Disclaimer: Tengo que aclarar que los personajes no son míos, como todos saben, pertenecen a la mente prodigiosa de la Sra. Meyer. Yo solo juego con ellos, intentando que ese juego los entretenga a ustedes.
Este Fic está dedicado a mi hermana Carolina, mi mejor y mayor crítica, un ejemplo en mi vida, gracias por tus buenas ideas, eres "mundial" y te amo por eso y más.
No soy una experta en Derecho. Todo lo que se refiere a la Ley o las Demandas Judiciales que desarrollo en este Fic, viene de una investigación hecha a través de Google. Aun así, debo suponer que estoy cometiendo errores Jurídicos que para quien conozca la Ley sean equivocaciones garrafales. Si estoy cometiendo efectivamente este tipo de errores pido mil disculpas.
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Capítulo 24
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Desperdicio
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…Fue mi media mitad
Un sabor conocido
Que me dio mucho más que quitar su vestido
Se encargó de prender la luz para ver mi alma
Y se enamoró como en los cuentos de hadas
Fue mi media mitad
Y yo sólo su amigo
Y hoy me cuesta pensar que esté todo perdido
Se cansó de esperar el sol sobre su ventana
Y hoy me duele su adiós
Justo cuando mi corazón decide atraparla
Y se me fue su amor
Como un elevador cuando no tengo alas
Y ya no alumbra el sol
Tan solo lluvia cae sobre mi ventana
Y pesa más su adiós
Que si llevara al mundo sobre mis espaldas
Como explicarle que también yo la amaba…
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Mi media mitad – Rey Ruiz
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Cuatro días después. Oficinas provisionales de la Familia Cullen
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—Vamos Rubita, solo serán unos minutos, saludamos y nos vamos a comer con mi gorila —dijo Tanya antes de salir del Vanquish que Alistair le había cedido la noche anterior.
—Tany, no quiero entrar allí, no quiero verlo —se justificó su gemela.
Rosalie había contado a sus hermanas lo que había sucedido entre Emmett y ella un par de días antes y mientras Bella se había mostrado sorprendida ante la actitud del castaño, ya que siempre lo había visto como un hombre controlado y serio, Tanya había querido romper la nariz de Emmett por abusador y hasta había discutido con Alistair para que controlara a su amiguito.
—Él no estará allí, acabo de hablar con Alis. Él y Edward acaban de salir para comer con un cliente. Ven Rubita no pasara nada.
Rosalie ya convencida por su gemela, entro al edificio de oficinas y ambas se dirigieron al piso que Alistair ya le había dado a Tanya con anterioridad. Cuando tocaron el timbre tardaron un poco en encontrar a alguien que respondiera a su llamada, pero un minuto después era Alistair al que pudieron ver a través de las puertas acristaladas corriendo para abrir la puerta.
—Aquí está mi chica sexy —dijo alzando en brazos a Tanya y plantándole un beso que la dejo sin aliento.
—¡Iugh! Ustedes me irritan —bufo su gemela.
—Échale la culpa a él, no a mi Rubita —se justificó su hermana.
—Aquí están las hermanas Swan, lo supe cuando las escuche discutir —dijo Esme que salía de una de las oficinas hasta la recepción donde dio un fuerte abrazo a ambas hermanas y las hacía pasar a una pequeña sala de conferencias donde estaba sentada Alice.
—Chicas, que bueno verlas. Estaba diciéndole a Mamá que teníamos que pasar por su casa a ver a Renée y a ustedes.
—Claro, ya que Bella y Burbuja pasan la mitad del día con ustedes —dijo celosa Tanya.
—Eso es lo malo de ser tía Tanya, solo tenemos a esas hermosuras por pocos ratitos —dijo Alice haciendo un puchero.
—¿Estás listo para irnos? —pregunto Rosalie a Alistair.
—Sí, ya casi. Le preguntaba a Alice y a tía Esme si querían venir. ¿No les importa verdad? —interrogo el pelinegro.
—Claro que no, será fantástico comer juntas —dijo Rosalie sonriendo a las Cullen presentes.
—Fantástico —dijo Esme—. Entonces solo recojo mi bolso y salimos. Alice solo deja las notas sobre la mesa y las revisaremos después.
Mientras que Esme salía de la sala Tanya y Rosalie notaron los diseños que sobre papel, se extendían en la larga mesa que ocupaba la sala.
