Author's notes: Well what can I say about this chapter, just sit back and enjoy it, also I'm so sorry once again it took me so long to update this story but life got in the way XD so without futher ado... Dinner time... XD

Disclaimer: I do NOT own Mahou Shoujo Lyrical Nanoha and its characters, nor do I own the plot, the plot belongs to Nicholas Sparks and MSLN belongs to Masaki Tsuzuki.


Chapter 13

Con el sol cayendo inclemente y el agua de la manguera totalmente helada, a Fate le costaba mucho mantener a Zafira quieto en el mismo sitio. La corta correa tampoco parecía ayudar demasiado; el perro detestaba que lo bañaran, lo que a Fate le parecía una ironía, considerando cómo adoraba perseguir las pelotas de tenis que le lanzaba adentro del océano. En dichas ocasiones, Zafira saltaba por encima de las olas, remaba con las patas con furia y no mostraba ningún reparo en hundir la cabeza dentro del agua para agarrar entre sus fauces la pelota de tenis que se alejaba arrastrada por el oleaje. Pero si detectaba que Fate abría el cajón donde guardaba su correa, Zafira no perdía la ocasión para explorar el vecindario durante horas y normalmente no regresaba hasta que había oscurecido.

Fate estaba acostumbrada a las evasivas de Zafira y por eso ocultaba la correa hasta el último instante; entonces la enganchaba al collar de Zafira antes de que éste tuviera tiempo de reaccionar. Zafira, como de costumbre, le había ofrecido su mejor expresión de «¿cómo has podido hacerme esto a mí?», mientras Fate lo llevaba a rastras hasta la parte trasera de la casa sin hacer caso de su carita de pena.

—Yo no tengo la culpa. Yo no te he dicho que te revolcaras encima de un pescado apestoso, ¿verdad que no? A Zafira le encantaba revolcarse sobre los peces muertos —cuanto más pestilentes fueran, mejor—, y mientras Fate estaba aparcando la moto en el garaje, Zafira había trotado contento hacia ella, con la lengua fuera, mostrándose absolutamente orgulloso de sí mismo. Fate sólo había sonreído un instante antes de percibir el mal olor y de fijarse en los repugnantes trozos de pescado pegados al pelaje de Zafira. Tras darle a Zafira una palmadita tentativa en la cabeza, se metió sigilosamente en casa para cambiarse, ponerse unos pantalones cortos y esconder la correa en el bolsillo trasero.

Ahora, con la correa atada a la barandilla de la terraza, Zafira no paraba de moverse de un lado a otro, intentando sin éxito no mojarse más de lo que ya estaba.

—Sólo es un poco de agua, niño grandullón —lo regañó Fate, a pesar de que lo cierto era que llevaba casi cinco minutos bañando al perro.

A pesar de que adoraba los animales, no quería empezar a aplicarle el jabón hasta que toda la... «inmundicia» hubiera desaparecido del pelaje. Los trozos de pescado eran repugnantes.

Zafira gimió y siguió danzando, tirando de la correa hacia delante y hacia atrás. Cuando finalmente estuvo listo, Fate dejó a un lado la manguera y vertió un tercio de la botella de jabón líquido sobre el lomo de Zafira. Lo enjabonó durante unos minutos y lo lavó con agua abundante, entonces olisqueó a su perro y arrugó la nariz. Repitieron el proceso dos veces más y llegados a ese punto Zafira ya se había rendido. Con los ojos fijos en Fate y con una expresión abatida, parecía decirle: «¿No te das cuenta de que me he revolcado sobre las vísceras de pescado como un regalo personal para ti?».

Cuando Fate quedó finalmente satisfecha, llevó a Zafira hasta otra parte de la terraza y volvió a atarlo. Había aprendido que si lo soltaba inmediatamente después del baño, Zafira regresaba a la escena del crimen tan pronto como podía. Su única esperanza era mantenerlo atado el tiempo suficiente como para que se olvidara de su objetivo. Zafira se sacudió enérgicamente para librarse del exceso de agua y —al darse cuenta de que estaba atado— finalmente se sentó, derrotado, y lanzó un gruñido de resignación.

Después del arduo esfuerzo, Fate cortó el césped. A diferencia de la mayoría de sus vecinos, que usaban cortacéspedes eléctricos, Fate todavía usaba uno manual. Necesitaba un poco más de tiempo para realizar el trabajo, pero no sólo era un ejercicio decente, sino que el movimiento repetitivo hacia delante y hacia atrás le parecía una actividad relajante. Mientras cortaba el césped, no podía apartar la vista de la casa de Nanoha, con aire reflexivo.

Unos minutos antes, la había visto salir del garaje y subirse al coche. Si ella la había visto, no lo había demostrado. Simplemente había dado marcha atrás y luego se había perdido calle abajo en dirección al pueblo. Nunca antes había conocido a una mujer como aquélla. Y ahora ella la había invitado a cenar.

No sabía cómo interpretar su invitación y había estado intentando hallarle el sentido desde que se había despedido de ella. Lo más probable era que hubiera accedido por cansancio, después de su insistencia. Era cierto que Fate no había dejado de tirarle los tejos desde que se habían conocido, pero mientras cortaba el césped deseó haber sido un poco más sutil con ella. Si supiera que no lo hacía porque se sentía coaccionada, hubiera estado más tranquila con aquella invitación a cenar.

Plantearse todas esas cuestiones era algo totalmente nuevo para ella. Pero, claro, no podía recordar la última vez que lo había pasado tan bien con una chica. Se había reído más con Nanoha que con Kyrie, Ginga o con cualquier otra mujer con la que había salido en el pasado.

