Author's notes: Bueno ya no se que decirles con esta story excepto que este es el 'final' chapter antes del epilogue y creo que despues de chapter ya no me van a querer se que es un 'final' muy. muy triste *sobs* y tal vez no era lo que todos esperabamos. So sorry. *gross sobbing*
Better news: Saben que ahora tengo 8 First chapters *sobs* y bueno todavia no se si quiero que ellas ( Nanoha & Fate ) se conozcan desde el principio o q se conozcan por lo menos by the second or third chapter? Tengo planeado que en mi story que ellas tengan contacto desde el first chapter por razones que van a saber en ese chapter, pero en unos de los chapters ellas son amigas y vecinas, en otro ellas se conocen por circunstancias fuertes, en otro alguien cercano a Fate-chan is crushing on Nano-chan and so on, I have to make the right choice or else and las otras good news are que la otra story en la que estoy trabajando tambien esta saliendo mejor por lo menos de esa story tiene solo dos first chapters.
Disclaimer: I do NOT own Mahou Shoujo Lyrical Nanoha and its characters, nor do I own the plot, the plot belongs to Nicholas Sparks and MSLN belongs to Masaki Tsuzuki.
Chapter 21
Hacía menos de dos años que Nanoha había visto a Veyron Hückebein por casualidad en uno de aquellos atardeceres de verano por los que Beaufort era célebre. Con música en vivo y docenas de barcas amarradas en el muelle en una noche de verano, a Fate le había parecido el momentoperfecto para llevar a Nanoha y a las niñas a la zona comercial para tomar un helado. Mientras estaban haciendo cola con las niñas, Nanoha mencionó sin darle demasiada importancia que había visto una bonita litografía en una de las galerías de arte por las que habían pasado. Fate sonrió.
Por entonces, ya se había acostumbrado a las indirectas que Nanoha le lanzaba.
—¿Por qué no la compras? —sugirió Fate—. Yo me quedaré aquí con las niñas. Anda, ve.
Nanoha tardó en regresar más de lo que ella había esperado, y cuando lo hizo, su expresión mostraba cierto malestar. Más tarde, cuando regresaron a casa y las niñas ya estuvieron acostadas, Nanoha se sentó en el sofá, visiblemente preocupada.
—¿Estás bien? —le preguntó ella.
Nanoha se movió inquieta en el sofá.
—He visto a Veyron Hückebein mientras tú y las niñas estaban tomando el helado —admitió.
—¿Ah, sí? ¿Cómo está?
Nanoha suspiró.
—¿Te das cuenta de que su esposa lleva seis años en estado de coma? ¡Seis años! ¿Puedes imaginar lo que eso debe suponer para él?
—No, no puedo —contestó Fate.
—Ha envejecido muchísimo.
—Estoy segura de que yo también envejecería. Ese hombre está pasando un calvario.
Nanoha asintió, con la expresión todavía angustiada.
—Pero además está como amargado. Como resentido con ella. Dice que sólo la va a visitar de vez en cuando. Y sus hijos... —Absorta en sus pensamientos, Nanoha pareció perder el hilo de la frase.
Fate la miró fijamente.
—¿Por qué te obsesiona tanto esa cuestión?
—¿Tú vendrías a verme? ¿Si me pasara algo parecido?
Por primera vez, ella sintió un escalofrío de miedo recorrerle todo el cuerpo, a pesar de que no sabía el porqué.
—Por supuesto.
La expresión de Nanoha era muy triste.
—Pero después de un tiempo ya no irías a verme con tanta frecuencia.
—No digas eso. Iría cada día.
—Ya, pero con el tiempo, te sentirías resentida conmigo.
—No, eso nunca.
—Veyron está resentido con Schach.
—Yo no soy Veyron. —Sacudió la cabeza—. ¿Por qué estamos hablando de este tema?
—Porque te Amo.
Ella abrió la boca para responder, pero ella alzó la mano.
—Déjame acabar, ¿vale? —Hizo una pausa, como si pretendiera ordenar sus pensamientos—. Cuando Schach ingresó en el hospital, era obvio que Veyron la amaba muchísimo. Eso era lo que detectaba cada vez que hablábamos y, durante aquellos meses, supongo que él me contó toda la historia (cómo se habían conocido en la playa el verano después de acabar los estudios; que la primera vez que él le pidió para salir, ella le dijo que no, pero que al final consiguió que le diera su número de teléfono; que la primera vez que se le declaró fue el día en que los padres de Schach celebraban su treinta aniversario de boda). Pero Veyron no sólo se limitaba a narrarme anécdotas, era como si las reviviera constantemente, una y otra vez. En cierto modo, me recordaba a ti.
