Disclaimer: Tengo que aclarar que los personajes no son míos, como todos saben, pertenecen a la mente prodigiosa de la Sra. Meyer. Yo solo juego con ellos, intentando que ese juego los entretenga a ustedes.

Este Fic está dedicado a mi hermana Carolina, mi mejor y mayor crítica, un ejemplo en mi vida, gracias por tus buenas ideas, eres "mundial" y te amo por eso y más.

Debo advertir que este capítulo tiene Lemmon, así que si hay mentes susceptibles prepárense.

Les contare un secreto.

Suelo llamarme a mí misma El Grinch, no soy de las que le encantan los adornitos en verde y rojo, ni lucecitas de colores en casa o en la oficina, me llamaran simple y aguafiestas, pero en ese sentido soy así.

No me sacan sonrisas las fechas de compras, me sacan sonrisas los buenos momentos vividos, los recuerdos nítidos, las buenas compañías sinceras, las palabras llenas de verdades.

Soy el Grinch pero no vengo a quitarles regalos, más bien quiero darles uno… cinco minutos para pensar… pensar en qué les ha regalado este año que termina… cinco minutos para olvidar el dolor causado si alguien valioso se ha perdido de su lado (temporalmente, pues nadie podrá sacar de nosotros el inmenso amor que sentiremos por ellos siempre)… cinco minutos para alegrarnos por acumular recuerdos satisfactorios… cinco minutos para olvidar, simplemente eso… cinco minutos para que le digan y le insistan a sus sueños que ya no los quieren en blanco y negro pues ahora los merecen a colores… cinco minutos para comprender de una vez y para siempre, que si tu deseo es fuerte, que si tu voluntad es firme y tu constancia es permanente, en contra de cualquier obstáculo, si podemos y no daremos marcha atrás.

Feliz Año Nuevo para todos.

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Capítulo 18

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Maneras Misteriosas

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Well me I fall in love with you every single day

And I just want to tell you I am

So honey now

Take me into your loving arms

Kiss me under the light of a thousand stars

Place your head on my beating heart

I'm thinking out loud

Maybe we found love right where we are

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Bueno, en mi caso, yo me enamoro de ti cada día,

Y solo quería decirte que lo estoy

Así que cariño, ahora

Llévame en tus brazos amorosos

Bésame bajo la luz de miles de estrellas

Pon la cabeza sobre mi corazón

Estoy pensando en voz alta

Tal vez encontramos el amor justo donde estamos

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Thinking Out Loud – Ed Sheeran

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Trinity Nightclub. Minutos Antes de Año Nuevo

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Edward tenía un plan. Había pasado toda la semana pensando en el beso que le había dado a Bella y en lo que eso le había hecho sentir y mucho más importante, estaba seguro que Bella estaba sintiendo lo mismo por él.

Él sabía que ambos habían tenido muy malas experiencias y que abrirse a nuevos sentimientos era difícil para los dos.

Pero lo que sentía no podía simplemente olvidarlo, no podía sacarla a ella de su mente hace mucho tiempo y ahora no podía sacar ese deseo por ella de su cuerpo. Se prometió así mismo ir sobre seguro y dejarle a ella siempre la opción de decir que no o decidir cuándo parar, pero tenía que intentarlo y esta noche era la noche.

Allí en medio de la pista de aquel club vio cómo su amigo y su primo se perdían con sus parejas, Rosalie le había guiñado un ojo cuando ambos se habían levantado para bailar, ella sabía lo que él deseaba, lo estaba apoyando, y le agradecía por eso.

Se separó un momento de Bella sin dejar de estrecharla entre sus brazos y le sonrió, con esa sonría que sabía que a ella le gustaba.

—Es hora de irnos –dijo.

—Aun no es media noche —dijo ella extrañada.

—Tengo una sorpresa para ti.

—¿Te he dicho que no me gustan mucho las sorpresas?

Él sonrió de nuevo, ya sabía eso y también que eso era lo que le diría.

—Confía en mí, esta sorpresa te gustara.

