*CAP.4: "ESTOY CONTIGO"*

PEPA

Un par de días después, las miradas recelosas por parte de Silvia, y curiosas por parte de Sara y Paula ( Aunque con estas ya había hablado del tema de Duna, enterándose así Sara de la farsa del trío ) aún seguían sucediéndose. Durante esos dos días, quedé con Duna a escondidas por las noches... me moría de ganas de estar a solas con ella, contarle lo que me había pasado hasta entonces, que me contara lo que le había pasado a ella... hacía mucho que no nos veíamos, aunque todo este tiempo habíamos mantenido contacto vía móvil.

En poco tiempo le había cogido mucho cariño a Duna, a pesar de vivir en ciudades diferentes, y de las circunstancias en las que nos conocimos... aunque quizás fueron esas circunstancias, las que nos hicieron sentir una conexión especial. Me alegré de que lo suyo con Ruth ya hubiera terminado... aunque sabía que la quería, también sabía que eso era lo mejor para ella, ya que Ruth la había destrozado durante toda su relación. Duna estaba perdidamente enamorada de esa chica, pero a esta última sólo le movía el sexo, y si era con más personas a parte de con su novia, mejor... como ya quedó demostrado la última noche de aquella excursión a la nieve. Tal vez por todo esto, me sentía tan protectora con Duna, aunque ella fuera mayor que yo... y ahora iba a ser mi profesora, aunque tan sólo por un par de meses, ya que estaba en prácticas.

Aquellas dos noches me dediqué a ponerle en sobre aviso de todos los alumnos de la clase, sobre todo de Verónica. Le aconsejé que tuviera cuidado con aquel mal bicho, capaz de todo para conseguir sus intereses. Ella se preocupó mucho por este tema, y me prometió ayudarme como pudiera desde su rol de profesora, y desde el de amiga también... pero este último, tendría que ser a escondidas.

Ese día, en clase, estaba más aburrida de lo normal, aunque por lo menos, esa mañana no tenía que aguantar las miradas asesinas de Silvia, que no sabía por qué, no había venido a clase aún... me preocupé un poco, Silvia nunca faltaba... pero seguramente tendría alguna justificación lógica. Aitor yacía totalmente dormido a mi lado, en su mesa. Sonreí al verle. Me encontraba haciendo garabatos en una hoja de papel mientras Soraya explicaba, y Duna daba vueltas por los pasillos de clase. Se situó detrás de mí, de pie... pegada a la pared. Tuve tentaciones de mirarla, pero pensé que sería mejor que no. Unos minutos después, sentí que hacía algo en la capucha de mi chaqueta, y luego volvía a la tarima, desde la que explicaba Soraya.

Extrañada, metí mi mano en la capucha para ver que me había hecho. Noté el tacto de un papelito... lo saqué disimuladamente, y medio escondida, lo leí:

" Tu amigo tiene suerte de poder estar sentado... yo también me estoy durmiendo, de ahí las vueltas que me estoy pegando.. Voy a hacerte un regalo especial, dándote información privilegiada; He podido oír por boca del "señor director" que cierta "amiga tuya " está en casa con bastante fiebre... solita... y hasta ahí puedo leer ;) No se lo digas a nadie. "

La sonreí, y ella hizo un amago para responderme desde su sitio. Cuando sonó el timbre salí disparada, dispuesta a saltarme todas las clases restantes de la mañana para ir a ver a Silvia... sabía que no me iba a querer ni ver, y que montaría un pitote según me viera entrar por su ventana... pero quería asegurarme de que estaba bien... definitivamente me había vuelto una cursi. Cuando pasé por el lado de Duna, y nadie miraba, le tiré un beso en señal de agradecimiento, y ella me guiñó un ojo. Me escabullí de allí todo lo rápido que pude... para evitar preguntas de mis amigas, y también para evitar que Don Lorenzo me pillara. Fui en moto hasta casa de Silvia, aparcándola como siempre, en una esquina alejada de la puerta para que nadie la reconociera.

Miré hacia arriba... tomé aire, me preparé para el guantazo que casi seguro acabaría recibiendo, comprobé que no pasaba nadie por la calle que pudiera verme colándome en una casa ajena... y subí. Al llegar al balcón, tuve que agacharme para entrar por la ventana, la persiana estaba cerrada a medias, no permitiendo entrar mucha luz... pero sí la suficiente como para poder ver a Silvia en la cama, tiritando... haciendo que mi corazón se encogiera y las dudas de acercarme se disiparan. Me acerqué despacio, por si estaba dormida, no quería despertarla. Cuando estuve lo suficientemente cerca, me agaché, quedándome de cuclillas justo al borde de la cama, con su cara muy cerca. Tenía los ojos cerrados, y tiritaba mucho. Toqué su frente.

Pepa-Estás ardiendo...( Preocupada )

Silvia emitió algunas palabras... que no pude entender. Y las que pude entender, no tenían sentido.

Pepa-Genial... deliras... bueno, así al menos no te enterarás de que estoy aquí, y después no podrás matarme ( Sonriendo, pero aún preocupada )

Me acerqué con miedo de ser descubierta... aunque sabía que en el estado en el que estaba, no se iba a enterar de casi nada. Besé su frente y acaricié su cara. Estaba cubierta hasta arriba de mantas...