Nanoha le cogió la mano.
—Tú haces lo mismo, ¿lo sabías? ¿Sabes cuántas veces te he oído contarle a alguien cómo nos conocimos? No me malinterpretes, me encanta que lo hagas. Me encanta que mantengas esos recuerdos vivos en tu corazón y que signifiquen tanto para ti como para mí. Y la cuestión es que..., cuando lo haces, noto que te vuelves a enamorar de mí. En cierto modo, es la cosa más conmovedora que haces por mí. —Hizo una pausa—. Bueno, eso y limpiar la cocina cuando estoy demasiado cansada.
A pesar de la sensación de malestar que se había apoderado de ella, Fate se echó a reír. Nanoha no pareció fijarse en su mueca divertida.
—Hoy, sin embargo, he visto a Veyron muy... amargado, y cuando le he preguntado por Schach, he tenido la impresión de que deseaba que estuviera muerta. Y cuando lo comparo con lo que él sentía por su esposa, y lo que les ha pasado a sus hijos... es terrible.
Su voz se apagó y Fate le estrujó la mano.
—Pero eso no nos pasará a nosotros...
—Esa no es la cuestión. La cuestión es que no puedo vivir sabiendo que no he hecho lo que debería.
—¿De qué estás hablando?
Nanoha le pasó el dedo pulgar por encima de la mano.
—Te Amo mucho, Fate-chan. Eres la mejor esposa y la persona más buena que jamás he conocido. Y quiero que me hagas una promesa.
—Lo que quieras.
Nanoha la miró directamente a los ojos.
—Quiero que me prometas que si, por desgracia, me pasa algo grave, tú me dejarás morir.
—Ya hemos hecho el testamento —replicó ella—. Hicimos un testamento en vida y un poder notarial.
—Lo sé, pero el notario se retiró a vivir a Florida, y por lo que tengo entendido, nadie más que nosotros tres lo sabe, y no quiero que mi vida se prolongue en el caso de que yo no pueda tomar mis propias decisiones. No sería justo ni para ti ni para las niñas alargar una pesadilla así, porque con el tiempo, el resentimiento sería inevitable. Tú sufrirías y nuestras hijas también. Al ver a Veyron hoy me he convencido de eso, y no quiero que nunca te invada la amargura por nada de lo que hemos compartido. Te amo demasiado para permitir que eso suceda. La muerte siempre es triste, pero también es inevitable, y por eso firmé el testamento en vida. Porque las amo mucho a las tres. —Su tono se suavizó, en cambio su firmeza se acrecentó—. Y la cuestión es... que no tengo ganas de contarles a mis padres o a mis hermanas la decisión que tomé. La decisión que tú y yo tomamos. Y tampoco quiero tener que buscar otro notario y volver a redactar los documentos. Deseo tener la seguridad de que puedo confiar en ti, de que, si llega el momento, harás lo que yo quiero. Y por eso te pido que me prometas que harás que se cumpla mi voluntad.
A Fate la conversación le parecía surrealista.
—Sí..., claro —dijo.
—No, no de ese modo. Quiero que me lo prometas. Quiero que hagas un juramento.
Fate tragó saliva.
—Prometo hacer exactamente lo que tú quieres. Lo juro.
—¿Por más dura que sea la decisión?
—Por más dura que sea la decisión.
—Porque me amas.
—Porque te amo.
—Sí —concluyó Nanoha—. Y porque yo también te amo.
El testamento en vida que Nanoha había firmado en el despacho del notario era el documento que Fate había llevado al hospital. Entre otras cosas, especificaba que le quitaran la alimentación e hidratación artificial después de doce semanas. Aquél era el día en que Fate tenía que tomar una decisión.
Sentada al lado de Nanoha en el hospital, Fate recordó la conversación que había mantenido con su amada esposa aquella noche; recordó el juramento que ella le había hecho. En las últimas semanas había rememorado aquellas palabras cien veces, y a medida que se acercaba la fecha límite de los tres meses, la había ido invadiendo un creciente desasosiego, a la espera de que Nanoha se despertara. Igual que Alicia, que por ese motivo lo estaba esperando en casa. Seis semanas antes, le había confesado la promesa que le había hecho a Nanoha; la necesidad de compartir el secreto con alguien había llegado a ser insoportable.
Las siguientes seis semanas pasaron sin consuelo. Nanoha no sólo no movió ni un dedo, sino que tampoco demostró ninguna mejora en sus funciones cerebrales. A pesar de que ella intentaba ignorar lo obvio, el reloj seguía avanzando y ahora había llegado la hora de tomar una decisión.