Cuando ambos llegaron a la mesa a recoger sus cosas Bella quería despedirse del resto, pero Edward solo le señalo a Embry y Paul que bailaban en la pista y cuando estos voltearon a verlos Edward se despedía con su mano mientras Paul esbozaba una sonrisa y modulaba un "diviértanse", otro que sabe de mis planes pensó Edward, a este ritmo Charlie Swan estaría en la puerta de su habitación la mañana siguiente.

Cubrió a Bella con su abrigo mientras la llevaba hasta su Volvo y ponía a los dos en marcha hasta el Fairmont Olympic Hotel. Bella se vio sorprendida cuando el valet parking la ayudo a bajar del auto y luego Edward la tomo de su mano y la llevo por el medio del recibidor hasta los ascensores.

Al notar el bolso que Edward cargaba consigo pregunto:

—¿Tienes una habitación todavía aquí?

—Eeeee sí, más o menos —dudo Edward.

—¿Más o menos?

—Ya verás.

Edward la llevo a su suite y la dejo entrar mientras dejaba el bolso y encendía la luz. Unas copas y una botella, como la habitación de su primo, estaban colocados en la mesa de centro del salón.

—¿Esto estaba planeado? —dijo Bella señalando las copas.

—Sí, no piense demasiado señorita escritora, no le hace bien, además no es champán, es vino champañizado no es nada más fuerte que eso, sé que no te gusta.

Sirvió para ambos mientras Bella sentía que las burbujas picaban en su nariz. Edward no dejo de sonreír mientras busco la mano libre de Bella y comenzó a dar vueltas en su dorso con su pulgar.

De pronto, una algarabía se escuchó y se dieron cuenta que afuera ya era Año Nuevo y ambos se sonrieron y se acercaron a la ventana donde, aun en medio de la lluvia, la bahía se llenaba de luces mientras los fuegos artificiales salían una y otra vez desde la Space Needle.

Edward se colocó detrás de Bella abrazándola por su cintura mientras que los dos contemplaban el espectáculo de luces y no dejaban de sonreír.

—Espero que ella pueda verlo —dijo Bella, refiriéndose a Burbuja.

—No dudo de que siga despierta y después de ver esto tardara un muy buen rato en dormir.

Bella giro su rostro para poder mirar a Edward y sus ojos una vez más se unieron como lo habían hecho muchas veces antes. Las luces de afuera se estaban reflejando en las pupilas verdes de Edward y Bella pensaba que nunca había contemplado algo tan maravilloso.

Edward fue bajando lentamente su rostro al de ella y una vez más volvió a besarla, así como lo había hecho la noche de víspera de Navidad y ella se giró totalmente hacia él abrazándolo fuertemente sin perder la intensidad del beso.

Las manos de él comenzaron a recorrer su espalda una y otra vez, a la par de cada beso que ambos se brindaban y cuando Bella sintió que las manos de Edward comenzaban a bajar el cierre en su vestido respingo y se separó del beso.

—Quiero que estemos juntos —dijo Edward—. No hay nada que desee más que estar contigo, pero todo será si tú quieres.

Bella lo miro una vez más intensamente y el silencio preocupo a Edward haciéndolo pensar que ella no estaba lista.

—Solo quiero que estés segura, sino es así no pasara nada, ¿quieres estar conmigo? —preguntó cuándo ella volvió a abrir la boca.

Soltó un poco su agarre dejándola decidir. Sabía perfectamente lo que pasaría si ella decidía ir a la habitación con él.

Se miraron y rogó para que ella no rompiera el contacto. No lo hizo. En lugar de eso le pasó los brazos por el cuello y tiró de él hasta que notó su aliento en la boca.

—Sí —dijo ella después de un momento—. Sí, quiero estar contigo.

Y después, poniéndose ella de puntillas, volvieron a unir sus bocas.

Un instante después Edward la estaba guiando hacia la habitación y en cuanto entraron en ella Edward la abrazó y la beso con avidez, mientras deslizaba su lengua dentro de la boca también hundía los dedos en su pelo para besarla más profundamente, incluso con más fuerza que los besos que se habían dado antes.

¿Por qué no sentía que pudiera apartarse de Edward? ¿Por qué se sentía acalorada y tan húmeda…? ¿Y por qué estaba recordando el beso de la otra noche? Uno que le había hecho desear estar más cerca de él, sentir su cuerpo contra el de ella. Él la había besado de un modo en que ningún otro hombre la había besado antes.

