Disclaimer: Tengo que aclarar que los personajes no son míos, como todos saben, pertenecen a la mente prodigiosa de la Sra. Meyer. Yo solo juego con ellos, intentando que ese juego los entretenga a ustedes.

Este Fic está dedicado a mi hermana Carolina, mi mejor y mayor crítica, un ejemplo en mi vida, gracias por tus buenas ideas, eres "mundial" y te amo por eso y más.

Debo advertir que este capítulo tiene Lemmon, así que si hay mentes susceptibles prepárense.

Este pequeño juego que se presenta acá –ya verán– no es una invención mía, lo leí en una novela hace algún tiempo y me pareció un juego genial. Por supuesto que he hecho mis cambios, pero si alguien aquí lo reconoce es de allí de donde lo saque.

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Este capítulo extra es un regalo para Isabelmoon que no me dejo dormir con sus ojitos gayo shrek y para ustedes por todos sus reviuw, me alagan.

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Capítulo 8

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Beso de Buenas Noches

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But we don't need to rush this

Let's just take this slow

Just a kiss on your lips in the moonlight

Just a touch in the fire burning so bright

No I don't want to mess this thing up

No I don't want to push too far

Just a shot in the dark

That you just might be the one

I've been waiting for my whole life

So baby I'm alright, with just a kiss goodnight

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Pero no necesitamos acelerar esto

Vamos a tomarlo con calma

Solo un beso en tus labios a la luz de la luna

Solo una caricia al fuego que arde tan brillante

No, no quiero estropear esto

No, no quiero presionar demasiado

Es solo un presentimiento

De que tú podrías ser

La persona a la que he estado esperando toda mi vida

Así que nene, estoy bien con sólo un beso de buenas noches…

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Just A Kiss – Lady Antebellum

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Oficiales en uniforme rodearon ambos autos mientras los hombres y las chicas dejaban las armas en el piso. Un gran hombre de piel morena comenzó a dar órdenes de mantener retenidos a los tres sujetos mientras los tres gritaban vociferando palabras como "abuso de autoridad", "secuestro" y "estamos en el mismo bando". Luego el mismo hombre moreno se acercó a las hermanas anunciando que su padre había realizado varias llamadas durante todo el día para coordinar posibles operaciones de seguridad para ellas. A pesar de las protestas de las chicas al Sheriff Smitson –el hombre que dirigía al contingente policial– les ordeno que volvieran al auto y se dirigieran lo antes posible al Ferry que las transportaría a Seattle, contando con la escolta de dos patrullas. El Jefe Swan había sido específico en el cuidado y protección de sus hijas y el Sheriff Smitson no arriesgaría su puesto aquel día.

Los tres hombres del Lincoln fueron arrestados por la Policía Estatal mientras todos protestaban por la situación, el pelinegro que le había mostrado el arma a Tanya se identificó como miembro del FBI, pero los policías querían verificar sus credenciales antes de precipitarse. Burbuja se despertó en medio del revuelo y se puso nerviosa al ver a tantos extraños alrededor del auto. Bella trato de que la niña volviera a la calma pero no dejo de estar asustada después de ese momento. Rosalie hablo nuevamente con su padre quien ya estaba enterado de lo que había ocurrido –molesto porque sus hijas no hubieran acatado sus órdenes– le dijo que encontrara al oficial a cargo de las operaciones y este les aclaro que seguirían su camino escoltadas por un par de unidades. Cuando las hermanas trataron de protestar el oficial indicó que tenía órdenes superiores que debía obedecer –Charlie quería sacar a sus chicas de allí por supuesto– así que tuvieron que marchare custodiadas por dos patrullas hasta el embarque del Ferry en Bainbridge Island.

Ya embarcados Tanya también trato de comunicarse con Charlie pero él fue cortante cuando le dijo "Hablaremos en casa".

En el muelle de Seattle también las esperaban un par de patrullas que tenían órdenes de escoltarlas hasta su casa y Paul se había presentado junto con los oficiales que estaban en el puerto ya que se había enterado de todo cuando Charlie llamo a informarle a Renée y este estaba en casa esperando a las chicas.

Cuando llegaron al hogar de Kinnear Place, Renée las esperaba nerviosa en el salón. Inmediatamente tomo a Burbuja de los brazos de Bella y la abrazo preocupada porque la niña hubiera pasado un mal momento.

—¿Cómo estas mi angelito? —pregunto sin obtener respuesta mientras la niña la miraba. Renée miro al resto de sus hijas que entraban al salón con un dejo de reprobación, mientras seguía haciendo mimos a la niña—. ¿Te gusto el paseo? ¿Y el bosque?

Bella recordó que la niña había hablado en el Prado y quiso darle las noticias a su madre y a Paul.

—Le encanto, ama las mariposas —y la niña miro y le sonrió—. Le gustan tanto que las llamaba, las "llamo", entiendes Mami.

—Oh, My God, ¿hablas en serio? —pregunto Paul.

Renée abrió sus ojos azules mirando a su hija y luego se dirigió a la niña.

—¿De verdad? ¿Y de que colores eran las mariposas?

La niña no volvió a contestar y Renée se giró hacia Bella con su rostro mostrando el interrogante. Bella solo negó y su madre suspiro en entendimiento.

—Bien… Su Padre acaba de llamar, dijo que "ellos" iban a ser trasladados al Cuartel General, hay una serie de cosas que él debe resolver antes de venir a casa. Puede que no vuelva esta noche.

—Entonces me voy al Cuartel —dijo Tanya.

—Ningún te vas, tu Padre dio órdenes de que se quedaran aquí y de ustedes dos dijo expresamente, que deben quedarse aquí.

—Pero Mami, no hicimos nada, solo salimos del auto por curiosidad… —trato de convencerla Tanya.

