Capítulo 1: La banda Akatsuki

No existía placer más grande para Hinata que los senderos despejados, cuando no tenía que conducir en tráfico ni soportar el continuo y adorable (desesperante) escándalo de niños en la parte trasera del autobús. Esos días habían quedado atrás. Hinata se sentía orgullosa de anunciar que ya no era la simple conductora de un autobús escolar; ahora se encargaba de transportar distinguidos, respetuosos y elegantes…

—¡KAKUZU, TACAÑO DE MIERDA! ¡¿Un maldito bus?! ¡¿Es en serio?! ¡Esto es para pobres!

… artistas.

Hinata salió de su ensoñación y miró por el retrovisor a quien había hablado. Se encontró con los ojos morados de Hidan y su entrecejo fruncido. Cuando quiso apartar la mirada, de forma casi inconsciente, sus ojos viajaron por su cuerpo. Los tenues y tonificados músculos que se marcaban por debajo de la capa entreabierta, cada vez que hacía un movimiento, la mantuvieron en vilo. Hinata no soportó la vergüenza y se tapó los ojos.

—Himanta, ¡el volante! —exclamó Deidara, alarmado.

—¿Eh? —Hinata abrió los ojos y vislumbró una vaca, que casualmente se encontraba en el camino a medianoche. El bus frenó bruscamente y Hidan se fue de jeta contra el suelo.

—¡¿ACASO NOS QUIERES MATAR, PERRA ESTÚPIDA?! ¡PRESTA ATENCIÓN! —gritó Hidan. Hinata enrojeció de vergüenza y empezó a disculparse, pero él la ignoró—. ¡Agh! ¡No puedo creer que no compráramos boletos de avión! ¡MALDITO KAKUZU!

Hinata hizo un pequeño puchero. En su defensa, desde el inicio le había insistido con tartamudeos que se pusiera una camiseta encima, que no era apropiado que estuviera semidesnudo bajo su capa. Pero él, molesto, se había excusado diciendo que no le gustaba llevar mucha ropa puesta dizque porque siempre se manchaba de sangre.

—Cállate, Hidan.

Kakuzu siguió contando su dinero y tarareando alegremente. Él era el integrante que la había contactado. En un inicio, Hinata le había cobrado cincuenta dólares por el viaje de San Diego a Los Ángeles, donde Akatsuki tendría su próximo concierto, pero Kakuzu había fruncido el ceño y de alguna manera, mientras regateaban, había terminado no cobrándole ni un centavo.

«Soy una idiota», pensó Hinata al recordar el incidente, «Oh, bueno, por lo menos Kakuzu-san tuvo la amabilidad de darme tips para que no me vuelvan a estafar. Ya van unas diez veces».

—¡Aghh, qué panorama tan poco artístico! —refunfuñó Deidara, ahora mirando en la dirección del conductor. Solo pudo ver una espalda delgada y un cabello largo, liso y rubio como el suyo—. Himanta, ¿cuánto tiempo falta para llegar?

—Como salimos hace diez minutos… —Hinata divagó, comenzando a conducir otra vez—. Unas... ¿dos horas? Por cierto, soy Hinat... —Pero fue interrumpida.

—¿Dos horas, hm? —Deidara se sintió irritado—. ¡No soporto los viajes en carretera! Me marean. Además, ¿qué demonios hace una vaca en medio de la vía? ¿Alguien me puede explicar eso?

—Es algo necesario, Deidara —dijo Pain—. No queremos un letrero en nuestra cabeza que grite «no somos humanos», ¿verdad? Así que no podíamos usar nuestros poderes para ir a Los Ángeles.

—¿No… son humanos? —preguntó Hinata con incertidumbre.

—No somos humanos, sino estrellas —replicó Kisame con una risilla nerviosa—. ¿No es cierto, Itachi-san?

—Hm. —Itachi asintió con la cabeza despacio.

—E-entiendo. La fama debe ser algo complicado —dijo Hinata ingenuamente.