—No entiendo —dijo Rosalie—. No había dicho Bella que no podían trabajar en M. y C. Designs, ¿cómo es que tienen clientes y siguen con las labores?
—Jasper nos informó que la Orden de Didyme se refería a M. y C. y las oficinas, es por eso que las dejamos y es por eso que no tenemos a su personal, ni siquiera a Ángela.
—Mmmm Ángela —dijo Rosalie haciendo una mueca.
—¿No te simpatiza Ángela? —pregunto Alice intrigada.
—A decir verdad no. De la misma forma que no me gusta Newton y hay algo en ese tal James.
—A nadie le gusta Mike y tampoco nos gusta James —intervino Alistair.
—Pero con Ángela… hay algo en ella. Al principio creí que tenía que ver con el hecho de que era muy servicial con Edward y no me gustaba que Bella tuviera competencia —sonrió Rosalie, mientras Alice también lo hacía entendiéndola—. Pero luego, no lo sé, es como si ella estuviera ocultando algo y eso no me gusta.
—Y a mí no me gusta cuando piensas así Rubita —dijo Tanya preocupada por la capacidad de su hermana de medir a la gente.
—Puede ser que sea solo porque no la conozco bien, no se —dijo la chica encogiendo sus hombros.
—Yo pienso lo mismo de Victoria, pero Papá sigue insistiendo que es de confianza —dijo Alice.
Cuando Esme volvió a la sala y entrego su bolsa a Alice, Tanya quiso volver a la conversación anterior.
—Pero entonces, ¿pueden tener clientes?
—Con nuestras firmas individuales sí —explico Alice—. Antes lo hacíamos en Chicago, antes de pensar seriamente en montar un Empresa juntos. Es más Emmett ya tenía un nombre hecho en Chicago, ha realizado grandes negocios allí y con eso formo una base económica muy respetable. Mamá, Emmett y yo ya habíamos trabajado en colaboración. Nuestro apellido ya es reconocido en el área de la construcción, pero eran nuestros primeros pininos en el área de diseño, así que hemos vuelto a nuestras firmas personales mientras todo esto pasa.
—¿Y pueden hacerlo también Carlisle y Edward?
—En el área de construcción no —intervino Alistair—. Jasper nos explicó que no podían ligar nada que tuviera que ver con esa área por ahora, para evitar algunos conflictos legales.
—¿Jasper y Carlisle están Chicago? —pregunto Tanya.
—Si, al igual que Ángela y sorprendentemente James y Mike también se fueron, Ángela nos comentó que habían ido a una reunión urgente en la Corporación.
—¿Ángela no se quedó como asistente de Didyme? —pregunto Tanya.
—No —intervino Esme—. Ella nos informó que Didyme había traído a su propia asistente, así que fue trasladada de vuelta a Chicago, o por lo menos estará allí unos días, aun no lo sabe. Es ella junto a Victoria quienes nos han informado de todos los movimientos de Didyme en la Corporación y la Empresa.
—Que par. Si cualquiera de ellas no resulta de confiar como alguna de ustedes dos piensa —dijo señalando a Rosalie y Alice—. Entonces una de ellas terminara saliéndonos con una sorpresa.
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Unas horas más tarde. Chicago
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—¿Qué demonios haces aquí? —dijo la chica al auricular.
—Tuvimos que volver. Es solo temporal.
—Dejaste a la vieja sola y hay que mantenerla controlada.
—No te preocupes, un hombre de mi confianza esta con ella, así que no hará nada que yo no sepa. Mientras tanto debo dejar finiquitado un negocio.
—¿Es que tus hombres aquí no pueden manejar bien las cosas? En serio tienes que estar detrás de ellos.
—No me provoques mujer, yo sé lo que hago con mi negocio.
—Espero que de verdad sepas lo que estás haciendo y no arruines nada más.
—¡Maldita mujer! Solo cometí un error, al igual que tú al hacer un mal trabajo con ese auto.
—Espero que solo sea ese error y no haya ningún otro, sino, no habrá piedra debajo de donde te puedas meter.
—No olvides que tú has sido cómplice de muchas cosas, si yo gano tu ganas y si yo pierdo, bueno… sé lo que debo hacer, no sé tú.
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Esa noche. Casa Cullen
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Cuando Alice entro en la cocina a buscar un vaso de leche caliente que la ayudara a dormir. Encontró a su amigo Emmett sentado en la mesa con un vaso de leche.
