Capítulo 4 -Luciérnagas
-¿Te sigue doliendo? –le pregunté a Ethan, indicando su brazo, una vez traspasamos a los chasqueadores
En la mañana cuando volvió de su paseo, el cual luego dio paso a otro, nadie notó que Ethan tenía un poco de sangre en el brazo; tuvo que volver nuevamente para notarlo y descubrir que tenía una bala.
-¿No había sido algo sin importancia? –le dije
-Me deshice de ellos –me respondió, notando que estaba un poco molesto con que me preocupara –no fue nada serio
Max es lo más cercano que tenemos a una médico en el grupo, así que ella se hizo cargo de su herida; es cierto que él decía que iba armado y que efectivamente logró defenderse, pero los demás me apoyaron cuando le dijimos que tenía que tener más cuidado: es nuestro líder después de todo.
Habíamos tenido que cortar camino por una estación subterránea, así que estábamos preparados para infectados: por suerte Ray y Walter localizaron a todos los que habían en la entrada, notando que todos eran chasqueadores: es cierto que son más letales que los corredores o acechadores, pero al perder completamente el sentido de la vista nos facilitan todo al darnos libre paso a usar linternas en esos lugares oscuros para guiarnos.
No obstante fue casi al salir de nuevo a la superficie que Ricardo se tropezó con los restos de una escalera de metal que estaba en el suelo; apenas lo oímos todos supimos lo que pasaría a continuación, por lo cual varios empezaron a correr inmediatamente, y me alegré al ver que Ethan casi instintivamente corrió hacia Ricardo para ayudarlo a ponerse de pie.
Es cierto que la llegada de Ethan fue una bendición para todos, pero pensándolo bien: estamos viajando contra viento y marea esperanzados: es casi como el viaje que hicimos con Marlene, lo cual por un instante me hizo pensar en qué pasaría si esto resultara mal, como aquel viaje. Esforzarnos y llegar hasta Tommy sólo para fallar allá.
Preferiría morir a pasar por eso de nuevo.
-Uno, dos, tres… -Ethan contaba al vernos salir por la escalera, para asegurarse de que no se quedara nadie atrás –cuatro, cinco…
Faltaba una persona, notamos; Ethan inmediatamente saltó por la escalera y pudimos escuchar que gritó el nombre: Karla, quien se había quedado atrás sin que nos diéramos cuenta mientras corríamos. Esperamos nerviosos por unos segundos, pero al rato vimos a Ethan ayudarla a subir por la escalera, para luego él subir y finalmente tirarla abajo para no ser seguidos.
-Eso estuvo cerca –dijo tras ver que todos estábamos fuera –intentemos que no se repita
Pude ver entonces que se tomó el brazo: todo ese esfuerzo le había causado dolor en su herida.
-Descansa por ahora, Ethan –le dije, indicando su herida; él sólo me vio y asintió
Pero todo había valido la pena, pues habíamos llegado al supermercado, y de seguro encontraríamos algo: con las noticias del avance de los militares muchos cazadores o campamentos están huyendo hacia el oeste o a las fronteras, dejando mucho atrás, lo cual nos da amplio espacio para encontrar las cosas que no se pudieron llegar: el supermercado era claramente antes la guarida de un grupo, puesto que desde lejos se podía ver que tenían lleno de letreros y avisos de alejarse: algunos estaban gastados por el sol mientras que otros se veían relativamente nuevos, pero el silencio sepulcral de la ciudad delataba la soledad del lugar.
El lugar era tal y como se esperaría en una ciudad en ruinas: el polvo formaba una pequeña alfombra en todo el suelo del edificio, y se podían ver hartos estantes de productos amontonados para servir de cubierta en tiroteos que nunca se llegaron a dar: uno podía hasta imaginarse el plan de acción que tenían los que antes vivían ahí al ver la posición de los estantes; unas escaleras mecánicas les servían para flanquear a los que atacaran desde la entrada, y un pasillo en el segundo piso les permitía atacar desde arriba por la espalda si avanzaban demasiado.
Pero de todos era Ethan el que estaba más pendiente de todo esto y me tomó tiempo darme cuenta del por qué: él había sido un cazador, así que era seguro que él también había tenido esos planes de defensa en caso de que personas fueran a intentar atacarlos. Probablemente veía en ese supermercado la guarida en la que él había vivido durante esos años: por lo que me había dicho no eran años felices, así que probablemente en ese momento recordaba todo eso con un gusto a amargura.
