Declaimer: Naruto NO me pertenece, es de Kishimoto, pero la historia se es mía.

Sumary: -Naruto, por favor, sácame de aquí, mándame a una misión lejos de todos estos recuerdos que me atormentan día y noche. Solo… solo quiero olvidarme de todo. –-Deberías de dejar de hacer caminatas nocturnas, Haruno-san –-Aun me es difícil conciliar el sueño –. Simplemente, y por alguna extraña razón, terminamos acercándonos como dos mentes en tormento y con ganas de desahogarse

xSouh

Tormentus

EPILOGO: PASOS AL FUTURO

Con los largos años de paz venideros después de la cuarta guerra ninja el mundo se volvió un poco aburrido para todos aquellos grandes shinobis acostumbrados a la adrenalina de un campo de batalla y la sensación de muerte susurrando en sus oídos, pequeños rufianes ni siquiera eran noticia al ser acabados tan pronto aparecían, aun así, todos recordaban la sangre derramada años atrás y no estaban dispuestos a regresar a esos tiempos solo por el placer de una buena pelea. Aquello no quitaba las ganas del show por parte de todos, y si los exámenes chunnin en algún tiempo fue un espectáculo que reunía masas, ahora era algo llevado a otro nivel.

Con la Gran Alianza Shinobi aún en pie, ninjas de todo el mundo se reunían para decidir quiénes podrían convertirse en chunnin, que a diferencia de los otros exámenes, el público en general podía tener un lugar entre las gradas de los combates finales, convirtiéndolo casi en el más grande evento deportivo todos.

—hmnn... — dejó escspar la pelirosa mientras fruncía el ceño al sentir la luz del sol picarle los ojos, la noche anterior había sido la primera en la que el viento corría fresco y se le antojo para dormir así.

Se aferró a las sabanas de seda blanca que envolvían la cama y enterró la cabeza en la almohada sin muchas ganas de levantase aún, llevándose toda la cobija al girar y dejando al hombre junto a ella solo envuelto en unos pantalones de la misma tela.

La fresca mañana y la falta de la cálida tela hizo gruñir al pelirrojo que se había mantenido plácidamente dormido, Sakura siempre le quitaba las sabanas, así que por inercia y sin abrir los ojos se giró y se aferró al calor que la muchacha desprendía para dormir solo cinco minutos más.

—¡Oka-san! ¡Oto-san! ¡Despierten! —escucharon ambos como alguien azotaba la puerta y corría a abrir las ventanas que faltaban, que siendo cinco enormes ventanales, dejaron la habitación completamente iluminada mostrando una vista de 180 grados de Suna.

Sin rendirse al no obtener respuesta por parte de sus padres, el pequeño pelirrojo decidió que no podía perder tan fácil y corrió hasta la cama para caer en medio de sus dos progenitores.

—Hoy es el día... hoy iremos a Konoha—exclamó lleno de felicidad removiendo los brazos de ambos adultos hasta que se aseguró que abrieran los ojos. —¡Vamos rápido! Seguro tío Naruto ya nos está esperando.

—Tranquilo Eiji, aún es muy temprano. — le tranquilizó la pelirosa pasando una mano por los rojos cabellos del niño mientras se sentaba. —Naruto aún no nos espera y el sensei de la academia ya te explico que son varios días de viaje para llegar hasta Konoha.

—Pero Oka-san, tío Naruto me dijo que teníamos que llegar antes que todos porque éramos sus favoritos. Y tenemos que ganar la mejor habitación de todas. —explicó el niño mientras se sacaba de los hombros la mochila que llevaría de viaje, enseñándole a su madre su equipaje: tres juguetes, un sándwich en un recipiente con una calcomanía de alguna figura de moda entre los niños y el protector solar que Sakura siempre le ponía.

—Tío Sasuke te dijo que nos vamos a quedar en su casa y debemos irnos junto con todos los ninjas de la aldea, incluidos los gennin que harán su examen, Oto-san es el Kazekage y no puede dejarlos solos.

—¿Cuándo yo sea el Kazekage también tendré que esperar a que todos estén listos? —pregunto entre triste y molesto Eiji No Sabaku haciendo un puchero que su madre encontró tierno.