—No realmente. Tratar con humanos no es nada fuera de lo común —afirmó Sasori—. Son ruidosos y algunas veces tienen comportamientos ridículos, como Deidara.

—¿A qué te refieres con eso, Danna? —preguntó Deidara, confundido.

—Me refiero a tu obsesión por ponerte mascarillas en el pelo.

Hidan se rio entre dientes, mientras que Deidara enrojeció y añadió con brusquedad:

—Tener el cabello largo no es cualquier cosa. ¡Requiere —enfatizó, pero nadie lució convencido— mascarillasen el pelo, hm! Si no lo cuido con regularidad se me cae ¡y no se ve nada artístico!

—Pues deberías preguntarle a Itachi —dijo Kisame, sonriendo—. Él nunca se hace nada, pero siempre lo tiene perfecto.

—Kisame, esto es genética Uchiha —replicó Itachi, rodando los ojos.

—Deidara-chan, no necesitas nada de eso. En verdad eres muy bonita —lo alabó Hinata con timidez—. A pesar de que, ejem, tu voz sea un poquito masculina… ¡Digo, no hay ningún problema con eso! E-estoy segura de que en algún lugar venden hormonas femeninas.

A esto le siguió un silencio mordaz. Pensando que Deidara se sentía conmovida, Hinata siguió balbuceando cosas.

—¡Y tus ojos son tan bonitos! Tu delineado es tan grueso y preciso, queda muy bien con…

—¡Eso no es delineador! —chilló Deidara, quien no podía soportarlo más—. ¡Mis ojos son así! ¡Son pestañas, estúpida ciega! Además ¿cómo se te ocurre llamarme…?

—Discúlpala, Himanta. La pobre siempre está en sus días —se rio Kisame. Hidan estalló en carcajadas y los demás esbozaron sonrisas torcidas.

—¿Eh? ¿En serio? —dijo Hinata, preocupada—. Digo, s-si te sientes mal, yo... Q-quiero decir, yo podría… T-tengo pastillas…

Deidara se puso cada vez más rojo.

—¡Deidara-senpai! ¡¿Es cierto que eres una chica?! —exclamó Tobi. Empezaron a salir lagrimones por el agujero de su máscara—. ¡¿Cómo no pudiste decirle a Tobi?!

—¡Cállate, Tobi! —gruñó Deidara, y uno de sus ojos empezó a temblar—. ¡SOY UN CHICO! ¡¿Cómo te atreves, Himanta?! ¡Voy a destruir tu bus de porquería en este instante! —Entonces se paró, sacó su bolso del compartimiento de arriba y empezó a buscar su arcilla.

—¿No eres una chica? —Hinata estaba atónita—. ¿Pero por qué usas delineador?

—¡Ya te dije que no uso delineador, hm! —Deidara comprobó disgustado que no había traído arcilla para el viaje—. ¡No puede ser! ¿Cómo voy a hacer mi arte?

—Hagan silencio —interrumpió Pain, el líder de la banda—. Su dios está irritado.

Pero, como era la costumbre, el resto de Akatsuki hizo oído sordo a sus palabras.

—¡Si senpai lo usa, Tobi también quiere usar delineador! —exclamó Tobi entusiasmado, y le arrebató el bolso.

—Cierra la boca, Tobi —replicó Deidara irritado, tratando de arrebatárselo—. Ya te dije que no…

—¡Lo encontré! —celebró Tobi, sacando de su bolso un fino delineador negro. El rostro de Deidara perdió color y apretó los puños con furia.

—¡¿CÓMO TE ATREVES A COGER MIS COSAS?!

—¿No que no? —se burló Kisame.

Deidara lo golpeó con el puño desnudo con tanta fuerza que Tobi cayó de bruces hacia atrás y el delineador salió disparado hacia una ventana abierta, donde se perdió en la oscuridad de la noche.

—¿Ups? —Tobi dejó escapar una risilla nerviosa.