-Perdona la intrusión, pero ¿te recuerda a tus años como… cazador? –le dije, aproximándome de a poco
Él me miró, pero después de unos segundos, como si hubiera vuelto de sus recuerdos al oír mi pregunta.
-Sí –me respondió finalmente –vivíamos en un edificio de departamentos, éramos un grupo grande… vivíamos en Indiana en Pennsylvania… prácticamente la ciudad era nuestra…
-¿Qué… fue de tu grupo? –le pregunté, temiendo haberme pasado
Hizo una pequeña pausa, mientras observaba el lugar, como si yo no estuviera ahí
-Los maté en Boulder hace unos meses –dijo mientras seguía viendo el lugar; me respondía pero a la vez lo decía al aire –nos volvimos a encontrar ahí de todos lugares luego de que yo los dejé, y hubo un ajuste de cuentas… disculpa, en otra ocasión de contaré el resto si quieres
Tras decirme eso me hizo el gesto de que quería un poco de soledad, y empezó a caminar por su cuenta en el interior del supermercado, mientras nosotros buscábamos comida: los demás habían escuchado nuestra conversación, y habían captado que él necesitaba un poco de tiempo.
Fue entonces que recordé a Karla y cómo se había quedado atrás: de los once que quedábamos ella era la única que no era especialmente cercano a nadie de los demás; la conocíamos desde la muerte de Marlene, pero antes de eso ella era alguien reservada en el grupo. Me sentí un poco mal al pensar que por eso nadie notó que se había quedado atrás.
-Karla, ¿estás bien? –le pregunté, acercándome a ella amistosamente
-Sí… tan sólo tropecé estúpidamente mientras corríamos
-Todos cometemos un error de vez en cuando: lo importante es que saliste ilesa
-Si te soy sincera –me respondió rápido –aún no estoy muy convencida con todo esto… estoy aquí sólo porque todos quisieron ir, y yo me habría quedado sola en Salt Lake City
No había considerado esa situación: cuando Ethan nos habló de Tommy y de recuperar a Ellie todos se veían reanimados: no me di cuenta de que una persona en el grupo simplemente quería quedarse donde estaba. Había elegido quedarse ahí hasta secarse, y cuando se le presentó la oportunidad de partir nuevamente aún no había descartado esa opción.
-En parte te entiendo –le dije –no querer más, después del viaje que tuvimos que hacer a Salt Lake City en primer lugar… y todo para acabar como acabamos… pero hay que tener fe… sé que ahora no la estamos pasando terriblemente bien, pero estamos todos acá y ya verás: cuando encontremos a Hank y los demás todo mejorará
-¿Y si no llegamos con ellos? ¿Si caemos en el camino? Aún me siento afortunada de haber sobrevivido al viaje con Marlene
Lo quisiera o no, su punto no era precisamente inválido; el viaje con Marlene desde el oeste hacia la base había sido brutal y muchos habían caído, demasiados. La situación en Boston era una bomba de tiempo, y de haber seguido ahí los militares finalmente habrían acabado con nosotros, pero lo cierto es que la opción del escape a fin de cuentas tampoco había sido más que marginalmente mejor: soy afortunada de no haber perdido a Daisy o a Jonathan.
Pero al mismo tiempo me recordé el concepto que le había dicho.
-De eso se trata la fe, Karla; tenemos a las personas y tenemos el ánimo: te caíste en esa huida, pero Ethan bajó apenas pudo para ir por ti y asegurarte de que salieras bien… en este viaje nadie se queda atrás: no como la vez pasada
Fe que yo también debo tener. A veces olvido que nos estamos jugando la vida a diario en este viaje, aun cuando la meta es tan prometedora.
-¡Miren lo que encontré! –escuchamos entonces: era Ricardo
No era un grito preocupado así que todos los que lo oímos acudimos teniendo una idea de a qué se refería: tenía que ser algo bueno. Y efectivamente así había sido: pudimos ver que en un cuarto de oficina del lugar habían tarros de comida y agua recolectada a montones en un rincón: viendo el desorden del lugar uno podía deducir que originalmente había mucho más ahí, pero que quienes habitaban ahí habían tenido que irse llevándose la mayoría de provisiones, dejando esas atrás. Era como encontrar una mina de oro.
-Justo cuando estábamos empezando a preocuparnos por la comida: ya verán los demás cuando volvamos –Ricardo sonaba alegre, y en parte se justificada el orgullo de su hallazgo –¿podremos llevar todo en un solo viaje?
