Los personajes no son mios, nada me pertenece, todo es de JK y yo solo escribo sobre ello por entretenimiento y sin lucro.
Las letras en cursiva simbolizan la verdadera historia de Harry y Draco en su universo real. Y del mismo modo, recuerdo que el resto pertenece a otro universo sin magia, totalmente AU.
Cap. 2 Soy Harry, Harry Potter.
-¿Malfoy? Ni hablar, lleva desde que le conozco insultando a la gente que me importa, empezó con Hagrid, siguió con mis amigos y cuando supo que era donde más me dolía, con mis padres. –Se negaba a ver la realidad, encerrado en aquella habitación junto a Remus, Harry se encontraba debatiéndose entre aceptar de entre todos los "espías" posibles a Draco Malfoy en su casa de Grimmauld Place. Al parecer el susodicho "espía" llegaría junto a Snape en unos minutos más a través de la entrada de la red flú.
-Harry, cachorro… la gente cambia, ese chico está atemorizado, Voldemort ha amenazado a su familia, Severus solo le dio un modo de resarcirse, compréndelo –Remus, con toda su buena voluntad solo trataba de hacer las cosas más sencillas. El padre del chico Malfoy se había unido definitivamente al señor tenebroso por puro temor, y sin embargo, su hijo, con mucho más sentido común que su progenitor había buscado apoyo en el profesor Snape para él y para su madre. Ahora los mortífagos lo buscaban por revelar información sobre su círculo, Voldemort quería su cabeza, al igual que la de Harry, aunque con motivos muy diferentes de los que requería para exterminar al chico que vivió.
-¿Pretendes que me crea que es verdad todo lo que dice? Esa serpiente mentirosa podría estar inventándolo solo por recibir protección de la Orden del Fénix. –testarudo, Harry se veía incapaz de aceptar que en realidad alguien como Malfoy resultase finalmente una "buena persona" tras todas aquellas peleas que habían disputado en aquellos seis años. Lo último que supo de él, fue que no tuvo el valor suficiente para matar a Dumbledore en la torre de Astronomía, y que finalmente, había sido Snape el "traidor". En un principio le odió, con todo su ser, pero no tardó en saber poco tiempo después que el anciano director prácticamente ya estaba condenado a muerte debido a la maldición que pesaba sobre su mano, detalle de Voldemort, y que además, había sido él quien específicamente le pidiese a Severus Snape que llegado el momento, fuese la mano ejecutora.
-Protección que el mismísimo Dumbledore le había prometido en un principio, Harry.
-Lo sé pero…
-No, ese chico nos necesita. –Sentenció el licántropo - Se ha arriesgado al descubrir los planes de Voldemort y sus lacayos, nos ha confirmado información fundamental a riesgo de su vida. Se ha puesto de tu parte Harry, quiere tu victoria… nuestra victoria, la de todos. No te pido que seáis amigos, solo que os toleréis si vamos a vivir aquí juntos.
-Pides algo muy complicado Remus, jamás nos hemos llevado bien. Malfoy es tan… insoportable. –el solo hecho de tener que resumirlo prácticamente le revolvía el estómago. Entendía que era cierto, que ahora Malfoy estaba en las manos de todos ellos, igual como él había puesto en las de ellos toda aquella información con la que habían sido capaces de capturar a tantos mortifagos a través de todos sus escondites secretos. Sin embargo, no había opción.
-Sé que podrás hacerlo, cachorro, confío plenamente en ti –en un gesto que a Harry casi podría parecerle fraternal, Remus acarició su cabeza, dándole a entender que todo estaría bien, que no estaba solo ante nada ni nadie, que siempre le tendría a él para buscar el apoyo que necesitase. Y justo en ese instante, el sonido de las llamas en la chimenea revelaron la presencia de un par de personas más en el salón contiguo a la habitación donde se encontraban.- Trata de darle una oportunidad, por favor.
Armándose de todo su coraje Gryffindor, Harry finalmente cedió. Si debía al menos convivir con Draco Malfoy, lo haría en buenos términos. Si este no quería que fuese de ese modo, con ignorar su presencia sería suficiente.
Lentamente sus ojos comenzaron a abrirse, con pesadez y somnolencia. En un principio se sintió extraño, siempre que dormía presentía que sus extraños sueños no le dejaban realmente descansar, aunque nunca recordaba que era lo que soñaba cada noche para sentirse tan cansado, no física, pero si mentalmente. Era como si su cuerpo se repasase tras aquellas horas dormitando, pero su mente estuviese continuamente en funcionamiento, impidiéndole tener paz incluso al dormir.
A su lado, en la mesilla junto a la cama reposaban sus gafas, las mismas que tomó con cuidado para luego terminar por encajarlas sobre el puente de su regordeta y ligeramente rojiza nariz debido al frío de la mañana. Un nuevo día se abría de nuevo antes sus ojos, una nueva jornada que seguramente se vería animada con su vuelta a clases. El verano era realmente insufrible, exceptuando los días en los que salía a hacer la compra junto a su tía para cargar con sus bolsas, o cuando Remus iba a visitarle, siempre ante la atenta mirada de los desconfiados Dursleys.
Harry tenía 17 años, y tan solo vivía el día a día con la esperanza de que aquel año terminase pronto para poder irse de aquella casa al cumplir en sus 18 la mayoría de edad.
Sus tíos no le trataban tan mal en realidad, exceptuando los momentos en los que siempre necesitó del cariño que sus padres no pudieron darle, del abrazo de su madre, de la complicidad y los juegos de su padre. Con tan solo 8 años un accidente automovilístico le arrebató a sus progenitores, y dos años después a su padrino y primo de su padre, Sirius, quien se estaba haciendo cargo de él, por una enfermedad crónica.
