Capítulo 3 –En lo alto de un árbol
-¿Ethan? –Escuchaba el llamado -¿Ethan? ¿Estás ahí?
Ethan tan sólo caminaba; era un camino empinado que subía gracias a unas escaleras de piedra que habían en medio de la calle. Era de noche, aunque el cielo tenía un leve toque morado: podía ver la luz de ventanas de casas en el cielo pese a que no podía distinguir las construcciones; no podía recordar la última vez que había visto aquellas luces antes de llegar al Hospital Saint Mary: se remontaba a sus años con su hermana viviendo entre militares.
Continuaba subiendo, mientras seguía siendo llamado: eventualmente llegó a unos departamentos, aunque no notó bien cómo había llegado a tal lugar, y tras pasar puerta por puerta finalmente llegó a su destino: el departamento 811. Las paredes estaban gastadas y la iluminación era un tanto anaranjada debido a que el bulbo de luz estaba sucio. Golpeó la puerta y ésta se abrió sola, pudiendo ver a una anciana en una silla mecedora en medio de la sala de estar: no hablaba ni se movía, pero la silla estaba en un vaivén constante sin hacer mucho ruido. Ethan comenzó a acercarse mientras le tomaban de la mano para empujarlo.
-¡Ven. Ethan!
Entonces despertó.
Giró su cabeza para darse cuenta de en dónde estaba: era la parte trasera del camión en el que viajaba: podía ver a Ray y a Walter en el otro extremo, debido a que sus ojos estaban acostumbrados al bajo nivel de luz, y pese a que no sabía qué hora era exactamente, notó que no tenía sueño, por lo que se levantó. Era la segunda noche consecutiva en que pasaba.
-No creo que esta vez tenga suerte encontrando un ciervo –se dijo, una vez afuera del camión
Era ciertamente de noche todavía, sin señales de que el sol fuera a salir pronto. Revisó su reloj de bolsillo: cuatro de la mañana. Era probable que muchas noches así le pudiera causar problemas, pero en ese momento sólo sabía que de volver al camión estaría hasta el amanecer sin poder dormir.
-¿En qué momento dejé de poder dormir? –se preguntó
Entonces tuvo un leve recuerdo: un sueño de una playa en la noche: ni siquiera podía recordar en ese caso la última vez que había estado en una, probablemente remontándose a su infancia más temprana, cuando su mundo todavía era uno normal sin responsabilidades. Como pequeñas conexiones con sueños pasados que no podía recordar completamente, teniendo sólo fragmentos: no era la segunda noche consecutiva en que tenía problemas de sueño, aunque sí era la segunda en el que era más claro que los tenía.
Llevaba así casi un mes, y sabía perfectamente por qué.
Sintió algo acumulándose en su garganta, en parte por tristeza y en parte por rabia.
No podía recordar, porque le dolía: tenía que avanzar, se decía. Tenía a un grupo a su cargo y no podía decepcionarlos; confiaban en él, pero no sabía cómo sentirse a tener que hablar más sobre su vida con ellos. Claire era el caso más claro, puesto que ya había hecho un par de aproximaciones.
No quería entrometerla en sus problemas.
Entonces recordó otra cosa: fue al camión y tomó su mochila para sacarla afuera, y desde ella pudo sacar una ballesta negra: el arma preferida de Francis, o William, su anterior líder en el grupo de cazadores en el que había estado por varios años.
Sabía por qué se había llevado ese arma: para demostrar que había superado a Francis, aun cuando le molestara y pudiera taparlo pensando en que era en honor a la persona que había sido como William: las emociones son simplemente humanas, y no podía negar su egoísmo, le doliera lo que fuera.
-Es simplemente humano –podía oír
Fue entonces que notó que alguien estaba a su lado desde hace un tiempo y que había pasado completamente desapercibido para él: Jackie, quien ya mostraba su traje de luciérnaga especial para un miembro canino. No era precisamente un animal entrenado de excelencia, pero podía mantenerse en calma a tal punto de ser un perro que puede hacerse no notar.
