Holaaaaaaaaa, bien, tengo dudas de mis posibilidades en estos días de poder actualizar y como ya lo tengo completo decidí subir todos los capítulos. Por lo tanto ya tienen el final y no hay más nada que escribir sobre esto. Espero les guste y me dejen sus opiniones.
Por cierto! Notarán que existen - a lo largo de la historia - dos o tres frases sacadas del libro de modo casi textual, por eso las dejo en cursiva, ya que toda la idea del fic fue intentar incluir a Sirius en él y ver qué sería de los últimos dos libros si él hubiera sobrevivido y se hubiera enamorado de Hermione.
Ahora si, hasta la próxima!
4. Final
Ha crecido, James — piensa, porque viéndolo allí con los brazos en jarra decidido a no moverse entiende que está más lejos de ser un niño de lo que jamás fue.
— Ya, Harry, cuanto más tiempo perdamos será peor. — le dice y estira el brazo. Su ahijado lo mira rendido y se arranca unos cabellos.
Agrega el último ingrediente a la poción multijugos y Ojoloco sirve el contenido en siete copas. Todos se retuercen levemente hasta perder su apariencia.
— Aquí tienen ropa, y no se olviden de coger una jaula. — explica Moody.
Todos los falsos Harry se cambian entre bromas y Sirius puede apreciar como el verdadero frunce los labios avergonzado y finge un excesivo interés por su lechuza. Al cabo de unos minutos están listos y acomodados con sus respectivas parejas. Bill llevará a su prometida, Moony con su esposa, por supuesto, Arthur con Hermione, Ron con George, Moody con Dung, Hagrid con Harry y él con Fred.
Sabe que los mortífagos pensarán que será él o Moody quien saque a Harry de la casa y se siente más tranquilo al no llevarlo a él o Hermione.
— A la cuenta de tres — dice Ojoloco y al finalizar la cuenta regresiva se elevan en el aire, dejando muy atrás la casa de los tíos de Harry.
Lo único que lo mantiene sobre la escoba cuando las maldiciones le reciben es el puro reflejo. Esquiva la maldición asesina que Bellatrix le lanza y aturde a un mortífago que se le acerca por la izquierda. Siente a Fred lanzar hechizos de un lado al otro y toma el camino hacia la derecha, viendo de reojo a Hagrid en su vieja moto intentando dejar atrás a dos mortífagos.
Gira sobre su eje y vuelven al ojo de la tormenta, Avery se le escapa por los pelos y una muchacha no mucho mayor que Hermione le mira con la capucha caída y los ojos vedados. No puede atacarla porque ella está hechizada y en caso de aturdirla la caída la matará, asique no lo duda un momento.
— Imperius. — siente como una sensación cálida le abraza la mano que sostiene la varita y le ordena huir, esconderse.
Vira hacia la derecha y alcanzan a dos mortífagos sobre la pista de Moony. No necesita hacer nada, porque Fred maneja hábilmente la varita y los aturde rápidamente.
A lo lejos divisa a Hermione moviendo la varita combatiendo contra Bellatrix y Arthur maniobrando la escoba para perderla cuando Dolohov le corta el camino abruptamente. Ha perdido la máscara, tiene los ojos inyectados en sangre y una sonrisa sádica en rostro. Se lanza sobre él con la escoba y el mortífago pierde el equilibrio, colgándose de Fred para no caer al suelo. Tienen tanto peso que la escoba no los soporta, de modo que suelta el mango por un momento y de un golpe certero en la nariz logran librarse de él.
No falta mucho para llegar a su destino, recupera el control de la escoba y busca tanto a Hermione como Harry, pero ya no hay más nada, ni luces ni gritos. A su espalda escucha a Fred soltar una maldición y lo ve.
Voldemort volando a toda velocidad, dirigiéndose por el mismo camino que tan solo un minuto atrás había visto al verdadero Harry. Está por dar la vuelta y enfrentarlo, cuando traspasan las barreras de protección de su nueva casa.