—Me has robado el pensamiento, también venia por un poco de leche —dijo la chica.
—Aún queda algo en el boll por si quiere —le indico el chico mostrando donde estaba.
Cuando Alice se sirvió se quedó mirando a su amigo un momento y luego se sentó frente a él.
—¿Otra vez con el mundo sobre tus espaldas, amigo?
—Últimamente no tengo mis mejores días —se justificó el chico.
—¿Que le hiciste a Rose? —pregunto Alice a quema ropa, lo que provoco que Emmett levantara su vista de la taza y se quedara viendo a la chica—. Te lo advierto Tanya no es tu amiga en este momento, así que ten cuidado con ella —se rio divertida.
—Supongo que todas las Swan deben odiarme —dijo Emmett luego de un suspiro.
—¿Qué paso? ¿Cuéntame? —insistió Alice.
Cuando el chico le contó a Alice lo sucedido en el restaurant, la chica resoplo y se echó atrás en la silla que ocupaba, mientras negaba con su cabeza mirando a su amigo.
—Ese no eres tú, nunca me imaginé que te comportaras así, como un loco cavernícola detrás de una chica.
—No sé lo que paso, yo solo la vi con él y creo que enloquecí un poco.
—Celos —no fue una pregunta, fue una afirmación por parte de Alice.
—Nunca había sentido algo así, nunca —dijo Emmett.
—Supongo que tampoco habías tenido la clase de sentimientos que tienes hacia ella, ¿no es así?
—Yo… —Emmett bajo otra vez la vista a su taza y guardo silencio.
—Vas a perderla si sigues así. ¿Cómo no perderla? —pregunto la morena—. Como no hacerlo cuando no terminas de decirle lo que sientes.
—Ya la perdí o tal vez nunca la tuve.
—No… basta de autocompasión Emmett, anda dilo, di de una vez que es lo que sientes, vamos… —insistió la chica.
—Alice…
—Dilo, ¿es que se perdieron tus cojones Emmett? —lo insulto su amiga.
Emmett la miro con rabia, como podía decirle esas cosas, como no podía apoyarlo, ¿no se supone que era su amiga?
—¡No he perdido nada! —dijo con rabia—. Que quieres que diga, que la amo, que soy tan estúpido que la he perdido, que tuve la oportunidad de ser feliz y la he tirado por la ventana. Lo sé y soy más miserable que nunca por ello, es eso lo que querías que dijera.
El silencio cubrió a los amigos y luego Alice sonrió al chico mientras decía:
—No con tantas palabras, bastaba con decir que la amas.
Cuando Emmett se dio cuenta que había dicho la palabra que se había negado a decirse a sí mismo se echó atrás en su silla comprendiendo que no había sido tan difícil sacar a flote lo que sentía.
—Sí, la amo, ni siquiera me di cuenta de cuando paso, si fue al principio de todo esto o cuando comenzamos a vernos con más frecuencia, no lo sé. Solo sé que no puedo sacarla de aquí —dijo señalando su frente—, y tampoco de aquí —señalo su corazón.
—Que paso con ese chico que conocí, ese que estaba dispuesto a todo, a luchar por lo que quería, ¿dime donde está Emmett?
—Aquí… demonios Alice estoy aquí —dijo el chico con voz cortada.
—Entonces hazlo, lucha por lo que quieres, no te rindas.
—Ella… ella no me aceptara ahora… ella piensa que soy un cobarde o tal vez un energúmeno.
—Entonces insiste, te lo dije, no te rindas. Piensa Emmett, ¿qué puedes hacer para demostrarle a Rose que tú eres el indicado? ¿Qué tienes que hacer para que ella te acepte?
Emmett se quedó viendo a su amiga, pero en realidad su cabeza estaba en otro lado, con su chica, con sus acciones y sus palabras, con todo lo que ella le había dicho sobre su vida y sus sueños.
—Solo puedo darle, lo que más quiere, lo que se merece —dijo el chico comprendiendo.
—¿Y eso es? —pregunto curiosa Alice.
—Todo.
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Dos días después. Oficinas de M. y C. Designs
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Didyme había pedido ya varias veces a Newton que regresara a Seattle donde ella lo necesitaba, pero Newton se había negado aludiendo que había dejado cosas a medias en Chicago que él tenía que resolver. A cambio él sugirió a Didyme que trajera a Seattle a Victoria y a Ángela. Ninguna de las dos eran del agrado de Didyme, no solo porque trabajaban para "el enemigo", sino porque personalmente no eran agradables para ella.