Encontrar una chica con buen sentido del humor había sido un consejo vital que su padre le había dado cuando empezó a tomarse en serio lo de empezar a salir con chicas, y finalmente comprendía por qué su padre consideraba que el humor era una premisa tan importante. Si la conversación era como la letra de la canción, la risa era la música, que confería al tiempo compartido el aspecto de una melodía que podía ser escuchada una y otra vez, sin sentirse hastiada.

Cuando acabó con el césped, arrastró la máquina hasta el garaje y constató que Nanoha todavía no había regresado. Había dejado la puerta del garaje entreabierta, y de repente vio que Arf salía a pasear unos instantes por la terraza y que luego daba media vuelta y volvía a enfilar hacia el garaje.

Ya en la cocina, Fate se tomó un vaso de té helado de un solo trago. Aunque sabía que no sacaría nada positivo, la verdad era que no le importaba, así que se puso a pensar en el novio de Nanoha. Se preguntó si conocía a Yuuno. Le parecía extraño que ella le hubiera contado tan poco acerca de él y que le hubiera costado tanto decirle, simplemente, su nombre. Sería más fácil atribuirlo a un sentimiento de culpa, salvo por el hecho de que ella había evitado el tema desde el principio. No sabía cómo interpretarlo y se preguntó cómo era Yuuno o qué había hecho para conseguir que Nanoha se enamorase de él. Mentalmente imaginó varios perfiles —atlético, estudioso o un poco de cada—, pero ninguno de ellos le parecía adecuado.

Consultó el reloj y se dijo que todavía le quedaba tiempo para llevar la barca de paravelismo hasta el puerto deportivo antes de ducharse y vestirse. Cogió las llaves de la barca y se dirigió a la terraza, desató a Zafira, y observó que su perro la adelantaba corriendo y bajaba los peldaños disparado como una flecha. Fate se detuvo en el borde del embarcadero y señaló hacia la barca.

—Vamos, sube.

De un salto, Zafira se montó en la barca, moviendo la cola alegremente. Fate lo siguió. Unos minutos más tarde, navegaban por el río, siguiendo la estela que les marcaba la dirección correcta.

Al pasar por delante de la casa de Nanoha, echó una mirada furtiva hacia las ventanas, pensando de nuevo en la cena y preguntándose qué iba a suceder. Se dio cuenta de que, por primera vez en toda su experiencia con chicas, estaba nerviosa ante la idea de cometer algún error.


Nanoha condujo hasta el supermercado que había cerca de su casa y entró en el aparcamiento. Los domingos siempre estaba abarrotado de coches y no le quedó más remedio que estacionar en la esquina más alejada, por lo que se preguntó por qué había decidido ir en coche en lugar de a pie.

Se colgó el bolso en el hombro, salió del coche, buscó un carrito y entró en la tienda.

Al salir de su casa había visto que Fate estaba cortando el césped, pero había fingido no verla porque tenía la necesidad de sentirse en pleno control de los sentimientos que la abordaban. El mundo apacible y ordenado que había creado se había desmoronado y necesitaba desesperadamente más tiempo para recuperar su integridad.

Nanoha se dirigió a la sección de verduras y cogió unos puñados de judías verdes y diversas hortalizas para preparar una ensalada. Avanzando rápidamente por el pasillo, cogió una caja de pasta y una bolsa de picatostes, luego se encaminó hacia el fondo del supermercado.

Sabía que a Fate le gustaba el pollo, por lo que puso una bandeja de pechugas en el carrito y luego pensó que una botella de Chardonnay sería adecuada. No estaba segura de si a Fate le gustaba el vino —no sabía por qué, pero lo dudaba—, pero a ella le apetecía y echó un vistazo a la limitada sección en busca de algún vino que reconociera. Había dos del valle de Napa, pero escogió uno de Australia, tras pensar que le daría un toque un poco más exótico a la cena.

Las filas en las cajas registradoras eran largas y se movían lentamente, pero por fin consiguió pagar y regresar al coche. Al echar un vistazo por el espejo retrovisor, se vio a sí misma reflejada y se quedó quieta un momento, observándose como si lo estuviera haciendo a través de los ojos de otra persona.

¿Cuánto tiempo hacía desde que alguien que no fuera Yuuno la había besado? Por más que intentaba olvidar el incidente, no podía evitarlo, y lo volvía a revivir una y otra vez, como un secreto prohibido.

Se sentía atraída por Fate; no podía negarlo. Y no sólo porque fuera atractiva y porque la hiciera sentir de nuevo una mujer deseable; era más bien por la exuberancia natural que desprendía y transmitía, hasta el punto de conseguir que se sintiera totalmente cómoda con esa actitud, como si ella también fuera de ese modo. El hecho de que Fate hubiera vivido una vida tan diferente a la suya y, sin embargo, que se comprendieran y compenetraran tan bien, otorgaba a aquella relación una familiaridad que contradecía el corto periodo de tiempo que había pasado desde que se conocían. Nunca antes había conocido a nadie como Fate. La mayoría de la gente —por ejemplo sus compañeros en la universidad— parecía vivir la vida como si se marcara unos objetivos y una vez conseguidos los fuera tachando de una lista. Estudiar mucho, conseguir un trabajo, casarse, comprar una casa, tener niños... Y hasta aquel fin de semana, se daba cuenta de que ella no era diferente. En cierto modo, comparado con las decisiones que Fate había tomado y los lugares que había visitado, su vida parecía... banal.