— ¿Has visto eso? — le pregunta Fred mientras baja de la escoba.
— Si. — responde escuetamente.
Entra corriendo a la casa y coge el traslador que ya comenzaba a iluminarse. Fred pone un dedo sobre la vieja lata y como si un gancho los cogiera del estómago salen disparando a la madriguera.
— ¡Por Merlín, están vivos! — chilla Molly al verlos y besa a su hijo con desesperación.
— ¿Dónde está Harry? — pregunta con temor.
— Acaba de llegar, se estrellaron en la casa de Andrómeda, pero está… — el muchacho aparece en la sala y Sirius lo abraza calurosamente. Tiene magulladuras y está bañado en barro, pero por lo demás se ve ileso — ¿Qué pasó Sirius, porqué han retornado tres trasladores vacíos?
— Nos esperaban, Molly, sabían que sacaríamos a Harry ésta noche.
— Voldemort puede volar, Sirius. — le dice Harry y si bien quiere ocultarlo él siente su nerviosismo.
— Lo sé, pasó junto a nosotros. Molly, ¿El traslador de Arthur ha vuelto vacío?
La mujer levanta una vieja zapatilla.
— Tendrían que haber aparecido hace media hora.
Esperan en silencio. No pasa mucho tiempo hasta que Moony aparece junto a Tonks. Le siguen Bill y Fleur.
— Ojoloco ha muerto, Mundungus prácticamente se lanzó de la escoba al ver al Innombrable, lo que me recuerda, ahora puede…
— Volar, si — le interrumpe Remus. — Mundungus debe habernos delatado, sabían que saldríamos ésta noche.
Se escucha un fuerte estallido y aparecen en el parque trasero Ron sosteniendo a George.
— ¿Qué ha pasado? — grita Molly al ver su hijo bañado en sangre.
Entre Sirius y Ron logran acostar a su hermano en el sofá, tiene tanta sangre que no se le ve el rostro.
— Nos atacaban dos mortífagos y uno de ellos le arrancó la oreja con un hechizo. Fue Snape. ¿Papá no ha llegado?
— No. — contesta Sirius, ella ya tendría que estar allí. No quiere ni pensar en las posibilidades…
— Los vimos, tenían a Bellatrix y otro mortífago enorme detrás.
Se pone de pie impaciente y camina de un lado al otro sintiendo la mirada de Moony sobre él. Pero pasan los minutos y no hay más movimiento que el de las hojas secas.
Un sentimiento olvidado, pero latente, le ataca y siente el deseo de salir en búsqueda de venganza. De pronto ya no es James frío como la nieve y sin luz alguna en los ojos, o Lily con perpetua expresión de dolor en el rostro. Es Hermione, su boca besándole, fría como la muerte, el calor de su cuerpo sudado contra el suyo, paralizada con los brazos extendidos.
Se lleva las manos a la sien intentando contener las imágenes que le atacan, pero al igual que su estadía en Azkaban, le cuesta un gran esfuerzo y siente como la desesperación se hace cargo de la situación.
Abre los ojos y se cruza de brazos. No quiere mirar a nadie ni emitir una sola palabra, porque duda de sí mismo.
Contempla el oscuro parque y por eso es el primero en verlos aparecer. Como perro que ha visto a un conejillo, se endereza cuán alto es y la observa fijamente, tiene sangre en la frente, pero al igual que Arthur se ve completa, en una sola pieza. Hermione llega a su lado y suspira sonoramente.
— ¿Estás bien? — le pregunta conteniendo el deseo de cogerla en brazos y mira la herida en su cuero cabelludo.
— No pudimos llegar a destino, Bellatrix estaba convencida de que yo era Tonks.
Tiene el rostro tan serio que le duele y se siente incapaz de moverse, porque por más de veinte minutos creyó que jamás volvería a verla.
