Author's notes: Ummm, errr hello? I do apologize for my lateness to post this chapter but so you know I am writing another NanoFate story, based on a TV Show that I really like and you know how hard it is for me to write something in Spanish, but I'm trying really hard, espero que mi proxima story sea de su total agrado and also I hope you give me all your support with that story as well, also I'm working again and babysitting is not an easy job in this country. Please don't hate me, this chapter is going to be sad, as in, really, really sad, T^T poor Fate-chan.

Disclaimer: I do NOT own Mahou Shoujo Lyrical Nanoha and its characters, nor do I own the plot, the plot belongs to Nicholas Sparks and MSLN belongs to Masaki Tsuzuki.


Chapter 19

A media tarde, el cielo se estaba nublando y se acercaba la hora de iniciar la tabla de ejercicios con Nanoha. A pesar de que ella había completado los ejercicios rutinarios por la mañana y que una enfermera vendría al atardecer a realizar más ejercicios, Fate le había preguntado a Lindy si no le importaba que ella hiciera lo mismo por la tarde también.

—Creo que a ella le gustará —le había contestado.

La enfermera le enseñó todo el proceso, asegurándose de que ella entendía que cada músculo y cada articulación necesitaban atención. Mientras que Lindy y las otras enfermeras empezaban por los dedos de las manos, Fate empezaba por los de los pies. Apartó la sábana y le cogió el pie, a continuación empezó a flexionar uno de los dedos rosados hacia arriba y hacia abajo y después repitió el ejercicio antes de pasar a otro dedo.

Fate se había acostumbrado y le gustaba hacer eso por Nanoha. El tacto de su piel contra la suya bastaba para activar una docena de recuerdos: la forma en que ella le masajeaba los pies mientras Nanoha estaba embarazada; los lentos y seductores masajes en la espalda a la luz de las velas, a los que ella respondía con un ronroneo de satisfacción; los masajes en el brazo después de que ella sufriera una vez una contractura muscular al levantar con una sola mano un saco de comida de perro. A veces, creía que aparte de echar de menos el hecho de poder hablar con Nanoha, el simple acto de tocarla era lo que más añoraba. Fate había necesitado un mes entero antes de atreverse a pedirle permiso a Lindy para colaborar con los ejercicios y desde entonces cada vez que le masajeaba la pierna a Nanoha se sentía, en cierto modo, como si se estuviera aprovechando de ella.

No importaba que estuvieran casadas; lo que importaba era que sólo ella tomaba parte en aquel acto, algo absolutamente falto de respeto hacia la mujer que adoraba. Pero esos ejercicios...Nanoha necesitaba esos ejercicios. Los «requería». Sin ellos, se le atrofiaría la musculatura y aunque despertara —cuando despertara, rápidamente se corrigió a sí misma— se sentiría permanentemente anquilosada. Por lo menos, eso era lo que Fate se decía siempre a sí misma.

En el fondo, sabía que ella también necesitaba tocarla, aunque sólo fuera para sentir la calidez de su piel o el pulso suave en su muñeca. Era en esos momentos cuando tenía la absoluta certeza de que Nanoha se recuperaría; que su cuerpo simplemente requería algo más de tiempo para ajustarse.

Acabó con los dedos de los pies y empezó con los tobillos; cuando hubo acabado, le flexionó las rodillas, doblándolas hacia el pecho y luego estirándolas. A veces, mientras ella se hallaba tumbada en el sofá ojeando alguna revista, estiraba la pierna distraídamente, exactamente del mismo modo. Era un movimiento propio de una bailarina y Nanoha lo hacía con la misma gracia con que lo habría hecho una bailarina.

—¿Te gusta, amor mío?

«Mmm... me encanta. Gracias. Me sentía un poco rígida.»

Ella sabía que se había imaginado la respuesta, que Nanoha no se había movido. Pero su voz parecía emerger de la nada cada vez que ella se aplicaba en esos ejercicios físicos con Nanoha. A veces se preguntaba si se estaba volviendo loca.

—¿Cómo te encuentras?

«Muerta de aburrimiento, si quieres que te diga la verdad. Ah, por cierto, gracias por las flores. Son preciosas. ¿Las has comprado en Frick's?»

—¿Dónde si no?

«¿Qué tal están las niñas? Pero esta vez dime la verdad.» Fate empezó con el otro pie.

—Están bien. Te echan de menos, claro. Para ellas es muy duro. A veces no sé qué hacer.