—Nada, su Padre realmente está molesto y después de lo que él me dijo, ustedes dos, ¿cómo es posible? Pudo haberles pasado cualquier cosa y ustedes buscan más peligro. La niña estaba allí, ¿no pensaron en eso? —dijo Renée con su voz llena de preocupación.

Tanya y Rosalie bajaron sus rostros avergonzadas. Para las gemelas Renée era su madre en todo el sentido de la palabra, jamás había hecho diferencias entre ellas y Bella, las había criado en un hogar amoroso y les había inculcado su amor a la familia y el respeto hacia los demás. A pesar de haber permanecido casada con Charlie casi tanto como los años de vida de las gemelas, Renée odiaba el peligro que corría su esposo día tras día en su oficio y más que nada Renée odiaba las armas y sus hijas lo sabían.

—Lo siento Mami —dijo Rosalie.

—Sí, también lo siento, no pasara de nuevo —afirmo Tanya.

Renée suspiro y su rostro volvió a parecer el rostro amable que sus hijas conocían. Burbuja había mantenido su cabeza en el hombro de Renée y esta noto que la niña descansaba todo su peso en ella.

La niña estiro su manita a la mejilla de Bella haciendo que ella la mirara de frente mientras su otra manita colocaba un objeto imaginario en la boca de "Pulpi".

—¿Que tiene Pulpi? —la niña insistió en mostrar su manita dándole algo a su boca y Bella y Renée se miraron a los ojos comprendiendo sus señales—. Mmmm, ¿será que Pulpi querrá alguna de las galletas de Mami Renée? —la nena esbozo una gran sonrisa en su rostro mientras afirmaba una y otra vez con su cabecita.

—No comió demasiado en el Ferry. ¿Crees que le hará mal? —pregunto Tanya a su madre.

—No creo, hoy es un día atípico —dijo Renée—. Vamos cariño, te daré algo rico corazón.

La niña no dejo de sonreír ni de mover su cabeza de manera positiva, mientras Renée se dirigía a las escaleras.

—Ella está agotada, la llevare arriba a darle un baño y tal vez unas galletas y un poco de leche le hará bien —dijo Renée antes de subir las escaleras con la niña.

Rosalie y Tanya se desplomaron en el sillón del salón mientras Bella y Paul se miraban a la cara y fueron hasta la cocina y buscaron detrás de un grupo de envases una botella de whisky –era el whisky escocés exclusivo de Charlie, pero sus hijas sabían el lugar secreto donde lo guardaba– sirviendo entre ambos cuatro vasos, dos de los cuales entregaron a las gemelas. Hicieron señas y todos bajaron al sótano de la casa donde los cuatro apuraron rápidamente sus bebidas mientras suspiraban por los acontecimientos del día.

—Ahora sí, nenas quiero saberlo todo, all, tutto, tous y no ese cuento de Starsky y Hutch 1*/* que le han contado a su Madre.

Rosalie miro a su amigo y sonrió, él siempre aligeraba todo con cosas como esas.

—¿Starky y qué…? —pregunto Bella.

—Dios niña, tienes que ver los Canales Retro, es urgente —le dijo Paul—. Y ustedes dos, no creo que ninguna de las dos se quedara allí esperando que los poli actuaran, ¿O no?

—Día largo amigo —le dijo Rosalie.

—Darling, soy todo oídos.

Una hora después las chicas Swan habían contado a Paul todo cuanto hicieron en su viaje, hasta el momento que se encontraron con él en el puerto, incluyendo el incidente con los tres hombres, todo sin la censura que aplicaron a la historia contada a Renée.

—¡Oh My God! ¡Están Locas! ¡Crazy! ¡Pazzo! ¡Verrückt! —se horrorizo Paul.

—Otra vez los idiomas, por favor no —negó Bella con su cabeza.

—Son ambas unas inconscientes, enfrentarse asiiiiii, y si todos hubieran estado armados y si las hubieran atacado, eran tres, TRES y si "esta" —dijo señalando a Tanya—, dice la verdad, eran dos gorilas, ¿en qué pensaban?

—Mi querido Paul —dijo Tanya con su mejor voz irónica—. "Esta" sabe cuidarse y sabe cuidar de los suyos.

—Pero estaban armados —le replico Paul.

—Yo también tenía un arma —dijo Tanya.

—Y yo, así que no exageres Paul —dijo Rosalie sin querer levantar la voz.

—Oh. My. Good, esto ha sido de lo más emocionante, sus vidas estas de miniserie últimamente —dijo Paul.

—Tenemos que saber quiénes eran esos hombres, yo… no estoy tan segura de que estén involucrados en algo —intervino Rosalie.

—¿Cómo estás tan segura? —pregunto Bella.

—No sé… —volvió a replicar Rosalie—. Ellos no parecen ser criminales —Tanya levanto una ceja y la miro intensamente—. No estoy segura de nada en este momento.

—Perfecto, ¿te parece que este sea el momento en que me digas que también tenías un arma contigo? —dijo Tanya.

—Aquí la aspirante a policía era otra, para que poner más tensión en los hombros de Mami diciéndole que otra de sus hijas le gustaban las armas —se defendió Rosalie.

—Increíble que me hayas escondido esto Rubita.

Paul y Bella estaban en los extremos del salón en el sótano sin atreverse a moverse mientras las dos hermanas discutían.

—Cuantas veces tengo que decirte que no me llames Rubita. Ambas somos rubias Tanya. ¿Cómo es que yo soy "Rubita" y tú no?

—Porque en mi parece natural y hermoso —dijo Tanya muy pagada de sí misma.

—¿Y yo no me veo natural y hermosa? —pregunto Rosalie indignada.

—No tanto como yo, Rubita.

—Eres insoportable lo sabes. No olvidare esto, y te la devolveré, lo veras.