—Me encanta besarte, te lo había dicho, podría hacerlo todo el día —dijo él.

Bella se humedeció los labios con nerviosismo mientras pensaba que Eric nunca le había dicho nada parecido.

Ella le devolvió el beso ansiosa pensando que era muy diestro. Era tan hábil que casi se le doblaban las rodillas. Cuando estaba convencida de que se derretiría entre sus brazos, interrumpió el beso, dio un paso atrás, mientras él la miraba fijamente.

Aunque hubiera quería resistirse, ya era tarde, así que no pudo hacer más que dejarse llevar. Él sabía a menta y definitivamente olía a hombre. Y Bella realmente deseo que ambas esencias se filtraran en su piel. Su mente estaba desbordada, aún no entendía cómo podía continuar de pie, pero se dio cuenta que su cuerpo estaba actuando por sí solo, pues el sí sabía responder a todas las sensaciones que Edward le estaba haciendo sentir. Edward volvió a acercarla a él apretándola fuertemente hasta sí mismo y ella pudo sentir la dureza del musculoso abdomen de Edward, al igual que la parte que se encontraba un poco más abajo y eso solo logro hacerla sentir más caliente aun de lo que podría haber pensado.

Las manos de Edward estaban en la cintura de Bella, recorriendo cualquier otra parte del cuerpo de ella que estuviera a la disposición, mientras Bella solo podía pensar en la lengua que se unía a la suya y que la hacía estremecer.

De repente, sintió como Edward bajaba la cremallera de su vestido y su mano comenzaba a acariciar la parte de piel que iba quedando expuesta. Toda ella se estremeció. Esas manos estaban hechas para darle placer a una mujer. Eran masculinas, pero increíblemente suaves.

Una parte de ella no podía creer que esto estuviese pasando, ni que ella lo estuviera permitiendo. Había perdido toda fuerza de voluntad, se la había cedido a Edward dándole la libertad de hacer con su lengua, boca y manos, las cosas milagrosas que le estaba haciendo. Ella solo podía temblar, quemándose en su propio deseo.

Entonces se dio cuenta de que su vestido estaba en el suelo y que Edward acariciaba la parte de su trasero que no cubría la braga que llevaba puesta.

Sintió que perdía el equilibrio, pero en realidad era él quien la estaba haciendo tumbarse en la cama. Y como si dominase su mente, su cuerpo se volvió flexible, receptivo y dócil bajo sus manos. Cuando sintió la suave superficie de la cama en la espalda, Bella abrió los ojos y miró en los de él al mismo tiempo que Edward apartaba sus labios para meterle una mano debajo de la cabeza, colocando los cuerpos de ambos en una posición más cómoda y colocándose prácticamente encima de ella.

El corazón de Bella empezó a latirle a toda velocidad y sintió un deseo que no era capaz de controlar. Sus rostros estaban muy cerca y sus miradas unidas. Notó cómo a él le cambiaba el ritmo de la respiración al mismo tiempo que a ella.

Muy despacio, Edward se echó hacia delante, susurrando su nombre antes de volver a besar sus labios. Eso hizo que Bella cerrara los ojos por miedo a perder la cordura.

La beso intensamente, haciendo que se le escapase un gemido. Bella le devolvió el beso, porque necesitaba saborearlo, estar todavía más cerca de él. Tal vez se arrepintiese después, pero ahora sabía lo que quería y lo que necesitaba.

Devolvió el beso con pasión y con ansia, una que no había conocido hasta entonces. En sus brazos se volvió descarada, libertina. Edward había sido el único hombre capaz de robarle el sentido común y reemplazarlo por algo que no la dejaba pensar con claridad.

Sintió que el aire frío le daba en la piel y se dio cuenta de que él le estaba bajando el brassier con los dientes. Edward coloco la cabeza entre aquellos pechos y, con la punta de la lengua, trazó un húmedo círculo alrededor del delicado pezón. La pequeña aureola se tornó más oscura, más dura, y a Bella se le tensó todo el cuerpo. Edward continuo besando su pezón de manera tan lujuriosa que hacía que ella se aferrara a él.