— Pensé… — dice Hermione con la voz temblosora
— Lo sé.
Aparece Harry y ella suelta una exclamación de alivio antes de lanzarse sobre él.
Brindan por Ojoloco y su interminable coraje. Y al menos, por esa noche, las palabras sobran.
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— Sirius, ¿Podrías venir un momento?
Por supuesto, Remus desvía la mirada a otro lado y él no se siente capaz de negarse. Sigue a Hermione hasta su habitación en La Madriguera. Cierra la puerta detrás de su espalda y ella se lanza a sus brazos.
La besa con absoluta necesidad y le quita la ropa sin perder tiempo. Ella se deshace en sus brazos y solloza cuando se unen en uno solo, porque ambos saben que cada minuto juntos puede ser el último. No tiene treinta y siete años por diversión, es completamente consiente de que Hermione se marchará con el taciturno Harry en cuanto no puedan retrasarlo más.
Ella gime su nombre una y otra vez. Sin pausa, moviéndose sobre él y dejándose hacer. Con sus diecisiete años sigue siendo muy joven para él, pero las edades quedan obsoletas a la hora de amar y él se encarga de besarle la espalda mientras la convierte en su mujer.
Ésta vez se visten en absoluto silencio y Hermione abandona la habitación sollozando. Él… él solo permanece sentado en la cama, con la cabeza entre las manos y los ojos humedecidos.
Rendido y destrozado.
Eventualmente se baña y viste. Prefiere volver a su hogar y encerrarse con Buckbeack a beber, como solía hacerlo en su época de fugitivo, pero esa noche es el casamiento de Bill y Fleur.
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Ginny aún no se compone de la impresión, pero la ayuda a ocultar las marcas de las ojeras y la hinchazón de sus ojos.
— Siempre creí que tú y mi hermano acabarían juntos — musita.
— Yo también, hasta que apareció él.
No dicen nada más, porque no hay mucho más por agregar.
Bajan al parque y entre la hermosura de los gazebos lo distingue, con el peso sobre una pierna, una mano en el bolsillo y un trago en la otra. Tiene su acostumbrada pose arrogante, con la mirada altiva y elegante. Unas muchachas no mayores a Tonks le sonríen, pero él parece tener la mente en otra cosa y sólo aparta la mirada de la fuente danzante cuando Harry en su disfraz se coloca a su lado. Él fuerza una sonrisa y le dice algo al oído.
— Vamos, Hermione, tía Muriel muere de ganas por hablar de mis tobillos torcidos. —dice Ginny y ella le hace caso. El bolsito de cuentas suena alarmante colgado de su brazo, como un recordatorio de sus prioridades.
La fiesta es más hermosa de lo imaginable, nunca ha experimentado una unión mágica y lo encuentra adorable, pero no pasa mucho hasta que todo acaba.
"El ministerio ha caído. Scrimgeour ha muerto. Vienen hacia aquí"
Solo alcanza a ver su rostro ardiente de ira mientras blande la varita, antes de coger a sus dos amigos y desaparecer de su vida.
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Ha pasado casi un año y lo único que lo mantiene con esperanzas son las noticias no tan negativas que le han llegado, quiere ir verlos, necesita asegurarse que aún están como los recuerda, pero su declarada postura de defensor del indeseable número uno le ha generado huir de su reciente casa con vida gracias a Buckbeack. Al igual que Kingsley y los gemelos Weasley se ve obligado a esconderse otra vez. Por lo tanto Remus, que se ha vuelto todo un experto en hechizos de defensa y ocultación, se ha convertido prácticamente en su mensajero.
De algún modo Harry, Ron y Hermione han ingresado al ministerio, atacado a Yaxley y Umbridge, liberado a los hijos de muggles y escapado. ¿Por qué lo han hecho? Nadie lo sabe. De todos modos, si se había sentido compungido por esa noticia, la reciente le había demostrado que aquel trío tenía más agallas que la orden junta. Estarías orgulloso de él, Prongs.