—Aaaaa olvidar, olvidar, podre olvidar el arma, pero no me olvidare lo que has hecho hoy Rubita y creo que esa es la razón de tus dudas —dijo Tanya señalando con uno de sus dedos a Rosalie.

—¿Qué? Yo no he hecho nada.

—No, no has hecho nada, no le quitabas los ojos de encima a aquel gorila.

—¿Qué? Nooo. ¿Qué dices? Por favor, si ese hombre no dejaba de mirarte todo el tiempo —dijo Rosalie indignada de nuevo.

—No, no, no hablo del gorila pelinegro, aunque bueno, nadie lo puede culpar de no poder dejar de mirarme —dijo muy complacida de sí misma—. Me refiero al gorila castaño. ¿De dónde es que lo conoces?

—Yo… no… es solo un conocido —respondió nerviosamente Rosalie.

—Conocido mi culo —dijo Tanya—. Sueltas la sopa ahora mismo Rubita, palabra por palabra.

—Esto no me lo pierdo —dijo Paul—. Ven Bella, esta vez ella soltara todo —tomo asiento delante de las hermanas esperando por la explicación de Rosalie. Mientras Bella rodaba los ojos, sabía bien que no había secretos entre las Swan –incluidos Paul y Kate– pero se preguntaba si Rosalie sería capaz de decir por fin donde pasaba aquellas noches misteriosas.

Rosalie balbuceo, buscando las palabras precisas para poder explicar cómo era que conocía a Emmett y donde.

—Sueltalooooo —insistió Tanya.

Rosalie estaba atrapada y lo sabía, había ocultado esto por algún tiempo, no había podido evitarlo, quien iba a poder resistirse a ese imponente cuerpo. Se preguntaba qué dirían sus hermanas si supieran que estaba perdiendo la cabeza por un hombre que apenas conocía.

Suspiro sonoramente, resignada a contarlo todo.

~0~

Diez meses atrás una muy solicitaría Rosalie Swan pensaba en cuantos gatos habría de comprar cuando fuera una vieja solitaria y amargada. Su madre solía decir que exageraba, pero tenía 27 años para ese momento y lo más cercano que había tenido a una relación duradera había sido Royce King, Royce… su mayor fracaso de vida se podría decir. Royce era la 5ta. generación de policías que habían prestado sus servicios en la ciudad de Seattle, lo conoció poco después de su graduación universitaria y quedo deslumbrada por su porte y su actitud tan segura.

A pesar de que toda la familia creía que era Bella la que formaría una familia lo más pronto que le fuera posible, era Rosalie quien siempre había soñado secretamente con un matrimonio feliz e hijos que corrieran por doquier en su propia casa. El ejemplo de un matrimonio amoroso había vivido a su alrededor durante toda su vida. Jamás había conocido a su verdadera madre, o por lo menos no la recordaba, pero conocía del amor que había existido entre ella y su padre. Y más aún, el matrimonio de Renée y Charlie demostraba que el amor verdadero tocaba a tu puerta, tal vez no una sino varias veces, si lo dejabas entrar.

Y Rosalie creyó alguna vez que Royce King, era el amor verdadero.

Pero a pesar de los ejemplos de amor, su experiencia de vida había dejado a Rosalie casi… casi… casi convencida de que la última generación Swan no tendría suerte en el amor, no después de algunas historias vividas o poco conocidas. Y que el amor parecía tener un precio muy alto que ni ella ni sus hermanas tenían con que pagar, mientras que el desamor era repartido con ligereza.

Y Royce solo fue, en este caso… su muestra gratis.

Royce había logrado con su actitud que ninguno de los amigos que alguna vez habían tenido en común se giraran a mirarla, o si lo hacían no fuera con intenciones de formar la familia con la que en algún momento soñó.

Desde que habían terminado su relación prefirió añadir a su "reputación" el epíteto de "perra insensible", antes que el de "puta" que Royce se había encargado infamemente de divulgar.

Así que sus opciones de amigos o conocidos habían mermado hasta casi colocarse en cero. No podía considerar a Paul un amigo, él era simplemente "su mejor amiga", no era lo mismo. Y relacionarse con alguno de sus antiguos conocidos era algo con lo que Rosalie no estaba dispuesta a lidiar, no con todo ese grupo de cretinos.

Pero una chica tiene necesidades y en el caso de Rosalie unas que por un tiempo habían sido muy olvidadas.

Pero eso había cambiado exactamente diez meses antes.

Un congreso en el Fairmont Olympic Hotel, fue el principio del término de su "sequia". Al culminar con todas las sesiones de los expositores, pensaba irse a casa, pero la lluvia torrencial que se cernía sobre la ciudad la hizo cambiar de opinión y decidió terminar el día bebiendo algo.

El restaurant del hotel estaba lleno en su totalidad. Dio un vistazo a las mesas y no ubico ninguna vacía. Estresada a más no poder Rosalie termino el día sentada en la barra del The Terrace, tomando la copa que suponía acabaría con sus molestias del día. Fue cuando consumía su segundo Apple Martini cuando sintió la mirada de alguien.

Su sueño personal se hizo realidad cuando Rosalie levanto la vista de su trago aquella noche. Él era el sujeto más perfecto que sus ojos hubieran visto.

Había tenido novios cuyo físico no estaban mal, no es que fuera muy frívola en ese sentido, pero nunca le habían gustado los chicos delgados. Había algo en los chicos fibrosos que enviaba la mente de Rosalie a volar a la estratosfera, sin que ella hubiera dado permiso a su piloto automático de volar.

Royce no era un ejemplo de eso, era alto, atlético, pero no había sido el hombre que le llamara la atención a primera vista, fue más la cotidianidad de la relación de su padre con la policía que los había hecho coincidir en más eventos de los que ella pudiera imaginar y no el hecho de que él la hubiera deslumbrado desde la primera vez. Nunca paso algo como eso.