A veces, durante sus conversaciones imaginarias con ella, Fate había intentado convencerla para que cambiara de opinión. Argumentaba que aquella promesa no había sido justa; que la única razón por la que ella había aceptado era que las posibilidades de que sucediera algo parecido eran impensables, que nunca creyó que eso llegara a pasar. Le confesó que, si hubiera sido capaz de predecir el futuro, habría despedazado los documentos que ella había firmado ante el notario, porque aunque Nanoha perdiera todas sus facultades, ella seguiría sin poder imaginar una vida sin Nanoha.
Ella nunca sería como Veyron Hückebein. No sentía el menor resentimiento hacia Nanoha, ni nunca lo sentiría. La necesitaba, precisaba el rayo de esperanza que la asaltaba cada vez que estaban juntas. Sacaba fuerzas para ir a visitarla al hospital. Un poco antes, aquel mismo día, se había sentido exhausta y aletargada; pero a medida que pasaba la jornada, su sentido del compromiso se había ido consolidando cada vez más, hasta que tuvo la certeza de que sería capaz de volver a reír con sus hijas, que sería capaz de ser la madre que Nanoha quería que fuera. Durante tres meses había funcionado y sabía que podría hacerlo toda la vida. Lo que no sabía era cómo podría seguir adelante si sabía que Nanoha ya no estaba con ella. Por más extraño que pareciera, había encontrado una reconfortante rutina predecible en su nueva vida.
Al otro lado de la ventana, la paloma se paseaba arriba y abajo y le daba la impresión de que estaba ponderando la decisión con ella. Algunas veces, Fate sentía una extraña relación con ese pájaro, como si éste estuviera intentando enseñarle algo, a pesar de que no tenía ni idea de qué se trataba. En cierta ocasión, trajo un poco de pan para dárselo, pero entonces cayó en la cuenta de que la pantalla evitaba que pudiera tirar las migas a la repisa. Desde el otro lado del cristal, la paloma vio el pan en su mano y empezó a arrullar suavemente. Un momento más tarde, alzó el vuelo, pero al cabo de un rato regresó y se quedó en la repisa el resto de la tarde. Después de aquel día, ya no mostró ningún temor hacia ella. Fate podía dar golpecitos en el cristal y la paloma no se movía de sitio. Era una situación curiosa que le proporcionaba algo más en qué pensar mientras permanecía sentada en la habitación silenciosa. Lo que quería preguntarle a la paloma era: ¿tendré que actuar como un verdugo?
A ese punto angustioso era adonde la llevaban inevitablemente sus pensamientos y era lo que la diferenciaba del resto de las personas de las que se esperaba que llevaran a cabo las voluntades especificadas en los testamentos en vida. Ellos cumplían con su deber; sus decisiones partían de la compasión. Para ella, sin embargo, la decisión era diferente, aunque sólo fuera por razones lógicas.
Sabía que A, y B daban C. Pero si no fuera por su implicación en un error tras otro, no habría habido ningún accidente de tráfico; sin accidente, no habría habido ningún estado de coma. Ella era la principal causante del estado de Nanoha, pero ella no había muerto. Y ahora, con los documentos legales que le quemaban en el bolsillo, no podía rematar el trabajo. De un modo u otro, ella podía acabar siendo la responsable de su muerte. Aquello le revolvía el estómago; y cada día que pasaba, a medida que se acercaba el momento de tomar una decisión, ella perdía más el apetito. En ocasiones tenía la impresión de que Dios no sólo quería que Nanoha muriera, sino que su intención era también que Fate fuera consciente de que ella era la única culpable.
Tenía la certeza de que Nanoha lo negaría. El accidente era simplemente eso, un accidente. Y Nanoha, no ella, había tomado la decisión sobre cuánto tiempo deseaba que la alimentaran artificialmente. Sin embargo, Fate no podía soportar el tremendo peso de su responsabilidad, por el mero hecho de que nadie, aparte de Alicia, sabía lo que Nanoha quería. Al final, la decisión estaba en sus manos.
La luz gris de la tarde confería a las paredes un aspecto melancólico. Fate todavía se sentía paralizada. Para ganar tiempo, quitó las flores de la repisa de la ventana y las llevó hasta la cama.