—El Kazekage es el hombre más fuerte de todos, su debes es proteger a los demás y tratar de que todos podamos ser felices, así como nosotros somos felices.

—Yo quiero que todos mis amigos de la academia sean felices, oka-san —contestó esta vez de forma alegre. —Así que seré muy fuerte como oto-san para que todos sigan viviendo felices.

—Claro que lo serás, amor. Ahora vamos a ver si Yuuki-san nos preparó otro rico desayuno.

El niño salió de la habitación matrimonial del Kazekage y su esposa, directo a la cocina a buscar algo de desayunar. La pelirosa le dio un corto beso a su esposo en la frente y siguió el camino del pequeño desviándose un poco hasta llegar a la habitación de al lado, donde un par de pequeñas descansaban, a pesar de haber dos grandes camas cubiertas con dorsal, como cada mañana, Sakura las encontraba durmiendo juntas y no podía evitar sonreír por los cambios que daba la vida.

Decidió no despertarlas hasta más tarde, el viaje seria pesado para todos, era la primera vez que sacaba a sus hijos fuera de la aldea a un lugar tan lejano, pero todos habían rogado por ir, incluso habían ayudado a Yuuki-san con las tareas del hogar para demostrar que eran responsables.

Regresó a la habitación, todas las ventanas volvían a estar cerradas y Gaara se estaba vistiendo, deposito un beso, esta vez en la boca y mordió un poco su labio hasta que quedo ligeramente rojo.

—Amaneciste muy traviesa hoy, Sakura— ronroneó el pelirrojo ante el dolor que su esposa le había provocado mientras envolvía sus manos en la cintura de ella para atraerla más, el beso se intensificó y las manos viajaron hasta sus piernas para levantarla y llevarla a la cama de nuevo.

—¿Eso es una queja, Kazekage-sama? —pregunta fingiendo tristeza mientras le da un corto beso en la mandíbula que desata una risa fresca en el hombre.

—¿Cómo me podría quejar de mi esposa si tiene el mejor trasero de todo el bendito mundo ninja?—le sigue el juego mientras lleva sus manos a aquel sitio redondo y firme gracias a los entrenamientos, apretándola hacia él.

—Eso es muy cierto, tienes mucha suerte de tenerme como esposa —rio la chica mientras llevaba una mano al labio de su pelirojo para curarle la marca que le había dejado. —Además tiene a la mejor médico del mundo disponible las 24 horas... para cualquier cosa que se le ofrezca —lo último lo agrega a su oído, lamiendo un poco el lóbulo de la oreja antes de retirarse.

—entonces te voy a decir que se me ofrece ahorita mismo...

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El viaje fue aburrido y cansado para algunos, los más pequeños simplemente se asombraban con todo lo nuevo que sus ojos podían ver y trataban de guardarlo en sus mentes, distrayéndolos un poco del nerviosismo de estar a punto de presentar un examen tan importante en su vida ninja.

La comitiva del país del viento llegó pocas horas después del amanecer, habían sido los últimos y por lo tanto la primera prueba empezaría justo el día siguiente, la mayoría había días antes esperando acoplarse al clima de la aldea y otras razones muy profesionales que ocultaban sus ánimos vacacionistas y de poder ver a amigos y compañeros de otras aldeas; Eso era algo que la guerra había dejado, ya no era de sorprender encontrar ninjas de distintas aldeas tomando una copa en algún bar o poniéndose al corriente de la vida de otros, al parecer mas fuertes emociones vividas, ver morir a compañeros en el campo de batalla y haber vivido para contarlo creo fuertes lazos.

—Eiji... Espera —gritó la pelirosa al ver a su hijo correr hasta las puertas de la aldea donde el mismo Hokage y sus dos ninjas más cercanos lo esperaban. El niño llegó hasta el sexto hokage que lo levantó en brazos.

—Cómo haz crecido Eiji-chan —le revolvió los rojos cabellos con una sonrisa alegre que hacía que se le marcaran ligeras arrugas en los extremos de los ojos. —Aunque no puedo decir lo mismo de tu madre, creó que es una bruja que se come los años.