«Lo importante es que estás haciéndolo tan bien como puedes, ¿no? ¿No es eso lo que siempre nos decimos la una a la otra?»

—Tienes razón.

«Entonces, no puedo pedirte nada más. Y ellas se recuperarán. Son más fuertes de lo que aparentan.»

—Lo sé. En eso han salido a ti.

Fate se la imaginó mirándola a los ojos, con una expresión preocupada.

«Estás muy delgada. Demasiado delgada.»

—Es que últimamente no tengo apetito.

«Estoy preocupada por ti. Tienes que cuidarte. Por las niñas. Por mí.»

—Siempre estaré aquí, a tu lado.

«Lo sé. Y eso también me preocupa. ¿Te acuerdas de Veyron y Schach?»

Fate dejó de flexionarle el pie.

—Sí.

«Entonces, ya sabes a qué me refiero, ¿no?»

Ella suspiró y reanudó el ejercicio.

—Sí.

En su mente, el tono de Nanoha se suavizó.

«¿Recuerdas cuando insististe en que todas fuéramos de acampada a las montañas el año pasado? ¿Cómo prometiste que a las niñas y a mí nos encantaría?»

Ella empezó a masajearle los dedos de las manos y los brazos.

—¿A qué viene eso ahora?

«Desde que estoy aquí, le doy muchas vueltas a todo. ¿Qué más puedo hacer? Pero a lo que iba, ¿recuerdas que cuando llegamos allí ni tan sólo nos preocupamos en montar la tienda, sino que simplemente descargamos la furgoneta —a pesar de que habíamos oído un trueno a lo lejos— porque tú querías enseñarnos el lago? ¿Y cómo tuvimos que caminar ocho kilómetros para llegar al lago, y que justo cuando llegamos a la orilla, los cielos se abrieron y empezó a diluviar? El agua caía del cielo como si nos hubiéramos colocado debajo de una manguera. Y cuando finalmente llegamos otra vez a la tienda de campaña, todo el material estaba empapado. Yo me enfadé mucho contigo y te exigí que nos llevaras a un hotel.»

—Lo recuerdo.

«Te pido perdón por mi reacción. No debería haberme enojado tanto. A pesar de que la culpa era tuya.»

—¿Cómo es posible que siempre tenga yo la culpa?

Ella imaginó que Nanoha le guiñaba el ojo mientras le masajeaba el cuello, haciéndolo girar, con mucho cuidado, primero hacia un lado y luego hacia el otro.

«Porque me gusta ver cómo te sulfuras cuando lo digo.»

Fate se inclinó hacia ella y la besó en la frente.

—Te echo mucho de menos.

«Yo también.»

Notó un nudo en la garganta cuando acabó la tabla de ejercicios, consciente de que la voz de Nanoha empezaría a disiparse, como siempre. Acercó la cara a la de su esposa.

—Sabes que tienes que despertarte, ¿verdad? Las niñas te necesitan. Yo te necesito.

«Lo sé. Lo estoy intentando.»

—Tienes que darte prisa.

Nanoha no dijo nada y Fate supo que la había presionado demasiado.

—Te Amo, Nanoha.

«Yo también te Amo.»

—¿Necesitas algo? ¿Quieres que baje las persianas? ¿Que te traiga algo de casa?

«¿Por qué no te quedas un ratito más aquí, sentada a mi lado? Me siento muy cansada.»

—De acuerdo.

«¿Y me cogerás la mano?»

Ella asintió y acto seguido cubrió su cuerpo con la sábana de nuevo. Se sentó en la silla junto a la cama y le cogió la mano, luego deslizó el dedo pulgar por encima de su palma con suavidad. Fuera, la paloma había regresado, y más allá podía ver los nubarrones que empezaban a invadir el cielo, adoptando formas de otros mundos. Fate amaba a su esposa, pero odiaba en qué se había convertido la vida con ella y enseguida se regañaba a sí misma por pensar de ese modo. Le besó la punta de los dedos uno a uno y se llevó la mano a la mejilla. Notó la calidez de su tacto y deseó percibir el más leve movimiento, pero cuando nada sucedió, la retiró y ni tan sólo se dio cuenta de que la paloma parecía estar mirándolo fijamente.


