Disclaimer: Tengo que aclarar que los personajes no son míos, como todos saben, pertenecen a la mente prodigiosa de la Sra. Meyer. Yo solo juego con ellos, intentando que ese juego los entretenga a ustedes.
Este Fic está dedicado a mi hermana Carolina, mi mejor y mayor crítica, un ejemplo en mi vida, gracias por tus buenas ideas, eres "mundial" y te amo por eso y más.
Debo advertir que este capítulo tiene Lemmon, así que si hay mentes susceptibles prepárense.
Estoy aquí, publicando los capis un día antes, eso quiere decir que subiere este capi hoy y otro mañana, uno nunca sabe a qué hora despertara el día de Año Nuevo jajaja.
Hemos llegado a los 100 reviuw, en lo que creo que es la mitad de este Fic y quiero agradecer a todos y cada uno de uds. por eso.
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Capítulo 17
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Nena, Sabes Que Eres Para Mí
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…You can dance, go and carry on
Till the night is gone
And it's time to go
If he asks if you're all alone
Can he walk you home
You must tell him no
Because don't forget who's taking you home
And in whose arms you're going to be
Save the last dance for me…
Save the last dance
The very last dance for me.
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…Puedes bailar, ve y sigue
Hasta que la noche haya desaparecido
Y sea momento de marcharse
Si él te pregunta si estás sola
Si te puede acompañar a casa
Debes de decirle que no
Porque no te olvides de quién te lleva a casa
Y en brazos de quién vas a estar
Así que cariño, reserva para mí el último baile…
Reserva el último baile
El último de todos los bailes, para mí.
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Save The Last Dance For Me – Michael Bublé
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Trinity Nightclub. Minutos Antes de Año Nuevo
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Tanya estaba cansada de fingir. Había pasado semanas eludiendo al hombre que estaba ahora entre sus brazos bailando en el club y sabía que ambos estaban sintiendo el deseo recorrer sus venas a cada segundo que pasaba.
Vio como Rosalie era sacada del local del brazo de Emmett y tuvo sus mejores deseos para que su gemela tuviera una buena noche. Emmett era el chico para ella y aunque parecía que ninguno de los dos se había dado cuenta, estaban locamente enamorados uno del otro.
Pero el hombre que estaba en sus brazos en este momento no estaba enamorado de ella, entre ellos solo había deseo, pensaba Tanya, ninguno de los dos podía enamorarse, ella no, ella no era de esas, solo deseo, un deseo que esa noche parecía más intenso que nunca.
—Creo que es hora de irnos —dijo él.
—Me has leído la mente vaquero.
—Nena, hare más que leerte la mente esta noche —prometió él, mientras la llevaba hacia la puerta.
Cuando ambos estaban listo para buscar el auto, él se dio cuenta que había dejado todas su cosas en la mesa y de que habían dejado lo abrigos que les permitirían resguardarse de la lluvia que había empezado a caer, así que se disculpó con Tanya diciendo que volvería en su segundo y regreso adentro por sus cosas.
Mientras Tanya esperaba, un hombre que también había salido de club estaba allí junto a ella.
—Te mueves bien muchacha —dijo el hombre.
Tanya lo miro un momento sin decir nada, calculando donde darle el mejor golpe si el tipo se atrevía a dar un par de pasos en su dirección.
—Si así eres en la pista no me imagino como serias en la cama —reitero el hombre.
—Ella no bailara contigo esta noche —dijo una voz letal detrás de Tanya, mientras ella giraba para ver el rostro muy serio de Alistair mirando al hombre.
El tipo solo tuvo que mirar a Alistair un segundo para darse cuenta que era unos 10 centímetros más alto, sin contar que con su musculatura el joven federal podría muy bien dejarlo inconsciente con un solo golpe. El hombre pudo haber evaluado la situación por un par de segundos y luego se dijo así mismo que era mejor regresar a casa ebrio que con la nariz rota y se giró para caminar alejándose de ellos sin importar que en su rapidez por querer huir, la lluvia cayera sobre él empapándolo hasta dar vuelta a la esquina.
