Hola. Aquí el nuevo cap con las nuevas fechas de publicaciones. Recuerden que estaré actualizando martes, jueves y sábado.
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Aang miró nuevamente su taza de té con la mirada un poco nostálgica. La infusión sabía relativamente bien, era reconfortable. Le recordaba un poco al tío Iroh, quien solía aconsejarlo demasiado bien. Quizás debería ir al mundo de los espíritus y hablar con él.
-Lo siento tanto. –se lamentó Suki por deseaba vez. Estaba sentada frente al avatar, ambos en la mesa de la cocina.
-No te preocupes. –contestó automáticamente Aang. –Supongo que es culpa mía. Debí venir antes.
Ambos tomaron de su bebida al mismo tiempo, cayendo en un silencio un poco incómodo.
Sokka interrumpió la pequeña reunión entrando como tromba a la cocina. De su hombro estaba agarrado Momo, que veía todo con las orejas alzada. El moreno se sentó junto a su esposa y frente a su ex-cuñado. El lémur saltó a la mesa y tomó un panecillo que comenzó a probar sin dejar de mirar todo.
-Hablé con el encargado. Ese barco se dirige al reino tierra. Ba Sing Se. Es probable que arriben mañana al atardecer. –observó al muchacho frente a él y entrecerró los ojos. –Si hubieras llegado unas horas antes, la habrías alcanzado.
-Lo sé. –Suspiró el avatar. –Creo que me tarde demasiado.
-Te tardaste un año. –murmuró Sokka entre dientes, un tanto molesto.
-En realidad fue año y medio. –se encogió de hombros Aang. –He contado cada día que he estado lejos de ella.
-¿Por qué tardaste tanto, entonces? –cuestionó Suki con voz amable y enternecida.
-Bueno. –Aang suspiró y dio otro trago a su bebida. –No quería que Katara tuviera una vida agitada. Mi vida se ha reducido a reuniones aquí y allá. Yo quería… -volvió a suspirar. –Que no se involucrara tanto en esos asuntos políticos.
-Creo que mi hermana se involucró desde que decidió acompañarte en la guerra. –Sokka se acercó un poco aún con la mesa de intermedio. –Se involucró desde que decidió ir contigo cuando te encontramos hace seis años en ese iceberg. –dio un puñetazo en la mesa. –Se involucró cuando decidió ser tu novia. –Suki puso una mano sobre su hombro y Sokka volvió a su lugar, un poco decaído. –Me parece que ella sabía en lo que se metía desde el principio.
Aang miró por la ventana, en cierto modo, todo eso lo avergonzaba. Después de un rato asintió.
-Al principio creí que así sería. Pero… -tomó un pequeño trago de té. –Luego ella quedaba retraída en otras cosas. Se enojaba de los acólitos del aire. No me decía nada. –sacudió la cabeza. –Pero sé que se sentía sola. Por eso nos tomamos un tiempo en la tribu agua del sur. –volvió a suspirar. –Y mis compromisos me reclamaron de nuevo.
-Comprendo que tienes responsabilidades como avatar. –habló Suki antes de que su esposo lo hiciera. –Podrías haber visitado a Katara algunas veces.
-Si. Debería haberlo hecho. –asintió pesadamente. –Quería volver por ella cada día, cada minuto. Quería volver por ella y jamás separarnos nuevamente.
Ofrecerle una ciudad para vivir juntos. Una ciudad nueva con todas las naciones unidas.
-Ciudad República. –susurró Sokka.
-Exacto. –volvió a tomar la palabra el avatar. –Creo que me he demorado demasiado. –su voz pareció una lamentación.
-Según tengo entendido, aún no queda todo arreglado lo de la ciudad. –Sokka volvió a apretar los dientes. – ¿Por qué volviste ahora?
-Bueno. –el avatar suspiró. Metió su mano a su túnica y sacó un papel que le extendió a Sokka. –Me llegó esa carta. Después de ocho meses sin contestaciones. –el moreno comenzó a leer con avidez y junto a él, su esposa hacía lo mismo. Al finalizar, Suki había soltado unas lágrimas y Sokka sólo parecía cansado. –Ella ter… terminó conmigo. –se le cortó un poco la voz.
