Declaimer: Naruto NO me pertenece, es de Kishimoto, pero la historia se es mía.

Sumary: -Naruto, por favor, sácame de aquí, mándame a una misión lejos de todos estos recuerdos que me atormentan día y noche. Solo… solo quiero olvidarme de todo. –-Deberías de dejar de hacer caminatas nocturnas, Haruno-san –-Aun me es difícil conciliar el sueño –. Simplemente, y por alguna extraña razón, terminamos acercándonos como dos mentes en tormento y con ganas de desahogarse

xSouh

Tormentus

Cap II: Mentes en Tormento

No pasaba de las cinco de la tarde, en una hora más podría ser libre de irse a la soledad de su habitación, talvez se haría un sándwich para cenar; realmente no importaba. Como era su rutina diaria, llegó hasta la habitación donde Kankuro No Sabaku luchaba por su vida.

Cambió el agua de la flor de tres días que descansaba al lado de la cama, un relámpago llamó su atención, casi cinco meses y jamás había visto una nube en el cielo, pero ese día estaba encapotado, totalmente gris con una ligera llovizna. Contrario a mucha gente, a ella le gustaba la lluvia, a pesar de que el día se le antojara melancólico. ¿Qué estaría haciendo Naruto en aquellos momentos? ¿y Sasuke...? ¿Él pensaría en ella? Ella pensaba mucho en él. ¿Llovería en Konoha también? ¿Naruto estaría usando ropa adecuada? Porque si no, se podría enfermar.

Un suspiro más se escapó de sus labios, decidió dejar de pensar en cosas que le oprimieran el pecho hasta lastimarla por dentro. Talvez debería de dejar de ser una masoquista. Se acercó a la cama del castaño y revisó sus signos vitales, estaba estable, pero aun así, no despertaba.

Deshizo unas arrugas inexistentes en la colcha de la cama, alisándola con pulcritud, y se encontró deseando caer en un sueño ella también, no haber visto a todos esos muertos, ver a Sasuke partir, sus padres y maestra morir. No estaría sufriendo tanto.

Cuando despiertes sabrás que tu hermana ha muerto, Kankuro-san.

Brincó del susto al escuchar como la puerta de la habitación se abría en un susurro. Normalmente nadie interrumpía su última hora. Más le extraño al voltearse y encontrarse al Kazakage.

-kazakage-sama – le saludó con una pequeña reverencia.

-Haruno-san –le regresó el gesto con una muy leve inclinación de la cabeza.

Después del pequeño intercambio de palabras se instaló un silencio bastante denso, pero a ninguno de los dos le incomodaba, justo en ese gesto de comprensión por lo igual vivido es que ambos apreciaban la falta de palabras de "aliento" por parte del otro, ya que eran muy conscientes que por más buena que fuera la intención, se sentían como palabras vacías que no ayudaban en nada más que recordar el rojo oscuro de la sangre.

El de ojos aguamarina se sentó en uno de los sillones dispuestos para las visitas, mientras que la Haruno se posicionó al otro extremo leyendo pergaminos médicos tratando de comparar el estado del No Sabaku enfermo con los distintos casos que exponían.

Y no encontraba nada parecido, aparentemente el castaño estaba estable y en perfecto estado de salud, pero no despertaba, estaba en un coma del que no podía salir. Cansada, se llevó la mano al puente entre sus ojos, dándose un pequeño masaje.

-Talvez sea hora de volver, Haruno-san. – –le habló el líder de la arena.

-claro... -suspir6o derrotada.

Al salir de la habitación tomaron distintos caminos, ella fue por sus cosas a su pequeña oficina, sonrió con suficiencia al ver una sombrilla en el pequeño closet de la habitación.

Los primeros días que llegó su piel no estaba impuesta a los rayos tan fuertes del sol, así que había decidido conseguir una sombrilla, tomó su bolsa y salió a la recepción, donde el No Sabaku la esperaba.

Al salir del hospital, notó que la lluvia era un poco más fuerte, agradecía que en Suna los suelos y casas fuera bastante firmes y no se cayeran como un castillo de arena cuando le llega una ola del mar.

-puedo compartir el paraguas, Kazakage-sama –le dijo la chica, no estaba muy segura de haber hecho lo correcto, no sentía que tuviera una relación tan abierta para ir tan juntos compartiendo una sombrilla.

-Está bien. –le contestó simplemente el pelirrojo, que minutos antes se había quitado la toga de kage, pues era lo suficiente larga para que se mojara con el agua que corría por la aldea.