Pepa-Vaya médico que tienes por padre... ( Irónica )

Durante mi infancia y parte de mi adolescencia, había cuidado muchas veces de mi madre. Había sido una persona que tendía mucho a ponerse enferma... suspiré al recordar eso. Así que tenía algunos conocimientos sobre enfermedades... pero, la fiebre era algo que todo el mundo debía de conocer! Cada día flipaba más con su padre. Aparté las mantas que cubrían su cuerpo. Al parecer, Don Lorenzo pensaba que al tener fiebre lo más sensato era taparse hasta arriba, sin embargo, una vez que la fiebre se ha establecido y comienzas a sentir calor, cubriéndote debajo de una pila de mantas, lo que hará es que el calor se mantenga, y así Silvia se sentiría aún peor, sudar mucho para que la fiebre se vaya, no es bueno, ya que subiendo más aun la temperatura de su cuerpo, Silvia empeoraría. Para que esto no sucediera, tenía que quitarle las mantas de más, y dejarle sólo con la sábana. Volví a tocar su frente... tenía una temperatura muy alta. Miré por la habitación para encontrar algo que me pudiera ayudar a remediarlo, pero como no encontré nada, tuve que bajar a la planta de abajo.

Bajé las escaleras y me encaminé hacia la cocina. Busqué un paño y lo humedecí con agua fría... tuve cuidado de dejar todo como me lo había encontrado, sólo me faltaba que Don Lorenzo la montara pensando que le habían entrado en casa. Volví a subir, y encontrándome a Silvia en la misma posición que antes, y ausente... coloqué el paño húmedo en su frente. Eso ayudaría a que la fiebre bajase. Supuse que ya habría tomado algún medicamento, así que en eso no podía hacer nada. Me senté en el suelo, observándola, y manteniendo el paño en su frente, para retirar las gotitas de agua que a veces resbalaban por su cara. Después de murmurar algunas palabras inteligibles, pude entender :

Silvia-Tengo frío... ( Haciendo pucheros )

Su estado y la voz medio quebrada me inundó de lástima.

Pepa-Ya lo sé... pero no puedo taparte, te pondrás peor ( Acariciando su cara )

Silvia-Ven...

Me buscó con sus manos, a pesar de que sus ojos seguían cerrados. Dudé por unos momentos si hacerlo o no... si llegaba a darse cuenta de a quien le estaba pidiendo eso... suspiré. No se iba a enterar, y yo no podía evitar desearlo con toda mi alma, así que lo hice. Con cuidado, me puse a su lado y nos tapé a las dos con la sabana. Me mantuve alejada de ella... supongo que intentaba respetarla, ya que sabía que de estar consciente, no querría que me acercara a ella... pero, de poco sirvió. Se dio la vuelta, y se abrazó a mí buscando calor, tiritando... y yo, no pude evitarlo. No pude evitar abrazarla, cubrir todo su cuerpo con el mío para librarle del frío que la invadía... tampoco pude evitar sentirme inmensamente feliz en ese momento. Sabía que en realidad eso no era lo que Silvia quería, pero me daba igual... quería cuidarla, protegerla. Volví a colocar el paño sobre su frente, que al ponerse de lado, se le había caído. Saqué mi móvil y miré la hora... aún era pronto, tenía unas cuatro horas hasta que Don Lorenzo llegara a casa. Me puse la alarma por si acaso.

Silvia-Tengo frío... ( Repitió )

Pepa-Tranquila... estoy contigo... te pondrás bien.

La abracé más estrechamente. Noté que tiritaba mucho menos que antes. Intenté reconfortarla acariciando su pelo suavemente... su espalda, su cara... perdiéndome en ella y su precioso rostro... y así, ambas nos quedamos dormidas.

…..

Unas horas después, me desperté con el ruido de la alarma. Silvia aún seguía dormida. Después de retirar el paño de su frente, pude comprobar que la fiebre había bajado considerablemente, y ya no tiritaba. Me levanté con cuidado de la cama, y la tapé. Bajé a la cocina para volver a colocar el paño donde me lo había encontrado... me daba lástima quitárselo, pero si Don Lorenzo de repente lo veía en su frente, sin haber sido él quien se lo hubiera puesto, sospecharía... lógicamente. Subí una última vez para despedirme de Silvia, aunque no con palabras. Me acerqué a ella y deposité un suave beso en sus labios... algo que había deseado hacer todo este tiempo. Me quedé unos segundos mirándola... y me hubiera quedado así eternamente, a su lado, cuidándola... pero tenía que marcharme. Decidí hacerlo por la puerta... si lo hacía por la ventana, con la luz del día, alguien podría verme, ya había tenido mucha suerte de que no me hubieran visto al entrar. Me asomé por la puerta, mirando para todos lados... y cuando vi que era el momento, salí discretamente, a salvo... o eso pensaba yo. Una mirada inquisitiva me vigilaba desde el otro lado de la calle... y eso, acarrearía graves consecuencias.