DISCLAIMER: VOCALOID no me pertenece. Si lo hiciera, Rin y Len no fueran hermanos.
ANTES DE LEER: -las respectivas marcas, nombres o lugares que aparezcan no son de mi propiedad.
—Diálogos—
Pensamientos
Palabras sobresalientes
Recuerdos
RESUMEN: Porque, a pesar de que ella sufría, no lo mostraba. Simplemente, quería que todos sonrieran.
PAREJA: Rin Kagamine y Len Kagamine.
RATED: T (por algunas palabras).
GÉNERO: Romance, Drama…
ADVERTENCIA: Tal vez haya Oc, no tengo muy definidas las personalidades de los personajes. AU. ALGUNAS malas palabras, no muchas, por eso el rango T. Un poco… ¿perturbador? Nah. Rin y Len no son hermanos.
DEDICATORIAS: Dedicado a ShineBaka. ¡Te dije que haría un Fic de estos dos! xD Ahora, espero que te guste. TODO el Fic será para ti sola :3
Tawagoto Speaker
ESCRITO POR: Nagisa Del Mar.
o~Capitulo 1~o
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Siempre he sido falsa, nunca he mostrado mi verdadero yo. Lo único que sé hacer es sonreír.
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Podía escuchar las risas a mí alrededor, burlándose de mi caída. Los dueños de éstas, felices, porque tenían algo que les alegrara el día; algo "cómico". Pues para todos, mis caídas, mis torpezas… para ellos, todo lo que hago es "cómico". Para ser claros, soy el "payaso" de la escuela.
Muestro mi sonrisa de siempre. Sí, aquella que finge que no pasa nada, aquella sonrisa falsa que siempre utilizo en estos momentos, solo para que ellos no se pongan tristes y se preocupen por mí si me pongo a llorar. Me pongo de pie, apoyándome en la silla, e intento reírme, haciendo mi mejor esfuerzo para esconder el dolor que se oculta tras esa risa.
—Dios, Rin, eres realmente graciosa.
¿Graciosa? Tal vez, aunque yo no lo creo. No soy graciosa. Simplemente sufro algunos tropiezos y a veces digo cosas fuera de lugar, tal vez les cause gracia eso, pero me duele. Mas no lloro. Y no lo haré. No quiero que se pongan tristes. Si así están felices, pues seguiré fingiendo.
Limpio el polvo de mi falda, en la parte trasera. Acomodo mis medias y me aseguro de que tenga todo en orden. No puedo evitar que, inconscientemente, mi mano izquierda se dirija hasta mi brazo derecho, en la muñeca; me duele. A pesar de que me duele, no digo nada. Se preocuparían.
Acomodo mi silla en su lugar y me siento en ésta, apoyando los brazos en mi pupitre. Todavía no paran de reír, por eso, los observó, riéndome ligeramente, pero asegurándome de abrir bien la boca. Así pensarán que me estoy riendo fuertemente, pues no identificarán mi risa entre todas.
La profesora, Meiko-sensei, nuestra sensei de comunicación, ingresó al salón, haciendo que todos callaran y que yo dejara mi máscara a un lado y poder sufrir en silencio el dolor.
—Buenos días—habló, a lo que todos nosotros le respondimos con la misma frase, en coro—. Bien, pasaré lista.
Arrugué el ceño al sentir una punzada de dolor en mi muñeca derecha, mientras que observaba al frente, fijándome en como la profesora Meiko sacaba su registro de su maletín, donde tenía los nombres de todos los alumnos. Estuve atenta al principio, escuchando como nombraba un apellido junto al nombre, y el dueño de éstos contestaba con el peculiar "presente" para que Meiko-sensei marcara que asistió en su cuadernillo. Pero dejé de prestar atención para dirigir mi mirada hacia mis piernas, aún tocándome el brazo, con el ceño arrugado y los ojos fuertemente cerrados, aguantando. Que quede claro, estoy asegurándome de que nadie me vea; todos están concentrados en sus cosas.
—¡Eh, Kagamine!
Alcé la mirada y volví mi rostro normal al oír mi nombre. Todos me miraban, incluso Meiko-sensei, que fue la que me llamó.
—¿Te sientes bien? —me preguntó la sensei.
—S-sí, no se preocupe, Meiko-sensei, solo estaba distraída—contesté, con mi sonrisa falsa.
—¡Ay, Rin es tan distraída que ni escucha cuando dicen su nombre!
