Declaimer: Naruto NO me pertenece, es de Kishimoto, pero la historia se es mía.

Sumary: -Naruto, por favor, sácame de aquí, mándame a una misión lejos de todos estos recuerdos que me atormentan día y noche. Solo… solo quiero olvidarme de todo. –-Deberías de dejar de hacer caminatas nocturnas, Haruno-san –-Aun me es difícil conciliar el sueño –. Simplemente, y por alguna extraña razón, terminamos acercándonos como dos mentes en tormento y con ganas de desahogarse

xSouh

Tormentus

Cap III: El Espiritu Del Decierto: Gaara No Sabaku

Dos años habían pasado desde aquella extraña noche de lluvia en la que se había dado cuenta de lo que Sakura Haruno representaba como ninja: fuerza, resistencia y entrega; el tiempo corría rápidamente pero cada día era distinto. Una amistad nació entre ellos, a sus 17 años y tras acabar la guerra ambos buscaban lo mismo: –talvez incluso desde mucho antes- aceptación, compresión. E inútiles de poder demostrarlo abiertamente hicieron algo en un terreno neutral y seguro para los dos: entrenar.

Ya ambos lo habían experimentado, cómo el combatir amistosamente crea fuertes lazos, estudiando los movimientos del otro, comprendiendo sus fortalezas y debilidades.

Gaara sabía que Sakura era poseedora de una fuerza sobrehumana, incluso había sido capaz de fragmentar su escudo con el paso de los entrenamientos, pero Sakura tenía más que fuerza física, la ojiverde poseía una energía diferente de la que talvez ni siquiera era consiente, no era la misma que esa capacidad de Naruto de abrir los ojos de los demás y hacer seguir sus ideales, era una fuerza que había derribadó una muralla más grande: la de su corazón y sus pensamientos.

Talvez fuera algo más parecido a la empatía, ya que a Gaara le hacía ver que no era el único que sufría, sin embargo eso mismo le ayudaba a sentir que entre dos la carga era más liviana y el viaje más ameno.

Los sufijos "-San" desaparecieron de sus nombres con el tiempo, sus pérdidas no se convirtieron en tumbas, sino en bellos recuerdos que jamás debían olvidar.

-¡Manden a avisar al Kazakage Gaara!—chilló feliz la pelirosa mientras corría hasta esa habitación donde descansaba el mayor de los No Sabaku.

-¡Hai, Sakura-sama! –gritó la enfermera entre asustada y feliz, y es que jamás había visto a la doctora Haruno gritar, algunas de las enfermeras le habían contado que a pesar de que en el hospital se veía bastante tranquila y frágil, a veces llegaba al trabajo con múltiples moretones, incluso una vez había habido un rumor de que tanto ella como el kazakage habían llegado al hospital como si hubieran sido enterrados en una vieja mina.

Con tantos pensamientos en la cabeza y adrenalina en el cuerpo la enfermera no se dio cuenta ni cuándo había llegado a la torre del kage del viento, corrió hasta la oficina principal y abrió la puerta sin preocuparse por tocar.

Lo primero que notó fue al pelirrojo firmando unos papeles y detrás de él dos ninjas de alto rango que en medio segundo estaban tras ella.

-Ka-kazakage-sa-sama... Sakura-sama... –trató de hablar, pero el temor de tener a dos ninjas sujetándola la llenó de pavor.

-suéltenla. –Ordenó el líder de la aldea -¿qué sucede con Sakura?

-Sakura-sama me mandó informarle que Kankuro-sama ha despertado.

No pasó ni una milésima de segundo cuando el No Sabaku había desaparecido en una ola de humo, haciendo que los guardaespaldas la soltaran y desaparecieran poco después. Solo en ese momento se dio cuenta del lugar donde estaba, la oficina del Kazakage, había una hermosa vista del atardecer, cómo el sol se iba ocultando dejando rayos naranjas.

- Sakura – repitió la última palabra del Kage antes de desaparecer, sin sufijos, sin nada; justo antes de salir del hospital la pelirosa había llamado al Kazakage de la misma forma: por su nombre propio y sin sufijos.

Talvez el otro rumor también era verdad: ambos salían. Un sonrojo corrió por su cara hasta perderse en el cuello de su uniforme, ella era uno o dos años más grande que los dos, pero recordaba que de niña sus padres no le dejaban acercarse al actual Kazakage, decían que era peligroso, las cosas habían cambiado con el tiempo, ya no le tenía miedo, pero aun así había algo en su aura que te hacia ver que era mucho más fuerte que tú y a pesar de su tranquila personalidad y amable carácter, no era bueno relacionarse más allá de un cordial saludo.

