Disclaimer: Tengo que aclarar que los personajes no son míos, como todos saben, pertenecen a la mente prodigiosa de la Sra. Meyer. Yo solo juego con ellos, intentando que ese juego los entretenga a ustedes.
Este Fic está dedicado a mi hermana Carolina, mi mejor y mayor crítica, un ejemplo en mi vida, gracias por tus buenas ideas, eres "mundial" y te amo por eso y más.
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Capítulo 6
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Extrañándote
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…Ya van muchos días que no sé nada de ti
No ha sido fácil, no, me lo dices a mí
Que paso las noches sin que pueda dormir
Y te pienso, y te pienso, a cada instante te pienso
Y te extraño, y te extraño
Si tú supieras, cuánto te extraño…
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Te Pienso – Franco De Vita
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Sábado, medio día. Willis Tower –antigua Sears Tower–. Piso 87. Chicago
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Nunca antes había existido tanta angustia y pesar en la vida de Edward Cullen.
Y no es que la vida de Edward hubiera sido un lecho de rosas. Cuando se vive con la herencia de los Cullen y su estigma a cuestas, hay tantas rosas como espinas.
Hace más de 70 años, su bisabuelo un inmigrante irlandés ya había hecho famoso el apellido Cullen. A pesar de las crisis económicas, grandes edificaciones ya se creaban con la anuencia de la Corporación Cullen y ya pertenecían a la alta sociedad de la ciudad de Chicago.
Edward Cullen –luego conocido como Edward Sr.– nació en medio del crecimiento de las grandes empresas. Aprendió de su padre el trabajo duro, pues Declan Cullen pensaba que una educación privilegia debía retribuirse con gran empeño en el trabajo y fue así como Edward aprendió de vigas y concreto en sus veranos al mismo tiempo que aprendía sobre acciones y bonos el resto del año. Pero el trabajo duro estuvo siempre acompañado de las decisiones de Declan sobre todo –incluyendo los sentimientos– y cuando Edward fue emplazado por su padre para casarse, no le permitió elección alguna. Didyme Kana era la hija del mejor amigo de Declan, ambos dedicados al mismo oficio y con las mismas ambiciones. El matrimonio –por supuesto sin amor– dio sus frutos dos años después, Felix Cullen fue recibido con gran regocijo dentro de la sociedad de Chicago.
Pero como en todas las historias de dinero y desamor, Edward decidió que si no podía tener amor dentro de la opulencia, lo tendría en lo clandestino y fue así como conoció y se enamoró de Elizabeth Masen.
Elizabeth no pudo resistirse a los encantos de Edward y aun sabiendo que ocultaba parte de su vida, le entrego su amor hasta el último día de su vida.
Carlisle Masen fue presentado en los registros como hijo natural.
Aunque Carlisle conocía y amaba a su padre, nunca pudo comprender como se ausentaba grandes temporadas de casa sin explicación alguna, nada se sabía del trabajo que mantenía tan ocupado a Edward y nada se supo hasta que Elizabeth desarrollo un tumor cancerígeno y fue internada en una clínica privada para sus cuidados.
Por primera vez en toda su vida, Edward se enfrentó a Declan y dejo a un lado la dirección de sus empresas para velar a Elizabeth en su enfermedad. Pero quiso Dios, el Destino o las Grandes Fuerzas Invisibles que rigen el Universo que Elizabeth no sobreviviera. Y ella, que a lo largo de su vida junto a Edward jamás había pedido nada más que su amor, realizo una sola petición antes de morir "dale a nuestro hijo, a Carlisle, el lugar que le corresponde". Y fue así como a sus 15 años, Carlisle fue reconocido como un Cullen –produciendo el mayor escándalo que la familia Cullen hubiera realizado hasta ese momento– y llevado a vivir con Edward al 1547 N Dearborn Pkwy, en Near North Side 1*/*, la mansión familiar de los Cullen en Chicago.
Por supuesto, nada es tan sencillo, y nada lo fue para Carlisle Cullen a partir de ese momento. Aún en vida y después de la muerte de Declan, Edward quiso tratar a sus dos hijos de la misma forma y quiso también darles la mejor educación, por supuesto, pero Didyme –que despreciaba a Carlisle profundamente– se encargó de que "el otro hijo" fuera educado en los internados más prestigiosos, pero más estrictos de la época. Y desde aquellos tiempos solo se dedicó a vigilar estrictamente la vida de ambos hijos de Edward y dirigirla ella misma. Con el tiempo Didyme eligió una esposa "adecuada" para el primogénito de los Cullen y no dudo en hacer lo mismo para Carlisle, una esposa que garantizara que Carlisle siguiera bajo su mirada férrea.