— Bienvenidos a Pottervigilancia — saluda Lee Jordan, un amigo de los gemelos — Les habla Rio, ésta noche contamos con la excelentísima compañía de Hocicos quien trae grandes noticias esta noche, ¿verdad, hocicos?
Sirius coge el micrófono muggle.
— Gracias, Rio, nuestro camarada Romulus me ha hecho llegar la buena nueva de que Harry no sólo sigue con vida, sino que ha escapado de la mansión Malfoy liberando con él a los siguientes desaparecidos: Luna Lovegood, Garrick Ollivander, Dean Thomas y un duende, cuyo nombre desconocemos. Lamentablemente en el escape ha muerto el elfo libre Dobby. Un minuto por él.
Los muchachos mantienen el silencio.
— De acuerdo, tengo entendido que Rapier tiene algunas noticias que dar — agrega pasado el momento.
— Gracias, Hocicos, por cierto, te ves muy guapo, no puedo decir lo mismo de Avery después de enfrentarse contigo. En fin, al parecer los daños generado por Harry Potter van más allá de su escape, al parecer más de uno ha perdido la varita y no hay muchos sobrevivientes de la ira del Innombrable. Por esa razón pido un brindis por Harry y todos los carroñeros muertos.
— ¡Eso ha estado muy bien! De acuerdo, se nos acaba el tiempo, ¿Alguien quiere agregar algo? — pregunta Lee. Sirius le hace una seña — De acuerdo, Hocicos hará los honores.
— Es un mensaje para todos los que repudiamos al Innombrable, aún estamos aquí y mientras Harry viva, entonces tendremos esperanzas… Y, si estas escuchando, jovencita, cuando todo termine no dudaré en convertirte en mi mujer. Cambio y fuera.
— ¡Te lo tenías bien guardadito, Sirius! ¿Para quién ha sido? — pregunta Fred.
Él sonríe.
— Tendrás que sobrevivir lo que se nos viene para descubrirlo.
El gemelo sonríe ampliamente y los ojos le brillan con maldad.
— ¡Oh lo haré! Muero por conocer tu pequeño secretito.
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— ¿Has oído lo mismo que yo? — pregunta Ron con los ojos como platos — ¡Ése era Sirius!
— ¿Sirius enamorado? ¿Pero de quién?
— No lo sé, pero la ha llamado jovencita. ¿La conoceremos?
No solo estaba vivo y sano, también la recordaba y añoraba. No dudaré en convertirte en mi mujer. La sola idea la embarga de emoción y no puede contener las lágrimas. Se lleva ambas manos al rostro e intenta ocultarlas de sus amigos.
— ¿Hermione…? — comienza Harry — ¿Qué ocurre?
Ella se limpia los ojos e intenta componerse.
— ¡Oh, nada! Lo siento, me he emocionado.
— ¿Tienes idea de quién habla Sirius? — pregunta Ron
Ella niega con el rostro. No puede decirles, no aun.
— Las opciones no son muchas si contamos con las que nosotros conocemos, las posibles jovencitas son Tonks, que no puede ser porque es la mujer de Lupin; Ginny, que tampoco porque está enamorada de ti, Harry; Luna, pero no ha tenido mucho contacto con ella; y Hermione, pero eso no puede ser porque… porque… ¡Un momento!
Ambos pares de ojos se detienen en ella y sus lágrimas.
— ¡Hay, por favor, Ron! El horizonte de Sirius no termina en nosotros. ¿Recuerdas lo que ha dicho Tonks, de la muchacha en el ministerio?
— Ahora que lo recuerdo tú te marchaste sin merendar y no lo oíste agradecerle a Tonks por declinar la invitación sin consultarle — repone Harry con el ceño fruncido.
Hermione se queda sin habla, tal vez mencionar eso no había sido la mejor ocurrencia.
— De todos modos, puede referirse a cualquiera.