-Sakura, ¿es cierto? –preguntó un pelirrojo abriendo la puerta de la habitación del hospital que tantas veces había visitado en los últimos años.

-Hola Gaara, despertó hace unos 10 minutos, aun esta algo desorientado, parece estar bien pero aún le debemos hacer muchos estudios para comprobar todo. –le contestó la pelirosa mientras corría la cortina para que el recién llegado pudiera ver a su hermano mayor.

En la cama se encontraba un castaño de ojos opacos, el cabello estaba un poco más largo de lo que acostumbraba llevarlo aunque cada par de meses una de las enfermeras lo recortaba, lo más impresionante era su cuerpo, nada parecido al de un ninja, debido a la falta de actividad sus músculos se habían atrofiado, dándole un aspecto delgado y demacrado.

-Kankuro-san, su hermano está aquí –le avisó la pelirosa, ella ya había hablado un poco con él, haciéndole preguntas para ver su estado mental.

-Gaara... -pronunció débilmente.

Para Kankuro las cosas fueron bastante raras desde que despertó, primero se enteró de la muerte de su hermana, después que había estado inconsciente por más de dos años, casi lloró al ver a su pequeño hermano haber abandonado cualquier facción adolescente de su rostro, sin embargo no solo había cambiado físicamente, había algo nuevo. Después de una larga semana de estudios en los que le habían revisado hasta los dientes pudo ir a casa con mil indicaciones de cuidado.

La doctora que lo atendía era bastante guapa, jamás la había visto en Suna, pero con un poco más de tiempo tratando de recordar de dónde la conocía, finalmente descubrió que era la niña compañera de Naruto Uzumaki de la hoja.

Y si podía decir que había habido muchos cambios, cuando pudo ir a su casa descubrió que la pelirosa vivía ahí, junto con Gaara y que su hermano había tumbado todas las defensas que tenía emocionalmente con ella. Parecían llevarse bien y eso lo sorprendía aún más.

Ese día decidieron brincarse el entrenamiento vespertino, ya lo compensarían otro día. Durante esos dos años la habitación de Kankuro al igual que el resto de la casa había sido limpiada, así que cuando el castaño entró el único cambio que encontró fue una colcha diferente y unas cortinas que hacían juego con las del resto de la casa.

-Debe recordar que no puede hacer muchos esfuerzos, puede usar un bastón mientras sus músculos se vuelven a acostumbrar al movimiento, Kankuro-san. –mencionó la pelirosa mientras que con ayuda de otra enfermera ayudaban al castaño a acostarse. –Risa-san se quedará con usted para lo que necesite, es una de nuestras mejores enfermeras.

-Muchas gracias, Sakura-san – sonrió el castaño mientras veía partir al su pequeño hermano y a la doctora prometiendo verse para la hora de la cena.

-Espero que este cómodo, Kankuro-san, cualquier cosa que necesite puede pedírmela –habló la enfermera mientras acomodaba la medicina que tenía que tomar el No Sabaku.

-Una pregunta indiscreta, Rita-san –Susurró el castaño como si buscara que nadie más escuchara lo que quería decirle a la mujer. -¿Sakura-san y el Kazakage tienen algún tipo de relación?

La sorpresa que se mostró en la cara de la rubia mujer fue genuina, balbuceando y sin decir nada en concreto dejó al marionetista con más dudas que respuestas y eso solo lo frustró, cansado por todos los movimientos del día decidió que era mejor tomar una pequeña siesta y ya después se encargaría de averiguar todo lo posible sobre la vida de su pequeño hermano, con el ultimo pensamiento de que tal vez Temari si hubiera logrado algo y unas lágrimas silenciosas, cayó en los brazos del dios del sueño ninja.

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Luego de un desayuno tranquilo, una plática amena y haber dado un rápido chequeo al estado de salud del mayor de los hermanos No Sabaku, Sakura se dirigió al hospital, saludó a la mayoría del personal con el que se encontró y fue directo a su oficina.

Era miércoles y como todos los miércoles desde que llego a Suna, en su escritorio había un par de cartas que le llegaban desde Konoha, siempre había mantenido correspondencia con Naruto e Ino, incluso acostumbraba mandar cartas a Kakashi y Shikamaru mínimo una vez al mes, muchas de las conversaciones eran triviales pero le gustaba hacerlo.