Y ante esas palabras por parte de cualquiera del salón, empezó una tanda de risas. Yo intenté reírme, pero fracasé, así que hice mi técnica de la risa bajita pero con la boca bien abierta. Las risas cesaron cuando Meiko-sensei los calló de un grito.
—¡Ya silencio! —gritó—. Bien, abran su libro en la página cincuenta.
Y todos hicieron caso a la orden dada, mientras que yo intentaba parecer normal, a pesar del dolor en mi muñeca.
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El timbre sonó, indicando que las clases habían terminado.
Todos, incluyéndome, salimos del salón apresuradamente al escuchar el "sonido milagroso" (así le llamaban todos al timbre, yo solo me adapto). Todos con un objetivo diferente al mío; salir de aquella cárcel, como todos le llamaban a la escuela. Mientras que yo, simplemente salía para ir a algún lugar y conseguir hielo para poner en mi muñeca.
Estaba en la salida del colegio, escondiendo mi muñeca en mi casaca, en parte por el frío y en parte porque no quería que nadie viera el moretón que tenía ahí. Me puse la capucha de mi casaca blanca, escondiéndome; escondiéndome del mundo a mi alrededor, de la cruel realidad que me rodea. Pues sí, el mundo me da miedo, lo admito. A veces desearía no despertar nunca más en las mañanas, fundirme para siempre en mis sueños, mientras duermo, tranquila.
Pero no pasará. Y eso lo he aprendido con el paso del tiempo.
Comencé a caminar en dirección al parque, pues para mí, ahí estaré segura. Me compraré un agua helada en la tienda del señor Kishimoto, me la pondré en la muñeca y todo estará bien, mientras veo a la gente ser feliz. Así ha sido siempre, ¿por qué tendría que ser diferente ahora?
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Llegué al parque, y sin mirar a otro lugar, me dirigí a la pequeña tienda del señor Kishimoto, ubicada en justo al frente al lugar verde que esquivé. Iba apurada, pues ya me dolía demasiado, y a pesar de estar familiarizada con el dolor, no es muy grato sentirlo a cada momento, sin hacer nada para evitarlo.
Llegué a la tienda, entré y me dirigí a una de las heladeras que contenían gaseosas, agua, etc. Saqué una botella de agua, asegurándome de que estuviera fría; lo estaba. Perfecto.
Me acerqué hasta la caja para poder pagar el agua. No vi al señor Kishimoto. ¿Dónde estaría? Yo adoro a ese señor, así que por eso mi preocupación. El señor Kishimoto siempre ha sido muy amable conmigo, tanto que a veces, cuando me urge algo con el que no tengo el suficiente dinero para comprarlo, me lo da como un regalo, o me lo fía. El señor Kishimoto me ha ayudado mucho, incluso más que mis propios padres.
Por eso, ahora, que veo que no está en ningún lado, la preocupación ha empezado a hacerse presente.
Dejé la botella en la mesa, y apoyé mis manos en ella, mirando alrededor, esperanzada de encontrar con la mirada a Kishimoto-san.
—¡Mierda!
Esa maldición la hizo saltar.
Me asomé por debajo de la mesa de la caja registradora, apoyándome en ella. Grande fue mi sorpresa al encontrarme con una cabellera rubia.
—Eh… ¿hola? —dije dudosa.
El dueño, o dueña, porque no estaba segura de qué sexo era, ya que el cabello lo tenía amarrado a una colita de no más de diez centímetros, alzó la cabeza, mirándome frente a frente. Pude observar sus ojos azules, llenos de brillo. Muy diferentes a los míos.
—¡Hola! Perdona—me dijo, parándose al instante y haciendo que, ahora, tuviera que mirarlo hacia arriba. Era mucho más alto que yo, considerando que yo era una enana con todas las letras.
—Hola…—dije, ahora sí, de una forma más educada.
—¿Qué se te ofrece?
—Tú no eres Kishimoto-san—confirmé, ignorando su pregunta.
—No, no lo soy. Pensé que estaba claro pero…—me dijo, alzándose de brazos y de una manera sarcástica. ¿Tengo que reírme, o sonreír? ¿Eso lo haría feliz? —. Kishimoto es mi tío. Ahora está ocupado, y me ha dejado a mí a cargo. ¿Qué se te ofrece?
Ignorando otra vez su pregunta, dije:
—¿Qué está haciendo?
—No lo sé, simplemente me dijo que lo reemplazara por unas horas—me explicó, mirando al techo pensativo—. Ahora sí, ¿me puedes responder la pregunta? —por su tono de voz, puedo jurar que está un tanto molesto.
—¿Cuánto está el agua? —pregunté, intentando de ignorar su molestia.
