Bueno, bueno. Otra vez por aquí, les dejo la continuación para que se entretengan y leemos los dedos mañana!


2. Tú no eres una niña.

P-E-D-E-R-A-S-T-A.

Han pasado tres días y no ha bajado a comer ni una vez, por primera vez en su vida coincide con su madre. Soy la vergüenza de ésta familia. Ha besado a la mejor amiga de su ahijado, y sólo le ha detenido la suerte en voz de Moony.

Y hablando de él ¡Pues ahí tienes a tu niña, Remus! Con niñas así ¿Quién demonios necesita de las mujeres? Los labios aún le arden y no es capaz de controlar al perro nuevamente, porque ha probado la carne y ahora es todo cuanto desea.

Ha huido porque no ha sabido que decir, no es que tenga un manual de cómo actuar después de manosear a una muchacha que podría ser tu hija pero tienes suerte de que no lo sea porque te lanzarías un Avada Kedavra tú mismo.

Jamás se ha sentido tan vivo, porque nunca ha venerado de ese modo carnal y espiritual a nadie. El problema, querido Pardfoot, es ese pequeño temita con los años, nada que una poción envejecedora no pueda solucionar, habría dicho James y casi le dan ganas de llorar porque lo necesita más que nunca.

Por el otro lado no recuerda haber sentido tanto asco de sí mismo — sin contar obviamente la vez que James y Lily murieron — en su vida, si la voz de Remus no hubiera sonado en su mente con un escueto "Detente", él no lo habría hecho, lo habría llevado hasta las últimas consecuencias porque ella no habría puesto resistencias — y de haberlas él no habría necesitado de mucho para disuadirla.

¿En qué demonios estaba pensando Hermione Granger a la hora de provocarlo de ese modo? Pues al parecer no lo hacía, porque de hacerlo habría notado que él es un H-O-M-B-R-E y lo que desea es follársela larga y tendidamente.

Baja a las cocinas decidido a desayunar antes de que ella se despierte y no pasa mucho tiempo hasta que los muchachos aparecen por allí. No ha terminado de preparar su tocino cuando entiende que Hermione ha tenido la misma idea; tiene los ojos levemente enrojecidos y evita mirarle por todos los medios. Sirius se siente culpable y miserable. Desayuna con prisa y se marcha con Buckbeack, la única compañía que soporta, porque hasta Harry le recuerda lo que ha hecho y lo que ha estado a un palmo de hacer.

No almuerza y prefiere compartir la cena con el hipogrifo. Mantiene el mismo patrón al día siguiente y al siguiente y al siguiente y podría seguir así de no ser porque Remus llega a Grimmauld Place. No puede aislarse ya que él sospechará y de todos modos siente la total necesidad de contarle lo ocurrido.

— ¡Sirius ahí estás! — le dice la señora Weasley en cuanto le ve aparecer — Hoy necesitaré que te encargues del tercer piso, ¿será posible?

— Será un placer. — responde con educada cortesía y remueve los huevos en su plato, sabe que Remus le está mirando.

— ¡Muy bien! Hermione, querida, tú le ayudarás, con los muchachos nos encargaremos de una plaga de doxys en el sótano.

Sirius se detiene al momento y levanta la vista, Hermione tiene las mejillas coloreadas y mira fijamente su plato. No le pasa desapercibido Remus, quien observa todo el en mayor de los silencios.

— Señora Weasley, si le parece bien preferiría ir con Ron y Harry — pide firmemente.

— Hermione tiene razón, Molly — agrega Sirius porque sabe que no podrá contenerse estando a solas nuevamente — Se aburrirá de muerte y puedo solo.

— No dudo que puedas tú sólo, pero Hermione te ayudará de todos modos.

— Yo podría ayudarlo, Molly, así Hermione no se quedaría apartada de los chicos. — interviene calmadamente Remus.

No sirve de una mierda, la mujer pone los brazos en jarra, en ésa pose que no acepta réplica alguna.

— Gracias, Remus, pero Dumbledore me ha dicho que llevas tres días sin dormir, asique te marcharás a descansar luego de comer. Aparte el veneno de doxy no le hace bien a Hermione.

Así no tiene más que acatar las órdenes y marcharse escaleras arriba, sintiendo la silenciosa presencia de Hermione seguirle los pasos.