Pero ¿viviría de un modo diferente, si pudiera? Lo dudaba. Sus experiencias la habían ido cincelando hasta constituir la mujer en que se había convertido, del mismo modo que Fate se había moldeado a partir de sus propias experiencias, y Nanoha no se arrepentía de nada. Sin embargo, mientras giraba la llave y encendía el motor, sabía que ésa no era la cuestión importante. Mientras ponía el coche en marcha, cayó en la cuenta de que la decisión que tenía que afrontar era: ¿qué dirección iba a tomar, a partir de ese momento?

«Nunca es demasiado tarde para cambiar.»

El pensamiento la asustó y a la vez le provocó una extraña emoción. Unos minutos más tarde, conducía hacia Morehead City. Se sentía como si le estuvieran concediendo la oportunidad de empezar de nuevo.

El sol había recorrido prácticamente toda la bóveda celeste cuando Nanoha llegó a casa y vio a Arf tumbada sobre la hierba del jardín, con las orejas tiesas y moviendo la cola animadamente.

La perrita trotó hasta Nanoha cuando ésta abrió la puerta trasera del coche, y la saludó lamiéndole las manos.

—Ya estás casi completamente recuperada —dijo Nanoha, contenta—. ¿Cómo están tus cachorros?

Como si Arf la hubiera entendido, emprendió la marcha hacia el garaje.

Nanoha agarró las bolsas y las llevó dentro, después colocó las verduras sobre la encimera. Había tardado más de lo previsto, pero todavía le quedaba tiempo para empezar a preparar la cena.

Puso un cazo con agua en uno de los fogones para cocer la pasta. Mientras el agua se calentaba, troceó los tomates y los pepinos para la ensalada. Cortó la lechuga y mezcló todos los ingredientes con un poco de queso y la misma clase de aceitunas que Fate había usado en la comida campestre el día previo.

Agregó la pasta al agua con una pizca de sal, desenvolvió las pechugas de pollo y empezó a sazonarlas con aceite de oliva, al tiempo que se lamentaba por no haber preparado una cena más sugestiva. Añadió un poco de pimienta y otras especias, pero cuando hubo acabado, pensó que todo tenía el mismo aspecto insulso que antes de empezar. ¡Qué se le iba a hacer! Ya estaba preparado. Encendió el horno para que se calentara, añadió un poco de caldo a la bandeja donde había puesto las pechugas de pollo y la metió en el horno, con la esperanza de haber echado suficiente caldo como para evitar que las pechugas se resecaran. Escurrió la pasta y la guardó en un cuenco en la nevera, con la intención de añadir un poco de hierbas aromáticas antes de servirla.

Ya en la habitación, eligió la ropa que se iba a poner y se dirigió a la ducha. El agua cálida le sentó de maravilla. Se pasó la cuchilla por las piernas, procurando no ir demasiado deprisa para no cortarse, se lavó el pelo y se puso acondicionador, y finalmente salió de la ducha y se secó.

Encima de la cama había unos pantalones vaqueros nuevos y una camisa de manga corta adornada con unas vistosas cuentas de colores. Había elegido el atuendo con un cuidado esmero; no quería parecer ni demasiado formal ni demasiado desenfadada, y esas prendas le parecían simplemente pertinentes. Se vistió, se calzó un nuevo par de sandalias y se puso unos pendientes largos. Se colocó delante del espejo, se giró primero hacia un lado y después hacia el otro, y quedó complacida con su aspecto.

Ya eran casi las siete. Distribuyó varias velas por toda la casa, y cuando ya estaba colocando las últimas sobre la mesa, oyó que Fate llamaba a la puerta. Irguió la espalda, intentando mantener el control de sí misma y se dirigió hacia la puerta. Arf había escoltado a Fate y ella le estaba acariciando la cabeza cuando se abrió la puerta.

Fate se sintió incapaz de darse la vuelta. Y encima se había quedado sin habla. Se quedó mirando fijamente a Nanoha, intentando ordenar el cúmulo de emociones que empezaban a asaltar su corazón.

Nanoha sonrió al verla tan obviamente incómoda.

—Pasa. Estaba acabando de preparar la cena.

Fate la siguió, intentando no mirarla descaradamente mientras Nanoha caminaba delante de ella.

—Estaba a punto de abrir una botella de vino. ¿Te apetece una copa?

—Sí, gracias.

En la cocina, ella asió la botella y el abridor, y Fate avanzó un paso.

—¿Quieres que la abra?

—Te lo agradezco. Tengo una desagradable tendencia a partir el corcho y no me gusta nada ver luego los trocitos flotando en la copa.

Mientras Fate abría la botella, vio que la chica sacaba dos copas de un armario. Nanoha las depositó en la encimera y Fate clavó la vista en la etiqueta de la botella, mostrando más interés del que realmente sentía, procurando controlar los nervios.

—Es la primera vez que pruebo este vino. ¿Es bueno?

—No tengo ni idea.

—Entonces supongo que será una experiencia nueva para las dos. —Vertió un poco en una de las copas y se la pasó a Nanoha, intentando leer su expresión.

—No estaba segura de qué te apetecía cenar —soltó Nanoha, para romper el silencio—, pero sé que te gusta el pollo. Sin embargo, tengo que avisarte que nunca he sido la mejor cocinera de la familia.

—Estoy segura de que estará delicioso. No soy una tiquismiquis.

—Mientras no esté demasiado condimentado, ¿no?

—Has acertado.

—¿Tienes hambre? —Nanoha sonrió—. Sólo necesito unos minutos para calentarlo...

Fate se debatió un momento antes de apoyarse en la encimera.

—¿Te importa si esperamos un poco? Primero preferiría saborear la copa de vino.

Nanoha asintió, y permaneció de pie frente a ella, en silencio, preguntándose qué se suponía que tenía que hacer a continuación.