Alistair se quedó mirando a Tanya moviendo la cabeza mientras parecía negar algo.
—¿Qué? ¿No hice nada?
—Nena, eres demasiado sexy para tu bien.
—¿Eso no debería de ser algo bueno para ti?
—Para mí sí, pero no para cualquier pelmazo que quiera estar detrás de ti.
—No era mi tipo, ni siquiera hubiera bailado con él. No corrías peligro de que te dejara plantado —dijo Tanya con una media sonrisa.
—Nena, puedes bailar con quien quieras —dijo él mientras la abrazaba fuertemente a él y le daba un beso que dejo a Tanya sin aliento y luego cuando ambos se separaron y él esbozo de nuevo esa sonrisa sexy y dijo: —Porque el último baile siempre será para mí.
Los cubrió a ambos con su gran abrigo, tomo su mano para guiarla hasta su auto y la ayudo a subir.
—¿Este auto no era de Edward? —pregunto Tanya mientras se ajustaba el cinturón.
—Lo dejo por su "muy seguro Volvo".
—Es una lástima, me encanta la velocidad —dijo la rubia.
—Y a mí las curvas, nena —dijo mirando su cuerpo mientras encendía el Aston Martin Vanquish.
Solo tardaron 5 min en llegar al Fairmont Olympic Hotel, él salió de su lugar y luego saco de la parte trasera un bolso mientras el valet parking ayudaba a bajar a Tanya, luego Alistair tomo su mano y agradeció al chico con una buena propina y le deseaba Feliz Año Nuevo. Pasaron por la recepción rápidamente mientras Alistair le hacia algún tipo de seña al chico del mostrador y este asentía y levantaba su dedo en señal afirmativa. Tomaron el ascensor y luego llegaron a una de las suites donde Alistair introdujo la llave y dejo pasar a Tanya. Dejo el bolso que llevaba al lado de la puerta, encendió la luz y cerró la puerta.
En la mesa de centro del salón había una botella de champán y un par de copas y Tanya sonrió cuando se giró al pelinegro y le dijo:
—Seductor novato lo tenías todo planeado.
—Chico previsivo, nena. Cuantas veces debo decírtelo.
Alistair abrió la botella mientras sirvió ambas copas.
—Por las chicas hermosas —dijo él.
—Que trillado eres —dijo ella riendo.
—¿Tienes un mejor brindis? —dijo él alzando una ceja.
—Por supuesto. Por un excelente Año Nuevo, desde esta noche —dijo seductora.
—Mmm me encantas tus brindis, nena.
Ambos bebieron de sus copas, mientras Alistair la devoraba con sus ojos. De repente dejo la copa sobre la mesa de centro y fue hasta la habitación rápidamente y encendió el televisor colocando el canal de música mientras dejaba la pantalla oscura gracias a los comandos en el control remoto.
Salió y le extendió su mano a Tanya, mientras le decía:
—Te lo dije, nena, el último baile.
Ella le sonrió, dejo la copa sobre la mesa de centro y le brindo su mano mientras ambos se movían al son de la música romántica. Casi sin darse cuenta, la canción terminó. Ella levantó la mirada y se encontró con la de él. Vio que sus ojos eran traslucidos y que tenía una expresión salvaje. Alistair le tomó la cabeza entre las manos y la besó lenta y profundamente. Tanya pensó que realmente tenía una lengua prodigiosa, una que estaba segura podría hacerla desear todas las cosas que sabía que con Alistair podía obtener, una lengua que posiblemente podría volverla loca. Él acerco más su cuerpo al de ella, besándola con más pasión. Tanya gimió en su boca mientras sentía como todo su cuerpo se rendía ante él y las sensaciones que solo con sus besos le estaba causando.
Alistair dirigió su mano al interior de sus muslos mientras Tanya trato de tomar aliento separando su boca de la de él. Alistair se apartó un poco posando su frente en la de ella, mientras no borraba de su rostro esa sonrisa devastadora que sabía que encantaba a Tanya y mientras lo hacía notaba que todo el cuerpo de ella temblaba.