Se siente miserable sin la necesidad de compartir más tiempo con él del estrictamente necesario. No le ha pasado desapercibido que Sirius ha decidido ignorarle del mismo modo, pero eso no hace que le duela menos, porque tiene dieciséis años y su primer amor le ha rechazado como si llevara la peste. Tiene el orgullo femenino mancillado y un dolor en el pecho que le ahoga.

— ¿Por dónde quieres empezar? — le pregunta él cortésmente.

Se encoge de hombros y evita contacto visual, no está lista para admitir que está comportándose como la niña que es y que él tiene razón a la hora de apartarle.

— Me da igual. — contesta y abre una puerta cualquiera.

Por horas no hacen más que ordenar, limpiar y desinfectar. No se hablan e intentan mantenerse lo más lejos el uno del otro, lo que no impide que pueda verle impunemente cuando ella le da la espalda.

Por fortuna llegan a la última puerta y entran siguiendo el modus operandi que les ha funcionado por horas, no hablarse, y a él le pican los labios porque para su desgracia es un adulto y por lo tanto debe explicarle a Hermione lo sucedido y las razones por las cuales está total y completamente seguro de que todo no ha sido más que un error, una locura.

Pero no llega ni a decir una palabra cuando ella abre un ropero y grita con terror, allí, con las gafas torcidas y perdiendo sangre por la boca, se encuentra Harry. La impresión sólo le dura medio segundo, porque él sabe que Harry está con Molly. Hermione atina a arrojarse sobre la imagen de su amigo pero Sirius la detiene sosteniéndola de un brazo.

Ya no hay más que implacable seriedad en su rostro y por alguna razón ella se tranquiliza al ver como él niega con la cabeza antes de sacar la varita. Y al igual que tres noches atrás, Sirius convierte al Harry muerto en la imagen de su madre vestida de mesera, el boggart desaparece y ella no puede evitar sollozar sin control.

— Tranquila. — dice con voz grave mientras con una de sus manos la atrae a su pecho y le acaricia el cabello — Piensa, tú sabes que él está allí abajo y salvo que una doxy se le haya metido por la nariz no hay nada que temer ¿verdad?

Hermione suelta una risita nerviosa, por supuesto que sabe que Harry está con la señora Weasley, pero no se siente completamente ella desde hace muchos días y no ha hecho más que soltar la angustia que lleva dentro. Se muerde el labio inferior porque — aunque no del modo que le gustaría — vuelve a estar entre sus cálidos brazos oliendo su fuerte aroma masculino. Él la aleja lo suficiente como para ver sus ojos y Hermione desea explicarle que no es una buscona ni que tiene problemas mentales, si no que besarle le llevó más de un año de consideración como para animarse a hacerlo.

— Lo siento — dice haciendo acopio de todo su valor y sin necesidad de explicar nada más.

Él vuelve a mirarla con los ojos oscurecidos y ella sabe que ya no es Sirius Black quien la observa, sino esa versión más adulta de Padfoot, ésa que jura que sus intenciones no son buenas, pero con la experiencia de alguien que ha vivido casi el doble. Esa versión que no es tan fuerte como para resistirse.

— Yo también.

Y le besa. Permanecen así, unidos por el roce de sus bocas hasta que una de sus manos le sostiene la barbilla mientras su lengua le acaricia suavemente los labios. Ella los separa y le recibe gustosa. Te amo, le gustaría decirle, pero está segura de que él podría dar por terminado su instante de debilidad en ese mismo momento. Pasa los brazos por sus hombros y le pega el cuerpo, sintiendo el calor de su piel traspasarle la ropa. El corazón le late desbocado mientras Sirius ladea el rostro dispuesto a devorarla y una de sus manos se aventura en su espalda por debajo de la blusa. Le posee con absoluta determinación y la destreza de quien ha vivido lo suficiente como para doblarle la edad.

Siente la fría pared a sus espaldas y entiende que de algún modo han caminado hasta llegar a ese callejón sin salida. Él baja por su cuello con sendos besos hasta la unión de sus clavículas y la embiste suave y enloquecedoramente enviando descargas eléctricas a su bajo vientre. Tiene las manos enredadas en ese suave cabello negro azulado y puede sentir las de Sirius recorrer libremente la piel bajo la blusa realizando un camino de fuego, sellando un contrato de exclusividad. Él corazón le late fuera de control, como si quisiera escaparse de su prisión de huesos y Hermione sabe que después de aquello no podrá soportar que otro le acaricie, porque nadie podrá generarle lo que él con una simple mirada puede. Vuelve a sus labios y le besa impetuosamente, arrancándole un gemido desde el mismísimo pecho.

