Hola. Aquí les traigo un nuevo capítulo. Estaré actualizando cada tres días. Por si gustan pasar a leer.


Cuando el barco arribó en la isla Kyoshi, un día después de haber salido del polo sur, la tarde ya estaba llegando a su fin y la maestra agua volteó un momento al horizonte, le iba a costar acostumbrarse a no salir al muelle y esperar el regreso de Aang.

Las Guerreras Kioshi, incluidas Ty Lee, les dieron una muy cálida recibida. Los estaban esperando fuera de la casa de Suki y Sokka. Se sorprendieron un poco al ver a Katara entre el grupo que regresaba.

-Pero, ¿dónde has dejado al avatar? –preguntó una de ellas, bastante animada y esperando ver al maestro aire caminar o llegar en su patineta de aire detrás de ellos.

Katara sacudió la cabeza y compuso una sonrisa la cual sus ojos desmentía.

-Él tiene deberes qué atender. –Ty Lee la observó un tanto perceptiva, entrecerrando los ojos.

-Creí que tú lo acompañabas a todos lados. –preguntó la antigua amiga de Azula.

-Pero Ty Lee, el Avatar Aang nos aclaró que él viajaba solo. –agregó otra guerrera.

Los ojos azules de Katara recorrieron con la mirada a las chicas frente a ella y miró a Suki, ésta volteó la mirada y asintió un tanto culpable.

-Ustedes, ¿han visto a Aang? –cuestionó Katara observando ávidamente sus rostros. -¿Se encontraba bien? ¿Dónde lo vieron?

Suki se adelantó y tomó a Katara del brazo.

-Ya habrá tiempo de contestar todas esas preguntas. –caminó adentrándose a la casa por la amplia puerta que Sokka tenía abierta mientras introducía las cosas. –Ahora tenemos que preparar algo de comer antes de que mi marido se ponga de malas.

-¡Tengo hambre! –gritó el aludido desde adentro, dando énfasis a las palabras de la guerrera.

Katara, con un poco de duda y frunciendo ligeramente el ceño, se dejó arrastrar por su cuñada a su casa.

Las guerreras murmuraron despedidas y "nos vemos", "hasta pronto", "un gusto verte, Katara", para después irse.


Justo cuando Katara comenzaba a preguntarle a Suki sobre lo ocurrido anteriormente, llegó Sokka a presionarlas y la conversación tuvo que esperar al no retirarse su hermano.

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La cena pasó tranquilamente, entre algunas bromas del hombre presente entre ellas. Todos estaban cansados por el largo viaje y las energías se utilizaban para comer.

La maestra agua supo que tenía que esperar un poco más por su respuestas cuando Suki se acarició su pequeño vientre y murmuró un "necesito descansar" antes de retirarse a dormir.

Sokka guió a su hermana a la que sería su habitación en el tiempo que estuviera con ellos. Después de unas cuantas bromas sobre el clima y unos bostezos, él también se retiró, dejando a la ojiazul con sus pensamientos girando en muchas direcciones.

La habitación era sencilla, tenía una cama en el centro con dos burós a cada lado. Un pequeño closet del lado derecho y un pequeño ventanal, que estando la habitación en el segundo piso, se podía ver el pueblo de la pequeña isla Kyoshi. Una puerta junto al ventanal daba paso a un pequeño baño con lo necesario.

Con un suspiro, Katara acomodó algunas cosas de su maleta en el closet y luego se dio una ducha que le pareció más reconfortable.

Miró con un poco de duda las maletas a medio abrir, tratando de decidir si debía desempacar ahora o dejarlo para después. Optó por la segunda opción y antes de recostarse sobre la cama, dejó junto a su cama, en la pequeña mesita de noche, un pergamino de técnicas avanzadas de maestro agua, su regalo de cumpleaños.

El sueño llegó pronto y gracias al cansancio del viaje, sin pesadillas de las cuales huir.

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Al día siguiente de su llegada, mientras Sokka se preparaba para su tarea de pintar la casa, Katara acomodaba sus cosas en la habitación que le habían asignado.

Cuando Suki llegó, ambas se sonrieron y la Guerrera Kyoshi, sentada sobre la cama, le ayudó a doblar su ropa, mientras la maestra agua caminaba de un lado a otro acomodando.

-¿Ya me dirás o tengo que preguntarle a Ty Lee? –cuestionó Katara cuando recibía un puño de ropa para pasar a ponerla en el closet.

Suki se tomó su tiempo para contestar y con un suspiro de resignación, asintió.

-Hace poco, fuimos a ayudar con algunos atentados a la nación del fuego. No sé si recuerdes, pero intentaron asesinar a Suko… de nuevo.

-Lo recuerdo. –Katara frunció un poco el ceño al recordar la carta de Aang, hacia casi medio año. En el escrito le contaba, al parecer un poco exaltado aún, que un sirviente había tratado de apuñalar a Suko mientras dormía y tuvieron que hacer muchos cambios en el personal del palacio. La maestra agua supuso que esos cambios involucraron que las Guerreras Kyoshi se hicieran cargo de la seguridad de nuevo.

-Pues ahí estaba Aang. –continuó Suki mientras doblaba con sumo cuidado una blusa azul. –Las Guerreras le preguntaron sobre ti y por qué no te había llevado con él. Aang sólo sacudió la cabeza y contestó que él viajaba solo ya. –Suki miró de reojo a su cuñada que había dejado lo que estaba haciendo para observarla con las manos en la cadera. –Ty Lee le preguntó sobre su relación y bueno, -hizo una pequeña mueca con los labios. –sólo nos dio evasivas, no dijo nada en concreto. ´

-Él… él, ¿se encontraba bien? –preguntó Katara dándose la vuelta y parpadeando un poco para no derramar ninguna lagrima como estaban acostumbrados sus ojos. Al ver que su cuñada no contestaba, volvió a hablar. –Me refiero a que si se veía descansado, sano, que si parecía que comía bien.

-Pues sano si parecía. –respondió después de un minuto Suki. –Parece que ha hecho mucho ejercicio.

Cuando se aseguró de que sus sentimientos estaban a raya, Katara giró a ver a la esposa de su hermano, ella la miraba con ojos un tanto preocupados. Sin decir nada, continuó con su tarea de acomodar todo como si nada que haya herido sus sentimientos se hubiese dicho entre ellas. Aunque los temblores en sus manos y sus labios apretados demostraran lo contrario.

-Me alegro por él. –murmuró justo cuando ambas habían terminado su labor. –Me refiero a que me alegro que se encuentre bien. –agregó al darse cuenta de que su cuñada no comprendía del todo.

Suki le sonrió en modo conciliador y después de darle un apretón en el brazo, bajó a servir de comer a su hambriento marido.

Katara miró la habitación y al fondo de esta un pergamino plateado cerrado. Suspiró y antes de bajar a comer, bajó un poco los hombros, triste por una más de sus ilusiones rotas.


¿Qué les pareció? ¿Algún rev?