—Las he hecho venir a esta ciudad porque no me soy útiles en Chicago —dijo a las dos mujeres que estaban paradas delante de ella en la oficina principal—. Aunque tampoco me son útiles aquí, no demasiado. No confió en ninguna de ustedes, han estado demasiado vinculadas a Carlisle y a su familia para que yo pueda verlas como personas de mi confianza, pero antes de despedirlas y recibir una demanda por despido injusto y no sé cuántas cosas —dijo la mujer golpeando el suelo con su bastón—. Prefiero vigilarlas aquí, tenerlas bajo mis ojos, de esa forma sabré cada paso que den. Y tengan por seguro que si descubro que alguna de ustedes le está dando información a esa gentuza, no voy a dudar en cortar sus cabezas sin ningún tipo de remordimiento.
Ambas mujeres se quedaron mirando a Didyme sin mover un musculo. Ambas estaban acostumbradas a los arrebatos de rabia de la Sra. Cullen, era algo habitual para ellas desde que habían comenzado a trabajar en la Corporación.
—No voy a tolerar más fugas de información. No voy a tolerar que nadie más meta las manos dentro de "mi" Corporación. Todo ha cambiado y las cosas van a ser como siempre debieron ser. Empezando con mi bisnieta, pronto la tendré conmigo.
Ambas mujeres se quedaron viendo a la anciana y fruncieron el ceño en señal de no entender a qué se refería.
—Acabo de hablar con un buen amigo que sé que me va a ayudar, todo estará arreglado en muy poco tiempo.
—Sra. Cullen —dijo una voz detrás de las chicas que las hizo girarse. Un alto hombre vestido de negro y con lentes oscuros –aun dentro de las instalaciones con luz artificial– estaba parado en la puerta de la oficina.
—Que pasa George —dijo Didyme.
—La esperan para su reunión con Prescott y mi nombre es Jefrey.
—No seas impertinente George o Jefrey o como sea, eso que importa, te llamare como quiera, total tú solo estas aquí para cuidarme. Ya voy inútil.
La anciana se fue levantando de la silla mientras el hombre se alejó hacia fuera en la puerta de la oficina.
—George… Jefrey… —comenzó a decir Didyme—. Solo es un patético guardaespaldas, solo debe cuidarme, para eso fue que lo dejo el imbécil de Michael, aunque James me aseguro que era uno de sus hombres más eficientes. Espero que sea así y no como la inútil pata de palo de Michael.
—No tiene una pata de palo —afirmo extrañada Victoria.
—Da igual, esa inútil pierna no le sirve para nada.
Antes de comenzar a caminar a la salida, Didyme tomo un retrato sobre el escritorio y acaricio las figuras que le sonreían desde ella.
—Si solo mi querido nieto estuviera aquí. Él estaría disfrutando como yo ver a esta gentuza fuera de nuestra Corporación —dijo Didyme mientras seguía acariciando la fotografía que luego volvió a colocar encima del escritorio.
La imagen mostraba a un muy sonriente Demetri sentado en una gran silla como si esta fuera su trono. A una muy sonriente Chelsea en su regazo, abrazándolo y al mejor amigo de Demetri a sus espaldas también sonriendo a la cámara. Todos los que habían muerto en el accidente de hace años. La anciana suspiro y simplemente abandono la oficina sin siquiera despedirse.
—Es impresionante como ella sigue justificando a su nieto –dijo Victoria.
—De que hablas —dijo la morena.
Victoria tomo la fotografía de encima del escritorio y se la mostró a Ángela.
—Habla de él como un dechado de virtudes y Demetri fue un desgraciado en varios grados.
—Wao, ¿lo conociste?
—Ya sabia de su fama antes de entrar a la Corporación, de sus andanzas antes de morir. No sé si el que muriera fue lo mejor que pudo pasar. Pero el resto, esos pobres chicos —acaricio la fotografía antes de colocarla sobre el escritorio—. Es duro saber que si no hubiera sido ese auto, igual hubieran muerto.
—¿De qué? ¿De qué hablas? —pregunto curiosa Ángela.