—¡NOOOOOOOOOOOOOOOO! —Deidara cayó al suelo de rodillas.

—¿Ves lo que hiciste, mujer? Ahora este idiota nos atrasará con una de sus idas a comprar maquillaje —se quejó Sasori en voz alta—. Como es tu culpa, tendrás que pagarlo volviéndote una marioneta de mi colección.

—¿Muñecas? —dijo Hinata, emocionándose—. ¡Qué interesante, Sasori-san! Siempre quise tener una muñeca de mí misma haciendo cosas sucias con Naru- Quiero deci-…

—MA-RI-O-NE-TAS —deletreó Sasori, molesto—. ¡¿Quién te crees que eres para rebajar así mi arte?!

—N-no… Yo jamás… —tartamudeó ella.

—Himanta, ¿podrías dejar de ofender a alguien por solo CINCO MINUTOS? Estoy contando mi dinero—se quejó Kakuzu.

«¡¿Yo?!», se dijo Hinata, ligeramente indignada, pero luego se calmó y respiró profundo. «Bueno, tiene razón, creo que todo lo que digo lo malentienden. Es mejor si están distraídos». Entonces Hinata encendió la radio con las mejores intenciones.

¡Queridos oyentes, esta noche tenemos la sección especial de debate «¿qué es mejor…?»! Nuestro tema principal es arte eterno vs arte efímero.

—Qué tema tan específico —comentó Hinata en voz alta.

¡Esperemos nuestra primera llamada de la noche! Llamen ahora a +1619XXXXXX2. Oh, veo que algún entusiasta ya está llamando a nuestras líneas. ¡Buenas noches, usted se encuentra en el programa «¿qué es mejor…?»! ¿Cuál es su nombre?

Mi nombre es Deidara. —Hinata miró por el retrovisor a Deidara, sorprendida.

—¿Qué clase de pregunta estúpida es esa, hm? —habló Deidara por el celular, y su voz retumbó en el bus por la radio encendida—. El arte efímero es mucho mejor que el arte eterno. El verdadero arte es algo hermoso, fugaz e intenso, que desaparece en el instante que aparece. ¡Las mejores cosas en la vida no perduran, sino perderían su significado! ¡Serían tan vulgares como obras de arte en un museo! Te las quedas viendo y no tienes ni puta idea de qué tienen de especial. Quizá fueron valiosas en el momento en que fueron creadas, pero ahora están expuestas como prostitutas que han perdido su encanto. —Entonces añadió con un tono apasionado—: El verdadero arte es morir y renacer, no quedarse estancado en un pasado que ya no existe. ¡El arte… el arte es una EXPLOSIÓN!

Los ojos de Hinata se aguaron.

—Eso fue hermoso, Deidara-kun.

Aunque, por alguna razón, el resto de Akatsuki tenía expresiones amargas.

—Ya van a venir estos subnormales otra vez con sus peleas de gatas —se quejó Hidan, desparramándose en el asiento.

—Himanta, te aconsejo que apagues eso —le siguió Itachi, cerrando los ojos con un suspiro.

Wow, ¡veo que tenemos un poeta en el programa! ¿Algún oyente que tenga otra opinión? ¡Oh, eso fue rápido! ¿Con quién hablo?

—Soy Sasori. Ese artista de cuarta no tiene idea de nada —despotricó Sasori en su propio celular—. El arte eterno conserva lo que él desecha como si fuera basura. ¡Esas obras de arte mantienen viva el alma de su creador! Inmortalizar su belleza es el objetivo de cualquier obra que se considere valiosa, porque la puedes continuar admirando aún después de que ellos mueren. ¡No necesitas un tiempo o momento inexistente para probar su valor! Son hermosas porque existieron, existen y existirán. ¡Es un insulto olvidarlas!

Deidara apretó los dientes y corrió hacia él, arrebatándole el celular.

—¡No le haga caso!

Oh, ¡usted es la persona de la otra llamada! ¿Están en el mismo lugar?

