Author's notes: *Let me see, full body armour 'check' Gigantic shield 'check' Apologies... 'check'* *checks outside window and sees that the angry mob with pitchforks and torches are still outside* Hola todos les traigo una sorpresa, este es el verdadero chapter previous to the epilogue :P *Please refrain yourselves to kill me, threaten me o tirarme cosas* LOL! No se si no notaron pero el chapter anterior no tenia ni answers to your very lovely reviews or preivew y esta es la razon les queria dar una pequeña sorpresa. Y no el chapter anterior no es una broma de mal gusto.

WARNING: ( For me mostly...) Despues de que lean este chapter me van a querer asesinar, lo siento ah y este NO es el epilogue es solo una pequeña prueba de las cosas buenas que vienen.

Disclaimer: I do NOT own Mahou Shoujo Lyrical Nanoha and its characters, nor do I own the plot, the plot belongs to Nicholas Sparks and MSLN belongs to Masaki Tsuzuki.


Chapter 22

¿Hasta dónde debe llegar una persona en nombre del amor?

Fate continuaba dándole vueltas a la cuestión cuando aparcó al lado de su casa, aunque ya había tomado una decisión. Vio el coche de Alicia aparcado, pero a excepción de la sala, el resto de la casa estaba a oscuras. En esos momentos, no habría soportado entrar en una casa vacía.

Al salir del coche notó la dentellada del frío y se protegió cruzándose la chaqueta por encima del pecho. La luna todavía no había salido y las estrellas empezaban a brillar sobre su cabeza; si se concentraba, sabía que todavía podría recordar los nombres de las constelaciones que Nanoha le había señalado una vez. Sonrió levemente al recordar aquella noche. El recuerdo era tan claro como el cielo que se extendía sobre ella, pero hizo un esfuerzo para alejarlo de su mente, consciente de que no tenía fuerzas para hurgar en más recuerdos. Aquella noche no.

La hierba resplandecía con la humedad y prometía una tupida capa de escarcha durante la noche. Se recordó que tenía que sacar los guantes y las bufandas de sus hijas para no perder tiempo por la mañana buscándolos. Pronto llegarían a casa y, a pesar de su fatiga, las echaba de menos. Hundió las manos en los bolsillos y enfiló hacia los peldaños del porche.

Alicia se giró cuando la oyó entrar. Fate podía notar que ella intentaba leer su expresión.

Se puso de pie y se dirigió hacia ella.

—Fate.

—Hola, Ali. —Se quitó la chaqueta, y mientras lo hacía cayó en la cuenta de que no recordaba el trayecto de vuelta a casa en coche.

—¿Estás bien?

Fate necesitó un momento para contestar.

—No lo sé.

Alicia la rodeó con un brazo. Su voz era suave.

—¿Quieres que te traiga algo para beber?

—Sí, por favor, un vaso de agua.

Alicia parecía aliviada de poder ser útil.

—Vuelvo en un segundín.

Fate se sentó en el sofá y apoyó la cabeza en el respaldo, sintiéndose tan exhausta como si hubiera pasado el día en el océano, luchando contra las olas. Alicia regresó y le pasó el vaso.

—Ha llamado Vivio. Dice que se retrasará un poco. Alice ya está de camino.

—Gracias. —Asintió levemente con la cabeza antes de centrar la atención en el retrato de familia.

—¿Quieres que hablemos de ello?

Fate tomó un sorbo de agua y al hacerlo constató que tenía la garganta absolutamente reseca.

—¿Has pensado en la pregunta que te hice antes? ¿Sobre hasta dónde debe llegar una persona en nombre del amor?

Alicia consideró la pregunta por un momento.

—Creía que ya te había contestado.

—Sí. En cierto modo.

—¿Qué? ¿Me estás diciendo que mi respuesta no ha sido completamente satisfactoria?

Fate sonrió, agradecida de que Alicia todavía fuera capaz de hablar con ella de la misma forma que lo había hecho siempre.