—100¥. ¿La comprarás?
—Por algo estoy preguntando el precio—le dije, devolviéndole el tono sarcástico que usó anteriormente. Empecé a buscar el dinero en mi mochila, con mi mano derecha (la muñeca de la izquierda aún me duele), teniéndola que sacar de mis hombros y apoyarla en la mesa.
Se quedó callado. ¿Se habrá enojado? Espero que no.
Saqué el dinero de mi mochila y pagué el agua. Todo en silencio, solo el sonido de mi respiración era lo que podía escuchar. La de él no llegaba hasta mis oídos.
Me dirigí hasta la puerta de salida, sin despedirme; él tampoco lo hizo. Simplemente diciéndonos adiós en silencio, sin miradas, sin palabras, sin nada, un simple "adiós".
Ya afuera de la tienda, saqué mi mano escondida en los bolsillos de mi casaca. La observé. Tengo un moretón feo. Suavemente, coloqué el frío que me daba la botella helada de agua sobre mi muñeca, sintiendo una sensación reconfortante al sentir algo helado contra mi zona herida. Cerré un momento los ojos, sintiendo el dolor; pues, aunque se sintiera bien, eso no quitaba que doliera un poco, pero, claro, un dolor soportable. Demasiado soportable y simple para mí.
Sin quitar la botella de agua de mi muñeca, empecé a caminar al frente, en dirección al parque. Ahora me sentaría bajo la sombra de un árbol de Sakura, me pondría mis audífonos y me perdería en el mundo, en mi mundo de fantasías, aquel donde todo es perfecto para mí.
Ingresé al parque, pudiendo encontrarme con una gran cantidad de personas. No tantas como en la mañana, pero igualmente muchas. Niños jugando, jóvenes jugando con sus canes, parejas compartiendo su amor, ancianos alimentando palomas… todo eso y más hacían las personas ahí, personas felices. Yo quiero ser como ellos, por eso finjo siempre una sonrisa, pues ellos están sonriendo y parecen felices pero… ¿por qué yo no me siento feliz?
Voy hasta un árbol y me siento bajo su sombra, sintiendo el césped tocándome y el tronco del árbol en mi espalda. Tuve que dejar la botella un momento, pues empecé a buscar mis audífonos y mi celular en mi mochila. Cuando los encontré me los coloqué, elegí una canción al azar y volví a tocar mi muñeca con la botella fría.
Irónicamente, la canción que elegí era "Twagoto Speaker", de una cantante que admiro mucho.
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Abrí los ojos, asustada. Miré a mi alrededor, intentando recordar dónde estaba y con quién. Me encontré con unos tiernos ojitos verdes que me miraban, curiosos.
—Onee-chan, ¿no irás a tu casa? —me dijo la dueña de aquellos ojos verdes. Una pequeña niña, muy tierna, estaba frente a mí, con su mano en mi hombro y lamiendo una paleta.
Lolita…
—¿Eh? —dije, sin recuperar por completo el conocimiento. Al instante agregué—: Pequeña, sí volveré, dime, ¿me podrías decir la hora?
—Son las 7:00 PM—me dijo con voz tierna y aguda.
Vaya, se me hizo tarde. Igualmente, no importaba mucho, pero no me gustaba estar en la calle por la noche.
—Gracias—le agradecí a la niña, con mi sonrisa; la falsa, la de siempre.
—De nada.
Guardé mis audífonos junto a mi celular en mi mochila, agarré el agua, que estaba a una distancia corta de mí (seguro se me cayó de las manos cuando estaba dormida), y me di cuenta que ya no estaba tan fría como antes, pero que aún estaba fresca. Me levanté, ante la atenta mirada de ojos verdes de la niña. Me despedí de ella con mi sonrisa falsa y empecé a caminar para irme a casa.
Y cuando salí del parque, cuando crucé las rejas, sentí que unas manos me agarraban de la cintura y me atraían contra sí.
Me asusté, pero no dije nada.
—Hola, pequeña—me dijo una voz ebria. Horrible.
Tenía miedo de voltear, pues ya sabía con lo que me encontraría: un alcohólico pervertido que acosaba a las jovencitas. Su olor a alcohol y sus palabras me lo dejaban en claro.
—Suélteme—pedí, en tono firme.
—¿Por qué? No quieres divertirte un rato…—me dijo contra el oído, con palabras entreveradas. Qué asco, podía sentir su aliento a alcohol. Algo repugnante.