—Leí un reporte que Carlisle recibió de la policía —explico Victoria, con rabia en su voz—. Ellos estaban tan llenos de drogas ese día que la chica y el amigo de Demetri ya habían entrado en estado vegetativo antes de que el auto chocara.
—Oh Dios, no es posible —dijo Ángela, palideciendo de la impresión.
Victoria se acercó a la chica, preocupada por ella.
—¿Estás bien?
—Es tan horrible —logro decir Ángela unos segundos después—. Vidas tan jóvenes desperdiciadas de esa forma, pobres chicos.
—Sí, pero Demetri andaba buscando eso hace tiempo, su adicción cada día iría a peor, quien sabe que hubiera sido de la Corporación con él aquí —dijo Victoria con una mueca—. Pero quien sabe.
—Peor que el desastre que ha creado Didyme o quien este con ella —dijo Ángela con rabia.
—Nunca se sabe Ángela. Detrás de esa fachada de poder puede haber solo una mujer susceptible a manipulación, de Demetri o de alguien más, solo hay que saber que teclas tocar —dijo Victoria con una sonrisa irónica y salió de la sala dejando allí a Ángela.
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A esa misma hora. OBCC
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Al abrir la puerta de su consultorio esa mañana Rosalie tuvo que retroceder y leer su nombre en la puerta, luego volvió a entrar en el consultorio y siguió sin entender.
—¡Nina! —llamo a su enfermera asistente.
—Sí, Rose —dijo la chica que llevaba en una mano una taza de café y en la otra un muffin.
—¿Qué es eso? —pregunto la rubia señalando los objetos dentro del consultorio.
—A ver, una cesta de frutas y un gran oso de peluche.
—¿Y qué hace eso en mi consultorio Nina? —pregunto la rubia sorprendida por la tranquilidad de su asistente.
—El castaño guapo que los trajo esta mañana dijo que no te trajo rosas porque es trillado y que no sabía si tus pacientes era alérgicos, que por el contrario el peluche es antialérgico, aaaaaa y dijo que podías compartir conmigo —termino con una sonrisa.
—¿El castaño guapo? —se indignó Rosalie con la chica—. Así lo llamas y además lo dejas dejarme cosas así como así.
—Y cómo quieres que lo llame, ¿escaparate andante? ¿Oso amoroso? Guapo es poco, ese hombre esta como quiere. Y si no te gusta la fruta me la como yo, no me molesta, pero eso sí, no puedo llevarme el oso a casa, Adam me mata, dirá que tengo un amante —dijo la chica horrorizada por el pensamiento.
—Te horroriza que Adam piense que tienes un amante, pero igual llamas a un tipo "Oso amoroso", ¿eso no horrorizaría a Adam?
—Eeeee no, él sabe que no hago nada con ver y no comer.
—¡Nina! —gruño Rosalie.
—Ya deja de quejarte mujer, acepta los regalos y ya. Y esto también es para ti. Es un moka late, con splenda y leche descremada y un muffin de arándano, todo como te gusta. Ese hombre te conoce.
Rosalie tomo los objetos de la mano de su asistente y luego se la quedo viendo, preguntándose como haría ahora para que ella la ayudara a parar esta clase de locuras.
—Aaaa otra cosa.
—¿Qué? —pregunto curiosa Rosalie.
—Él dijo: "Si ella dice que soy un cavernícola o un troglodita, dígale que tiene razón, ella siempre tienes la razón". ¿No es lindo tu chico? —dijo Nina con ojos ilusionados y dio media vuelta dejando a Rosalie sin palabras.
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El mañana siguiente. Oficinas provisionales de la Familia Cullen
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—¿La cartera Louis Vuitton de hoy? Listo. ¿Seattle Chocolates de mañana? Tengo que encontrar a alguien que lo lleve, lo pensare. ¿Hablar con el Jefe? Dios me cuide —dijo horrorizado Emmett.
—¿De qué demonios estás hablando? —pregunto un muy extrañado Edward, al entrar en la oficina de su amigo.
—Planes, muchos muchos planes —dijo Emmett mientras seguía anotando en su libreta.
Edward rodó los ojos, sin entender el comportamiento absurdo de su amigo en los últimos días.
—¿Has visto las carpetas de Coldwell Banker Bain 1*/*? —pregunto el cobrizo.
—¿Las de Lisa Turner? —pregunto Emmett.
—Sí, esas.