Abren la puerta y Hermione sabe que la imagen que dan es de lo peor.

Tiene la espalda contra la pared, el abdomen al descubierto y las piernas separadas. Sirius ocupa el espacio libre entre ellas y le apoya toda su masculinidad, mientras que sus dos manos le cogen como garras la cintura.

Casi con furia él se aparta de ella y camina con vehemencia hasta la salida.

— No me jodas — le escupe enajenado a Lupin antes de pasar por su lado pisando fuerte.

Si tuviera la varita entonces rajaría la tierra y se metería dentro, porque no puede soportar la mirada de profunda decepción de quien alguna vez fue su profesor.

— Creo que no necesitas que te diga que está mal como para saberlo, pensé que eras inteligente — comenta con frialdad atípica en él — La comida ya está lista.

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Sin palabras…

De acuerdo, a lo mejor si se ha extralimitado un poco. Tal vez gritarle "Ahí tienes a tu niñita, Remus" luego de romper el florero favorito de la señora Potter — que le dejó antes de morir en recuerdo de la cantidad de veces que le destrozó la casa por usar la escoba en el living — y mandarle a la puta mierda donde hago lo que se me dan las jodidas bolas no ha sido correcto, pero al menos le ha servido para serenarse y para que Moony entienda de una vez por todas que Hermione J. Granger tiene de niña lo que él de cobarde.

Con un movimiento de varita junta las piezas de la destrozada porcelana y lo vuelve a su forma original, porque si bien es su objeto favorito a la hora de romper cosas, es lo único que le recuerda a la mujer que llegó a llamar mamá, no solo para fastidiar a James, sino por sentirla como tal.

— Jamás creí que ella fuese capaz de… hacer algo así. — declara Moony recostado sobre la pared.

Sirius suspira porque él tampoco se creía capaz de follársela con ropa como lo hizo hasta que Remus le interrumpió.

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Está decidido a comportarse debidamente y sabe que no podrá en público porque la culpa es muy grande como para soportarla en compañía de nadie más que de Buckbeack, por eso se ha recluido en la habitación del hipogrifo y usa gruñidos para comunicarse con todo aquel que le hable durante las comidas o en sus viajes al baño.

Una presión horrible le molesta en el pecho, porque se marcharán la mañana siguiente; no es sólo la casa — que se volverá inhóspita y oscura ni bien Harry y Hermione pongan un pie fuera — sino porque tiene la sensación de que algo malo les ocurrirá. Recuerda entonces el juego de espejos que tenía con James y decide dárselos a Harry para mantener el contacto de un modo seguro y confiable. No le agrada que pase más tiempo con Snivellus del necesario y el solo recordar a su grasiento enemigo la sangre vuelve a bullirle.

Por eso sale de su escondite — donde se ha mantenido oculto por cinco días — y vuelve a su habitación, sabe perfectamente donde ha guardado los espejos y quiere asegurarse que Kreacher no se los haya robado en algún arranque de locura. No le preocupa salir, porque es casi medianoche y todos llevan buen tiempo dormidos, por eso se sorprende al encontrar a Hermione parada junto a la ventana de su habitación con las manos cruzadas en el pecho. "Oh, Sirius" es todo lo que exclama antes de correr hacia él y abrazarle con fuerza.

— Deberías estar durmiendo — le dice algo brusco, no quiere verle porque entonces no es tan fuerte y le preocupa, como jamás lo ha hecho, cometer alguna locura.

Ella lo suelta y se seca las lágrimas con una mano.

— Lo sé, pero mañana me iré y temo… temo que algo malo te suceda — confiesa.

Lo que debería temer, en todo caso, sería convertirse en la presa del perro que él ha intentado contener con todas sus fuerzas.

— Ya te lo he dicho — repone forzando una sonrisa ladeada — lo peor que ronda por aquí es Kreacher y si tengo suerte alguno de los calzones viejos de mi madre hará el trabajo duro por mí.

Ella sonríe y frunce el ceño a la vez.

— Prométeme que intentarás mejorar tu relación con él.

— Ni lo sueñes.

Él sabe mucho, Sirius. Un elfo puede contradecir a su amo aunque luego se autocastigue. — explica con los restos de lágrimas brillando en los ojos. Y aunque tiene deseos de decirle que no le importa ya que está cansado de obedecer órdenes y ser preso del hogar que toda su vida detestó, no puede más que asentir, porque quiere que Hermione vuelva a su habitación.

— De acuerdo. Ahora vete a tu cuarto — le apremia.