—Me parece que llevas demasiada ropa y que quisiera verte sin nada de ella —dijo él mientras comenzaba a deslizar el cierre de su vestido—. ¿Te importa? —le preguntó con suavidad mientras seguía bajándolo.
Ella se apartó y le tomo de los brazos, pero su intención no era detenerlo sino que se diera prisa. Su lentitud la estaba matándola.
—No, no me importa —susurró ella mientras le acariciaba el pecho.
Él tomo aire mientras terminaba y descubría el brassier de encaje violeta oscuro. Sus dedos fueron al broche delantero y con un giro lo soltó. El brassier se abrió y los pechos quedaron al descubierto.
Tanya escucho el gemido de placer que se escapó de los labios de Alistair y se le encogió el estómago al ver cómo él miraba sus pechos. Sus ojos eran voraces y ella contuvo el aliento. Sin perder más el tiempo él quitó el brassier y lo dejó caer al suelo junto con el resto del vestido dejándola con nada más que un tanga de encaje que hacia juego con el brassier.
—Te he deseado desde el primer día que te vi salir de aquel auto con tu melena al aire y esa faldita corta, toda una fiera —dijo él.
Tanya soltó una risa que reverbero en todo el salón.
—Lo primero que pensé fue que tenías unas piernas impresionantes. Aun así —añadió en tono serio—, pensé en ese instante que te quería para mí, pero era una estupidez fijarse en un posible secuestrador, aunque pronto me di cuenta de que no podría evitarlo. Te deseo muchísimo —gruñó antes de tomarle un pezón con la boca.
Tanya abrió su boca en busca de aire al sentir lo que él le estaba haciendo. Le temblaron las piernas. Él la sujetó con fuerza y cambió la boca de pezón.
—Alistair...
Mientras pronunciaba su nombre, suspiro y presiono su cabeza con la mano para que siguiera. Ningún hombre antes la había hecho sentir tanta excitación.
Alistair se apartó.
—Quiero saborearte más —susurró con los ojos clavados en los de ella.
—Entonces, hazlo —Tanya se sorprendió a sí misma al decir aquello.
La sonrisa de él la derritió.
—Increíble "chica sexy" —susurró Alistair antes de arrodillarse para bajarle las bragas.
Él se echó hacia atrás mirándola de arriba abajo, deteniendo su mirada entre sus piernas. Cuando ella vio que él se humedecía los labios, supo qué le esperaba. Nunca le había gustado esta clase de juegos sexuales, le parecían demasiado íntimos y Tanya no era de las que mostraba su intimidad a nadie, no desde lo que le paso con Demetri, así que jamás se había permitido vivir aquella experiencia. Alistair se ocuparía de que lo hiciera.
Él se inclinó besando su ombligo y chupando la zona que lo rodeaba. El calor entre las piernas de Tanya se hizo más intenso mientras ella lo observaba dominada por un deseo irresistible.
Él bajo lentamente y antes de que ella pudiera tomar aliento de nuevo estaba besándola allí con la misma avidez que si fuera en la boca. Luego, la agarró del trasero haciendo que todo su cuerpo se fundiera por la pasión.
Tanya oía los sonidos que él emitía mientras la besaba y lo agarró de la cabeza. Alistair se hundió en la calidez de ella, saboreándola como ningún hombre lo había hecho. Cuando estuvo con Demetri, en la Universidad, todo se había acabado en un abrir y cerrar de ojos y ella se había quedado insatisfecha y al final desengañada. Una chica sin experiencia como ella no sabía cómo pedir placer, ni como darlo. Y los hombres que habían contribuido a sus experiencias posteriores solo habían sido aventuras pasajeras, con ninguno había compartido tal intimidad.