—Las que deben ser remodeladas están en el escritorio de Esme —se apresuró a decir Emmett.
—No. Buscaba las propiedades que están para la venta, ¿las has visto?
Emmett bajo su mano y cerro discretamente la gaveta de su lado derecho.
—¿No las tiene Alice? Ella estaba pensando en comprar algo con Jasper.
—Sí, tome estas de su escritorio —dijo mostrando las que tenía en su mano—. Pero tenía la impresión que había más, ¿no es cierto?
—Ni idea. ¿Es que piensas tú también comprar algo? ¿Qué ocultas? —pregunto su amigo con curiosidad.
—Mmmmm. Planes, muchos muchos planes —dijo el cobrizo mientras sonreía.
—Tú y yo debemos comunicarnos más —dijo Emmett moviendo su mano entre ambos y entrecerrando los ojos.
—Ya lo sabrás, nos vemos.
Y salió de la oficina dejando a Emmett confundido.
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Más tarde, ese mismo día. Cuartel General del Departamento de Policía de Seattle
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—El Jefe lo recibirá ahora —dijo el Detective Clearwater mientras mostraba una sonrisa en su rostro—. Suerte.
Cuando Emmett entro a la oficina se fijó que el Jefe estaba sentado en la silla de su escritorio mientras se alisaba una y otra vez su bigote.
—Siéntese McCarty, al parecer ambos vienen por lo mismo.
Fue en ese momento en que Emmett se fijó que en la oficina también estaba Edward, quien parecía tan nervioso como lo estaba él.
—Jefe... —quiso intervenir Edward.
—¿No vienen por lo mismo? Sé que sí. Manos sudorosas, rostros pálidos y apuesto mi jubilación a que comenzaran a tartamudear en cuanto el discurso que han preparado comience. He sido policía por años caballeros, se cuándo un sospechoso es culpable y ahora, lamentablemente, se cuándo un pretendiente de mis hijas viene por mi aprobación.
Emmett y Edward abrieron los ojos ampliamente mientras se veían descubiertos por el Jefe.
—Jefe —intento Emmett dar algún argumento—. Sé que debe ser difícil ver a las hijas crecer, pero...
—Eeeee no me digas que pasa cuando las hijas crecen McCarty, no tienes hijas y no puedes opinar.
—Jefe... —trato de intervenir Edward.
—Tú no hables, cuando mi Burbujita sea lo suficientemente mayor para que tu pases por esto podrás opinar.
—¿Mi Burbujita? —pregunto extrañado Edward.
El Jefe volvió a murmurar algo que ninguno de los dos hombres entendió y se aliso el bigote, por enésima vez.
Emmett trago grueso, olvidando el elaborado discurso que había preparado y cambiando a uno que la improvisación le permitiera.
—Tiene razón, no tengo hijas, pero sí sé que seré un padre igual que usted —dijo mientras miraba a un Jefe que entrecerró los ojos ante él—. Es evidente que si amo a mis hijas y las amare, tanto como amo a su madre en este momento, no querré que un imbécil y patético hombre venga a decirme que se la quiere llevar.
—Troglodita —murmuro el Jefe, mientras Emmett entendía que el hombre lo sabía todo y eso no pintaba bien para él.
—Sí, soy un estúpido y no puedo prometer que no volveré a serlo, soy humano Jefe, uno que ha cometido muchos errores en su vida. Y el peor de ellos ha sido dar por sentadas las cosas, todo porque pensé que podría tener el control.
»Ya no tengo ese control Jefe, porque ese control solo era miedo. Miedo a que me hicieran daño de nuevo. Pero ya no y sabe en parte se lo debo a usted —el Jefe lo miro sin entender—. Usted le dio vida a la maravillosa mujer que ha cambiado todo para mí. Gracias Jefe. Gracias por crear a la mujer que amo.
Cuando Emmett termino sus palabras el Jefe siguió mirándolo y analizando sus palabras.
Edward también estaba decidido a no quedar atrás y a decir lo que había venido a decir.
—Yo si tengo una hija, se lo que es creerla perdida para siempre y fue la peor cosa que he sentido en mi vida. Fui miserable y fui patético, pero gracias a Dios eso paso y he recuperado a mi niña, gracias a su hija.
—¿Es eso? —dijo el Jefe señalando a Edward—. ¿Es por eso que buscas a mi hija? ¿Para que tome el lugar de su Madre?