Schach tenía treinta y ocho años, era ama de casa y madre de dos hijos a los que adoraba. Ocho años antes, había llegado a Urgencias vomitando y quejándose de un intenso dolor en la parte posterior de la cabeza. Nanoha, que había accedido a cambiar su turno de guardia con una amiga, estaba de servicio aquel día, aunque no asistió a Schach. La mujer se quedó ingresada en el hospital y Nanoha no supo nada de ella hasta el lunes siguiente, cuando se dio cuenta de que habían trasladado a Schach a la Unidad de Cuidados Intensivos cuando no se despertó el domingo por la mañana. Una de las enfermeras le dijo: «Simplemente se quedó dormida y ya no despertó». Su coma tenía por origen un severo caso de meningitis vírica.

Su marido, Veyron, un profesor de Historia en el Instituto East Carteret, era un tipo entrañable y simpático y se pasaba los días en el hospital. Con el tiempo, Nanoha llegó a conocerlo; al principio sólo intercambiaban las típicas frases cordiales, pero a medida que transcurrían los días sus conversaciones se fueron ampliando. El adoraba a su esposa y a sus hijos; siempre llevaba un jersey impecable y unos pantalones bien planchados cuando iba al hospital y tenía por costumbre ponerse al lado de la papelera a beber un refresco cítrico. Era un católico devoto y Nanoha a menudo se lo encontraba rezando el rosario al lado de la cama de su esposa. Sus hijos se llamaban Fortis y DeVille.

Fate sabía todo eso porque Nanoha se lo contaba después del trabajo. Al principio no, pero más tarde, cuando ella y Veyron entablaron amistad, Nanoha siempre le decía a Fate que se sorprendía al verlo en el hospital cada día, sin falta, y se preguntaba qué debía de estar pensando mientras permanecía sentado en silencio al lado de su esposa.

—Siempre parece triste —le había comentado Nanoha.

—Claro, es que está triste. Su mujer está en coma.

—Pero se pasa todas las horas con ella. ¿Con quién deben de quedarse sus hijos?

Las semanas dieron paso a los meses y al final trasladaron a Schach a una residencia. Los meses se convirtieron en un año, luego en otro. Nanoha se habría olvidado de Schach de no ser porque coincidía con Veyron en el supermercado. A veces se encontraban por casualidad y la conversación siempre giraba en torno al estado de Schach. Nunca había ningún cambio.

Pero con el paso de los años, mientras seguían encontrándose en el supermercado, Nanoha se fijó en que Veyron había cambiado.

—Igual que siempre. —Era la forma en que él solía empezar a describir la condición de su esposa. Allí donde un día había habido luz en sus ojos cuando hablaba de Schach, ahora sólo había un vacío; donde una vez había habido amor, ahora sólo parecía quedar apatía. Su pelo negro se había vuelto cano en tan sólo un par de años y se había quedado tan delgado que la ropa le bailaba.

Nanoha siempre se lo encontraba en la sección de los congelados, en el pasillo de los cereales, donde él parecía esperarla. Tenía la impresión de que la necesitaba para contarle lo que sucedía, y en aquel rato en que charlaban, Veyron mencionaba una tragedia tras otra: que había perdido su trabajo, que había perdido su casa, que estaba desesperado por que sus hijos se marcharan de casa, que el mayor había abandonado los estudios en el instituto y que al pequeño lo habían vuelto a arrestar por traficar con drogas. «Otra vez.» Esa era la expresión que Nanoha resaltaba cuando se lo contaba a Fate más tarde. También decía que estaba prácticamente segura de que Veyron estaba borracho cuando lo había visto.

—Siento tanta pena por él —decía Nanoha, afligida.

—Me lo puedo imaginar —contestaba Fate.

Nanoha se quedaba entonces callada, antes de concluir:

—A veces pienso que habría sido mejor que su esposa hubiera muerto.


Con la vista fija en la ventana, Fate pensó en Veyron y Schach. No tenía ni idea de si la mujer continuaba en la residencia o si ni tan sólo seguía viva. Desde el accidente, había rememorado aquellas conversaciones mentalmente casi cada día, recordando las palabras que Nanoha le había dicho. Se preguntó si era posible que Schach y Veyron hubieran entrado en sus vidas por algún motivo. ¿Cuánta gente, después de todo, conocía a alguien que hubiera estado en coma? Le parecía tan... ficticio, más o menos como visitar una isla llena de dinosaurios o ver cómo una nave espacial derribaba el Empire State Building.