Ella gimió y arqueó las caderas, no tanto para acercarse más como por las oleadas de placer que la invadieron por completo. Sin embargo, era evidente que Alistair no tenía prisa. Él quería disfrutar de ella, poseerla hasta saciar todos los deseos que ella hacia nacer en él. Pero ella llego a su límite explotando mientras gritaba su nombre. Luego ella intento apartarlo, pero él se aferró a su trasero y volvió a meter su lengua dentro de ella sin darle tregua, para saborearla en todos sus rincones. No la soltó hasta que ella dejó de estremecerse, aunque en ningún momento dejó de hacer lo que estaba haciendo, moviendo su lengua mientras le acariciaba las caderas.
Por fin, se apartó, levantando la cabeza al mirarla, apoyándose en los talones. La miraba de tal forma que ella tuvo que contener el aliento. Él quería más. Mucho más. Alistair volvió a meter la boca entre las piernas de ella y ella también deseó más.
—Quiero estar contigo —susurró Tanya.
Él se levantó y la tomó entre los brazos para llevarla a la habitación.
Alistair no era un hombre impulsivo. Pero Tanya era un dulce delicioso que él no había podido resistir, era demasiada tentación y no había podido evitarla aun habiéndolo querido. Una vez que la había probado, su deseo iba en aumento.
Ella se acurrucó en sus brazos y apoyó la mejilla en su pecho. A Alistair se le aceleró la respiración y se le disparó la libido.
Cuando llegaron a la habitación, él tomó aire y la dejó en la cama, tenía que desnudarse. Pero verla sin nada encima estuvo a punto de hacerle perder el control. Saborearla había sido inolvidable, pero, quería más, requería estar dentro de ella.
Él comenzó a desabrocharse la camisa, mientras se fijaba en que ella no dejaba de mirarlo. La luz de la luna que entraba a través de una de las ventanas, a pesar de la lluvia que caía afuera, hacia resplandecer la piel de ella mientras a Alistair le parecía irresistible.
—¿La señorita elocuencia no tiene nada que decir ahora? —susurró él ante el silencio que había llenado la habitación.
Ella no dejaba de mirarlo ensimismada, mientras él terminaba de quitarse la camisa.
Tanya se estiró en la cama con una leve sonrisa. A Alistair le gustó que no tuviera una expresión tímida. Ella tampoco estaba avergonzada de exponerle su cuerpo.
—¿Qué quieres que diga? —le preguntó ella con una sonrisa provocadora.
A Alistair se le nubló el pensamiento cuando ella se pasó la lengua por los labios.
—Puedes decir cualquier cosa.
Ella volvió a pasarse la lengua por los labios, se irguió y muy lentamente se acercó al borde de la cama para poner su cara a la altura de la cintura de él. Estiro la mano y la coloco sobre la dura erección que resaltaba a través de los pantalones.
—Mmm... ahora mismo sólo se me ocurren dos palabras —susurró ella en un tono tan sexy que hizo que su erección se moviera en sus pantalones.
—¿Cuáles? —preguntó él casi a punto de balbucear mientras ella seguía acariciándolo con avidez.
Ella lo miró a los ojos mientras Alistair pudo ver el deseo que ya se reflejaba en ellos.
—Date prisa.
Alistair se separó un poco, desatando por fin su cinturón y bajando al mismo tiempo sus pantalones y sus bóxer, quedando completamente desnudo y notando el calor que producía en toda su piel la mirada de deleite que Tanya le estaba dirigiendo.
—¿En qué estás pensando? —le preguntó él con voz entrecortada.
—En lo que pensé la primera vez que te vi.
—¿Que era un gorila pelinegro?
Ella volvió a reír, inundando la habitación con su risa.
—Nop —dijo al fin—. Pensaba en que me recuerdas a mi postre favorito.
—¿Y cuál es tu postre favorito? —pregunto él con una sonrisa.
—Helado de vainilla —dijo mientras acariciaba su verga suavemente, cosa que lo hizo gruñir—. ¿Y sabes lo que hago con mis helados? —insinuó.
—Tengo otros planes primero sexy.
Alistair se metió en la cama y la llevó al centro del colchón, colocándose sobre ella.
—Comenzando por besarte.