-Oh… Vaya. –Sokka suspiró, luego recargó la cabeza en la mesa. Al ver esta acción, Momo fue a levantarla. El lémur ladeó la cabeza un poco observando a su amigo. Eso hizo que Sokka se levantara y lo tomara en brazos. –En verdad te extrañé Momo. –le acariciaba los cachete jalándolos y lémur hizo lo mismo. –Yo quería ponerle a mi hijo como tú. Pero no. –comenzó a hablar como niño pequeño, chiqueando a su amigo. –La hermana fea de Katara y la esposa no me dejaron. Mi hermoso Momo. –luego se fundieron en un gran abrazo.
Suki los miró un momento y luego dirigió sus ojos al maestro aire frente a ella, quien miraba la escena un poco divertido. Sin embargo, la tristeza se podía ver en sus ojos. La Guerrera Kyoshi no encontraba las palabras para hacerle sentir bien. En realidad dudaba que hubiera alguna palabra que sirviera. Así que se levantó y comenzó a mover en la alacena.
-Comenzaré a preparar la cena. –sonrió mientras caminaba de un lado a otro, estirándose de vez en cuando para alcanzar algo.
Aang se levantó y le pasó una caja de harina que ella no alcanzaba. Suki sonrió y tomó el paquete, lo vació en un tazón y agregó unas cuantas cosas.
-¿Necesitas ayuda para cocina? –preguntó el avatar recargándose en la barra. Suki negó con la cabeza, sonriendo y moviéndose de un lado para otro. –No olvides que no como carne.
-Oh. Claro que no. –sacudió la cabeza mientras seguía preparando cosas. –No olvidaré tal cosa. –miró de reojo a su marido que seguía con el lémur. –El que tendrá que comer otra cosa, será alguien más.
-Gracias. –sonrió Aang. –Aunque no quiero causar molestias. –se encogió de hombros. –Puedo ir por ahí a comprar algo de verduras.
-Vamos Aang. Eres nuestro invitado. –Suki se las arregló para contestar mientras meneaba unos ingredientes. –No hay necesidad de nada de eso. Lo que si me gustaría saber es cuánto tiempo te quedarás. Me gustaría personalizarte una habitación. Bueno. Es que tenemos una que está siendo remodelada para el bebe, otra que utilizaba Katara y la que habitó Toph, pero. –sacudió la cabeza, rebotando dos mechones de sus cabellos. –Bueno. La habitación de Toph no quedó muy bien. No sé qué hizo esa maestra tierra, pero decidió que no era bonita la decoración, así que destrozó el cuarto.
-Toph. –Aang sacudió la cabeza y rió. –No importa. Sólo me quedaré una noche. Si no hay lugar para mí, puedo dormir en la sala, en la cocina, en Appa, o incluso puedo ir al santuario del Avatar Kyoshi, técnicamente también es mío.
-No. De ninguna manera. Tú te quedarás aquí. –lo miró disculpándose. –Está la habitación de Katara. –rápidamente sacudió la cabeza. –Si te molesta, puedes dormir en nuestra habitación y nosotros dormimos en esa.
-No hay ningún problema. –contestó Aang después de un momento. –Puedo dormir en su habitación. –bajó la mirada para ver sus zapatos moverse ligeramente. –Será lo más cercas de ella que pueda estar por el momento.
Suki dejó lo que estaba haciendo un momento y observó al avatar.
-¿Qué piensas hacer?
-Bueno. –sonrió un poco, curvando una comisura de sus labios. –Mañana mismo iré a Ba Sing Se. La encontraré.
-¿Por qué no ahora? –Suki reanudó sus actividades. –No me malinterpretes. Me encanta que estés aquí. Pero podrías partir ahora mismo.
-Si. Podría. –Aang sacudió la cabeza. –Appa está cansado. Hemos venido desde la nación del fuego sin descanso. No puedo hacer eso. Podría partir sin él, en un barco. Pero llegaría más lento que si espero a mañana.
