Disclaimer: Tengo que aclarar que los personajes no son míos, como todos saben, pertenecen a la mente prodigiosa de la Sra. Meyer. Yo solo juego con ellos, intentando que ese juego los entretenga a ustedes.
Este Fic está dedicado a mi hermana Carolina, mi mejor y mayor crítica, un ejemplo en mi vida, gracias por tus buenas ideas, eres "mundial" y te amo por eso y más.
Debo advertir que este capítulo tiene Lemmon, así que si hay mentes susceptibles prepárense.
FELIZ NAVIDAD PARA TODOS
SAMEACH SAMAY-AKH / SAMEACH HANUKKAH (FELIZ JANUCÁ)
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Capítulo 16
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Mostrando Nuestros Corazones
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…Cards on the table, We're both showing hearts
Risking it all though it's hard
Because all of me, Loves all of you
Love your curves and all your edges
All your perfect imperfections
Give your all to me
I'll give my all to you
You're my end and my beginning
Even when I lose I'm winning
Because I give you all of me, And you give me all of you…
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…Las cartas sobre la mesa, estamos mostrando nuestros corazones
Aunque sea duro, lo estamos arriesgando todo
Porque todo de mí ama todo de ti
Ama tus curvas y tus bordes
Todas tus perfectas imperfecciones
Dame todo de ti,y yo te daré todo de mí
Tú eres mi final y mi principio
Incluso cuando pierdo, estoy ganando
Porque yo te doy todo de mí, y tú me das todo de ti…
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All Of Me – John Legend
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Trinity Nightclub. Minutos Antes de Año Nuevo
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Rosalie y Emmett salieron del Trinity Nightclub mientras notaron que la lluvia había vuelto esa noche a Seattle, tardaron menos de 10 min en llegar a su destino, recorriendo calles con personas que se atrevían a estar en la calle con toda aquella lluvia y que en cada esquina vitoreaban gritando "Feliz Año Nuevo".
Emmett acciono un control remoto que tenía en el auto alquilado que llevaba y entro en el estacionamiento del 901 8th Ave. donde dejo el auto en uno de los puestos reservados y salió del asiento del piloto hacia el puesto de Rosalie mientras le daba la mano y la ayudaba a bajar del auto.
—¿Dónde me llevas? —pregunto la rubia.
—A donde podamos estar solos —dijo el chico.
La llevo al ascensor y luego cuando abrió en algún piso del edificio, Emmett la llevo por el pasillo a la derecha mientras buscaba una llave y abría la puerta.
—¿Te mudaste de la Casa Cullen? —pregunto ella sorprendida.
—Nop, en realidad esto es de un nuevo cliente.
—¿Te prestan un departamento así como así? —dijo ella escéptica.
—No sabes de lo que son capaces los clientes cuando quieren que tú hagas o renueves sus propiedades.
Emmett la guió hasta el salón del departamento mientras dejaba en el piso un bolso grande que Rosalie no había notado que llevaba con él.
—¿Qué es eso? —pregunto Rosalie suspicaz.
—Cambios de ropa —dijo él mientras iba hasta la cocina y se oía trastear algunas cosas.
—¿Ropa? ¿Tuya?
—Nop, de ambos —dijo él aun en la cocina.
—¿Mía? —pregunto de lo más extrañada—. ¿Quién metió las manos en mi closet Emmett?
Él asomo su cabeza desde la cocina y le mostró la mejor de sus sonrisas.
—Ella dijo, literalmente, "todo porque la Rubita ya no sea aburrida", ¿significa eso algo para ti? Yo no la entendí.
Rosalie abrió ampliamente sus ojos comprendida quien había ayudado a Emmett con su ropa y prometiéndose a sí misma ser resistente con el interrogatorio que seguramente su gemela tenia para ella. No podía culparla, ella había hecho más o menos lo mismo para Bella aquel día, esperaba que ayudar a Edward –quien desde hace tiempo le parecía un muy buen hombre para su hermana– no le trajera problemas con su Enana más tarde.
Emmett salió de la cocina con dos copas en su mano y una botella. Lleno la copa de Rosalie mientras volvía a sonreír y se la entregaba, luego lleno su propia copa y coloco la botella sobre la mesa de centro del salón mientras se giraba y miraba a Rosalie con una de esas miradas intensas que hacían que Rosalie dejara de pensar en cualquier cosa menos en el hombre que tenía delante de ella.
