Ningun personaje aquí nombrado me pertenece. Son propiedad de Conan Doyle y de Nancy Springer. Asi como la serie es perteneciente de BBC (mas vale decirlo tarde, que nunca)
Espero que lo disfruten!
02
John Watson, desde que había conocido a Sherlock Holmes, se había dado cuenta de que su capacidad de asombrarse no parecía tener límites, más cuando estaba ese hombre cercas. Él o su hermano mayor, Mycroft, que había conocido desde hacía un poco de tiempo después de Sherlock.
Sabía que al volver a casa podía esperar cualquier cosa, desde atentados contra su persona solo por ser el colega del señor Holmes, o simplemente una persona llorando o enojada esperando ser atendida por ellos mientras se desquitaba con la pobre y demasiado buena señora Hudson.
Pero, no, jamás podía acostumbrarse a encontrar con… cosas como esas. Y mientras observaba con los ojos fijos a la joven que estaba bebiendo tranquilamente te delante suyo, sonriéndole con amplitud pero de modo amistoso, se preguntó si aquello era siquiera posible.
Es decir, los ojos eran de un azul intenso, la piel blanca y lechosa pero levemente tostada, como si hubiese estado en la costa con anterioridad. Tenía un lindo cabello rizado negro, salvo por las mechas de colores que decoraban las puntas. La ropa era vieja, gastada, y justa al cuerpo, dejando ver que era realmente linda y delgada.
Sin embargo, una de las cosas que le pareció realmente llamativo a la vista eran aquellos aretes en sus orejas, cubriendo casi toda la curva de ambas orejas; el aro en su nariz, y la perforación en su boca. Era imposible no verlas.
Enola, pues ese era su nombre según se había presentado ella, bebía su te con suavidad, manteniendo sus ojos fijos en el medico militar, pero sonriendo con esa amabilidad poco común, por no decir que inexistente en los Holmes,
— ¿Tardara mucho en volver Sherlock?— Pregunto con los labios, pintados de un naranja algo llamativo, sobre la taza de té.
Tenía esa sonrisa de pequeño demonio, de diablillo, que en un rostro más femenino que el acostumbrado inspiraba tanta ternura como precaución. Eso le creo un poco de incomodidad a John.
Estaba acostumbrado a la sonrisa de político de Mycroft, y ya sabía cómo hacerle frente. También estaba acostumbrado a la sonrisa de superioridad, de egocentrismo de Sherlock. Esas eran las sonrisas que un Holmes solía mostrar. Pero no esa sonrisa, no en ese rostro.
—No tengo idea— Contesto con honestidad, dejando su propia taza en la mesa.
Apretó un poco las manos, una contra la otra, mirando a la joven algo incómodo y desconcertado. Ella rio con suavidad, una risita burlona y divertida. Con el mismo cuidado que el doctor había usado para dejar su taza, dejo la propia.
Con un suave movimiento, la Holmes se inclinó hacia delante. John pudo ver ese brillo, el mismo que miraba en los ojos de Sherlock cuando algo interesante pasaba por su mente. Se preguntó que pensaba la joven, pero al mismo tiempo tuvo miedo de saber.
Los Holmes eran raros. Más raros le parecían ahora con esto.
— ¿Eres el novio de mi hermano?— Pregunto entonces, sonriendo con suavidad.
— ¿Qué? ¡No!— John casi tira las tazas durante su sorpresa, y ella solo se rio con ganas, mirando como el médico militar se había puesto colorado por la pregunta.
Cuando el hombre se calmó, y ella se dignó a parar de reír, el doctor ya estaba demasiado incómodo. No solo porque ella hiciera esa clase de pregunta, sino porque ella se rio. Se rio con ganas, como una persona perfectamente normal en una situación perfectamente normal.
Un Holmes no haría eso, seguramente ni siquiera se hubiera reído de eso, porque lo más probable es que lo hubiera preguntado con total seriedad y verdadera curiosidad. Incluso estaría ofendido de que se hubiesen reído, y no sonriendo como niño divertido. Bueno, niña.
Enola se levantó, las pulseras en su mano sonaron con un delicado tintineo mientras ella acariciaba la calavera con suavidad, y rio entre dientes, murmurando algo que John entendió como "hola viejo amigo", quizás John alucinaba. O ella lo hacía. La joven se giró, sonriendo, y miro la cara pintada y baleada.
—Veo que se sigue aburriendo con frecuencia— Enola lo miro por el rabillo del ojo, y agrego con un tono de voz más frio. —. No soy como ellos, Doctor Watson, soy… más social.
—Sherlock jamás ha hablado de ti— John la miro, curioso, y es que si se parecían mucho ella y los otros dos Holmes.
Enola torció un gesto. Con una elegancia extraña, soltó la calavera y recorrió la estancia hasta una silla alejada, donde se sentó cruzando las piernas. Del bolsillo de su pantalón saco una paleta de caramelo, y se la llevo a la boca.
— ¿Le hablo alguna vez de Mickey? Perdón, de Mycroft— John no contesto, pero no ocupo hacerlo. Ella le sonrió burlona. —, entonces, ¿Qué le hacía creer que le hablaría de mí? Es más, me llevo menos con él que Mycroft.
— ¿Es que los Holmes se odian entre ellos?— John se apoyó en el respaldo, mirando a la muchacha que se rio con suavidad, pero ella ya no contesto.
—Es un reto de intelectos, más bien.
Tanto John como Enola miraron hacia la puerta, donde Sherlock Holmes estaba. Su gesto era serio, mientras sus ojos estaban fijos en la joven del caramelo. Luego miro a John, mientras colgaba su abrigo en el perchero. Acto seguido, camino y tomo su violín, inspeccionándolo con completa atención. Luego sus libros, su computadora, y finalmente se sentó en su sofá.
—Si tocaste algo mío, y si le hiciste algo a mis cosas, Enola, sabes que no reaccionare muy bien— Dijo en cuanto estuvo sentado, mirando a la mujer que se rio divertida.
—Tranquilo, no soy Mickey, ni nada por el estilo. De hecho, querido hermano, estoy aquí por trabajo.
La cara de satisfacción de Sherlock, hizo que Enola gruñera de mala gana, pero no hizo más que cruzarse de brazos con una ceja arqueada. A John le pareció gracioso que el modo en que sus labios se torcieron hacia abajo fuera perfectamente igual al que llegar a los labios de Sherlock cuando estuviera aburrido o en pleno berrinche.
Parecía ser que Sherlock estaba disfrutando de aquello, y John se preguntó en que trabajaría Enola como para ir a con su hermano por eso. ¿Acaso era también un detective consultor? No, Sherlock había dicho que era el único en tal profesión… ¿o es que él no contaba a su hermana como competencia?
La joven Holmes se enfurruño mas al sentir como el mayor se reía de ella, y simplemente se cruzó de brazos de muy mala gana, mirándolo, como dándole una última oportunidad de dejar de reírse de ella.
Pero Sherlock no paro de reír, se notaba en su mirada, y la joven Enola apretó los puños.
—Se trata de Tommy.
Y ahí Sherlock se quedó realmente serio.
Gracias por leerlo. Se agradecen mucho los reviews, pues así se si este fic es de su agrado, sus opiniones y críticas constructivas.
Hasta la próxima, Moores fuera.