Pero el hombre que había sonreído a Rosalie aquella noche hace diez meses, era todo con lo que Rosalie podía haber soñado alguna vez. Alto, fibroso, con cabello castaño claro. Sus ojos azules la impresionaron de tal forma que sintió que no podía despegar su mirada de él. Un saludo, un guiño, el coquetear por media hora, a parte de la falta de anillo de compromiso o boda en las manos de él –o marca alguna que le hiciera pensar que se los había quitado por esa noche–, fue suficiente para que Rosalie siguiera considerando comprar la camada de gatos a los 40, pero no para creer que llegaría a aquella edad sin que su cuerpo se mantuviera complacido.

Aunque ¿sexo? No, Rosalie no solo necesitaba sexo, o no era eso lo que habían sido sus experiencias. Rosalie siempre se había preguntado algunas veces si era una de esas mujeres para las que el sexo no era satisfactorio. La palabra "frígida" le parecía fría e impersonal y odiaba pensar en que su propia vida llevaba esa etiqueta colgada como adjetivo descriptivo.

Rosalie siempre había valorado más lo que sentía por una persona que lo que esta le hacía sentir. Una buena conversación con un hombre inteligente, la calidez que conllevaba una compañía agradable, era más satisfactorio para ella que la nerviosa o impotente sensación que siempre había estado con ella cuando su piel desnuda tocaba la piel de quien fuera su pareja.

Ella no extrañaba el sexo, para nada, extrañaba la compañía.

Y esa noche extrañaba la calidez, el jugueteo, ese cosquilleo que la hacía sentir ser admirada por el sexo opuesto.

Unos minutos más tarde una copa se materializo delante de ella.

—No pedí nada más —dijo al Bartender.

—Es de parte del caballero del final de barra —Rosalie giro su cabeza una vez más hacia su adonis personal y este le mostró una sonrisa que le permitió ver pequeños hoyuelos que se formaron en sus mejillas y que la hizo sonreír a su vez mientras tomo la copa y brindo para él.

Un segundo después el desconocido estaba de pie a su lado arropándola con su presencia.

—¿Puedo acompañarte? —dijo él.

—Por supuesto, hay una noche fría allá fuera, creo que todos buscan refugiarse.

—Sí, pensaba salir, pero no me arrepiento, si lo hubiera hecho no te hubiera encontrado. Y me hubiera perdido de mirar los ojos más hermosos que hubiera visto nunca. ¿Son violeta?

Rosalie se sonrojo por el cumplido y sonrió.

—Algunos piensan eso, lo seguro es que es una herencia familiar.

—Buena familia entonces la que tienes. Por cierto, soy Emmett, estoy a tu servicio.

—Soy Rosalie. No eres de por aquí, tu acento es distinto, ¿de dónde eres?

—No, solo he venido por negocios —le dijo él. Rosalie no dejo pasar el hecho de que no había dicho de donde era.

—¿Y han ido bien los negocios?

—Geniales, no me puedo quejar.

—Entonces, eso quiere decir que te irás pronto, ¿no? —pregunto curiosa.

—Sí y no, los negocios serán permanente de ahora en adelante así que podría venir a la ciudad más frecuentemente.

—Te encantara Seattle, no solo son días de lluvia y negocios, hay muchos lugares realmente hermosos.

—Qué casualidad estaba pensando que esta ciudad debía tener un montón de lugares donde distraerse. ¿Te gusta distraerte Rosalie?

—Un amigo me dijo hace poco que debía distraerme, estoy tratando de seguir su consejo —pensó en Paul, él le había dicho que su periodo de abstinencia estaba llegando a sequía patológica.

—¿Y "distraerte" es el mismo "distraerte" de todos o implica algo más?

—¡Bingo! Allí esta, ustedes los hombres no pueden pensar en algo más que no sea sexo.

—No sé —dijo él—. ¿Hay algo más importante en lo que deberíamos pensar?

—No lo sé, la cura del cáncer, la manera de transformar la economía mundial, salvar la selva tropical.

—Y se supone que todo eso es más interesante o entretenido que el sexo.

—En realidad creo que el sexo está sobreestimado.

Él la miró sin comprender exactamente lo que ella quería decir. Para él no estaba sobreestimado y no entendía cómo Rosalie podía pensar algo así.

—¿Sí?

—Sí.

Él sintió curiosidad, y no pudo evitar preguntar:

—¿Por qué piensas eso?

—No soy virgen —dijo a modo de defensa—. He tenido relaciones sexuales, y sinceramente, nunca he experimentado nada que valga la pena.

Él se preguntó quiénes serían esos hombres que la habían decepcionado.

—Tal vez no lo hayas hecho con la persona adecuada.

Rosalie sintió que sus palabras recorrían su columna vertebral provocándole un cosquilleo en todo el cuerpo. Se preguntó si una aventura de una noche entre las sábanas con él la harían pensar diferente, para luego caer en cuenta que no lo sabría nunca. Pero la idea era suficiente para provocar aquel calor intenso en su vientre.

Rosalie carraspeó y dijo:

—Créeme, dos chicos me bastaron. Puedo comprender la inexperiencia de personas casi adolescente, pero hace años tuve una relación, y no me hizo cambiar de parecer.

Él se reclino hacia atrás en la silla.

—¿Hace años? ¿Cuántos años?

—Tres años, casi cuatro.

—¡¿Hace casi cuatro años que no tienes relaciones sexuales?! —preguntó él, sin poder creérselo.

Rosalie levantó la barbilla, preguntándose cómo es que había compartido algo tan íntimo con un desconocido. Pero de todas formas, contestó:

—Sí, así es.