Remus, un amigo de sus padres, y quien en ese momento hubiese sido la pareja sentimental de Sirius trató de hacerse cargo de él después de su muerte, pero no al ser parientes consanguíneos jamás pudo conseguir la custodia que por derecho le otorgaron a los familiares más cercanos.
Su tia en realidad no eran desagradable, solo demasiado estricta, ni siquiera su primo era tan horrible y matón cuando aprendías a ganártelo a base de compartir diariamente con él las golosinas o ayudarle a hacer los deberes, pero el señor Dursley era otra historia aparte. A veces, en la mirada de tía Petunia veía añoranza cuando esta le observaba directamente a los ojos, otras veía enfado, pero la mayoría de las veces detectaba tristeza. Supo lo que ocurría en realidad cuando a los 12 años Remus le explicó que ella y su madre llevaban años sin hablarse, desde que Lily se marchó de casa para casarse con James. En ese instante, aun a pesar de ser un niño, Harry entendió que debía sentirse apenada por no haber llegado jamás a despedirse de ella. Después de todo eran hermanas y en un tiempo pasado habían sido muy unidas.
Al bajar al comedor, Dudley, su primo, ya estaba desayunando, o mejor dicho engullendo como un pato. A su lado, el señor Dursley también leía el periódico mientras unos huevos revueltos y varias salchichas eran depositadas en su plato por su tía.
Todo siguió en el mismo silencio que de costumbre, Harry no hablaba, no más de lo necesario. Sabía perfectamente que ese hombre no soportaba su presencia, y el hecho de hacer más incomodas las cosas durante el tiempo que le quedaba por permanecer bajo su techo no estaba entre sus planes.
Después de un café y una simple tostada, nada en comparación al sobrecargado desayuno que habitualmente devoraban su primo y Vernon, o como Harry secretamente los llamaba, "Estómagos de acero", ambos tomaron sus mochilas y se dispusieron a ir al instituto.
Para Harry ese sería su último año, al igual que para Dudley. El chico no era inteligente, en absoluto, pero Harry sabía que el hecho de que hubiese pasado de curso durante aquellos años de secundaria mucho tenía que ver con la mensualidad desproporcionada que cada trimestre el señor Dursley abonaba.
Harry sabía que Remus Lupin era quien pagaba sus libros, al igual que los materiales. Tal vez los Dursley lo mantenían en su casa, le alimentaban y vestían, pero no eran los que pagaban sus gastos escolares. Y a Dios gracias, aunque afortunadamente él no era un idiota que necesitaba que cada trimestre el colegio exigiese un cheque para no hacerle reprobar el curso.
Por el contrario, Remus estaba muy contento con sus notas, especialmente porque él era profesor en la universidad de artes y letras. Y en parte, era por su causa que al chico le fascinase tanto la literatura y la poesía. Harry quería ser escritor, era bueno, muy bueno le había dicho alguna que otra vez Lupin al leer sus escritos. Pero tampoco se hacía grandes ilusiones.
-Nos vemos después, primo –Ya en las taquillas, Harry se quedó solo mientras Dudley se marchaba junto a sus amigos, no compartían muchas clases, de hecho, en la mayoría en las que se encontraba su primo eran de recuperación. Una voz conocida y familiar se oyó a sus espaldas, seguida de un abrazo de brazos anchos y fornidos. Un destello de cabello pelirrojo fue lo primero que Harry pudo visualizar, y lo segundo que supo, es que él también se encontraba respondiendo ante aquel efusivo gesto de cariño.-
-Tenía muchas ganas de verte, colega.
-Yo también, desde que tienes novia me tienes abandonado.
Una sonrisa tímida, seguida de un ligero sonrojo se apoderaron del rostro de Ron. Poco antes de empezar el verano, al fin se había decidido, alentado por su amigo a pedirle una cita en serio a Hermione, la chica por la que llevaba colgado desde que prácticamente eran unos niños de 14.
-Eso no es cierto, te he enviado muchos correos, prácticamente hablábamos todas las noches.
-Ya, lo sé ¿Qué tal tus vacaciones?
-Genial, debiste haber venido, sabes que a mi madre le habría encantado.
Ese verano incluso había sido más solitario que los anteriores. Ron se había marchado junto a sus padres a visitar a unos parientes en el campo. Con gusto les habría acompañado, pero no creía justo interponerse entre Hermione y Ron cuando apenas estaban comenzando a salir. Necesitaban su espacio, y por eso, dejo que fuese ella la que ocupase su plaza en el auto familiar de los Weasleys.
-¡Harry! –Casi como si hubiese sido invocada, allí estaba junto a Ginny, la hermana de Ron. Ambas chicas se acercaron a saludarle, y aunque Ginny era un año menor que ellos, no eran pocas las veces que se había unido a su hermano y a sus amigos para comer en los descansos o incluso para estudiar juntos o ir a los partidos de futbol a ver jugar y animar a Ron.
Para Harry, volver a clases era maravilloso. Veía a sus amigos, los que no vivían al menos por la zona, todos los días. Remus le recogía al salir de clases todos los martes y jueves para llevarle a comer y además no tenía que soportar la cara de su tío toda la mañana como si él fuese un bicho al que podría aplastar con una sola mano si así se lo propusiera. Todo sería genial si no fuese por un pequeño y molesto detalle.
Un empujón casi logró hacerle caer al suelo en medio del pasillo.
-Quita de en medio, Potter.
Más que un molesto detalle, era un grano en el culo.
