en el interior para no pasar frío. El fuego se propagó por toda la casa en apenas unos minutos, y al día siguiente sólo quedaba una pila de escombros.
Pero la cuestión es que nadie sabía cómo contactar con el dueño. El propietario anterior había muerto y se lo había dejado a su hijo. Éste murió y se sabía que se lo había dejado a alguien más, y así seguía la lista, por lo que la pila de escombros permaneció intocada durante un año, aproximadamente, hasta que el Ayuntamiento decidió retirarlos. Después, todo el mundo se olvidó de este terreno, hasta que finalmente conseguí dar con el dueño en Nuevo México y le hice una propuesta verdaderamente barata para comprar el terreno. Él aceptó de inmediato. Dudo que hubiera pisado este suelo siquiera una vez y no sabía qué valor tenía lo que estaba vendiendo.
—¿Y piensas edificar una casa aquí?
—Forma parte de mi plan a largo plazo, por supuesto, dado que soy una chica tan hogareña. —
Fate cogió una aceituna y se la echó a la boca—. ¿Estás lista para hablarme de tu novio, o todavía no?
Nanoha recordó la conversación telefónica que había mantenido aquella mañana con Yuuno.
—¿Qué quieres saber?
—Oh, sólo intento que no decaiga la conversación.
Nanoha también cogió una aceituna.
—Entonces hablemos de una de tus ex novias.
—¿Cuál de ellas?
—La que quieras.
—De acuerdo. Te hablaré de la que me dio unos carteles de películas.
—¿Era guapa?
Fate consideró la respuesta.
—La mayoría de la gente dice que sí.
—¿Y tú que dirías?
—Diría que..., que tienes razón. Quizá no deberíamos hablar de estos temas.
Nanoha se echó a reír, luego señaló las aceitunas.
—Están buenísimas. De hecho, todo lo que has traído está muy bueno.
Fate colocó otro trozo de queso sobre una de las galletitas saladas.
—¿Cuándo regresará tu novio?
—¿Otra vez?
—Sólo estaba pensando en ti y no quiero que te metas en ningún lío.
—Aprecio tu interés, pero ya soy mayorcita. Y no es que importe, pero regresará el miércoles. ¿Por qué te interesa saberlo?
—Porque me lo he pasado muy bien contigo estos dos últimos días.
—Yo también.
—Pero eres consciente de que esto se acaba, ¿no?
—No tiene por qué acabarse. Seguimos siendo vecinas.
—Y estoy segura de que a tu novio no le importará si te invito a pasear en moto otra vez, o si salimos juntas a disfrutar de una comida campestre, o si te metes en la bañera para hidromasaje conmigo, ¿no?
La respuesta era obvia, y la expresión en la cara de Nanoha se tornó más seria.
—No, seguramente no le hará ni pizca de gracia.
—Así que sí que es el final.
—Todavía podemos ser amigas.
Fate se la quedó mirando fijamente durante un momento, entonces, de repente, se llevó la mano al pecho como si acabaran de dispararle.
—Realmente sabes cómo herir a una chica, ¿eh?
—¿Se puede saber de qué estás hablando?
Fate sacudió la cabeza.
—No existe esa posibilidad de ser amigas. No entre una mujer como yo y una mujer como tu, solteras de nuestra edad. Simplemente no funciona, a menos que te estés refiriendo a alguien que conoces desdehace mucho tiempo. Pero no entre desconocidos.
Nanoha abrió la boca para replicar, pero no había realmente nada que decir.
—Y además —prosiguió Fate—, no estoy segura de que quiera ser tu amiga.
—¿Por qué no?
—Porque deseo ser algo más.
De nuevo, Nanoha no dijo nada. Fate la observó, incapaz de leer su expresión. Finalmente se encogió de hombros.