Ethan sólo lo miró, y soltó una pequeña sonrisa.
-Antes a los John les solían decir de apodo Jack, y tú te llamas Jackie: ¿será una gran coincidencia?
Fue entonces que notó que alguien los observaba, y que no era un animal: levantó la vista y pudo ver que entre unos arbustos se podía ver una silueta pequeña.
-¿Quién está ahí? –preguntó de inmediato, con una voz intimidadora, sacando su pistola de inmediato
-No dispare, por favor –escuchó entonces desde el arbusto –por favor
Entonces pudo ver una figura con los brazos en el aire en señal de paz salir; era un joven de unos dieciocho años, que se veía un tanto nervioso.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres?
-¿Ustedes son Luciérnagas, no? –le preguntó el joven
Recordó entonces que los camiones tienen el símbolo del grupo en grande rayado a ambos lados: no era para nada la forma de ir encubiertos pero a la vez la identidad del grupo hacía que no los borraran.
-Sí –respondió finalmente Ethan –somos los Luciérnagas, ¿qué quieres?
-¿Ustedes ayudan a la gente, ¿no? ¿Me equivoco?
De a poco el tono se había cada vez más indefenso, a punto tal que Ethan terminó bajando su arma, notando que no había mucho que temer.
-Sí, ¿tienes algún problema?
-Es mi padre… tiene fiebre muy alta y no puede moverse, ¿tienen algo para que se mejore? Por favor, lleva así días y no se mejora
Por qué siempre tienen que ser padres e hijos, se preguntó en una pequeña parte de su mente.
-Si es fiebre normal puedo darte algo, pero antes déjame verlo
El joven mostró una cara de alegría tal que parecía muy poco probable que fuera todo una mentira: aun así Ethan fue con su pistola lista para ser usada, incluso cuando decidió ir solo, sin despertar a ningún otro Luciérnaga.
-Gracias por venir, señor…
-Ethan –le respondió
-Mi padre fue atacado por cazadores y quedó inconsciente en plena intemperie; cuando logré encontrarlo estaba grave y no podía moverse bien
-Tiene suerte si sólo quedó inconsciente
-Por algún motivo sólo le quitaron la comida y agua que llevaba: no le hicieron tanto daño… tomando en cuenta que pudieron simplemente haberlo matado
-Quién lo diría: quizá no todos los cazadores gustan de matar
-Aun así no sé qué habría sido de él si no hubiera encontrado medicina… muchas gracias
-Tenemos cargamento de sobra, dado que no hemos tenido enfermos en el grupo, así que no te preocupes
-Quizá es pedir mucho, pero ¿puedo después ver a Marlene? Honestamente pensé que la despertarías en vez de venir solo
Obviamente hubo una pequeña pausa, aunque no lo suficientemente larga como para darle al joven alguna señal de que algo andaba mal con esa pregunta.
-Lo lamento, pero ella es reservada, y además conmigo basta para llevar esta medicina
Recordó inmediatamente el acuerdo respecto a la información de la muerte de Marlene: nadie podía saberlo fuera del grupo, sin excepción alguna.
Habían recorrido mucho, pero finalmente entre el bosque llegaron a una cabaña pequeña en medio de la nada: probablemente antes de la infección había sido el hogar de un ermitaño que vivía lejos de todo rastro de sociedad, aunque ahora era sólo el hogar pasajero de un padre enfermo y un hijo que buscaba ayudarlo.
No obstante al entrar pudo notar que algo andaba mal, puesto que el joven al entrar inmediatamente vio a su padre que reposaba en el suelo, notando que su pecho no mostraba signos de respiración y tenía un pañuelo sobre la cara.
-¿Papá? ¡Qué pasó!
El joven corrió inmediatamente para quitarle el pañuelo, sólo para ver que tenía una vara de metal que a través del ojo izquierdo se enterraba hacia su cerebro: la sangre que no estaba totalmente seca comenzó a escurrir tras quitarlo, causando que el joven retrocediera unos pasos en total estado de shock.