Pero Carlisle no estaba de acuerdo con las pretensiones de Didyme, él había elegido a su pareja desde hacía mucho tiempo, una mujer que había conocido a su madre y que está ya adoraba desde que era niña. Y fue así como Carlisle Cullen desposo a Esme Platt.
Los planes frustrados de Didyme la enfurecieron y una vez más, como lo había hecho a lo largo de los años, trato de colocar a Edward de espaldas a su segundo hijo. Carlisle y Edward decidieron que lo mejor era que sus vidas separadas serían más adecuadas y que la pareja no volviera a pisar la mansión Cullen por el bien de todos, mudándose al 1217 E 54th St. 1*/* sin perder los privilegios y protección suficiente para que siguiera dirigiendo con eficacia muchos negocios de su padre. Y desde ese momento los Cullen de Hyde Park, como solían llamarse, intentaron construir su felicidad fuera de las influencias externas.
Edward –conocido por todos como Edward Jr.– nació a mediados del verano un año después del matrimonio y Alice vino dos años más tarde. Edward y Alice fueron criados en un hogar amoroso, Esme deseaba que la felicidad que Carlisle sintió mientras vivía con su madre también se recreara en su propia casa y eso lo habían logrado viviendo lo más alejados posible del resto de los Cullen, pero no fue suficiente…
Felix Cullen y su esposa Heidi murieron en un trágico accidente de auto una mañana de invierno, dejando a su hijo Demetri de 5 años al cuidado de sus abuelos. Didyme volcó todos sus mimos y todos sus recursos en criar y mimar a Demetri, convirtiéndolo de esa manera en el niño mimado de la sociedad de Chicago, cosa que irritaba profundamente a Edward Sr. y que no pudo evitar en su totalidad al morir cuando Edward Jr. y Demetri tenían 14 años.
Pero Demetri –al igual que Felix, su padre–, había muerto en un accidente de tránsito, dejando a su paso odio y resentimiento…
Edward dejo de pensar en su historia familiar cuando su mejor amigo Emmett McCarty entro en la oficina.
—¿Que sabes? —pregunto angustiado el chico cobrizo.
—Alistair está al teléfono, su compañero del FBI cree que tiene una pista pero es un tanto extraña —dijo Emmett pasando nervioso sus manos por su espeso cabello castaño.
—¿Extraño? ¿Más extraño que el hecho de que mi hija haya desaparecido de una mansión llena de cámaras de seguridad? —dijo Edward mientras su voz iba subiendo cada vez más—. ¿Más extraño que el hecho de que sus secuestradores solo dejaron una nota vaga, luego una simple llamada diciendo que volverían a llamar y no lo han hecho? ¿Más extraño que eso?
—Edward sé que esto no es normal, y sé que decírtelo no vale de mucho pero no, no sirve de nada perder el control.
—¡Ya no tengo control! —grito él aún más—, lo entiendes Emmett, tengo cinco días sin ver a mi hija, crees que no conozco las estadísticas, crees que no sé lo que le puede haber pasado a mi hija en este momento, aunque me niego a pensar en eso, allí esta… —una cachetada en la mejilla de Edward lo hizo callarse.
—Lo siento hijo —dijo Carlisle—. No puedo dejar que te desmorones así.
Edward se quedó mirando a su padre con sus ojos verdes muy abiertos y luego se desplomo en los brazos de este llorando desconsoladamente. Esme Cullen –que estaba en la misma habitación junta a Alice, la hermana de Edward–, abrazo a su hijo desde la espalda tratando de brindarle la tranquilidad que ninguno tenía.
—No puedo perderla, no puedo —dijo Edward en medio del llanto.
—Debemos tener fe hijo, por favor —le consoló Esme—. No la pierdas.
La habitación se mantuvo en silencio mientras lo único que se escuchaba eran los sollozos de los Cullen, llenos de desesperación. Un estruendo, una puerta que se abrió estrellándose contra la pared y un hombre de cabello oscuro entrando en la habitación fue lo que hizo que todos giraran sus rostros hacia quien irrumpía.
—Alistair —dijo Emmett.