Pero Deidara no perdió su tiempo respondiendo a esa tonta pregunta.

—¡Danna está equivocado! ¡El arte inmortalizado es un asco! ¿Cómo pretende que nos guste algo viejo que desde hace tiempo dejó de tener el mismo valor? ¡Nos gusta saber que en algún punto fueron especiales, pero ese momento ya pasó! Conservarlas me parece un verdadero insulto a su memoria.

Ajeno al barullo que lentamente se formaba, Pain se removió incómodo en su asiento.

—Himanta, para el bus —dijo, pero Hinata no lo escuchó por la acalorada discusión entre Deidara y Sasori.

—¡La belleza es eterna porque puede inmortalizarse! —replicó Sasori enojado—. Es una reverenda estupidez pensar que debe tener "momentos" para ser apreciada. El arte se creó para ser apreciado en cualquier momento, sin preocuparnos por algo como el tiempo o el espacio. Es belleza eterna porque nos hace sentir como si fuese su primera vez.

—Eso es tan cierto, Sasori-san —comentó Hinata, conmovida. No podía decidir quién tenía la razón.

—¡Himanta, para el jodido bus en este instante! —dijo Pain exasperado. Hinata, asustada, frenó de golpe.

¿Aló? ¿Están ahí... Sasori, Deidara? —preguntó el locutor. Sasori gruñó. El impulso había disparado su cabeza contra el asiento de al frente, formando un hoyo del tamaño de una cabeza humana y dejándolo atascado. Fastidiado, puso ambas manos en el respaldo del asiento y empujó su cabeza hacia fuera—. ¡Bueno, parece ser que nuestros dos participantes ya no se encuentran disponibles! ¡Ahora seguiremos con el nuevo éxito del momento «Me quiero perrear la cuarentena»…!

Itachi, quien apareció de la nada a su lado, había apagado la radio.

—¿Itachi-san? —dijo Hinata, chocando miradas con sus ojos rojizos.

—No me gradué a los siete años para escuchar «Me quiero perrear la cuarentena» en la radio —sentenció él.

—¡Auch! —Deidara se sobó el brazo. El impulso lo había llevado al suelo—. ¡¿Por qué tienes que conducir tan mal, Himanta?!

«¡AGGHHH! ¡Es Hinata! ¿Es tan difícil memorizar mi nombre?», estalló Hinata para sus adentros, pero por fuera se ruborizó y dijo con frustración—: Lo siento mucho, Pain-san me dijo que detuviera el bus.

A pesar de las miradas molestas que estaba recibiendo, Pain no cambió de expresión.

—Voy a mear —anunció finalmente, y se encaminó a la puerta de atrás. El resto de Akatsuki volvió a lo suyo.

—¡Maldito crío! ¿Dónde dejaste mi celular? —exigió saber Sasori.

En ese momento Deidara se percató que todavía lo tenía en la mano, pero lo había aplastado tanto que ya no quedaban ni las sobras. Una gota de sudor bajó por su sien, pero pronto se echó a reír, jocoso.

—Está en poco… roto —dijo, y llevó la mano hacia adelante. Cuando la abrió, las partículas de lo que antes había sido un celular se esparcieron por el aire—. ¿Supongo que esa era su fecha de caducidad? ¡Pero no te preocupes, Danna! Según lo que decías, su belleza se conservará para siempre.

El rostro de Sasori se puso rojo de la ira. En combinación con su cabello rojizo, su cabeza entera parecía un tomate. Deidara esbozó una sonrisa torcida.

Hinata miró a ambos artistas con preocupación. «¿Qué hago? Parece como si se fueran a pelear en serio». Pero justo cuando decidió abrir la boca para calmar las aguas, Kakuzu se levantó de su asiento y se acercó a ella.

—Himanta, tu mediocre manera de manejar me hizo perder la cuenta —replicó Kakuzu, extendiendo la palma abierta—. Me debes cincuenta dólares.