—Por favor… —murmuró ella, colocándole las manos en la nuca y atrayéndole hacia abajo—. Por favor, Edward…

—¿Quieres que siga?

—Sí. Hazlo de nuevo, oh, sí…

Edward tomó todo el pezón con la boca, lo cual hizo gemir más a Bella. Él hacia una leve presión en el pezón con los dientes, mientras sus dedos jugueteaban con el endurecido pezón del otro pecho. Bella le revolvió el cabello y le levantó la cara, besándolo con una intensidad arrebatadora, como si en ese momento no existiese nada salvo ellos dos. Luego comenzó a acariciarle la espalda, percibiendo la forma de sus músculos.

Luego él se separó de ella y se levantó de la cama, el corazón de Bella empezó a latirle desenfrenadamente cuando vio que él empezaba a desabrocharse la camisa. Se quedó sin aliento al ver su pecho y, al mismo tiempo, se sintió orgullosa. Era el pecho que tocaría mientras unieran sus cuerpos; el que sentiría en su rostro mientras rosara con él. Y sus hombros, anchos y fuertes, serían a los que se tomaría cuando sintiese la explosión en su interior. Porque, algo dentro de ella le hacía estar segura de que la sentiría.

Notó otro escalofrío al ver cómo Edward se quitaba los pantalones y se le hizo un nudo en la garganta. Por fin consiguió respirar mientras lo observaba, más concentrada que nunca. Debajo del bóxer de seda negra parecía haber un hombre muy bien dotado, y que parecía saber perfectamente cómo hacer uso de sus atributos. "Dios si Tany viera esto". Luego negó con su cabeza "No, no ella nunca lo verá".

Ella se concentró en su erección, pensando que cuando estuviera dentro de ella estarían unidos más allá que en el cuerpo, sabía que sería una entrega completa. En el poco tiempo que hacía que lo conocía, había comprendido que Edward era un hombre intenso, exigente. Pero, por otro lado, también era un hombre entregado y dulce.

Lo que más le llamó la atención fueron los finos rizos dorados que se esparcían por el pecho, bajaban por el abdomen y se perdían bajo el borde de los boxer. Deseó poder acariciarlos antes de recorrer el camino de bajada.

Y cuando se bajó los boxer dejando libre esa parte de su cuerpo que había estado presionando contra la tela, hizo que a ella se le abrieran los ojos de par en par.

Tragó saliva sin dejar de mirarlo. Hipnotizada. Nunca le había parecido un hombre tan hermoso, tan asombroso, tan guapo. No parecía tener ningún problema en permanecer ahí de pie desnudo y completamente excitado delante de ella.

—Creo que ahora te toca a ti —dijo él.

Bella comenzó a quitarse el brassier azul rey que Edward había bajado, mientras los ojos de Edward parecían oscurecerse cada vez más, mientras no dejaba de mirar los senos de Bella, cosa que en vez de ponerla nerviosa la hizo sentir femenina y atrevida.

Se quitó las sandalias, que todavía conservaba, quedándose solamente con una prenda, la ropa interior, un tanga que no dejaba casi nada a la imaginación. Prácticamente todo estaba a la vista, expuesto ante sus ojos, mientras la mirada de él se deslizó hasta el centro de su feminidad con una intensidad que le hizo sentir calor en la piel.

—Ven aquí, Bella.

Le dijo mientras la ponía de pie de nuevo y ella escuchaba como pronunciaba su nombre en un tono ronco que la penetró hasta los huesos y le hizo ser consciente de cuánto la deseaba él y cuánto lo deseaba ella. Su lado femenino anhelaba conectarse con él del modo más íntimo.

La acerco mucho más a él, mientras él se deslizaba por su cuerpo y hundía el rostro entre sus pechos para oler su aroma. Y entonces ella notó la húmeda punta de su lengua en los pezones. Una oleada de sensaciones la recorrió, cálida e intensa, y automáticamente lo agarró de los hombros para no caerse.

La avidez con que su boca devoraba sus pechos le hizo echar la cabeza hacia atrás y liberar el aire que había estado reteniendo. Siguió chupándole los pezones con una intensidad que le hizo sentir toda clase de placeres en un punto entre las piernas. Notó que se ponía húmeda y justo cuando pensaba que no podría soportarlo más, sintió que él bajaba la mano hacia esa zona. Y cuando la toco ahí, experimentó que el calor irradiaba hacia su interior mientras la acariciaba.