—¿Te apetece salir fuera?

—Sí, perfecto.

Tomaron asiento en las mecedoras que Nanoha había colocado cerca de la puerta. Ella tomó un sorbo de vino agradecida de tener algo entre las manos que la ayudara a controlar los nervios —Me gusta la vista desde aquí —comentó Fate decididamente, meciéndose hacia delante y hacia atrás con energía—. Me recuerda a la mía.

Nanoha rió, sintiéndose un poco aliviada.

—Lamentablemente, no he aprendido a disfrutarla igual que haces tú.

—Casi nadie lo hace. Es como una tarea inútil estos días. Contemplar cómo fluye el agua en el río es un poco como oler rosas.

—Quizá sea algo propio de la actitud de la gente en los pueblos pequeños —especuló ella.

Fate la observó con interés.

—Dímelo con franqueza: ¿te gusta vivir en Beaufort?

—Tiene sus puntos positivos.

—He oído que los vecinos son fantásticos.

—Yo sólo he conocido a una.

—¿Y?

—Bueno, muestra una incómoda tendencia a interrogarme sin parar.

Fate sonrió abiertamente. Le encantaba su sentido del humor.

—Pero, contestando a tu pregunta, sí —continuó Nanoha—. Me gusta vivir aquí. Me gusta que todo esté a un tiro de piedra. Además, es un pueblo muy bonito y diría que estoy aprendiendo a valorar el ritmo de vida más pausado.

—Hablas como si Savannah fuera una ciudad tan cosmopolita como Nueva York o París.

—No, no lo es. —Nanoha la observó por encima de la copa—. Pero sí que considero que Savannah está más cerca de Nueva York que de Beaufort. ¿Has estado allí alguna vez?

—¡Uf! ¡Montones de veces! ¡Incluso antes de conocerte, ya era mi ciudad favorita!

—Qué linda. Por lo menos podrías intentar ser más ingeniosa.

—Es que me cuesta demasiado trabajo.

—Tienes aversión al trabajo, ¿no?

—¿Cómo lo has adivinado? —Fate se recostó en la mecedora—. Pero ahora hablando en serio, ¿crees que algún día te irás de aquí y volverás a Savannah?

Nanoha tomó un sorbo de vino antes de contestar.

—No, no lo creo. No me malinterpretes. Considero que es un lugar fantástico, realmente una de las ciudades más bellas del sur. Me encanta la disposición urbanística. Tiene unas plazas preciosas (me refiero a los parques tan bonitos que uno encuentra en casi cada grupo de manzanas), y algunas de las mansiones de delante de esos parques son impresionantes. Cuando era pequeña, solía imaginar que vivía en una de ellas. Durante mucho tiempo, ése fue uno de mis sueños.

Fate permaneció callada, esperando a que ella continuara. Nanoha se encogió de hombros.

—Pero cuando crecí, me di cuenta de que no era tanto mi sueño como el de mi madre. Ella siempre ha querido vivir en una de esas mansiones, y recuerdo que siempre atosigaba a papá para que contactara con los dueños, en cuanto veía que había una en venta. A mi padre siempre le han ido bien los negocios, pero sé que le molestaba la idea de no poder comprar una de esas increíbles mansiones, y con el tiempo, empecé a mirarlas con inquina. —Hizo una pausa—. De todos modos, supongo que lo que yo quería era algo diferente. Y eso precisamente es lo que me llevó primero al instituto y luego a la universidad y a Yuuno, y al final aquí.

A lo lejos, Zafira se puso a ladrar frenéticamente. A continuación, oyeron un ruido de arañazos en la corteza de un árbol. Fate echó un vistazo al imponente roble cerca de los setos y vio que una ardilla trepaba por el tronco. A pesar de que no podía ver a Zafira, sabía que estaba dando vueltas alrededor del roble, esperando que el pequeño animal resbalara y cayera del tronco. Al darse cuenta de que Nanoha se había girado hacia el ruido, Fate alzó la copa en aquella dirección.

—Mi perro se vuelve loco persiguiendo ardillas. Es como si creyera que ha nacido para ese fin.

—La mayoría de los perros lo hacen.

—¿Arf también?

—No. Su dueña ejerce un poco más de control sobre ella y consiguió frenarle esos impulsos antes de que el problema se le escapase de las manos.

—Comprendo —concluyó Fate con una fingida mueca de seriedad.

Sobre la superficie del agua se iniciaba el impresionante espectáculo del descenso del sol.

Dentro de una hora, el río adoptaría una tonalidad anaranjada, pero de momento había algo extraordinario y misterioso en su color dorado. Más allá de la línea de cipreses que bordeaban la orilla, Fate vio un águila pescadora flotando plácidamente sobre la marea y observó la pequeña embarcación pesquera que surcaba las aguas cargada de pescado. El capitán era un hombre tan anciano que podría haber sido el abuelo de Fate, y al pasar los saludó. Fate le devolvió el saludo, luego tomó otro sorbo de vino.

—Con todo lo que me acabas de contar, siento curiosidad por saber si te imaginas a ti misma pasando el resto de tus días en Beaufort.

Nanoha reflexionó, con la impresión de que la pregunta era más profunda de lo que realmente parecía.

—Supongo que eso depende —contestó finalmente—. No es un lugar muy animado que digamos, pero, por otro lado, no me parece un mal sitio para criar a los hijos.

—¿Y eso es importante?

Nanoha se giró hacia Fate con cierto aire retador.

—¿Acaso hay algo más importante?