—No, la amo más allá de eso. La amo por lo que es, la amo por ser la mujer fuerte que lucha todos los días por sobrellevar su pasado. La amo por darse a los demás sin pensar en sí misma. La amo porque está dispuesta a todo por lo que quiere. Y la amo porque ella me hace querer cambiar el mundo entero para que ella sea feliz. Nuestra hija es un bono, un premio que nos hizo ganadores a los dos desde que entro en nuestras vidas.
»No negare que quiero crear una familia con ella, más aún, ya somos una familia. Solo quiero que sepa que estoy con su hija por las razones correctas, porque la amo y porque quiero amarla el resto de mi vida.
El Jefe Swan cerró sus ojos. Como era que su vida familiar tranquila había cambiado tanto en tan pocos meses.
—Primero fue el Federal, viene aquí, habla de amor, dice que bajara el cielo y las estrellas y le digo que ningún cielo será suficiente para mi hija. Que sacare sus bolas con mi cuchillo de destripar pescado si le hace daño y me rio porque pienso que mi Tanya lo hará morder el polvo, ¿y qué obtengo? ¡Que mi hija lo acepte! —dijo el Jefe irritado—. Luego vienen ustedes dos, ¿qué demonios tienen los Cullen con mis hijas? ¿Qué les pasa a ustedes?
»Tú —dijo señalando a Emmett—. Ella ya tuvo una gran decepción, alguien quiso utilizarla y yo lo aplaste como una cucaracha, no pienses que si tú haces algo similar no haré lo mismo contigo o peor.
»Y tú —ahora le tocó el turno a Edward—. Ella ya sufrió bastante, el hecho de que Burbujita venga en el mismo paquete que tú no te da ventaja. Ella es más fuerte de lo que todos piensan, es dura, es mi orgullo, todas mis hijas lo son. Pero si tú la haces sufrir, juro por Dios que no habrá autoridad en este país ni en este mundo que me detenga de sacarte el hígado con mis propias manos.
El silencio se hizo en la oficina de nuevo, mientras los chicos se quedaban mirando al Jefe.
—¿Que hacen aquí? —pregunto desconcertando a los chicos—. No se supone que tienen que ir a buscar a Paul y a Kate para que les diga como es el más "Fabuloso" anillo de compromiso de todo Seattle —dijo irónico colocando sus dedos en forma de comillas—. Muévanse caballeros, tengo trabajo que hacer.
Edward y Emmett se levantaron de sus asientos y sonrieron finalmente.
—No se arrepentirá de la oportunidad Jefe —dijo Edward.
—No lo decepcionare, en lo absoluto Jefe —dijo Emmett.
—Fuera, fuera de aquí, tengo trabajo.
Cuando ambos chicos salieron de la oficina, el Jefe respiro profundamente y aliso su bigote. Tomo su móvil y realizo el marcado automático del número uno en su lista.
—Hola cielito... ¿No te puedo decir cielito...? Renée... Renée... Si... Sí, lo sé, siempre tienes la razón… Te debo una gran cena... ¿Por qué…? Mmmm… Al parecer estaremos más emparentados con los Cullen de ahora en adelante —Charlie tuvo que alejar el móvil de su oído por el gran grito que lanzo su esposa.
Estaba solo en su lucha por mantener a sus niñas en casa y encima tenía que pagar por una gran cena al perder la apuesta que había hecho con Renée a que esos chicos no se atreverían a pedirle a él sus manos. Estaba perdido.
Pero por otra parte se alegraba de saber que tres buenos hombres cuidarían a sus niñas.
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Esa misma noche. Casa Swan
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Rosalie llego a casa y se dirigió a la cocina en busca de algo refrescante para tomar.
Mientras iba llegando a la estancia pudo escuchar las risas que salían de ella y al entrar vio a su gemela sentada encima de la encimera de la cocina con Alistair entre sus piernas besándola y hablándole al oído, mientras ambos se reían.
—Ni se atrevan a hacerlo allí, tomo mis desayunos en esa mesa —dijo Rosalie.
—Tienes que probarlo alguna vez, es entretenido —dijo Tanya riendo junto a Alistair.
—Ustedes dos me dan alergia —dijo Rosalie.
—Ufsss Rubita, ¿estás molesta? —pregunto Tanya.
—No estoy molesta, solo estoy cansada y todo es gracias a ustedes los Cullen —dijo señalando a Alistair.