— Seguro, porque tiene mucho tiempo para salir y conocer jovencitas, no es que estemos en guerra o que tenga mejores cosas por hacer en la Orden que salir a buscarse mujeres. Eres astuta, Hermione, no lo habría notado jamás. ¿Cierto, Harry? Sirius ha tenido mucho tiempo para salir de juega. — espeta Ron. — Debería haberlo notado, todas esas horas de estudio en Grimmauld Place, lo que hace un rostro atractivo y un par de brazos fuertes.
Pero no estaba para aquello, a la mañana siguiente partirían a robar Gringotts y tenía los nervios de punta como para soportar ser tratada como un troll idiota capaz de enamorarse de alguien solo por su apariencia física.
— ¿Es que tú… con quién te crees que estás hablando? ¿Crees que soy tan básica como para enamorarme por su aspecto? ¡Pues te confundes y me ofendes! ¿Quieres saber la verdad? ¡Ahí la tienes! ¡Amo a Sirius Black! ¿Feliz?
— ¡Es el padrino de Harry! — le grita Ron, poniéndose morado.
— ¿Y qué tiene que ver eso, Ron? — Chilla airada. — Discúlpame, no sabía Harry tuviera un contrato de exclusividad.
— Yo no he dicho que tenga un con… — comienza Harry contrariado.
— ¡Podría ser tu padre! — repone Ron con un rugido — ¡Tiene casi cuarenta años!
— ¡Por favor, Ron, no seas hipócrita! Si pudieras bien que te tirarías a Madame Rosmerta y debe tener treinta años más que Sirius. — apostilla con fastidio.
Ron boquea como pes fuera del agua una, dos y hasta tres veces antes de ser capaz de hablar.
— ¿Tirarme a Madame Ros…? ¿Desde cuándo…? ¿¡Tú te has revolcado con Sirius!? — escupe finalmente y ella se queda de piedra.
Se delata a sí misma incluso sin querer hacerlo. Mira con ojos suplicantes a Harry, que tiene toda la apariencia de quien prefiere estar en cualquier otro lugar menos ése.
— Yo… Eso no es de tu incumbencia, Ron. — responde cortante.
— Lo. Has. Hecho. — murmura como si confesara algo muy vergonzoso — ¿Pero es que Sirius no tiene escrúpulos?
Hermione suspira y se deja caer en la silla.
— No tengo porqué darte explicaciones de lo que hago o dejo de hacer, Ron, asique mantén las narices fuera, del mismo modo que yo lo he hecho con Lav-Lav.
— ¿Harry no dirás nada? Él tiene la misma edad de tus padres. — insiste obstinadamente.
De todos modos Harry los examina y Hermione sabe que está evaluando quién necesita su apoyo más que el otro.
— Sinceramente en estos momentos tengo problemas más importantes, como asaltar Gringotts mañana por la mañana. Sin embargo, estoy seguro que Dumbledore se habría alegrado, al igual que mi padre. Sirius merece una segunda oportunidad.
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— Harry está en Hogwarts. Snape ha huido. Voldemort y sus mortífagos están de camino.
La voz se detiene y el patronus desaparece.
Se quita la capa de viaje, ase la varita con decisión y aparece en Hogsmeade. El encantamiento maullido chilla con fuerza y la puerta de la taberna "Cabeza de puerco" se abre de un portazo.
— Ya hablaré con ese Neville ¿Quién demonios es ahora?
Sirius bufa, ése hombre jamás cambiará.
— Aberforth, un placer verte, como siempre. — saluda con ironía.
El alto mago pone los ojos en blanco y con movimientos bruscos le indica que lo siga.
— Sirius, supongo que el chico te habrá avisado.
— No en realidad, fue Arthur.
Aberforth lo examina con la mirada azulada y luego se encoge de hombros.
— Da igual, el encantamiento maullido lleva sonando por más de quince minutos, al parecer todo Inglaterra ha venido a defender las paredes de Hogwarts. Nos veremos dentro muchacho.