—No —admitió Fate con un tono pausado—. No hay nada más importante. Yo misma soy una prueba de que creo lo que digo, porque crecí aquí. Beaufort es la clase de sitio donde un partido de béisbol del equipo local despierta más tema de conversación que la gran final nacional, y me gusta pensar que puedo criar a mis hijos en un lugar donde el pequeño mundo que habitan es todo lo que conocen. Cuando era más joven solía pensar que era el pueblo más aburrido del planeta, pero cuando rememoro mi infancia, me doy cuenta de que me equivocaba, porque cualquier acontecimiento suponía toda una aventura para mí. Nunca me aburría, como les pasa a tantos niños en las grandes ciudades. —Hizo una pausa—. Recuerdo que cada sábado por la mañana iba a pescar con mi padre, y aunque he de admitir que mi padre es el pescador más lamentable que jamás haya conocido, me lo pasaba fenomenal. Ahora comprendo que para él, por lo menos, se trataba de pasar un rato conmigo, y no tengo palabras para expresar lo agradecida que le estoy por el tiempo que me ha dedicado. Me gusta pensar que algún día podré ofrecer las mismas experiencias a mis hijos.

—Cómo me gusta oírte hablar así —confesó Nanoha—. No hay mucha gente que opine del mismo modo.

—Amo este pueblo.

—No me refería a eso —apostilló Nanoha, sonriendo—. Me refería a cómo quieres criar a tus hijos.

Parece que le has dado muchas vueltas al asunto.

—Es cierto —admitió Fate.

—No sé cómo lo haces, pero siempre logras sorprenderme.

—Pues la verdad es que no soy consciente de hacer nada. ¿De veras te sorprendo?

—Sí. Cuanto más te conozco, más íntegra me pareces.

—Lo mismo digo —respondió Fate—. Quizá por eso nos compenetramos tanto.

Nanoha la miró fijamente, sintiendo que nuevamente incrementaba la tensión entre ellas.

—¿Todavía no tienes hambre?

Fate tragó saliva, esperando que Nanoha no se diera cuenta de lo que sentía por ella.

—Sí, ahora sí—contestó con un tono de animación forzada.

Cogieron las copas de vino y regresaron a la cocina. Nanoha hizo una señal a Fate para que se sentara mientras ella preparaba la mesa y, al observarla moverse alrededor de la cocina, se sintió invadido por una sensación de bienestar.

Durante la cena, Fate se comió dos trozos de pollo, saboreó las judías verdes y la pasta, y no dejó de ensalzar a Nanoha de una forma exagerada por sus dotes culinarias, hasta que Nanoha se rió incómoda y le pidió que parase. No cesó de interrogarla sobre su infancia en Savannah, y al final ella accedió a contarle un par de anécdotas que consiguieron arrancarle unas sonoras carcajadas.

Poco a poco, el cielo se volvió gris, azul y finalmente negro. Las velas conferían una luz tenue, y se sirvieron el resto del vino en las copas, ambas plenamente conscientes de que se hallaban sentadas delante de una persona que podría cambiar el cauce de sus vidas para siempre si no iban con cuidado.

Después de la cena, Fate ayudó a Nanoha a despejar la mesa, y a continuación se sentaron en el sofá, acunando sus copas de vino al tiempo que seguían compartiendo anécdotas de su pasado.

Nanoha intentó imaginar a Fate de chiquilla, preguntándose también qué habría opinado de Fate si se hubieran conocido en el instituto o en la universidad.

Mientras el tiempo transcurría plácidamente, Fate se fue arrimando más a ella, hasta que al final la rodeó con un brazo por encima del hombro. Nanoha inclinó la cabeza hacia Fate, sintiéndose cómoda con ese contacto, y observó satisfecha el juego de la luz plateada de la luna que se filtraba a través de las nubes.

—¿En qué piensas? —le preguntó Fate al cabo de un rato, rompiendo un silencio particularmente largo, aunque grato.

—Estaba pensando en que este fin de semana ha pasado de una forma natural. —Nanoha la miró a los ojos—. Es como si nos conociéramos de toda la vida.

—Supongo que eso significa que un par de mis anécdotas eran aburridas, ¿no?

—No te infravalores —bromeó Nanoha—. Muchas de tus anécdotas eran aburridas.

Fate se echó a reír y la abrazó con más fuerza.

—Cuanto más te conozco, más me sorprendes. Y eso me gusta.

—¿Para qué están los vecinas?

—¿Es eso todavía lo único que soy para ti? ¿Nada más que un vecina?

Nanoha apartó la vista sin responder, y Fate continuó: —Ya sé que te incomoda, pero no puedo marcharme esta noche de aquí sin decirte que no tengo suficiente con ser sólo tu vecina.

—Fate...

—Déjame acabar, por favor. Este mediodía, mientras hablábamos, me has comentado que echabas de menos tener amigos aquí, y durante toda la tarde no he podido dejar de pensar en eso, pero no de la forma que probablemente te imaginas. Tu comentario ha hecho que me dé cuenta de que, a pesar de que yo sí que tengo amigos aquí, lo que realmente echo de menos es algo que mis amigos tienen. Hayate y Rein, Chrono y Amy, Signum y Shamal, se tienen el uno al otro. Yo no tengo eso en mi vida, y hasta que apareciste tú, ni tan sólo estaba segura de si lo quería. Pero ahora...

Nanoha empezó a jugar con las cuentas que adornaban su camisa, resistiéndose a sus palabras, pero aceptándolas de buen grado a la vez.

—No quiero perderte, Nanoha. No puedo imaginar ver que te marchas en coche cada mañana y fingir que nada de esto ha sucedido. No puedo imaginar no estar aquí sentada contigo, en el sofá, tal y como estamos ahora. —Tragó saliva—. Y en estos momentos, no puedo imaginarme enamorada de otra mujer.