-Trajiste a sólo uno –escuchó entonces desde una ventana
Pudo ver a un sujeto de unos treinta años, que le apuntaba con una pistola con una cara de decepción o incluso indignación.
-Tu padre nunca sirvió de nada, y ni enfermo pudo ser una buena carnada, así como tú no pudiste traer a tres o cuatro: me das asco
Pudo notar que desde la puerta entró otra persona de más o menos la misma edad, también empuñando un arma y apuntándole directamente a Ethan.
-Nunca sirvieron dentro del grupo, y ni siquiera ahora pueden ser de utilidad
-¡Sólo queríamos compañía! –les gritó el joven -¡No queríamos estar solos! ¡Dijeron que viajaríamos juntos!
-Estamos vivos porque no somos como tú o tu padre –le respondió el de la ventana -es tan simple como eso
Después de eso el de la ventana le dio un disparo en el pecho al menor, mientras que Ethan se veía en una clara emboscada destinada idealmente a él más otros Luciérnagas que hubieran podido acompañarlo si él hubiera decidido despertarlos tras ver al chico.
Pero entonces tomó el cuerpo del joven, que aún estaba de pie aunque a punto de caerse, y lo arrojó a la ventana donde estaba el primer sujeto. Alcanzó entonces a sentir el dolor y el sonido de la bala que entró en su antebrazo izquierdo al dispararle el tipo de la puerta, pero pudo reaccionar a tiempo para alcanzar a apuntarle directo a un pulmón y dispararle, causando que inmediatamente cayera al suelo.
Acto seguido volteó para justo ver cómo el cuerpo del joven caía al suelo para dejar a la vista al tipo de la ventana: rápidamente levantó su pistola mientras el cazador no tenía tiempo de hacerlo al mismo ritmo tras quitarse al menor de encima.
-¡Tranquilo! –le gritó entonces -¡Me tienes! ¡Me tienes!
Soltó entonces su pistola y la tiró al suelo de la cabaña, teniendo las manos en alto desde la ventana.
-¡Me tienes! ¡No dispares!
Pero inmediatamente tras decir eso comenzó a correr tomando ventaja de que sólo se le veía desde la ventana. Sin embargo aún así, Ethan consiguió dispararle en una pierna mientras el cazador corría, pudiendo escuchar el grito de dolor y el sonido del cuerpo desplomarse en el suelo lleno de pasto. Desde la ventana le dio un segundo disparo en la otra pierna para dejarlo en el suelo permanentemente.
Tomó entonces el cuerpo del primer cazador que se desangraba por la pierna y entonces lo arrastró hasta donde estaba el otro en el suelo, tras darse cuenta que el joven ya no respiraba; había sido un disparo al corazón.
-¡Piedad! –le gritaba el cazador -¡Déjame ir!
Ethan dejó el cuerpo del que se desangraba a su lado y luego procedió a agacharse para estar a su nivel, entre los gritos de dolor y temor que podía escuchar.
-¿Aceptaron a ese chico y a su padre sólo para tomar provecho de ellos?
-¿Qué mierda querías que hiciéramos? ¡Normalmente los habríamos matado tras encontrarlos! ¡Eran sólo una carga para nosotros!
-Y dijiste que ustedes estaban vivos porque no eran como ellos
-¡Por favor! ¡Todos sabemos que si quieres sobrevivir tienes que estar dispuesto a hacer de todo!
En ese momento Ethan notó que el sujeto se apresuró a meter su mano en un bolsillo para sacar algo; no pensó en absoluto y le disparó en el brazo justo cuando tenía la mano dentro. Entre el dolor por el disparo pudo ver que había sacado una lata de comida.
-¡Por favor no dispares más! –le gritó el sujeto mientras sufría por el dolor –es comida, por favor… acéptala y déjame ir… por favor
Fue entonces que Ethan se puso de pie, viéndolo hacía abajo, como mirando a un insecto o incluso algo peor.