Como siempre encontró la carta de Ino, Shikamaru y de Naruto, otras más de personas del mundo ninja que buscaban ser atendidos por ella o de Medi-ninj pidiendo su consejo o informando algún nuevo descubrimiento, pero había una que resaltaba entre todos aquellos sobres blancos y sencillos, de color lavanda y acabados finos con caligrafia manuscrita en color plata.

Fue la primera que abrió, la invitación a la boda de Naruto y Hinata.

El rubio ya le había contado en cartas pasadas de la futura boda, pero apenas acababan de ponerle fecha, dentro de un mes.

"Sakura Haruno y pareja" marcaba el papel.

Suspiro mientras se recargaba en la silla de cuero negro.

Pareja... pensó una y otra vez en esa palabra, casi le dolió que su amigo no hubiera checado ese pequeño detalle antes de enviar la postal, aunque con lo despistado que era ni siquiera se dio cuenta, recordaba que era normal que cuando la invitación era dirigida a una sola persona se le agregara que podía invitar a una pareja, más siendo la boda del Hokage la de la cuestión, a la mejor habían contratado a una persona que se hiciera cargo de esos pequeños detalles.

Sakura dudaba que fuera Shikamaru Nara, el ninja más flojo de la historia de ninjas flojos el encargado de organizar la boda del Kage, Shikamaru era el hombre que le facilitaba todo a Naruto, era casi como su trabajo y estaba segura que el hombre no ganaba suficiente por ello.

El día paso más rápido de lo que a la Haruno le hubiera gustado, y si tuviera que describirlo con una frase definitivo sería "Sakura Haruno y Pareja" porque eso fue lo único que danzaba por su cabeza durante tantas horas, ella no había salido con nadie durante esos años, su tiempo era dividido entre el trabajo, los entrenamientos con Gaara y dormir, al salir del Hospital se encontró con el kazakage vestido con prendas simples afuera y justos se fueron caminando a casa como ya era su costumbre cuando no tenían entrenamiento después del trabajo.

-Me llegó la invitación para la boda de Naruto –susurró el pelirojo mientras sacaba su invitación de una de las bolsas internas de la chaqueta que vestía.

-la mía también llegó hoy – contestó la ojiverde mientras sacaba de su bolso un papel igual.

-¿ya tienes pareja? –Preguntó rápidamente el kage atropellando las palabras y sorprendiendo a la pelirosa –Bueno... es que yo no tengo y la invitación dice que es con pareja... creó que se vería un poco mal llegar solo. – explicó un poco más calmado pero a la Haruno se le antojó adorable el pequeño sonrojo que cubría sus mejillas.

-Me encantaría que vayamos juntos –le sonrió la muchacha haciendo que el sonrojo del kage se intensificara.

El resto de la caminata fue casi en silencio, ambos estaban en sus propios pensamientos y los de Sakura aún no podían borrar la imagen de la cara del No Sabaku sonrojada, un ligero cosquilleo se apodero de la boca de su estómago cuando se dio cuenta el hilo que estaba tomando su mente y lo quiso negar, después del enfermizo amor que había sentido por su ex compañero de equipo había decidido desistir de temas románticos, pero pensar en Sasuke y ya no sentir mariposas que la elevaban al cielo fue solo un choque más.

Verdaderamente no podía decir cuándo había dejado de tener sentimientos por el Uchiha y solo hasta ahora se daba cuenta de la proximidad de Gaara No Sabaku en su vida.

Incluso el volver a Konoha, dejar el hospital, dejar Suna y dejar su vida ahí. El desayuno con charlas acerca de la política del mundo ninja y la arena, los pequeños viajes que había hecho acompañando al kage a otras aldeas que ella no conocía, los entrenamientos después del trabajo y las pláticas de camino regreso a casa. Todo junto parecía disperso pero había un hilo que lo ataba todo y era Gaara, que sin que se diera cuenta se había convertido en una constante.

No era el prestigio que tenía en la aldea, su nombre se había convertido en una autoridad medico ninja a nivel mundial, eso era algo que tenía en Suna, Konoha y donde fuera; mucho menos el estar en el círculo del Kage de una aldea, su maestra había sido la misma Tsunade Senju, ni contar que Naruto Uzumaki era su mejor amigo, en Konoha pudo haber sido directora del hospital y lograr lo mismo.

Sakura había odiado el clima desértico, el calor era lo peor, pero ahora se había impuesto a vivir ahí, su piel lucía un ligero pero bello bronceado, se sentía como si el espíritu del desierto la hubiera recibido con un gran abrazo y aun la mantuviera entre ellos.