Nanoha no estaba segura de si la había oído bien, pero cuando vio el modo en que Fate la miraba fijamente, comprendió a qué se refería. Y sin poder remediarlo, sintió que sus últimas defensas la abandonaban y supo que ella también se había enamorado de Fate.

El antiguo reloj de pared dio la hora a sus espaldas. La luz de las velas titilaba, sumiendo la habitación en un juego de sombras. Fate podía notar el rítmico movimiento en el pecho de Nanoha mientras ella respiraba, y continuaron mirándose fijamente, incapaces de hablar.

El teléfono empezó a sonar, rompiendo en mil pedazos los pensamientos de Nanoha, y Fate se giró hacia el otro lado. Nanoha se inclinó hacia delante y cogió el teléfono inalámbrico. Contestó con una voz que no mostraba ninguna clase de sentimiento. ( Author's rants: DAMN YOU Ferret face )

—Ah, hola, ¿cómo estás?... No gran cosa... Ya... He salido a dar una vuelta... ¿Qué tal por ahí?

Mientras ella escuchaba la voz de Yuuno, súbitamente se sintió asaltada por una desapacible sensación de culpa. Sin embargo, no pudo evitar emplazar una mano sobre la pierna de Fate. Fate no se había movido ni había hecho ningún ruido, y ella podía notar la tensión en los músculos debajo de los pantalones vaqueros mientras deslizaba la mano a lo largo de su muslo.

—Oh, fantástico. Enhorabuena. Me alegro de que hayas ganado... Vaya, por lo visto te lo estás pasando bien... Ah, ¿yo? Nada interesante.

Al escuchar la voz de Yuuno mientras se hallaba tan cerca de Fate, se sentía empujada en dos direcciones opuestas. Intentó concentrarse y escuchar a Yuuno, a la vez que procuraba comprender lo que acababa de suceder con Fate. La situación era demasiado surrealista para poder digerirla.

—Oh, cuánto lo siento... Lo sé. Yo también me quemé una vez tomando el sol..., ya..., sí..., sí, le he estado dando vueltas al viaje a Miami, pero no podré tomarme unos días de vacaciones hasta finales de año... Quizá, no lo sé...

Nanoha apartó la mano del muslo de Fate y apoyó la espalda en el sofá, intentando mantener el tono de voz impasible, deseando no haber contestado, deseando que él no la hubiera llamado.

Consciente de que cada vez se sentía más y más confundida.

—Ya veremos, ¿de acuerdo? Ya hablaremos cuando vuelvas... No, no pasa nada. Sólo es que estoy un poco cansada, supongo... No, nada importante. Ha sido un fin de semana muy largo...

No estaba mintiendo, aunque tampoco decía la verdad, y ella lo sabía, lo cual sólo conseguía que se sintiera peor. Fate mantenía la vista fija en el suelo, escuchando pero fingiendo no escucharla.

—Lo haré —continuó ella—. Sí, yo también..., ya..., sí, estaré en casa..., vale..., yo también. Que te diviertas mañana. Adiós.

Tras colgar, Nanoha se mostró inquieta por un momento antes de inclinarse hacia delante para dejar el teléfono sobre la mesa. Fate sabía que era mejor no decir nada.

—Era Yuuno —indicó finalmente.

—Lo suponía —contestó Fate, incapaz de interpretar la expresión en la cara de Nanoha.

—Hoy ha ganado el torneo de golf.

—Me alegro.

Nuevamente, el silencio se instaló entre ellas.

—Creo que necesito tomar un poco de aire fresco —dijo finalmente Nanoha, que se levantó del sofá. Se dirigió hacia la puerta corredera y salió al exterior.

Fate la observó, preguntándose si debería seguirla o si era mejor dejarla sola. Desde su posición en el sofá, la imagen de ella contra la barandilla era difusa a causa de las sombras. Por un momento, imaginó que se ponía de pie y la seguía, pero entonces ella le sugería que era mejor que se marchase, y a pesar de que ese pensamiento le daba miedo, necesitaba estar con ella, más que nunca.

Avanzó hasta la puerta corredera y se puso a su lado, junto a la barandilla. Bajo la luz de la luna, la piel de Nanoha había adoptado un color nacarado y sus ojos desprendían una oscura luminosidad.

—Lo siento —dijo Fate.

—No tienes que disculparte. No hay nada de lo que tengas que arrepentirte. —Esbozó una sonrisa forzada—. La culpa es mía y no tuya. Sabía dónde me estaba metiendo.

Nanoha podía notar que Fate quería tocarla, pero Fate se debatía entre si quería que la tocara o no. Sabía que debería acabar con esa historia, que no debería permitir que la noche progresara más, pero no podía romper el hechizo que la declaración de Fate había provocado. Carecía de sentido.

Enamorarse requería su tiempo, más tiempo que un simple fin de semana y, sin embargo, a pesar de sus sentimientos por Yuuno, había sucedido. Percibió el nerviosismo de Fate mientras ella permanecía de pie a su lado, y vio que Fate intentaba recuperar la compostura tomando el último sorbo de vino de su copa.

—¿Realmente sentías lo que has dicho antes? —le preguntó Nanoha—. ¿Sobre tu deseo de formar una familia?

—Sí.

—Me alegro. Porque creo que serás una mamá estupenda. No te lo había dicho antes, pero eso es precisamente lo que pensé ayer cuando te vi con los niños. Parecías disfrutar con ellos.

—Me sobra experiencia, con tantos cachorros como me ha tocado cuidar.