Coge el pasillo y lo recorre con absoluta determinación. Finalmente ha llegado la hora y está totalmente preparado para acabar con todo de una buena vez. Porque lleva diecisiete años esperando vengar a James y Lily, a los jóvenes que alguna vez fueron Moony y Padfoot, a la vida que podrían haber tenido y que por ambición de uno solo perdió, y por el futuro de Harry y Hermione. Abre la puerta al final del extenso corredor, revelando detrás de ella una habitación increíble, llena de diversidad y personas.
Busca su rostro entre la creciente multitud y la encuentra entre el grupo de los Weasley. No puede creer que después de tanto tiempo finalmente está allí, con el cabello más crecido, extremadamente delgada y hermosa por demás. Alguien lo nombra y ella alza el rostro con ilusión, hasta devolverle la mirada y sonreírle con renovada esperanza.
Tal vez debería importarle que Molly — quien cortará tus huevos y los colgará en el árbol de navidad — Arthur, Kingsley y todos los demás estén allí, pero le vale una mierda. Siempre ha sido un impulsivo con carácter infantil e irreflexivo ¿Verdad? Entonces no va a cambiar ahora, con treinta y ocho años y altas probabilidades de morir en horas, asique no jodan.
Simplemente se aproxima como lo haría un perro de caza al contemplar su presa, con los ojos fijos en la meta y fiera decisión en el rostro. Llega a su lado y de un movimiento la alza en vilo, sabe que Arthur los observa con declarada curiosidad, que Molly se ha quedado con la boca abierta y que Remus ha alzado el rostro, pero no por ello cambia de parecer, porque lo que realmente importa es ella, pasando los brazos sobre sus hombros y asintiendo, segura de que — después de todo, de algún mágico modo — está bien amarse, sin importar que pudieron ser padre e hija, sino que no lo fueron y se enamoraron en el camino. Le sonríe como lo haría Padfoot antes de besar a una muchacha y une sus labios. Los presentes sueltan una exclamación de asombro, pero no podría preocuparle menos, ladea el rostro y cuela la lengua entre sus labios, mientras ella enreda los dedos en su cabello, en un abrazo lleno de anhelo y desesperación. Deberías sentir vergüenza.
— ¿Les parece que es el momento más indicado? — pregunta Harry con un hilo de voz. — Realmente me alegro de verte, Sirius, pero estamos algo corto de tiempo.
Sirius deposita a Hermione sobre sus pies y se endereza cuan alto es, alzando el rostro aristocráticamente. Por el rabillo del ojo ve como Hermione se ruboriza y acomoda su ropa.
— De acuerdo, Arthur, di algo porque no tengo palabras. — exclama Molly.
— Eso ha sido realmente inesperado.
— Este no es el momento, necesito que desalojen la sala — indica Harry precipitadamente — Hermione y Ron, quédense aquí.
— Sirius, será mejor que me acompañes, te necesitaremos allí abajo.
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"Harry Potter ha muerto" todo lo siguiente a esa frase queda silenciado. Como un autómata se deshace del mortífago con el que lucha y sale a los terrenos de Hogwarts.
No es completamente consiente de lo que ocurre hasta que lo ve; el cuerpo de Harry extrañamente relajado en brazos de Hagrid. El mundo se detiene por un momento, porque no ha podido cumplir su promesa, al fin y al cabo, el muchacho está muerto y no le vale de una mierda lo vivido, porque le ha fallado no sólo a James, pero a sí mismo.
Todo ocurre demasiado rápido, pero la cabeza de la serpiente pasa volando a su lado y Voldemort ataca sin cesar. Presa de la ira, entra al castillo y ve a McNair apuntar por la espalda a una joven de cabello rubio, le da asco, le repugna más que cualquier otra cosa la cobardía y no duda en levantar su varita, sabe que Dumbledore le ha pedido que no se convierta en un asesino, pero está furioso y ya no hay rastro de James o Harry para calmarlo y cuando todo se transforma en una porquería no hay mucho que realmente importe. Por lo tanto le pesa un comino asesinar para evitar otra víctima más.