Tanya sonrió. Conocía sus besos, sabía lo deliciosos y sensuales que eran. Desde que conoció a Alistair, ella se había dado cuenta del deseo sexual que tenía acumulado y que había reprimido. Antes de poder explicárselo, la boca de Alistair se adueñó de la suya y la arrasó con la lengua. Ella se estremeció al acordarse de lo que él le había hecho en el salón y al sentir lo que estaba haciéndole en ese momento.
—Ábrete a mí, Tanya —le susurró Alistair al oído en un tono incandescente.
Ella separó las piernas mientras él seguía pasándole la lengua por los labios. Alistair elevó ligera mente la parte inferior del cuerpo y ella hizo lo mismo instintivamente.
—Ahora, tómame.
Alistair la miró a los ojos y ella supo lo que estaba pidiéndole. Era algo que a ella le gustaba. Introducirse en un hombre y con Alistair era algo que definitivamente quería hacer. Le encantaba que Alistair estuviera haciendo que ella participara, dejarla ser ella misma y que diera rienda suelta a todo su anhelo.
Tanya alargó la mano para acariciar el vello del vientre. Alistair tomó aire.
—Tanya...
Su nombre brotó como un gemido desesperado y ella sonrió mientras bajaba los dedos para apoderarse de él. Estaba grande y duro. Tanya parpadeó, estaba demasiado grande, "por Dios" fue su único pensamiento. Lo miró a los ojos.
No podía pensar en nada mientras su mano envolvía aquella erección en su mano. Sólo podía pensar en que la dura pero suave masa de carne que tenía agarrada, pronto estaría dentro de ella. Y luego un pensamiento rápido y casi fugaz llego a su mente.
—¿Y la protección? —le preguntó repentinamente.
Ella notó por la expresión de Alistair que se había olvidado, como ella.
—Maldita sea, no suelo ser tan descuidado, lo siento.
Alistair se giró y sacó un envoltorio del cajón de la mesilla. Lo rompió con los dientes y se puso un preservativo.
Tanya sonrió.
—Yo también me he dejado llevar por el momento —se detuvo un instante—. Estoy tomando pastillas para regular mi período, pero no me he acostado con nadie desde hace un tiempo.
Tanya se sorprendió un poco de estar comentando eso con Alistair, como si estuvieran hablando del tiempo.
Alistair la besó delicadamente, hundiendo su lengua en la boca de ella y luego profundizó el beso, encendiendo de esa forma el deseo entre ellos.
—Tómame, Tanya —volvió a pedirle él.
Alistair tenía la respiración entrecortada y ella sintió un escalofrío en todo el cuerpo. Lo tomo firmemente y lo condujo hacia sí sin dejar de mirarlo a los ojos, con una mirada tan intensa como arrebatadora. Ella notó como se le contraían los músculos de su vientre, como si toda ella estuviera preparada para recibirlo.
Cuando estaba en la entrada, él tomó el control. Su punta se abrió paso, bajando sus caderas mientras ella subía las suyas, profundizando hasta dentro.
Ella, instintivamente, rodeó la cintura de Alistair con las piernas. Un instante después, él levantó un poco el tronco.
—Quiero sentir como es moverse dentro de ti, cariño —le susurró Alistair.
Ella apretó las piernas con fuerza. Todo el cuerpo ardiendo, conociendo muy bien lo que venía. Él volvió a embestir y ella elevó las caderas para que los cuerpos se fundieran en uno.
Alistair empezó a moverse. Muy lento al principio, volviéndola loca con el rítmico vaivén. Y luego, súbitamente acelerando el ritmo, haciéndolo todo fluido y fácil. Las caderas de Alistair no cesaban de arremeterla. La tomó con una mano y la levantó. Ella notó que le tocaba la cima de su vientre.
—Alistair... —exclamó ella.
Quería producir un orgasmo distinto al que había tenido en el salón. Distinto, pero igual de intenso. La lengua de Alistair había sido increíble, pero su sexo duro e infatigable era muchísimo mejor. Cada embestida estaba llevándola el límite. Quería gritar.
Y eso hizo.
Gritó su nombre con todas sus fuerzas. Lo tomo del cuello, notando el sudor que empapaba su piel. Pero él no cesaba y ella grito de nuevo, sintiendo que todo explotaba en su interior, incluido él.