Ella lo mira con los ojos marrones entristecidos y asiente aplicadamente. Gira sobre los talones y pasa a su lado en dirección a la puerta.

Deberías hacer algo, Pardfoot amigo, antes de perderla.

No.

Hermione casi ha alcanzado la puerta y la voz de James suena con mayor fuerza.

Un beso de despedida.

No.

Se detiene un momento con la mano en el picaporte, como esperando que algo suceda.

Se irá, Padfoot, y con suerte algún muchacho sabrá enamorarla. En cambio tú te quedarás y la recordarás por siempre.

Maldice por lo bajo y la coge por un brazo; de un movimiento casi fluido la pega a su cuerpo y le besa. No pretende asustarla y la retiene con ambas manos a la cintura, en un agarre suave y casto, porque quiere que de algún modo ella entienda que él no es un pedófilo, que disfruta al tiempo que aborrece todas las caricias y los roces. Porque no es morbo lo que ella le provoca, si no amor como jamás ha conocido por otra mujer. ¿Por qué tú, entre todas?

Esa parte que por lo general representa Moony en su mente se mantiene en silencio, no sabe que opinar.

¿Qué es lo que se le dice a un hombre que ha perdido casi todo cuanto ha tenido y que finalmente ha obtenido algo que jamás ha conocido?

Nada.

Hermione por el contrario solloza contra sus labios y se prende a sus hombros como naufrago a salvavidas. Con desesperación enreda los dedos en su cabello negro y Sirius comprende que ella teme no volver a verlo. Le lame los labios, porque desea explorar por última vez aquella dulce cavidad y la acaricia como ningún hombre sabrá hacerlo, disfrutando con alma de merodeador besar sus labios con maestría, asegurándose que aunque no pueda tenerla ella siempre lo recuerde.

Ésta vez es Hermione la que abandona sus labios y le besa la silueta de la mandíbula bajando por el cuello hasta esconder el rostro en el hueco contra su hombro. Le huele y él no se queda atrás; sus manos viajan con dirección propia bajo la blusa acariciando su espalda, bajando por la cintura hasta las caderas, sintiendo la calidez de su cuerpo y todas y cada una de sus curvas, pero tiene cuidado de no bajar por los muslos porque no desea sobrepasarse como la última vez.

Vuelve a besarle con determinación, declarándose amo y señor de sus labios; la muerde y exige que responda, porque tendrá que afrontar meses de absoluta soledad hasta volver a verla. Ella gime con los labios abiertos y su suave lengua en posesión de Sirius y él sabe que no podrá contenerse luego.

Casi con dolor físico se separa y no necesita explicarle más. Sabe que sus ojos brillan con la advertencia de que no será un hombre bueno y que más le vale marcharse ahora. Pero ella duda, y eso le fascina, aunque también le asusta, porque no tendrá cómo detenerse si ella decide dar el paso final.

— Será mejor que vayas, Hermione. — le advierte de modo tajante.

Ella baja la mirada avergonzada como dolida y asiente. Quiere explicarle que terminará de sepultarlo vivo si le permite tomarlo todo de ella y que no está seguro que ella comprenda la seriedad del asunto. Que no volverá a ser virgen y él jamás podrá olvidarla si lo hace, si prueba su joven cuerpo.

Está decidido a dejarla partir y es por eso que no la detiene. La observa con entereza alejarse y cerrar la puerta a su espalda.

Entonces se desmorona.

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Ya es la hora, parados en el vestíbulo y con sus baúles listos, los muchachos aguardan por salir. Molly está regañando por algo a los gemelos y él aprovecha para hacerle señas a Harry, le entrega los espejos y le advierte de no abrirlos frente a la señora Weasley porque está seguro de que no le gustará. Pero no cuenta con que Hermione lo vea, frunza el ceño y se acerque.

Molly coge a Harry en un abrazo maternal y él aprovecha para apartarse.

— Sirius — le llama Hermione y lo abraza con fuerza sin importarle que la vean. Le deposita un beso en la mejilla y se aleja. Nadie lo ha visto y tampoco que importe mucho, todos temen por ellos, no sería un gesto fuera de lugar.

Es el momento, Harry vuelve a mirarlo y la voz se le atraganta en la garganta, porque es el hijo que nunca tuvo y el amigo que perdió muy pronto.

— Cuídate — le dice escuetamente forzando una sonrisa y le empuja suavemente fuera de la casa.

Las puertas se cierran y lo apartan.