— ¡Avada Kedavra!. — le da de lleno al mortífago que cae tendido al suelo.
Hermione pasa a su lado junto a Ginny, esquivando una maldición asesina de Bellatrix y él recuerda que — después de todo, para variar — sí tiene una buena razón para no perder la cordura. Pero no hace más que dar un paso cuando Molly le empuja con un brazo, ya no es la rolliza mujer detrás de una familia, es una leona feroz moviendo la varita a diestra y siniestra, resquebrajando el suelo.
Pasa entre los observadores hasta llegar a ella y la examina con pericia. Está seguro que no está más herida que él, pero siente un nudo ardiente en la garganta y teme por ella más que por cualquier otra cosa en el mundo. Le quiere decir que la ama como jamás fue capaz de hacerlo en su juventud y que no le da miedo morir pero sí perderla. No obstante no es capaz de decir absolutamente nada, más que mirarla directo a los ojos. Ella le sonríe con una mueca triste y asiente.
Oye a Bellatrix reír y entiende lo que ocurrirá antes suceda, es la expresión en el rostro de Molly y la euforia de su contrincante, por eso no se sorprende cuando su prima recibe debajo del brazo estirado un golpe mortal y cae sin vida al suelo.
Voldemort suelta un chillido aterrador y Harry aparece al otro lado, con la varita extendida y más parecido a su padre de lo que jamás fue.
— ¿Sabe la varita que tienes en la mano que a su anterior amo lo desarmaron? Porque si lo sabe, yo soy el verdadero dueño de la Varita de Sauco.
— ¡Avada Kedavra!
— ¡Expelliarmus!
Y con el sonido de un estallido de cañones, Harry atrapa la Varita de Sauco que vuela hacia él y Voldemort cae al suelo con los brazos extendidos y gesto de perpetua sorpresa en el rostro.
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— Molly está buscándote — le dice Remus al encontrar un sitio junto a él. Por supuesto que lo está buscando, sino ¿cómo hará para decirle todo lo que piensa?
Se encoge de hombros, porque sinceramente tiene muchos sentimientos encontrados como para preocuparse de ese pequeño problema.
— ¿Cómo está Tonks?
Remus sonríe con tristeza.
— Se repondrá, Bellatrix no se lo ha dejado nada fácil.
— Deberías haberle visto el rostro cuando la maldición de Molly le alcanzó — ríe suavemente, casi como un sonido nervioso.
Hablando de Roma… su prima segunda aparece entre la multitud y se cruza de brazos al llegar hasta él.
— Es una niña — espeta Molly.
— ¿Te parece momento para hablarlo? — repone Sirius con un largo suspiro.
— Molly, ella es mayor de edad — agrega suavemente Remus.
— Déjenme terminar — dice cortante — Hermione es una niña, pero en estos momentos eso no podría importar menos, Sirius, no podría importar menos.
Y rompe en llanto.
— Ven aquí, Molly. Ya ha pasado ¿De acuerdo? Debemos sentirnos feliz de que Fred a pesar de todo esté con vida. Se repondrá. — le dice Remus y la abraza.
Y entonces la ve, con el cabello revuelto, manchas de batalla en el rostro y lágrimas en los ojos. Hermione corre hacia él y salta a sus brazos. Lo besa y le acaricia frenéticamente.
— Tranquila, Hermione, o lograrás lo que los mortífagos no han podido hacer — bromea Harry suavemente. Sirius sonríe contra los labios de ella antes de separarse y mira con los ojos brillantes a su ahijado.
El muchacho le sonríe con la angustia de todo lo perdido y él no puede más que darle un abrazo de camaradas, un gesto paternal al que Harry se aferra con fuerza.