—Creo que la encontré —dijo el hombre en la entrada.
Preguntas salieron de todos los que se encontraban en la habitación. ¿Dónde? ¿Está bien? ¿Quién se la llevo?
—Basta —grito Edward silenciándolos a todos—. Alistair, ¿dónde está mi hija?
—En Seattle.
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Mañana del Lunes. Casa Swan. Seattle
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La Casa Swan había tenido actividad desde temprano. Renée quería que todo en casa estuviera listo para cuando su "Muñequita" llegara. Ya en la cocina estaban lo ingredientes necesarios para la comida preferida de Tanya. Bella había sacado a Elizabeth de su cama hacia una hora. Sí, su cama. En el transcurso del fin de semana Renée Swan se las había arreglado para comprar un mobiliario completo para la niña que fue ubicado en la habitación de Bella, sin olvidar gran cantidad de juguetes infantiles y ropa que hizo a la niña reírse mientras abría uno y otro paquete. Charlie había dicho que el derroche y la locura habían invadido a su familia desde que Elizabeth había aparecido, pero fue él quien se dedicó a jugar con la niña mientras las mujeres Swan acomodaban todas las cosas dentro de la habitación.
—Hoy vendrá mi hermana —le dijo Bella a Elizabeth mientras la ayudaba con su desayuno en el salón comedor—. Te va a encantar.
Rosalie soltó una carcajada mientras Bella la miraba con muy mala cara.
—Es muy bonita, se parece a Rose —insistió.
—Lamentablemente tuvimos que compartir vientre, eso fue suficiente.
—¡Preciosa! —le advirtió su madre.
—No he dicho nada malo Mami —se justificó.
—No le hagas caso a Rose, Angelito —dijo Renée—. Cuando mi Muñequita llegue te llevaras muy bien con ella.
Rosalie rodó sus ojos y susurro:
—Roguemos por eso —para que solo Renée y Bella la escucharan.
—Dime Angelito, ¿te gusta Rose? —pregunto Bella.
La niña giro su rostro para ver a Rosalie y luego volvió a Bella y asintió varias veces.
—Tú también me gustas mucho mi bello Ángel —Rosalie respondió lanzándole un beso y la niña se ruborizo mientras reía.
—Bueno, si Rose te gusta también te gustara Tany, las dos tienen el cabello rubio como el sol, así como tú —le explico Bella.
—Jamás dejaras ese complejo —Rosalie rio.
—Ya lo supere —dijo Bella entre dientes, mientras movía la mano a su cabello.
—No, no lo has superado —se burló Rosalie.
—Niñas, niñas van a confundir a este angelito —dijo Renée tomando a la niña en brazos ya que había notado que había terminado con su comida.
Se dirigió a la sala y llevo a la niña hasta la repisa de la chimenea donde le mostró las fotos que ocupaban el espacio. Sus dos hijas se quedaron viendo a la pareja desde la entrada del comedor, ambas ansiosas por ver que haría su madre.
—Este es Charlie, ¿no es guapísimo? —dijo a la niña mientras mostraba la foto del matrimonio—. Y estas son mi Muñeca y mi Preciosa cuando eran niñas, ves su cabello es como el tuyo.
La niña contemplo la foto, ladeo su cabeza mirando a Renée y luego giro su rostro volviendo para mirar a Bella. Renée espero a ver si la niña pronunciaba alguna palabra, sin forzarla, como había dicho Kate y luego como vio que la niña no cedería siguió.
—¿Te preguntas donde esta Bella? —la niña sonrió a Renée y aplaudió con sus manitas mientras asentía—. Pues a mi Corazón aun no la había traído la cigüeña para estar con nosotros.
La niña frunció el ceño en señal de incomprensión mientras las hermanas ocultaban una risita detrás de su mano.
—Aquí hay otra foto, en esta estamos todos, Charlie, Tany, Rose, Bella y yo. ¿Te gusta? —la niña sonrió y asintió—. Esta otra foto es de mi Muñequita cuando termino sus estudios y aquí está mi Preciosa en esta otra y esta de mi Corazón. ¿Verdad que son bonitas mis pequeñas? —la niña asintió de nuevo y echo un vistazo de nuevo a la puerta del comedor donde las dos hermanas permanecían—. Y aquí está la bella Irina, ¿no es hermosa? Ella es el ángel que cuida a mis niñas desde el cielo.
Rosalie sonrió con ternura a la escena en el salón mientras Bella tomaba su mano.