Sin embargo, Nanoha trabajaba en un hospital y claramente ése podía ser el motivo por el que el matrimonio Hückebein había entrado en sus vidas, ¿no? ¿Para avisarla de que estaba condenada? ¿De que sus hijas se descarriarían? Esos pensamientos la aterraban y por esa razón siempre iba a esperarlas a la salida del colegio. Por ese motivo las llevaba al parque de aventuras Bush Gardens cuando tenían algún día de fiesta en la escuela, y por esa razón dejaba que Vivio pasara la noche en casa de su mejor amiga. Se despertaba cada mañana con la determinación de que, aunque lo estuvieran pasando mal —lo cual era normal—, debía insistir para que se comportaran debidamente en casa y en la escuela, y por eso cuando no le hacían caso las castigaba a dormir cada una en su habitación, separadas. Porque eso era lo que Nanoha habría hecho.

Sus suegros a veces le decían que quizás era demasiado severa con las niñas. No le sorprendía en absoluto. Su suegra, en particular, siempre tenía que soltar su opinión. Mientras que Nanoha y su padre podían pasarse una hora charlando relajadamente por teléfono, las conversaciones con su madre siempre eran telegráficas. Al principio de casadas, Fate y Nanoha habían ido a pasar las vacaciones en Savannah y Nanoha siempre regresaba a casa estresada; cuando nacieron sus hijas, finalmente les dijo a sus padres que quería iniciar sus propias tradiciones durante las vacaciones y que, a pesar de que le encantaría ir a verlos, ahora serían sus padres los que tendrían que viajar a Beaufort. Nunca lo hicieron.

Después del accidente, sin embargo, se hospedaron en un hotel en Morehead City para permanecer cerca de su hija y durante el primer mes, los tres coincidieron a menudo en la habitación de Nanoha. Aunque jamás dijeron abiertamente que la culparan del accidente, Fate lo sentía así, por la forma en que ellos mantenían las distancias. Cuando pasaban un rato con Vivio y Alice, siempre quedaban fuera —las invitaban a un helado o a una pizza—, y solamente estaban en casa un par de minutos.

Al cabo de un tiempo, no les quedó más remedio que regresar a Savannah. Ahora a veces venían los fines de semana. Cuando lo hacían, Fate intentaba mantenerse alejada del hospital. Se decía que lo hacía con el fin de darles tiempo para estar a solas con su hija, y en parte era cierto.

Lo que no le gustaba admitir era que también se mantenía alejada porque ellos continuamente, y sin querer, le recordaban que ella era el responsable de que Nanoha estuviera en el hospital.

Sus amigos habían actuado tal y como esperaba. Rein, Amy y Shamal se turnaron para prepararles la cena durante las seis primeras semanas. A lo largo de los años, se habían hecho buenas amigas de Nanoha y a veces parecía como si tuviera que ser Fate quien les infundiera ánimos. Se presentaban con los ojos rojos y una sonrisa forzada, con fiambreras llenas hasta el borde de lasaña o carne guisada, diversos entrantes y todos los postres imaginables. Nunca se olvidaban de mencionar que habían puesto pollo en lugar de carne roja, para asegurarse de que Fate comería.

Se portaron particularmente bien con las niñas. Al principio, las consolaban cuando lloraban y Vivio se encariñó mucho de Shamal. Ella le trenzaba el pelo, le ayudaba a montar pulseras con cuentas de colores y normalmente se pasaba por lo menos media hora con Vivio pegando patadas al balón de fútbol. Cuando entraban en casa, se ponían a cuchichear tan pronto como Fate abandonaba la estancia. Ella se preguntaba de qué hablaban. Conociendo a Shamal, estaba segura de que si ella consideraba que se trataba de algo importante se lo diría, pero normalmente le contestaba que Vivio sólo tenía ganas de hablar. Con el paso de los días, Fate se sintió simultáneamente agradecida por su presencia y celosa de su relación con su hija.

Alice, por otro lado, sentía más apego por Amy. Las dos se ponían a dibujar y a pintar en la mesa de la cocina o a ver la tele, sentadas una al lado de la otra; a veces Fate veía que Alice se acurrucaba encima de Amy de la misma forma que lo hacía con Nanoha. En esos momentos, parecían casi madre e hija y, por un brevísimo instante, Fate podía sentir como si la familia estuviera reunida de nuevo.