—Lo que realmente quería saber era lo que tú habrías hecho si estuvieras en mi lugar.

—Ya sé lo que querías —la atajó ella, sin mostrarse del todo segura—. Pero... no lo sé, Fate. De verdad, no lo sé. No puedo imaginar tener que tomar esa clase de decisión y, con toda franqueza, no creo que nadie pueda hacerlo —resopló—. A veces desearía que no me lo hubieras contado.

—Probablemente no debería haberlo hecho. No tenía ningún derecho a cargarte con ese peso.

Alicia sacudió la cabeza.

—No lo decía en ese sentido. Sé que tenías que desahogarte con alguien y me alegro de que lo hicieras conmigo. Sólo es que me sentí fatal al saber lo que estabas pasando. El accidente, tus propias heridas, las preocupaciones por tus hijas, tu esposa en coma..., y, para colmar el vaso, tener que tomar una decisión acerca de si cumplir o no la voluntad de Nanoha. Son demasiadas penalidades para una sola persona.

Fate no dijo nada.

—He estado muy preocupada por ti —añadió Alicia—. Desde que me lo contaste, apenas he logrado pegar ojo por las noches.

—Lo siento.

—No te disculpes. Debería ser yo la que me disculpara. Debería haberme instalado aquí tan pronto como sucedió. Debería haber visitado a Nanoha más a menudo. Debería haber estado cerca cada vez que necesitaras hablar con alguien.

—No pasa nada. Me alegro de que no dejaras tu trabajo. Has luchado mucho por conseguirlo y Nanoha lo sabía. Además, has estado aquí muchas más veces de lo que habría imaginado.

—De verdad, siento tanto todo lo que estás pasando.

Fate deslizó el brazo alrededor de ella.

—Lo sé —dijo.

Juntas, se sentaron en silencio. A su espalda, Fate oyó que se encendía el piloto de la calefacción mientras Alicia suspiraba.

—Quiero que sepas que sea cual sea tu decisión, me tendrás a tu lado, ¿de acuerdo? Sé, más que el resto de la gente, cómo amas a Nanoha.

Fate se giró hacia la ventana. A través del cristal, podía ver las luces en las casas de sus vecinos brillando en la oscuridad.

—No he podido hacerlo —dijo finalmente.

Intentó ordenar sus pensamientos.

—Pensé que podría, e incluso había ensayado las palabras que diría cuando les pidiera a los médicos que le retirasen la alimentación artificial. Sé que eso es lo que Nanoha quería, pero... al final no pude hacerlo. Aunque me pase el resto de la vida a su lado en la residencia, todavía creo que es una alternativa mejor que pasarme la vida con otra persona. La Amo demasiado para perderla.

Alicia le dedicó una sonrisa apagada.

—Lo sé. Lo he leído en tu cara cuando has entrado por la puerta.

—¿Crees que he hecho lo que debía?

—Sí —contestó ella, sin dudar.

—¿Para mí... o para Nanoha?

—Para las dos.

Fate tragó saliva.

—¿Crees que se despertará?

Alicia la miró a los ojos.

—Sí. Siempre lo he creído. Las dos..., no sé, hay algo indescriptible en la forma en que se aman. Lo digo de verdad..., en cómo se miran, en cómo ella se relaja cuando apoyas la mano en su espalda, en cómo las dos parecen saber lo que la otra está pensando. Siempre me ha parecido extraordinario. Ésa es otra razón por la que sigo aplazando la decisión de casarme. Sé que quiero algo parecido a lo que ustedes dos comparten y no estoy segura de haberlo encontrado todavía. Ni tampoco estoy segura de si algún día lo encontraré. Y con un amor tan poderoso... dicen que todo es posible, ¿no? Tú amas a Nanoha y ella te ama, y no puedo imaginar un mundo en el que no esten juntas. Juntas de la forma que se supone que tienen que estar.

Fate asimiló lentamente sus palabras.

—Entonces, ¿cuál es el siguiente paso? —quiso saber Alicia—. ¿Necesitas ayuda para quemar el testamento?