—¿A-Ah? —Hinata se quedó patidifusa—. ¿Por qué, Kakuzu-san?

—¿Por qué? ¿POR QUÉ? ¡¿Acabas de preguntarme por qué?! —estalló Kakuzu, aunque por dentro se sentía victorioso—. ¡Tu servicio es pésimo! En primer lugar, ¡no has dejado de acosar al pobre de Hidan con la mirada! ¡¿Es que acaso crees que los hombres somos un pedazo de carne?! ¡Hidan es un tipo pudoroso y tímido…!

Hinata echó un vistazo hacia atrás y miró a Hidan. Él la señaló con el dedo, luego señaló a su pantalón y luego hizo un gesto obsceno con el puño, la lengua y la mejilla. Entonces le sonrió. Los ojos de Hinata casi se salieron de sus órbitas, y un rubor frenético subió por su cuello, le estalló en el rostro y le quemó las orejas.

—… ¡En segundo lugar, estás presumiendo que porque Deidara es un hombre entonces no debería llevar delineador! No voy a permitir que sigas con tus comentarios machistas y estereotipados. ¡La virilidad de un hombre no se define por ese tipo de cosas! ¡Para que lo sepas, Deidara es el tipo más masculino que conozco!

Hinata volteó a mirar a Deidara. Sasori lo estaba jalando del pelo.

—¡Mi pelo, idiota! —chilló Deidara.

—¡Tu pelo parece un trapo! —gruñó Sasori, quien parecía tener intenciones de dejarlo calvo—. ¡Es tan feo como tu arte, mocoso!

—¡Ridículo! ¡¿Qué vas a saber tú si siempre compras champú en oferta, hm?!

Kakuzu continuó, chasqueando los dedos como si quisiera volver a tener su atención.

—¡En tercer lugar, tu ignorancia es ofensiva! ¿Cómo te atreves a llamar las muñecas de Sasori… eh, quiero decir, sus marionetas, muñecas? Además, ¿cómo pretendes arreglar el tímpano de Itachi, que casi le toca escuchar «Me quiero perrear la cuarentena»? —Hinata recibió las recriminaciones con la cabeza gacha—. ¡También me hiciste perder la cuenta de mi dinero! Tanto tiempo desperdiciado… ¡Me debes sesenta dólares!

«¿No eran cincuenta?», se dijo Hinata, elevando la mirada con pánico. ¡Sus ahorros estaban en peligro!

¡BANG!

Como salvada por la campana, una fuerte explosión interrumpió todos los conflictos que se estaban dando en el bus, y este quedó en inminente silencio. Hinata llevó una mano a su boca, horrorizada. El impacto había sido cercano.

—¡No, no, no, no, no! —Hinata desabrochó su cinturón y se asomó a la puerta, frenética—. ¿Pain-san…?

Pero nadie contestó a su llamado.

—¿Está… —Hinata no pudo contener las lágrimas— muerto?

Un silencio solemne prosiguió a sus palabras. Hinata se volteó a mirar al resto de Akatsuki, pasmada. ¡Era su deber transportar a esos artistas, sanos y salvos, a Los Ángeles! ¿Cómo pudo haber perdido a uno?

Hidan apretó la boca en una fina línea y se agarró el estómago como si quisiera vomitar.

—¡Dios mío, Hidan-san! ¿Estás bien? —Hinata se acercó a él, preocupada. Lo consoló con la voz entrecortada—: No… no te preocupes. P-pain-san… Estoy segura de que él…

Pero Hidan no pudo aguantarlo más y explotó.

—¡JAJAJAJA! ¡Por fin murió ese pendejo! ¡Y se creía un dios! —Hidan se estremeció de la risa— ¡Solo hay un dios, hijos de puta! ¡Jashin-sama para presidente!

Tobi, a diferencia de él, se echó a llorar.

—¡Buahhh! —lloriqueó, tapándose el rostro—. ¡Pobre Pain-senpai! ¡A Tobi le caía bien!