Mientras las colocaba sobre el pecho de Nanoha y volvía a sentarse a su lado, Lindy apareció en el umbral. Entró lentamente en la habitación; mientras revisaba el monitor y el goteo, no abrió la boca. Escribió algo en la ficha y sonrió levemente. Un mes antes, cuando ella estaba realizando la tabla de ejercicios con Nanoha, ésta le había «mencionado» que estaba segura de que Lindy sentía un cariño maternal por ella.
—¿Se irá del hospital? —oyó que Lindy le preguntaba.
Fate sabía que se refería a si se llevarían a Nanoha a una residencia; en el pasillo, Fate había oído a las enfermeras susurrar que ya no tardarían en trasladarla. Pero la pregunta implicaba algo más de lo que Lindy podía posiblemente comprender y Fate no conseguía reunir el valor para contestar.
—La echaré de menos —se lamentó Lindy—. Y también te echaré de menos a ti.
La expresión de la enfermera estaba desencajada por la compasión.
—En serio. Llevo más años que Nanoha trabajando aquí y deberías haber oído cómo hablaba ella de ti. Y de las niñas también, por supuesto. Era obvio que aunque adoraba su trabajo, siempre estaba contenta cuando llegaba la hora de irse a casa al final del día. No era como el resto de nosotras, que nos poníamos muy contentas cuando acababa nuestro turno. No, ella se alegraba de poder ir a casa, para estar con su familia. Realmente admiraba esa faceta suya, que tuviera una vida tan plena.
Fate no sabía qué decir.
Lindy suspiró, y a Fate le pareció ver el brillo de las lágrimas en sus ojos.
—Me parte el corazón verla así. Y a ti también. ¿Sabes que todas las enfermeras en este hospital sabemos que le enviabas un ramo de rosas cada año, en el aniversario de su matrimonio? Estoy segura de que cada una de nosotras deseábamos que nuestro marido o esposa o nuestro novio o novia fuera tan atenta. Y luego, después del accidente, la forma en que la tratas... Sé que estás triste y enfadada, pero he visto cómo realizas la tabla de ejercicios con ella. He oído lo que le dices, y... es como si tú y ella tuvieran una conexión única y especial, imposible de romper. Es conmovedor y a la vez hermoso. Y me siento muy mal al ver lo que estás pasando. Cada noche rezo por ustedes dos.
Fate notó que se le tensaba el nudo en la garganta.
—Supongo que lo que intento decir es que han conseguido convencerme de que el amor verdadero existe. Y que ni las horas más negras pueden arrebatarles eso.
Se detuvo un instante. Su expresión revelaba que sentía profundamente lo que decía, y se dio la vuelta. Un momento más tarde, cuando ella estaba a punto de salir de la habitación, Fate notó el tacto de su mano en el hombro. Era cálido y ligero, y apenas la rozó un instante; al cabo de unos segundos, Lindy ya no estaba, y Fate se quedó sola con su decisión, una vez más.
Era la hora. Al mirar el reloj, Fate supo que no podía esperar más. Los otros lo aguardaban.
Cruzó la habitación para bajar las persianas. La costumbre la empujó a encender la tele. A pesar de que sabía que las enfermeras la apagarían más tarde, no quería que Nanoha se quedara sola tumbada en una habitación más silenciosa que una tumba.
A menudo se imaginaba a sí misma intentando explicar cómo había sucedido. Podía verse sacudiendo la cabeza con incredulidad mientras se hallaba sentada a la mesa de la cocina con sus padres.
—No sé cómo, pero se despertó. —Se oía a sí misma decir—. Lo único que sé es que no existe una respuesta mágica. Todo estaba igual que el resto de las veces que había ido a verla..., excepto que Nanoha abrió los ojos.
Podía imaginar a su madre llorando de alegría, podía verse a sí misma llamando por teléfono a los padres de Nanoha para comunicarles la noticia. A veces era tan real para ella como si realmente hubiera sucedido, y entonces Fate contenía la respiración, viviendo y experimentando aquel sentimiento desbordante.
Sin embargo, ahora dudaba de que aquello llegara a suceder y, desde la otra punta de la habitación, la miró fijamente. ¿Quiénes eran, Nanoha y ella? ¿Por qué su historia había tenido que acabar de aquel modo? Hubo una época en la que ella habría podido dar unas respuestas razonables a aquellas preguntas, pero de eso hacía ya mucho tiempo. Sin embargo, últimamente ya no acertaba a comprender nada. Por encima de Nanoha, la luz del fluorescente zumbaba ruidosamente y Fate se preguntó qué era lo que iba a hacer. Todavía no lo sabía. Lo único que sabía era que ella aún estaba viva, y donde había vida, había esperanza. La escrutó sin parpadear, preguntándose cómo era posible que alguien tan cercano y tan presente pudiera estar tan lejos.