Separó más las piernas para él, permitiéndole el acceso a todo lo que quería, y la penetró con los dedos y empezó a explorar su sensible carne. Al principio la acarició con suavidad, caricias como de pluma para que se sintiera cómoda con la invasión, y después con caricias más ardientes que le arrancaron gemidos de placer.

Nada ni nadie le había hecho sentirse así antes. Su cuerpo entero se derretía de necesidad. Edward era el primer hombre con el que mantenía relaciones íntimas desde "el accidente". Pero aquello era diferente. Se había sentido intensamente atraída por él desde el principio, tan intensamente que podía verse a sí misma disfrutar en sus brazos.

Repentinamente él se echó hacia atrás, sacó su mano de su interior y ella experimentó una inmediata sensación de pérdida. Lo miró a los ojos y vio cómo se metía en la boca el dedo que había tenido dentro de ella y lo chupaba como si fuera una paleta de su sabor favorito, haciéndole saber de ese modo lo mucho que estaba disfrutando de su sabor. Ver lo que hacía hizo que se le tensaran los músculos de las piernas y se disparara su deseo.

Edward se puso en pie y ella se sintió levantada entre sus brazos y colocada en la cama. Se inclinó sobre ella y agarró la cinta del tanga con los dedos, lo bajó lentamente por las piernas. En lugar de arrojarlo a cualquier sitio, se lo llevó al rostro e inhaló profundamente como si necesitase conocer su aroma más íntimo. Ella no podía dejar de mirarlo.

Y mientras estaba allí echada, su cuerpo completamente desnudo expuesto a su mirada, para placer de él, las manos de Edward empezaron a recorrerla desde los dedos de los pies, se detuvieron en su centro, demorándose en su monte de venus como si su visión lo fascinara. Se quedó sin respiración cuando empezó a acariciarla entre las piernas antes de deslizarle de nuevo un dedo dentro, comprobando su humedad, haciéndole gemir y gritar.

—Quiero estar contigo —le susurró él.

Bella escondió el rostro contra el cuello de Edward, mientras la mano de éste seguía acariciándola suavemente.

Cada célula de él vibraba de pura necesidad.

—Voy a cuidarte, te lo prometo —dijo sin dejar de acariciarle incrementando la tensión en el interior de ella—. Pero si no te saboreo ahora mismo, voy a volverme loco.

—Sí, quiero estar contigo —contesto ella.

Aguantó la respiración mientras él se deslizaba hacia abajo por la cama y depositaba un cálido beso en su vientre antes de ponerse sus piernas sobre los hombros colocándose cara a cara con su sexo. Estaba tan cerca que podía sentir su cálido aliento en los hinchados labios de su feminidad. Cerró los ojos y dejó escapar un profundo rugido en el momento en que notó su lengua en su piel, y entonces empujó con ella y empezó a describir con ella firmes y fuertes caricias, después entró un poco más, cada vez más, una y otra vez.

Descubrió que era metódico e intenso con sus besos sin importar el lugar en que se los diera. Manteniendo los labios firmemente unidos a los suyos usaba la lengua de un modo que ella no sabía que pudiera hacerse, llegando con ella a sitios que no sabía que podía alcanzar y dándole el beso de tornillo más íntimo posible mientras la devoraba glotón.

Gritó cuando el clímax la golpeó con la intensidad de un choque de trenes. Sintió que su cuerpo se hacía pedazos mientras se llenaba de un placer que no había sentido en la vida.

Sintió que él la dejaba momentáneamente, la miraba con ojos ardientes mientras buscaba en el bolsillo de su pantalón y sacaba un preservativo. Lo miró ponérselo antes de volver con ella a la cama y colocarse entre sus temblorosos muslos donde aún latía la conmoción de un gigantesco orgasmo.

Se inclinó hacia delante, la besó y ella pudo saborear en sus labios su propia esencia y entonces sintió el extremo de su duro y grueso sexo presionar en su húmedo centro. Anhelaba el contacto, estaba casi desesperada por la conexión y se consumía por el calor que generaba el deseo por ella y el suyo por él. Notaba que dentro de ella crecía una necesidad, una necesidad que hacia latir el centro de su feminidad. Y como si él notara esa necesidad, interrumpió el beso, la miró a los ojos y empezó a entrar en ella.