—Y si yo te dijera que la experiencia puede ser distinta.

—Y si yo pensara que lo que quieres es sexo casual y nada más.

—Veras Rosalie, yo también fui un chico adolescente calenturiento como todos, no lo negare y tampoco negare que por una razón u otra —Rosalie noto como una breve arruga se formaba en su frente cuando lo dijo—. He llegado a tener mi cuota de experiencia. Y gracias a eso puedo decir que algunos hombres, como yo, disfrutan de brindar satisfacción a sus parejas antes que a ellos mismos. Es más puedo decirte con mucho conocimiento que no necesite acostarme con una chica para hacerla pasar una buena experiencia conmigo.

—Eso suena a otra historia para que las chicas caigan —le dijo Rosalie mirándolo a los ojos.

—Puede que sea el caso de muchos, pero no el mío.

—¿Vienes con garantía Emmett? —pregunto ella con humor.

—Bueno, aún no he firmado ninguna, pero no he conocido a ninguna chica que se haya quejado en ese aspecto.

—¿Y crees que no me quejare?

—Tú decides —le dijo Emmett tendiéndole la mano—. Puedo decirte adiós, darte un simple beso y desearte "Buenas noches" o puedes tomar el riesgo

La invitación era clara. Rosalie podía despedirse cordialmente e ir a casa, nada cambiaría en su vida por eso. Pero Rosalie se preguntó, ¿qué pasaría si ella tomaba el riesgo?

Un segundo después Rosalie tomo temblorosa la mano de Emmett, él noto sus nervios y le sonrió, prometiéndose a sí mismo que ella no se arrepentiría.

~0~

Emmett la llevo hasta el lobby y hacia los ascensores sin decir nada más. Ninguno de los dos estaba dispuesto a pensar en un futuro, no hubo más preguntas, no hubo promesas y mucho menos apellidos, ellos solo fueron conscientes de sus propias necesidades físicas y para eso no necesitaron ningún tipo de compromisos.

Emmett no sabía que pensar ahora de la chica que tenía frente a él. Era hermosa, más que hermosa. Al principio pensó que sus ojos eran azules, pero no, "precioso violeta" los describía mucho mejor. Su cuerpo era esbelto y sospechaba que esa cabellera dorada seria suave a su tacto. Él no era de esos que solo se fijaba en el físico, aunque no era ciego por supuesto. Pero ella tenía algo, no sabría explicar qué.

Esta atracción magnética jamás le había pasado a Emmett, este deseo intenso de estar al lado de una chica. No era por ser egocéntrico, pero jamás le había faltado compañía femenina. Era él quien las había eludido después de la mala experiencia del pasado. Pero eso que lo hizo fijarse en esta mujer en cuanto entro al bar era algo que no había experimentado.

¿Y que era esto de que no disfrutaba del sexo? ¿Jugaba para el otro equipo? Entonces porque coquetear con él.

No, era algo más, una vez más se preguntó qué clase de imbéciles se habían cruzado en el camino de esta belleza para que haya llegado a esas conclusiones.

Rosalie miro al hombre que se encontraba junto a ella y por un momento dudo. Era tan extraño sentirse tan cómoda con un perfecto extraño. Uno al que ya le había dicho cosas tan intimas que no le había contado a nadie. Y que si ese hombre era un loco, algún depravado y ella estaba cayendo en una trampa atroz.

No, no podía ser, ella siempre había pensado que era buena para juzgar a la gente. Pensó una vez que era una característica Swan, algo que ayudaba a su padre en su trabajo y a ella la había ayudado en su vida. Pocas veces se había equivocado con alguien, Royce era una prueba de ello, se convenció a si misma que él y sus amigos eran adecuados para dejarlos entrar en su vida, debió seguir sus instintos en esa ocasión.

Y eran sus instintos quienes le decían que podía confiar en Emmett, un desconocido, sí. Pero Rosalie había sentido una conexión con él en esos pocos minutos, más de lo que había sentido por mucha gente a lo largo de su vida.

Emmett abrió la puerta de la Suite Cascaide y dejo espacio para que Rosalie pasara, ella exhalo un suspiro y entro a la misma. La habitación era magnifica, pintada con tonos palo rosa, blanco y rojo vino. Había un escritorio de madera con dos cajoneras angostas, silla ejecutiva, una lámpara, y un teléfono sofisticado que daban a una ventana. Cada uno de los dos ventanales estaba cubierto con cortinas de motivos florales y una cortina interior fina blanca y transparente. Había un armario, un televisor gigante, y luego la cama. Era una cama de dosel inmensa, a los pies tenía un asiento alargado, y a un lado un sillón naranja con rayas blancas y con un puf para colocar los pies. Era una habitación muy cómoda. Los amplios ventanales daban una vista de la ciudad, afuera la lluvia se había desatado y ambos pudieron escuchar los truenos y el sonido de las gotas que chocaban contra las ventanas de la habitación.

Rosalie miro hacia la lluvia y se estremeció.

—¿Estás bien?

—Es la lluvia… los truenos… cuando era niña me daban pesadillas… Algunas veces lo siguen haciendo.

Él la miro intensamente y le susurro.

—No hay nadie que calme tus miedos a los truenos en esas noches.

—No, ya te he dicho que no ha habido alguien en mi cama en mucho tiempo.

—Eso debería cambiar no te parece —dijo él, con una sonrisa en sus labios. Una sonrisa que estremeció a Rosalie de pies a cabeza.

El cielo se estremeció con la intensidad de un trueno, igual al estremecimiento que sentía Rosalie en aquel momento.

—Tal vez tengas razón... —ella asintió.

—Tal vez solo es cuestión de que se lo digas a la persona adecuada —dijo él.

—No hay muchos candidatos.

—Mmmm lo dudo, dudo que conozca a algún hombre que no quiera proponerte pasar todas las noches en su cama.