— James estaría muy orgulloso de ti. — le susurra al oído.
Harry se aleja y asiente.
— También de ti. — repone y mira a Hermione con una sonrisa.
Lo estaría, sin dudas.
Sirius la coge de la cintura y la atrae.
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La fiesta de Halloween ha concluido estrepitosamente a causa del grito desgarrador que lanzó Hermione desde su sillón. No sabe cómo, pero ha llegado a San Mungo a tiempo y ahora está allí, sosteniéndole la mano, incapaz de hablar y con los ojos enrojecidos.
No fue mucho después de la batalla cuando ella empezó a tener problemas. No podía asistir a clases por las descomposturas y el constante cansancio. Sirius le sugirió por cartas que a lo mejor se había contagiado de fiebre de dragón a lo que recibió como respuesta una vociferadora. Fue cuestión de una visita a Madame Pomfrey para saber que — sorprendentemente, porque no habían tenido mucho tiempo entre la batalla y el comienzo del último curso — ella estaba nada más ni nada menos que embarazada.
Hermione puja, como una leona fiera y hace todo cuanto le dicen. Ya casi no tiene fuerzas porque el pequeño rebelde no quiere salir y desafía hasta su propia madre.
— Tenle paciencia, es todo un merodeador. — bromea fingiendo seguridad que no tiene.
No sabe que siente porque a sus treinta y nueve años nadie le ha explicado que los partos son momentos tan difíciles. No le han dado un libro para que esté preparado para perderla a ella, la persona que más ama en el mundo o a él, alguien que no conoce pero que sería capaz de defender con la vida.
Todo saldrá bien, Padfoot amigo, estoy aquí. Los ojos se le humedecen, oye a James con total claridad y se muerde los labios.
No quiere flaquear, se supone que debe inspirarle fuerzas a Hermione y no quitárselas, pero teme que algo salga mal porque no ha hecho méritos para merecerlo. ¿Cómo, si no ha sido capaz de salvar a su amigo, su hermano?
Has cuidado de Harry. Perdónate ya, Padfoot, es tu momento de ser feliz.
Y entonces le oye entre todo el bullicio de la habitación. Un sonido de alegría y liberación.
Escucha su llanto y le suena familiar, de toda la vida, aunque no conoce su rostro. El sanador lo alza en alto y el mundo se detiene, porque entiende que esa criatura que mueve las manos frenéticamente y grita con toda la fuerza de sus pulmones es su hijo. Una idea vaga y abandonada al olvido convertida en la más hermosa de las realidades.
Hermione rompe en llanto y estira los brazos para recibir a su bebé. El rostro le suda por el esfuerzo y sólo tiene ojos para él, que ha dejado de llorar en cuanto su madre lo ha tocado.
— Me has hecho sufrir pequeño merodeador — le asegura con una sonrisa embelesada y gruesas lágrimas.
Jamás en toda su vida se ha sentido así y entiende que vale la pena vivir sólo para morir por un hijo, más que por cualquier otra razón. El niño revolea los ojos y Sirius se siente incapaz de hablar, aquello es más de lo que puede procesar y más inmenso de lo que las palabras puedan expresar. Los ojos le pican y un nudo ardiente le atora la garganta.
No tiene que pedirlo, Hermione lo observa con profundo e inacabable amor y extiende a la criatura que se amolda en sus brazos como si fuera hecho a medida. Y de pronto, le oye más claro que nunca y lo ve en el niño, pero el niño es su hijo, y su hijo también es él.
Hasta la próxima, Padfoot. Travesura… realizada.
No puede evitarlo y llora, porque ha dejado partir a su mejor amigo, cerrando de algún modo aquella herida punzante y ha recibido a su primer hijo.
— Bienvenido, James Harry Black.
Le besa la frente y juro solemnemente cuidar de ti por siempre.
¿Qué les ha parecido?
Tomates podridos?