Ellos se han marchado y no sabe cuándo volverá a verlos.

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No tiene idea de cómo ha ocurrido, pero Harry está convencido de que Sirius está en peligro mortal. Ha intentado refrenarle, serenarlo y pensar con frialdad el asunto. No es que ella no tema por Sirius ¡Por favor, lo ama! No es eso, es que simplemente hay cosas que no encajan y su fría lógica le asegura que existen otras maneras de averiguarlo sin utilizar la chimenea de Umbrige.

Pero no insiste, tiene suficiente con su propio temor como para poder enfrentar con razonamientos a Harry.

Es un golpe seco en el pecho y termina a merced de Malfoy y su pandilla de inadaptados.

Se retuerce en los brazos de Millicent y cada segundo que pasa le espanta más, tanto que improvisa brutalmente una historia que los lleva a un punto muerto, uno donde Grap le llama "Hermy" y los centauros secuestran a Umbrigde por llamarles híbridos.

Pero para aquel momento, el importante, han viajado al ministerio para encontrar que después de todo Sirius no está allí y ella siente deseos de llorar de la alegría… hasta que aparecen los mortífagos. Todo es caos y entre tanta locura se han separado. Los atacan sin piedad, están acorralados, un mortífago pretende dar la voz de aviso y ella lo deja mudo; pero actúa sin pensar lo que hace, segura de que no puede atacarle sin voz, y ya no puede sentir más que un fuerte latigazo darle de lleno en la espalda.

Todo pierde sentido y la realidad se desvanece ante sus ojos.

Lo último que puede pensar es en Harry y el ferviente deseo de que sobreviva.

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No estaban haciendo nada en particular, Moony había ido para que no se lamiera las heridas en soledad como un perro lastimado y él se lo agradecía. El patronus de Kingsley es corto y preciso. "Los están atacando… Departamento de misterios"

Moony no se interpone y de haberlo hecho lo habría mandado a volar. Siente el rostro crispado y la sangre encolerizada por su cuerpo. No les lleva mucho tiempo llegar y al abrir la puerta en compañía de Tonks, Ojoloco y Kingsley enfrentan una imagen de lo peor, diez mortífagos tienen a Harry y Neville en su poder.

Tonks es la primera en moverse y el caos se desata a su paso.

Las maldiciones vuelan por todos lados y él vuelve a sentirse vivo, tiene pánico por los muchachos y es finalmente libre. Ve la intención de Dolohov antes de poder hacer algo para defenderse, pero allí está Harry hinchándole de orgullo y salvándole el pellejo.

Toma la profecía y vete — le urge, ha visto a Bellatrix y los quiere lejos.

La enfrenta, porque jamás le ha temido a Voldemort y menos a un títere como ella. La varita le quema en las manos de la velocidad con la que salen los hechizos, pero no le importa. Puede notar el bullicio a su alrededor y los mortífagos gritar algo sobre Dumbledore.

Su prima falla, la imbécil después de todo no es capaz de darle en el pecho y él se siente renovado, no importa el paso del tiempo ni los años de confinamiento, su habilidad sigue allí latente y lo único que quiere es asegurarse que Harry y Hermione estén a salvo. Le tira algún comentario para enfurecerla y hacerla perder puntería cuando ella vuelve a atacarle, sabe que es demasiado tarde para defenderse en cuanto oye las voces detrás del velo llamarle, salvo una que le grita, le advierte.

¡Hazte a un lado, Padfoot, idiota!

No necesita mayor comprensión y sin dudarlo se echa a un costado. Bellatrix maldice con furia y se aleja corriendo de allí.

¡Yo maté a Sirius Black, mi querido primo se ha reunido con tu padre, Potter! — le grita al pasar y Harry lo busca con desesperación. Sirius no puede mover las piernas y no entiende que el hechizo le ha dado en los pies hasta ése momento. Su varita ha caído muy lejos y no tiene otra opción que gritarle, pero el bullicio es muy fuerte como para que su ahijado lo oiga.

El rostro de Harry se contrae de pena y furia, sin dudarlo le sigue los pasos.

Está por convertirse en perro cuando Dumbledore aparece a su lado y le devuelve la movilidad.

— Harry — le avisa Sirius aún agitado — Dumbledore, Harry se ha ido detrás de Bellatrix.

El mago asiente.

— Busca a los demás Sirius, mantenlos a salvo.