—Y tampoco creo que tú quieras que seamos amigas. No sería conveniente para tu relación con tu novio, ya que sin duda tú también acabarías por enamorarte locamente de mí y cometerías alguna estupidez de la que seguramente después te arrepentirías. Y entonces me echarías la culpa, y transcurrido un tiempo, probablemente te irías a vivir a otro sitio, ya que no podrías soportar la gran tensión.
—¡No me digas!
—Es una de las maldiciones de mi vida, por ser una chica tan arrebatadoramente encantadora.
—Vaya, hablas como si le hubieras dado muchas vueltas al asunto.
—Así es.
—Excepto por la parte que se refiere a que yo me enamore de ti.
—¿No puedes imaginártelo?
—Tengo novio.
—¿Y piensas casarte con él?
—Ummm? Tan pronto como me lo pida, creo. Por eso me mudé a vivir aquí.
—¿Y por qué no te lo ha pedido todavía?
—Eso no es asunto tuyo.
—¿Lo conozco?
—¿Por qué eres tan curiosa?
—Porque —empezó a decir, con los ojos fijos en los de Nanoha— si yo estuviera en su lugar y tú te hubieras mudado a vivir aquí para estar conmigo, ya te habría pedido que te casaras conmigo.
Nanoha detectó algo en su tono de voz que le hizo darse cuenta de que estaba diciendo la verdad y apartó la vista. Cuando habló, lo hizo con una voz suave:
—No lo eches a perder, por favor.
—¿El qué?
—Esto. Hoy. Ayer. Ayer por la noche. Todo. No lo eches a perder.
—No sé a qué te refieres.
Nanoha aspiró aire despacio.
—Este fin de semana ha sido muy especial para mí, aunque sólo sea porque por fin tengo un amiga aquí. De hecho, un par de amigos. No era consciente de lo mucho que echaba de menos contar con amigos en mi vida. El rato que he pasado contigo y con tu hermana me ha hecho pensar en todo lo que he abandonado para venir aquí. Quiero decir, sabía lo que hacía, y no me arrepiento de la decisión que tomé. Lo creas o no, quiero a Yuuno. —Hizo una pausa, intentando ordenar sus pensamientos—. Pero a veces resulta duro. Y es muy poco probable que vuelva a repetirse un fin de semana como éste, y en parte no me importa, porque pienso en Yuuno. Pero una parte de mí se niega a aceptar que esto sólo pase una vez, a pesar de que ambas lo sabemos.
—Titubeó—. Cuando dices cosas como las que acabas de decir, sé que no hablas en serio, que en realidad no las sientes, y entonces, todo el sacrificio que estoy haciendo pierde el sentido.
Fate la escuchó atentamente, reconociendo la intensidad en su voz, algo que ella no le había permitido escuchar antes. Y a pesar de que sabía que simplemente debería haber asentido y pedirle disculpas, no podía hacerlo.
—¿Qué te hace pensar que no siento lo que te he dicho? —contraatacó—. Reitero cada palabra. Pero comprendo que no quieras escucharme. Digamos que espero que tu novio sepa lo afortunado que es al tener a una persona como tú en su vida. Sería una verdadera idiota si no lo hiciera. Lo siento si te incomodo, por eso no lo volveré a repetir. —Sonrió levemente—. Pero, por lo menos, tenía que decirlo una vez.
Nanoha desvió la vista. Muy a su pesar, le gustaba lo que acababa de escuchar. Fate se giró para contemplar el agua, otorgándole a Nanoha una parcela de silencio que ella sentía que necesitaba; a diferencia de Yuuno, Fate siempre parecía saber cómo tenía que responder.
—Será mejor que regresemos a casa, ¿no te parece? —Fate señaló hacia la moto—. Además, deberías echar un vistazo a Arf.
—Sí —convino ella—. Probablemente sea una buena idea.
Recogieron las sobras de la comida y colocaron los recipientes de nuevo dentro de la cesta, luego doblaron la manta y enfilaron hacia la moto. Por encima de su hombro, Nanoha vio que la gente empezaba a inundar los restaurantes para comer, y súbitamente sintió envidia por la simplicidad de sus decisiones.