Fue entonces que Ethan llegó, como llegando en el momento justo para responder a su pregunta.
-Es mediodía recién así que tenemos tiempo para hacer dos viajes: prefiero hacer los dos para no ir incómodos: recuerden que tenemos que volver por la zona de chasqueadores y hay que pasar sin hacer ruido alguno: si vamos muy cargados un error nos puede costar caro: no podemos darnos el lujo de gastar munición en matarlos a todos si podemos pasar en silencio sin gastar una bala
Nadie en el grupo mostró signo de queja; era cierto que con dos viajes nos tomaría más tiempo y uno diría que también incrementaba el riesgo, pero bastaba que un chasqueador nos detectara para que más de alguno tuviera que dejar su carga para poder correr si llevábamos todo de una vez.
-¿Cómo estuvo el paseo, jefe? –le pregunté después de que todos empezaran a cargar sus mochilas, mientras Ricardo seguía buscando algún otro botín
-¿Jefe? –Me dijo, casi riendo –prefiero que me llamen simplemente Ethan: es como siempre me han llamado después de todo
-Es que verás –le dije, bromeando –aquí en los Luciérnagas existe algo llamado jerarquía…
-Yo elegí ser su líder, pero no soy ese tipo de líder
Es cierto que lo dije como una broma, porque así era en mi mente, pero recordé que para Hank y los demás eso aplica: no hubo nada formal después de la muerte de Marlene, pero probablemente los de su grupo le dicen líder, y allí sí aplica la jerarquía que teníamos antes: nunca conocí en demasía a Hank o Ron, que deben ser las cabecillas allá, pero no creo que se tomen tan a mal este trato ameno cuando nos vean.
Y eso me puso una duda: cuando nos veamos técnicamente tendremos dos líderes. Eso podría ser un problema.
Bueno, Ethan es indispensable después de todo e incluso Hank se dará cuenta de ello; supongo que entonces veremos una solución; Hank siempre fue visto como alguien modelo y agradable así que no creo que se causen problemas mayores.
Al final Ricardo encontró otra bodega con algo de provisiones, así que tuvimos que hacer tres viajes, terminando casi al atardecer pero dejando los camiones casi llenos: cuando Jonathan nos vio llegar con las mochilas cargadas hasta dejar marcadas las latas y botellas no pudo sino sonreír mientras jugaba a las cartas con los demás, mientras Jackie movía la cola al vernos de vuelta y Ed estaba en un balcón haciendo guardia.
-Parece que lo pasaron bastante bien por allá –me dijo Jonathan cuando descargamos la primera vez –creo que debí acompañarlos
-Mejor te lo hubieras llevado –dijo entonces Ed, bromeando desde su asiento –el condenado ha ganado todas las partidas: si estuviéramos apostando me habrías encontrado hasta sin ropa
-No te preocupes Ed –se apresuró Jonathan –si a Jackie le hicimos un traje estoy seguro de que algo habríamos hecho en tu caso
Ya en la noche hicimos una fogata y empezamos a disponer de la nueva comida adquirida ante el cálido fuego, todos reunidos en un gran círculo mientras los camiones estaban formados alrededor nuestro: incluso en ese momento no podíamos olvidar dónde estábamos y teníamos los vehículos puestos de forma tal para usarlos como cubierta en caso de que nos emboscaran: tal y como los cazadores del supermercado, y como Ethan en su vida en Indiana.
Él estaba casi en el lado contrario de la fogata desde donde yo estaba, comiendo junto a Karla y George, aunque no decía nada mientras los demás llevaban el ritmo de la conversación entre ellos. Podía ver que algo le mantenía la mente ocupada: ya me estoy acostumbrando a presenciarlo teniendo sus viajes mentales: seguramente respecto a su pasado.
Entonces vi que se puso de pie, sólo por un instante para luego sentarse: si tuviera que arriesgarme puedo decir que quería ir a dar uno de sus paseos, sólo para recordar lo que le habíamos dicho sobre ir a darlos, además de que ya era de noche.
-¿Hay algo en tu cabeza? –le pregunté desde el otro lado de la fogata
Él simplemente me miró sin decir nada, para luego ver al resto y luego al fuego frente a él.