-Comprendo. –Suki sonrió y siguió moviendo cosas y ella misma por la cocina. –Eres bienvenido de quedarte el tiempo que desees.
-Gracias. –Aang tomó una manzana y comenzó a mordisquearla. –De verdad, muchas gracias.
Aang se encargó de poner la mesa, puesto que Sokka estaba demasiado emocionado con Momo. En un momento, el bebe lloró y el padre y el lémur se hicieron cargo de él. El animal estaba bastante entretenido con el bebe, quien lo miraba y jalaba su cola, divertido.
Durante la cena, el maestro aire les puso al corriente con todos los asuntos que estaban llevando a cabo entre el reino tierra y la nación del fuego, así como en la cada vez más próxima, Ciudad República.
-Me gustaría contarte algo. –soltó Aang después de quedar satisfecho en su comida. –Mejor dicho, proponerte.
-¿A mi? –se sorprendió Sokka.
-Si. A ti. En realidad es a ambos, pues los involucra a los dos. –Juntó las manos sobre la mesa. –Como les he dicho. Ciudad República está a la vuelva de la esquina.
-Creí que estaba un poco más lejos. En las colonias de la nación del fuego. ¿Cuándo se acercaron tanto?
-Es un decir, Sokka. –prosiguió el avatar. –Me refiero a que pronto estaremos inaugurando la ciudad como tal, aunque ya es un hecho. Es probable que se hayan enterado de que Toph se encargará de la policía. –sacudió la cabeza. –No se nos ocurrió alguien mejor que ella para el puesto. En fin. El gobierno estará constituido por un consejo. Ese consejo a su vez, estará integrado por cuatro personas, quienes tendrán sus consejos y demás. Cada persona será alguien de alguna nación. Uno de tierra, otro de fuego, otro del aire y otro de agua. Para que no haya desigualdad. ¿Comprendes?
Sokka asintió sin comprender del todo a dónde iba eso. Suki alzó una ceja, presintiendo el rumbo de esa plática.
-Comprendo. Parece un buen sistema. Pero, ¿cómo serán elegidos esas personas? –Sokka respondió. No olvidando política y de más. –Si son elegidas por personas de la élite, entonces no tiene mucho caso. El punto quedaría donde mismo.
-Así es. –Aang sonrió al ver que su amigo comprendía todo eso muy bien. –Se postularan cuatro personas para cada puesto y se harán elecciones de toda la ciudad y algunos altos funcionarios de otras naciones. -Se acomodó en su silla, sin darse cuenta de que había estado moviéndose para adelante. –El punto es que hablando con Suko, con el rey tierra y unas cuantas personas más. Tú das el talle perfecto para ser un concejal. –la boca de Sokka se abrió por completo. –Eres de una tribu que sufrió mucho y te encargaste de ella. –Aang comenzó a enumerar con sus dedos. –Conociste la tribu agua del sur y ayudaste en sus planes de guerra. Fuiste miembro del equipo avatar, perdiste a personas queridas en la guerra y sin embargo no deseaste que acabáramos con la nación del fuego. Creíste que Suko cambió. Te infiltraste en el ejército enemigo. Derribaste una docena de naves en la batalla contra el antiguo señor del fuego. Sin contar que eres padre de familia y querrás ver por los niños. Adem…
-Para. –Sokka lo interrumpió, elevando una mano. –No me gusta ser modesto, lo sabes. Pero exageras. En cada cosa exageras. –sacudió la cabeza cuando el avatar iba a hablar y al ver que éste se quedaba callado, suspiró. –Creo que parecerá un favoritismo si me escogen a mi.
-Para nada. –Aang sonrió. –Tienes tu propio club de fans, que dará testimonio de tus logros.
-Eso de club de fans es verdad. –Suki sonrió, bastante divertida con todo ese asunto.
-No te lo íbamos a proponer aún. De hecho, íbamos a venir Zuko y yo. –se encogió de hombros. –Es probable que se moleste porque me adelanté. Pero ya que estaba aquí.
-Es algo… complicado de decidir. –finalizó Sokka. –Me gustaría pensarlo un poco.