Sus miradas siguieron enlazadas, conectadas mientras penetraba cada vez más dentro de ella, ocupando todo su espacio, llenándola con su pura esencia. Estaba extremadamente tirante y por un momento leyó en los ojos de él que pensaba que podía estar haciéndole daño.

—No. Sólo es que ha pasado mucho tiempo —explicó. Esperando que las palabras hubieran disipado cualquier duda.

—Relájate —le susurró Edward—. Ten paciencia, cariño.

—Estamos perfectamente juntos —dijo ella y en ese momento se dio cuenta de lo incrustado dentro de ella que estaba.

Completamente. Sus cuerpos estaban tan unidos como podían estarlo. Estaban allí tumbados, él encima de ella, dentro de ella, mientras se miraban, disfrutando de lo que sucedía y de lo que llegaría después.

—Voy a ir despacio para hacer que dure —susurró él un segundo antes de empezar a moverse flexionando las caderas mientras ella alzaba los muslos para que la penetración fuera más profunda.

Empezó con empujones lentos como había dicho que haría. Después el tempo cambió, el ritmo empezó a acelerarse y empezó a cabalgar más deprisa, con más intensidad, con una penetración incluso más profunda. Edward echó la cabeza hacia atrás y un sonido gutural se escapó de las profundidades de la garganta. Su cuerpo estaba en sintonía con el de él. Con cada embestida, y notó que las sensaciones empezaban a llenarla, a superarla hasta que sintió otra explosión en su interior.

Y entonces, ocurrió, una explosión la desgarró por dentro. Ella grito su nombre mientras clavaba las uñas en su espalda cuando notó que todo se rasgaba en su interior, encendiendo cada terminación nerviosa, cada célula. Notaba cada cabello en la cabeza, cada íntimo músculo ciñéndose contra él, cerrándose mientras él seguía entrando en ella con una intensidad que le provocó otro clímax. Gritó su nombre otra vez al mismo tiempo que él gritaba el suyo. Y lo sintió estremecerse dentro de ella, en realidad notó el preservativo expandirse por la fuerza de su liberación.

Pasó un tiempo antes de que la sensación empezara a perder intensidad. Se inclinó sobre ella y la besó deslizándole la lengua en la boca moviéndola del mismo modo que había hecho en su sexo y haciéndole llegar otra vez así de fácilmente. En toda su vida había disfrutado de un placer tan puro, tan profundo, de una satisfacción tan intensa.

Momentos después, tras abandonar su boca, ella respiró hondo sintiéndose completamente saciada. Y entonces Edward se levantó suavemente y la miró a los ojos. En ese momento algo ocurrió en su interior. Después, lentamente, él bajó la cabeza mientras sus dedos la acariciaban en la mejilla y a los pocos segundos volvía a besarla mientras le susurraba que él no había tenido suficiente y que quería más.

No pudo evitar reconocer que ella tampoco había tenido suficiente y que lo deseaba de nuevo. Al sentir que volvía a tenerlo dentro, pensó que lo que habían compartido era sólo el principio...

~0~

Bella abrió los ojos lentamente al sentir el roce de una mano masculina sobre su muslo, era una caricia lenta y cariñosa. Por si se le había olvidado con quién estaba, la dureza de aquel cuerpo desnudo le refresco la memoria.

Se quedó quieta, sabiendo que la mano de Edward tenía el objetivo de excitarla, como había descubierto la noche anterior. Él le había advertido que era insaciable y, durante las últimas horas, le había demostrado que no mentía. Era un hombre tan viril que Bella se preguntó si sería capaz de aguantar. Pero, por el momento, había aguantado. En cada ocasión que él la había buscado, ella había respondido gustosamente, sabiendo lo que le esperaba. Y no la había decepcionado en ninguna de esas ocasiones. Cada vez que habían estado juntos se había sentido plena y completamente satisfecha.

Sintió que le metía la mano entre las piernas y ponía en funcionamiento sus eficaces dedos. Bella gimió su nombre suavemente.