—¿Algún hombre? —ella pregunto.

—Yo soy un ejemplo de ello —dijo él, volviendo a mostrar aquella sonrisa.

—Tendrás que ser tú quien lo proponga...

Se produjo un silencio entre ambos hasta que él acortó la distancia que los separaba y se detuvo frente a ella, mirándola. La deseaba, mucho.

—Eso estoy haciendo...

Ella solo sonrió.

Le gustaba todo de Rosalie: su sonrisa, su cuerpo, su mente. Sacudió la cabeza. Se concentró en lo que quería y lo que quería era a Rosalie. La deseaba.

Le había dicho que no se acostarían, pero eso no significaba que no quisiera volverla loca mientras esto no sucedía... Llevarla hasta el límite, hasta que no pudiera aguantar más.

—¿Confiarías en mí, Rosalie?

Rosalie sintió una opresión en su estómago mientras trataba de tomar una decisión, no era una sensación desagradable, solo eso raro que la gente decía, eso de las mariposa revoloteando, Dios, debía dejar de releer el borrador de la última novela que había escrito su hermanita.

—Sé que es una locura confiar en alguien que apenas conozco, pero inexplicablemente confió en ti, ¿Crees que estoy loca?

—No, no creo, pero si lo estuvieras, te prometo una maravillosa locura.

Eso la hizo sonreír.

Y entonces, sin perder tiempo, él la abrazo y con un movimiento rápido se movió en dirección a la cama.

—Espera... Tú dijiste que no nos acostaríamos... —él la miró.

—No vamos a hacer nada, no te preocupes, solo quiero que tú y yo juguemos un juego —ella se sostuvo de su chaqueta para sujetarse ya que él caminaba muy rápido.

—¿Un juego?

—Sí. Vamos a llamar a este juego "Alto, Libre".

—¡Oh!

Él sonrió pensando en las posibilidades mientras finalmente quedaban al pie de la cama. La miró fijamente y suspiro al ver una mirada de duda en el rosto de ella.

—¿Cambiaste de opinión? —preguntó, decidido a respetar sus dudas.

La deseaba, sí, pero en esta noche su deseo iba más que a eso, él quería enseñarle lo maravilloso que era compartir el placer.

Rosalie lo miró mientras él se alejaba un poco de la cama de camino a la puerta, intentando no perder su mente en la maravillosa vista de los muslos de Rosalie.

—No. No he cambiado de opinión.

—¿Estás segura?

—Sí.

Él se alejó de la puerta y se acercó junto a los pies de la cama.

—Entonces, te contare sobre nuestro juego —dijo él, quitándose la chaqueta y dejándola en una silla—. Desde el principio yo tendré vía "Libre", así puedo hacer todo lo que quiera hacer. Pero si en algún momento te sientes presionada, abrumada, o quieres que pare, bastará con que digas "Alto", ¿de acuerdo?

Ella asintió lentamente. En realidad, lo único que comprendía era lo bien que se veía él allí delante de ella, junto a la cama y sobre todo como era evidente lo excitado que estaba por ella. Rosalie se preguntó qué estaría ganando él con este juego.

Como si él hubiera adivinado lo que estaba pensando, dijo:

—No se trata de mí. Se trata de ti. Yo puedo manejar las cosas... Y cómo lo haga es cosa mía.

—¿Y yo no puedo averiguarlo? —preguntó ella. Él se rió.

—Sí… algún día.

Él se acercó a la cama y apoyó una rodilla. Acercándose a ella y estrechándola en sus brazos, mientras le susurraba:

—Libre —bajando su cabeza y besándola.

En el momento en que su lengua entro en la boca de Rosalie, un deseo ardiente se apoderó de él. Nunca había deseado a nadie como la estaba deseando a ella, con fervor y desesperación. Mientras la besaba se sintió feliz al ver que ella se lo devolvía con la misma pasión. Aquello lo excitó más aún.

De pronto, ella dejó de besarlo y dijo casi sin aliento:

—Alto —él se le quedo mirando—. Solo tenía que respirar... —le explicó. Él no dijo nada, pero siguió mirándola. Vio cómo su lengua salía al contacto de sus labios después de tomar aliento.

—Libre —dijo Rosalie.

Volvió a besarla y tiró de ella hacia arriba apretándola contra su erección. Él quería que la sintiera y con ello todo lo que ella estaba causando en él. Acaricio su trasero así como sus muslos y después deslizo sus manos lentamente por sus piernas. Quería tocarla, pero tenía un pantalón muy ajustado que se lo impedía.

Él se echó atrás y dijo:

—Alto —sonrió al escuchar el gemido de frustración de Rosalie—. ¿Puedo quitarte la blusa y el pantalón?

Rosalie lo miró y se derritió ante la mirada de él.

—Libre —respondió.

Él casi se quedó sin aliento. Rosalie le daba vía libre para seguir adelante, y él iba a intentar aprovecharlo.

Se inclinó hacia ella y le quitó la blusa con rapidez, luego la tiró. Rosalie se quedó con el torso desnudo, a excepción de un brassier negro. A él se le hizo la boca agua al imaginarse sus pechos. Pero él era un hombre de palabra, y le había dicho que la dejaría decidir a ella. Si no se quería quitar el brassier, probaría sus pechos sin quitárselo.

Miró sus pantalones, extendió la mano, y cuando ella levantó las caderas, se los quitó. Tenía braguitas de encaje negras. Nunca le había gustado tanto la ropa interior negra como en aquel momento. Tiró los pantalones junto a la blusa. Luego, de rodillas se inclinó hacia ella y levantó su brassier.

Rosalie se estremeció, pero no se quejó. En aquel momento él no habría podido quitar la vista de sus pechos aunque alguien hubiera gritado "¡Fuego!".