Rein, por otro lado, era la que se aseguraba de que las niñas comprendieran que, a pesar de su tristeza y su angustia, todavía tenían responsabilidades. Les recordaba que tenían que ordenar la habitación, las ayudaba en los deberes escolares y siempre les pedía que llevaran los platos al fregadero. Lo hacía con dulzura, pero a la vez con firmeza, y a pesar de que sus hijas a veces se olvidaban de sus obligaciones algunas noches cuando Rein no venía, cada vez sucedía con menos frecuencia de lo que Fate habría esperado. Inconscientemente, parecían darse cuenta de que sus vidas requerían cierto orden y estructura y Rein era exactamente lo que necesitaban.

Entre ellas y la madre de Fate —que acudía cada tarde y prácticamente todos los fines de semana—, casi nunca se quedó a solas con sus hijas las semanas que siguieron al accidente, y las cuatro junto con ella asumieron la función de madres de un modo que ella sola no habría podido. Y realmente ahora lo valoraba. Durante las primeras semanas, a duras penas conseguía reunir fuerzas para levantarse de la cama por las mañanas, y durante casi todo el día sólo tenía ganas de llorar. El peso de la culpabilidad la asfixiaba y no simplemente por el accidente. No sabía qué hacer o qué se suponía que tenía que hacer. Cuando estaba en el hospital, deseaba estar en casa con sus hijas; cuando estaba en casa con sus hijas, deseaba estar con Nanoha en el hospital. Nada le parecía correcto.

Después de seis semanas de tirar enormes cantidades de comida a la basura, Fate acabó pidiendo a sus amigas que no le preparasen más la cena, aunque eso no significaba que no pudieran pasar a visitarlos. Tampoco deseaba que pasaran cada día. Por entonces, con visiones de Veyron Hückebein pululando constantemente en su mente, sabía que tenía que asumir el control de lo que quedaba en su vida. Debía volver a ser la madre que había sido una vez, la madre que Nanoha quería que fuera, y, poco a poco, lo consiguió. No fue fácil, y aunque todavía había días en que Vivio y Alice parecían echar de menos la atención que les brindaban los amigos de sus madres, Fate se puso las pilas para encargarse de ellas. Tampoco se trataba de que, de repente, todo volviera a la normalidad, pero ahora que ya habían transcurrido tres meses, sus vidas eran tan normales como podría esperarse. Al asumir la responsabilidad del cuidado de sus hijas, Fate a veces pensaba que se había salvado a sí misma.

Por el lado negativo, desde el accidente apenas le quedaba tiempo para compartirlo con Chrono, Signum y Hayate. Si bien ellos todavía se dejaban caer de vez en cuando para tomar una cerveza con ella cuando las niñas ya se habían acostado, sus conversaciones eran forzadas. La mitad del tiempo, todo lo que decían parecía ser... «incorrecto», en cierto modo. Cuando le preguntaban por Nanoha, ella no se sentía de humor para hablar de ella. Cuando intentaban hablar sobre otro tema, Fate se preguntaba por qué intentaban desviar la atención de Nanoha. Sabía que no estaba siendo justa, pero el rato que pasaba con ellos no podía evitar pensar en las diferencias entre sus vidas y la suya. A pesar de su amistad y su paciencia, a pesar de su afabilidad, no podía evitar pensar que al cabo de poco rato, Chrono se iría a su casa para estar con Amy y que conversarían plácidamente acurrucados en la cama; cuando Signum le ponía la mano en el hombro, Fate se preguntaba si Shamal estaría contenta de que Signum hubiera ido a verla o si la necesitaba para que hiciera alguna cosa en casa. Su relación con Hayate era exactamente la misma y, muy a su pesar, a menudo se sentía exasperada en su presencia, sin poder explicar el porqué. Mientras que ella estaba obligada a vivir constantemente con lo impensable, ellos podían conectar y desconectar de aquella tragedia y, por más que lo intentaba, no podía escapar a la ira que la invadía por la injusticia de toda aquella situación. Anhelaba lo que ellos tenían y sabía que ellos jamás podrían comprender su pérdida, por más que lo intentaran. Se detestaba a sí misma por pensar de aquel modo e intentaba ocultar su furia, pero tenía la impresión de que sus amigos se daban cuenta de que las cosas habían cambiado, a pesar de que no supieran exactamente lo que sucedía. Gradualmente, sus visitas se acortaron y empezaron a ser menos frecuentes. Fate se odiaba a sí misma por ello, y también por el muro que estaba erigiendo entre ellos, pero no sabía cómo arreglarlo.