Rosalie agarró su copa y lentamente se acercó a Emmett. Cuando se detuvo delante de él, un denso silencio se alzó entre ellos mientras ella le sostenía la mirada. Emmett observaba su respiración irregular y olía su fragancia.
Estaba excitada.
Él era un hombre con experiencia, que conocía a las mujeres, y hubiera reconocido aquella fragancia en cualquier lugar, sobre todo la de Rosalie. Y era la misma fragancia en la que se había ahogado aquella noche que habían jugado a «Alto, Libre». La misma fragancia que él había sentido cuando la llevo al límite al tener aquel primer orgasmo. Aquella noche esa fragancia se mezclaba con el perfume que ella se había puesto. Y la mezcla era una bomba para todos sus sentidos.
—Hagamos un brindis —propuso Rosalie. Sus palabras rompieron el silencio y la concentración de Emmett.
—¿Por qué brindamos, Rose? —preguntó él con voz sensual.
Emmett estaba sintiendo un deseo cada vez más intenso. Hubiera querido en ese instante levantar su vestido e ir directamente a la fuente de esa fragancia. Con sus dedos y su lengua...
—Propongo un brindis por la vida.
—¿Por la vida? —Emmett le clavó la mirada.
—Sí, la podemos perder, en cualquier sitio, en cualquier momento. Así que debemos vivir la vida al máximo, disfrutarla, apreciarla. Porque cuando se va, se terminó todo. Y no se puede hacer nada más.
Emmett pensó en sus palabras. La vida. No podía dejar de pensar en lo distinta que había sido su vida desde que había aparecido Rosalie. «Irrumpido», era una palabra más exacta. En el transcurso de los meses en que la había conocido.
—De acuerdo. Brindaremos por la vida —dijo Emmett levantando la copa y tomando un sorbo de champán.
Rosalie sentía la tensión en Emmett, tanto como la sentía en sí misma.
—Mmm... ¿Quieres que nos divirtamos un poco? —preguntó ella, mirándolo por encima del borde de la copa.
—¿A qué clase de diversión te refieres? —él sonrió.
—Me gustaría jugar a un juego —dijo Rosalie con una leve sonrisa.
—¿Un juego?
—Sí. El juego. Yo me escondo y tú me buscas.
Emmett sonrió. Le gustaba la idea de hacer eso.
—¿Y qué pasará cuando te encuentre?
—Depende —respondió ella con una sonrisa.
—¿De qué?
—De dónde me encuentres.
Emmett pensó en varias posibilidades mientras echaba una ojeada al departamento.
—No hay muchos sitios donde esconderte —comentó Emmett. Ella sonrió.
—¡Oh! En este departamento hay unos pocos —dijo mientras esperaba haber hecho un cálculo correcto de las puertas que había podido ver desde el salón y al entrar.
Emmett le hubiera dicho que esconderse de él no le serviría de nada ya que su fragancia la delataría. En lo referente a Rosalie, su nariz era como un radar.
—De acuerdo. ¿Qué quieres que haga? —preguntó él.
—Irás allí —dijo señalando una puerta que daba a la cocina—, durante diez minutos.
Emmett asintió. Aquél era el segundo juego al que jugaban juntos, y para alguien que vivía una vida muy estructurada, era agradable dejarse llevar por Rosalie.
—Diez. Nada más —dijo Emmett mientras iba hacia la puerta—. Volveré en diez minutos, estés lista o no.
Rosalie lo observó dedicarle una última y devastadora sonrisa antes de cerrar la puerta.
Ella respiró profundamente y sonrió seductoramente.
Estaría lista cuando Emmett volviera.
…
~0~
…
Emmett volvió a los diez minutos exactos.
Entró en el salón a oscuras. No pudo evitar sonreír cuando encendió la luz. Rosalie debía de haberse imaginado que su esencia la delataría, porque había perfumado la habitación para despistarlo.
Miró a través de todo el salón descubriendo las sandalias que ella había dejado al lado del sofá. Él se acercó y recogió una de ellas. Eran bonitas, y ella tenía un pie sexy. Dejó el zapato en el suelo y miró el sofá. Las sandalias no eran lo único que había dejado. Emmett también recogió un pañuelo que Rosalie había llevado alrededor de su cuello.
Él miro alrededor con los sentidos alerta. Solo quedaban las alternativas de las tres puertas que faltaban por verificar en el corredor. Una de ellas era un baño, supuso.