A pesar de la tensión, Nanoha rió. Dio un pequeño paso hacia Fate, y cuando Fate se giró para mirarla, le pasó un brazo alrededor del cuello. Nanoha podía escuchar la vocecita en su interior avisándola de que no siguiera adelante, recordándole que todavía no era demasiado tarde para poner fin a esa locura. Pero otra necesidad se había apoderado de ella y sabía que de nada serviría negar la evidencia.

—Quizá sí, pero lo encontré muy sexy —le susurró Nanoha.

Fate la abrazó con fuerza y se fijó en cómo el cuerpo de Nanoha parecía acoplarse perfectamente al suyo. Podía oler el leve perfume a jazmín que emanaba de su piel y, mientras permanecían así, sin moverse, abrazadas la una a la otra, todos sus sentidos empezaron a cobrarvida. Fate sintió como si hubiera llegado al final de un largo trayecto, sin que se hubiera dado cuenta hasta ese momento de que Nanoha había sido su destino desde el inicio. Cuando le susurró al oído: «Te Amo, Nanoha Takamachi», supo que jamás había estado tan segura de nada en toda su vida.

Nanoha hundió la cabeza en sus pechos.

—Yo también te Amo, Fate Testarossa —le susurró, y mientras seguían abrazadas, sólo podía pensar que no deseaba nada más en el mundo que lo que estaba sucediendo en aquel momento, y todos los remordimientos y reservas se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos.

Fate la besó y luego volvió a besarla, una y otra vez, explorando su cuello con avidez y el hueco de la garganta, antes de buscar sus labios de nuevo. Nanoha deslizó las manos por sus pechos y por sus hombros, sintiendo la fuerza en esos brazos que la estrechaban, y cuando Fate hundió los dedos en su pelo, Nanoha tembló con un escalofrío, consciente de que aquel desenlace era fruto de lo que se había estado gestando inevitablemente durante todo el fin de semana.

Se besaron en la terraza durante un largo rato. Finalmente Nanoha se apartó, tomó su mano y la llevó hasta el interior, atravesaron el comedor y se dirigieron a la habitación. Nanoha señaló la cama, y mientras Fate se tumbaba, Nanoha sacó un encendedor de un cajón y empezó a encender las velas que había colocado previamente. La habitación, oscura al principio, se fue iluminando con una tenue luz que la bañó de oro líquido.

Las sombras acentuaban cada uno de sus movimientos, y Fate la observó mientras ella cruzaba los brazos, en busca de la parte inferior de la camisa. Con un solo movimiento, Nanoha se quitó la camisa por encima de la cabeza. Sus pechos emergieron ceñidos bajo el satinado contorno del sujetador, y sus manos se deslizaron lentamente hacia la bragueta de los pantalones vaqueros.

Un momento más tarde, ella se apartó de la pila de ropa arrugada a sus pies.

Fate parecía hipnotizada cuando Nanoha empezó a avanzar hacia la cama y con un movimiento manso la empujó para que se tumbara. Nanoha empezó a desabrocharle los botones de la camisa y se la quitó por los hombros. Mientras Fate acababa de liberarse de la camisa, ella le desabrochó el cinturón de los pantalones vaqueros, y un momento más tarde, Fate notó el calor del vientre de Nanoha pegado al suyo.

Fate buscó su boca con una pasión controlada. Nanoha se sentía cómoda, con su cuerpo acoplado al de Fate, más cómoda que en ninguna otra ocasión similar que hubiera experimentado antes, como si las piezas que faltaban en el rompecabezas finalmente hubieran acabado por encajar.

Un poco más tarde, Fate se tumbó a su lado y le dijo las palabras que habían resonado en su cabeza durante toda la noche.

—Te Amo, Nanoha —susurró—. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Fate notó que ella la buscaba.

—Yo también te Amo —le susurró, y al oírle decir esas palabras, Fate supo que el viaje solitario que había recorrido durante tantos años estaba a punto de tocar a su fin.

Con la luna todavía alta en el cielo y la luz plateada iluminando la habitación, Fate se dio la vuelta y al instante supo que Nanoha no estaba en la cama. Eran casi las cuatro de la madrugada y, después de constatar que no estaba en el cuarto de baño, se levantó y se puso su sujetador y sus pantalones.

Recorrió el pasillo y asomó la cabeza por el cuarto de los invitados antes de echar un vistazo a la cocina. Todas las luces estaban apagadas, y se quedó un momento desconcertada antes de fijarse en la puerta corredera de cristal, que estaba completamente abierta.

Al salir a la terraza, divisó una figura entre las sombras apoyada en la barandilla. Dio un paso incierto hacia ella, sin saber si Nanoha deseaba estar sola.

—Hola. —Fate escuchó una voz que la saludaba en la oscuridad. Nanoha se había puesto el albornoz que había visto antes colgado en el cuarto de baño.

—¿Qué tal? —respondió Fate sosegadamente—. ¿Estás bien?

—Sí. Me he despertado y no conseguía volver a dormirme, pero no quería despertarte.

Fate se detuvo cerca de Nanoha, se apoyó en la barandilla, ninguna de las dos habló. En vez de eso, se dedicaron a contemplar el cielo. Todo estaba en una calma absoluta; incluso los grillos y las ranas mantenían el silencio.

—Se está tan bien aquí fuera... —apuntó finalmente Nanoha.

—Sí —contestó Fate.

—Me encantan las noches como ésta.

Cuando Nanoha no dijo nada más, Fate se acercó un poco más y le cogió la mano.

—¿Estás afligida por lo que ha pasado?

—No. No me arrepiento de nada —declaró, con voz segura.

Fate sonrió.

—¿En qué piensas?