—Por fin… —celebró Kakuzu, aliviado. De solo recordar que el día de ayer ese tipo había querido convencerlo de que tomaran un vuelo (como Konan), en vez de ir en bus, hacía que se le contrajera el estómago. Siempre gastando el dinero en tonterías, ¿es que creía que la plata crecía en los árboles o algo así?

Kisame pareció sorprendido por un momento, pero a los segundos volvió a distraerse hablándole a Itachi, quien no hacía el menor esfuerzo por fingir que le estaba prestando atención.

Sasori se encogió de hombros con indiferencia.

—¡Eso… —Deidara comenzó a llorar a mares— fue hermoso!

—Eso no tuvo nada de artístico. —Sasori lo contempló con infinito desprecio.

—¡Fue hermoso, hm! ¡¿Quién hizo esto?! —dijo encantado. Luego volteó a ver a Hinata, quien tenía estelas de lágrimas en las mejillas—. ¡Y mira quién llora, Danna! ¡JA! Himanta comparte mi emoción.

—Deidara, deja de decir estupideces. Seguro está llorando porque está repugnada.

—¡¿Repugnada?! —Deidara apretó los dientes y se acercó a ella—. Himanta, estás llorando de la emoción, ¿no es cierto?

Pero Hinata seguía en shock, así que Deidara intentó zarandearla.

—¡Himanta!

Hinata salió de su estupor y lo miró, horrorizada.

—¡P-pain! ¡Pain! Él está…

En ese momento una voz misteriosa resonó por todos los rincones del bus.

—TEMAN, AKATSUKI.

Itachi levantó una ceja, pero luego pensó en lo mucho que no valía su tiempo, así que recostó su cabeza contra su asiento y la ignoró.

—¿Y tú eres? —preguntó Kisame sin mucho interés.

—¿Eres un fan, hm? —preguntó Deidara, sonriendo—. Si quieres te doy un autógrafo. Fue hermoso el espectáculo.

—Fue tremenda porquería. —Sasori miró furibundo a ningún lugar.

—¡Porquería serán tus horrendas marionetas, hm! —replicó Deidara con arrogancia.

Sasori lo fulminó con la mirada.

—Maldito crío.

—Ja, ja. Si consideramos que Danna es un viejo. —Deidara se echó a reír con fuerza y Sasori frunció el ceño.

—¿Ah, sí? Pues tú ere-

—AKATSUKI, UN GRAN PELIGRO SE CIERNE SOBRE USTEDES —empezó la voz con un tono majestuoso.

—Cállate —le interrumpió Sasori exasperado—. Deidara, como iba diciendo, eres un pedazo de m-

—¡Oye, a mí nadie me calla! —exclamó la voz empleando su tono más agudo.

—¿Eres amigo del subnormal de la máscara? —preguntó Hidan al comparar las voces—. Si es así, mataré al estúpido de tu compañero de inmediato.

—¡No, Hidan-senpai! —exclamó Tobi, ofendido—. ¡Tobi es un buen chico!

—Cállate, aborto naranja —escupió, con una sonrisa psicópata—. ¡Igual te daría como sacrificio con gusto!

—¡Hidan-senpai, eres muy malo! —Tobi se puso a llorar.

—¡Préstenme atención! —dijo la voz, irritada—. ¡Les estoy diciendo que están en peligro y-!

—¡Cállate de una puta vez! —volvió a interrumpirlo Sasori, exasperado—. Deidara, como iba diciendo, te voy a-

—¡DEJA DE CALLARME! ¡¿Cómo esperas que recite mi monólogo malvado si no paras de callarme?!

Y Sasori finalmente explotó.

—¡Mi paciencia tiene un puto límite! —Sasori se abalanzó sobre Deidara, enervado por siempre ser interrumpido por la voz de mierda, y sacó unas tijeras. Hinata se apartó de ellos, sorprendida por el despliegue de los eventos.