Atravesó la habitación en dirección a una de las dos puertas que resultó ser un dormitorio. Estaba a oscuras y entonces encendió una lámpara. Miró alrededor. No había nadie, ni había sonido alguno que la delatara. Y su perfume también estaba en aquella habitación. Salió del dormitorio mirando de nuevo al salón. Miró hacia el sofá y pestañeó. Allí, formando un charco en el suelo, estaba su vestido.
Sintió una punzada de deseo. Aquél era un juego muy peligroso. No había esperado que tomara aquel rumbo tan rápidamente, pero no se quejaba. Él le había dicho que sería ella quien decidiría cuándo estaba preparada para que su relación alcanzara otro nivel. Y ahora era él quien tenía que encontrarla.
Él era el cazador en busca de su presa.
Caminó hasta el cuarto de baño. Lo encontró casi vacío. Un brassier de encaje rojo colgaba del lavamanos. Lo tomo para sí.
Cuando entró nuevamente en la habitación, se agachó y miró debajo de la cama grande: Nada. Se fijó en el ventanal, la lluvia afuera aun caía con intensidad, así que sabía que allí no la encontraría.
Se sintió frustrado mientras su excitación se intensificaba. La presión de su erección contra sus boxer lo estaba matando. Cuando encontrase a Rosalie se cobraría aquella tortura.
Atravesó nuevamente la puerta y volvió al salón. Miró alrededor. La puerta de la otra habitación estaba abierta y él recordaba haberla visto cerrada. Sintió la esperanza de una posibilidad, y su cuerpo se excitó aún más mientras atravesaba el salón lentamente. Cuando su mano iba a tocar la perilla descubrió en el piso encaje rojo. Lo recogió acariciándolo con los dedos, era un pequeño trozo de tela, pero sabía lo que era y más importante aún, donde había estado unos momentos antes.
Se llevó la prenda a la nariz e inhaló la fragancia de Rosalie, distinta de su perfume. Decidiendo que definitivamente no la necesitaría más, Emmett se llevó la minúscula prenda al bolsillo de atrás del pantalón.
Termino de abrir lentamente la puerta de la habitación internándose en su oscuridad. Luego cerró la puerta.
…
~0~
…
Rosalie contuvo la respiración. Emmett la encontró por fin. No le había salido bien lo de esconderse. Había creído que se lo había puesto fácil a Emmett, pero, evidentemente, no había sido así.
Ella lo había espiado desde su escondite mientras él había recorrido el departamento. Y luego se había refugiado allí, en aquel dormitorio, esperándolo, completamente desnuda.
Ella había tomado una decisión y no se arrepentiría de ella.
Recordaría aquella noche toda la vida. Porque sabía que Emmett no hacía nada a medias. Era meticuloso, metódico, eficiente.
—Sé que estás aquí, Rosalie —susurró Emmett en la habitación a oscuras—. Y estés preparada o no, aquí estoy.
Ella oyó sus pasos, lentos, pero decididos. Oyó el sonido de su respiración, rápida e irregular. Contuvo la respiración cuando Emmett estuvo más cerca de la cama. Sintió su presencia y olió su esencia masculina.
Cuando él encendió la lámpara, se miraron. Él bajó la mirada hasta la sábana que cubría el cuerpo desnudo de Rosalie y luego miro su rostro.
—Te he encontrado —dijo Emmett.
Su voz era sensual y ella sintió fuego en su piel.
—¿Y? ¿Qué he ganado?
—Lo que quieras —respondió ella.
—¿Lo que quiera? —preguntó Emmett, mientras sus ojos parecían haberse oscurecido, haciendo desaparecer ese claro azul que siempre mostraba él.
—Sí, lo que quieras.
—¿Estás segura?
—Sí.
—¿Y estás preparada? —sonrió él.
Quería estar totalmente seguro. Una vez que empezara, sería imposible parar. Se acercó y le quitó un mechón de la cara. Necesitaba tocarla.
—Estoy preparada, sí.
—¿No vas a arrepentirte?
Rosalie respiró profundamente. Entendía lo que él le estaba preguntando y por qué. Ni él mismo estaba seguro de poder dejar entrar una mujer en su vida. Los miedos de Rosalie estaban allí, miedo a que él jamás sintiera por ella lo que ella ya sentía por él. Lo sabía y lo aceptaba. Y estaría preparada para cualquier cosa que sucediera.
