Hola. Aquí yo de nuevo. Sé que prometí actualizar ciertos días, pero mi computadora está en apuros y es difícil escribir desde el cel. Sin embargo, lo hice un poco para no dejar esta historia tanto tiempo.
Gracias por leer.
Katara miró a Toph con una sonrisa en los labios y fue a sentarse junto a ella y terminó acostándose, su sonrisa se tornó apacible. Ambas se encontraban en su camarote después de una ostentosa comida que en el barco habían servido en su honor.
–Ya no puedo más. –pasó una mano por su estómago y luego la dejó caer a su costado. –Si siguen alimentándonos así, terminaré pesando 100 kilos.
–Seguro que eso es algo que no podrías soportar. –se burló la bandida ciega. –Perder tu figura de princesa.
–Jaja. –trató de reír Katara. –En realidad no me importa mi figura, es algo que me tiene sin cuidado, así me quiere A… -se interrumpió con esto último.
–Ah. El pies ligeros. –Toph limpió sus dientes con un palillo que había dejado a un lado. – ¿Sabes que al final vendrá corriendo a ti? Siempre lo ha hecho.
–No sé. –suspiró la maestra agua. –Todo es tan diferente a antes.
–Pies ligeros sigue siendo igual que antes. Igual de enamorado de ti y estoy segura que terminará corriendo a ti.
–El problema –suspiró la ojiazul. –Es que ya no sé si quiero que venga a mí. Ya no.
–Espera. –Toph rodó en la cama y se detuvo de su codo, acomodándose mejor como si viera a su amiga. – ¿Ya no quieres a pies ligeros?
–Claro que lo quiero. –alegó rápidamente la aludida. –Sólo que necesito encontrar a mi antigua yo y parece ser que tengo que hacerlo por mi misa.
Toph se volvió a dejar caer como si ya no tuviera algo mejor qué decir.
–Sigues siendo demasiado complicada. –y dio por finalizada la conversación.
Katara se levantó de la cama y se recostó en la de ella, a unos pasos. Se recostó en la que durante su viaje en barco, sería su lecho para dormir. Apagó la lámpara que estaba entre las dos camas y se dispuso a dormir.
Sin embargo, sus pensamientos giraron en torno a muchos lados, impidiéndole dormir.
Seguía cuestionándose si había hecho bien en decirle adiós a su relación con el avatar. Pero luego recordaba todas esas tardes esperándolo, todas esas noches llorándole, todas las cartas sin sentido que se mandaban, tratando de que la "llama no se apagara".
Cuando los ronquidos de Toph se hicieron más sonoros y se dio cuenta de que está estaba en su más profundo sueño, sus pensamientos decidieron que era suficiente y que debían convertirse en sueños.
.
Los días pasaron veloces en el barco. Hacía mucho que Katara se había mantenido alejada del mundo, en la isla Kyoshi ya se habían acostumbrado a su presencia, así que no tenía que pasar por tantas alabanzas y vanaglorias a los que se sometían los famosos héroes de guerra.
Al parecer la bandida ciega se había acostumbrado rápidamente, puesto que aceptaba todo con una sonrisa y a veces sin eso. Todos la amaban por su carácter fuerte y desinteresado en los demás.
De la misma manera, amaban a Katara, con su sonrisa siempre puesta para todos, sus ojos brillantes amables y esa actitud siempre servicial. El contraste entre ambas chicas era demasiado, desde lo físico hasta las actitudes, pero el amor que el pueblo les profesaba era de igual tamaño.
Por el momento, todos estaban contentos de que su maestra agua predilecta volviera a dejarse ver después de tanto tiempo. La última vez de su aparición pública había sido una reunión en el reino tierra, donde estuvo el avatar con ella hacía ya dos años. Después de eso, no se le dejó ver hasta que subió a ese barco, en donde se esperaba a la maestra metal.
El recibimiento que le dieron fue tan apabullante y seguía siendo que era extraño no ver a Katara con un sonrojo. Y eso sólo seguía siendo una pequeña parte por el abarrotado barco, que era nada comparado con el mundo.
–Esto es mucho. –le susurró Katara a Toph una noche al acostarse, después de un esplendida cena y un show de chistes para divertirlas.
–Y lo que le falta. –se burló la maestra tierra mientras se acomodaba en la gran cama y se disponía a dormir. –Esto no es nada comparado con lo que te espera. ¿Acaso ya se te olvido?
–En verdad que si. –sonrió Katara recostándose igualmente y apagando la luz. –Había olvidado todo esto. Me había acostumbrado a la vida tranquila.
–Esto es lo que tenías qué hacer, ¿no? Ser libre y joven. Pues esto es libertad para los héroes de guerra. ¡Fama y gloria! Atenciones por todos lados.
–No sé si pueda con eso. –cerró los ojos y pensó en los últimos días. –Aunque todos son muy amables, siempre me preguntan por él.
–Igual que lo hacen con pies ligeros. ¿Y sabes que terminó haciendo? Sonriendo y dando otras respuestas. Aunque para mi tiene demasiada paciencia. Yo ya les habría dejado caer una piedra en la cabeza.
– ¿Por qué eso no me sorprende? ¿Tú dejando caer una piedra a alguien? –se burló también Katara.
–Agradece que no haya ninguna cerca para noquearte y dejes de decir estupideces.
–Ja. Como si pudieras conmigo.
– ¡Oye! Princesita, me parece que alguien necesita ponerte en tu lugar.
–Estoy deseando que lo hagas.
Ambas sonrieron, como si fuera una promesa.
–Pelearemos en cuanto lleguemos a un lugar adecuado en donde no podamos matar a nadie. –sentenció Toph.
–Y donde nadie pueda ver tu derrota.
–Claro. ¡Como si eso fuera a pasar!
–Por supuesto que pasará. No estoy deseando hacerte llorar, pero si morderás el polvo.
–Yo como polvo. ¡Mi vida es el polvo!
Volvieron a reír las dos chicas, esta vez más recio.
–De acuerdo. Cuando arribemos a tierra, buscaremos un lugar para pelear. –sonrió Katara, deseando poner un poco en práctica todos esos movimientos que había aprendido.
–Como digas, -murmuró Toph antes de dormir.
Katara cerró los ojos y se fue a los brazos de Morfeo con una sonrisa en los labios, sería bueno volver a sentir un poco la adrenalina.
Ya sé que es corto, pero es algo. Trataré de darles uno mejor la próxima vez.
¿Algún rev?