Podría intentar hacerle caso, pero Harry está en peligro mortal y prefiere ni pensar en los demás. Se lo prometí a James, prometí que cuidaría de Harry sin importar el cómo. Se pone de pie decidido ayudar a su ahijado y cruzando los dedos por Hermione. Le sigue los pasos y cuando pretende coger el pasillo la nada se materializa frente a él impidiéndole el paso. No importa cuánto intenta apartar el mural invisible de Dumbledore, no logra atravesarlo.

No necesita llamar a Remus, él lo sigue en cuanto lo ve correr desapareciendo por la misma puerta que entraron. No les lleva mucho tiempo encontrar la sala de los cerebros y la imagen allí es inmensamente peor de lo que esperaban. Ron empujaba a su hermana con expresión ausente en el rostro y tanto Luna, Ginny y Hermione yacían inconscientes en el piso.

No puede ser…

Más rápido de lo que creyó alguna vez moverse, llega hasta Hermione y le apoya la varita en el pecho.

¡Ennervate! — pero ella no reacciona, su cuerpo actúa como si estuviera unido a la varita y desde ese punto se alza para caer como títere sin cuerdas en sus brazos. Intentando no perder el control de la situación la alza hasta esconder el rostro en la curva de su cuello. No me hagas esto. Le busca el pulso a oído y casi muere de alegría cuando escucha el suave pum pum de su corazón. — Esta viva. — dice casi sin voz.

Moony asiente con seriedad. Despiertan a los muchachos y Sirius arregla los huesos rotos de Ginny, mientras Remus hace lo mismo con Luna. No pueden hacer mucho por Ron más que ponerlo a dormir sobre una camilla flotante.

Se alejan de allí y las imágenes parecen sacadas de una película de terror muggle, hay sangre y destrozos por doquier.

Voldemort ha poseído a Harry y Moony lo sostiene para impedirle hacer algo al respecto.

— Podrías matarlo intentando salvarlo — le dice Dumbledore mientras observa a Harry batallar desde dentro contra Voldemort. Se inclina sobre el muchacho y le susurra algo al oído.

De algún modo, Harry lo logra y Sirius se funde en un abrazo con él. Siente al muchacho llorar contra su hombro y lo coge con mayor ímpetu.

— Eres más valiente y fuerte que cualquier otra persona que conozca. — le asegura.

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Eres un hombre libre.

Aun así lo primero que hace es salir a comprar un porta retrato al Londres muggle, le ha costado una vida hacerlo, pero considera que es lo apropiado, porque casi ha sufrido dos pérdidas capaces de destruirlo por culpa del saco de ratas muertas que tiene por elfo.

— Kreacher — lo llama al entrar y como es habitual la alimaña no responde — ¡Como no aparezcas dejaré de esperar que te ahogues en el tanque de agua caliente y te ahorcaré con mis propias manos, Kreacher!

Y aparece, porque está loco de remate y es un cretino.

— ¿Me llamaba, amo Sirius? — pregunta y se inclina insultándole, definitivamente es el recuerdo parlante de porqué abandonó la casa en un principio — Ya levántate. Toma, ponle lo que desees dentro, una foto de mi repugnante madre con bigotes o un calzón viejo. Me da igual.

Kreacher lo mira sin comprender y desconfianza.

— ¿El amo le ha dado un obsequio a Kreacher? — Sirius suspira con irritación. Lo último que desea es hacer feliz al elfo, pero sabe que tiene que ponerle un freno a sus ataques de elfo libre.

— Si, Kreacher, el amo te ha dado un obsequio, en el altillo encontrarás todas las fotos que aún no he tirado, coge la que más te guste y deshazte de las demás ¿Lo has entendido?

Espera el berrinche, el pataleo similar al que le dio cuando intentó liberarlo dos años atrás. Pero no lo hace, inclina su espantosa cabeza hasta rozar el suelo con la nariz y sin murmurar ni una sola vez.

— Como el amo ordene.

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Decide bajar a la cocina porque no puede dormir, lleva menos de veinticuatro horas en Grimmauld Place y el corazón aún le late de modo violento al recordar sus labios contra la mejilla de Sirius al pasar por la puerta de entrada. Lo ha extrañado tanto que está segura la adrenalina es lo que no le permite dormirse de una buena vez. El cuarto de Sirius se encuentra abierto y se asoma silenciosamente por él.

— No deberías salir con esas pintas de tu habitación — comenta una voz grave.

Sirius está recostado en la cama con la espalda apoyada en el respaldo, iluminado por la luz de una solitaria vela, y las piernas cruzadas. Tiene un libro abierto en las manos y marcadas ojeras.