Pero ella deseaba ese momento. Celebrar la vida. Con él.
—No habrá arrepentimiento, Emmett. Sé cómo es el juego.
Lentamente, Rosalie se levantó, dejando caer la sábana. Y oyó cómo Emmett tomaba aliento.
Se arrodillo y luego acarició su pecho, para luego deslizar la mano hacia su vientre.
—¿Hablaremos toda la noche o haremos lo que hemos querido desde el principio? —preguntó ella.
Él extendió la mano y dibujó su pezón con el dedo, jugando con su aureola.
—¿Y qué es lo que crees que hemos querido?
—Un poco de nosotros.
—¿Un poco?
—Bueno, enteros —sonrió ella.
Emmett la abrazo y la besó, encendiendo toda su pasión. Estaba hambriento de ella y al besarla fue como si las emociones se desbordaran sin poder parar.
Rosalie rodeó a Emmett con sus brazos. Quería disfrutar de él y de lo que le estaba entregando, ya no podía negarse más el placer que él le brindaba. Emmett era un hombre especial que jamás había dejado de tratarla como una dama y por eso estaría eternamente agradecida.
Emmett la soltó lentamente y dio un paso atrás. A Rosalie le temblaron las piernas por el impacto del beso. Emmett siguió mirándola intensamente y a ella la invadió un calor que llegaba hasta su vientre, era un fuego intenso que iba bajando hacia sus piernas.
—He soñado tantas veces este momento y esta noche voy a hacerte todas esas cosas que he estado soñando —susurró él—. Estoy deseando ver nuevamente como llegas al orgasmo, es algo que quiero ver una y otra vez. Pero también quiero llegar yo contigo en cada ocasión, compartiendo el placer —sus palabras eran seducción pura.
Rosalie vio como él se quitaba la camisa y dejo ver su torso desnudo, fuerte, musculoso.
Él tiro su camisa y se sentó en una silla mientras se quitaba los zapatos y los calcetines, para luego ponerse de pie y quitarse los pantalones.
—No imaginas cuanto he esperado por esto, cuando dije que esperaría a que estuvieras preparada no imagine que esto también sería una prueba para mi paciencia.
Rosalie se le quedo viendo. Mientras él se quitaba los pantalones y el boxer. Ella pestañeó al observar su tamaño. Había sentido su erección muchas veces, pero verla era otra cosa. Estaba muy bien dotado. "Chúpate esa Tany" pensó instantáneamente.
—Mmm... Interesante —susurró ella, mirándolo.
—¿Interesante? —se rió él—. ¿Nada más?
—Esperaré a ver cómo funciona para hacer más comentarios.
Él se rió. Le fascinaba estar con ella y compartir su ánimo tan ocurrente y su sentido del humor, y a la vez sentir el fuego del deseo en todo su cuerpo.
—Créeme. Funcionará bien. De hecho, he pensado que podría hacer horas extras.
Se quedaron en silencio, mirándose, dándose cuenta de lo que iba a pasar entre ellos.
Emmett caminó hacia la cama y tomó las manos de Rosalie. Se las llevó a los labios y besó sus palmas.
—No imaginas lo que provocas en mí. Cosas que ninguna mujer antes me ha hecho sentir. Esto no es solo un revolcón Rose es mucho más especial que eso. Es único.
Él amor que Rosalie sentía por Emmett aumentó al oírlo. Ella lo amaba con toda su alma. Y esa noche quería entregarse físicamente al hombre que amaba. Rosalie decidió que ya habían hablado bastante, y tiró de él a la cama.
El cuerpo de Emmett terminó encima del suyo. Él sintió su calor contra su piel y le agarró la cara entre las manos. Estudiando su rostro como si quisiera grabársela en la memoria.
Y la besó, con desesperación, devorándola, sin poder parar. La deseaba de una forma que ni él mismo podía comprender. Escucho cuando a ella se le escapo un gemido y sintió el calor de sus dedos acariciando su espalda mientras la lengua de él seguía penetrando la dulzura de su boca. Finalmente, la necesidad de respirar y de protegerla de un embarazo lo hizo apartarse.
—Tengo que protegerte —dijo él con ardiente deseo.
Se puso de pie y fue hasta donde estaban los pantalones. Buscó algo en el bolsillo. Sacó el braguita de Rosalie en lugar de su cartera. La miró un instante y dijo:
—Bonito color.