-Este tipo de cosas me trae recuerdos –apenas respondió, todos dejaron de hablar, dejándolo como el centro de la conversación; en el fondo varios queríamos saber más sobre él; admito que este trato deja de lado la formalidad de Marlene o Hank, pero da pie a un ambiente mucho más cálido –con mi grupo solíamos hacer este tipo de excursiones… en busca de combustible, comida o armas… cuando era cazador también era así… aunque de esas no tengo tan buenos recuerdos… o cuando hice mi primer viaje por mi cuenta, desde Richmond hasta Boston… en esa ocasión éramos un grupo numeroso pero lleno de personas acostumbradas a la vida dentro de una zona de cuarentena… mi primer viaje fue desde Jacksonville hacia Richmond, pero en esa ocasión fui con la familia de un amigo… eso fue poco después de que estallara la infección
-Mis padres eran inmigrantes –dijo entonces Ricardo –llegaron desde Venezuela e hicieron su vida acá: vivía en Miami cuando todo empezó pero de a poco tuvimos que movernos hacia el norte, hasta que acabamos en Boston
-¿Te dejaron entrar? –le preguntó Ethan tras escucharlo
-Sí, aunque recuerdo que discutieron un tanto al vernos llegar
-Me alegro… a mí y mi grupo no le dieron acceso: varios intentaron entrar a la fuerza y no les fue muy bien… yo tomé otro camino y acabé en Indiana… en ustedes ya saben…
-Por culpa de esos militares acabaste siendo un cazador –dijo George
Ethan lo miró en silencio por un momento, mientras los demás también guardábamos silencio: yo estuve a punto de intervenir.
-Mis acciones son mías y de nadie más –le respondió finalmente –es cierto que probablemente habría tenido otra vida… pero yo elegí ser cazador… en ese grupo estaba un amigo de la infancia: el que me aceptó en su familia cuando… perdí a la mía… y partimos de Jacksonville en primer lugar…
Pude ver que entraba en recuerdos más profundos y que precisamente no le traían demasiada alegría.
-Quizá en otro momento cuente el resto –finalizó, con una pequeña sonrisa en la esquina de su boca: quizá entre todo el dolor había encontrado un recuerdo alegre
-Yo nací en Austin –dijo en medio del silencio Chloe –así que no puedo decir que el viaje que he hecho ha sido precisamente corto
-Yo soy de Dallas –exclamó Max -¿Eso no nos hace vecinas?
-Yo vengo de Newport –dijo Walter –prácticamente he recorrido este país completo un par de veces
-Yo soy de Denver –agregó Ray –y ahí fue que este sin gracia vino a recogerme en sus travesías
-Yo ni siquiera soy de este país –dijo burlesco Ed –nacido y criado en Calgary
-Mis padres eran de Liverpool pero yo acabé naciendo en Springfield –se unió George
-Yo soy de Kansas –me alegré cuando vi a Karla unirse también
-Bueno –intercedió Jonathan entonces, refiriéndose a nosotras –creo que faltamos nosotros nada más: yo nací soy de San Francisco
-Yo de Oklahoma –agregó Daisy
Y sí, yo era la única que faltaba.
-Bueno –dije, viendo como todos me miraban –yo soy de Louisville
Era extraño: como miembros de los Luciérnagas nunca salimos de nuestros círculos cercanos, y como los últimos que quedaban en Salt Lake City éramos conocidos, pero nunca nos dimos el tiempo de presentarnos de esa forma: fue agradable. Agradecí en mi mente a Ricardo, quien fue el que había iniciado todo eso.
-Y tú no sé de dónde habrás venido –agregó Jonathan, dándole un poco de comida en la boca a Jackie –pero eres de los nuestros
Una comida entre personas conversando amistosamente ante la calidez de una fogata: supongo que al igual que mí todos los presentes en sus mentes recordaron algún momento feliz, comiendo con seres queridos. He pasado harto en mi vida, y después de unirme a los Luciérnagas sólo ha sido más movido aún, pero recuerdo hartas meriendas con Jonathan y Daisy que me alegran y me recuerdan que incluso en este mundo hay luz. Ethan probablemente pensaba lo mismo, y probablemente no era la primera vez que lo pensaba.
Tenemos tantos pasados y viajes a cuestas, pero todos llegamos a este punto de alguna u otra forma, y seguiremos adelante.
Pude ver a Ethan sonriendo mientras las conversaciones aleatorias volvían y llenaban de vida la fogata, como si el fuego representara la cercanía que teníamos; Karla no está sola y nunca lo estará teniéndonos a su lado. Tengo a Jonathan y Daisy, pero también tengo a los demás.
Estos son unos raros Luciérnagas, pero los quiero.
A/N- lamento la demora en capítulos, pero intentaré hacer todo lo posible por subir de forma más recurrente, haciéndolo apenas pueda!