Fate volvió a atar la cesta y la manta con la cuerda elástica, luego se puso el casco. Nanoha hizo lo mismo y unos momentos más tarde abandonaban el lugar. Ella se aferró a las caderas de Fate, intentando sin éxito convencerse de que Fate había soltado las mismas palabras lisonjeras a docenas de mujeres en el pasado.
Llegaron al garaje de Nanoha y Fate detuvo la moto. La chica se soltó de Fate mientras se apeaba y luego se quitó el casco. De pie delante de Fate, sintió una incomodidad como no había experimentado desde el instituto, una sensación que le pareció ridícula, y tuvo el presentimiento de que Fate se preparaba para besarla de nuevo.
—Gracias por este día tan especial —dijo, deseando mantener la escasa distancia que las separaba—. Y gracias también por enseñarme a conducir la moto.
—Ha sido un placer. Lo haces muy bien. ¿Por qué no te decides a comprarte una?
—Quizás algún día.
En el silencio, Nanoha podía oír el constante ronroneo del motor. Le pasó el casco a Fate y observó que ella lo colocaba en el asiento.
—Muy bien —dijo Fate—. Ya nos veremos, ¿no?
—Por supuesto. Somos vecinas.
—¿Quieres que le eche un vistazo a Arf?
—No, gracias. Estoy segura de que está bien.
Fate asintió con la cabeza.
—Oye, siento lo que te dije antes. No debería haberlo dicho, lo sé, ni tampoco haberte incomodado de ese modo.
—Tranquila, no lo has hecho.
—¿Y quieres que me lo crea?
—Bueno, puesto que tú estabas mintiendo, pensé que no pasaría nada si yo también lo hacía.
A pesar de la tensión, Fate se puso a reír.
—¿Me harás un favor? Si toda esa historia con tu novio no acaba de funcionar, llámame.
—No sé... Vale, lo haré.
—Y por tu respuesta, deduzco que será mejor que me marche. —Giró el manillar y empezó a retroceder empujando la moto con los pies, preparándose para marcharse. Estaba a punto de poner el motor en marcha cuando la volvió a mirar.
—¿Quieres cenar conmigo mañana por la noche?
Nanoha cruzó los brazos.
—¡No puedo creer que me lo hayas propuesto!
—Una mujer tiene que aprovechar cada momento disponible. Es mi lema.
—Por qué será que no me extraña.
—¿Es eso un sí o un no?
Nanoha retrocedió un paso, pero a pesar de sus reservas, no pudo evitar sonreír ante su insistencia.
—¿Y si en vez de eso te invito yo a cenar esta noche? En mi casa. A las siete.
—Genial —contestó Fate, y un momento más tarde Nanoha todavía permanecía de pie, sin moverse, delante del garaje, preguntándose si había perdido la chaveta por completo.
Author's notes part 2: HA! And here I thought that their trip was ruined, And Nano-chan and hate to break to you but you have fallen for our beloved Fate-chan!. now, let me do a Nelson from the Simpsons *points at Nano-chan* and say Ha-Ha! Fate-chan is a smooth talker isn't she? See how their personalities are kind of reverse in this story, our very lovely shy Fate-chan isn't so shy here right?
All this chapter needed was a huge, hungry and romantic kiss and maybe falling madly in bed and in love of course but I guess that comes later XD
Sorry for all the mentions ferret face got, not my fault, if it were for me, ferret face would be gone by the first sentence of chapter one, but this is the way the story goes.
So how long do you think is going to take for them ( Nanoha and Fate ) to kiss again?
Do not fear our NanoFate goodness is coming.
Perdon por no contestar a los reviews esta vez, cuando termine de editar el chapter anterior, comence inmediatamente con este y no me dio tiempo. *sobs*
Mi historia recomendada de hoy es: "Vivio" adaptada por Danny097 Muy interesante historia de nuestra OTP, Danny097 please pretty please update soon.
Again thank you very much for all your reviews.