—Veo que estás despierta —susurró Edward apoyándose en un codo para mirarla.

Ella observó su pecho desnudo y musculoso. Recordó haber hundido la cara en ese pecho, y haberlo acariciado con la lengua mientras él se había hundido en ella en una extraña posición. Edward no sólo tenía mucha energía, también tenía mucha imaginación.

—¿De verdad esperabas que estuviese dormida? —preguntó mirándolo a la cara y casi sumergiéndose en la profundidad de sus ojos.

Él sonrió de un modo muy sexy.

—Entonces dejare de pensar en una manera de despertarte, no quiero que tengas problemas.

—¿Problemas?

—Sí, es bastante tarde. Y aunque me encantaría que te quedases aquí toda la noche, no quiero que Charlie Swan se vuelva loco buscándote por toda la ciudad si no vuelves a casa a una hora decente.

Ella miró el reloj que había en la mesita de noche. Ya eran las tres de la madrugada. No pudo evitar reír.

—¿Qué es para ti una hora decente?

—Cualquier hora antes del amanecer —contestó él también divertido.

Bella se estremeció al sentir que volvía a acariciar su sexo, que volvía a humedecerse.

—No tienes de qué preocuparte. Podre escabullirme, sino acudiré a mi Madre y estoy segura que ella me cubrirá en todo, tenlo por seguro.

—O sea, que tenemos a Renée Swan de nuestro lado y que puedes quedarte toda la noche

Ella lo vio a los ojos y descubrió en ellos la intensidad de su deseo. Le gustó saber que después de haber estado juntos varias veces aquella noche seguía deseándola de la misma forma. Eric siempre había tenido prisa por echarla de su lado después de acabar. Aunque Bella terminaría enterándose de la verdadera razón tiempo después. Asintió.

—Sí, eso es exactamente lo que he querido decir.

La expresión de Edward mostró su satisfacción, no iba a dejar que se marchase del hotel en esos momentos... y ella estaba de acuerdo.

Cuando bajó la cara hacia ella, Bella separó los labios para recibirlo.

Y en su interior se dio cuenta, de repente, de algo que podía llegar a ser un desastre. Que después de todas las cosas misteriosas que habían pasado en su vida últimamente, si no tenía cuidado con su corazón, no podría evitar enamorarse de Edward Cullen.

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...

¿No les encanta la canción de este Fic?

Yoliki: Te dije que no debes comer ansias, todo a su debido tiempo como este capi.

Marieisahale: Estos son mis chicos favoritos, espero que te haya gustado como los anteriores.

Adriu: No podía incluir a Burbuja en estos "juegos de mayores", pero ella aparecerá en próximos capis porque ella es una razón para que estén juntos. Gracias por pasar por mis otros Fic, me agrada que te hayan gustado como este.

LeoniLilzBlackAngel: Gracias por tus halagos. No me gusta lo grotesco, ósea el sexo demasiado explicito, aunque hay mucho ejemplos de buen gusto en muchos libros y Fic. He leído historias en páginas eróticas que demuestran que las palabras son, a veces, el mayor estimulante. Lo erótico parece estar de moda, pero descubrimos con los años que es parte de nuestras vidas, es solo cuestión de dejarlo entrar. Me encantaría hacer algo en colaboración, ¿tienes alguna idea? Estoy buscando un tema para escribir, tengo algunas ideas pero nada se concreta en mi cabeza.

Guest: Todas las Swan tienen lo suyo, ¿se notó algo de eso en Bella? No son niñas inocentes, solo chicas de convicciones fuertes.

Debi Campos: Muchísimas gracias por pasarte por aquí. Me levantas el ánimo, porque hubo un comentario por allí que dijo que mi "intento de historia no era bueno" y eso me tiro al piso, pero bueno… aquí estoy de pie. Te animo a pasar por mis otros Fic a ver si te gustan. En cuanto a la historia, la idea es esa, intriga, dejarlos pensando, hacer elucubraciones. Eres una buena lectora, porque eres la primera que ha acertado un detalle de los que he colocado en este Fic y estas tan cerca de descubrir algunas cosas y por ultimo has dado en el clavo, Bella y Edward no podían quedar sin su momento especial.

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