Ella se rió, un poco avergonzada.
—Me alegro de que te haya gustado.
Emmett la tiró al piso y buscó en el otro bolsillo. Sacó su cartera y de ella un preservativo. Varios. Él sintió la mirada de ella mientras él se colocaba el preservativo y se sintió al mismo tiempo abrumado y poderoso.
Cuando terminó, preguntó:
—¿Qué opinas?
Vio el deseo en los ojos de Rosalie.
—Pienso... que te quiero dentro de mí, Emmett.
Emmett respiró profundamente. El deseo que sentía por ella lo nublaba y sabía que no tenía nada que ver con el tiempo que había pasado sin estar con una mujer.
Caminó con lentitud hasta la cama y se metió en ella estrechando a Rosalie en sus brazos. La besó con pasión entregándose completamente a su deseo. Luego deslizó la boca hasta sus pechos, utilizando sus labios y su lengua para torturarla de placer. Él quería que ella se excitara totalmente y se tomó el tiempo necesario para volver a acostumbrarse a su piel, sin prisas. Sus pezones se endurecieron en cuanto él poso su boca en ellos y los degusto goloso.
Cuando la fragancia de Rosalie se volvió embriagadora, su mano se movió con precisión y se deslizó hacia abajo, hasta su parte más íntima, encontrándola completamente húmeda, para luego saborear su piel cuando deslizaba su boca de sus pechos a su ombligo.
Mientras seguía besándola rodó con ella y la dejó de espaldas. Luego le besó la espalda, los hombros. Volvió a rodar con ella y la miró a los ojos. Por su mirada supo que Rosalie estaba calculando su próximo movimiento. Así que él se echó hacia atrás y sin decir nada, su mano se abrió paso entre sus piernas y al mismo tiempo bajó su boca dirigiéndose hacia su centro para degustarla.
Las caderas de Rosalie se levantaron automáticamente, y para asegurarse de que se quedaban allí, Emmett las sujetó mientras la devoraba íntimamente. Oyó como ella gemía a medida que el empujaba su boca una y otra vez, probando su calor, su fuego y su pasión.
—¡Emmett!
Emmett se apartó rápidamente y se puso encima de ella. La besó al mismo tiempo que entraba en ella empujando suavemente. Ella le dio la bienvenida en su cuerpo y él empezó a moverse con empujes fuertes y profundos, con un solo pensamiento en mente: entregarse ambos al placer, luego afrontarían las consecuencias.
Y cuando sintió que el cuerpo de Rosalie debajo de él, explotaba en un millón de pedazos llevándola a la cumbre del placer y desatando sus sensaciones, dejó de besarla y hundió la cara en el cuello de ella. La besó, marcándola, mientras continuaba empujando dentro de ella de manera regular para demostrarle que le pertenecía por completo.
Y de repente, la misma explosión que había provocado en Rosalie se desato dentro de él y grito el nombre de ella mientras su cuerpo comenzaba a temblar sin control alguno. Todo dentro de él estaba siendo arrasado, mucho más fuerte que cualquier terremoto o huracán, demasiado fuerte, demasiado especial para poderlo describir.
Y supo, cuando su cuerpo aún temblaba y su mundo interior comenzaba a estabilizarse e intentaba relajarse, agotado y colocado en una nube, que aquélla era una experiencia que no había compartido con ninguna mujer.
Y, en ese momento, Emmett se dio cuenta de que apartarse de ella sería lo cosa más dura que tuviese que hacer en toda su vida.
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LicetSalvatore: Pues sí, no es eso lo que queremos de estas Fiestas, momentos felices para atesorar los recuerdos. Felices Fiestas.
Adriu: Capítulos felices, porque merecemos momentos felices. Felices Fiestas.
LeoniLilzBlackAngel: Mientras investigaba por los posibles traumas que podía tener Elizabeth descubrí que la terapia del amor era lo mejor. Puede que la niña no pueda recordar, pero como dijo Bella "el amor está allí" y eso es lo que la hace mejorar y querer hablar. Felices Fiestas.
Chiarat: Los muertos, muertos están, hay que preocuparse es por los vivos. A ver pensemos un poquito, posibilidades siempre hay, mi hermana al deducir la verdad dijo "no puede ser que una niña tan dulce sea hija de ese monstruo". ¿Será? ¿Mi mente es tan mala? Felices Fiestas.
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