En los momentos de soledad, se preguntaba cómo era posible que sintiera rabia hacia sus amig s y que, en cambio, únicamente sintiera gratitud hacia sus esposas. Se sentaba en el porche a reflexionar sobre esa cuestión. Entonces, un día se quedó ensimismada contemplando la luna creciente y por fin aceptó lo que había sabido desde el principio. La diferencia tenía que ver con que Amy, Rein y Shamal centraban su apoyo en sus hijas, mientras que Chrono, Signum y Hayate centraban su apoyo en ella. Sus hijas lo merecían.

Ella, en cambio, merecía ser castigada.


Author's notes part 2: No se los dije en el chapter anterior, I've got the feeling that I'm going to cry my eyes out with this story.

Wasn't that conversation between Fate-chan and "Nano-chan" heartbreaking? I cried so much.

Comenzamos con los chapters finales, ya casi llega a su fin esta adaptacion.

Ki-chan:Si lo siento mucho, *gives Ki-chan lots of Kleenex* es muy triste porque son las niñas las que reciben todo peor y poor Fate-chan she keeps breaking my poor heart, but this are going to get better. Greeting to you too. *waves*

Aili.w-chan: LOL! Bueno no queremos que te empiecen a ver raro *winks* te comprendo, No tengo idea si lloraste con este chapter, pero that "talk" that Fate-chan had with Nano-chan really broke my heart.

Shirei-Kan:Si little Alicie broke my heart too, *sobs* en realidad cada chapter que sigue es peor, pero things will get better, yo tambien espero que Nano-chan despierte pronto as in really soon, Tunja? Aw, nunca conoci Tunja, yo naci y vivi algunos en Medellin, so greetings compatriota. *winks*

Kano chan: *Cries* I'm so sorry Kano chan, de verdad que no es mi intencion ver sufrir tanto a Fate-chan is killing me doing that to her, but like I have said before things WILL get better, they did kiss, remember in the pool, that was a kiss and remember that Akuma no Riddle is about assassins, Akuma no Riddle is not Sakura Trick where they kissed every two seconds. LOL! Just kidding Sakura Trick was a funny and very cute yuri anime and so it was Inugami-san to Nekoyama-san.

Maho-san:Si lo se, so sorry, but remember this It is always darkest before the dawn, gracias Maho-san por todo tu apoyo, I really appreciate it. Verdad? Alice (Lisa) me parecio tan linda.

Ki-chan part 2: That was my reaction when I first saw that image, creo que estaban anunciando Vivid and the fact that Magical Lyrical Girl Nanoha is now ten years old LOL! And as a gift to us NanoFate shippers they finally gave us our beloved NanoFate, no que no fuera obvio antes no? LOL! Yo no, en realidad me hubiese gustado mas que animaran INNOCENT, el manga de Vivid no me gusto mucho que digamos, at least is way better than that awful thing called Nanoha Force *gags* I still have hope that they someday animen al manga de Nanoha INNOCENT.

Aria.T-chan: Awww, espero que estes mejor de salud ahora y I will wait for the next chapter of your wonderful story, and about that I'm sorry for making our beloved Fate-chan suffer so much and yay! for hope, tomate tu tiempo es mejor asi, bueno esta no es mi story, es solo una adaptation, pero como mencione antes estoy escribiendo my own stuff, hope you like it too. Thanks so much for all your support y por los animos.

Mi historia recomendada del dia hoy "Codename: Fate-chan" escrita por Nura de Mithlond.

Bonus story: "Acosando a una extraña" by Aria.Tme gusto mucho esta story, esperemos que Aria.T-chan pueda actualizar pronto.

Chapter 20 preview...

Alicia se lo quedó mirando fijamente, hasta que al final asintió con la cabeza.

—Te esperaré, ¿vale? Quiero saber cómo va la reunión.

—De acuerdo.

Alicia se puso de pie, cogió el bolso y se lo colgó en el hombro. Le dio un beso a su Fate en la parte superior de la cabeza.

—¿Nos vemos luego, vale, Nanoha? —dijo ella, sin esperar respuesta. Estaba a medio camino de la puerta cuando oyó de nuevo la voz de Fate.

—¿Hasta dónde llegarías en nombre del amor?

Alicia sólo se giró a medias.

—Ya me habías hecho esa pregunta antes.

—Lo sé. —Fate vaciló—. Pero te estoy preguntando qué crees que debería hacer.

—Sólo tú puedes decidir lo que hay que hacer.

—Pero ¿qué significa eso?

Su hermana la miró con una expresión de impotencia.

—No lo sé, Fate. ¿Qué crees que significa?