A pesar de la tensión, Fate se echó a reír.

—Quizá más tarde.

—¿Y el notario? No vendrá a buscarte para denunciarte, ¿no?

—Hace años que no sé nada de él.

—¿Lo ves? Otra señal de que has hecho lo que debías.

—Supongo que sí.

—¿Y en cuanto a la residencia?

—La trasladarán la semana que viene. Así que tengo que decidirme por una.

—¿Necesitas ayuda?

Fate se dio un masaje en las sienes, sintiéndose terriblemente cansada.

—Sí, no me vendría mal.

—Oye, has tomado la decisión correcta. —Alicia la zarandeó levemente—. No te sientas culpable. Has hecho lo único que podías hacer. Nanoha desea vivir. Quiere una oportunidad para regresar junto a ti y tus hijas.

—Lo sé, pero...

Fate no pudo acabar la frase. El pasado quedaba atrás y el futuro aún era incierto. Además, sabía que tenía que centrarse en su vida en el presente. Sin embargo, el día a día se le antojaba, de repente, sin fin e insoportable.

—Estoy asustada —admitió finalmente.

—Lo sé —dijo ella, a la vez que lo abrazaba con fuerza—. Yo también estoy asustada.


Author's notes part 2: Yay! You did the right thing Fate-chan, don't worry. Me encanta la relacion que tiene las hermanas Testarossa in this story, they are so cute.

I really love Ali-chan, she is like my favorite character you know besides my Nano-chan and my Fate-chan.

Si les gustó mi ofrenda de paz? Yo se, yo se, I am very mean, very very mean, pero de verdad creen que con lo mucho que amo a Nanoha y Fate y mas aun con lo que amo a NanoFate yo seria capaz de adaptar algo tan triste. T^T Disculpen que otra vez no conteste a sus reviews pero quiero sacar este chapter lo mas rapido posible.

Mi historia recomendada del dia de hoy: "Mas alla de la magia" escrita por Rogue Devlin.

Bonus recommendation: "Blood: Lazos de sangre" escrita por NaYmCo

Hemos llegado al final, bueno casi, the epilogue is going to be last chapter of this lovely story, once again thanks so much for giving me all your support from the very beginning.

Epilogue preview...

—Es Griffith Lowran —anunció ella—. Dice que necesita hablar con usted.

—¿Puedes tomar nota del mensaje? —le pidió Fate, mirando al perro y a su dueño.

—Dice que no puede esperar. Es urgente.

Fate se disculpó con el cliente y le pidió a la empleada que acabara de atenderlos. Se dirigió hacia su despacho y cerró la puerta. En el teléfono destacaba una luz intermitente que indicaba que Lowran permanecía a la espera.

Ahora, rememorando aquel instante, Fate recordó que no estaba segura de qué esperaba oír.

Sintió, sin embargo, un siniestro presagio mientras se llevaba el auricular a la oreja. Era la primera vez —y la última— que Griffith Lowran la llamaba a la clínica. Intentó mantener la calma, entonces pulsó el botón.

—Hola, soy Fate Testarossa —dijo.

—Doctora Testarossa, soy Griffith Lowran —dijo el director. Su voz era sosegada y no denotaba ningún estado anímico en particular—. Creo que será mejor que venga ahora mismo a la residencia.

En el corto silencio que siguió, un millón de pensamientos atravesaron la mente de Fate: que Nanoha había dejado de respirar, que su estado había empeorado, que ya no quedaba esperanza.

En aquel instante, agarró el teléfono con los dedos crispados, como si intentara prepararse para lo que le iban a comunicar a continuación.

—¿Está bien Nanoha? —preguntó, con la voz entrecortada.

Hubo otra pausa, probablemente sólo un segundo o dos. Una pausa insignificante para cualquiera y, sin embargo, una eternidad para ella; así describiría después aquella pausa, pero al oír las dos palabras que sonaron a continuación, el teléfono se le cayó de las manos.