Escucho el gemido ronco que salió de los labios de Alistair un instante antes de sentir la calidez de su liberación. Estaba decidido a sobrepasar todos sus límites, haciéndola tocar el cielo, el mayor de los éxtasis. Alistair cuadro su mandíbula, empujando con fuerza mientras los dos seguían con el delirio. Estaba aún duro y ávido y sintió su segunda liberación, intensa y abundante como la primera. Él echó la cabeza hacia atrás gritando el nombre de ella y los dos siguieron con la erupción.
En ese momento, Tanya supo que, a pesar de habérselo negado una y otra vez desde hace algún tiempo, excusándose en el deseo y aunque pudiera parecer increíble, se había enamorado de Alistair Platt.
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Alistair se estremeció al apartarse de Tanya. Habían estado juntos dos veces y poseerla de esa forma había sido lo mejor que le había pasado jamás. Nunca se cansaría de estar con ella.
Ella era su deseo irresistible. Nunca había conocido a una mujer tan apetecible.
La miró. Estaba agotada. Casi no podía abrir los ojos. Él jamás se había sentido así con ninguna mujer, ni siquiera con Renata. Alistair bufo al acordarse de la mujer que había herido su orgullo y roto su corazón. Cuando era una figura en la Universidad, ella estuvo a su lado y dentro de su cama, pero cuando le dispararon, no esperó ni un segundo para encontrar a alguien que lo sustituyera. Incluso tuvo el valor de echarle en cara que ella era mucha mujer para él, que sencillamente no quería pasarse la vida con un lisiado. Eso fue hacía diez años. Superó el problema en su brazo gracias a una rehabilitación extenuante, gracias a la fuerza de voluntad para sobrevivir y triunfar y al apoyo inmenso de su familia, Esme, Carlisle, Alice y principalmente Edward y Emmett, convirtiéndose en sus amigos incondicionales.
Volvió a mirar a Tanya, mientras ella daba un giro para seguir durmiendo. Pero la escucho susurrar su nombre mientras se movía para adaptar su trasero a él. Su cuerpo reacciono inmediatamente a esa proximidad, produciendo en él un nuevo anhelo. Coloco la mano en el vientre de ella y la estrechó contra él. Y entonces, ella volvió a susurrar su nombre.
Alistair frunció ligeramente el ceño. Lo que menos deseaba en ese momento de su vida era engancharse con otra mujer. No estaba dispuesto a pasar por la mala experiencia una segunda vez. Hacía mucho tiempo que había tomado la decisión de no enamorarse nunca más. Ello sólo significaría más sufrimiento. Por eso le preocupaba tanto la atracción tan profunda que sentía hacia Tanya. Estaba loco por ella incluso desde antes de esa noche y eso no era una buena señal.
Observo al reloj que había en la mesita junto a la cama. Marcaba más allá de medianoche. Tendría que despertarla antes del amanecer para que pudiera vestirse y volver a su casa. Conociendo a Charlie Swan podía suponer que sus días comenzaban muy temprano y no quería que nadie se enterara de su asunto con Tanya, aunque sospechaba que ya todos sabían de ellos, mucho más cuando había rogado a Bella que preparara la ropa para que Tanya se pudiera cambiar antes de ir a casa, por si acaso. Aun así, no quería que nadie se entrometiera en algo que para él era demasiado precioso. Antes o después, todo el mundo sabría que ellos habían tenido aquella aventura, pero prefería que fuera después. Alistair soltó una maldición silente en el momento que recordó a su familia. Ellos harían una montaña de un grano de arena, pero en ese momento, Tanya volvió a moverse y restregó su trasero contra él y su familia desapareció de sus pensamientos.
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Tanya abrió lentamente los ojos mientras sentía que un brazo fuerte y cálido rodeaba su cintura. De pronto se dio cuenta de que no solo estaba desnuda, sino que también estaba desnudo el hombre que descansaba pegado a ella en el dormitorio, aún iluminado por los rayos de la luna.