— Lo siento, creí que estarían durmiendo — contesta avergonzada. El corazón aletea peligrosamente en el pecho y las manos le sudan, se ve más atractivo que nunca.

— Bromeaba, Hermione — le dice con una sonrisa cansada y poniéndose de pie — de todos modos ya iba a dormir.

Se ve más estilizada pero nada de otro mundo, aunque para él signifique la diferencia entre poder resistirse y querer hacerlo.

La ecuación es simple y eso no significa que no siga teniendo problemas para resolverla correctamente.

Eres un desgraciado.

Tiene todos los componentes necesarios para definitivamente dar por finalizado el razonamiento; es una niña — al menos para él, que tiene treinta y seis largos años —, no es competencia alguna en la materia para mujeres maduras y por casualidad no es su hija; entonces ¿Por qué demonios la encuentra total y deliciosamente apetecible para acabar desnuda en su habitación? Porque eres un maldito enfermo retorcido.

Llega hasta su lado decidido a cerrar la puerta, pero ella lo coge del brazo en un agarre suave y dubitativo.

— No es necesario — le dice y pone un pie dentro de la habitación.

que lo es, debe ser cuidadoso cuando está a solas con ella porque ha notado que es entonces cuando no puede controlarse.

— Hermione…

Pero ella da otro paso y él puede ver la fiera determinación en sus ojos antes de pasar los brazos sobre sus hombros abrazándolo.

— Realmente temí por ti — le susurra con voz temblorosa al oído.

Y nuevamente podría intentar resistirse, pero el calor de su cuerpo es justo lo que él necesita para conseguir un poco de paz entre las heridas que las pérdidas le han ocasionado y es por esa razón que le rodea la cintura con sus brazos y la atrae a sí.

— Ha sido una locura, casi los pierdo, a ti y a Harry. — murmura apoyando los labios en su frente, oliéndole y relajándose.

Ella asiente suavemente y deja caer la cabeza hacia atrás para mirarle.

— Habría valido la pena si tú hubieras corrido peligro.

No lo habría valido, y Sirius está seguro que preferiría morir mil veces antes de verlos morir a ellos.

Hermione se pone de puntillas y le besa la barbilla logrando que Sirius suspire, como rindiéndose ante algo, e incline el rostro, de modo que sus cálidos y fuertes labios envuelven su boca en un beso lleno de entrega y reencuentro. La lengua de Sirius acaricia el filo de sus dientes superiores antes de rodear casi con parsimonia la propia. El corazón le late de prisa mientras una de aquellas manos le sujeta la cintura y la otra le acaricia la mejilla con el pulgar.

Enreda los dedos en el cabello negro y le busca con mayor ímpetu, consumida por el deseo de sentirlo perdiendo el control; pero él no responde, sigue besándola plácidamente, saboreando con esmero sus labios. Sin apuros ni zozobra. Dispuesto a disfrutarla con pericia y dedicación.

No sabe cuánto tiempo ha pasado y tampoco le importa, pero sí ha notado que la puerta ahora se encuentra cerrada y que están a tan solo dos pasos de la cama.

Las manos de Hermione le acarician el rostro, bajan por su cuello y se pierden en sus musculosos brazos. Vuelve a abrazarlo y suspira, porque quiere conocer la madurez solo con él.

Ella se revuelve entre sus brazos y él sabe lo que aquello significa. Lo ha vivido muchas veces en su adolescencia como para no notarlo, pero sabe que no estaría bien acceder y con un último roce de labios se separa. La observa unos minutos y sonríe de lado, como lo habría hecho a los diecisiete años; tiene los ojos brillosos, las mejillas acaloradas y los labios tanto hinchados como enrojecidos.

Supone que él debe estar igual porque siente el cabello revuelto, la sangre hirviendo y la boca palpitarle.

— Ven aquí — le dice y se deja caer en la cama. Hermione se ruboriza furiosamente y sonríe mientras se acomoda sobre él. Sirius la abraza y apoya el mentón en su cabeza.

No hablan, porque no hay nada por decir. Nada que ya no lo sepan.

Como el hecho de que NO deberías estar haciendo lo que haces.

De vez en cuando él le besa la cabellera y ella los labios. Por momentos Hermione suspira y él cierra los ojos, sintiendo paz.

La ama, no puede ni quiere negárselo; está dormida entre sus brazos y entiende que no puede vivir sin ella, ya no. Con un suave beso la despierta y Hermione abre los ojos desconcertada.