Tuvo que controlar su respiración. ¡Rosalie tenía los pechos más hermosos del mundo! Eran firmes y cabían perfectamente en su mano, cosa que Emmett adoro.

—¿Sigue la vía libre? —preguntó seductoramente.

—Sí.

El aroma en la habitación había cambiado, ahora era pesado y almizclado, haciendo que Rosalie se estremeciera por todo aquel contacto. Afuera la lluvia seguía cayendo entre trueno y relámpagos de la misma forma que Rosalie pensaba estaban estallando dentro de ella. Había algo en él que la llevó a entregarse por entero. Aunque tenía un poco de miedo, no podría haberse apartado de él aunque quisiese.

Emmett se acercó agarrando sus pechos. Trazó círculos con la punta de su dedo en el rosado pezón. Primero uno, luego el otro. La oyó respirar profundamente. Y eso lo excitó más. Se inclinó levemente y capturó un pezón entre sus dientes. Luego se lo acarició con la lengua para excitarla más.

Rosalie apretó la mano en un puño al sentir un placer que jamás había sentido. Apenas podía permanecer en la cama, con todas aquellas sensaciones que él le estaba produciendo. Tomaba uno y otro pecho, jugaba con su pezón, se los metía en la boca, la torturaba con su lengua...

Rosalie cerró los ojos. Dejó escapar un gemido. Y se dio cuenta de que él también lo había oído. Pero él no dejó de hacer lo que estaba haciendo. Nunca había soñado con que él le hiciera aquello.

Cuando sintió que él dejaba sus pezones, abrió los ojos y lo miró.

—¿La vía libre todavía? —preguntó él. Ella asintió. No podía hablar—. Entonces, túmbate —le pidió él.

Ella obedeció. Y su vientre se contrajo cuando él empezó a trazar un camino de besos desde sus pechos hasta su ombligo. Y por si eso fuera poco, sintió sus dedos llegar a sus braguitas, haciendo que la entrepierna de Rosalie cobrara vida, palpitando fuertemente. Le había dado vía libre para que hiciera lo que quisiera. Y al parecer, los deseos más fervientes de él la complacían.

Él notó el calor de Rosalie, su esencia y su erección aumentó. Intentó olvidarse de su excitación y concentrarse en Rosalie. Deslizó un dedo por las braguitas y descubrió la humedad de su excitación.

Sus dedos encontraron el camino hacia su feminidad. Rosalie automáticamente abrió las piernas. Él comenzó a acariciarla hacia delante y hacia atrás, una y otra vez, deleitándose en el sonido de sus gemidos, en sus ronroneos sensuales, en el modo en que pronunciaba su nombre.

La mano de él no dejo de acariciarla ni sus dedos de moverse, mientras sus labios dejaban su ombligo para ir hasta sus labios, mordiéndolos alternativamente mientras su lengua los saboreaba, para luego penetrar su boca con mucha más pasión de la que había utilizado en otras partes de su cuerpo. Rosalie estaba muy excitada, húmeda, caliente. Se movía sin cesar sin poder mantenerse quieta, de arriba hacia abajo contra sus dedos mientras levantaba su trasero.

—¡Si, así!

Y entonces… Él lo sintió y no se detuvo, continuando con sus caricias, pero levantó la cabeza para mirarla. Le pareció que era hermosa teniendo un orgasmo, y supo en aquel momento que querría verla llegar al placer, una y otra vez, el resto de su vida.

Agito su cabeza apartando aquel pensamiento y preguntándose porque había pensado eso. Rosalie no podría estar en su futuro. Ninguna mujer podía. Pero eso no lo detuvo de estrecharla en sus brazos y de besarla, y de probar el dulce sabor de su sudor en la frente mientras su orgasmo iba menguando.

Sintió su erección latiendo entre sus pantalones. Pero quería reprimir su propia necesidad. Aquél era el momento de Rosalie, y sería sólo el comienzo. Un día llegaría su momento. Pero mientras tanto...

Él bajó la cabeza y la besó de nuevo. Nunca había sentido esa desesperación por saborear a alguien. Su beso fue rápido, intenso y satisfactorio, mientras ella suspiraba y él sentía que su sexo se tensaba de nuevo.

Se recordó a si mismo que ella estaba agotada por su orgasmo, se apartó de la cama y se quitó la camisa, los pantalones y calcetines volviendo a ella, se dijo así mismo que sería un infierno resistirse a Rosalie, pero cumpliría su palabra.

Rosalie sintió como el aire frío con olor a lluvia entraba por la ventana parcialmente abierta soplando sobre su piel. Lo miro mientras él se despojaba de sus ropas y se unía a ella bajo las sabanas, pensó que ahora sería el turno de que él satisficiera sus propias necesidades, entonces se volvió hacia él totalmente agotada. Pero él la acomodo en el hueco de su brazo y tiró de las mantas sobre ambos. Estaba saciada y cansada, incapaz de mantenerse despierta.

—Buenas noches Rosalie —le escucho susurrar—. Y si tienes pesadillas... las espantare con mis besos.

~0~

Rosalie se despertó a la mañana siguiente, sola en la suite de aquel hotel.

Su cuerpo estaba pleno, saciado, tal como lo había sentido la noche anterior… la noche anterior… Volteo buscándolo a él a su lado en la cama y está estaba vacía. La parte de la cama que él había utilizado aún estaba caliente y su olor estaba impregnado en la almohada y las sabanas.

Se había ido. Se recordaba así misma que la noche pasada solo había sido una aventura más. Jamás habría pensado que ella seria de esas "chicas de una noche". Una noche que lamentaba que no se repitiera nunca más, pero que realmente no olvidaría.

De pronto sus ojos se fijaron en una de las cajoneras que estaba cerca de la cama, sobre ella había una hoja doblada que en grandes letras mostraba su nombre.