Miró al reloj de la mesita de noche. Eran las tres de la madrugada. Se le aceleró el pulso al acordarse de lo que había pasado esa noche con Alistair, y todo por la habilidosa lengua de él. Cerró los ojos al sentir un calor que la envolvía.
Entonces, notó que algo más la abrumaba. Jamás había sentido toda la gama se sensaciones que Alistair le había hecho sentir aquella noche. Además recordó que cuando habían estado juntos por segunda vez, él había sido delicado y tierno, tanto, que ella estuvo a punto de llorar.
De repente, Tanya se quedó sin aliento cuando noto que el brazo que le rodeaba la cintura se estaba moviendo hacia abajo, hacia la unión entre sus piernas.
Tanya abrió la boca pero dejó escapar un leve ronroneo cuando los dedos de él empezaron a acariciarle su esencia más femenina. Intento hablar pero tenía un nudo en la garganta.
Él se movió suavemente dando la vuelta para dejarla de espaldas a la cama y ella se encontró con el pétreo cuerpo de él encima. La miraba seductora y provocadoramente. Tanya se dio cuenta que la pasión volvía a renacer dentro de ella. Quería que él la volviera a hacer suya. Lo necesitaba. Después se regañaría a sí misma por haberse enamorado de él, pero por ahora... Lo tomo del cuello y le bajó la cabeza.
—Te necesito dentro de mí —le susurró mirándolo intensamente a los ojos.
Si bien era ella la que lo pedía, sabía que el deseo era compartido por ambos. La prueba era la verga dura y turgente que descansaba entre sus muslos. Sin embargo, sabía que Alistair haría solo lo que ella le permitiera y ella quería todo lo que él pudiera darle para hacerla disfrutar.
En ese instante, noto que él se abría paso lentamente en su interior. El cuerpo de ella se relajó automáticamente a medida que él profundizaba y el calor abrasador empezó a consumirla.
—Adoro estar dentro de ti —susurró él en el oído de ella.
Ella lo rodeó con sus piernas y él la penetró aún más. Cuando estuvo completamente dentro de ella, se inclinó para adueñarse de su boca mientras la parte inferior de su cuerpo comenzaba a moverse con embestidas incesantes.
Hasta que el placer la alcanzó y la dejó atónita. Había alcanzado el clímax con él las veces anteriores, pero aquella vez casi había arrancado su cuerpo de la cama, había hecho que ella se arqueara y se apretara contra él, consiguiendo que se sintiera como si se rompiera en un millón de pedazos. Alistair separó su boca de la de ella, movió su cabeza hacia atrás y aulló para dejarse llevar por su propio éxtasis. Tomo su trasero para acercarla más a él, para entrar más en ella y fundir los cuerpos en uno.
El estaxis fue total y los dejo a ambos saciados pero agotados. Tanya sintió como él se retiraba de ella lentamente, girando un momento y luego volviendo a ella. La jalo hacia él haciendo recostar el cuerpo de ella sobre el suyo. El contacto era extrañamente familia y hacía sentirlos a ambos cómodos y seguros. Tanya pensó en ese instante que después de muchas relaciones fallidas esto era lo más real que había sentido por un hombre en toda su vida. Tal vez, pensó ella, todo lo anterior había sido su cuerpo. Esto era su alma. Y así, sin siquiera darse cuenta, ambos se rindieron al cansancio.
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Adriu: Hola, gracias por escribir.
Yoliki: No comas ansias, las pistas seguirán apareciendo para que confirmes o descartes sospechosos.
Marieisahale: Así es, nuestra Burbujita habla de nuevo, eso solo quiere decir que se está recuperando y que su vida normal completa está por llegar. Y yo realmente espero que todos los años nuevos sean buenos para todos.
Hanna1441: Espero que este y el capi que viene no te provoquen taquicardia, pero las noches buenas hay que vivirlas.
Guest: Si nuestra Burbuja es un pequeño ángel que ya se está recuperando con el amor de su familia y los capítulos hot, bueno… son como la vida, hay que disfrutarlos.
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