—¿Y qué hemos hecho nosotros? —pregunto extrañado el pelinegro.
—Tu quisquilloso amigo me ha estado molestando día tras día. No para de llamar a mi móvil, al consultorio. Hasta ha llamado aquí y hablado con Mami, ¡con Mami por favor! Me ha mandado frutas, peluches, carteras caras, el muy descarado hizo que uno de mis pacientes habituales, una adorable niña de 6 años, me llevara Seattle Chocolates y me dijo que los había enviado "mi adorable troglodita" —dijo Rosalie haciendo la señal de las comillas con sus dedos.
—¿Trajiste los chocolates? Este no me ha regalado nada desde que le di el sí —dijo Tanya señalando a Alistair, que aún se mantenía entre sus piernas.
—Te doy todo de mi chica sexy, creí que era suficiente —se quejó Alistair.
—No, en realidad los chocolates saben mejor que tú.
—Si —dijo el chico, besando la comisura de los labios de Tanya—. ¿Estás segura? —pregunto.
—¡Iugh! Por favor, ya les dije que no al sexo en la cocina —se quejó Rosalie.
Mientras la pareja se sonreía entre sí, Alistair giro su rostro y miro a Rosalie mientras ladeaba su cabeza.
—Él está arrepentido y no sabe cómo demostrártelo y no ayuda mucho que no respondas a sus llamadas.
—¿Ahora soy yo la mala? —se defendió Rosalie.
—No eres la mala. Es que en realidad él no sabe cómo arreglar las cosas. Así que hace cosas cursis para ti, para ablandarte.
—Evidentemente no lo logra, la Rubita sigue enojada —señalo Tanya a su hermana.
—Nunca ha hecho esto, ¿saben? —quiso aclarar Alistair.
—¿Nunca ha sido cursi? —pregunto Tanya.
—¿Nunca ha sido un troglodita? —acoto Rosalie.
—No. Jamás ha cortejado a una mujer. Chelsea, su prometida anterior era su novia desde los 16 y fue cuando estaban en el colegio así que fue un proceso natural no requirió demasiado esfuerzo y el resto de sus relaciones, pues tampoco requirieron mucho trabajo.
—Todo un puto hermanita —dijo Tanya burlándose de Emmett, mientras Rosalie la miraba mal.
—No voy a defenderlo en eso —siguió Alistair—. No quería relaciones serias, huía de ellas como de la peste. Pero lo que quiero decir es que jamás ha cortejado a una mujer, esta es realmente su primera vez. Y más aún, porque no había sentido cosas como las que siente por ti, no pudo controlar los celos, ni siquiera él sabía que podía sentirlos.
Rosalie se quedó mirando a Alistair, sintiendo rabia, rabia de que Emmett tuviera justificación para todo y ella fuera tan blanda con ese hombre.
—Sabes que hubieras sido un buen abogado —dijo Tanya—. Pero como no lo eres y yo sí, y ella es mi cliente —dijo señalando a Rosalie—. Quiero decirte que los celos no son justificables, él es un adulto, debe controlar lo que siente.
—¿Puedes controlar tu amor por mí, chica sexy? —pregunto Alistair, mientras rozaba sus labios en el lóbulo de la oreja de Tanya.
—¡No hagas trampas vaquero! —se quejó Tanya.
—Alergia, alergia, ustedes me dan alergia —se quejó Rosalie dirigiéndose a la puerta de la cocina.
—Rubita —dijo Tanya haciendo girar a su gemela—. Tal vez deberías escuchar al troglodita, puede que tenga algo bueno para decir.
Rosalie miro a su hermana y asintió. Y antes de salir dijo.
—Salgan de aquí tortolitos, quiero seguir desayunando en esa mesa.
Y salió de la cocina mientras escuchaba las risas de su hermana y de Alistair.
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Gracias a todos por tomar unos minutos de su tiempo y leer esta historia, y gracias a los que toman unos minutos más y me brindan un comentario.
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1*/* Es una famosa Agencia de Bienes Raíces de Washington.
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Adriu: Veremos cuáles son los resultados del ADN y me pregunto si Victoria es merecedora de su mala fama.
Marieisahale: Siempre estas presente, gracias por escribir.
Yoliki: Sí, la vieja Bruja es mala, ella no tiene perdón, ¿Quiénes son sus compinches? ¿Newton? ¿James?
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