-Lo lamento –le dijo, mientras le apuntaba con su pistola –pero en este mundo hay gente que más que merecer morir, tiene que morir
Pudo escuchar un último "¡no!" por parte del cazador, antes de que Ethan le diera un disparo en el corazón. Era claro que no le iba a disparar en la cabeza para una muerte instantánea, pues no se la habían dado al chico que lo había llevado a ese lugar. Pudo escuchar los sonidos que el sujeto emitía mientras se desangraba lentamente, a la vez que tomaba la lata de comida, notando que el sujeto tenía más, tal y como había dado a entender; todo esto mientras aún estaba con vida.
Reunió lo que quería, y luego partió de vuelta: era un largo camino a los camiones donde estaban los demás; tanto que era bastante probable que no hubieran escuchado ningún disparo en absoluto, y que siguieran durmiendo tal y como cuando él se había ido.
Iba con latas en ambas manos, debido a que no había llevado mochila alguna, con la medicina en un bolsillo: volvería a las reservas de los Luciérnagas, como si nada hubiera pasado jamás, como si esas cuatro personas nunca hubieran existido.
Él era la prueba de que habían existido, pero sinceramente no estaba tan interesado en preservar ese recuerdo, como cuatro vidas que se pierden en la corriente, como tantas otras.
Finalmente cuando ya iba llegando notó que el sol estaba comenzando a salir, marcando el fin de la noche e iluminando el cielo, llevándolo a un color cercano al celeste, aunque más oscuro.
Pudo ver a Ray y a Jonathan fuera; también pudo ver a Jackie con ellos, quien caminaba a ritmo estable en torno a ellos, como si se lo hubieran ordenado, aunque moviendo la cola en señal de que no se sentía para nada incómodo haciendo eso.
Entonces vio a Claire que salió del camión contiguo, con su pelo rojo un tanto revuelto tras recién haber despertado.
-¿Dónde estabas, Ethan? –le preguntó Jonathan –despertamos y no estabas por ningún lado
-Surgió algo que terminó siendo sin importancia –le respondió, sin dejar mucho a entrever
No les contaría nada; no podía, porque no era Ethan: era el líder de los Luciérnagas, una carga que había elegido tomar por ellos.
Pero sabía quién lo escucharía.
-Lo lamento, pero debo ir a dar una caminata: volveré en unos minutos.
-¿Qué? –le dijo entonces Claire -¿De nuevo? Pero si acabas de volver de una
-No es tan simple… fue por otras razones… no se preocupen, volveré luego
-¿Al menos puedo acompañarte?
De nuevo quería hacerlo, pero esta vez Ethan necesitaba el tiempo, más aún cuando ya una vez había tenido que ir con ella.
-No, lo lamento… pero prefiero ir solo esta vez
Pudo ver la cara de decepción de Claire, pero tan rápido como el impacto de su rostro disminuyó, Ethan comenzó de nuevo a caminar, aunque esta vez en otro sentido distinto al de la cabaña; esta vez simplemente caminaba hacia ningún lugar en específico, guiándose sólo por el cielo azul sobre él.
Estaba solo, escuchando sus pasos en el pasto y notando una leve brisa que hacía que cabello se moviera un poco: no estaba precisamente largo, pero medía lo suficiente como para moverse con corrientes muy fuertes.
Entonces recordó la voz de su sueño.
-Hoy maté a dos personas –dijo, con la cabeza baja
Levantó la cara, y entonces la vio.
Liz estaba sentada en lo alto de la rama de un árbol, viéndolo hacia abajo, con una leve sonrisa, aunque sus ojos no mostraban expresión alguna.
Llevaba una cola de caballo, unos pantalones gastados, y un chaleco antibalas.
A/N - Si alguien está siguiendo la historia, lamento mucho los tiempos entre capítulos; estoy encontrando poco tiempo para avanzar en el mismo. Agradezco de corazón cualquier review o comentario para ver cómo estoy avanzando, ¡gracias!