Al ver que aquel idiota no tenía intenciones de soltarme, le pisé el pie fuertemente. Ante el dolor, me soltó, gimiendo adolorido y tocándose el pie con ambas manos, quedando, yo, automáticamente liberada. Aproveché esto para salir corriendo hasta el lugar más cercano: la tienda del señor Kishimoto.
—¡Vuelve aquí, maldita mocosa!
—¡Nunca, pedófilo!
Y seguí corriendo.
Cuando ni siquiera había llegado al otro lado de la acera, sentí sus pasos detrás de mí, así que aceleré el paso, corriendo más rápido. Me sentí más segura al estar frente a la puerta de la tienda de Kishimoto-san, pero no perdí tiempo y entré en ella, corriendo hasta cualquiera de los pasillos y agachándome, para poder esconderme de la visión de aquel pedófilo ebrio.
Di un respingo cuando sentí una mano en mi hombro, y casi le doy un codazo si no hubiera escuchado su voz.
—¿Se te perdió algo?
Era aquel chico, el sobrino de Kishimoto-san y el que me vendió el agua hoy.
Extrañamente, me sentí algo aliviada al tener a alguien cerca de mí. Sería fácil contarle todo y pedirle ayuda, peor lo preocuparía, y eso significaría que no sonreiría.
Lo miré, teniéndome que voltear.
—N-no, nada, solo pasaba por aquí y…—dije, pensando en qué responder.
—Y decidiste agacharte en uno de los pasillos como si te estuvieras escondiendo—su voz sarcástica me decía que no me creía un bledo—. ¿Qué te pasa? —insistió.
Cuando estaba a punto de responder, el ruido de la puerta de entrada de la tienda me hizo ponerme alerta, así que otra vez miré hacia el frente y, cuidadosamente, me asomé a mirar, pudiendo observar que aquel hombre ebrio estaba en la entrada y mirando hacia todos lados, seguramente buscándome. No pienso dejar que me encuentre.
—¡Mocosa, sal y se buena niña! —gritó el estúpido, con voz simplemente ebria. No saldré, no si está él ahí.
Sentí que alguien me volteaba hacia atrás.
—¿Qué pasa? ¿Tienes problemas con el ebrio? —me preguntó el sobrino de Kishimoto-san, mirándome fijamente y en un susurro. Quiero decirle, pero no puedo. No sonreirá.
Mi silencio, al parecer, él lo tomó como una respuesta.
Se levantó, dejándome sola y con miedo, además de curiosidad. Quise detenerlo, decirle que no ocurría nada y que no había visto nunca al tipo, pero no pude hacer nada porque se alejó de la parte en la que yo estaba, de mi escondite. Si salía, el tipo ebrio me vería, y no quería eso. Pero tampoco quiero que aquel chico de ojos azules salga lastimado por mi culpa. Yo solo… solo quiero que la gente sonría.
—Amigo, ¿se te ofrece algo? —escuché que preguntaba el chico. No me atrevía a mirar, por lo que tenía que confiar ciegamente en mi sentido del audio.
—Tú no me importas.
—Si has entrado a la tienda, es porque quieres algo.
—Ya, cállate y respóndeme—le ordenó el cerdo con voz fastidiada. Si supiera que el que fastidiaba era él—. ¿Dónde está la mocosa que entró aquí?
—Se fue, salió por la puerta trasera y después no sé a dónde se habrá ido.
La voz del chico sonaba tranquila…
—Muévete.
Puedo jurar que el ebrio lo empujó un poco para luego salir por la puerta trasera. El ruido me lo confirma.
Temerosa, me puse de pie, asomé mi cabeza y vi al extraño chico apoyado en la mesa donde está la caja registradora.
—Bueno, yo soy Len, Len Kagamine, ¿y tú?
Notas de Autor:
¡Hola! He vuelto con una nueva historia, y esta vez de los hermano Kagamine :3
Les confieso que hace mucho que quería hacer algún Long-fic de estos dos, pero estaba (Y aun lo estoy) tan ocupada con "¡¿Me voy a casar?!" y con "Sakura" que nunca se vio la oportunidad. Así que se podría decir que este es mi primer Long-fic en esta categoría, Vocaloid.
Ante este hecho (primera historia RinxLen), he decidido dedicárselo a una gran, gran persona… ¡ShineBaka! Esto es para ti :3 TODO, es para ti, así que espero que te haya gustado este capítulo :D
Y, para terminar, les digo que tal vez tarde en publicar el siguiente capítulo, pues tengo que actualizar otras historias y demás ^.^
¡Nos leemos!
*´¨)
(¸.•´ (¸.•` ¤ Nagisa Del Mar