—Te escuché, Naruto —se quejó enojada la ojiverde mientras le daba un golpe en el hombro a su compañero de equipo haciendo que a los presentes se les escapara una ligera risa al ver que las cosas no cambiaban con los años, eran contadas las personas en el mundo ninja que se daban el lujo de ofender a la esposa del Kazakage y vivían para contarlo.

—Hola tío Sasuke —interrumpió el niño pidiendo que lo bajaran para saludar al pelinegro que se mantenía unos pasos atrás del rubio, se puso recto y estiro su mano como si fuera mucho más grande de lo que era, el Uchiha aceptó el saludo y después le revolvió el cabello de la misma forma que el kage lo había hecho haciendo reír al pequeño. —Tío Shikamaru

—Que niño tan educado —sonrió una rubia que iba llegando a las puertas de la aldea, se había tomado un descanso en el hospital solo para ir a recibir a su vieja amiga, aunque lo de vieja no le quedara para nada.

—¡Tía Ino!

—Que gusto volver a verlos —exclamó feliz Sakura abrazando a la Yamanaka, tenían varios meses sin verse a pesar de que jamás habían abandonado la costumbre de mandarse cartas aunque siempre estuvieran llenas de puras trivialidades.

—Será mejor que entremos todos—sugirió el Nara llamando la atención de los presentes, consideraba muy problemático estar ahí cuando eso solo evocaba recuerdos, ocultó su tristeza y giró su atención al líder de la aldea de Suna y su hermano, ambos hombres se habían mantenido un poco al margen para darle tiempo a la pelirosa de que saludara a todos. Desde los hombros de cada uno se lograban ver un par de bracitos que se aferraban como koalas para no caerse.

—Ya llegamos... despierta Temari... — escuchó la voz suave del Kazakage hablar y como una cabellera rubia se asomaba desde atrás mostrando unos ojos verde jade que inmediatamente buscaron con la mirada a sus padres para después posarse en el pelinegro de coleta que se mantenía alejado de los demás.

—¡Padrino! —gritó emocionada la niña bajando de los brazos de su padre para correr hasta el hombre que clamaba vivir con pereza pero que siempre le consentía cada capricho que ella tuviera cuando viajaba a Suna.

El grito de la niña había logrado que la que se mantenía con Kankuro también comenzara a moverse, mostrando esta vez a una pelirosa que había heredado los ojos de su padre, saliera de su ensoñación para ver a su hermana con el tío Shikamaru –como ella lo llamaba- su vista viajo hasta el otro pelinegro que secundaba al Hokage y con la misma emoción que su gemela corrió para abrazar al ninja más frio del mundo.

—Hola, Saori-chan —le saludó el hombre levantándola en brazos y haciendo a la madre de las niñas sonreir.

En un principio había tenido una ligera duda en convertir a los tres ninjas frente a ella en los padrinos de sus hijos, sobre todo cuando Sasuke ni Shikamaru rehicieron sus vidas después de la guerra. La historia del Nara con su fallecida excuñada no fue secreto para sus más allegados amigos, y haberla perdido tan rápido no fue mucha ayuda, concentrado en los temas de la aldea nunca se dio la oportunidad de conocer a otra mujer.

Para Sasuke las cosas no fueron muy diferentes, jamás mostro interés por una mujer más allá del cariño fraternal que tenía con el único miembro femenino de su equipo gennin y no era algo que le molestase, después de la guerra había dedicado su vida a Konoha, principalmente a misiones que requerían estar mucho tiempo fuera. Cuando Sakura le pidió que fuera padrino de su hija al principio se había negado, pero la pelirosa no se rindió tan fácil y terminó aceptando, ahora pasaba por Suna cada que podía o le mandaba obsequios a la niña de sus viajes.

Entre risas y visitas de los ninjas más cercanos a ellos y sus parejas pasaron la tarde en la mansión del Hokage, con un ejército de niños de varias edades jugando por el enorme jardín de la casa a que eran importantes y fuertes ninjas que harían historia y siempre serian amigos.