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Sé que no puedo pedir nada, pero no quisiera que esto terminara así.

Debo estar fuera de la ciudad, volveré en 15 días.

Estaré en el Hotel para mi regreso, quisiera volverte a ver, te espero…

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Rosalie se hundió entre las sabanas mientras sostenía sobre su pecho aquella nota. ¿Una noche? No. Otras noches podían ser iguales o mejores y Rosalie no quería dejar de sentir todas aquellas sensaciones que la noche anterior él le había mostrado que llevaba dentro de ella.

Rosalie volvería, lo vería de nuevo. Y así lo hizo, volvió cada 15 días, volvió para vivir noches de aventura en la suite de aquel hotel.

~0~

—¿Y entonces...? ¿Lo tiene grande? ¿Te hizo gritar más con la boca o con la verga?

—¡Tanya! —gritaron Rosalie, Paul y Bella a la vez.

—Aaaaa por favor no me digan ustedes dos voyeristas que no quieren saberlo también —dijo dirigiéndose a Bella y a Paul.

—Aún me pregunto como ustedes dos pueden ser gemelas, cuando ella es una ordinaria en toda la regla —expreso indignado Paul señalando a Tanya.

—La envidia mata Paul, no lo olvides —le refuto Tanya—. Y tú —dijo viendo a Rosalie—. No has respondido a mis preguntas.

—Ninguna de esas cosas es de tu incumbencia.

—Ufsss no me digas que lo tiene chico —dijo dolida Tanya.

—Noooo, si… no… no es eso —balbuceo Rosalie.

—Rubita, ¿es si o es no? —pregunto picara.

Rosalie abrió ampliamente sus ojos sin atinar a que responder, tres pares de ojos la miraban aún con expectación.

—Emmett y yo no hemos llegados más lejos que lo que llegamos aquella noche.

—Dios Rose, si el gorila castaño es como está loca cuenta —dijo Paul señalando a Tanya—. Es tu hombre, es como te gustan, como es que has podido resistirte a un hombre así y después de lo que han pasado juntos.

—Simplemente no se ha dado, él es un caballero.

—Caballero… —dijo Bella asombrada—. Un caballero te da flores, no un orgasmo Rose.

—¡Bella! —gritaron Tanya y Rosalie al mismo tiempo.

—¡Oh por favor! Cualquiera creería que sigo siendo una mojigata —replico Bella.

—Hoy no estoy lista para oír tus confesiones Enana, han bastado con las de está —dijo moviendo la cabeza en dirección a Rosalie.

—Pues bien, de "está" ya has escuchado suficiente, me iré a mi cuarto —dijo Rosalie enojada.

—Y yo que ya estaba creyendo que se acabaría la "Rubita aburrida" —dijo Tanya.

Antes de subir las escaleras Rosalie giro a ver a su hermana, sus ojos estaban casi cerrados mientras concentraba la mirada en ella.

—Tal vez pronto deje de ser una "Rubita aburrida" hermanita, no lo he tenido dentro de mí, pero si lo he tocado y estoy totalmente segura que una vez que lo haga, seguiré sintiendo la verga de Emmett en mí aunque hayan pasado más de doce horas.

Y de esa forma dio media vuelta y comenzó a subir las escaleras, dejando a los tres personajes en el sótano boquiabiertos.

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1*/* Fue una popular serie de televisión estadounidense realizada entre 1975 y 1979. Los protagonistas eran dos policías californianos, el moreno y fornido David Starsky y el rubio Kenneth "Hutch" Hutchinson siendo un tipo de policía más intelectual. Eran conocidos por manejar un veloz y distintivo Ford Torino, pintado de rojo con una larga franja blanca, propiedad de Starsky.

Lilia: Bienvenida. Me alegro mucho de recibir tu mensaje y más porque sé que es difícil dejar de ser "silenciosa". Las preguntas, veremos. No voy a esperar al final para contar porque del dolor de Bella, lo sabrás pronto como muchas otras cosas, pero hay otras prioridades. Las Hermanas Swan se aman profundamente, no se harían daño una a la otra, JAMAS. Y aquí cada quien tendrá su cada cual.

LicetSalvatore: Acertaste ;) Esta es la pareja que más le gusta a mi hermana, después que leyó este capi solo habla de Rose-Emmett, me tiene loca jajaja.

Jessi: Bienvenida. Lo lamento por el susto, pero este Fic tiene su parte de intriga y misterio. Es la primera vez que escribo algo así y me estoy esforzando en crear expectativas, así que lamento el susto, pero era mi objetivo ;)

Isabelmoon: De ahora en adelante conoceremos a "los chicos", la otra parte de esta historia, pero como dije antes, las chicas mandan en este Fic. Este capi es para ti, espero te haya gustado.

Guest: Gracias por este mensaje. Me alagan tus palabras y como vez aquí está el capi calentito calentito.

Marieisahale: Mi fiel seguidora, gracias por estar allí. Espero este capi te haya gustado.

Nadiia16: No puedo adelantar nada de los "malos" pero… tu intuición puede ser buena. Como digo en otro comentario esta es mi primera experiencia con "intriga", así que mi misión es crear interrogantes, espero estar haciéndolo bien.

Hanna1441: Otro Alerta, otro Alerta, baja la llama a la cocina, apaga la pancha, guarda la página del trabajo de ciencias en la pc, no sea que suceda un accidente jajajaja. ¿Te habrá gustado este capi? Vamos a ver si sonrojo a un montón.

Yoliki: Bienvenida. Me alegra que te guste esta historia y espero que sigas allí mientras transcurre.

Bellaliz: Aquí has podido ver algo de las conexiones de uno y otro, pero en los siguientes capis veras como se entrelazan las historias.

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