Caminaron por la banqueta de la aldea a paso lento, viendo como la mayoría de los aldeanos corría sin protección alguna, no estaban muy impuestos a ese tipo de clima, el silencio era algo que seguía reinando, incluso cuando una fuerte ráfaga de viento volteó el paraguas y poco después salió volando.

Ninguno de los dos trató de apurar el paso, siguieron al mismo ritmo, las gruesas gotas rápidamente se encargaron de mojar completamente sus ropas, poco les importó.

-Talvez mañana amanezcamos enfermos –mencionó la chica, más que dirigiéndose a su acompañante, para ella misma.

-valdrá la pena- Una sonrisa se formó en los finos labios del Kazakage. Él no era una persona enfermiza, sin embargo, no le importaría enfermarse.

-Siempre me ha gustado mojarme en la lluvia –pronunció suavemente la chica, tan bajo que fue casi un susurro, pero a la distancia que estaba el No Sabaku no le fue difícil escuchar, sin embargo él no pronuncio nada, tan solo siguió caminando. –... mi madre siempre me decía que enfermaría, pero mi padre siempre me animaba a seguir... - Sin querer, sus lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, siendo camuflajeadas por gotas de lluvia.

-siempre he amado la sensación del agua en mi piel – anunció el Kazakage levemente, su mirada se había puesto melancólica. –la arena siempre me ha protegido de todo en este mundo, de pequeño cuando no la podía controlar bien, la lluvia era lo único que mi escudo dejaba pasar.

-el agua siempre purifica el alma –mencionó la chica.

Las palabras no hicieron falta después, siguieron caminando a escasos centímetros de distancia hasta llegar a la mansión del Kage, trataron de escurrirse la mayor cantidad de agua que pudieron y cada uno marchó a su habitación con una promesa silenciosa de regresar a cenar.

Sakura fue la primera en bajar, se dirigió a la cocina directamente, donde ya había una cazuela con comida caliente más una nota de la señora que trabajaba atendiendo al Kazakage, le dio los toques finales a la cena, para cuando termino, la Haruno llevó los platos a la mesa, donde ya se encontraba el pelirrojo vistiendo ropa completamente seca.

-Yuuki-san preparó lasaña, salió, su nieto sufrió un pequeño accidente –informó la Haruno una vez que colocó los platos en su lugar.

-tal vez debería de mandar a alguien a ver si todo está bien –mencionó el No Sabaku algo preocupado, la señora Yuuki había trabajado en su casa desde mucho antes de que el naciera, y conocía a su nieto, quería asegurarse que estuviera bien.

-Si algo grave le pasó, seguro llega al hospital y me mandan llamar, debe descansar, Kazakage-sama.

-con que me llame por mi nombre está bien, Haruno-san –le pidió el pelirrojo. El que le llamaran "Kazakage" lo había sentido como una barrera más en su vida que le impedía tratar de conocer mejor a las personas, además él no se veía a sí mismo como alguien superior al resto de las personas, su puesto era guiar a los demás, hacer de su aldea un lugar más próspero.

-con todo respeto –habló la chica –no puede pedir algo que no da, Gaara-san, así que también le pido que me llame por mi nombre.

-Está bien, Sakura-san –le contestó el kage, al principio sorprendido por la respuesta de aquella chiquilla de cabellos rosas que no aparentaba más de 17 años, pero que sin embargo era la mejor medico ninja a nivel mundial, y entonces lo comprendió:

El respetaba y estimaba mucho a Naruto porque pensaba –y sabía- que ellos dos eran iguales, llevando una carga que se les fui impuesta al nacer, llenos de sueños que superaron el odio de los demás, abriendo los ojos para aceptarse ellos mismos para después poder querer a los demás.

Pero no porque la chica que tenía en frente no haya tenido que vivir con un biju dentro, la hacía muy diferente a él; llevando en su memoria las imágenes de lo cruel que puede llegar a ser la humanidad, tener que tratar de dormir con pesadillas de cosas que tuvo que vivir en tan pocos años, la guerra podía crear lazos con la sangre derramada.

Y supo que ambos lo sabían, porque simplemente y por alguna extraña razón, nacieron en un mal momento, en lugares lejanos y sin nada en común, se conocieron de la peor manera, pero el destino terminó acercándolos, como dos mentes en tormento y con ganas de desahogarse aun sin palabras, porque no las necesitaban, sabían que no servían de nada.

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