—En mi padre —musitó Nanoha, al tiempo que apoyaba la cabeza en su hombro—. En muchos sentidos, me recuerda a ti. Seguro que te gustaría.

—Seguro que sí—convino Fate, sin saber hacia dónde iba la conversación.

—Me preguntaba qué sintió cuando conoció a mi madre por primera vez. Lo que le pasó por la cabeza al verla, si estaba nervioso, lo que le dijo cuando se le acercó...

Fate la miró fijamente a los ojos.

—¿Y?

—No tengo ni idea.

Cuando Fate se puso a reír, Nanoha la rodeó con un brazo.

—¿Todavía está caliente el agua en tu bañera para hidromasaje?

—Probablemente. No la he tocado, pero seguro que está bien.

—¿Te apetece darte un baño?

—Tengo que ir a buscar mi bikini, pero me parece una idea genial.

Nanoha la abrazó con fuerza, y entonces se inclinó hacia Fate y le susurró al oído:

—¿Quién ha dicho que necesites un bikini?

Fate no dijo nada mientras atravesaron la terraza en dirección a la bañera de hidromasaje.

Mientras quitaba el plástico cobertor, vio que el albornoz se deslizaba por los hombros de Nanoha y se fijó en su cuerpo desnudo, consciente de lo que sentía por ella y de cómo ese par de días iban a marcar su vida para siempre.


Author's notes part 2: Yay! About time, how long it took us to get here? 13 chapters? I was planning on dividing this chapter in two, the first part was supposed to be before their dinner, and the second part was supposed to be during their dinner and sexy times, pero la segunda part planeaba demorarla unas cuantas semanas XD, pero pense que eso was too cruel, no soy tan mala como yo pensaba, finally they are together, well kind of, estoy tan feliz que no se les arruino la noche con la llamada de ferret face.

It looks like Nanoha was preparing for everything and I do mean everything, I mean, shaving her legs, candles in her room? Eh, Nano-chan you little devil. clears throat I mean Nano-chan you little white devil.

Cambie unas cosas, por ejemplo cuando se confiesan que se Aman, originalmente se dicen te quiero, pero me parecio muy simple y vacio, no me parecio que abarcaba los ellas estaban sientiendo en ese momento, tambien a la vez que edito esta story, I'm reading the English version and in the English version it says "I love you" and "I love you" can be translated both ways, but I really think that the original author meant to say "Te Amo" instead of "Te quiero".

Well I must say que tuve un poco de dificultad editando la escena medio lemon scented, I was blushing so much that I thought that I was going to faint from blushing so much.

Shisuki27: Si Fate-chan is so sweet and cute *swoons* muchas gracias por tu apoyo Shisuki-chan, y perdon uñas de Shisuki.

Aili.w:Si por fin llego el beso hehehehehehe Fate-chan es toda una conquistadora y nadie se le puede resistir y me alegro mucho que Nano-chan didn't listen to that meddling voice, well after this chapter... Goodbye forever ferret face.

ki-chan:Bwahahahahahaha Ki-chan you are so funny XD No eras la unica que querias ahorcar a esa voz, mi primer manga Yuri que compre se llama Girl Friends by Milk Morinaga, is an amazing manga and is so cute too.

Shirei-kan: Thanks so much for all your support Shirei, cuando estaba editando por primera la story tambien esperaba que Nano-chan se enojara con Fate-chan por el beso pero tambien me sorprendio un poco su reaccion, I'm going to re-read your story and review it.

Ki-chan: Ah-ha! *points at you* I can't believe it, I love your story so much, Fate-chan is so cuteeeeeee and funny, ooohhh and jealous Nano-chan is awesomeeee , I love how Fate-chan keeps calling Nano-chan her Angel or red-headed Angel *cuteness overload* but I haven't read the whole story yet *cries* but I promise you that I will review your story soon, gracias por tu apoyo Ki-chan.

Kano chan: Gracias por tu apoyo y que bueno que te alegro el dia, I just hope that this particular chapter makes you even happier, LOL! And goodbye ferret face, and no te encontre en Facebook *sobs* busque y busque y no te encontre. :(

Kano chan: I know right? But now we all can be happy no more ferret face in the very annoying way.

Maho: Muchas gracias por tu apoyo y que bueno que te este gustando la story y disculpame por tomar tanto tiempo en update.

Takamachi-chan:Where are you my friend? I miss you! *gross sobbing*

Ishtar-chan:I miss you Ishtar-chan! *more gross sobbing*

Mi historia recomendada para el dia de hoy es: "Uminari Wasteland" escrita por Nissanity. Otra historia que me encanta, so you know the author is in a temporary hiatus, but I'm sure they will be back.

Bonus recommendation: Lo estoy ¿o no? by Kihara CJThat story is so cuteeeeee.

Que pasara en next chapter? Seguiran ellas con su relacion? Aprendere mejor Spanish? Eso solo lo sabremos en el proximo chapter of "En el nombre del Amor"

Lovely readers and reviewers thank you so much very much.

Chapter 14 preview...

—Se parecen a nosotros, ¿eh? —remarcó Nanoha mientras le estrujaba cariñosamente la mano a Fate—. Uno siempre en busca de aventura, y el otro conteniéndose.

—¿Cuál de ellos soy yo?

Nanoha rió y apoyó la cabeza en su hombro. Fate se detuvo un momento y la estrechó entre sus brazos tiernamente, sorprendida y asustada por la fuerza de sus sentimientos. Pero cuando Nanoha alzó la cara para besarla, sintió que sus temores se disipaban y se trocaban en un creciente sentimiento de plena satisfacción. Se preguntó si todo el mundo que estaba enamorada sentía lo mismo.