Aquél era el día en que debía tomar una decisión. Decir la verdad significaba que Nanoha moriría; mentir significaba que la voluntad de Nanoha no se cumpliría. Fate quería que ella le dijera qué tenía que hacer y, desde algún lugar lejano, podía imaginar su respuesta. «Ya te lo he expresado claramente, amor mío. Sabes lo que tienes que hacer.»
No obstante, ella quería alegar que la decisión había estado basada en unas falsas premisas. Si Fate pudiera retroceder en el tiempo, nunca habría hecho esa promesa y se preguntó si, dadas las circunstancias, Nanoha habría llegado incluso a pedírselo. ¿Habría tomado la misma decisión si hubiera sabido que ella sería el causante de su coma? ¿O si hubiera sabido la tortura insoportable que supondría para ella ver cómo le retiraban el tubo de alimentación artificial y verla morir lentamente de hambre? ¿O si ella le decía que creía que podría ser mejor madre si ella continuaba viva, aunque nunca se recuperara?
Era más de lo que podía soportar y Fate notaba que su mente empezaba a gritar: «¡Por favor, despiértate!». El eco parecía sacudir cada uno de los átomos de su cuerpo. «Por favor, amor mío. Hazlo por mí. Por nuestras hijas. Te necesitan. Te necesito. Abre los ojos antes de que me marche, mientras todavía hay tiempo...»
Y por un momento, le pareció ver un leve movimiento. Habría jurado que había visto que Nanoha se movía. Se quedó demasiado aturdido para hablar, pero, como siempre, la realidad se reafirmó con inclemencia y Fate supo que había sido una ilusión. En la cama, ella no se había movido ni un centímetro, y al observarla a través de las lágrimas, Fate sintió que su alma empezaba a morirse.
Tenía que marcharse, pero antes había una última cosa que debía hacer. Como todo el mundo, conocía el cuento de Blancanieves, del beso del príncipe que conseguía romper el maleficio. Eso era lo que pensaba cada día, cuando se iba a casa y dejaba a Nanoha, pero ahora era diferente. Era su última oportunidad. A pesar de su estado de desconsuelo, sintió una levísima esperanza ante el pensamiento de que, de algún modo, esta vez sería diferente. Aunque su amor por ella siempre había estado allí, la finalidad de ese beso no, y quizá la combinación constituía la parte que faltaba en la fórmula mágica. Se puso de pie y avanzó hacia la cama, intentando convencerse de que esta vez sí que funcionaría. Aquel beso, a diferencia de todos los otros, llenaría sus pulmones de vida.
Ella suspiraría en una momentánea confusión, pero se daría cuenta de lo que ella estaba haciendo.
Nanoha sentiría que ella le estaba insuflando vida. Notaría la inmensidad de su amor por ella y, con una desbordante pasión que la sorprendería, empezaría a besarla también.
Fate se inclinó más, su cara se iba acercando lentamente a la de Nanoha y podía notar el calor de su aliento mezclándose con el de ella. Cerró los ojos frente al recuerdo de mil besos más y rozó los labios de Nanoha con los suyos. Notó una especie de chispa y, de repente sintió que Nanoha respondía lentamente al estímulo. Nanoha era su brazo de apoyo en los momentos de apuro, Nanoha era el susurro en la almohada a su lado por las noches. Fate pensó que el hechizo estaba surtiendo efecto, sí, estaba funcionando..., y mientras el corazón le empezaba a latir aceleradamente en el pecho, finalmente se dio cuenta de que nada había cambiado.
Al retirarse, sólo le quedaron ánimos para trazar suavemente el contorno de su mejilla con un dedo. Con la voz entrecortada y ronca, apenas acertó a susurrar:
—Adiós, amor mío.
THE END...
Author's notes part 2: *Breaks down crying* Oh no! Poor Nano-chan, but especially poor Fate-chan and their daughters, Nano-chan paso a mejor vida y *Looks outside window and sees a very angry mob coming at me with pitchforks and torches* T^T bueno falta solo epilogue y ya acaba esta historia.
*Pardon me while I look for a corner to cry my eyes out.* *More gross sobbing*
Mi historia recomendada para el dia de hoy: "Why, or why not" escrita por Scarlet Fate.
Bonus Stories: "Wildfire" by amipiai Is in English but is really good.
"De princesas, magos y artes marciales mixtas" by Kihara CJ Una ternura total.
"Declaración" by Shirei-Kan Tambien me gusto mucho este one-shot.
Thanks so much for all your support.