—Es mi Mamá del cielo, así como aquí está mi Mami en la tierra —la niña abrió sus ojos ampliamente mientras miraba a Rosalie, quería preguntar, todos sabían, abrió su boca y volvió a cerrarla sin decir nada.
Bella dejo la puerta del comedor y entro al salón tomando a la niña en brazo y haciéndole mimos. Un sonido en un lateral del salón hizo que todos volvieran el rostro hacia allí. Una alta y hermosa mujer con cabello rubio fresa sonreía a todos en el salón.
—¿Me extrañaron?
Una muy emocionada Renée corrió a abrazar a su hija mayor mientras cubría sus mejillas con dos besos.
—Claro que te extrañamos, te fuiste mucho tiempo.
—Solo me fui dos meses Mami, no fue mucho —dijo Tanya a su madre.
—Muchos días, muchos —dijo mientras volvía a abrazarla.
Tanya miro a Rosalie que aún permanecía en la puerta del comedor.
—¿Me extrañaste Rubita? —Rosalie rodó los ojos, pensó que si no hubiera estado su madre con gusto le haría un dedito.
—No lo niegues, sé que me amas, ¿cómo no amarme? —dijo Tanya con suficiencia.
—Bienvenida Tany —dijo Bella desde su lugar al lado de la chimenea.
Tanya la miro con ojos entrecerrados, paso su vista de ella a la niña mientras Bella mantenía la sonrisa mirando a su hermana. La niña miraba entre Bella y Tanya sin saber que sucedía y fue cuando Bella le dijo algo en el oído a la niña y esta la miro asombraba mientras negaba con su cabeza. Bella volvió a decirle algo al oído mientras bajaba a la niña y le decía:
—Vamos, ya verás.
La niña volvió a mirar entre Tanya y Bella, sin que nadie en el salón supiera que era lo que estaba pasando y fue por la siguiente insistencia de Bella que se fue hacia Tanya y estiro sus brazos para que ella la abrazara.
Tanya abrió sus ojos sorprendida, pero no dejo a la niña allí sino que la tomo en sus brazos mientras la nena le daba un beso en su mejilla. El rostro de Tanya ya enternecido por la niña le sonrió con ternura y luego dijo:
—Así que aquí estas Burbuja.
—¡Burbuja! —dijo el resto de las mujeres del salón, mientras Tanya se deshacía en besos con la niña.
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1*/* Una vez más hago uso de mis búsquedas inmobiliarias por Google Map, si quieres ver algo de las Casas de las que hago mención pasa por mi perfil.
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Le comente a una amiga que había publicado hace semanas y ella me dijo que le parecía fantástico. Leyó un capi y me dijo "pide reviuw" y le dije que no. No es que no esté bien que te recompensen con ellos, porque he de confesar que cada reviuw que recibo me complace mucho. Es solo que creo que si recibes un reviuw es porque algo te inspiro a hacerlo. Debo confesar que soy una lectora silenciosa y hago exactamente eso, solo escribo cuando el capi me inspira a más no poder. Por eso es difícil pedir lo que no doy, es penoso.
Pero hice esta pequeña prueba a ver si la gente respondía y resulta que cada reviuw es genial.
Gracias por responder a mi pregunta, ahora sé que están allí.
Isabelmoon: No te dejo así, en este capi esta la respuesta a una de tus preguntas y con respecto al Jefe, ¿quién crees tú que será? ¿Quién es el malo o los malos en esta historia? Quiero que lo vayas descubriendo y cuando tengas una teoría, me la comentes. Y muchas gracias a ti por leer.
Lia: Espero que el capi calme en algo la espera de todo lo que viene.
Elena: A veces soy como tú, leo un primer capi y si me gusta dejo que pasen días o semanas y veo si la autora ha publicado un poco más para leer, porque las ansias de saber más me matan. He pensado en subir más de un capi por semana, pero no sé si pueda hacerlo. Eso sí, este Fic tiene principio y fin y no voy a dejarlas colgadas pues la historia será terminada.
A todas las chicas que han escrito antes: Gracias por estar allí Marieisahale, Phoenix1993 y Blankitapia que han sido fieles desde el principio ; )
Quiero agradecer a todos las lectoras silenciosas, soy como ustedes en la mayoría de los Fic, así que agradezco mucho que estén allí y que sigan conmigo.
También agradezco los Follows y Favoritos.
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