— Deberías ir a dormir — le dice algo divertido y la ayuda a ponerse de pie.

No tienes veinte años.

Ella asiente y le dedica una mirada profunda antes de perderse detrás de su puerta.

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— ¿Has dormido mejor estos días? — le pregunta Moony, quizás tendría que contarle que hace más de cinco noches Hermione golpea la puerta de su habitación y se acurruca a su lado con una sonrisa dulce en el rostro que él se encarga de besar por horas. A lo mejor, debe confesarle que la noche pasada ha estado a un palmo de quitarle la blusa y lamerle los senos pero que ha frenado justo en el momento exacto para avisarle que mejor debía irse a su habitación. Tal vez, sería prudente decirle que su cama huele a ella.

Pero se encoge de hombros, no está listo para discutir con Moony otra vez, se irá de misión con Tonks, y él hará lo propio en menos de veinte minutos.

— No quiero hablar de ello — responde cortante.

Remus quiere replicar, tiene una ceja alzada y se ha quedado con la taza de café a medio camino, pero los muchachos entran en la cocina y Hermione va detrás.

Harry le palmea el hombro al pasar por su lado y Hermione le sonríe suavemente.

Maldición.

No quería que despertara tan temprano, prefería marcharse y no ver su rostro al enterarse de que él ya no estaba allí. Piensa en ponerse de pie e irse de una buena vez, porque no es sólo ella, sino Harry, y está seguro que el muchacho no querrá cooperar, cuando Moony niega con el rostro.

Deben saber. — dice calmadamente.

— ¿Qué debemos saber? — pregunta Harry con desconfianza.

Sirius les enfrenta sabiendo que no tiene salida. Solo le basta una mirada para entender que ellos sospechan abiertamente sus intenciones. Cómo no.

Suspira profundamente y se deja caer en la silla, rendido.

— Me voy. — contesta.

Harry se cruza de brazos y Hermione frunce los labios.

— Voy contigo. — declara rotundamente Harry.

— Ni hablar. Es demasiado riesgoso. — le corta rotundamente.

Hermione da un paso hacia él con ojos preocupados y no debería haberlo hecho, porque Ron tiene una ceja alzada y Harry la mira con el ceño fruncido. Remus, su rostro no muestra alteración alguna.

— ¿A dónde irás? — pregunta casi con enfado.

Él le dedica una mirada exasperada.

— Debo vigilar a unos posibles mortífagos — contesta con irritación — ahora que lo saben, debo irme.

No quiere despedirse porque toda su vida a odiado hacerlo, asique les lanza una última mirada y sale por la puerta. Escucha a Harry gritar su nombre y como sale corriendo detrás de él, pero es tarde, ya ha desaparecido.

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Resulta que al final sí eran mortífagos y el sólo decide seguirlos porque hay algo en su comportamiento esa noche que no le cierra. Para cuando llega están jugando con los muggles como si fueran títeres, golpeándolos contra las paredes y lanzándolos por el aire. Los gritos de la mujer son terroríficos, pero no le impiden pensar con claridad, debe encargarse de distraer la atención de uno de los dos mortífagos en orden de atacar al segundo y está a punto de hacerlo cuando el más robusto coge en brazos a un bebé que había pasado totalmente desapercibido entre los gritos. No…

Entonces actúa por impulso, ataca desde su posición al que está haciendo levitar a la mujer y no verifica si ha dado en el blanco, de un movimiento de varita la puerta de la casa vuela en pedazos y sobresalta al otro mortífago que tiene al bebe cogido por un pie. El hombre se defiende con vehemencia y Sirius no puede atacarlo con comodidad porque aquel sujeto despreciable utiliza al niño como escudo y él duda los efectos que pueda tener el más simple de los hechizos sobre la criatura. Esquiva un maleficio mortal lanzándose contra el suelo y es entonces cuando el mortífago sale huyendo de la casa, pero se ha llevado al bebé y él no puede permitirlo.

Le sigue la pista, sabe que es un principiante porque comete un error garrafal, no se deshace del niño y por ley mágica no puede desaparecerse; eso no evita que se meta en una chimenea y viaje, pero Sirius le oye y lo sigue en cuanto puede. Le lleva su tiempo pero lo encuentra merodeando cerca de la guarida de Fenrir Greyback y es entonces cuando logra reducirlo.

No lo ha matado porque Dumbledore le ha pedido que no se convierta en asesino, pero no le han faltado ganas.