-Por supuesto. –Aang asintió y bostezó. –Háblalo con Suki y luego me dicen.
Aunque partiré mañana, podrías pensarlo un poco más. ¿Qué te parece un par de semanas?
Todos se levantaron al mismo tiempo de la mesa.
-Vamos, Aang. –habló Suki. –Te mostraré la habitación.
Aang murmuró un "buenas noches" a Sokka y luego siguió a Suki escaleras arriba.
Se quedó de a seis al ver la habitación que le encomendaron. Por todos lados gritaba Katara. Las colchas azules, algunos decorados en las paredes, como dibujos de estrellas de mar y el símbolo del agua.
Después de que se fue Suki, Momo saltó a la cama y se acomodó inmediatamente. No obstante, Aang seguía maravillado. Observó cada detalle, la silla frente a la mesita. La pequeña lámpara que alumbraba, el tintero medio vacío, seguramente con ese le había escrito su última carta.
Entró al baño y tomó con sumo cuidado un cepillo que estaba ahí con cabello castaño en él. Acarició las hebras de cabello y luego lo volvió a dejar ahí. Dudando un poco, abrió el closet y casi suelta una exclamación al ver la ropa que había ahí. Al parecer Katara planeaba regresar, si había dejado todo eso.
Justo cuando estaba a punto de cerrar la puerta del closet, un brillo llamó su atención, se acercó más y con un nudo en la garganta tomó el pergamino que contenía los ejercicios avanzados. El regalo de cumpleaños.
Al abrirlo, con manos temblorosas, Aang se dio cuenta de que estaba bastante gastado, lo que significaba que ella lo había estado utilizando.
Sin comprender del todo por qué lo había dejado ahí, el avatar dejó todo donde estaba y se acostó a dormir.
Una lágrima recorrió su mejilla cuando su cabeza tocó la cama. Las sabanas, cobijas y almohada, olían a ella. Tenía tanto sin aspirar ese aroma peculiar de sal de mar, nieve y calor, que el corazón le dolía. De verdad que la había extrañado.
Sacó la foto, de para quien él siempre sería su novia, y la observó un poco. El papel estaba gastado de tanto doblarse y abrirse. La imagen era en blanco y negro. Pero no importaba, porque Katara sonreía ahí. Parecía feliz. Es probable que lo fuera en ese entonces. Él se encargaría de que volviera a hacerlo.
Con esa determinación en sus pensamientos, la foto del periódico donde salía su maestra agua y el aroma de ésta, se logró quedar dormido.
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La partida fue un poco difícil. Waru era verdaderamente adorable y Aang se había encariñado ya con él. Todo lo contrario de Momo, que aunque no se separaba de Sokka, le rehuía al bebe y a sus manos que podían estrujar su cola y orejas, a pesar de lo pequeño que era el bebe.
-Nos veremos pronto, concejal Sokka. –Aang tomó su mano y sonrió un poco, bromeando.
-¡Hey! Aún no he aceptado ser candidato y ya me llamas concejal. –sacudió la cabeza. –Estos avatares de hoy en día. ¿Qué vamos a hacer con ellos? –y luego volvió a abrazar a Momo.
-Espero verte pronto, Aang. –Suki le dio un abrazo. –Puedes visitarnos cuando quieras, esta es tu casa.
-Estoy muy agradecido. –Aang sonrió y comenzó a dar apretones de manos. –Con todos. Agradezco esta efusiva bienvenida. Espero volver pronto.
Y paso seguido, impulsado por el aire control, subió a Appa que esperaba pacientemente como siempre.
Momo también voló al bisonte y Sokka enterró la cara en el peludo animal.
-Te extrañe tanto Appa. Dime que me escribirás. –el animal resopló y luego lo lamió completo. –Yo también te amo Apa. Y a ti Momo.
Se escucharon algunas risas, entre ellas las de las Guerreras Kyoshi y su líder en pausa.
-Yip, yip. –pronunció el maestro aire y el bisonte se elevó por los cielos, llevándolo en busca de su amada.
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¿Qué les pareció? ¿Algún rev?