—¡Sasori, no te atrevas a…! —Con pánico y los ojos abiertos, Deidara se removió violentamente. De la impresión ni siquiera lo había llamado como siempre—. ¡NOOOOO!

¡Chang!

—¡Bastardo! —Deidara miró los hilos de cabello deslizarse entre sus dedos. Su fabulosa cabellera rubia ahora tenía un corte irregular hasta la nuca y parecía que, una vez cortada, hubiese perdido su lustre.

Los ojos de todos se tornaron incrédulos. Jamás habían visto a Deidara sin su cabello de diva.

Él, en su locura, comenzó a reír a carcajadas.

—¿Deidara-kun? —dijo Hinata, alzando las manos como si quisiera consolarlo de alguna manera.

El joven le arrebató las tijeras a Sasori y las destruyó con solo fuerza bruta. Los ojos de Hinata titilaron, asombrados de su poder.

—Esto se ha vuelto personal, Sasori-danna —sentenció Deidara, y sus ojos azules se volvieron gélidos.

—¡HAY UNA BOMBA EN EL BUS! —advirtió la voz, cansada de que no le prestaran atención.

—Sabía que este día llegaría. —Deidara lo señaló con el dedo— ¡Así que te tengo una sorpresa!

—ESCUCHEN, BOLA DE IMBÉCILES. SI NO VAN A 120 KM POR HORA HARÉ QUE SU JODIDO BUS EXPLOTE, ASÍ QUE MUJER, EMPIEZA A MAN...

—¡Mira, Danna! —dijo Deidara con malicia, y de su retaguardia sacó una marioneta en forma de oso. Lo había tomado cuando Sasori no miraba.

—¡Teddy! —exclamó Sasori, angustiado.

—¡Sí, mira a tu estúpido muñeco ser destrozado! —dijo sádico, y se dirigió a Hinata—. ¡Arranca el bus, mujer!

Pero Hinata no podía hacerlo. Las advertencias de la voz misteriosa resonaban en su cabeza. Si el bus arrancaba y había una bomba, entonces habría la alta posibilidad de que…

—¡Eso es, niña! —dijo Sasori con orgullo—. ¡No le hagas caso a ese artista de cuarta!

—¡AGGHHH! ¡Artista de cuarta tu puto oso Teddy! —Entonces Deidara se sentó en el asiento del conductor, encendió el motor del bus y pisó el acelerador hasta el fondo.

Hinata se sostuvo a duras penas de uno de los asientos.

—¡Deidara de mierda, te lo advierto!

—Dile adiós al mundo, Teddy. —Y Deidara arrojó la marioneta por la ventana.

—¡NOO! —Sasori se asomó a la carretera, desconsolado.

—Igual era un oso muy feo, hm.

—ME ALEGRA QUE HICIERAN LO QUE PEDÍ —dijo la voz alegre.

—¡¿Quién te presta atención, voz de mierda?! —se quejó Hidan, mirando el camino con aburrimiento.

A pesar de que Hinata de alguna manera terminó recuperando el volante, ambos artistas se enfrascaron otra vez en sus peleas de gatas. También la voz misteriosa siguió diciendo cosas, pero eran tan irrelevantes que ni la narración se interesó por mencionarlas.

Hinata, por su parte, sentía que todo se estaba saliendo de control.

«Oh, bueno, qué tan malo puede ser», se dijo a sí misma. Su hábito favorito era fingir que ignoraba todas las cosas desastrosas en su vida, así no le escupían en la cara. «¡Ya sé! Volveré a encender la radio». Y así lo hizo.

¡Este maratón de éxitos está on fire! —exclamó el tipo de la radio, emocionado—. ¡Seguimos con los éxitos del 2016!

Un cosquilleo erizó sus brazos e Itachi sintió una incomodidad impresa en lo más profundo del ser. Parecía como si su intelecto le advirtiera de algo a gritos y, sin saber por qué, un intenso pavor recorrió su cuerpo…

PPAP

… Y él abrió los ojos, inyectados en sangre.